Dark Mane, disfrazado a la perfección como Shining Armor, se dirigió volando a toda prisa hacia el castillo de la princesa Celestia en Canterlot, donde era esperado por cada princesa, la guardia real y la cebra prisionera. Se detuvo detrás de una pared de piedra no lejos de la entrada principal. La entrada era custodiada por dos pegasos de armadura dorada, los cuales se veía que estaban muy atentos a cualquier posible intruso, pero eso no era problema para él. Ocultando sus alas y tomando una postura firme y seria, comenzó a caminar hacia la enorme puerta. Ambos guardias lo vieron y lo reconocieron de inmediato como su capitán, incluso a pesar de no llevar su armadura en ese momento. Levantaron las lanzas que bloqueaban el paso, abrieron la gran puerta de madera y dejaron pasar el impostor, para volver a cerrar todo otra vez una vez dentro.

Sin preocuparse en lo mas mínimo por ser descubierto, Dark Mane fue con toda naturalidad hacia el salón de interrogatorio del castillo, el cual era un salón grande, de piso lustroso y paredes de fino mármol adornado con antorchas de estilo medieval que servían de iluminación de noche, pero para el día tenían una ventana que daba hacia los jardines del castillo. Del techo colgaba un candelabro de tamaño mediano, pero muy elegante, el cual daba mucho mejor ambiente de noche que las antorchas, usado para cuando se interrogaba a algún pony muy importante. Lucia como una habitación muy normal, de hecho era muy hermosa, pero era usada con fines de investigación a sospechosos de un crimen, ya fuera leve o serio, y esta vez el crimen era de suma gravedad e importancia, por eso no había tiempo para detenerse a admirar su belleza.

Las princesas Celestia, Luna y Cadence, acompañadas por dos unicornios vestidos en armaduras plateadas, acompañaban a la prisionera para su interrogatorio. Zecora lucia muy tranquila, se notaba que confiaba plenamente en su propia inocencia y en que finalmente saldría libre, solo deseaba que Dark Mane no fuera a lograr hacer lo que fuera que tenía pensado con ella.

Zecora: ¿Cuándo llegara el capitán? Con él me urge hablar

Luna (muy seria): Será pronto, ahora, espero que sea verdad lo que dices, no me gustaría que de verdad tuvieras algo que ver con la desaparición de Twilight Sparkle, ella es una de nuestras princesas y su ausencia ha traído mucha tristeza a Equestria

Celestia: -pone un casco en su hombro- Nos ha traído tristeza a todos, por eso debemos tomarlo con seriedad y calma, debemos encontrarla pronto, la guerra contra Dark Mane esta a muy poco de comenzar

Luna: -la mira un momento- Lo sé hermana, tienes razón

Cadence estaba empezando a preocuparse porque su esposo estuviera demorando tanto, esperaba que quizá el tener que interrogar a una sospechosa por el secuestro de su querida hermana no lo estuviera angustiando demasiado. De hecho, estaba por salir ella misma a buscarlo cuando escucho como la puerta de la habitación se abría y dejaba ver a quien venía llegando.

Shining Armor: -entra- Me disculpo por mi tardanza, ¿Dónde está la sospechosa? -la ve y va hacia ella-

Cadence estaba feliz de verlo tan compuesto a pesar de todo, pero lo notaba un poco extraño también, no estaba segura de que era, pero algo en el unicornio blanco simplemente no estaba bien. Trato de dedicarle una sonrisa amorosa no bien paso frente a ella, pero sólo obtuvo de él una mirada fría y fugaz, cosa que la dejo muy impresionada, Shining Armor jamás había sido así con ella. Trato de todos modos se enfocarse en el interrogatorio, ella y las otras dos princesas presentes también debían cumplir con su parte.

Shining Armor (serio pero con tono molesto): De acuerdo cebra, ¿puedes decirme exactamente que estabas pensando cuando decidiste secuestrar a Twilight Sparkle para usarla en tu extraña magia? ¿Cómo se que ahora mismo ella no está siendo destilada y utilizada en algún brebaje o poción extraña? ¡Habla!

