Si delegara responsabilidades… la mitad de la culpa sería de Mitsuri Kanroji por desobedecerlo y arruinar la misión mientras que la otra mitad sería enteramente suya al obligarla a casarse con él para poder salvarla.


Desde ahora y hasta el final.

Capítulo 1

La situación le pareció inverosímil por lo que trato de respirar con calma, frunció el ceño y sostuvo la mano de la debilitada mujer acostada sobre el futon. Estaba de rodillas mientras estudiaba su respiración agitada y su expresión de dolor.

Kanroji entrecerró sus ojos verde claro mientras se notaba más pálida de lo que nunca la había visto mientras las manos de un monje de cabello oscuro corto comenzaba a preparar vendajes para ella y otro de ellos que estaba a su lado ataba un rosario de perlas oscuras para sujetar su mano con la de su tsugoku.

Una vez vio atada sus manos entrelazó sus dedos cerrando los ojos con culpabilidad. Sabía que no tenía otra opción cuando la hemorragia no paró y ninguna técnica de respiración estaba deteniéndola. Si tenía que hacer esto para poder salvarla lo haría, solo esperaba que la chica lo perdonase algún día.

Se reclino un poco más hacía ella quien ahora tenía su cabello revuelto cuando sus trenzas se habían deshecho y sus ropas estaban sucias y ensangrentadas.

-Escucha Kanroji – murmuró notando que debía estar mareada por el brebaje que le habían hecho beber aquellos hombres – debes obedecerme cuando quiera que respondas ¿queda claro?

-¿Responder? – pregunto agitada en medio de su estupor.

-Es una orden – exclamó con un tono que usaba usualmente con ella siendo su alumna.

Miró al monje a su lado, un chico más joven que el otro sujeto que estaba ahí, este les estudiaba con curiosidad.

-Continua – dijo con seriedad cerrando sus ojos y memorizando como debía repetir aquellas palabras.- Con esta mujer… - comenzó recitando lo que el joven decía – nos estamos convirtiendo en uno solo, incluso cuando la salud sea un obstáculo, la respetaré apoyare y amaré –se volvió a ella que le miraba con dificultad para mantener sus ojos abiertos – desde ahora y hasta el final de mis vida, lo juro.

El monje asintió y repitió aquello hacia Kanroji mientras esta seguía quejándose del dolor.

-Júralo kanroji – ordenó ahora sintiendo el peso de lo que le estaba ordenando.

-Lo juro… - murmuró está casi al punto de perder la conciencia.

Suspiró sintiendo la tensión en sus hombros por aquella ridiculez. En aquella misión casi la habían matado y ahora prácticamente en agonizante dolor la había obligado a ser su esposa.

Soltó su mano rápidamente para que el monje retirara el rosario y frunció el ceño hacia el hombre de cabellos oscuros.

-Es mi mujer ahora – su rostro se mostró serio - ¿Qué debo hacer ahora?

Notó como el hombre se dirigió al monje más joven.

-Puedes retirarte, ahora estoy con su marido – confirmó haciendo que el chico obedeciese de inmediato volviendo a él – comienza a desvestirla.

Suspiró sabiendo que aquello debía ser demasiado humillante para su tsugoku sobre todo cuando comenzó a desabotonar su camisa logrando que una de las manos débiles de ella lo sujetara mirándolo como si le suplicara no hacerlo.

-Kanroji – habló con suavidad y sonrió lo más tranquilo posible – necesito ayudarte, debo retirar tu ropa. ¿Confías en mí?

No supo con exactitud si la mujer le comprendía o no pero retiró su mano haciendo que el continuase con su labor.

Mentiría si decía que su mano no temblaba al desabotonar el resto de su camisa blanca, parte del uniforme de cazadores de demonios dejando sus senos completamente al aire. Estos eran grandes, y no pudo evitar tragar cuando sintió la piel suave. Era su superior y debía protegerla por lo que frunció el ceño tratando de tener compostura ante lo que su pobre alumna estaba pasando.

Casi por accidente se volvió al monje frente a él .Sabia que estos por lo general no tomaban esposa por lo que al hacer aquello frente al sujeto notó su mirada en kanroji y supo que hizo bien no separándose de ella aunque eso significase haberse casado.

Retiró su falda y sus ropa interior con lentitud haciéndola protestar.

-A-Aquí no… Rengoku san – dijo en medio de su delirio deteniéndolo en seco haciéndolo aclarar su garganta.

