Aquel año las vacaciones de Pascua caían a principio de abril. Seguramente era la fecha idónea para conseguir que se calmaran los rumores que corrían por el colegio desde una semana antes. ¡Potter había besado a Malfoy en el lago!

Todo el colegio aseguraba haberlo visto. Potter había aparecido de repente frente a Malfoy y se había abalanzado sobre él, derrumbándolo y besándolo hasta que los tuvieron que parar porque era indecoroso.

— No me tumbé sobre él ni tuvieron que pararnos —intentó explicar Harry por enésima vez un par de días antes de las vacaciones.

Ron le puso la mano en el hombro y movió la cabeza negativamente mientras vocalizaba un "Déjalo". Echaron a andar los dos, alejándose del grupo de Ravenclaws de séptimo que cotilleaban a un volumen muy alto en el pasillo de pociones.

— No quieren saber la verdad, compañero. El cotilleo es parte de la diversión, créeme.

Caminaron en silencio hasta llegar a la puerta de su sala común. Se encontraron a sus compañeros de habitación sentados en los sofás.

— Ey —saludaron antes de dejarse caer entre ellos.

— ¿Qué tal los rumores? Lo último que he oído es que él te maldijo después —preguntó Seamus, con una mueca de diversión.

— No es divertido.

— Bueno, al menos de lo que hablan es de que sois vosotros, no de que seáis dos chicos.

A su lado, Ron asintió, compartiendo el punto de Dean. Neville, que últimamente andaba muy ocupado siendo alumno ayudante en Herbología, los miró a todos con cara de despiste.

— Vamos, Nev, entre los invernaderos y Lovegood estás que no te enteras —le chinchó Seamus.

— Es que yo pensaba que hacía meses que salían juntos. Llevo todo el curso viéndolos en el pasillo ese lleno de ventanas. El que Hermione encanta para que nadie les moleste.

Al decir esto, se dio cuenta de que los demás le miraban con cara de "Pero tío", salvo Harry que le miraba con cara de "¿Qué?". Los miró a todos, uno a uno, pero el único que le mantuvo la mirada fue Neville.

— Harry, no te enfades. Yo me enteré por casualidad, la pillé con las manos en la masa, como dicen los muggles. Los demás se enteraron hace pocos días, porque McGonagall nos reunió para llamarnos la atención por "andar encantado partes del castillo, aunque sea con buena intención".

— Ella quería protegerte, sabía que buscabas tranquilidad y espacio propio, y te lo dio. Solo que cuando hizo el hechizo la primera vez no se dio cuenta de que Malfoy estaba allí también —le explicó Ron.

Respiró hondo y miró la chimenea, encendida a pesar de la buena temperatura del exterior.

En ese preciso momento, el retrato se abrió y una melena rizada entró a la habitación, sujetando una voluminosa mochila. Todos contuvieron un momento el aliento cuando Harry se levantó y se acercó rápidamente a ella.

Un suspiro de alivio se dejó oír cuando le echó los brazos al cuello y la abrazó. Sorprendida, le abrazó de vuelta mientras miraba a los sonrientes compañeros que seguían sentados en los sillones.

— Gracias, Mione.

— De nada, Harry. ¿Pero por qué me das las gracias?

— Eres más que una amiga, eres la hermana mayor que cuida de mi, y nunca te he dado las gracias — respondió, dando un paso atrás para mirarle mientras se lo decía—. A alguien se le acaba de escapar lo del pasillo.

Hermione volvió a abrazarle.

— Siempre estaremos juntos, los tres, como hermanos —le susurró al oído—. Aunque los Slytherin hayan venido para quedarse y revolucionarlo todo.

No pudo evitar una sonrisa. De los tres, Hermione era la más reservada con sus sentimientos y su nueva relación. La tomó del codo y la condujo a una esquina tranquila.

— ¿Cómo van las cosas por las mazmorras? —preguntó, haciendo alusión a que ella pasaba mucho tiempo en la habitación de Pansy.

— Van bien.

— Mione…

Los ojos castaños estaban enrojecidos. Los había visto así otras veces, cuando Hermione abusaba de su tiempo de estudio y no descansaba bien.

— Pansy cree que necesito tomarme las cosas con más tranquilidad.

— ¿Y qué opina Nott?

Una sonrisa nueva apareció en la cara cansada.

— Theo tiene sus propios métodos para conseguir que me relaje.

— Vaya —se sorprendió—, pensaba que ese era el trabajo de Pansy.

— Estamos avanzando.

Harry examinó los familiares rasgos durante unos minutos antes de tomar su mano.

