El primer aniversario de la batalla llegó, pillándoles un poco porque andaban todos en su limbo de felicidad post vacaciones de pascua.
Ron y Blaise habían pasado juntos por el trago de hablar con sus respectivas familias. Habían llegado el primer día de vacaciones directamente a La Madriguera desde la estación, sin esperar a Ginny. Al aparecerse ante la valla del jardín, a Ron se le instaló un nudo en el estómago. Era su casa, su hogar, pero no se había parado hasta ese momento a juzgarlo a través de los ojos de otro. De otro acostumbrado al lujo.
Blaise demostró conocerle muy bien en ese momento. Tomó su mano y avanzó hacia la puerta.
— Yo soy negro y tú rojo, ¿recuerdas? No me preocupa que tu familia sea más humilde, Ron. Te aseguro que lo que me has enseñado de ellos ya me dice que va a ser una experiencia mucho más bonita que la que tendremos en Italia.
Ron se giró, sonriendo mucho, antes de inclinarse a besarle. Justo en ese momento, la puerta de la casa se abrió y una sorprendida Molly preguntó.
— ¿Ronald?
Cerró los ojos un momento antes de girarse a saludar a su madre.
— Hola mamá. —Caminó cauteloso hacia ella, sin soltar la mano de Blaise— Te presento a Blaise Zabini. Blaise, mi madre, Molly Weasley.
Su novio pintó su mejor sonrisa antes de inclinarse para besar la mano de su madre.
— Es un placer, señora Weasley.
Molly seguía con el mismo gesto de sorpresa, mirando alternativamente a ambos muchachos, parada en la puerta. Una voz desde dentro de la casa interrumpió el momento incómodo.
— ¿Molly? En la cocina hay una sartén echando humo— se escuchó decir a Arthur.
La buena mujer se echó las manos a la cabeza y entró rápidamente a la casa, dejando vía libre.
— Bueno, al menos no nos ha maldecido —comentó Blaise en voz baja, apretando un poco la mano de Ron a ver si reaccionaba—. He oído que es una atacante formidable.
Ron relajo un poco los hombros y le sonrió ligeramente antes de tomar aire, expulsarlo despacio y entrar a la casa. El salón tenía el aire desaliñado y confortable de siempre. Su padre los recibió sentado en su sillón junto a la chimenea.
— Hola, Ron. —Se levantó a saludarle, pero se quedó a medio camino al ver al chico sujeto de la mano de su hijo pequeño.
— Hola papá —respondió, soltando la mano de Blaise, pero levantando ligeramente la barbilla —. Te presento a Blaise Zabini. Mi novio. Blaise, mi padre, Arthur Weasley.
Arthur disimuló mejor su turbación que su mujer. Estiró la mano, con una sonrisa un poco tensa, y estrechó la del chico.
— Bienvenido a nuestra casa, muchacho.
— Gracias señor. Espero que nos disculpen por no haber avisado de mi visita.
— Pensé que era mejor dar explicaciones en persona —se excusó Ron ante la mirada interrogadora de su padre.
— Lo que en realidad pensó es que igual no os parecía bien que se hubiera enrollado con una serpiente.
Los tres se giraron a ver a Ginny, que obviamente acababa de salir de la chimenea. Arthur frunció el ceño y miró a su hija y a los muchachos. Fue a abrir la boca para decir algo, pero Molly salió de la cocina, también con el ceño fruncido. Ella se dirigió a Ginny, le dio un abrazo y a continuación una colleja.
— Esa no es manera de hablar del invitado de tu hermano, señorita.
Y caminó muy resuelta a abrazar a su hijo. Antes de soltarse, le murmuró al oído. Lo que fuera que dijo, hizo sonreír a Ron, que pareció destensarse todo él.
Aquella noche, tras una gran cena, se acostaron en la habitación de Ron. Su madre había insistido en que durmieran en habitaciones separadas, pero Arthur le había recordado sabiamente que si los separaba, se moverían igualmente por la noche para estar juntos.
