Capítulo 2

Cerca de los bosques, caminando por la ruta se hallaba el legado de la profecía, con su máscara puesta para el dolor emocional que derramo sobre la muerte, camino tranquilo, ya no había nada que lo atara a este mundo, el suicidio no era una opción, su familia estaría decepcionada por esa decisión.

Sin embargo, no estaba rencoroso contra los Otsutsuki, de hecho, nunca tuvo odio hacia ellos, no obstante, debía eliminarlos a todos, era un peligro para su tierra natal y no le quedo de otra que exterminarlo, ¿El precio fue demasiado caro? En efecto, debido a su linaje era un Otsutsuki, sin embargo, con el karma que obtuvo tras matar a Momoshiki con la ayuda de su padre y maestro Sasuke, se convirtió en un Otsutsuki puro, por ende, tenía esa indiferente empatía hacia el resto, legado fuertemente por aquella que dio origen al chackra de la tierra, Otsutsuki Kaguya.

Boruto paseo tranquilo por el bosque, se dirigía a una dirección, donde escuchaba las voces humanas, como un humano o lo que fue alguna vez decidió ser curioso y acercarse a ellos. No tardó demasiado en llegar, tampoco estaba demasiado lejos.

Fue en ese entonces que escucho el gruñido de una bestia enojada. El caos se desato, la ira de un Uzumaki había despertado, nada iba a detenerlo.

En otro lado, sucedía acontecimiento inesperado para los dioses... Poseidón había reclamado a Percy Jackson, su hijo. Había roto el juramento, y Zeus, aunque hipócrita debía ser un rey ejemplar se puso rojo de la ira, ahora la profecía avanzaba más rápido que nunca.

—Oh, styx. —maldijo una niña. — Esto no es bueno. Yo no quería... Pensé que sería Zeus...

Percy, el niño reclamado que no estaba al tanto del mundo sobrenatural quería preguntarle, pero escucho ese gruñido canido, pero mucho más cerca que antes. Un grito de dolor a través del bosque.

Los movimientos de los campistas murieron instantáneamente. Quirón grito algo en griego, Percy se daría cuenta, solo más tarde, que había entendido el lenguaje perfectamente:

—¡Listo! ¡Mi arco!

La niña que antes maldijo, sacó su espada.

Cuando todos estaban preparados para entrar en combate. La bestia salió volando por los aires, destruyendo muchos árboles en el camino debido al impacto de fuerza sobrecargada en el golpe.

Antes de que el resto pudieran descifrar lo que estaba pasando, apareció Uzumaki Boruto, envuelto por una capa larga negra, observando con esos ojos anormales debajo de la máscara. Empuñando con ambas manos la kusanagi, se impulsó con rapidez y sin darle tiempo de reaccionar a la bestia, realizo un movimiento vertical y horizontal en conjunto, realizando cortes en forma de "X" y para último movimiento atravesar el corazón de la bestia, ejecutando sobre el filo el chakra, matando a la criatura en cuestión de segundos, quien se desvaneció en polvo dorado, no obstante, no dejo ningún trofeo.

El Uzumaki se giró hacia atrás, enfundando su katana y observo al resto de los semidioses, todos parecían ser adolescentes, muy pocos eran niños. La mayoría estaba entrando en la adolescencia.

Aspiro fuertemente el aire por la nariz y luego, lo exhaló por la boca, liberando un poco la tensión de los músculos de su cuerpo todavía debilitado, no estaba preocupado, sanaría en cuestión de días, eso sí, estaba muy fatigado por lo que debía comer para salvaguardar energía y utilizarla automáticamente para la regeneración.

Dejando de lado sus pensamientos sobre su cuerpo debilitado, se centró en las personas del campamento, observando fijamente a un hombre que era mitad caballo y a alguien que tenía aspecto dócil y vagabundo, pero sin duda irradiaba poder pese a que era alguien gordo y descuidado físicamente. El noto que esos seres adultos lo miraban, sin contar a esas mujeres con alas, todos tenían una mirada de seriedad.

Luego, vio al muchacho que tenía un símbolo del tridente en su cabeza, solo para ver que se desvanecía. De la nada, una flecha impulsada por una fuerza mayor a la de un jonin de elite casi atravesó por completo su pulmón derecho, provocando que escupiera sangre.