— ¿Está mejorando entonces? Lo tuyo con Theo.

La gran sonrisa que apareció en la cara de su "hermana" le dejó claro que así era.

— Me han invitado a pasar las vacaciones con ellos.

— ¿Cuál es el plan? Porque imagino que has dicho que sí.

— La familia de Pansy tiene una casa en la costa del norte de España. ¿Tú irás a Francia con Draco?

Negó con la cabeza.

— Aún no lo he decidido.

Hermione apretó la mano que aún sujetaba.

— Ve.

— Andrómeda y Teddy estarán allí, me ha escrito esta mañana.

— Con más razón aún.


La puerta se cerró tras Hermione. Aunque la habían invitado varias veces, seguía resistiéndose a quedarse a dormir. Lo que había ocurrido un rato antes había sido… Pansy estaba más sorprendida de lo que dejaba entrever. Miró a Theo de refilón, a medio vestir, sentado en su cama rodeado de libros.

Durante el último mes, habían avanzado lentamente. Muy lentamente. Desde la primera cita, habían comenzado a pasar más tiempo juntos. Normalmente, los tres. Habían dejado de ir a la biblioteca y estudiaban los tres juntos en la habitación de Pansy. También salían a pasear y habían ido juntos el día de visita a Hogsmade.

Lo que parecía más complicado era el sexo. El primer día que Theo las había visto besarse y a Pansy desabrochando la blusa de Hermione, había abandonado la habitación discretamente. Después, a la hora de dormir, le había dicho a Pansy que sentía que ella se merecía esa primera vez solo para ellas.

Así había sido durante las semanas anteriores, ellas por un lado, ellos como pareja por otro. Y Pansy estaba preocupada, porque veía que Theo seguía sin estar cómodo con ellos tres juntos.

Dos noches antes, tras un amago de discusión por ese tema, Pansy se abrazó fuerte a él en la cama.

— Theo. Te dije que no haría esto sin ti y lo decía en serio. —Le recordó— Si debemos parar, hay que hacerlo ahora.

— Te estás enamorando de ella. Y ella de ti.

Las palabras sonaron ahogadas y tristes.

— Por eso hay que cortarlo ya. Mañana hablaremos con ella.

Y le dolía, le dolía infinito, pero él estaba primero, él era toda su vida.

— No.

Sonó mucho más firme de lo que cabía esperar. Y entonces Theo volvió a bajar las barreras. Lo que vió le sorprendió, porque aquello no se podía fingir.

Theo se sentía inseguro, porque veía a Hermione mucho más volcada en Pansy que en él. A él le gustaba verlas juntas, le gustaba verlas darse mimos, cuidarse mutuamente. Lo que necesitaba era que ellas le incluyeran, pero no se atrevía a pedirlo. Su orgullo le decía que tenía que salir de ellas buscarlo. Estaba acostumbrado a ser el cuidador, no sabía pedir que le cuidaran.

— Creo que deberías pasar tiempo a solas con Hermione —concluyó Pansy—. A ella aún le intimidas. Necesitáis soltaros el uno con el otro sin mi.

La tarde siguiente, dos leves toques le distrajeron del trabajo de Runas Antiguas que redactaba.

— ¿Puedo pasar? —preguntó un poco insegura.

Theo se levantó a abrirle el mismo la puerta, como el caballero que era. Tomó su mochila y la dejó sobre la cama. Y fue a besarla en la mejilla, como solía hacer al encontrarse. Ella fue más rápida y se giró, dejando un suave beso en sus labios por primera vez.

— Necesito ayuda con el trabajo de Runas.

La excusa era pobre, pero le valía. Le colocó una silla junto a la suya en el escritorio y trabajaron codo con codo durante dos horas. Era extraño no tener a Pansy, pero no incómodo. Eran dos estudiantes brillantes, se enredaron en una conversación que dejaría seguramente a su profesora con la boca abierta.

Hermione convocó un tempus cuando se dio cuenta de que su estómago gruñía. Ambos dieron un salto en sus sillas al darse cuenta de que era prácticamente la hora de la cena.

— Deja aquí tus cosas, si quieres, —Dejó caer Theo— puedes pasar por ellas después de cenar.

Ella sonrió con timidez, pero dejó de recoger para centrarse en ponerse la túnica, que se había quitado un rato atrás durante una discusión más acalorada. Él se acercó, con una sonrisa tímida también, a colocarle bien la corbata. A esa distancia, podía ver que los ojos de Nott tenían una tonalidad más amarilla que los de Pansy, que eran un verde bosque. Él podía ver que ella tenía pecas en la nariz y las pestañas más oscuras que la melena.

