Estos tres fueron la primera trieja que escribí, y creo que a día de hoy son los que más personas me han pedido que vuelva a traer. Con ellos inauguro el San Calentín 2022, preparaos para algunos extras hot en distintas historias. ¡A disfrutar!
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Theo salió de la chimenea del salón de su apartamento con el ceño fruncido. Era tardísimo, la maldita reunión del claustro se había hecho eterna. Dejó la túnica colgada en el perchero del pasillo y caminó hacia su dormitorio tratando de no hacer ruido. La casa estaba a oscuras y silenciosa, las chicas debían de estar durmiendo, madrugaban bastante. Lo detestaba, detestaba los días que no llegaba a tiempo para cenar con ellas, era su momento favorito del día.
Había un mínimo resplandor colándose por debajo de la puerta cerrada. Sonrió, imaginando la imagen de Hermione leyendo un libro y Pansy durmiendo con un antifaz oscuro. Abrió y dio un paso dentro. La sonrisa cambió a carnal al ver que se había equivocado.
Sobre la cama, la estampa era increíblemente erótica: las chicas se besaban con languidez, Hermione abajo, con los torneados brazos morenos rodeando la espalda pálida de Pansy, que se balanceaba sobre ella. Las piernas de Hermione le enganchaban por debajo del trasero, pero no ocultaban las tiras negras del arnés que rodeaban la cintura y las piernas pálidas.
Las observó un momento, sin que ellas percibieran su presencia mientras subía la intensidad, los besos más bruscos y mezclados con jadeos y gemidos, entre los que distinguió un bajo zumbido. Se quitó la camisa y los zapatos de camino a la cama. Pansy desvió la mirada de la cara de Hermione cuando él se sentó en la cama para quitarse los calcetines.
— Llegas tarde, Nott —le gruñó, jadeando por el esfuerzo.
— O en el mejor momento —contestó, besando la mano que Hermione tendió hacia él.
Se acabó de desnudar y se acercó a besarlas a ambas. Verlas así... había muchas veces que se recreaba en contemplarlas teniendo sexo a las dos solas, porque era una expectáculo terriblemente excitante.
— Eres un mirón —se burló Pansy, volviendo a concentrar sus esfuerzos en Hermione.
Cuando jugaban solas, el carácter dominante de Pansy salía más a la luz y Hermione disfrutaba de relajarse y dejarse llevar por ella. Y a Theo le encantaba ver cómo se miraban con devoción la una a la otra, por más sucias que fueran las palabras que salían de su boca. Y Pansy podía tener una boca muy muy sucia.
— ¿Te gusta así, gatita? —oyó que le preguntaba mientras le sujetaba las manos sobre su cabeza e intensificaba las embestidas.
También escuchó el zumbido del vibrador aumentar a la par que Hermione contestaba un largo "Síííííííí", echando la cabeza hacia atrás con abandono. Entonces, en un momento que Pansy se movió para recolocarse, lo vió: se trataba de un doble asedio. El vibrador que había creído escuchar no estaba unido al arnés, sino insertado en la vagina de Hermione: en el arnés había colocado un dildo menor de lo que solían usar y la estaba penetrando analmente.
Aquello no era completamente ajeno, a Pansy le encantaba el arnés y a Hermione tenerlos a uno en cada entrada, pero sí era la primera vez que las veía haciendo eso en concreto y no pudo evitar un estremecimiento de excitación en su propia parte trasera, que desestimó rápidamente, como solía hacer .
Un quejido de Hermione llamó su atención. Entendió que, como solía pasar con Pansy, la estaba llevando al límite e iba a comenzar a suplicar por correrse. Se acercó a besarla y le preguntó al oído, mientras le acariciaba con fuerza un pecho.
— ¿Necesitas ayuda, gatita?
Hermione abrió los ojos y asintió levemente.
— Sabes que solo tienes que pedirlo —insistió, pellizcando el pezón como sabía que le gustaba y calmando el dolor con la lengua.
