Capítulo Once

El secreto de Blaise


Hermione cerró los ojos y suspiró, intentando empujar a un rincón de su mente la última hora tan horrible que había vivido. Cuando Harry entró en su despacho muy pálido y diciendo que Pansy Parkinson estaba en San Mungo había sentido que el corazón se le caía a los pies.

Era la mejor amiga de Draco y en el último año había empezado a llevarse muy bien con ella, como si fueran viejas amigas. No, lo eran, Pansy y ella eran amigas. Casi todas las semanas ella y Draco iban una noche a cenar a la Mansión Nott con el resto de Slytherins y se había acostumbrado a pasar tiempo con ellos.

Se sentó tras su mesa y miró el reloj. Quedaban tres horas para poder irse a casa y se moría por saber lo que Draco tenía pensado.

—¿Todo bien? —preguntó Arthur, asomándose cuando la escuchó llegar.

—Hemos ido a verla y está bien. Gracias por dejar que me marchara, Arthur.

El señor Weasley sonrió.

—Me alegro. Comprueba los juicios de la semana que viene y te puedes ir, ya seguiremos mañana.

Hermione asintió y Arthur volvió al interior de su despacho.

Cogió una de las carpetas que había en la estantería de madera y la abrió, buscando los juicios pendientes.

Más mortífagos seguían pidiendo la revisión de sus penas. Sintió un escalofrío al ver que el lunes le tocaba a Rodolphus Lestrange, el marido de Bellatrix... y el jueves sería el turno del padre de Theo.

Suspiró y sacó varios folios morados. Necesitaba mandar memorándums a los aurores y a los miembros del Wizengamot, y una lechuza a Azkaban para recordarles la hora a la que debían traer a los prisioneros.


Hermione apareció en el salón de su casa entre llamas color esmeralda.

Subió las escaleras con un sobre en la mano y entró en el estudio, buscando a Dark. El imponente búho real estaba posado en el alféizar de la ventana, mirando el horizonte con sus ojos naranjas.

—Necesito que lleves esto a Azkaban, Dark —pidió Hermione, acariciando sus plumas para llamar su atención.

El búho la miró fijamente y después agarró la carta con el pico, extendiendo sus alas y volando hacia los árboles.

Hermione escuchó ruido y salió de la habitación, bajando las escaleras. Draco acababa de llegar y estaba dejando su túnica sobre uno de los sillones.

—¿A ti también te han dejado salir antes hoy?

Él asintió, pasándose la mano por el pelo con frustración.

—Parece que todo el mundo se ha enterado de lo que ha pasado.

Se acercó a Hermione y atrapó uno de sus rizos entre sus dedos, mirándola a los ojos.

—No puedes hablar con nadie sobre lo que vamos a hacer mañana en el Departamento de Misterios, Hermione.

—¿Ni siquiera con Blaise? —preguntó ella, alzando la barbilla.

Los labios de Draco se curvaron hacia arriba.

—Blaise no ha vuelto. Probablemente aún sigue con Pansy.

Hermione levantó las dos cejas, muy sorprendida. Justo en ese momento las llamas de la chimenea cambiaron de color y Blaise surgió entre ellas con mala cara.

—Conozco esa cara. Trae el whisky —susurró Draco, dejando un beso rápido en sus labios.

Ella desapareció dentro de la cocina y Blaise se dejó caer en uno de los sillones, resoplando.

Draco levitó tres vasos hacia ellos, acercando uno a su amigo. Hermione volvió con la botella de Whisky de Fuego y llenó los tres vasos.

Ambos fruncieron el ceño al ver cómo se bebía todo el vaso de un solo trago.

—¿Se lo has dicho? —preguntó Draco.

Blaise suspiró e hizo levitar la botella hasta que llegó a su mano, volviendo a llenar su vaso mientras lo miraba de reojo.

—¿Cuándo te has dado cuenta de lo que siento?

—Hoy, al ver tu reacción.

Hermione escondió una sonrisa.

Era muy raro verlos charlando sobre chicas. Draco le había contado que apenas hablaba con sus amigos sobre ese tema, solamente con Pansy.

Blaise arrugó el entrecejo, observando los hielos de su bebida con mucha atención.

—Sí, se lo he dicho. Hemos estado discutiendo hasta ahora.

—¿Discutiendo? ¿Por qué? —preguntó Hermione, extrañada.

Blaise sonrió con tristeza, suspirando.

—Llevamos siendo amigos toda la vida, Granger. Pansy dice que es imposible que me haya enamorado de ella de repente.

—Hermione —protestó ella en voz baja.

Blaise negó con la cabeza, sonriendo.

—Me gusta llamarte Granger.