Zecora: -se queda callada un momento, luego respira hondo- No tengo la menor idea de lo que está hablando capitán

Shining Armor: -golpea la mesa con un casco- ¡Mientes! Dime de inmediato donde tienes a la princesa o me veré forzado a meterte a un calabozo

Cadence: Shining, ¿pero qué estás…?

Shining Armor: (sin mirarla): ¡Silencio! Yo soy quien hace las preguntas aquí… ahora cebra, es tu última oportunidad, dime donde la tienes prisionera, o no seré tan blando contigo otra vez

Zecora (tranquila pero seria): Si lo que usted necesita es sinceridad, princesas, les ruego que nos otorguen algo de privacidad -las mira-

Luna (irritada): Ah no, ni creas que…

Celestia: Entendemos, los dejaremos solos

Luna: Pero hermana, el protocolo dice que…

Celestia: Obviaremos el protocolo por esta vez, una situación delicada como esta necesita ser tratada con cuidado. Guardias, ustedes también salgan

Ambos unicornios no protestaron, solo hicieron una reverencia de obediencia y siguieron a las tres princesas hacia la puerta. No bien la habitación solo tenía al unicornio y a la cebra adentro, el falso capitán cerró la puerta desde adentro, dejándolos a ambos encerrados. Zecora seguía luciendo igual de compuesta y confiada, cosa que irrito enormemente al alicornio disfrazado.

Shining Armor: Con que… estas tan confiada de tu propia inocencia que no temes ser encarcelada ¿verdad?

Zecora: Así es, no temo ser encerrada, se que al final la verdad será revelada. No sé qué pretendes con tus planes, los de tu clase no son más que unos truhanes

Shining Armor: -hace brillar su cuerno y vuelve a ser Dark Mane- Entonces creo que no me dejas mas alternativa, no puedo fallar en mi plan, así que deberás sacrificarte porque tenga éxito -hace brillar aun mas su cuerno-

Afuera de la sala de interrogación, las princesas y los guardias esperaban para saber que pasaría. La princesa Luna estaba tan impaciente que casi no se fijo en el reloj de pie cerca de ellos, el cual dio cinco fuertes campanadas, anunciando que ya eran las cinco de la mañana en punto.

Celestia: La batalla comenzara en una hora nada mas, espero que nuestro tío sepa a lo que se va a enfrentar, nunca debió haber vuelto a esta tierra

Luna: Lo sé hermana, solo debemos confiar en los héroes legendarios, ellos nos guiaran en combate y podremos vencerlo, devolviéndolo a su prisión

Cadence: Temo decir esto, pero hay algo que me ha estado incomodando desde hace rato

Luna: ¿Qué ocurre princesa Mi Amore Cadenza?

Cadence: Vi algo extraño en Shining, no sé cómo explicarlo bien, pero fue casi como si no fuera él mismo… temo que las cosas se están complicando tanto que quizá…

Pero ella no pudo terminar de hablar, puesto que una fuerte explosión, seguida por un extraño polvo mágico, se dejo oír fuera desde adentro de la enorme habitación donde estaban Shining Armor y Zecora. Ambos guardias se apresuraron en ir a buscar a sus refuerzos, pues no era la primera vez que un sospechoso se pusiera violento. Las princesas fueron a ver que había pasado, pero lo que vieron salir no era lo que esperaban. Del humo, apareció Shining Armor, totalmente intacto, sin un solo rasguño en el cuerpo, seguido por Zecora, quien lucía igual de normal, salvo por el detalle de sus ojos vacios y apagados, los cuales nadie noto.

Cadence: -corre hacia él- ¡Shining! Santo cielo ¿estás bien? ¿Qué ocurrió ahí dentro?

Shining Armor: -le sonríe- Estoy bien… Zecora finalmente confeso todo, ella es la responsable del secuestro de Twilight Sparkle, no Dark Mane, así que pueden cancelar la guerra contra él, ya no será necesario levantarse en armas

Todas las princesas se mostraron muy sorprendidas, no pensaron de verdad que el avance fuera a ser tal que la batalla fuera a cancelarse por completo, menos a solo una hora de que hubiera que darle inicio. Cadence se sintió mejor luego de que su esposo finalmente le sonriera, pero seguía sintiéndose intranquila.