— Ayúdame a correrme, por favor, Theo — suplicó, poniendo los ojos en blanco por un movimiento especialmente fuerte y tendiéndole la mano.
El juego podía ser eterno así, con Pansy llevándola una y otra vez al límite, pero sin permitirle correrse. Miró a la morena y vio que sudaba y sus pómulos estaban muy sonrojados, estaba al límite también.
— ¿Puedo? —le preguntó.
— Manos y rodillas, gatita —ordenó como respuesta, dándole una pequeña palmada en el muslo.
Theo ayudó a Hermione a rodar y ponerse a cuatro patas y esperó a que Pansy volviera a introducir al dildo para deslizarse bajo ella y colocarse en posición de 69, aunque sabía que Hermione estaba más allá de la posibilidad de chupársela en ese momento, apenas parecía que las piernas podían sostenerla. Además, era terriblemente sensible justo en el punto que atacó sin dudar con la lengua. Pudo sentir la vibración en la boca conforme pasaba la lengua plana por el abultado clítoris, haciéndola gritar y temblar.
— Mira, Theo, nuestra gatita maulla, creo que aún puede hacerlo más fuerte.
Ella redobló esfuerzos a la par que él comenzaba a hacer círculos con la punta de la lengua. Y gritó, vaya si gritó, era una suerte que su habitación estuviera bien aislada siempre, porque de otro modo la escucharía todo el edificio. Dos golpes más de pelvis y Theo pudo sentir el líquido gotear en su boca cuando comenzó un largo orgasmo, que intensificó atrapando el clítoris con los labios hasta que a Hermione le fallaron las fuerzas y se dejó caer.
Con Hermione atravesada sobre él, vio a Pansy quitarse el arnés con cuidado y dejarlo a un lado antes de acercarse a ayudar a su derrotada pareja, extrayendo el vibrador en primer lugar.
— ¿Estás bien? —le preguntó con suavidad, tapándole con el nórdico.
— Sí —murmuró Hermione, jadeando todavía—. Dame un minuto.
Pansy se inclinó sobre ella, besándole la frente.
— No te preocupes, cariño. Pondré a Theo a trabajar.
No necesitó convencerle, Theo apoyó la espalda contra el cabecero de la cama, con las piernas extendidas y le tendió la mano para que se subiera sobre sus piernas. Le pasó las manos tras la nuca y le besó mientras Theo la sujetaba por la cintura. Frotó su dura erección contra sus labios húmedos, poniéndolo aún más duro.
— Fóllame, Theodore —le pidió, mordisqueándole la oreja.
Desde su posición tumbada, Hermione disfrutó del espectáculo, demasiado cansada para participar. Se le estaban cerrando los ojos cuando escuchó maldecir a Pansy y jadear con fuerza a Theo. No vio los arrumacos de después, ni a Pansy yendo a lavarse con el vibrador en la mano. Ni a Theo recoger el arnés caído en el suelo y mirarlo con las cejas bajas unos segundos antes de ir al baño también.
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En los cinco años transcurridos, la familia que habían creado en la escuela se había hecho más fuerte. Pansy, Hermione y Dean habían hecho piña mientras estudiaban leyes. Antes de terminar la carrera ya había varios despachos de abogados tratando de ficharlos, incluido el propio Ministerio, pero ellos tenían muy claro que trabajarían junto a Mac Gowan. El duro abogado había ofrecido trabajo a Dean mientras estudiaba y a partir de ahí se había creado un vínculo sólido con los tres jóvenes.
La piña creada con Dean había resultado productiva para Seamus, ahora socio de George en el nuevo proyecto de Sortilegios Weasley: juguetes eróticos para adultos. Si alguien tenía imaginación para ese tipo de cosas era Pansy, que además se ofrecía para probar los prototipos sin ningún titubeo. Y Luna, que recogía ideas en sus viajes a cada cual más curiosa.