Levantó su mirada al hombre quien alzo una ceja en señal de interrogación.

-Bueno, eh visto matrimonios arreglados con menos deseo del que tu mujer te está profesando.

-¡Soy su maestro! – explicó con determinación aunque sus mejillas debían estar teñidas de carmesí - ¡Jamás me sobrepasaría con ella!- trato de mostrarse honorable pero el que Kanroji lo siguiera llamando en medio de su delirio le hizo detenerse.

-Pues parece que la chica está demasiado interesada en ti. – suspiró el hombre mirándola casi con lastima.

No era la primera vez que escuchaba aquello y no era tan ciego para no notarla nerviosa últimamente cuando estaba a su lado o que su mirada le seguía cuando creía no estarla viendo.

Mitsuri Kanroji era una persona dulce que parecía amar a todas las personas. Pensar que lo que sentía por él era diferente a los demás era una tontería por lo que no tomaba enserio esas actitudes. Ella era su tsugoku y como tal la protegería incluso de ella misma.

El hombre calló luego de eso y reviso la herida de su ingle haciendo que abriese su pierna.

-Rengoku san… - murmuró como si estuviese protestando haciendo que tomase su mano con delicadeza.

-Estoy aquí – susurró con calma – solo resiste.

Decidió colocar la sabana para que cubriera su entrepierna con moderación. Kanroji era muy curvilínea, suave al tacto pero hasta cierto punto sorprendente cuando notó los músculos duros de sus muslos grandes y brazos fuertes, tenía una complexión más gruesa que una mujer común pero incluso así su cuerpo no mostraba la apariencia que tenía su fuerza real.

-Tu mujer tiene rasgos extraños – murmuró el hombre sin levantar la cabeza de la lesión que ahora estaba cociendo.

Guardó silencio ante aquella crítica. No era la primera vez que notaban extraña a Kanroji debido al contraste de su cabello, ojos y color de piel.

No cumplía exactamente los estándares de belleza de ciertos hombres lo cual le pareció absurdo completamente, solo hacía falta verla pelear y esforzarse para maravillarse de su persona.

De ella había escuchado sobre sus dos compromisos fallidos, todos encontrándole algún defecto desagradable.

Durante aquellos ocho meses juntos pudo percatarse de su gran apetito y su fuerza sobrehumana lo cual a términos de la sociedad era demasiado excéntricos incluso su cuerpo proporcionado podía ser demasiado curvilíneo para mostrarse elegante.

Escuchó de ella el dolor que le causaba teñirse el cabello para esconderlo, incluso comer menos para tratar de agradar a los que fueron sus prometidos.

"-Quiero casarme con un hombre fuerte…"

Recordó la respuesta que le había dado a él por la cual le había parecido gracioso y la había escogido como tsugoku. Tenía un talento natural en su fuerza pero la inocencia con la que deseaba algo tan trivial como eso le hizo confiar que bajo ese sueño podría haber una gran voluntad.

Y no se equivocó, se dijo, cuando ella pudo soportar aquel entrenamiento que hacía que la mayoría huyesen de su mando, por lo que la estima que le había tomado era grande.

Sin embargo sabiendo que era la primera misión juntos había cometido errores que casi le habían costado la vida al haber peleado con aquel demonio oculto en el bosque.

Ella ya solía acudir a misiones pero luego de ver su desempeño en esta en particular supo que debieron ser de un rango mucho más bajo. Esta vez la situación era peligrosa y debían derrotarlo a como diera lugar.

Apenas habían llegado a esa aldea lejana por la tarde por lo que la poca información recabada les hizo adentrarse al bosque oscuro.

Para su suerte se habían encontrado frente a frente con el demonio tomándolos por sorpresa cuando notaron que apenas había devorado a una mujer joven haciendo que Kanroji cayera en la provocación de aquella entidad costándole casi la vida.

Había herido su ingle derecha y dado un zarpazo en su espalda por lo que corrió llevando consigo su cuerpo sabiendo que estaban muy lejos de su hogar y mandar un cuervo por ayuda al cuerpo de exterminio tardaría días por lo que se volcó al templo viejo a las afueras de aquella aldea.

A regañadientes aceptaron ayudar a la mujer sabiendo que tomaban precauciones siendo forasteros; sobre todo por las constantes desapariciones de personas alrededor, lo que él atribuyó que se debían al demonio escondido en ese bosque.

