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Gracias a las personas que siempre me están leyendo, se que mis historias son diferentes y espero que este siga siendo de su agrado si repito situaciones es porque me plagio sola y ademas son los mismos personajes. XD

gracias a Miko uchi, Cary (me halaga mucho que pienses asi jeje espero seguir mejorando a la hora de escribir) juanime77 me gusta leerlos y ya que tres personas me dejen mensajitos me anima a seguir con este proyecto.


Capítulo 3


Despertar cuando su corazón palpitaba afligido había sido horrible sobre todo al sentir calambres en su cuerpo.

Se había sentado de golpe mirando alrededor sorprendida mientras llevaba las manos a su estómago ¿Por qué estaba desnuda? Pudo cerciorarse de la venda en su ingle y el dolor al mover las piernas.

Poco a poco pudo recordar los lapsos de la batalla. El grito de su maestro, el dolor intenso en su espalda y de nuevo la oscuridad.

Sintió su garganta seca y pudo recordar palabras suaves hacía ella pensando que eran alucinaciones al reconocer la voz de su maestro.

¿Estaría simplemente manifestando sus sentimientos?

Miró las manos en su regazo e intentó razonar sobre ello pero al escuchar la puerta deslizándose y dejando ver a un hombre alto de cabellos oscuros y expresión severa tomó la sabana para tratar de cubrirse.

El hombre acercándose parecía una amenaza real.

-¿D-Dónde estoy? – Esperó que no se notase el temor en su tono.

-¿Sabes quién eres? – su tono fue sarcástico e ignoró su pregunta poniéndose de rodillas demasiado cerca haciéndola presionar la sabana contra ella esperando que el leve mareo que sentía no se interpusiera si fuese necesario defenderse pero notó que le hombre traía vendas consigo y comenzó a ordenarlas - ¿Dónde está tu esposo?

-¿Mi qué? – respondió claramente sorprendida por aquella pregunta pero la sonrisa que esbozo aquel sujeto le hizo pensar que estaba tomándole el pelo.

-Tengo que revisarte – ordenó de pronto sin dejar de mostrarse presumido.

-¿Revisarme?

-Estas herida, te hemos cuidado estos días y pensé que no sobrevivirías.

El tono del hombre era de un fastidio como si explicarle fuera una pérdida de tiempo pero el hecho que dijese que estuvo a punto de morir le hizo asustarse sabiendo que probablemente todos sus recuerdos eran ciertos.

-Me duele el cuerpo… ¿Qué es este lugar?- dijo al tocar su cabeza con confusión.

-Estas en un templo – tomó la sabana con fuerza – solo te revisaré y luego puedes…

El hombre callo en cuanto sujetó su muñeca con fuerza. ¿De verdad querría obligarla a descubrirse?

No podía confiar en él y menos en aquel estado ¿Qué le garantizaba que no se había aprovechado de ella?

Una parte de ella temía lastimarlo y que de verdad la estuviese ayudando pero estaba desnuda y el hombre actuaba como si tuviera el derecho de verla si quería.

Al notarlo forcejear lo atrajo a ella con fuerza para girar su brazo y hacerlo caer a un lado

-¡Maldita mujer te estoy ayudando! – exclamó haciendo que la chica lo soltase y le mirase con preocupación.

-¡L-Lo siento!

De nada sirvieron sus disculpas cuando notó la expresión que hacía que su estómago se hundiera.

La misma que estaba acostumbrada a recibir cuando solían mirar su apariencia o cuando demostraba su fuerza bruta. Una mezcla de sorpresa, horror y cierto desprecio.

Miró su regazo intimidándose de nuevo por aquella expresión pero la voz que se escuchó de pronto le hizo sentir un enorme alivio.

-Se suponía que no debías estar a solas con ella mientras no estuviese yo.

-¡Rengoku san! – dijo casi con ganas de llorar y correr él.

Notó que había una expresión severa hacia el hombre. Aquella faceta solía verla en él cuando estaba en algún combate pensado por un momento que se dirigiría a ella de la misma forma pero al mirarla su expresión se suavizo casi como si se alegrara de verla tanto como ella haciendo que su corazón palpitase de pura felicidad.

Caminó directamente ella haciendo que instintivamente se cubrirá aún más esperando que no notase su cuerpo grande.