En Hogwarts, Neville y Theo se habían establecido finalmente como profesores titulares. Por suerte, la oferta no había incluido la jefatura de casa, lo que les permitía dormir en sus hogares a diario. La cercanía y el trabajo conjunto, por la cercanía de sus especialidades, había resultado en una tranquila camaradería, así que a Theo no le sorprendió que Neville entrara en su despacho una mañana antes del desayuno, pero sí que le preocupó que lo hiciera caminando de una forma extraña.
— ¿Qué ha pasado? —le preguntó alarmado, acercándole una silla y ayudándole a sentarse despacio— ¿Otro tirón en la espalda? Te dije que tantas horas inclinando sobre el plantero no son buenas, Nev.
— No. Luna está en casa.
Theo le miró sin entender, sentándose en el filo de su mesa.
— Anoche probamos un prototipo para Seamus —le explicó por fin un poco ruborizado.
— Oh. Pansy no ha dicho nada.
— Bueno, hacía falta tener próstata para probarlo.
Levantó las cejas hasta casi el nacimiento del pelo. Neville suspiró y se removió en la silla, buscando una posición más cómoda.
— Pegging, Theo. Necesito una poción para el dolor ahí.
— Sigo sin entender.
— Para el ano. —El rostro del afable profesor estaba tan rojo que parecía que iba a arder—. ¿De verdad que no sabes lo que es?
— De verdad —respondió, levantándose para buscar en su almacén personal una poción analgésica— Y verte así tampoco me invita a probarlo.
Neville rió, desconcertando a su amigo.
—Me sorprende que la mayoría de nuestros amigos tengan relaciones con hombres y nunca hayas sentido curiosidad.
— Mi vida sexual es excelente, gracias —contestó un poco envarado, tendiéndole el vial.
— No sé me ocurriría ponerlo en duda. Ya sabes, las chicas hablan, y no parecen tener quejas. Solo me refería a que, bueno, es interesante probarlo. Y por lo que he oído de Pansy, creo que estaría encantada de usar un arnés contigo. Pero no este prototipo, aún le falta alguna reformita.
Y alzó la poción como si brindara por los inventos para adultos.
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Theodore agradeció la llegada del viernes por la tarde. Salió de la chimenea con la túnica doblada sobre el brazo y quitándose la corbata. En el sofá del salón, Hermione leía un grueso tomo de derecho muggle, con una libreta y una pluma en precario equilibrio sobre un muslo. Al escucharle llegar, levantó la mirada hacia él y le recibió con una brillante sonrisa. No pudo evitar responder a la sonrisa y acercarse a besarle, dejándose caer junto a ella en el sofá.
— ¿Estudiando? es viernes por la tarde.
— Seguro que tus estudiantes también estarán estudiando para ese exámen diabólico que les has puesto el lunes.
— Touché —masculló, dejándose caer hacia atrás y cerrando los ojos.
— Pareces cansado. ¿Quieres un té? —le preguntó, acariciándole el pelo.
— Creo que prefiero darme un baño —respondió, incorporándose y tendiéndole la mano— ¿me acompañas?
— En un rato quizás. Necesito acabar con esto antes de que llegue Pansy.
Se paró bajo el marco de la puerta y se giró a mirarla, con el ceño fruncido.
— ¿Sigue en la oficina?
— Salió antes que yo. Recibió esta mañana una carta de sus padres —explicó, apretando los labios al final.
La relación con los padres de Pansy era extraña. La habían mantenido generosamente mientras estudiaba, pero se mantenían alejados. Los padres de Hermione habían mostrado escepticismo hacia su relación cuando habían retornado a Reino Unido, pero con el tiempo la habían normalizado hasta el punto de que almorzaban con ellos casi todos los domingos. Que Pansy llevara toda la tarde en casa de sus padres era preocupante.
— Ve a darte ese baño, Theo. Ella estará bien. Si me esperas, en quince minutos estoy ahí y te doy un masaje.
