Sentados en su ventana, veían nevar en silencio. Diciembre había llegado. La pierna de Harry mejoraba lentamente. El sanador era moderadamente optimista, todavía no tenía claro que la recuperación de los tejidos llegará a ser completa, pero al menos el dolor era manejable.
Harry tenía mejor aspecto, parecía sonreír más. También había observado que había arreglado las cosas con sus amigos. Y que últimamente miraba con sospecha a Blaise.
— ¿Qué te pasa con Blaise? —preguntó, sorprendiendo a Potter.
— Ron y él.
Draco no pudo evitar reír al ver el gesto ceñudo que se le había puesto al moreno. No era el único que se sentía protector con sus amigos, por lo visto.
— ¿Qué te preocupa? Pensaba que lo de dos chicos juntos no era problema.
Harry le miró serio y movió la cabeza negativamente.
— Me preocupa que Zabini se canse.
— Podría ser Weasley el que se cansara —replicó un poco molesto—. O que ninguno de los dos quiera más que un revolcón. O que les vaya bien.
Potter se encogió de hombros y volvió a mirar la nieve por la ventana.
— ¿Es porque es un Slytherin? —preguntó bajito, con incertidumbre.
— Tú eres el Slytherin más Slytherin que conozco, Malfoy —le contestó sin dejar de mirar por la ventana.
El resto de la respuesta estaba implícita y Draco la entendió perfectamente: y aquí estamos casi a diario.
Blaise había jugado con fuego y se había quemado.
Aquel verano se habían prometido unos a otros vivir la vida a tope y mostrarle al mundo que ellos eran mucho más que miembros de una casa oscura. Cuando empezó el curso, Blaise se dio cuenta de dos cosas: la primera que ellos cuatro estaban más unidos que nunca; la segunda, que Ron Weasley se había puesto impresionante.
Una tarde de septiembre, sentados en el lago los cuatro, puso el tema sobre la mesa.
— ¿No os parece que Weasley está cañón?
Nott, que leía un libro a su lado, contestó sin levantar la vista.
— Tirátelo.
Pansy le tiró a la cabeza el libro que pretendía leer ella.
— Escudos por favor, si veo más traseros pelirrojos enrojecidos puede que te mate mientras duermes.
Draco no dijo nada. Se limitó a mirarle y levantar una ceja. Su amigo hablaba muy poco en esos días, pero supo perfectamente lo que le habría dicho.
— No se te ocurra tirártelo, te engancharás.
Draco tenía razón, como siempre. Y no era ese el único problema, que se estaba enganchando a un Gryffindor, sino que el pelirrojo también se estaba enganchando a él. Y Blaise no sabía gestionar ni una cosa ni la otra.
Habían pasado tres noches juntos. No había sido su intención dormir con él tras el primer polvo, pero Ron se había acurrucado. Blaise era una persona muy táctil, demasiado a veces para el gusto de sus amigos. Su madre era una mujer distante, mucho más pendiente de sus maridos que de su hijo, así que Blaise se había acostumbrado a ser cariñoso con sus amigos, que eran lo más cercano que tenía a una familia. No había esperado que el pelirrojo, con toda su altura y aparente rudeza, fuera una persona mimosa. Claro, le faltaba saber mucho sobre Ron, no tenía idea de que arrastraba un complejo de no ser nunca el protagonista, ni para sus padres ni para sus amigos, así que florecía cuando recibía cariño.
En definitiva, eran dos personas muy necesitadas de cariño y contacto físico, así que las tres noches que habían pasado juntos habían bastado para engancharse mutuamente.
La cuarta vez que se encontraron, con la complicidad de sus amigos, fue en su habitación en Slytherin. Cuando Ron entró y cerró a sus espaldas, a Blaise le escamó enseguida el ceño fruncido. Se acercó con cautela y se detuvo a medio metro, esperando a ver si Ron acababa de acercarse.
— ¿Va todo bien? —preguntó con prudencia.
— Nott.
Theo tiene un problema con la sobreprotección, pensó Blaise.
— ¿Se ha metido contigo?
Ron levantó la cabeza por primera vez para mirarle y vio que, más que enfadado, estaba avergonzado.
— Me ha dicho que practique el encantamiento de silencio o que nos vayamos a mi habitación.