Nadie pudo decir nada, pues justo aparecieron los cazadores, cosa que conmociono a los semidioses, si bien era normal que cazaran monstruos, el hombre de la armadura no era un monstruo, de ser así, jamás habría salvado a Percy. Bueno, ese pensamiento se hizo añico.

—Oh, ¿Quiénes son ustedes? —pregunto con un gruñido de dolor, sacándose la flecha para ser curado automáticamente, gastando aún más energía. Esos ojos anormales habían hecho presencia, a través de ellos, vio los puntos débiles de aquellas niñas que vestían de forma extraña. Tal como un ninja, se movió rápidamente de una manera sigilosa empuñando el ultimo kunai que le quedo, utilizando el jutsu de sustitución, se intercambió por algunas ramas y cuando hizo acto presencia por detrás, atravesó el hombro derecho de unas de las chicas sin compasión, rompiendo la clavícula en el proceso por el uso de la fuerza usada.

Causando que la chica se desgarradora de dolor de una forma aterradora, no obstante, Boruto no les dio tiempo para reaccionar, con su pierna derecha hizo una patada poderosa hacia la cabeza de la chica, mandándola a volar y chocar contra los árboles, sobreviviendo apenas, siendo curada por algunas ninfas y no fue suficiente para curarla por completa, por lo que seguían curándola.

El caos se desato. Tres cazadoras se abalanzaron contra el Uzumaki, quien esquivo las flechas de otras dos cazadoras y los puñetazos como patadas con calma, utilizando su propia ira como impulso de batalla, y manipulando el juicio furioso de esas chicas.

No obstante, se cansó de jugar, y realizo una técnica kenjutsu del clan Uzumaki que aprendió de un pergamino antiguo que encontró, siendo Uchiha Sasuke que lo ayudo en ese aprendizaje, logrando dominarlo en tres años. Todavía seguía aprendiéndolo y perfeccionándolo. Todas las posiciones estaban en su mente.

En su mente, pronuncio el nombre de la técnica mientras sentía cuerpo arder. Además de cerrar los ojos.

—Kenjutsu: Destello sangriento(chimamire no furasshu).

Sin previo desapareció de la vista de aquellas cinco cazadoras que lo atacaron y apareció por detrás de las dos arqueras, abrió los ojos mientras enfundo la katana, solo para oír gritos llenos de dolor que resonaron a través del bosque. ¿Qué había pasado? Pues Uzumaki Boruto, utilizo una técnica donde consistía cortar en forma de rombo y arco, ¿Y por qué no? Triangular. Mezclándolo con el sushin no jutsu. Todo fue tan rápido para las cazadoras que cayeron al suelo inconsciente, siendo sanadas por varias ninfas y sátiros que se unieron, al confirmar que el humano no los atacaría. Si, tal técnica causaba en cortar los puntos nerviosos de tus oponentes y hacer que pierdan el control de su cuerpo.

Uzumaki Boruto se convirtió en un shinobi letal y de sangre fría, como Hatake Kakashi.

—¡Maldita seas! ¡todos los hombres sois iguales! —Grito la teniente de cazadora, que también fue afectada por la técnica, ya que quiso meterse en el combate, perdiendo el sentido de movilidad en su brazo izquierdo y pierna izquierda.

—Ustedes me han atacado, no cambien la historia, mocosas—regaño Boruto, quien caminaba hacia ella. Suponiendo que era líder y listo para matarla, pero se detuvo cuando escucho una voz femenina madura, digna de una líder.

—¿Qué ha pasado? Zoé, he dejado en claro que no debías atacarlo, solo traerlo hacia mí. —Artemisa continuo, no dejándole hablar a su teniente—. no intentes cambiar las cosas, he visto que fueron ustedes que iniciaron la batalla.

Zoé sin decir nada, agacho la cabeza y se disculpó, marchándose a vendar a sus hermanas adoptivas que fueron acogidas por Artemisa.