-Lo siento – dijo conteniendo sus lágrimas de alivio – es que él se acercó y yo solo temía que…

- No debes preocuparte por eso – su maestro sonrió despreocupado mirándola con algo parecido a la ternura al colocar una mano sobre su cabeza - ¿Cómo te sientes Kanroji?

Mitsuri comenzó a responder sus preguntas automáticamente.

El hecho que sintiera su toque había sido un bálsamo para ella mientras escuchaba sobre sus heridas y las localizaciones de donde estaban según su maestro.

La idea de tener cicatrices horribles en su cuerpo le hacían tener sentimientos contradictorios. Ya la habían rechazado por su apariencia pero un cuerpo lastimado sería algo que tendría que cargar por el resto de su vida.

-¿El demonio? –preguntó está recordando a la bestia que les había tendido una trampa.

La expresión de Rengoku cambio a una severa hacia ella como si estuviese a punto de llamar su atención pero las palabras del hombre a su lado la hicieron mirar a ambos con horror.

-Has pasado dormida tres días y ahora estas casada con este sujeto.

Sintió un hormigueo en sus manos cuando notó el ceño fruncido de su maestro como si estuviese frustrado con las palabras de ese sujeto.

-Kanroji – comenzó Rengoku luego de un suspiro resignado – este es Osako san, es un monje que vive en este templo junto a otro grupo, él te ayudo a sanar.

No sabía si su palidez podía notarse pero se volvió al hombre con toda la culpabilidad que tenía.

-¡Lo siento mucho! – intento inclinarse pero sintió un dolor en su espalda y su pierna que le hizo retorcerse de dolor haciendo que Rengoku la sostuviese para no caer de frente.

-No seas tonta – dijo Osako al ponerse de pie dejando los vendajes sobre el futon – tus heridas se abrirán si haces movimientos bruscos – notó que se volvía hacia Rengoku – ya está despierta, puedes cambiarle los vendajes tu solo – se encogió de hombros dispuesto a retirarse – talvez ya pueda bañarse sola.

-¿Sola? – preguntó ella sin comprender haciéndolo reír.

-No debes preocuparte, solo yo y tu esposo te hemos visto desnuda – se volvió a Rengoku – además solo él te ha limpiado estos días.

Mitsuri parpadeó volviéndose a su maestro quien parecía estar incomodo con aquella información haciéndola ruborizar hasta la raíz del cabello ¿casada? ¿Cómo era posible? ¿Rengoku la había visto desnuda?

Se quedó en silencio al sentirse humillada por aquella información.

-Kanroji – llamó su maestro colocando una mano en su hombro desnudo haciéndola sentir un escalofrió casi placentero.- este lugar tiene reglas… y esas especifican que…

-No pueden estar un hombre y una mujer solos a menos que estén casados – terminó Osako por él – estas casada con él ante los dioses.

Mitsuri miró a Rengoku, su expresión era de culpabilidad y arrepentimiento puro.

-Te ordené aceptar – soltó – Kanroji, tenía que ayudarte.

-Y-Yo no lo recuerdo… - tragó con dificultad tratando de hacer un esfuerzo.

Una parte de ella sintió una enorme felicidad al escucharlo pero supo por la expresión de Rengoku que aquello fue obligado e indeseable.

Si todos sus esponsales ya la habían rechazado no le extrañaba que su maestro sintiese es aversión hacia ella.

No lo culpaba, aunque ella no pudiese ocultarse sus sentimientos a él era más que obvio que su maestro no profesaba su misma devoción aunque ni en sus fantasías más profundas se había imaginado casada con él. Apenas había descubierto que su admiración por él solo era uno de los tantos sentimientos que se habían vuelto poco fraternales entre ellos.

El silencio que vino solo fue roto por Osako quien murmuraba sobre lo idiotas que eran saliendo de ahí rápidamente.

Kanroji – murmuró volviéndose a ella con una expresión decidida – Era por tu bien- continuó – por ahora estamos casados pero prometo que buscare la forma de salir de esto.

No pudo evitar estudiar su rostro. Era más humillante saber que estaba ansioso por separarse de ella.

Inclinó su rostro tratando de no sentirse rechazada pero el tomo su mentón para que lo mirara.

-No seré un mal esposo, no puedes desanimarte tan rápido – murmuró sonriendo casi infantil haciéndola reír por lo bajo debido a la broma – así está mejor.

-L-Lo siento Rengoku san…

-Yo debo disculparme, no encontré otro camino.