Ella estiró la mano para colocar bien el cuello de su camisa. Y no la retiró. Lo sujetó de la túnica para que se acercara un poco más. Él dibujó una sonrisa más confiada antes de inclinarse un poco para besarla.

Pansy ya estaba sentada en el comedor cuando los vio llegar juntos. Un poco sonrojados y sonrientes. Sonrió a su vez. Aquella noche no fue a dormir con Theo. Al día siguiente pasó por la mañana temprano por su habitación. Golpeó y entró sin esperar respuesta, deseando pillarlos en una situación comprometida y poder meterse un poquito con ellos.

Con el pelo húmedo aún de la ducha, Theo estaba sentado en la cama atándose los cordones de los zapatos. No había rastro de Hermione. Hizo un puchero de desilusión.

— No se quedó a dormir —explicó él al ver su gesto.

Se dejó caer junto a él en la cama. Sobre la silla había una corbata roja y amarilla.

— Al menos se quitó la corbata.

Theo río, una carcajada de las que raramente se le oían.

— ¿No me vas a contar?

Él negó con la cabeza.

— Soy un caballero, Pans.

Hizo otro puchero, tan adorable que él no pudo evitar pararse a besarla antes de seguir recogiendo sus cosas.

— No sé cómo has resistido la curiosidad cada vez que nos dejabas solas.

Él apretó los labios.

— Llegamos tarde al desayuno.

Las comidas se habían convertido en un momento extraño del día. Había cuatro Slytherin en un extremo del comedor, lanzando miradas disimuladas a la mesa de Gryffindor. Tres Gryffindor hacían lo mismo, pero sin disimulo. Se cruzaban miraditas, saludos y sonrisas. y el resto del comedor lo vivía como una obra de teatro, especialmente un grupito de Gryffindor y Ravenclaw de séptimo y octavo curso.

Al sentarse ese día a desayunar, Hermione les quedaba oculta por Thomas y Finegan.

— Deja de mirarla, Pans. La vas a incomodar.

Pansy sonrió un poco malévola.

— La gente está más pendiente de si Draco hechiza a Potter o se levanta y le besa.

Sentado frente a ella, de espaldas a los Gryffindor, Draco le fulminó con la mirada.

— Los rumores están ya hablando de que le retaste a un duelo por atreverse a tocarte —apostilló Blaise.

— ¿Cómo te enteras siempre de todo? —se quejó Pansy.

Blaise se encogió de hombros, mordiendo una tostada.

— También he oído que alguien pasó mucho tiempo ayer en la habitación de Theodore.

Los tres miraron al moreno, que desayunaba sin hacerles el menor caso.

— Oye Blaise, igual es el momento de tapar un escándalo con otro.

Ahora fueron Theo y Pansy los que miraron a Draco con odio.

— Na. Lo tuyo con Potter sigue siendo más jugoso que lo de estos tres. ¿Le has pedido al final que pase las vacaciones contigo?

Asintió, tomando otra magdalena.

— ¿Vosotros que vais a hacer? —le preguntó a la pareja— ¿Vais a invitar a Granger?

Theo miró a Pansy. Ella estaba dando el último sorbo a su café. Se limpió los labios con suaves toques y luego miró hacia la mesa de Gryffindor de nuevo. Esta vez sí podía ver a Hermione, Thomas se había movido. Captó una sonrisa cómplice y una imagen mental de Theo desabrochándole la blusa antes de que Hermione cubriera sus pensamientos de nuevo.

— Igual deberíamos hablarlo con ella, sí.

Aquel día a Hermione la clase de Runas se le hizo eterna. Por lo general le encantaba esa clase, pero había cometido el error de sentarse con Theo. Tenía razón Pansy cuando le dijo que necesitaba pasar tiempo a solas con él. Los dos se habían acostumbrado a que ella fuera el centro de su extraña relación. Tras pasar una tarde a solas con su novio, en su mente ya había pasado a llamarlo así, se había dado cuenta de que el problema, si es que lo había, era que se parecían mucho.

Respiró hondo, intentando concentrarse en la explicación de la profesora, pero lo que consiguió fue llenarse la nariz del olor de la colonia de Theo. Y eso le trajo inevitablemente recuerdos de la noche anterior.

Había ido a recoger sus cosas, dispuesta a dar un beso de buenas noches a cada uno y volverse a su habitación a estudiar un rato más. Tocó la puerta y entró y lo que se encontró fue un torso desnudo y unos pies descalzos: lo pilló poniéndose el pijama.