Blaise no pudo más que romper a reír. Muy propio de Nott.
— No te rías, joder. —Le tiró un puñetazo suave al pecho— ¿Lo sabe todo Slytherin?
Entonces lo entendió. Ron era muy vocal y a Blaise le ponían mucho sus súplicas, sus gemidos y sus gritos en general. Él mismo se había asegurado de poner hechizos insonorizantes, pero Theo y Draco dormían pared con pared con él. Y había veces que estaba muy distraído para asegurarse de que el hechizo estaba funcionando.
— ¿Qué te preocupa, Ron? ¿Que sepan que te gusta que te den por el culo o que te oigan gritar pidiendo más azotes?
En cuanto las palabras salieron de su boca, Blaise supo que se había pasado. Ron se puso aún más rojo de lo que estaba al entrar. Se irguió en toda su altura, con los puños apretados.
— Me preocupa que se airee mi intimidad. Pero te aseguro que no va a pasar más.
Y salió dando un portazo.
Al principio, Blaise pensó que Ron le había hecho un favor. Con practicidad Slytherin, llegó a la conclusión de que era mejor haber cortado a tiempo y bla bla bla. Conforme pasaban las semanas, comenzó a dudar. Lo echaba de menos. Y no solo el sexo, echaba de menos el tiempo que pasaban tumbados hablando, las miradas fugaces al cruzarse, verlo pavonearse sobre la escoba en los entrenamientos de Quiditch (a donde supuestamente iba a incordiar con otros miembros del equipo de Slytherin).
El día de Navidad se encontraron los cuatro en casa de Pansy para intercambiar los regalos. Sentados en los cómodos sillones de su salita privada, se permitieron disfrutar de una copa de champán muggle, para celebrar que habían superado aquel año infame.
— ¿Estás bien? —le preguntó Pansy, al verlo más callado de lo habitual.
— No debí enrollarme con Weasley.
La mirada de Draco era un enorme "TE LO DIJE".
— Y estás así porque te alivia que se haya acabado…
El sarcasmo en la voz de Nott le molestó.
— Bueno, no todos somos estúpidamente felices teniendo pareja desde los quince años, Theodore.
— ¿Y qué estás haciendo al respecto?
Los tres se giraron sorprendidos a Draco, era la frase más larga que le habían oído en semanas. Draco les respondió con un encogimiento de hombros, mientras le daba un sorbo a su copa.
Blaise se acabó de un trago su copa y se puso de pie.
— ¿Me prestas una lechuza, Pansy?
Los Weasley aún estaban sentados a la mesa tras la comida de Navidad. La mesa estaba llena, los seis hijos y los dos adoptivos trataban de alborotar lo suficiente para que no se notaran las ausencias. Fleur, su hermana y sus padres se habían sumado a ellos, y a lo largo de la tarde lo que quedaba de la orden del Fénix había pasado por allí.
Ron estaba distraído hablando con Bill cuando su madre se acercó a avisarle de que en la cocina había una lechuza con una carta para él.
No se esperaba para nada que la carta fuera de Zabini. Sonrojado, la cogió y, tras despedir al ave, subió directamente a su habitación sin pasar por el salón.
"Soy un imbécil y un bocazas. Lo siento. Te echo de menos, Ron. En todos los sentidos. Me gustaría verte antes de volver al colegio.
Espero que estés teniendo buenas vacaciones. Tuyo,
B. Z."
Ron no pudo evitar sonreír. Él también lo estaba echando de menos, le había resultado muy difícil ignorarlo. Cada vez que se cruzaba con él por el pasillo quería acercarse, acorralarle contra la pared y besarle hasta quitarle esa sonrisa de conquistador.
Se vieron dos días después, en Hyde Park. Ninguno de los dos tenía mucha experiencia en el mundo muggle, pero aún así lo preferían al callejón Diagon.
Al verlo venir a su encuentro, Ron se sintió inseguro en su ropa vieja. Blaise tenía estilo, se dio cuenta de que varias chicas se lo comían con los ojos al pasar.
Se paró frente a él, intentando interpretar su gesto. Lo había visto encogerse desde que habían hecho contacto visual cien metros atrás.
— ¿Hola?
— Hola —le saludó sin apenas mirarle.