Tumbados en la cama de Ron, ampliada mágicamente, los dos miraban las vigas de madera en silencio.
— ¿Qué te ha dicho tu madre al oído? Cuando te ha abrazado esta mañana.
— Que eres muy guapo —respondió divertido, tomando su mano y entrelazando sus dedos—. Y que al menos yo presento a alguien, no como el informal de mi hermano.
Blaise ahogó una carcajada.
— ¿Crees entonces que con tu madre irá mal? —preguntó el pelirrojo, poniéndose de lado para verle mejor.
Suspiró y se giró también, la cabeza sujeta por la mano libre.
— Tus padres te quieren, Ronald. Tienes una familia estupenda, que se ha mantenido unida ante la adversidad. Mi madre ante la adversidad huyó a Italia y ahora mismo le da igual si vivo debajo de un puente.
— ¿Por qué vas a ir a verla entonces?
Sonrió con tristeza.
— Vamos a ir para que firme los papeles que le dejan fuera de la herencia de mi padre. El abogado de Draco es un hacha, lo ha redactado todo de manera que ella no pueda quitarme nada más.
— ¿Y ella va a firmar sin más? —preguntó escéptico, la mujer que Blaise pintaba las pocas veces que la nombraba era de todo menos desprendida.
— Bueno, puede que yo sepa cosas que hagan que ella tenga interés en firmar.
Las cejas pelirrojas se arquearon sorprendidas.
— ¿No has visto la cara de tu padre cuando ha preguntado si era el hijo de Paola Zabini? —explicó, serio—. La conocen como la Viuda Negra por algo más que por su raza, Ron.
La atrajo hacia él, sabiendo que por una vez era Blaise el que necesitaba confort. Se quedaron abrazados en silencio un ratito más, hasta que hizo una pregunta que le rondaba hacía días.
— ¿Te preocupaba que tus padres reaccionaran mal porque soy Slytherin?
Ron besó la coronilla cubierta de pelo oscuro y crespo.
— Un poco. Que seas un chico, pues bueno, ya han pasado por eso con Charlie. Y luego vendrá Harry, que es otro hijo para ellos. Pero mis padres son Gryffindor, mi madre vio morir a sus hermanos a manos de mortífagos en la primera guerra. Y luego está la muerte de Fred —se mordió el labio, inquieto—. Crecimos, todos nosotros, viendo a los Sly como mortífagos en miniatura. De hecho, creo que yo fui el motivo de que Harry rechazara la amistad de Malfoy cuando nos conocimos en primero. Mis prejuicios.
— Y sin embargo aquí estamos.
Le abrazó un poco más fuerte antes de separarse lo suficiente como para poder mirarle a los ojos antes de hablar.
— Mi hermano murió. Y yo estaba muy enfadado, este verano todo era amargura. Harry se aisló de todo, Hermione y yo… no funcionamos, y yo estaba más y más enfadado. Entonces llegó la carta de Hogwarts y decidimos volver, los tres juntos. ¿Sabes por qué decidí volver? —Blaise negó con la cabeza, sin apartar la mirada de los penetrantes ojos azules— Venganza, quería venganza, quería tener la oportunidad de insultar y maldecir a Slytherins por los pasillos, pensaba que eso me haría recuperar mi camino, ¿sabes?, crear el dolor que me habían infligido.
— ¿Y qué pasó? —preguntó Blaise, sorprendido por aquella confesión.
— El día que fuimos a por el material al Callejón Diagon, le hice una visita a mi hermano George. Él me conoce bien y lo vió. Me recordó que habíamos vivido una guerra y que vosotros erais tan víctimas como nosotros de las decisiones que los adultos habían tomado a nuestro alrededor. La venganza no iba a revivir a Fred ni nos iba a devolver el año perdido huyendo y peleando. Y al salir, nos cruzamos con vosotros.
Blaise recordó, no el haberse cruzado con ellos, sino la visita que habían hecho a Gringotts los cuatro juntos.