Movió la cabeza para espantar los recuerdos de lo que pasó después y evitar ponerse aún más colorada. Por el rabillo del ojo vio a Theo, con su cara de concentración, tomando notas. Y entonces se dio cuenta de que en su pergamino estaba apareciendo algo. Se inclinó como si fuera a tomar apuntes y leyó. La letra de Theo era pulcra y ordenada, como él.

"Estás distraída, ¿va todo bien?"

Asintió discretamente. Lo vio volver a escribir tras mirar a la profesora, daba completamente la sensación de que tomaba apuntes.

"Estás sonrojada y aprietas las piernas, ¿recordando lo de ayer?"

Lo miró más detenidamente, pero su gesto no delataba nada. Se notaba sonrojada y era cierto que había apretado las piernas inconscientemente por la excitación.

Trató de recordar el hechizo para poder hacer lo que él hacía.

Secretum nuntius (mensaje secreto). Era algo sencillo, trató de calmarse y concentrarse para hacerlo sin usar su varita. Lo consiguió a la tercera, para regocijo de su compañero.

"¿Estás disfrutando?"

"Bastante."

"Tu colonia me distrae."

"A mí tus piernas."

Miró hacia abajo y se dio cuenta de que llevaba la túnica abierta y la falda del uniforme se le había subido al sentarse, dejando ver un buen trozo de muslo. Disimuladamente, se estiró la falda y cerró la túnica.

"Eres mala."

Vio de refilón un pequeño puchero.

"Déjame concentrarme."

El puchero cambió a una pequeña sonrisa malévola antes de volver a la careta neutral. La pierna más cercana a Hermione se pegó a la suya, transmitiendo calor.

Se quedaron los últimos recogiendo. En cuanto salió la profesora y se quedaron solos, Theo se acercó y la tomó de la cintura para besarla, mucho.

— No sé si sentarme contigo ha sido buena idea —le dijo después al oído mientras le besaba el cuello—. Son los peores apuntes de la historia.

Ella rió con ganas, echándole los brazos al cuello.

— Pansy tenía razón.

Theo la liberó, con una sonrisa, tras un último beso breve. Cogió sus cosas y las de ella y le sujetó la puerta para que saliera.

— ¿Crees que sería bueno entonces que pasemos tiempo algunas veces en parejas?

Ella recuperó su mochila, besándole en la mejilla.

— Creo que sí —respondió, mirando a su alrededor antes de tomarle de la mano.

Encontraron a Pansy escuchando música mientras escribía concienzudamente en un largo pergamino.

— ¿Blaise está con Ron? —preguntó Theo dejando sus cosas sobre la cama.

Hermione le miró, sorprendida por la pregunta, y luego miró a Pansy.

— Llevan un rato —contestó, dejando la pluma y girando la silla para mirarlos—. A Blaise le falla el escudo a veces cuando está dándole fuerte a tu amigo. La música me ayuda a distraerme.

Theo soltó una carcajada mientras se quitaba la túnica y la corbata. Las dos se lo quedaron mirando.

— ¿Tienes calor, Theodore?

Asintió con la cabeza, mirando a Hermione, que solo con eso ya se sonrojó. Pansy miró del uno al otro intentando comprender.

— Las piernas de Hermione me han distraído toda la clase.

— Exagerado —masculló Hermione, sentándose en el sillón cerrando bien su túnica.

— Bueno, a mi me pasa algunas veces —admitió Pans contoneándose hasta ella para sentarse en sus rodillas—. Tienes unas piernas de infarto, Herms. Me encantaría verte con tacones altos.

Theo se sentó en la cama, desabrochándose los puños de la camisa. Se remangó tranquilamente, doblando las mangas con cuidado, mientras veía a sus chicas besarse y hacerse arrumacos. Le gustaba observarlas, se arrepentía de haberse marchado las veces anteriores.

Las vio intercambiar una mirada antes de levantarse y caminar hacia él, sentándose una a cada lado. Colocó una mano en cada rodilla, por debajo de la falda del uniforme, mientras ellas le atacaban, cuello, labios, pómulos, orejas, todo eran besos, lánguidas lamidas y pequeños mordiscos. Se dejó querer un buen rato, mientras la ropa iba cayendo.


Entró en la habitación con el ceño fruncido, pero cerró con suavidad. Sentado en su escritorio, Blaise siguió la trayectoria de Ron. Primero, se quitó la túnica y la dejó a los pies de la cama. Después se acercó hasta él, quitándose la corbata. Finalmente, giró su silla de estudio lo suficiente como para sentarse en sus rodillas, echarle los brazos al cuello y besarle.

