Capítulo Diecinueve
Sorpresa de cumpleaños
Draco levantó la mirada al escuchar el rugido de las llamas.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —gruñó Pansy, saliendo de la chimenea con los brazos cruzados.
Agitó un poco el libro que tenía apoyado en el regazo.
—Leer.
Su amiga resopló, acercándose a él y cerrando el libro de golpe.
—Deberías estar en mi fiesta. Hace un rato que Hermione ya está allí.
—¿Ah, sí? —murmuró él con desinterés, levantando las cejas y apoyando un brazo en el respaldo del sofá blanco con gesto serio.
—Sí, ha llegado con Luna —contestó Pansy, chasqueando la lengua con irritación. —¿Es que no piensas venir? ¿Todavía estás enfadado?
Draco se levantó, pasando por su lado mientras le dedicaba una mirada perversa.
—No, Pansy. Todo está bien.
No tardó en desaparecer entre las llamas verdes. Pansy tragó saliva, mirando de reojo al gato pelirrojo que estaba tumbado en el sofá.
—No me fio ni un pelo de él. Está tramando algo.
Crookshanks ronroneó.
—Y tú qué sabrás. Tan solo eres un gato —dijo Pansy, sacudiendo su melena negra y caminando hacia la chimenea.
Hermione sonrió cuando sintió unos brazos enroscándose alrededor de su cintura.
—Hola.
La barbilla de Draco se apoyó en su hombro.
—Hola.
—Llegas tarde. ¿Dónde estabas?
—Tenía que hablar con Blaise —contestó él, dejando un beso en su mejilla.
—Hola, Draco.
—Luna —murmuró él con un asentimiento de cabeza. Giró hasta estar frente a Hermione y sus labios se curvaron mientras la observaba de arriba a abajo. —Estás preciosa. Mucho más que aquella noche.
Ella enredó el dedo índice en uno de sus rizos, ruborizándose ante el cumplido.
—Gracias. Tú también —dijo, recorriendo el traje gris oscuro de Draco con su mirada.
—¿Y a mí no me dices nada?
Draco se rio en voz baja, desviando su mirada hacia la chica rubia. Su vestido plateado llegaba hasta el suelo.
—Tú también estás preciosa. Tus ojos brillan más que el astro con el que compartes nombre.
Luna sonrió.
—Siempre sabes decir las palabras perfectas.
Él le guiñó un ojo, volviendo a mirar a Hermione.
—¿Me reservarás el primer baile?
Ella asintió, muy sonriente. Draco dio un paso más, rodeándola con sus brazos y agachando la cabeza para hablar en su oído.
—Mejor dicho, resérvame todos los bailes. No pienso compartirte con nadie mientras lleves este vestido.
Hermione puso los ojos en blanco, todavía sonriendo. Su corazón era un traidor y se aceleraba siempre que le decía cosas así.
—Me lo pensaré.
—Hazlo. Y te advierto que más tarde te lo quitaré con los dientes cuando estemos solos.
Un escalofrío bajó por su espalda y se alejó de Draco, frunciendo el ceño y con las mejillas sonrojadas.
—No puedes hablar así cuando estamos rodeados de gente —susurró, golpeando suavemente su hombro.
Él le dedicó una sonrisa torcida.
—Puedo, y lo haré.
Hermione se cruzó de brazos y Draco volvió a reírse.
—Sois muy divertidos —comentó Luna, bebiendo un sorbo de su copa de champán.
—¿Lo has escuchado? —preguntó ella, sorprendida.
—No, pero es fácil adivinar lo que te ha dicho. Estás muy apetecible con ese vestido.
Draco se rio más fuerte y Hermione puso los ojos en blanco.
—Voy a por algo de beber. Vuelvo enseguida —dijo él, apretando su mano antes de soltarla y perderse entre la gente que estaba en aquella sala rectangular.
Las paredes estaban adornadas con colores verdosos y del techo caía purpurina de colores que se deshacía en destellos al tocar la piel de los invitados. En cada pared había varias mesas con platos que se rellenaban de comida solos y por toda la habitación flotaban bandejas con diferentes tipos de bebidas.
Al frente había un pequeño escenario donde varios músicos estaban tocando música clásica y en el centro se encontraba la tarta, que era tan grande y elaborada que parecía ser nupcial.
Hermione suspiró al pensar en que probablemente ella era la única no sangre pura invitada a aquella fiesta de cumpleaños. Había elegido ese día para estrenar los diamantes que le había regalado Draco y también llevaba puesto el vestido azul que se compró para el baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos.