-No puedes permanecer con ella en la misma habitación

Recordó lo que aquel monje de mirada dura le había dicho dejándolo sin habla. No podía dejarla sola y menos ahora.

-¿Por qué no?

-Este lugar es sagrado, solo pueden estar juntos una pareja casada.

Sabía que en otra ocasión podía reírse por las reglas anticuadas de ese lugar. Era un lugar tan aislado y remoto que era factible pensar que tenía costumbres demasiado arcaicas.

Al escucharla gemir de dolor había exigido el matrimonio causando asombro en el hombre quien al mirar a la mujer ensangrentada en sus brazos pareció apiadarse llamando al resto de monjes que residían allí.

Al final en la habitación solo había quedado él.

-Tendrás que sujetarla – ordenó el hombre al sacarlo de sus recuerdos – necesitare coser su herida de la espalda.

Rengoku hizo lo que se le ordenó tomando a la chica en brazos haciéndola que colocase sus brazos alrededor de su cuello dejándola sentada sobre el futon y haciendo que sus pechos quedaran presionados con el de él.

-Rengoku san… - sintió su aliento en su cuello causándole un escalofrió.

Era un hombre después de todo, por lo que sentir una reacción en su cuerpo al tenerla tan cerca debía ser normal o por lo menos es lo que se repitió una y otra vez. Cerró sus ojos y pensó en el dolor de kanroji lo cual fue tranquilizándolo al punto que la sostuvo entre sus brazos con ternura.

-Quedara una cicatriz grande en su espalda – murmuró sin mirarle – una mujer dañada no es bien vista para un matrimonio.

-Ya está casada, eso no importa ya – soltó en su defensa. Aquello era lo de menos se dijo, quien amase a la chica lo haría enserio sin importarle como se viese.

-Qué bueno que actúas como su marido – soltó colocando paños humedecidos con sangre en un recipiente – porque tú la cuidaras. Espero que no se infecten sus heridas – murmuró al final.

Rengoku puso a la chica de nuevo sobre el futon cubriéndola esta vez hasta el cuello.

Dobló las mangas de su camisa blanca hasta sus codos y permaneció sentado de rodillas junto a ella. Ya se había retirado su chaqueta oscura del uniforme por lo que hacía decidió doblarla junto con la ropa de Kanroji.

-Le eh dado el mafeisan – murmuró señalando el brebaje que estaba a unos metros de ellos –la dosis es muy pequeña, si pasa el efecto y ella no puede dormir puedes dárselo, es un buen sedante.

-Gracias – murmuró volviéndose a él y haciendo una reverencia.

Levantó su mirada debido al silencio pero los ojos entrecerrados del hombre le hicieron estar a la expectativa.

-¿Qué hace el cuerpo de exterminio aquí?

-Buscamos eliminar un demonio que está oculto en el bosque – explicó ocultando la sorpresa de haberlos reconocido. Era extraño que las personas lo hiciesen aun con el uniforme puesto.

-Las desapariciones van en aumento – se volvió al cuerpo de Kanroji –debes tener cuidado, por lo general solo desparecen niños pequeños y mujeres jóvenes.

Rengoku analizo su batalla anterior y comprendió porque solo había ido por Kanroji ignorándolo completamente.

Llevó la mano a su mentón pensativo. Con esa información talvez podía formular un plan.

-Por ahora debemos esperar que tu esposa sobreviva estos días – limpió sus manos con delicadeza – a este paso puede que quedes viudo en una semana.

Sus palabras le hicieron tensarse haciéndole recordar algunas cosas en su pasado que deseaba olvidar por lo que le miro con seriedad.

-Kanroji es muy terca ¡No se dejara vencer por eso!

El hombre le estudio en silencio y sonrió cansado.

-Entiendo – murmuró queriendo retirarse.

-¿Cuál es tu nombre? – preguntó con curiosidad.

-Osako – soltó sin más preámbulos.

-Mi nombre es Kyojuro Rengoku – se inclinó nuevamente – muchas gracias de nuevo.

El hombre no le respondió solamente se retiró deslizando la puerta detrás de sí haciéndolo volver a Kanroji que seguía luchando por mantener los ojos abiertos.


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N/A: se nota que tengo problemas de ansiedad al querer publicar algo que no está terminado? Pues parece que sí.

La verdad lo hago porque solo esta digitado este primer capítulo me falta por terminar mis borradores asumiendo que este fic tendrá un aproximado de seis o siete capítulos. El próximo capítulo puede ser que este digitado en dos semanas.