— Estuvimos en el banco. Fuimos a comprobar el estado de mi cámara. Descubrimos que mi madre había saqueado varias veces mi herencia. Y nos confirmaron que las propiedades de Theo habían sido confiscadas en su totalidad. Fue un momento difícil.
Asintió, eso era lo que había visto.
— Os vi al cruzar por delante de Gringotts. Parkinson abrazaba a Nott y Malfoy te miraba preocupado. Se me quedó aquello, vuestras caras. Y después mi hermano Bill, que trabaja allí, me confirmó que estabais pagando por los errores de vuestros padres.
— Nuestra generación es la víctima en esta historia, Ron, da igual la casa.
Volvió a abrazarle fuerte.
— Llegamos a la escuela y bueno, empezaste con tus miradas y tus truquitos, —Ambos sonrieron— y el odio se me dio la vuelta del todo.
La vuelta a la escuela le trajo a Hermione una novedad: los echaba de menos. Habían paseado durante las vacaciones siempre abrazada a uno de ellos, o de la mano. Le habían mostrado los paisajes más bellos de la costa vasca, llevado a comer, a cenar e incluso de compras. Había sido mimada como solo ellos podían hacerlo. Y las noches...Su autoestima había subido como la espuma, porque había descubierto que podía ser sexy y volver locos de deseo a esos dos.
Una semana antes del aniversario, con el colegio haciendo preparativos frenéticamente, tuvo un desagradable encuentro en los baños de chicas del pasillo de Transformaciones.
— Vaya, Hermione. Al fin te dejas ver ante el vulgo.
Se giró, con las manos aún llenas de jabón, a mirar a las hermanas Patil.
— Lo dices como si no nos viéramos a todas horas en clase o en la sala común, Parvati.
Volvió al lavabo y abrió el grifo para aclararse con gestos un poco bruscos.
— No sé, desde que te juntas con serpientes parece que no tienes tiempo para tus amigas.
Ginny salió del cubículo colocándose bien la túnica. Las tres ex miembros del ED se alinearon frente a ella, bloqueando el acceso a la puerta.
— No creo que sea asunto vuestro con quien paso mi tiempo libre. ¿Me dejáis pasar por favor?
Padma miró a su hermana, que a su vez miró a Ginny. Que tenía una sonrisa satisfecha en su rostro pecoso.
— Igual es asunto de McGonagall que tres Gryffindor se andan colando en Slytherin. ¿ahora tenemos clase con ella no?
Hermione achicó los ojos y se acercó a su ex amiga.
— Yo si fuera tú temería más la ira de Molly por andar buscándole problemas a tu hermano. Y si aún así insistes, conozco a un Premio Anual con muchas ganas de contarle a la directora que os dedicáis a meteros con Slytherins de los primeros años.
Ginny apretó los labios antes de hacerle un gesto a las gemelas y salir del baño. Hermione respiró apoyada contra la pared un momento antes de salir también.
— Tu hermana me ha venido a amenazar esta mañana.
Ron levantó la mirada de sus apuntes y miró a Hermione a través de la mesa de estudio.
— ¿A ti también?
— ¿No soy la primera?
Negó con la cabeza. Miró alrededor para asegurarse de que no había nadie escuchando.
— A mi ya me vinieron ella y Justin antes de las vacaciones.
Los dos se giraron a mirar a Harry, que buscaba algo en su mochila afanosamente. Al darse cuenta de que le observaban, preguntó despistado.
— ¿Qué?
Suspiro, impaciente.
— Que si a ti también te han ido a hostigar Ginny y sus amigos.
— Mmmm, no —respondió sentándose con un cuaderno muggle en la mano—. ¿Debería preocuparme?
La respuesta la tuvo dos días más tarde cuando Hermione, y media escuela más, recibió El Profeta. El titular en portada no dejaba lugar a dudas: "El Salvador y su última obra de caridad: Draco Malfoy."