Le hizo caso. Su espalda tensa agradeció enormemente el agua caliente y se estiró todo lo largo que daba la bañera, con los ojos cerrados y un gemido de placer. Era inevitable preocuparse con Pansy, los Parkinson eran personas mezquinas, casi al nivel de Paola Zabini. Y aunque ella tratara de disimularlo, en el fondo le dolía la frialdad de sus padres.
Abrió los ojos, porque le pareció escuchar la voz de Pansy hablando con Hermione en el salón. Entonces lo vio: sobre el lavabo, supuso que secándose después de usarlo la noche anterior, el arnés. Como un reflejo, se le contrajo el recto y se le puso un poco dura. No pudo evitar escuchar en su cerebro la voz de Neville "Solo me refería a que, bueno, es interesante probarlo. Y por lo que he oído de Pansy, creo que estaría encantada de usar un arnés contigo".
Volvió a cerrar los ojos y se concentró en la imagen de Pansy con el arnés puesto. La noche anterior había estrenado un strap on doble, regalándole un glorioso espectáculo. ¿La habilidad del nuevo aparato? tamaño adaptable y oh, era muy sensible. Era morado y brillaba en la oscuridad, una extravagancia que seguro era cosa de Luna.
— Vaya, Theodore, pareces tenso.
La voz burlona de Pansy le hizo sonreír. La miró, sin separar la mano de su erección, frotándose para ella.
— Estaba esperando a que Herms viniera a darme un masaje.
— Mmmm —ella negó con la cabeza mientras se soltaba los botones de la túnica y se bajaba de los tacones— mi radar me dice que mientes, te he sentido pensando en mi en cuanto he salido del flú.
— Me has pillado, cariño —se movió para hacerle un hueco en la bañera, sin parar de tocarse.
Ella se metió con cuidado en la bañera y se estiró sobre él, poniéndo su mano sobre la más grande mientras le besaba.
— ¿Esto es por mi entonces?
Theo la pegó contra él, agarrándole de una nalga con posesividad, apretando.
— Me he puesto a pensar en cómo te veías ayer con esa cosa puesta y... ya ves. ¿Estás bien? —le preguntó más bajo.
— Sí. Hablaremos de eso más tarde, ahora tengo otra cosa entre manos —le recordó, dándole un apretón que le hizo dar un brinco y a ella una carcajada.
La cogió por el lateral de la mandíbula, metiendo las puntas de los dedos entre el pelo oscuro. Con el paso de los años no había desaparecido esa sensación de protección, aunque ella la mayoría del tiempo fuera la más fiera de los tres. Las amaba a las dos con intensidad, pero había aprendido a base de golpes que no se ama igual a dos personas; ni mejor ni peor, se ama diferente.
— Así que te gustó el juguetito nuevo —afirmó mientras jugaba con la punta de su erección.
— Siempre me gusta como te queda el arnés —jadeó, clavándole los dedos en la nalga.
— Pero esta vez no se trata de eso, ¿verdad? —preguntó Hermione desde la puerta— Creo que lo que te gusta es la idea de probar lo que se siente.
Pansy se apartó un poco para mirarle mejor.
— ¿Es eso, Theo? —le interrogó, acariciando con un solo dedo un camino desde la punta de su pene hasta su perineo, sintiendo como se estremecía— ¿Quieres saber lo que se siente cuando un pedazo de silicona te abre? ¿O se trata más bien de que acaricie tu próstata hasta que te corras sin tocarte?
Sin dejar de sonreír, apretó un punto justo detrás de sus testículos que hizo que Theo gimiera y pusiera los ojos en blanco. Era territorio inexplorado, el último vestigio de la rígida educación recibida.
— Cariño, creo que Theo necesita salir de la bañera para lo que tienes en mente —intervino Hermione con algo de burla en la voz—. De todas formas, el baño no le estaba relajando mucho.