Artemisa choco su mirada con la impasible mirada de su objetivo. Aunque sabía que no debía usar esa técnica, no lo quedo de otra que usar. La única técnica que podría calmar a lo de su clase, o al menos eso fue lo que lo dijo Apolo. Cosa que descubrió por medio de sus visiones.

En voz alta, dijo el nombre de la técnica.

—Mode sage: Sage Mode: Ancient Transfer

Por milagros, la técnica tuvo efecto en Boruto, la energía natural entro en su sistema de chackra y adormeció aquella iracunda emoción poco a poco, la naturaleza fue paciente. Tal como lo sería un anciano con su nieto.

Su mirada ahora tranquila se concentró sobre Artemisa, y sin enfundar su arma, avanzo hacia ella. La máscara por cada paso se hacía añico hasta no quedar nada de él, dejando apreciar su rostro juvenil al mundo.

—¿Quién eres? —Exigió. Se detuvo a mitad de camino cuando sintió que una fuerza invisible lo impedía acercarse.

—Soy Artemisa, diosa de la luna, bueno ese es mi mayor dominio— se presentó con una voz melodiosa mientras tanto se acercaba lentamente, acallando sutilmente a Zoé, y continuo —. De alguna manera estamos relacionado.

Boruto resoplo con amargura y lentamente con una técnica shinobi se disolvió en cuervos negros. Dejando sola a Artemisa con sus cazadoras heridas, pues lo semidioses habían dejado este lugar hace tiempo, sin más ella procedió a curar a sus hijas adoptivas para buscar lo más rápido posible a ese muchacho.

Tiempo después.

Pov Percy.

—¿Entonces estás de acuerdo?

Miré a Grover, quien asintió de forma alentadora. Fácil para él. Yo era a quien Zeus quería matar.

—Está bien—. dije—Es mejor que ser convertido en un delfín.

—Entonces es el momento de que consultes al Oráculo—. dijo Quirón.

—Sube las escaleras, Percy Jackson, hasta la buhardilla. Cuando

vuelvas a venir, suponiendo que aún sigues cuerdo, hablaremos más.

En cuatro tramos de subida, la escalera terminó bajo una trampilla verde. Tiré de la cuerda. La puerta se abrió hacia bajo, y una escalera de madera ocupó su lugar estrepitosamente. El cálido aire proveniente de arriba olía a moho y a algo más... un olor que recordé de las clases de biología. Reptiles. El olor de las serpientes.

Contuve la respiración y subí. La buhardilla estaba llena de porquerías de héroes griegos: la armadura estaba cubierta de telarañas; los escudos, una vez relucientes y brillantes, estaban picados de roña; viejos baúles de cueros cubiertos con etiquetas adhesivas que decían,

ITHAKA, LA ISLA DEL CIRCE, y TIERRA DE LAS AMAZONAS.

Una gran mesa repleta de tarros de cristal llenos de cosas encurtidas, garras peludas cortadas, enormes ojos amarillos, y otras partes diferentes de monstruos. Un trofeo montado y cubierto de polvo en la pared parecía la cabeza de una serpiente gigante. En la placa se leía, CABEZA DE HYDRA #1, WOODSTOCK, N.Y., 1969.

En la ventana, sentada en un taburete trípode de madera, estaba el recuerdo más truculento de todos: una momia. Esta no estaba envuelta en una especie de tela, sino en un cuerpo humano de mujer marchitándose en una cáscara. Llevaba puesto un vestido de verano desteñido, con muchos collares de cuentas, y una cinta sobre su largo y negro pelo. La piel de su cara era fina y curtida sobre su cráneo, y sus ojos eran rendijas blancas vidriosas, como si los verdaderos ojos hubieran sido remplazados por canicas; ella llevaba muerta desde hacía un largo, larguísimo tiempo.

El mirarla me envió escalofríos en la espalda. Y eso fue antes de que se incorporase recta en su taburete y abriera la boca. Una neblina verde salió de la boca de la momia, enroscándose sobre el suelo en gruesos zarcillos, silbando como veinte mil serpientes. Me tropecé conmigo mismo intentando llegar a la trampilla, pero esta se cerró de golpe. Dentro de mi cabeza, escuché una voz, deslizándose por un oído y enroscándose alrededor de mi cerebro:

Soy el espíritu de Delfos, la oradora de las profecías de Febo Apolo, la asesina de la poderosa Python. Acércate, buscador, y pregunta.