Y Blaise supo que todas esas acciones eran una influencia suya. La verdadera personalidad de Ron, analítica y observadora, había acabado de salir a la luz los últimos meses. Pansy decía que la cantidad de sexo que tenían también influía en que su pelirrojo controlara mejor sus emociones. No iba a quejarse al respecto.

— ¿Qué ocurre? —preguntó acariciando los anchos hombros.

— He tenido unas palabras con mi hermana. Me ha acorralado en un pasillo, con un grupo del antiguo ED.

Suspiro. Estaba esperando algo así desde que Ron le besara en medio de la cena unas semanas atrás.

— ¿Quieres contarme?

Ron negó con la cabeza y se acurrucó un poco más. Esa era la otra cosa en la que había cambiado muchísimo, ahora era capaz de buscar mimos de un modo que antes le habría avergonzado. Tenía ese aire de seguridad y fortaleza física, estaba seguro de que le defendería con los puños en cualquier situación, pero en la intimidad de su cuarto era un gatito mimoso.

Tomó el fuerte mentón y le besó con calma, despacio, tentando. Poco a poco lo notó menos tenso. Deslizó los labios por su cuello, mordiendo levemente la clavícula que asomaba por la camisa abierta.

— Cama —susurró, cuando la silla se hizo incómoda.

De camino, tomó su varita para bloquear la puerta y lanzar un triple mufliato, mientras Ron se quitaba la camisa y se tumbaba, con rostro expectante. Aquel pecho blanco, cubierto de pecas y de mordiscos en diferentes grados de curación, aquel era su paraíso particular.

Durante media hora, mordió, lamió, chupó y azotó con la mano. Después de seis meses, se conocían, se compenetraban y él conocía los límites. También sabía que eso era lo que había venido buscando su novio, ser cuidado y calmado.

Cuando se dejaron caer los dos en la cama, sudorosos y con el corazón aún galopando por el último orgasmo, sabía que le había dado lo que necesitaba, la tensión había desaparecido. Relajado, Ron le pasó el brazo sobre el estómago y apoyó la mejilla en su pecho.

— Ginny ha empezado una especie de campaña para demostrar que Malfoy y tú nos estáis mal influenciado.

— Espera a que sepa que Granger se ha llevado a dos, ella estará doblemente mal influenciada.

Recibió un pequeño golpe por su burla.

— No es gracioso, Blaise. Me ha dicho que estas vacaciones tengo que decírselo a mis padres, porque si no lo hago pensará que me avergüenzo de ti.

Eso sí que le quitó la sonrisa guasona de la cara. Acarició el pelo rojizo.

— ¿Qué vas a hacer?

Cambio de posición para poder mirarle, los ojos azules serenos de nuevo.

— Me gustaría saber si considerarías acompañarme a conocer a mis padres antes de irte a Italia.

Los ojos oscuros miraron a Ron, el rostro serio y pensativo.

— ¿Vas a hacer esto porque quieres o porque tu hermana te está presionando?

Ron besó su pecho antes de volver a mirarle.

— Pensaba esperar a verano, porque quería hablar contigo de nuestro futuro antes.

Las cejas oscuras se levantaron.

— ¿Nuestro futuro? Ron, yo… no me he planteado nada más allá de los exámenes de EXTASIS. No tengo casa, no sé que voy a estudiar...

— La cuestión, Blaise —le interrumpió con firmeza, sentándose con la espalda apoyada en el cabecero de la cama —, es que tienes la opción de no estar solo nunca más. Yo te quiero.

Zabini se levantó, colocándose a horcajadas sobre las piernas estiradas de Ron. Le acarició la cara, sin dejar de mirarle con los ojos brillantes. Como siempre que hacía ese gesto, el pelirrojo inclinó la cara y cerró los ojos, disfrutando de la caricia.

— No sería justo quedarme contigo para no estar solo, ¿no crees?

Los ojos azules se abrieron y lo miraron asustados. Lo que vió en la cara morena le desconcertó. Había una sombra de tristeza, pero también mostraba la misma devoción que cada vez que le acariciaba así. Subió su mano para sujetar la que aún estaba en su cara.

— Es tu decisión.

Una gran sonrisa llenaba el rostro oscuro cuando se inclinó a besarle. Después, con la frente apoyada en su frente, tomó su decisión.

— Iré contigo, si tú vienes después conmigo a Italia.

Ron le abrazó, tan fuerte como sabía que era capaz de hacerlo.