Salió del baño con una risita, después de dejarles un par de toallas a mano, ella siempre pendiente de los cuidados y los detalles.
Se besaron un rato más en la bañera, sin prisa, acariciándose, disfrutando del agua caliente y el piel a piel.
— Siiiiiiiii —jadeó Theo cuando en un momento, como por descuido, Pansy rodeó con un dedo su ano, dejando un rastro eléctrico tras él.
— No esperaba esto hoy, ¿desde cuando te estás guardando esto?
— Pansy...
Sabía por dónde iba el pensamiento de su pareja, porque tenía tendencia a guardarse las cosas hasta que les explotaban a los tres en la cara. Pero en ese momento no podía hablar, demasiado concentrado en el calor en su vientre, en los besos de Pansy y sus manos que parecían estar en todas partes a la vez.
— Después. Ahora llévame a la cama —consiguió contestarle por fin, las manos sujetando su fina mandíbula para que viera en sus ojos la necesidad que le estaba volviendo loco.
Entraron en el dormitorio secándose el uno al otro mientras se besaban. Pansy maniobró hacia la cama hasta que las piernas de Theo chocaron contra ella, empujándolo para que se dejara caer.
— Levanta los pies, apóyalos en el colchón —le ordenó, dejando caer la toalla y arrodillándose sobre ella.
Obedeció, un poco ruborizado. Y se incorporó sobre sus codos para poder ver a Pansy. Enseguida sintió la presencia reconfortante de Hermione a su espalda, permitiéndole apoyarse contra ella y masajeando despacio sus hombros y su cuello con manos aceitadas.
— Vas a disfrutarlo, ella va a cuidar de ti, relájate —le murmuró al oído.
Pansy los miró a los dos con una de sus sonrisas peligrosas antes de inclinarse hacia su entrepierna. Por un momento pensó que iba a chupársela, pero no. Lamió una larga línea desde el prepucio, bajando por su pene y a través de los testículos, hasta llegar al mismo borde que había acariciado en la bañera. Solo con la punta de la lengua, hizo círculos concéntricos, cada vez más y más cerca, hasta meterla en su ano.
Respiró entre dientes, echando la cabeza hacia atrás, apoyándola en el pecho de Hermione. Una de las manos de Pansy se apoderó del pene y lo apretó antes de comenzar a frotarlo al mismo ritmo que su lengua salía y entraba. Se tensó, y Pansy se detuvo, asomándose entre sus piernas.
— ¿Quieres que pare?
— No, pero por un momento he pensado que iba a correrme.
— Estamos aquí para eso, amor —le dijo Hermione, risueña, acariciándole el pecho.
Pansy se limitó a bufar y volver a lo que estaba haciendo. Despacito, introdujo la punta de un dedo junto a su lengua, haciendo pequeños círculos. Poco a poco, cada vez más adentro, escuchando como la respiración de Theo se hacía más esforzada y superficial. Entonces giró la muñeca, buscando eso de lo que hablaban Luna o Seamus, ese bultito duro que acabaría de desmontar a Theo.
Supo que lo tenía cuando lo vio de apretar los dientes de nuevo y tensar los abdominales.
— Déjanos escucharte, Theodore —dijo Pansy, dándole un pequeño apretón a su pene, extendiendo la humedad que comenzaba a brotar.
— Más, Pans, por favor —gimió, alentado también por los dedos de Hermione en sus pezones y su lengua lamiéndole la oreja y el cuello mientras la morena volvía al ataque.
Notó a Pansy separarse un momento. Escuchó un cajón abrirse y cerrarse y enseguida volvió a sentir una mano en su pene y la otra... la otra le hizo dar un pequeño respingo cuando sintió los dedos húmedos y resbalosos. Dos dedos, concretamente. Se contuvo para no empujarse con avaricia contra esos dedos, permitiendo a Pansy jugar con ellos y ensancharle despacio.