Los murmullos en el Gran Comedor subieron de tono, en la mesa de profesores había caras de incredulidad y de disgusto ante el artículo. En la de Gryffindor, Harry apretaba la mandíbula, rodeado por sus amigos. En la de Slytherin, cuatro alumnos de octavo se levantaron y salieron. Justo al salir del comedor, los cuatro miraron a un punto concreto de la mesa de los leones. En la frente de Ginny Weasley aparecieron despacito cinco letras: perra.
Entonces sí que estalló el conflicto. Ginny, Parvati y un par de Ravenclaw más gritaban acusando a los Slytherin. Hermione sujetaba a Ron y Dean a Harry. Una mirada de la directora fue suficiente como para saber que la mejor idea era abandonar también el comedor.
Los cuatro, seguidos por Seamus, Neville y Luna, salieron del castillo. Una vez al aire libre, Hermione soltó a Ron, que caminó solo unas largas zancadas más antes de empezar a soltar coloridas palabrotas. Los demás se giraron a Harry, que aún tenía la mano de Dean sobre el hombro. Tenía los ojos cerrados y respiraba despacio. A su alrededor, la energía mágica era densa. Sin darse cuenta, todos dieron un par de pasos atrás.
Más tarde, le explicaría a Draco que fue algo instintivo. Tenía la mente saturada de ruido cuando se agachó y puso la mano directamente sobre el césped.
— ¿Qué hace? —preguntó Seamus, aunque a él le sonó muy lejos.
— Es una descarga de energía mágica —explicó Luna con su voz cantarina—. Es como los rayos, la tierra absorbe la electricidad. ¡Mirad!
Abrió los ojos en ese momento y lo vio. A unos diez metros, un macizo de lilas estaba floreciendo, un poco más allá un rosal también.
— Eso dice mucho de tu Magia, Harry —le dijo Luna, poniéndose de rodillas junto a él—. Si hubiera algo oscuro aún dentro de ti, la energía habría destruido las plantas alrededor.
Un peso que no era consciente de llevar sobre sus hombros desapareció. Sonrió a su amiga y estiró la mano para tomar la suya.
— Te he echado de menos, Luna —le susurró, dando un suave apretón en la pequeña mano.
Luna le devolvió la sonrisa y se inclinó a darle un beso en la mejilla.
— Necesitabas tiempo y espacio, nosotros lo entendimos.
Se incorporó con cuidado, dejándose ayudar por la mano extendida de Neville. Le abrazó brevemente antes de girarse a Ron.
— ¿Estás bien?
El pelirrojo asintió, aún con la cara enrojecida.
— ¿Hermione?
— Todo bien.
Las consecuencias del artículo no se hicieron esperar, empezaron a llegar lechuzas con mensajes de todo tipo, desde solicitudes de entrevistas a objetos malditos para los Slytherin. La directora y los demás profesores reforzaron las protecciones para evitar problemas mayores que los howlers. Pero no pudieron evitar que la presencia de periodistas aumentara el día del aniversario.
Ninguno de los implicados acudió a la celebración que organizaba el colegio. Ginny porque sus padres estaban presentes y ya había tenido bastante con el Howler que su madre le había enviado. Los demás, porque realmente no tenían ganas de participar en los actos antes, el artículo les sirvió de excusa.
Todos los magos tienen un hechizo que se les resiste, uno de los básicos que se usan en el día a día.
Era una noche tranquila en el dormitorio de los chicos de octavo año en Gryffindor. Todas las camas tenían cortinas corridas.
Neville leía un libro de botánica australiana que le había proporcionado su profesor de pociones. Estaba muy concentrado, así que se sobresaltó cuando se escuchó el primer gemido.
De primeras, no supo qué era lo que había oído. Necesitó que se repitiera para entender lo que estaba escuchando. Se puso colorado. Pensó en pedir silencio, pero le pareció mal, podría incomodar a su compañero.
Se oyó otro gemido, más fuerte todavía.