Ella puso los ojos en blanco.

—Granger es mejor. Hermione es demasiado largo —intervino Draco, ganándose un codazo en las costillas.

Los dos chicos se rieron y Blaise suspiró otra vez.

—Supongo que mi amistad con Pansy se ha jodido para siempre —comentó, fingiendo indiferencia y desviando la mirada a su vaso.

—Creo que solo necesita tiempo. Hoy le han pasado muchas cosas, dale unos días para que lo asimile —respondió Hermione, intentando animarlo.

Blaise hizo una mueca y bebió otro trago de whisky.

Hermione todavía no había tocado su vaso cuando las llamas volvieron a cambiar de color y la figura de Theodore Nott surgió entre ellas.

—Ya estoy aquí, señoritas —saludó con voz burlona, moviendo las cejas.

—Veo que te ha llegado mi lechuza —murmuró Blaise, alzando el vaso para saludarlo.

Theo se sentó al lado de Hermione y le quitó el vaso de las manos, ignorando sus protestas.

—He vuelto en cuanto leí tu carta y acabo de estar con Pansy. Menos mal que está bien —contestó Theo, dejando de sonreír.

—Sí, aunque podría haber sido mucho peor —gruñó Draco entre dientes.

Hermione se levantó para coger una cerveza de mantequilla y volvió a sentarse entre ellos, suspirando.

—Me ha contado lo que le has dicho, Blaise. Menuda sorpresa —murmuró Theo, buscando la mirada de su amigo.

Blaise hizo una mueca, resoplando.

—No debería haberle dicho nada. Sabía que era mala idea.

—No lo es. Ella también siente algo especial por ti, siempre te ha tratado de manera diferente —opinó Draco, acariciando el antebrazo de Hermione de forma ausente mientras hablaba.

—Eso es cierto —coincidió Theo, dedicándole una sonrisa traviesa a Blaise.

—No sé cuándo cambió todo, creo que ha sido este año. Al estar fuera de Hogwarts y verla en su trabajo, yo... antes no me había fijado en ella de esa manera —admitió Blaise en un susurro.

Hermione sonrió y Draco le acarició los nudillos, trazando círculos con su dedo. Él también estaba sonriendo.

—¿Cuándo cambió para ti? —preguntó de repente Blaise, mirando a Draco.

Él se tensó y Theo puso los ojos en blanco.

—No creo que Hermione quiera escuchar eso —comentó Theo.

Hermione paseó la mirada entre los tres y se mordió el labio inferior con nerviosismo.

—¿Quieres que os deje a solas? —preguntó a Draco, buscando su mirada.

Él negó con la cabeza, entrelazando sus dedos con los de ella.

—Tú ya sabes lo que pasó. Empecé a pensar en Hermione de otra forma el primer día que la vi después de la Batalla de Hogwarts. Ella entró en el compartimento donde yo estaba, la vi con ropa muggle y... me entraron ganas de acostarme con ella.

—Es el cuento más romántico de la historia —se burló Theo, riendo entre dientes.

Hermione se unió a su risa y Draco le lanzó una mirada de odio a su amigo pero siguió hablando.

—Intenté acercarme a ella, descubrir si podría estar interesada en tener sexo conmigo. Un día que estábamos discutiendo la besé. No tengo ni idea de por qué lo hice.

Ella se sonrojó y bajó la mirada, apretando su mano. Recordaba de ese beso junto al lago.

—Poco después la besé de verdad, en su dormitorio —añadió Draco, mirando a Blaise de forma significativa. Ese había sido el día en que se había hecho la profecía. —Unas semanas más tarde conseguí que se acostara conmigo... y me enamoré de ella sin darme cuenta.

Hermione bebió un gran trago de cerveza, intentando calmar la vergüenza que estaba sintiendo.

—Entonces fue parecido a lo que me ha pasado a mí. Un día, de repente, al mirarla la viste de forma diferente —murmuró Blaise, frunciendo el ceño.

Draco asintió y Theo se puso de pie.

—Vamos, Hermione. Preparemos la cena y dejemos a estos dos compartir sus maravillosas experiencias con las mujeres —dijo, ofreciéndole una mano.

Ella la aceptó y se levantó, saliendo del salón junto a Theo. Escucharon el resoplido de Draco desde la cocina.

—¿Y tú? ¿Cómo te ha ido con las chicas? —preguntó Hermione, abriendo el frigorífico.

Theo se terminó lo que le quedaba de whisky y dejó el vaso en el fregadero.

—No mejor que a ellos. Los tres éramos patéticos en Hogwarts, escondiéndonos en los armarios para follarnos a cualquiera.