Se sentía bien, cuidado y mimado entre las dos, y no era algo que soliera permitirse a sí mismo. Su estúpido orgullo masculino, ese que su educación había insistido en esculpir, le hacía desear ser el cuidador, pero no sentirse capaz de pedir cuidados. Mucho menos si se trataba de una práctica que le hiciera dudar de su masculinidad.
— Deja ese pensamiento, Theo, —La voz de Pansy sonó exigente y supo que le había fallado el escudo— no dejes que las mierdas que tu padre te inculcó sigan jodiéndote la cabeza. No eres menos hombre por dejarte cuidar o por querer saber cómo se siente uno siendo follado. Y lo sabes, vives rodeado de ejemplos.
Apretó más los ojos. El maldito don de Pansy conseguía sacar a la luz todo lo que él quería guardar en un baúl. Y siempre quería meter la voz machacante de su padre en el fondo de su memoria. Hermione le abrazó desde atrás, dejando besos en su mandíbula.
— Hazlo, Pansy —le dijo con voz ronca.
— No es necesario si...
Abrió los ojos y los clavó en los otros verdes. Sin volver a colocar sus escudos, le permitió ver sus fantasías más locas. Vio en su sonrisa torcida que lo había captado.
— Quizá estés más cómodo bocabajo.
Negó con la cabeza.
— Quiero verte. A las dos.
Hermione se estiró, cogió uno de los almohadones y le ayudó a ponérselo bajo las caderas mientras Pansy se movía por la habitación, tomando el arnés y el strap on. Los dos la miraron con ojos muy abiertos mientras lo lubricaba, pero fue Hermione la que le hizo un gesto para que se detuviera cuando estaba a punto de ponérselo.
— Sube aquí, déjanos ayudarte con eso —le indicó, dando una palmada al colchón junto a ellos.
Sin dejar de sonreír, se subió a la cama y le tendió a Hermione el strap on y él lubricante.
— Ponte aquí, Pans —le señaló al pecho de Theo.
Obedeció, poniendo una rodilla a cada lado, lo que dejaba su entrepierna a la altura perfecta para que ambos jugaran con ella. Theo no dudó, se sacó la almohada de las piernas y se sentó para sujetarla de las nalgas y pegar la boca a sus labios mojados. Ella gimió largo, sujetándose a sus hombros.
— Dios, sois lo más sexy que veré nunca — murmuró Hermione, rodeando la cintura de su novio para masturbarle.
Pansy sintió la vibración del jadeo de Theo en su clítoris y le clavó las uñas en los hombros.
— Creo que ya estoy preparada para ponerme el strapon, quiero correrme follándote, Theodore —le dijo, separándose a pesar de la queja de su compañero.
Se colocó a un lado y Hermione se movió hacia ella. Con gesto depredador, se inclinó y tomó el dildo doble. Lubricó la parte que iba a introducir en Pansy despacio, acariciando la silicona provocativamente, haciendo que los dos gruñeran de impaciencia. Se inclinó y le lamió el clítoris con la lengua plana mientras separaba sus labios con dos dedos e introducía el dildo. Lo sujetó con el arnés y se incorporó para besarla, con una mano enganchada en su pelo y la otra masturbando el falo de silicona.
— ¿Se siente bien? —le oyó preguntar Theo.
— Se siente real, es asombroso —le contestó con voz ronca, cerrando los ojos de placer.
— Bien. Ve a por él, amor —le besó de nuevo y se separó, dándole una palmada en el trasero.
Hermione se sentó contra el cabecero de la cama y llamó con un gesto a Theo para que se colocara en el centro de la cama, con la cabeza en su regazo y de nuevo la almohada bajo las caderas, mientras Pansy los observaba a los dos con ojos brillantes. Antes de tumbarse, se besaron, duro, y Hermione le dijo algo al oído.
— ¿Estás listo? —le preguntó, todavía ronca, acercándose con el lubricante en la mano.
