CAPITULO SEIS
— Hola, Karin-chan —El hombre frente a ella habló sin mirarla siquiera—Siéntate, por favor—Karin se sentó frente a él en silencio, por al menos cinco minutos. El Hokage seguía con la vista en su estúpido libro y parecía que así seguiría durante mucho tiempo más. La poca paciencia se le esfumó, pero cuando ella iba a hablar, lo hizo él— ¿Qué sucedió con Naruto-kun? —Su voz era suave y denotaba un poco de cariño por el nombrado, cosa que nunca había sentido antes.
—Nada.
Su voz fue firme, o tan firme como podía salirle mientras el pecho le dolía al oír el nombre del hombre al que ignoraba hacía un mes.
No se lo podía sacar de la cabeza, ni a Naruto ni al beso que este le había dado. Se sentía avergonzada de lo que había sucedido, tal vez le daba más vergüenza haberle cerrado la puerta en la cara a pesar de que él había sido tan lindo con ella. Recordó cómo se habían reencontrado, las pocas palabras que habían intercambiado durante algunas semanas hasta que cuando al fin se sentía cómoda con él, todo se arruinaba por su culpa.
Luego de eso ellos debían encontrarse regularmente para hacerle el seguimiento, ya que, en efecto, esa era su misión, pero no pudo verlo de frente.
Lo había sentido, a su chackra, un par de veces en la puerta de su departamento.
También lo había visto en el hospital cuando había ido a buscar sus medicinas y él salía del despacho de Tsunade. Sus ojos lo habían buscado sin querer y los suyos estaban apagados, se veía más desgarbado e intentó acercarse a ella, pero, sabiendo sus intenciones, Karin lo evitó saliendo por una puerta de emergencia. Un día, durante una misión corta dentro de la aldea, lo había visto comprando en el mercado, con su canasto repleto de ramen, de nuevo. Y cuando Ino la interceptó fuera de un local de comida, también lo vio a lo lejos saliendo de la Torre. Ella nunca se acercó, ni cuando lo vio desmejorando, ni con los ojos rojos, ni comiendo mal ni cuando él la llamó con una voz dolida que ni siquiera parecía la de él.
Eventualmente dejo de encontrárselo.
—Ayer lo fui a visitar —Karin volvió en si oyendo al hombre—Me llevé la sorpresa de enterarme que no estas cumpliendo con tu misión.
—Yo—Lo que pasa es qu—bueno es qu—su voz fue interrumpida por el libro siendo bruscamente aventado sobre el escritorio.
—Karin, quiero ser benevolente, pero no me lo estas poniendo fácil —La falta de sufijo no pasó nada desapercibida— Si te encomendé esta misión es porque la considero importante, Naruto fue mi alumno, lo apreció, deberías entender que él está pasando por momentos muy difíciles.
—Yo lo comprendo pero n—
—El concejo no está contento ni contigo ni con él, eso no puede ser nada bueno, no puedes desobedecerme cuando lo que hago es para que ustedes no salgan perdiendo —El Hokage frente a ella era otro que nunca había visto, mucho más serio y centrado, sin su libro en mano hasta parecía alguien completamente diferente—Naruto me contó lo que pasó, logré que me contara todo, usé métodos muy sucios de los cuales no estoy orgulloso pero al menos me lo pudo contar. No me parece que esto sea para tanto. Hablen. Soluciónenlo. Y la próxima semana quiero tu reporte. Naruto debe estar en su departamento. Ve.
Karin se quedó congelada en su sitio durante unos minutos, el hombre solo la miraba hasta que comenzó a retomar sus antiguas actividades y ella decidió retirarse.
Fuera, con el sol en su punto más alto, la Uzumaki comenzó a dirigirse hacia el departamento de Naruto, no sabía realmente si eso era lo que quería, pero sus pies la llevaban automáticamente.