Cadence: Shining… ¿estás seguro de que es lo mejor?

Luna: Es verdad, no podemos proceder con semejante atrevimiento, no sabemos si Dark Mane tiene o no otros planes, quizá él no secuestró a Twilight Sparkle, pero podría cometer atrocidades aun peores que un mero rapto

Cadence: Luna tiene razón Shining, tenemos que pelear contra Dark Mane, no sabemos de qué otras cosas pueda ser capaz -mira a Celestia-. Por favor princesa, dígale algo

Celestia: -lo piensa un momento- Nombré capitán de la guardia real a Shining Armor por una razón, porque sabía que podía contar con su buen juicio y su capacidad para tomar las mejores decisiones en aquellos asuntos en los cuales yo no pudiera involucrarme del todo…

Shining Armor: -sonríe perversamente-

Celestia: Sin embargo… es cierto que Dark Mane podría cometer algo aun peor si no se lo enfrenta ahora que aun es tiempo, por lo tanto la guerra sigue en pie

Shining Armor: -oculta su expresión de furia- Entiendo majestad, ¿Qué debo hacer con la culpable?

Celestia: -suspira- Lamento decir esto, pues se que ella y Twilight son buenas amigas, pero llévala al calabozo, allí permanecerá hasta que lleve a cabo el juicio que decidirá su destino

Shining Armor hizo una leve reverencia ante las princesas y se fue junto con Zecora, quien lo seguía sin ninguna clase de protesta. Sus ojos mostraban que estaba bajo alguna clase de poderoso hechizo que inhibía su voluntad y la hacía totalmente vulnerable a las ordenes de otros, por lo cual ya no se defendía si alguien alegaba que ella la culpable de aquel crimen tan espantoso y ruin. Cadence seguía preocupada, sabía muy bien que algo no estaba bien con su esposo y tenía que saber de inmediato que era, pero con la guerra a punto de comenzar debería quedarse con la duda un poco más.

Ya en el calabozo del castillo, Shining Armor, o más bien, Dark Mane, encerró a Zecora en una celda especial para los prisioneros a la espera de su juicio. Su hechizo se mantendría hasta que el veredicto de culpable se diera a conocer y ella fuera llevada a su celda permanente. A pesar de que la guerra contra él continuaba, el alicornio negro al menos ya sabía que con una poderosa bruja como Zecora sin posibilidad de hacer nada contra él, al menos ya habría alguien menos que se entrometiera en sus planes. No era demasiado, pero al menos era algo.

Mientras, sin saberlo, Cadence espiaba desde una pared lejana a la espera de saber que era exactamente lo que pasaba con el unicornio. Pensaba que si lo dejaba solo podría ver como se comportaba en realidad no estando ella ni las otras princesas presentes. Se quedo oculta para ver si podía enterarse de algo, ya que tenía un fuerte presentimiento, pero necesitaba confirmar su duda.

Shining Armor: -suspira- Esto no salió como yo lo esperaba, ahora esos torpes ponies de Equestria se levantaran contra mí como lo hicieron sus antepasados hace tanto tiempo, pero en fin, deberán aprender por las malas que es a mí a quien deberán dejar gobernar, no a mis sobrinas ni al tonto de mi hermano. Iré a asegurarme de que esos ponies reciban lo que se merecen

Cadence entonces vio como del lomo blanco del que creía su esposo comenzaron a brotar dos enormes y negras alas. Sabía que algo no estaba bien, pero jamás pensó que a ese extremo. Tenía miedo y todo lo que quería era salir huyendo de allí y alertar a la guardia real de que Dark Mane se encontraba en el castillo, pero aunque sabía que eso era lo más prudente en el momento, hizo algo muy distinto casi sin pensarlo.