Hermione se rio con suavidad, sacudiendo la cabeza. Theo sacó una sartén y agitó la varita, haciendo que todo empezara a cocinarse solo.

—¿Y ahora no hay nadie que te llame la atención? —insistió ella.

Theo chasqueó la lengua.

—Las chicas solo me quieren para un rato. La única que me aguanta es Pansy... bueno, y tú desde hace poco —murmuró, dedicándole una sonrisa.

—Cuando quieres eres un encanto, pero antes pensaba que eras un completo imbécil. Lo pensaba de los tres.

—Y nosotros de ti.

Hermione le dio un golpe cariñoso en el hombro y él se rio.

—No sé cómo no nos dimos cuenta de lo que estaba pasando entre Draco y tú.

—Pansy dice lo mismo. Ella sí se enteró antes... incluso antes que el propio Draco —dijo ella, recordando la conversación que tuvo con Pansy poco después de salir de Hogwarts.

—Hay algo que no sabes de mí, Hermione. Me gustan los chicos también.

Ella se quedó sin aliento por la sorpresa.

—Aunque, la verdad, prefiero a las chicas. Sois más suaves y agradables— añadió Theo con una sonrisa burlona.

—¿Ellos lo saben?— preguntó Hermione en voz baja, refiriéndose a Blaise y Draco.

—Pues claro que lo saben. Tendrías que haber visto la cara que pusieron cuando se lo conté en quinto año después de haberme enrollado con un Hufflepuff. Draco no me creía, así que le intenté dar un beso para demostrárselo y se cayó del sillón para esquivarme.

Hermione se cubrió la boca, ahogando su risa, y él sonrió.

—¿Y tampoco hay algún chico que te interese?

Theo negó con la cabeza, arrugando la nariz.

Cuando la comida estuvo terminada él y Hermione volvieron al salón y dejaron los platos sobre la mesa del comedor.

Draco y Blaise se levantaron, el segundo con botella de Whisky de Fuego todavía en la mano. Draco se sentó al lado de Hermione y colocó una mano en su rodilla, inclinándose hacia ella.

—No sabes cómo me alegro de haberme fijado en ti ese día —susurró en su oreja.

Hermione escondió una sonrisa y lo miró a los ojos, dejando un beso rápido en sus labios.

—Y yo me alegro de que fueras capaz de aceptar lo que sentías por mí.

Blaise puso los ojos en blanco y abrió la botella, echándose más whisky en su vaso. Hermione hizo una mueca y, con un movimiento de su varita, hizo que la botella volara hasta la otra punta de la habitación.

—El alcohol no soluciona los problemas, Blaise.

—Pero ayuda a soportarlos —respondió él, alzando una ceja y dedicándole una sonrisa torcida antes de beber.

Hermione resopló y Draco se rio entre dientes. Los cuatro cenaron juntos, evitando volver a sacar el tema de Pansy para que Blaise no siguiera pensando en ello.

Theo fue el primero en marcharse, asegurando que su viaje a Francia había terminado y que se quedaría en el país hasta verano.

Una vez que estuvieron los tres solos, Draco levantó la mirada.

—Mañana Hermione va a venir conmigo, Blaise.

Él abrió mucho los ojos y miró a Hermione de reojo.

—¿Se la vas a enseñar?

—Sí, creo que es lo mejor. Es muy inteligente y tal vez se le ocurra algo.

—¿Más inteligente que tú? —preguntó Hermione con voz burlona.

Draco le lanzó una mirada envenenada.

—He dicho que eres inteligente, no que eres la más lista de esta habitación. Yo te igualo, Granger.

Ella resopló, cruzándose de brazos.

—Ni en sueños, Malfoy. Soy mejor que tú. Todos los años saqué la mejor nota de nuestro curso aunque te cueste admitirlo.

—Y yo saqué la segunda mejor nota —replicó él, arqueando las cejas.

Blaise se rio en voz baja.

—Algunas cosas no cambian. Seguís discutiendo después de tanto tiempo.

—Porque ella es una cabezota —gruñó Draco.

—¿Y tú no? —preguntó Hermione, entrecerrando los ojos.

Draco apretó la mandíbula y desvió la mirada, encontrándose con la sonrisa burlona de Blaise.

—Descansa, Blaise. Y dale tiempo a Pansy.

Él hizo una mueca pero asintió, caminando hacia la chimenea.

—Asegúrate de que nadie la descubra —murmuró, señalando a Hermione antes de desaparecer entre las llamas.

Draco se giró, y vio que ella seguía con los brazos cruzados y gesto serio. Se acercó y atrapó su barbilla con los dedos, agachándose hasta rozar sus labios.