Luna le había ayudado a alargarlo unos centímetros y le quedaba tan bien como en cuarto curso.
Draco le había pedido que se lo pusiera aquella noche para poder verlo de cerca. Desde que lo vio en su armario quería bailar con ella mientras lo llevara puesto.
—¡Hermione!
—¡Ron! ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, sorprendida.
Su amigo pelirrojo se detuvo junto a ellas.
—He venido con Marissa —dijo, entrelazando los dedos con los de su novia mientras sonreía.
—Hola, chicas —saludó ella. —¿Lo estáis pasando bien?
Luna asintió y Hermione ladeó la cabeza.
—La verdad es que sí, pero todo esto me parece un poco...
—Excesivo —completó Ron, poniendo los ojos en blanco.
—Sí.
—¿Has probado la comida, Hermione? Aquellas son las mejores gambas que he probado. Creo que me he comido más de cincuenta y todavía quiero más —comentó Ron, señalando una de las mesas llenas de todo tipo de comida.
Hermione se rio entre dientes y Marissa resopló.
—No puedes comer más. Te pondrás enfermo.
—¿Solo una más? —pidió Ron con ojos brillantes.
Se alejó hacia la mesa y Marissa puso los ojos en blanco, despidiéndose de ambas y siguiendo sus pasos.
Justo en ese momento aparecieron Theo y Draco a la vez. El primero saludó al segundo con una palmada en el hombro.
—¿Qué hacéis aquí tan apartados? —preguntó, deteniéndose junto a Hermione y robándole el canapé que estaba a punto de meterse en la boca.
Ella gruñó una maldición entre dientes y Theo le guiñó un ojo mientras masticaba. Luna soltó una risita alegre.
—Esperando a que empiece el espectáculo —contestó Draco, con la mirada fija en algún punto a su derecha.
El entrecejo de Hermione se arrugó al no comprender a qué se refería, pero dio un paso atrás cuando Theo se aclaró la garganta y señaló a Luna con su barbilla.
—¿No me vas a presentar a tu amiga, Hermione?
—Ya la conoces. Es Luna Lovegood.
—¿Lovegood? —repitió él, intentando disimular su sorpresa. —Vaya, no la había reconocido sin el uniforme de Hogwarts.
—Encantada, Nott. Los amigos de Draco son mis amigos —dijo ella, ofreciéndole la mano.
Theo la sujetó, levantándola y besando sus nudillos sin despegar los ojos de su rostro.
—Y las amigas de Hermione son mis amigas.
Hermione y Draco cruzaron una mirada.
—Entonces nos llevaremos bien —contestó Luna con una sonrisa.
Theo giró hasta quedar entre ella y Hermione.
—¿De qué estabais hablando antes de que el rubio y yo os interrumpiéramos, señoritas?
Draco le lanzó una mirada de odio al escuchar el mote que él ignoró. Luna agitó su mano, señalando la habitación. Los músicos acaban de cambiar y la melodía empezó a ser más movida, invitando a bailar a los asistentes.
—Hablábamos de lo bien que ha decorado Pansy todo esto, y Hermione acababa de preguntarme qué tal me fue en la cita que tuve la semana pasada con el magizoólogo Rolf Scamander.
Theo ladeó la cabeza, bebiendo un sorbo de su copa.
—Eso suena prometedor. Ese es el nieto de Newt Scamander, ¿verdad?
Luna asintió.
—Pues en realidad fue bastante aburrido. Al final terminé la noche en una calle Muggle del centro de Londres llena de pubs donde conocí a una chica encantadora, Kate, con la que pasé el resto de la noche.
Draco arrugó el entrecejo, mirándola fijamente.
—¿Kate? —repitió, extrañado.
—Sí. No sé qué me gustó más de ella, si su personalidad o su cuerpo.
Hermione y Draco se atragantaron con la bebida. La sonrisa de Theo se agrandó y pasó un brazo sobre los hombros de Luna, inclinando la cabeza hacia ella.
—Cuéntanos más, Lovegood. ¿Qué pasó entre Kate y tú?
Ella le dedicó una mirada burlona, arqueando una ceja.
—Lo mismo que entre tú y Zacharias Smith.
Theo jadeó, llevándose una mano al pecho.
—¡Y encima sabes los mejores secretos! ¿Dónde has estado toda mi vida?
Luna se rio suavemente, alzando la copa de champán hasta sus labios.
—Te vi más de una vez escondiéndote detrás de los tapices del tercer piso con él.
—Y yo pensaba que eras despistada. Me tenías engañado, Lovegood —dijo Theo, sacudiendo la cabeza.
Ella volvió a sonreír.