Cadence (furiosa): -va hacia él- ¡Lo sabia! ¡Debí saber que Shining jamás me hablaría de ese modo ni se comportaría de esa forma tan violenta, aunque se tratara de una sospechosa de un crimen! Estas perdido Dark Mane

Shining Armor: -la mira y sonríe ampliamente-

Cadence: No me vengas con payasadas, ya sé que eres tu… ahora, muéstrame tu verdadera forma y pelea conmigo si te crees capaz

Shining Armor: -esconde sus alas- ¿En serio? ¿Serias capaz de luchar contra tu propio esposo? ¿Con el pony con el cual te casaste y al cual le juraste amor eterno? Me encantaría ver eso

Cadence: -usa su cuerno para levitar una enorme roca- Soy capaz de eso Dark Mane, porque ya se que no eres sino un sucio tramposo -le lanza la roca-

Shining Armor: -usa su magia para detener la roca y destruirla- ¿Eso es todo?

Cadence sabía que no podía usar su magia, así que no tuvo de otra más que utilizar su fuerza física. Como princesa no estaba acostumbrada a algo así, pero sabía que era necesario olvidarse de eso por el momento y tratar de detener a ese horrible monstruo de alguna manera. Corrió rápido y, abriendo sus alas, se le lanzo encima con todo su peso, tratando de darle fuertes golpes de casco, los cuales el detenía con los suyos. Dieron muchas vueltas en el suelo del calabozo, llenándose de tierra y escombros. Dark Mane detenía sus cascos delanteros con su magia, pero Cadence de todos modos lo golpeaba con los traseros.

Se mantuvieron así por interminables minutos, peleando hasta que la princesa ya no podía dar más, pero a pesar de lo exhausta que estaba, se las arreglo para quedar encima del alicornio disfrazado y enfrentarlo. Estaba por asestarle un duro golpe en la boca cuando de pronto, Dark Mane hizo lo impensado…

Shining Armor (con voz lastimosa): Cadence… ¿Qué es lo que haces? ¿Que acaso… ya no me amas?

Cadence (aun con su casco levantado): No puedes engañarme Dark Mane, ya sé que tú no eres mi esposo

Shining Armor: ¿No me reconoces? Soy yo, Shining Armor, nos conocimos cuando Twili necesitaba una niñera, te amé desde el primer momento en que te vi y desde entonces no he podido amar a ninguna otra… ¿ya no lo recuerdas?

Cadence: -cierra fuerte los ojos- ¡Ya basta!

Shining Armor (sonriendo): Salíamos a pasear a la plaza de Canterlot los tres y yo una vez te compre una flor, la puse en tu melena y lucias hermosa, Twili se puso celosa y tuve que comprar otra para ella. Las dos lucían adorables, me sentía muy afortunado de tener una novia y una hermanita tan lindas

Cadence: -empieza a llorar- Basta… por favor… ya no lo resisto… ¿Por qué lo haces?

Shining Armor: -pone su casco en su cara- Porque te amo, y jamás dejaré de hacerlo

Cadence (todavía llorando): -lentamente se le quita de encima- Lo… lo siento… perdóname…

Dark Mane no tuvo ninguna compasión, y usando su magia, lanzo a la indefensa princesa contra la pared de roca del calabozo, dejándola muy lastimada y casi sin poder moverse. Mientras la pobre gemía en el suelo luego del golpe, el unicornio blanco se le acerco con una mirada completamente fría, llena solamente de odio y burla.

Shining Armor: Es increíble que hayas caído con eso, pero no te culpo, todo eso solo tú, Twilight Sparkle y el bobo de tu esposo podrían haberlo recordado, pero me imaginaba que habías olvidado que yo lo veía absolutamente todo desde mi prisión de cristal, incluyendo todo lo que Twilight Sparkle y su familia hacían -comienza a brillar y vuelve a ser Dark Mane-. Ahora, si no te importa, la guerra está por comenzar y tengo una última cosa de la cual encargarme antes de ella -abre sus alas y sale por la ventana-

Cadence (muy adolorida): -intenta levantarse- Debo… alertar a los guardias… -se cae de nuevo-

La pobre princesa hizo todo lo que pudo por salir del calabozo, aunque para ello debiera arrastrarse. Un guardia la vio y fue en su ayuda, pero ella le dijo que no perdiera el tiempo en eso y fuera a decirle a la guardia real que comenzaran la guerra cuanto antes, si no pronto seria tarde. El guardia corrió a buscar refuerzos, mientras que Cadence solo esperaba que Shining Armor, el verdadero, estuviera bien. No sabía que había sido de él, todo lo que esperaba era que no estuviera herido ni nada.