— Todo tuyo —le respondió, abriendo las piernas.
Con una sonrisa torcida, Pansy abrió el bote de lubricante y se untó los dedos, volviendo a introducirlos lentamente en Theo, añadiendo esta vez el tercero. Cuando estuvo segura, se lubricó a sí misma y acercó la punta del dildo a su entrada.
— Lo he adaptado para que sea más cómodo para tí, estrecho y largo. Avísame si quieres que pare.
Su compañero asintió, tomando una de las manos de Hermione, que reposaban en su pecho. Se tensó al sentir los primeros centímetros entrando en él. Los ojos verdes no se perdían los cambios en su rostro, así que se detuvo y comenzó un suave balanceo, hacia delante y hacia atrás, creando fricción y relajando los músculos.
— Más adentro, Pans —suplicó con los dientes apretados— Y más fuerte, como con Hermione.
Se soltó. Le gustaba esa posición, la sensación de poder era increíble, ver su cara, escuchar sus jadeos. Incrementó el ritmo, entrando cada vez más profundo, hasta que supo que había tocado próstata, porque vio el pene de Theo dar un brinco. La mano libre de Hermione se estiró para tomarlo, pero se detuvo al ver a Pansy negar con la cabeza. Insistió en ese punto, tomando las piernas de Theo, sujetándolas con sus brazos, llegando más profundo.
— Queremos escucharte, cariño, deja de contenerte. Vamos, dinos cuánto te gusta —le provocó.
— Joder, Pansy. Te siento muy adentro, es... brutal.
— Yo también te siento, apretado y caliente alrededor de mi polla. Circe, es increíble.
— Más ancho, hazlo más grueso —suplicó Theo, con los ojos cerrados y las mejillas muy sonrojadas, apretando la mano de Hermione, la otra mano aferrada a las sábanas.
Hermione le alcanzó a Pansy su varita. Hizo el hechizo correspondiente y observó la reacción de su chico cuando la presión aumentó.
— Di basta cuando sea demasiado —jadeó, entrecortado,quedándose quieta, sintiendo ella también como el recto de Theo le apretaba cada vez más.
— Basta. Muévete por favor, estoy muy cerca.
Empujó fuerte, sacándole un grito, y comenzó una serie de vaivenes bruscos, sintiendo como el sudor le caía por la espalda.
— Tócame, Pans, por favor, no puedo más, necesito correrme —volvió a suplicar.
Miró a Hermione, que esperaba con la mano en el aire, y asintió con la cabeza, aumentando un poco más el ritmo. Theo abrió los ojos y miró a Pansy, el rubor bajando de su rostro, extendiéndose por su cuello y su pecho. Abrió la boca para un largo gemido, sin separar sus ojos, a pesar de estar viendo lucecitas, y entonces la mano morena apretó un poco más y se acopló al rápido ritmo de las caderas de Pansy.
Lo sintió, Pansy sintió como el recto de Theo se cerraba como un torno sobre su pene de silicona a la vez que se corría con un grito, mojando la mano de Hermione y su vientre abundantemente y arrastrándola también a un intenso orgasmo.
Se dejó caer sobre él, indiferente a la humedad, tratando de calmar los locos latidos de su corazón. Dos pares de brazos la apretaron en un estrecho abrazo.
— Ha sido increíble —susurró, besando la piel a su alcance antes de levantar la cabeza y mirar a Theo— ¿Estás bien?
— Creo que vais a tener que llevarme hasta la bañera entre las dos. Dudo mucho que me funcionen las piernas —le respondió sonriendo débilmente.
— Un baño para tres suena bien —intervino Hermione.
Pansy se incorporó con cuidado, saliendo despacio de Theo. Se inclinó a besar a Hermione.
— Igual es un buen momento para probar ese aparatito sumergible que mandó Seamus el otro día —sugirió con una sonrisa, acariciándole la cara.
— Suena bien.
Y se estiró para besarla de nuevo.