Tocó durante unos minutos y nada. Pero lo sentía dentro, tal vez, él también la sentía y ya se había cansado de intentar hablar con ella. Tal vez era lo mejor, tal vez no debían verse más, tal vez debía renunciar a la misión e irse de la aldea, que otro se encargara de él, alguien que realmente lo pueda ayudar, alguien que no esté tan roto como ellos mismos.
Sus pensamientos se vieron truncados cuando Naruto abrió la puerta de mala manera. El hombre se le quedó mirando y ella no supo que hacer ni que decir, al fin y al cabo, no había planeado nada. Solo llegó, por inercia, y ahora sentía ganas de irse y hacer como si no se hubiesen visto.
Naruto llevaba el pelo mojado, su pijama y bajo sus ojos sorprendidos había unas oscuras ojeras. Le dejó espacio para que entrara, y sin proponérselo, lo hizo. El departamento era un desastre, ropa por todos lados, ramen instantáneo a medio comer, vasos rotos, botellas vacías apiladas en la cocina y más que no pudo ver porque su vista fue directa al rubio de nuevo.
—Hola —Le dijo con una voz ronca—¿Vienes para hacer el reporte? —No parecía molesto.
—Vengo a ver como estabas.
—Ah, bien —No, no estoy bien.
—Bueno…—Naruto no dejaba de mirarla—Lo siento—Sus ojos vieron a los lados, como buscando entender lo que pasaba—Lo que sucedió luego de la boda, eso, lo lamento.
—¿Lamentas dejar que te besara o cerrarme la puerta en la cara?
Su garganta estaba seca y aunque quiso contestar no pudo. No sabía que decirle. Había pasado ya un mes y realmente no pensó que volverían a verse o hablar, a pesar de que Naruto lo había intentado varias veces.
—Está bien, Karin —Él le sonrió de costado para luego adentrarse al desastre que era su casa—No quería asustarte, no soy un pervertido ni nada de eso.
—No pensé que lo fueras, pero no me lo esperaba.
—Realmente creí que pensabas eso, te quise hablar un par de veces, pero me ignorabas.
—Lo siento.
—Está bien. No pasa nada. Puedes decirle a Kakashi que estamos bien y que solo me duele la cabeza.
La mujer miro a su alrededor, y ahora entendía que clase de métodos había utilizado para que Naruto le contara lo que había pasado entre ellos.
—¿No tienes nada para la resaca?
—Uhm debería tener algo, o tal vez este vencido.
Karin se adentró más en el hogar del Uzumaki, la primera vez que había estado ahí, había visto un botiquín cerca de la mini cocina. El hombre solo la siguió con la vista hasta que ella volvió a él con un vaso con agua y unas pastillas. Ni le pregunto y las tragó sin agua siquiera.
—Todo está hecho un desastre de nuevo.
—Ah, sí, no he limpiado nada. No estaba pasando un buen momento.
—L—lo siento.
—Te avergonzaste, ¿verdad? —Sus ojos se oscurecieron por unos segundos— ¿Tan malo fue para ti que te besara? —Karin trato de acercarse, pero el solo retrocedió un paso— Ah, siempre me pasa lo mismo. No te preocupes, estoy vivo, pon eso en tu reporte. Iré a dormir, tu deberías hacer lo mismo, también tienes unas ojeras enormes.
Naruto solo cerró la puerta de su habitación dejándola en la sala, quería arreglar, quería que todo volviera a la normalidad con él, pero solo termino sintiéndose peor, sus pensamientos no la dejaban tranquila.
Tres horas después, cuando despertó, su casa estaba reluciente y en su heladera había una ensalada completa con productos que no recordaba tener.
Otra vez se estaba sintiendo mal, a pesar de que el había querido hablar con ella, las cosas no salieron como se había imaginado, las cosas no se habían solucionado. Tal vez debía volver con Tsunade.
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Las medicinas habían perdido su efecto, las hierbas ya no la relajaban y la sangre corriendo de sus brazos ya no le ayudaban. Karin ignoró a Ino Yamanaka cuando la encontró de salida del consultorio de Tsunade y la siguió ignorando al entrar a la sala de psiquiatría.