-Gracias por todo…- se ruborizo al recordar las palabras del monje – debe haber sido molesto cuidarme y…

-Escuchar como Osako san decía que no los lograrías fue molesto – se cruzó de brazos mirándola con severidad.

Ella más bien se refería a verla desnuda pero parecía que su maestro solo pensaba en su estado de salud.

Siempre lo había sospechado pero saberlo la entristecía. Rengoku no se sentía físicamente atraído a ella.

-Kanroji – murmuró – me desobedeciste ese día – frunció el ceño – deliberadamente lo hiciste.

-Yo… solo deseaba ayudar

-¿Ayudar? – Repitió – tenías que quedarte atrás.

-¡Rengoku san! ¡Esa bestia estaba devorando a…!

-La mujer estaba muerta – dijo con expresión sombría – no podíamos hacer nada más. Debías solamente seguir…

-¡Aun así no podía dejar su cuerpo ahí!

-Kanroji – continuó – pusiste en peligro la misión, casi mueres ahí – dijo haciéndola encogerse ante su tono – si hubiesen habido más civiles hubiesen muerto ¿te das cuenta de ello?

Su labio tembló y desvió su mirada al saber que no tenía argumento válido. Ver a esa criatura hacer daño le había provocado enojo por lo que había decidido no acatar órdenes pensándolo que así podrían derrotarlo más rápido.

Lo notó ponerse de pie por lo que le siguió con la mirada hasta la esquina de la habitación. Cuando regreso junto a ella extendió lo que parecía ser una yukata.

-Ahora bien, debemos cambiar los vendajes y debes vestirte. Hablaremos de la misión después.

Mitsuri notó que la expresión de su maestro se había vuelto más serena. Miró la yukata, era una tela muy suave y tenía un bordado con flores que le pareció hermoso.

-¿Qué ocurre? ¿Es que quieres pasar desnuda aun?

-¡Claro que no! – exclamó rápidamente.

-Bien – sonrió – date la vuelta, cambiare los vendajes de tu espalda antes de que te vistas –murmuró- tu puedes encargarte de la herida en tu ingle.

Mitsuri le obedeció en silencio sintiendo un extraño nerviosismo cuando las manos de Rengoku tocaban su espalda. Él era amable al tratarla.

Sonrió con cariño sabiendo que la había estado cuidando. Aquel sentimiento de calidez la volvió a embargar.

-¿Se ve muy mal? – se armó de valor al preguntar pero segundos después se arrepintió de ello. No quería que la viese más vulnerable de lo que estaba.

-Esta sanando – fue su respuesta seca haciéndola sentirse miserable.

-¿Es horrible verdad?

-Es una herida de batalla – murmuró – no te hace ser menos de lo que eres.

Intentó sentirse mejor con sus palabras pero esta vez no pudo más que asentir con su cabeza resignada ante la marca que quedaría de hoy en adelante.

Cuando acabó al fin comenzó a vestirse siempre de espaldas a Rengoku pero sintiendo su mirada sobre ella. ¿Sería tan desagradable la cicatriz? Se preguntó cuándo pudo ajustarse la yukata y se giró a él.

-Gracias por todo Rengoku san –sonrió con cansancio provocando que el chico la estudiase en silencio para luego acercarse rápidamente y cargarla en sus brazos haciéndola gritar - ¿Qué es lo que ocurre?

-Es hora que tomes aire fresco – sonrió entusiasmado – cuando te recuperes deberemos entrenar aún más.

Se apresuró a salir con ella hasta llegar al patio y dejarla sentada en el pasillo con vista al pequeño jardín.

-P-Puedo caminar Rengoku san – dijo avergonzada al ver como llamaba la atención de los hombres cuando su maestro la colocaba en el piso.

-Estas herida – murmuró – solo hace unas horas delirabas de fiebre. Sé que sanaras rápido así que es mejor que no te esfuerces más de lo debido

- ¡Tu esposa esta despierta rengoku san! – la voz de un monje más joven se dejó escuchar acercándose entusiasmado siendo recibido con el mismo animo por su maestro.

No pudo evitar ruborizarse cuando analizó aquellas palabras. Eran marido y mujer ahora aunque no recordase nada de ello.

Saludo al recién llegado con timidez por ello haciéndolo sonreír.

-Rengoku san te ha cuidado fielmente – se inclinó a modo de saludo – espero sean felices.

-G-Gracias…- respondió sintiendo que varios pares de ojos la observaban.