Mientras todos se preparaban para la inminente batalla, al sol aun le quedaba un poco de tiempo antes de comenzar a aparecer en el horizonte. El cielo seguía teñido de un azul negruzco y brillantes estrellas lo cubrían, la luna era grande y aun brillaba, pero el alicornio sabía que no seria así por mucho más tiempo. Fue directo al lugar al cual debía dirigirse, el cual era la cabaña de la pegaso amarilla que le había dado hospedaje a los héroes legendarios hasta que la guerra acabara y volvieran a su tierra. Su entrenamiento no había sido largo, pero si muy riguroso, y sabia que con la enorme cantidad de ponies apoyándolos iban a ser enemigos muy fuertes. Sabia en todo caso que si se deshacía por lo menos de uno de esos niños, entonces podría tener una ventaja.

Reducimiento su tamaño al de un pony normal, se introdujo por la ventana que daba al cuarto donde Mathew, el mayor de los tres hermanos, se encontraba durmiendo. A su lado tenía su despertador, el cual sonaría en tan solo media hora, ya que sabía que tenía que madrugar si quería estar listo. Dark Mane lo vio y se dio cuenta de que no tenía mucho tiempo.

Dark Mane: No importa… será cosa de un minuto o dos -hace brillar su cuerno y desaparece-

El alicornio negro tenia la habilidad de introducirse en los sueños de cualquiera, desde pequeños animales hasta ponies de estatus real como él y su familia, la cual había desarrollado desde muy joven y que su sobrina Luna había heredado. Con eso podría estar seguro de ver que era lo que soñaba el niño y poder alterar el contenido a su gusto, ciertamente no planeaba nada bueno.

En el patio trasero de una casa suburbana a las afueras de la ciudad, tres niños jugaban alegremente. Mathew era el mayor, con diez años, su hermanitos, Max, de ocho años, y Rex, de siete, eran como sus mejores amigos, siempre acompañándolo en travesuras, juegos y aventuras donde fuera que estuvieran. Antes de dormir Mathew les leía cuentos a sus hermanos, los cuales insistían en quedarse despiertos hasta que sus padres llegaran, pero como siempre, debían dormir, ya que estos siempre llegaban muy tarde del trabajo, y se iban tan temprano que no los veían al despertar, pero con el paso de los años ya estaban acostumbrados.

Una tarde en particular después de la escuela, los tres hermanos corrían desde la salida del edificio donde estaban los demás niños hacia un pequeño prado a no mucho mas de unas tres cuadras. Todos los días hacían lo mismo, haciendo carreras para ver quien llegaba antes para luego quedarse jugando por largo rato, pero nunca mucho mas allá del ocaso, pues sabían que su niñera podría molestarse y decirle a su madre. A veces olvidaban que debían hacer la tarea y eso les ocasionaba problemas, pero a ninguno le importaba, todo lo que querían era gozar de la libertad que tenían en ese sitio y en lo felices que eran al estar los tres juntos.

Rex (en una pequeña colina): ¡Matt, Maxi! ¡Vengan conmigo, rodemos por esta colina!

Max: ¡Genial, yo voy!

Mathew: ¡Primero tienes que alcanzarme! -empieza a correr-

Max: ¡No es justo, ven aquí! -lo persigue!