En la cama de al lado, Dean y Seamus se tapaban la boca para que no se les oyera reír. Dean sacó la varita de debajo de la almohada y conjuró un hechizo de silencio alrededor de ellos. Los gemidos se oían ahora más seguidos.
Se miraron, aquello tenía un punto muy caliente, se notaba que alguien estaba gozando muchísimo. Con una sonrisa traviesa, Seamus metió la mano dentro del pantalón de Dean. Un estrangulado "Fóllame, joder" acabó de poner duro a Dean, que cerró los ojos para disfrutar de la mano experta de su chico.
En su cama, Harry miraba al techo con resignación y una vergonzosa erección entre las piernas. Tres gemidos después, sacó de debajo de la almohada el mapa del merodeador y la capa de invisibilidad.
Se calzó y salió de la habitación silenciosamente, para bajar a las mazmorras a contarle a Draco que Ron seguía siendo incapaz de convocar un hechizo de silencio decente. Draco se burlaría de Ron y luego le ayudaría con su vergonzoso problema.
Cuando consiguió entrar en Slytherin, siempre cubierto por su capa, sus pies le llevaron rápidamente a la habitación de Draco. Al pasar delante de la de Pansy escuchó la risa inconfundible de Hermione. Sonrió divertido, parecía que sus Sly habían conseguido por fin que se quedara a dormir con ellos. Tocó la puerta de Draco con suavidad. La puerta se abrió enseguida y se bajó la capucha para que le dejara pasar.
— ¿Y esta visita inesperada? — preguntó Draco, volviendo a meterse en la cama mientras lo veía descalzarse y dejar la capa y el mapa sobre la silla del escritorio.
Harry caminó con su ligera cojera hacia la cama, subiéndose por el otro lado. Se inclinó sobre su chico y lo sujetó por la nuca con firmeza para besarle.
— Wow —exclamó cuando fue liberado, notando la erección de Harry rozándose sin disimulo contra su pierna.
— Zabini ha ido a dormir con Ron.
Draco estalló en carcajadas imaginando el resto de la historia.
— ¿Tan mal?
Harry afirmó con la cabeza sin dejar de mordisquearle el cuello mientras metía la mano bajo la parte de arriba de su pijama.
— Bueno, no me quejaré más de su problema con el Muffliato si se va a resolver así cada vez —bromeó jadeante, desabrochando con maestría los botones del pijama del moreno, que había pasado la mano a la parte inferior de su pijama.
Había sido un mes difícil. La prensa se había cebado con ellos, con él sobre todo, y dentro del colegio la tensión había aumentado. Un frente unido de Gryffindors y Slytherin, y una Ravenclaw, había empezado a moverse en grupo por los pasillos. Era más seguro, porque el número de ataques había aumentado, igual que los insultos y las provocaciones.
A pesar de las reprimendas y el disgusto de sus padres, Ginny no había abandonado su ofensiva, a la que se habían unido media docena de personas más. La situación estaba generando en Harry un stress que le tenía preocupado.
Aunque su núcleo había sido estabilizado, tenía tendencia a perder el control sobre su magia. Pasaba muchas tardes en los jardines por esa razón, el contacto con la tierra le calmaba. Neville lo invitaba en sus ratos libres a ayudarle en el invernadero, estaba redescubriendo junto a él la Herbología y su amigo estaba maravillado con las consecuencias de la magia de Harry influyendo en las plantas.
Con todo, estaba nervioso e irritable, negándose a ir al comedor o a la biblioteca. Draco había hecho acopio de paciencia y agradecía el apoyo de los demás, pero Harry tenía que aprender a lidiar con estas situaciones, porque si seguían juntos iban a verlo más veces en el futuro.
Aquella noche era la primera vez en dos semanas que Harry le buscaba físicamente. Durante las vacaciones su relación había dado un gran paso adelante en ese plano y se habían acostumbrado además a dormir muy pegados. Desde que todo había estallado, seguía buscándole para dormir, pero nada más, así que estaba dispuesto a agradecer la incapacidad de Weasley.
