Pansy Parkinson destacaba por muchas cosas. Era sofisticada, elegante, inteligente, y una gran anfitriona. Los Parkinson no se habían visto implicados en la guerra, con lo que sus bóvedas y propiedades estaban blindadas. Y entre ellas, una mansión en la costa azul, con suficientes habitaciones para alojar una semana a cuatro parejas y un trío.

Y aunque había muchas habitaciones, la inevitable discusión tonta había surgido.

— Yo no quiero cerca de Blaise y Weasley.

Ron estrechó los ojos con una sonrisa y se giró a Hermione.

— Mione, igual deberías recordarle a tu chico que él también es ruidoso.

—Bueno, tiene motivos para serlo, Weasley. A pares —saltó rápidamente Pansy, dándole un sorbo a su mojito.

Allí estaban los once, sentados en cómodos sillones y hamacas en el jardín desde el que se veía el mar.

—Gracias, con uno voy más que bien servido —respondió Ron, apoyado en el pecho de Blaise, tumbados en una hamaca.

—Eso espero —contestó Zabini, mordisqueándole el cuello posesivamente.

Ron giró el cuello para besar a su novio.

— No lo dudes —le tranquilizó entre dos besos.

— ¿Hace falta salir con un Slytherin para bromear sobre sexo? —preguntó socarrón Seamus— Cariño, ¿los Gryffindor bromeamos sobre sexo?

Dean dejó su copa en la mesa más cercana antes de tumbarse y cerrar los ojos para disfrutar del sol.

— Los Gryffindor hablamos menos y practicamos más. Ya sabes, dime de qué presumes….

— Bueno, algunos estábamos ahí hace unas semanas cuando Ron presumió mucho y fuerte.

Hubo una fuerte carcajada y Ron no pudo evitar ponerse rojo y mirar a Neville con los ojos entrecerrados. Sentado junto a Luna, Neville sonreía con inocencia.

— Creo que Neville aún no se ha repuesto de eso —chinchó Seamus.

— Tal y como se le echó Luna encima el día de la batalla, no creo que sean tan inocentes —observó Hermione, sentada en el regazo de Pansy.

Luna le guiñó el ojo a su amiga con una sonrisa pícara.

— A ver, ¿una narración para los que no estábamos presentes? —reclamó Blaise, curioso.

— Se subió sobre él —explicó Seamus.

— Trepó por él —añadió Dean.

— Y le metió la lengua hasta la garganta. Fue épico —remató Ron.

— Casi tanto como ver a Potter despedirse de Draco en la puerta de su habitación el otro día.

— ¡Pansy! —protestó Draco.

—¿Qué? —respondió inocente— Yo me habría quedado a mirar, pero Theo me obligó a ir a cenar.

— Sois una panda de salidos.

— ¡Y salidas! No nos discrimines por ser chicas.

La vida se había enderezado a lo largo del último año, pensaba Harry mientras presenciaba el intercambio de pullas aquella tarde de verano. Habían conseguido acabar el colegio, algo que a ratos aún le resultaba increíble. Y esa era su familia. Los miró a todos con orgullo.

En la butaca de al lado, con una copa en una mano y la otra sujetando una de las suyas, Draco. Seguía pareciéndole tan perfecto como las navidades pasadas, cuando le había devuelto su varita con ánimo de acercarse más a él. Lo miró un momento, disfrutando de verlo reír y bromear.

A la vuelta a casa, empezarían una nueva etapa. Draco iba a estudiar para pocionista, igual que Theo. Él iba a estudiar con Neville botánica, compartiendo piso también, necesitaba salir de Grimmauld Place. Habían hablado de vivir juntos, pero era pronto, Draco volvería a la mansión y acogería a Zabini. Ya estaba claro que en la habitación más lejana a la suya.

Miró a Ron, tan cómodo con su relación como para estar tumbado sobre su novio. Jamás habría esperado ver a su amigo tan demostrativo en público. Y tan maduro y responsable. Era el único de todos ellos que volvería a la casa paterna, mientras estudiaba, al igual que Zabini, para ser auror.

La risa de Hermione hizo que se girara a mirarla. Su otra hermana tenía una risa hermosa, que le nacía del estómago y la hacía brillar. Sentada sobre las rodillas de Pansy, le dedicaba sonrisas y mimos bajo la atenta mirada de Nott. Ellas serían abogadas, temibles seguramente. Él, profesor de pociones, digno sucesor de Severus Snape.

Cuatro Sly que habían roto todos sus esquemas. Y la fidelidad de Seamus y Dean, leales a muerte. Dean también sería abogado, había conseguido recuperar lo que le pertenecía y acabado por admirar a Mc Gowan y el trabajo que hacía. Seamus no tenía claro aún si quería seguir estudiando, de momento había aceptado una oferta de trabajo en Sortilegios Weasley.

Había dado la campanada al salir del EXTASIS de Transformaciones, cuando se había arrodillado en medio del pasillo y le había pedido a Dean que viviera con él. Algún día, le había confesado Dean a Harry después, conseguiría que la ley mágica cambiara, y se la devolvería pidiéndole matrimonio en medio del callejón Diagon en vísperas de Navidad.

Harry se giró hacia su nuevo compañero de piso, que le comentaba algo referente a las plantas exóticas que la madre de Pansy cultivaba en aquel jardín. En los últimos dos meses había pasado mucho tiempo con Neville y Luna, que le habían enseñado mucho sobre la magia vinculada a la tierra y a las plantas. Había aprendido a escuchar a Luna, porque entre todas sus divagaciones sobre animales fantásticos, había una gran cantidad de conocimiento sobre la magia de la naturaleza. Y había sido idea suya que compartiera piso con Neville, mientras ella viajaba con su padre en busca de animales poco comunes.

La mano de Draco apretó la suya. Se disculpó con Neville para girarse a su novio. Y se encontró su rostro a apenas un palmo. Le dedicó una sonrisa radiante antes de estirarse en su asiento para darle un beso.

— Gracias.

Una ceja rubia se alzó interrogante.

—¿Por?

Le dio otro beso y le susurró:

— Por esconderte en el pasillo de las ventanas.