Los dos niños comenzaron a perseguirse mientras reían y gritaban. Uno caía y el otro lo ayudaba, para luego volver a correr otra vez y hacer lo mismo. Se habían olvidado que el pequeño Rex estaba de pie en la colina de pasto que había encontrado y eso lo molesto mucho. El más pequeño de los hermanos les gritaba a ambos que fueran a jugar con él, pero parecían no oírlo por el sonido de sus gritos. Finalmente ya se había hartado, era muy habitual que a veces sus hermanos mayores lo ignoraran, sabía que no lo hacían a propósito, pero no le gustaba nada, así que sin mas decidió rodar el solo por la colina.

Rex y Mathew corrían por todos lados, escondiéndose detrás de árboles para no ser alcanzados por el otro, tirándose sobre las hojas para esconderse y peleando con palos como si fueran espadas. Era todo muy divertido… hasta que de pronto, un grito muy fuerte, que no era ni me emoción ni de felicidad, comenzó a escucharse, haciendo que ambos niños se detuvieran en seco. No tardaron en reconocer la voz de Rex, ya que solo estaban ellos tres ahí. Los dos niños fueron corriendo hacia la colina donde había estado Rex, para encontrarlo tirado en un pequeño charco de lodo mientras sollozaba. Pensaron que se había caído y lloraba porque se había ensuciado, así que trataron de ayudarlo.

Max: Vamos Rex, no seas llorón, vamos a casa y te podrás lavar -lo ayuda a pararse-

Rex (con cara de dolor): ¡Ah! ¡Me duele! ¡Me duele!

Mathew: Maxi, espera, parece que algo le pasa a su pierna

Mathew fue y reviso a su hermanito, para fijarse que de hecho si, tenía una cortada muy fea en su pierna derecha, pero no solo eso, parecía ser que además se había fracturado. La situación era grave y necesitaban ayuda. Mathew entonces lo cargo en su espalda todo el camino hasta su casa mientras Max llevaba las mochilas de todos. Una vez allí, la niñera llamo al pediatra de los niños, el cual no tardo nada en llegar.

Esa noche Rex descansaba en su cama, ya sin dolor y con un yeso que cubría su pierna hasta un poco más arriba de la rodilla. Sus padres habían llegado apenas la niñera los llamo después de que el doctor llegara. Éste les había dicho a ambos que Rex había tenido mucha suerte de que solo fueran una herida poco profunda y una fractura, ya que la colina estaba cerca de un barranco que los niños no habían notado antes, pero que era de hecho muy alto y profundo. De haber rodado mas allá del pie de la colina el pobre Rex podría haberse caído y haber muerto. Les recomendó no volver a dejarlos ir a jugar allí sin vigilancia y que Rex debería quedarse en cama al menos una semana. Una vez que el doctor se fue, Mathew volvió silenciosamente a su habitación. Había oído toda la conversación entre sus padres y el pediatra, y comenzó a sentir una horrible culpa al pensar que su hermanito podría haber muerto, ya que de haber ido con él cuando lo llamó, habría podido prevenirlo. Estaba feliz de que no le hubiera pasado nada tan grave, pero solo pensar en que su hermano hubiera muerto era demasiado para él.

Mathew, ya en su cama, no podía hacer sino darse vuelta tras vuelta, pensando en lo culpable que se sentía. Sus padres no le habían echado toda la culpa a él, a los tres los habían regañado por igual, pero de todos modos se sentía terrible. Max trataba de hacerle ver que él también había sido culpable, ya que tampoco había ido con Rex cuando él los llamaba, pero era inútil, Mathew consideraba que él tenía toda la culpa y no había nada que pudieran decirle para sentirse mejor.

Mientras aun intentaba dormir, de pronto Mathew miro hacia el techo, no esperando hallar nada nuevo, fue entonces que se fijo en un par de enormes y fríos ojos azules que lo miraban directamente a los suyos, como queriendo congelarle el alma y el corazón. Se espanto como nunca, para luego ver que los ojos se hacían mas pequeños y se unían a su respectivo cuerpo que ahora se dejaba ver. Un gran alicornio, negro como la noche, estaba ahora de pie frente a él, sonriendo con sus blancos dientes que contrastaban con el negro de su piel y melena. El niño quedo inmóvil, para luego darse cuenta que de hecho si lo conocía, ya que ya no era más el Mathew del pasado, sino el que pertenecía al presente en Equestria.