-La verdad es sorprendente que esta despierta –escuchó el murmullo de otro de los hombres ahí haciendo que su maestro riese por ello.

-Kanroji es muy fuerte – se volvió a ella – no esperaría menos de mi esposa.

Apartó la mirada cuando un sentimiento agridulce se posó sobre ella. Él lo afirmaba casi como una broma cuando lo más probable es que todos supieran las razones de haberse casado con ella.

Le notó distraerse con los monjes ayudándoles cuando les enseñaba a utilizar espadas de madera improvisadas. No puedo evitar suavizar su mirada ante la escena pero volvió a ella su misión.

Había dormido por tres días lo cual hacía que ese demonio aun estuviese matando personas. ¿Qué es lo que pensara su maestro sobre eso? Se notaba demasiado tranquilo.

-Si sigues poniendo esa cara ese tonto se preocupara más – le paralizó su voz pero notó a Osako quien se había colocado a su lado de pie con brazos cruzados.

-Osako san…

-Tu esposo no ha dormido bien desde que estas en cama – le miró de reojo haciéndola ruborizar – no pude evitar escuchar que tus heridas fueron tu culpa.- ironizó.

Mirsuri sintió el peso de sus palabras haciéndola sentir peor.

-Rengoku san es muy bueno – recalcó mirándolo esta vez – no me sorprende que me cuidase a pesar que fue mi culpa.

-Estaba desesperado cuando llego aquí, supongo que eres especial para él.

-Soy su alumna – respondió tratando de ocultar la tonta esperanza que le daban aquellas palabras.

Rengoku era un hombre leal y honorable. No podía atribuirse especial para él cuándo es algo que haría por cualquiera.

-Eres su esposa – recalcó – bien puedes aprovechar eso.

-¿Aprovecharlo? – Preguntó sintiéndose avergonzada al comprender el significado de sus palabras - ¡Cla-Claro que no! Solo fue por ayudarme, el…

-Estas enamorada de él – se encogió de hombros – es tristemente obvio.

La respiración se le detuvo y sus labios se entreabrieron al escuchar horrorizada sus sentimientos materializados en voz alta por primera vez.

-¡No es así! – lo negó más por inercia moviéndose y sintiendo el escozor de su entre pierna mientras la herida de su espalda punzaba pero no llego muy lejos al sentir unos brazos rodearla rápidamente.

Rengoku había llegado rápidamente sorprendiéndola cuando no había detectado su presencia.

-¿Te sientes bien? – preguntó haciéndola mirarlo con angustia mientras escuchaba la risa de Osako.

-Tu mujer aún está débil, llévala a su habitación – ordenó.

Mitsuri sintió como rengoku pasaba sus brazos bajo sus piernas cargándola nuevamente volviéndose a Osako como si lo estuviese reprendiendo.

-Rengoku san…

-Creo que necesitaras dormir un poco más – dijo mirando al frente – Osako San suele ser muy severo pero ayuda a las personas aquí – se volvió a ella sonriendo como si supiese que fue el hombre quien la había molestado – te ayudó, así que en el fondo es un buen tipo.

-Si Rengoku san lo dice lo creeré – afirmó con entusiasmo haciendo que sus ojos dorados no dejaran de mirarla.

-Estas recuperando tú ánimo, es un alivio.

-Yo…

-Kanroji… no vuelvas a desobedecerme.- su expresión hizo que su imaginación volara pensando que él podía por un momento remoto sentir algo más que un simple cariño fraternal.

No puedo evitar mirarlo volviéndose a sus labios. ¿Qué se sentiría besarlo ahora? Después de todo eran marido y mujer bien podrían…

Escuchó a su maestro aclarar su garganta mirando al frente con su ceño fruncido.

Mitsuri trago avergonzada, ¿es que se había dado algún golpe en la cabeza?¿en que estaba pensando? ¿Se habría dado cuenta de sus intenciones?

Miró su regazo y cuando él la dejó sobre el futon le agradeció con timidez y se acostó rápidamente.

Pudo sentirlo tras ella por unos segundos para luego escuchar cómo se alejaba.

Su estupidez la había metido en esta situación y no podía dejar que sus sentimientos se dejaran ver tan fácilmente. Debía ser más cuidadosa sobre todo ahora que Osako prácticamente los había revelado.

Solo esperaba que el hombre no dijese nada. No querría que su maestro cambiase con ella.