—Llámame Luna.
—Solo si tú me llamas Theo.
—Trato hecho.
Luna desvió la mirada hacia sus dos amigos, soltando una carcajada al ver sus caras de sorprendidos.
—¿Qué? Ella quería probar, y a mí también me apeteció en ese momento. Fue una noche muy interesante y además en su apartamento muggle vi lo que parecía ser un doxy momificado, pero ella lo llamó "fósil".
Draco y Hermione la seguían mirando con la boca abierta, sin saber qué responder. Ella fue la primera en reaccionar, carraspeando.
—Entonces... ¿ahora te interesan las chicas, Luna? ¿Por qué no me lo habías contado?
—Porque no lo sabía —admitió su amiga, encogiéndose de hombros. —Fue divertido pero creo que prefiero a los chicos.
Draco se colocó al lado de su amigo, que no podía dejar de mirar a Luna.
—Es tu versión femenina, Theo. No lo había pensado antes, pero la verdad es que os parecéis mucho —susurró en su oído, mirando a Hermione de reojo.
Ella sonrió al escuchar sus palabras.
—Lo sé, tío. Creo que me estoy enamorando —murmuró Theo con sus ojos verdes aún fijos en ella.
Draco se rio entre dientes y volvió a apartarse, volviendo al lado de Hermione.
—Espero que nos cuentes todos los detalles otro día, Luna.
—Claro —aceptó ella, levantando la copa en su dirección y bebiendo un gran trago.
Theo se pasó la lengua por los dientes, sumido en sus pensamientos. Desvió la mirada hacia la novia de su amigo y arqueó una ceja.
—¿Tú qué piensas, Hermione? ¿Tengo tu bendición para intentar conquistar a esta chica tan única?
Ella volvió a mirar a Luna, que estaba observando la purpurina voladora con ojos soñadores y no parecía estar escuchando su conversación. Theo también la miraba con una gran sonrisa en el rostro.
—Sácala a bailar y cuida bien de ella, Theo.
—Por supuesto —dijo él, dando un paso hasta estar frente a Luna y ofreciéndole un brazo.
Ella lo aceptó, sonriendo, y los dos avanzaron hacia el centro de la sala donde la gente estaba bailando en parejas.
—Oh, ya empieza —comentó Draco con voz burlona, rodeando la cintura de Hermione con un brazo.
Ella siguió su mirada y vio a Pansy al otro lado de la habitación. Llevaba un vestido negro y aún seguía saludando a los invitados.
Llegó hasta donde estaba Blaise y dudó un segundo, pero dio un paso hacia él y ambos se abrazaron. Él susurró algo en su oído y los hombros de Pansy se tensaron de golpe.
Se alejó de Blaise unos centímetros y lo miró fijamente, pestañeando varias veces mientras hablaba. Él apretó sus labios y señaló a Draco con un gesto de su barbilla.
Cuando Pansy lo encontró entre la gente, la mirada que le lanzó podría haberlo matado. Draco se mordió el labio para no sonreír.
—Aquí viene. ¿Puedo usarte de escudo?
Hermione resopló.
—No.
Pansy llegó hasta ellos como un torbellino, con sus ojos echando chispas. Draco dio un paso atrás de forma inconsciente, ladeando su cuerpo hasta que estuvo medio cubierto por el de Hermione.
—¿Qué ocurre, Pansy?
Ella levantó un dedo amenazador en su dirección, rechinando los dientes.
—No te hagas el tonto conmigo. Blaise huele jodidamente bien y dice que a él le pasa lo mismo conmigo. ¿Qué es lo que has hecho?
Los labios de Draco se curvaron hacia arriba y agachó un poco la cabeza, atravesando a su amiga con sus ojos grises.
—Los dos lleváis unas gotas de la colonia que me has regalado.
Ella jadeó.
—¿Qué?
Hermione frunció el ceño.
—¿Qué has hecho, Draco? —preguntó, mirándolo fijamente.
—Tan solo les estoy demostrando lo que todos ya sabemos —comentó él, encogiéndose de hombros y volviendo a mirar a su mejor amiga. —Esto prueba que ambos sois la pareja perfecta del otro, Pansy. Ya no puedes seguir negándolo.
Los ojos de Pansy se llenaron de lágrimas.
—¿Cómo has podido hacerme esto? —murmuró, dando un paso atrás.
Salió disparada hacia una de las puertas y Draco soltó un largo suspiro.
—Mierda. Es demasiado dramática.
—Mira quien habla —añadió Hermione en voz baja.
Draco cruzó una mirada con Blaise y su amigo avanzó hacia él.