—Sabelotodo —gruñó, atrapando su labio inferior entre sus dientes.

Hermione sonrió y respondió a su beso, rodeando su cuello con los brazos y hundiendo las manos en su pelo rubio. Draco hizo un ruido profundo con la garganta y profundizó el beso, apretando su cuerpo contra el de ella.

Los dos eran competitivos y lo serían siempre, pero eso les gustaba a ambos.

—No, por favor. No sigáis.

Draco abrió los ojos al escuchar esa voz y maldijo en voz baja, separándose de Hermione y girando la cabeza.

Harry acababa de salir de la chimenea y estaba tapándose los ojos con su brazo.

—Maldito Potter. Podías haber llegado antes.


—¿De verdad te resulta difícil llamarme por mi nombre?

Draco suspiró, bebiendo otro sorbo de su té. Todavía estaba medio dormido.

—Te he llamado Hermione desde el principio pero fuiste Granger para mí durante siete años. Todavía me cuesta un poco.

—Tú también fuiste Malfoy para mí durante los mismos años pero a mí no me cuesta llamarte Draco. De hecho, me gusta bastante tu nombre.

—Y a mí me gusta cómo suena cuando lo dices.

Las mejillas de Hermione enrojecieron. Bajó la mirada y cogió un pequeño trozo de tostada, ofreciéndoselo a Crookshanks que estaba sentado junto a sus pies.

—Es solo que... cuando oigo mi apellido recuerdo a mis padres. Y me pongo triste si pienso en ellos.

Draco dejó su taza en la mesa y se levantó, rodeándola hasta que estuvo junto a Hermione. Tiró de uno de sus brazos, obligándola a levantarse, y sujetó su rostro entre sus manos.

—Te seguiré llamando por tu nombre, Hermione. Pero no puedo evitar que a veces se me escape Granger.

Ella intentó sonreír, aunque tenía los ojos demasiado brillantes.

—Lo sé.

—Ya no estás sola, yo estoy contigo. Y no volverás a estarlo.

Hermione pestañeó varias veces, intentando contener las lágrimas, y se acercó más a él.

Apoyó la cabeza en su pecho, rozando su garganta con la nariz. El característico olor de Draco la envolvió y cerró los ojos, dejando salir un suspiro.

—Eres lo mejor que me ha pasado, Draco.

Él la estrechó entre sus brazos.

—Lo mismo digo.

Se quedaron unos minutos así, abrazados y sin decir nada junto a la pequeña mesa de la cocina, hasta que Draco se apartó y dejó un beso en su frente.

—Tenemos que irnos ya. Ve a por la capa de Potter.


—¿Puedes verme?

Draco miró atentamente al rincón donde hasta hace un momento estaba Hermione, buscando algo que la delatara. No había ni rastro de ella.

—No. Ten cuidado con no enseñar los pies mientras andas y sígueme sin hablar. Cuando abra la puerta, pasa delante de mí.

Hermione asintió pero recordó que él no podía verla.

—Vale —contestó, apuntando con su varita a sus zapatos para silenciarlos.

Draco entró en la chimenea y las llamas verdes lo devoraron. Ella lo siguió y apareció en el Atrio del Ministerio. Lo vio andando hacia los ascensores a un paso mucho más lento de lo normal y corrió hacia él.

Rozó su mano para que supiera que estaba ahí, apretándole un dedo antes de soltarla. Los dos subieron juntos en uno de los ascensores y Draco la empujó hacia una esquina, cubriéndola con su cuerpo para que nadie se chocara con algo invisible. Hermione se agarró a sus hombros mientras el ascensor se movía y salió pegada a él cuando llegaron a la novena planta.

Los hechizos de seguridad los escanearon a ambos y no les impidieron el paso, por lo que Draco recorrió el oscuro pasillo en silencio. Podía sentir la presencia de Hermione a su lado.

Abrió la puerta del fondo y saludó con un gesto a los dos guardias, caminando hacia una de las seis puertas. Colocó su mano izquierda sobre ella y esta hizo un ruido metálico. Draco la abrió del todo y esperó dos segundos antes de pasar y cerrarla.

Miró a su alrededor y sintió los dedos de Hermione tocando su brazo. Empezó a caminar por los pasillos llenos de profecías, dirigiéndose hacia donde sabía que estaba la suya. Draco se acercó a la estantería y escuchó un pequeño jadeo de Hermione.

Había visto su nombre en la esfera de cristal.

Alzó su varita y lanzó un muffliato en el pasillo para que nadie pudiera escucharlos.

—Escucha atentamente porque no vas a volver a venir por aquí —susurró Draco, alargando una mano para coger la profecía.