Mathew (enojado): Dark mane… ¿Qué haces aquí?

Dark Mane: Solo venir a saludarte, pero con lo que he podido ver me doy cuenta de que en verdad nosotros no somos tan diferentes. Ambos hemos causado sufrimiento, ambos hemos infringido normas para obtener lo que queremos y ambos le hemos hecho daño a nuestros hermanos menores

Mathew: ¡Eso no es cierto! Rex se hirió por accidente… -baja la voz- Uno que yo debí haber evitado

Dark Mane: ¿Lo ves? Ambos hemos causado dolor y angustia, los dos somos culpables y los dos solo queremos conseguir algo que nos pertenece. Yo quiero recuperar mis tierras y tu quieres recuperar la confianza de tus padres… ellos nunca volvieron a confiar en ti desde el accidente de tu hermano

Mathew: ¡Mentira! Mis padres dijeron que los tres éramos igualmente responsables

Dark Mane: Pero eres el mayor ¿o no? Tú debiste haber tenido cuidado, tú debiste haber vigilado a tus hermanitos… de no ser por tu falta de cuidado Rex no se hubiera herido, imagínate si él hubiera…

Mathew: ¡No lo digas! Ya lo sé, fue mi culpa ¿Está bien? Pero lo estoy enmendando, desde entonces protejo a mis hermanos y mis padres lucen felices por eso. También… prometimos no regresar a ese prado, ahora los tres no corremos ningún peligro

Dark Mane: ¿Seguro de que lo prometiste? -hace brillar su cuerno-

De pronto el chico ya no estaba más en su cama sino que se vio a si mismo en el prado. Vio que no lejos de él estaba el barranco por el cual Rex pudo haber caído. Dark Mane lo hizo levitar con su magia y lo llevo hasta él, donde Mathew pudo apreciar lo verdaderamente alto que era.

Dark Mane: ¿Lo ves? Esto es lo que pudo haberle pasado a tu hermano… ¿Los oyes? ¿Oyes sus gritos mientras cae? Y tú ahí, sin poder hacer nada

Mathew escucho los gritos como si estuvieran ahí de verdad, podía oír como su hermanito gritaba sin posibilidad de salvarse una y otra vez, hasta que de pronto cesaban ya que la tragedia ya había pasado.

Mathew (con los ojos cerrados y tapándose los oídos): ¡Ya basta! ¡No puedo soportarlo!

Dark Mane: -lo mira a los ojos- Mantén a tu hermano lejos de problemas niño… o yo me encargare de dárselos, y créeme, no habrá doctor que los ayude después de que acabe con ustedes -lo suelta y lo deja caer-

Mathew caía por el barranco, gritando a todo pulmón. Era tan alto que la caída parecía no tener fin, el suelo se acercaba cada vez más, y de pronto… la oscuridad total.

El reloj sonó fuerte, sacando al niño de su horrendo sueño. Dark Mane ya no estaba con él, había desaparecido no bien lo había dejado caer, pero lo que había hecho dejo a Mathew tan asustado que sabía que no podía arriesgar más a sus hermanos, no luego de ese horrible recuerdo.

Rex y Max dormían en sus camas, sin saber que ya había amanecido y debían partir para la batalla. Mathew en cambio estaba más despierto que nunca, ya estaba vestido y se aseguro de despertar a sus hermanos. Fue a la habitación que compartían, encendió las luces y los despertó sin ningún cuidado, hablándoles en tono muy serio.

Max (despertándose): ¿Qué pasa? -se frota los ojos- ¿Qué hora es?

Mathew: Max, Rex y tú vístanse de inmediato, tenemos que irnos

Rex: -se sienta en la cama- ¿Por qué? ¿Ya va a empezar la batalla?

Mathew: Nada de eso… nos vamos de aquí, volvemos a casa ahora mismo

CONTINUARÁ…