—Ahora vuelvo, Hermione.
Los dos chicos desaparecieron por la puerta que acababa de cruzar Pansy, siguiendo sus pasos. Ella suspiró y dejó su copa vacía sobre una de las bandejas flotantes.
—¿El hurón te ha dejado sola?
Hermione gruñó, mirando a su amigo con mala cara.
—Tienes que dejar de llamarlo así. Sus amigos lo necesitan, pero volverá pronto.
—¿Quieres bailar conmigo mientras? —dijo él, ofreciéndole su mano.
Ella aceptó con una sonrisa y Ron colocó la otra en su cintura, moviéndose hacia el centro de la habitación.
—Todavía me acuerdo de los pasos que ensayamos para aquel maldito baile —comentó entre risas.
—Yo también —murmuró ella, sonriendo.
—Esa noche ibas muy guapa. Llevabas este vestido, ¿verdad?
—Sí.
Ron arrugó la nariz, resoplando.
—Me porté como un estúpido. Estaba celoso.
—Lo sé. Me estropeaste la noche, Ron.
—Lo siento.
—Ya han pasado muchos años. Está olvidado —contestó Hermione, palmeando su mejilla con cariño.
Él sonrió.
—Solo espero que hayas aprendido de tus errores y estés tratando a Marissa como se merece.
—Eso espero yo también. Creo que ella es la indicada, Hermione —admitió él en un susurro, suspirando.
Ella le dedicó una sonrisa sincera.
—Es una gran chica.
—Como tú. Estoy rodeado de chicas maravillosas —comentó Ron, alzándola con sus brazos mientras giraban.
Hermione soltó una risita, sacudiendo la cabeza.
—No me hagas la pelota.
—Solo digo la verdad —contestó él, encogiéndose de hombros. —Y yo también espero que Malfoy sepa valorar lo que tiene.
Ella dejó salir un suspiro tembloroso.
—Siempre está diciendo que soy demasiado buena para él.
—Y tiene razón.
—¡Ronald! —siseó, golpeando su hombro.
Él se rio, apretándola contra su pecho hasta que ella apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Eres feliz con él?
—Sí. Mucho —susurró Hermione, asintiendo.
Ron sonrió, besando su coronilla.
—Eso es lo único que me importa.
Hermione pestañeó al sentir que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Gracias, Ron.
Ambos se cruzaron con Marissa, que estaba bailando con el primo mayor de Pansy. Ella les dedicó una sonrisa y lanzó un beso en dirección a Ron.
—Realmente es encantadora. Nunca ha sentido celos de mí, ¿verdad?
Ron sacudió la cabeza.
—Marissa dice que los celos no tienen sentido si de verdad confías en la otra persona, y ella confía en mí.
—No metas la pata, Ron.
—No lo haré.
Luna y Theo pasaron cerca, con él sujetando una de sus manos mientras bailaban de forma extraña. Hermione soltó una carcajada al verlos y Ron se unió a ella.
—Podemos pasar cerca de aquella mesa y coger un par de gambas más, ya que estamos —comentó él, levantando las cejas y sonriendo.
Hermione puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar reírse.
—Marissa te ha prohibido comer más, ¿verdad?
—Exacto, pero sé que tú me guardarás el secreto.
—Eres demasiado glotón, Ron.
—Hacía años que no veía tanta comida junta. Esto parece uno de los banquetes de Hogwarts —añadió él con ojos brillantes mientras giraban por la sala.
Ella sonrió.
—Está bien, te guardaré el secreto. Pero si te pones enfermo yo no quiero saber nada.
La sonrisa de Ron se amplió y volvió a girar, bailando en dirección a la mesa mientras se aseguraba de que Marissa no estuviera cerca.
Draco y Blaise tocaron en la puerta del cuarto de Pansy.
—Dejadme en paz.
Los dos se miraron al escuchar la voz de su amiga, poniendo los ojos en blanco.
—Vamos, Pansy. Déjanos hablar contigo —pidió Blaise con voz grave.
El pestillo de la puerta chasqueó, abriéndose sola. Ambos entraron en el dormitorio y encontraron a su amiga apoyada en el borde de su escritorio.
Draco frunció el ceño al ver las marcas de lágrimas en sus mejillas.
—No quiero que llores.
—Pues mala suerte —dijo ella, apretando los dientes y esquivando sus miradas mientras se sentaba en el colchón.
Draco suspiró, agachándose frente a ella y ofreciéndole un pañuelo. Blaise apoyó un hombro en el poste de la cama, cruzándose de brazos y observándolos con gesto serio.