Blaise lo miró, enarcando las cejas. ¿Ya se estaba arrepintiendo? Pero si acababa de llegar.
— ¿Qué pasa, Ron?
Ron le volvió a mirar. No lo había visto tan serio desde que tenían lo que fuera que tenían. Respiró hondo y decidió ser sincero.
— Me acabo de dar cuenta de que somos muy diferentes.
Blaise sonrió, esa sonrisa que le había dedicado al conquistarle.
— Está claro —hizo una pequeña pausa—. Yo soy negro y tú rojo.
Ron no pudo evitar la carcajada.
— Así me gustas más. —Se acercó como la pantera que era— ¿ Puedo darte ya un beso de disculpa?
Era una pregunta retórica, obviamente, porque tal cual la hizo, se puso ligeramente de puntillas y lo agarró de la solapa de su abrigo para acercarlo y darle un sonoro beso… en la frente.
Echaron a andar en silencio, con las manos en los bolsillos. El parque estaba nevado y helado, corría un airecito congelador.
— Quería volver a disculparme. —La voz de Blaise sonó grave y seria, por primera vez— Entiendo que no me conoces suficiente para entender que yo hablo así. Pero aún así estuvo fuera de lugar.
Ron siguió caminando, ligeramente encorvado.
— Me avergonzaba que me oyeran porque he crecido en una casa llena de oídos, he aguantado millones de bromas de mis hermanos por ser más o menos ruidosos con… ya sabes.
— Masturbarse.
La cabeza pelirroja, protegida por un vistoso gorro de lana, asintió.
— ¿A ti no te preocupa que sepan lo que hacemos?
— A mi me preocupa muy poco lo que digan los demás.
Siguieron caminando. Ron parecía agobiado.
— Tienes que saber que Theo exageró para molestarte, solo ha ocurrido una vez. Y Draco repuso mi hechizo silenciador. Nadie más se enteró.
Los ojos azules le miraron con alivio y sorpresa.
— De todas formas, Ron, no hay nada de malo en ser más o menos expresivo. Yo al menos lo encuentro bastante caliente —le dijo con una sonrisa torcida muy sexy—. ¿Alguien se te ha quejado antes?
— La primera vez contigo fue mi primera vez.
Blaise se paró en seco, Ron aún caminó unos metros más. Cuando se dio cuenta de que estaba mirándole asombrado, parado en medio de la calle, se puso rojo y miró a otro lado.
— ¿La primera vez con un chico?
— La primera vez.
— ¿Y Brown?
Ron volvió a negar con la cabeza.
— ¿Tampoco con Granger?
— Tampoco. Había hecho cosas, pero no había…
— Follado.
Ron asintió. Blaise suspiró y se frotó el cuello con la mano enguantada. Se acercó hasta quedar lo suficientemente cerca para hacer discretamente un hechizo calefactor que les cubriera a los dos y se quitó los guantes para meter las manos en los bolsillos del abrigo del pelirrojo.
— Debiste decírmelo, habría ido más despacio.
Ron le sonrió brevemente y se acercó un poco más.
— Me da mucha vergüenza todo esto, Blaise. Yo… —Miró hacia otro lado y respiró hondo— Nunca había pensado que me gustaría estar con un chico. Soy un tío simple, pensaba que Hermione y yo acabaríamos casándonos y teniendo muchos hijos.
— Aún puedes hacerlo, Ron. Lo que estábamos haciendo no te impide tener después una vida tradicional.
Las palabras de Blaise sonaron forzadas. Las dijo esperando saber si era eso lo que Ron quería, decirle que no había nada más entre ellos. Pero Ron le miró con bastante intensidad y negó con la cabeza. Una hermosa sonrisa llenó el rostro oscuro.
— Creo que necesito replantearme muchas cosas. ¿Has hablado de nosotros en pasado? —murmuró, el ceño ligeramente fruncido.
— Bueno, a partir de aquí es futuro, ¿prefieres que diga "Lo que vamos a seguir haciendo"?
Ron también sonrió abiertamente. Blaise se preguntó por un momento si le dejaría besarle ahí mismo. Se conformó con volver a ponerse a caminar, hombro con hombro, aún envueltos en el hechizo calefactor, en busca de un café caliente.