Más medicinas y largas charlas de índole motivadora que no le servían de nada. Extensas sesiones de terapia para seguir hundiéndose en su miseria. La Uzumaki miró sus manos lastimadas por uno de los productos que usó limpiando la casa de Naruto hacía unos días, sus ojos subieron por sus muñecas y sus nuevos cortes para seguir hasta las mordidas de Sasuke y todos los que alguna vez la utilizaron. Deseó arrancarse la piel.
Al salir, se encontró a Naruto saliendo del despacho de la directora del hospital. Y ante la atenta mirada de dos rubias, sin hablar comenzaron a caminar juntos hacía la salida. Parecían robots, sin hablar, al mismo ritmo, dirigiéndose a la casa de la mujer. Esta vez no se detuvieron frente a la puerta para despedirse, porque ella entró sin más, dejándole la puerta abierta.
Todo parecía muy natural, ninguno quería romper el ambiente que se había creado espontáneamente. No querían arruinar la paz que estaba a su alrededor, tal vez así serían las cosas entre ellos.
Naruto entró y por primera vez prestó atención al departamento, no era muy diferente al propio, sala pequeña, cocina separada por una barra, dos puertas cerca de la entrada que seguro era el baño y una al fondo que estimaba era la habitación, aunque se percató de que Karin era muy limpia. También vio un kit completo de medicamentos iguales a los suyos.
—Puedes hacer lo que quieras —Le dijo la mujer mientras se dirigía a su habitación—Yo voy a estar leyendo.
Naruto se quedó solo sin saber que hacer, no podía irse, tampoco quería hacerlo. Comenzó a mirar entre las cosas de la mujer, no tenía mucho, no parecía juntar cosas ni coleccionar nada, era muy limpia porque no había ni una mota de polvo. Todo era impecable y sobrio, no combinaba muy bien con cómo era ella realmente. Un marco boca abajo llamó su atención y su curiosidad le ganó. Se arrepintió.
Un golpe y ruido de vidrio rompiéndose asustó a Karin, que soltó su libro y corrió a la sala. A los pies de Naruto había un marco roto y sus manos no dejaban de temblar. La mujer le tomó de las manos y le comenzó a hablar pero él no la oía, lo soltó y tomó la fotografía, era una de Taka, dejándola sobre el mueble. Tomó a Naruto de las manos de nuevo para obligarlo a sentar en el sofá, el seguía tiritando y había comenzado a sudar.
—¿Naruto? Necesitas tranquilizarte —Ella sabía que eso no haría nada, pero debía intentarlo al menos, el hombre parecía estar teniendo una crisis de ansiedad—Sh, sh, mírame —Él la ignoraba, así que le tomó el rostro para obligarlo a hacerlo— Mírame, Naruto —Sus ojos la encontraron, pero sus manos seguían temblando ahora que las había dejado libre.
Con una mano tomo las suyas y la otra la dejó en su cara. Había dolor, muchísimo, sus ojos transmitían más que sus palabras, era algo que ella ya había notado. Lo besó.
Lo besó como él lo había hecho.
Solo un roce suave de labios, pero fue suficiente para que sus manos se tranquilizaran un poco. Karin le tomó el rostro con ambas manos ahora y cuando el hombre pareció buscar aire, decidió profundizar el beso. Naruto no pareció rechazarla, y sus manos, que antes temblaban, fueron al rostro de la mujer.
Naruto nunca había besado a nadie de esa manera, no sabía qué hacer, así que siguió lo que ella hacía. Beso sus labios juntos, separados, suave, un poco más rudo, rozó su lengua con la propia luego de que ella lo hiciera primero, se separaron para respirar, volvieron. No sabía si lo estaba haciendo bien, pero besarla se sentía como si estuviese bien.
Karin se separó lentamente, mirando sus ojos celestes. No sabía por qué había hecho eso, pero no se arrepentía. Besarlo se había sentido bien, pero, sobre todo, sentía que así debía haber sido su primer beso.
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