—Pansy me ha explicado lo de la colonia. No deberías haberlo hecho, Draco.
—Solo quería hacer lo mismo que hizo ella. Intento ayudaros.
Ella arrugó la nariz, pasando el pañuelo blanco por debajo de sus ojos.
—Pues lo único que has conseguido es arruinar mi fiesta de cumpleaños. Mi maquillaje está destrozado y no pienso salir de esta habitación.
Blaise resopló.
—Sabes que yo puedo arreglar tu maquillaje.
—Y yo también. He aprendido al ver a Hermione arreglarse por las mañanas —añadió Draco, sacando su varita y sujetándola entre sus dedos.
Pansy dejó salir un suspiro tembloroso.
—Esto es una mierda. Echo de menos a Blaise y sigo confundida. Además, me siento fatal desde que discutimos.
—Yo también te echo de menos —murmuró el mencionado, apretando los labios.
Draco los observó a los dos un momento antes de hablar.
—Tú también te mereces ser feliz, Pansy. Los dos lo merecéis.
—Yo no estoy tan segura —dijo ella, devolviéndole el pañuelo lleno de manchas negras.
Draco lo limpió con un movimiento de varita y volvió a guardarlo en su bolsillo.
—Estamos siempre culpándonos por todos nuestros errores y tenemos que dejar de hacerlo. Tenemos que pasar página como dice Hermione.
—Es cierto, Pansy. Quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo —añadió Blaise, sentándose junto a ella y mordiéndose el interior de su mejilla.
Pansy pestañeó, intentando no volver a llorar.
—Eres un encanto hasta para esto, Blaise... pero no sé si soy capaz de intentarlo.
Draco se incorporó y se sentó a su otro lado, colocando una mano sobre su rodilla.
—¿Por qué no?
—¡Porque tengo miedo! —admitió ella, hipando.
Blaise sujetó una de sus manos y la miró a los ojos.
—¿Miedo de qué?
—De hacer algo mal. De perderte para siempre —añadió ella en un susurro, sacudiendo la cabeza.
Blaise agarró su otra mano.
—No puedes perderme, Pansy. Te juro que eso no va a pasar.
Su labio inferior tembló y Blaise suspiró, abrazándola.
—Respira hondo.
—¿Y si no soy lo suficientemente buena para ti? —preguntó ella, ocultando el rostro en su pecho.
Blaise sonrió.
—Eso debería decidirlo yo, no tú.
Draco colocó una mano en la espalda de su amiga, agachándose un poco.
—Yo también pienso que no soy suficiente para ella. Date una oportunidad, Pansy. Sé que tú sientes lo mismo por Blaise —susurró en su oído.
Se levantó y los ojos vidriosos de ella lo siguieron hasta que salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad y dejándolos a solas.
Una mano pálida apareció sobre el hombro de Ron.
—Mi turno, Weasley.
Él dio un paso atrás, soltando a Hermione.
—Toda tuya.
Ella sonrió cuando Draco la rodeó con sus brazos, inclinando la cabeza hasta que sus labios se rozaron.
—¿Todo bien? —preguntó Hermione en voz baja.
Él asintió.
—Parece que sí.
Los ojos de Hermione se abrieron más al ver entrar a Pansy y Blaise juntos, cogidos de la mano.
—¿Se van a dar una oportunidad?
—Sí... por fin. Los dos son demasiado cabezotas —comentó Draco, poniendo los ojos en blanco.
—Creo que es algo que tenéis todos los Slytherins en común —murmuró ella, sonriendo mientras acariciaba su mejilla.
Él le dedicó una sonrisa torcida.
—Y algunos Gryffindors también.
Hermione giró entre sus brazos hasta quedar con la espalda pegada a su pecho. Draco sujetó sus manos, colocándolas en su cintura y moviéndose al ritmo de la música.
—¿Te ha molestado? —preguntó, desviando la mirada hacia la esquina donde estaba Millicent.
—No.
—Bien. Si te dice alguna otra gilipollez, avísame —murmuró mientras la hacía girar de nuevo.
—No te preocupes por mí —dijo Hermione, alzando la barbilla para mirarlo a los ojos y dedicándole una pequeña sonrisa.
Draco juntó sus frentes, suspirando.
—Siempre me preocuparé por ti, Hermione.
Ella sonrió, sintiendo que se ruborizaba, y escondió la cabeza en el hueco de su cuello. Se dejó llevar por él mientras se movían por la sala, cerrando los ojos y disfrutando de su calor.
Jamás pensó que se lo pudiera pasar tan bien en casa de Pansy Parkinson.