Yo quería decir, 'No gracias, puerta equivocada, solo buscaba el baño'. Pero me obligué a inspirar profundamente. La momia no estaba viva. Era una especie de horrible recipiente de algo más, el poder que estaba ahora girando a mí alrededor en la neblina verde. Pero su presencia no se sentía mal, no como mi demoníaca profesora de mates, la Sra. Dodds o el Minotauro. Se sentía mucho más como las Tres Parcas que había visto tejiendo el hilo fuera de la caseta de frutas de la autopista:

Antigua, poderosa, y, definitivamente, no humana. Pero no particularmente interesada en matarme, tampoco. Tuve la valentía de preguntar eso.

—¿Cuál es mi destino?

La neblina se arremolinó más densa, recogiéndose justo en frente de mí y alrededor de la mesa con las jarras de las partes de los monstruos. De pronto había cuatro hombres sentados alrededor de la mesa, jugando a las cartas.

Sus rostros se volvieron más claros. Eran Smelly Gabe y sus amigos. Mis puños se cerraron, aunque ya sabía que esta fiesta de póquer no podía ser real. Era una ilusión, creada por la neblina. Gabe se giró hacia mí y habló con la voz ronca del Oráculo.

Irás hacia el oeste, y verás al dios quien ha recurrido.

Su amigo de la derecha alzó la vista y dijo con la misma voz.

Encontrarás lo que ha sido robado, y lo devolverás de forma segura.

El chico de la izquierda lanzó dos fichas de póquer, después dijo.

Serás traicionado por quien llamas amigo.

Al lado de Eddie, una extraña persona rubia vestida de naranja con ojos carmesís casi similares a los de los monstruos lanzo con una voz entremezclada, digna de un Rey Demonio.

El hijo del hombre romperá el corazón del destino.

Por último, Eddie, nuestro genial constructor, sentenció la peor de todas las líneas.

Y no salvarás lo que más importa, al final.

Las figuras empezaron a disolverse. Al principio yo estaba demasiado aturdido como para decir nada, pero cuando la neblina se retiró, enroscándose en una enorme serpiente y deslizándose de vuelta a la boca de la momia, grité.

— ¡Espera! ¿Qué quieres decir? ¿Qué amigo? ¿Qué no salvaré? —La cola de la neblina de la serpiente despareció en la boca de la momia. Ella se recostó de vuelta contra la pared. Tenía la boca bien cerrada, como si no la hubiera abierto en cientos de años. La buhardilla estaba de nuevo en silencio, como abandonada, nada más que una habitación llena de recuerdos. Tenía la sensación de que podía quedarme ahí parado hasta que tuviera telarañas, también, y no aprendería nada más.

Mi audiencia con el Oráculo había acabado.

—¿Y bien? — me preguntó Quirón.

Me dejé caer en una silla de la mesa de póquer. —Ella dijo que recuperaría lo que fue robado.

Grover se reclinó para delante, mascando con emoción los restos de una lata de cola de dieta.

—¡Eso es genial!

—¿Qué es lo que dijo exactamente el Oráculo? —Presionó Quirón—. Eso es lo importante.

Mis oídos aún hormigueaban por la voz de reptil. —Ella... ella dijo que iría para el oeste y vería un dios quien ha recurrido. Recuperaría lo que fue robado y lo vería devuelto de forma segura. Y que el hijo del hombre romperá el corazón del destino, o lo que sea que signifique eso.

—Lo sabía. — dijo Grover—E-espera, ¿Qué dijiste recién?

—Que el hijo del hombre rompería el corazón del destino. —repetí

Quirón no parecía satisfecho, también parecía desconcertado por la última línea. —¿Algo más? —

No quise contárselo. Estaba de inseguro de hacerlo.

¿Qué amigo me traicionaría? No tenía muchos. Y la última línea "No salvaré lo que más importa". ¿Qué clase de Oráculo me mandaría a una misión y me diría, Ah, por cierto, fallarás ¿Cómo podía confesar eso?

—No—. dijo—Eso es todo.

Él estudió mi rostro—. Muy bien, