Llegó junio y con él la histeria de los ÉXTASIS. Hermione, que llevaba estudiando a tope desde antes de pascua, era la más relajada de la mesa de Gryffindor. No había en ella ni rastro de los nervios de otros años. Cada vez que alguien en su mesa se alteraba, especialmente si no era de su grupo, miraba con una sonrisa divertida a la mesa de Slytherin.

Allí los nervios estaban más templados. Pansy y Theo habían conseguido que Hermione no hiciera excesos a base de estudiar juntos y distraerla cuando se empezaba a volver un poco loca. Tantas horas de estudio conjunto habían mejorado la dinámica de su relación y, además, habían dado pie a la idea de los grupos de estudio.

Desde que Ginny había comenzado las hostilidades, once alumnos andaban juntos casi a todas partes, lo que había derivado lógicamente en estudiar juntos también.

— ¿Una sala de estudio?

McGonagall miró al premio anual Nott por encima de sus gafas. Cuando había sugerido al claustro nombrar a un Slytherin premio anual, hubo opiniones muy encontradas. Entre los alumnos de octavo, Nott tenía el tercer mejor expediente; había descartado nominar a Granger o Malfoy por su implicación en la guerra. Tal como le dijo al claustro, Nott había mantenido un perfil bajo, no tenía en su expediente enfrentamientos por temas vinculados a la pureza de sangre y era un referente para sus compañeros en cuanto a fiabilidad. La otra premio anual acabó siendo una alumna de séptimo de Hufflepuff, que nunca se había manifestado en un bando.

No se había arrepentido en ningún momento de defender a Nott para el puesto. Le constaba que los alumnos de su casa habían preferido muchas veces, sobre todo los más mayores, acudir a él en lugar de a Slughorn, un jefe de casa mediocre cuanto menos. Y él había solucionado la mayoría de los conflictos sin tener que acudir a ella, en ocasiones secundado por sus amigos más cercanos y por Granger.

Minerva llevaba suficientes años siendo maestra como para saber cuándo sus alumnos se saltaban las reglas por cuestiones sentimentales. Cuando Ginebra Weasley y otros alumnos habían acudido a ella a hablarle de los movimientos nocturnos entre Gryffindor y Slytherin, ella hacía tiempo que sabía que Ronald Weasley llevaba meses pasando muchas noches con Blaise Zabini y que Potter y Granger también dormían con asiduidad en las mazmorras. Escuchó lo que los chivatos tenían que decir, asqueada por la actitud de sus alumnos después de la que habían liado con sus declaraciones a El Profeta. Y después les dio un discurso sobre acusaciones basadas en venganza y falta de compañerismo.

— Ya nos juntamos para estudiar, profesora, pero en la biblioteca molestamos si nos ponemos a hablar y somos muchos para un dormitorio. En un aula vacía no molestaríamos a nadie y podríamos repasar también los exámenes prácticos.

Ella se recostó ligeramente hacia atrás en su sillón y observó a Nott. Ese tono sosegado y ese aura de autoridad, entendía porque sus compañeros confiaban en él.

— Voy a hablarlo con los jefes de casa, porque —Señaló con el índice el pergamino que le había presentado Nott con la propuesta— me alegra saber que se trata de un grupo con alumnos de varias casas.

Nott sonrió ligeramente.

— Esperaremos pues su respuesta, directora —le dijo respetuosamente, haciendo una inclinación con la cabeza para despedirse.

— Espere un momento, señor Nott.

Theodore se giró hacia ella. Sin alterar su gesto severo, la directora le hizo una seña para que se sentara.

— Hay dos cosas que quería comentar con usted. ¿Le apetece un té?

Tomó asiento, con ese aire inequívocamente aristocrático, y asintió. El juego de té se materializó en apenas treinta segundos.

— En primer lugar, quería que supiera que un grupo de alumnos ha venido a quejarse de que algunos de los Gryffindor están durmiendo en Slytherin.

El gesto de Nott no se alteró absolutamente nada mientras se llevaba la taza de té a los labios.

— Voy a ser franca con usted, Theodore: llevo meses haciendo la vista gorda a esas visitas, porque entiendo el contexto en el que se dan y creo que no perjudican a nadie. Pero no puedo dejarlas pasar una vez que han sido denunciadas.

Dejó la taza sobre la mesa antes de inclinarse ligeramente hacia delante, con su mejor cara de chico responsable.

— Lo entiendo y le agradezco la sinceridad, profesora. ¿Quiere que hable con las personas implicadas?

— Sí, me gustaría hacer lo posible para que se rebaje la tensión existente. ¿Cuento entonces con su palabra de que los miembros de su grupo de estudio van a permanecer en sus respectivas casas tras el toque de queda?

— Por supuesto —contestó con absoluta sinceridad.

— Excelente. Ahora pasemos al otro asunto. He revisado las notas del profesor Slughorn, de las entrevistas con los alumnos de ÉXTASIS. Parece que está usted interesado en seguir la carrera de pocionista.

— Me gustaría, señora. He solicitado una beca, pero no creo que me la den.

Minerva no necesitaba que le explicara, estaba al corriente de su situación económica y de su solicitud de beca.

— Quiero plantearle algo. En su testamento, que se ha localizado hace apenas un par de meses, el profesor Snape hizo un legado para ayudar a estudiantes que necesitarán ayuda para cursar sus estudios.

La máscara neutral de Theo mostró un atisbo de sorpresa. Y de esperanza.

— Severus puso en mis manos las decisiones relativas a ese legado, y no me cabe duda de que estaría muy feliz de ayudarle a usted en este momento. —Hizo una pausa al ver a Nott erguirse interesado en su asiento— Y me gustaría también plantearle la posibilidad de aceptar el puesto de profesor auxiliar de pociones, que vamos a ofertar para el curso que viene.

Eso sí que le acabó de descuadrar.

— Profesora, yo… —carraspeó, buscando las palabras—, me honra su confianza pero no sé si soy la persona adecuada para el puesto.

— Según las valoraciones del profesor Snape, Malfoy y usted son los alumnos más brillantes que ha tenido en los últimos años. Sus TIMOS fueron inmejorables y el profesor Slughorn también da informes muy positivos de su trabajo. Me consta además que ha estado usted dando clases particulares a alumnos de primero y segundo todo el año y que eso se ha reflejado en su desempeño.

— ¿Hay algo que usted no sepa, profesora? —se le escapó a Theo.

La directora sonrió, algo que no ocurría mucho delante de alumnos y menos si no eran de su casa.

— Mire, Theodore, este puesto da acceso a mucha información, lo que hay que decidir es qué hacer con ella. Y creo que apoyar a los alumnos, sin mirar las casas, es parte de mi trabajo. —Hizo una pausa para dar un sorbo y tomar una galleta— Piénselo, coméntelo si quiere con las señoritas Granger y Parkinson, no necesito una respuesta inmediata.

Nott se quedó un momento con la taza alzada, parado por la naturalidad de la profesora. Decidió ser franco, en agradecimiento a su confianza.

— Lo haré, aunque sé lo que dirá Hermione. —Sonrió brevemente— Lo cierto es que Draco y yo teníamos planes de montar algo juntos…

— El puesto de profesor auxiliar le ayudaría económicamente mientras estudiara, Theodore. Puede tomar la decisión al acabar sus estudios. Y no es obligatorio vivir en la escuela, puede dormir en su casa. El señor Longbottom ya ha manifestado que vivirá fuera.

Veinte minutos y un par de galletas de pasas más tarde, Theo entró en el dormitorio de Pansy sin llamar. Las dos chicas levantaron los ojos de los libros para mirarle, la reunión con la directora había sido mucho más larga de lo que esperaban.

— ¿Qué tal con McGonagall? —preguntó Pansy sentándose junto a él en la cama.

— Ha dicho que lo va a estudiar. A cambio me pide que me asegure de que no hay Gryfindors durmiendo en Slytherin hasta final de curso.

Se giró a mirar a Hermione, que seguía sentada frente al escritorio.

— Ha recibido una queja y nos pide que colaboremos en esto, ahora que se lo han dicho no puede seguir haciendo la vista gorda.

Hermione se cruzó de brazos, con el ceño fruncido.

— Ginny lo ha hecho al final.

— A McGonagall le preocupa que la tensión acabe estallando cuando la gente pierda los nervios por los exámenes —explicó Nott, aflojándose la corbata.

— ¿Y para eso has estado más de una hora con ella? —preguntó Pansy suspicaz.

Les explicó el resto, la ayuda para estudios y la oferta de trabajo. Al acabar de hablar, los tres guardaron silencio. Hasta ese momento habían evitado hablar de planes de futuro más allá del viaje que Pansy estaba organizando para el verano.

— ¿Vas a aceptar? —preguntó Hermione, dejándose caer a su otro lado en la cama.

Theo tomó una mano de cada una antes de hablar, con la mirada perdida en la alfombra.

— Ahora mismo soy un paria, no tengo casa ni dinero. Cualquier plan que futuro que haga va a depender de que alguien me ayude.

Pansy le golpeó el hombro levemente con el suyo.

— Vas a vivir conmigo. Los dos vais a hacerlo. Y no admito un no.

— No puedes mantenerme cuatro años, los tres vamos a estudiar y eso supone cero ingresos. Tus padres no van a dejarte gastar así de alegremente.

— Y el ministerio no puede permitir que tú te quedes en la calle, no hiciste nada.

Los dos miraron a Hermione con un poco de pena.

— Herms, al ministerio los hijos de los mortifagos le dan igual —respondió con suavidad Pansy—. Ya has visto que no han movido un dedo por Thomas, menos van a hacer por Theo.

Movió la cabeza con frustración. Malditos burócratas intolerantes.

— Voy a aceptar el trabajo —concluyó Theo—. Me permiten conectar mi vivienda por flu con la sala de profesores, así que dormiré con vosotras todos los días. Y me permiten combinarlo con los horarios de mis clases.

Volvieron a mirar a Hermione. Consciente de que esperaban una respuesta, suspiró antes de extender la otra mano para que Pansy la tomara.

— Tengo que resolver lo de mis padres antes de tomar más decisiones.

Ambos asintieron, comprensivos.

— Pero estaré aquí en septiembre para empezar la escuela de leyes, así que dejadme un hueco en el armario.

Theo se echó a reír.

— No has visto el armario de Pansy, cariño. Necesitaremos otro para ti y para mi, el suyo no admite ya más encantamientos de ampliación.

Pansy les golpeó con una almohada mientras los dos reían sin control.

El rumor de que a Harry y su grupito les habían concedido un aula para hacer un grupo de estudio acabó de prender la mecha de la ira de Ginny.

— … y no sólo no les han castigado por estar saltándose las normas, sino que les han concedido una sala propia para estudiar. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué esa pandilla de serpientes están disfrutando de ventajas cuando deberían estar en Azkaban?

Harry tosió ligeramente para hacerse notar por encima de la arenga de Ginny. En un rincón del patio, un grupo de alumnos de séptimo y octavo aplaudían su enfurecido discurso.

— ¿No crees, Ginny, que ya es suficiente con este tema?

Varios pares de ojos se giraron a mirarle. Estaba solo, vestido con camiseta y vaqueros. Parecía un chico normal, no un El Salvador del Mundo Mágico.

— Lo que yo crea no importa ahora, Harry. El caso es que os juntais con serpientes, estais traicionando todo por lo que luchamos durante años.

Harry entrecerró los ojos y se acercó a Ginny con su ligera cojera.

— ¿Me vas a hablar a mí de lucha, Ginebra?

— ¿Quieres que te recuerde lo que pasé en primer año, Harry? ¿O que por culpa de tu novio, mi hermano mayor tiene la cara destrozada? ¿O la muerte de Fred? ¿Merece la pena follar con Malfoy para olvidar todo lo que hemos perdido?

— ¿Eso es lo que te pica, Ginny? —intervino una voz grave—, ¿qué Harry haya pasado de ti por Malfoy?

A unos metros apareció el resto del grupo. Al frente, el que había hablado, Ron.

— ¿Y a ti, hermano, qué te pica? Oh, espera, ya tienes a Zabini para quitarte la comezón. —La falsa sonrisa de Ginny se evaporó al acercarse a su hermano y golpearle el pecho con el dedo— Eres una vergüenza para nuestra familia, Ronald.

Zabini dio un paso adelante, pero Ron le puso la mano en el brazo para que no interviniera.

— ¿Qué es lo que pretendes con todo esto, Ginny? —preguntó Hermione con voz conciliadora.

— Pretendo que todo el mundo sepa que os habéis vendido a esta gente —señaló con la mano con desprecio a los cuatro Slytherin—. Que sois las putas de las personas que nos metieron en una guerra.

— Ginny —dijo Harry con voz tensa—, en esta guerra nos metieron las acciones de los adultos a nuestro alrededor, empezando por Dumbledore. Es tiempo de seguir adelante.

— ¿En serio crees que tienes autoridad moral para decirme lo que tengo que hacer?

— Te lo estoy pidiendo por las buenas, Ginny. Lo siguiente es pedirle a mi abogado que te demande por difamación, tengo una edición de El Profeta entera como prueba y a Skeeter dispuesta a jurar que todas esas palabras salieron de tu boca. Y que te pagaron muy bien, por cierto.

Ginny se quedó lívida y los demás guardaron silencio.

— No le harías eso a mi familia— le dijo entre dientes.

— Eres mayor de edad, Ginny —le recordó su hermano—. Si eres independiente para cobrar por decir mentiras y no darles ni un galeón a papá y mamá, lo eres para asumir las consecuencias.

El grupo entero se dio la vuelta, para marcharse en bloque, cuando Ginny tiró el último cuchillo.

— Te dejará tirado en cuanto haya acabado de lavar su imagen, Harry. Y entonces vendrás de rodillas a pedir perdón.

Harry soltó una carcajada y enlazó a Draco de la cintura antes de decirle algo al oído y besarle en la mejilla. Se apoyó en él ligeramente al echar a andar, charlando con sus amigos como si no hubiera pasado nada.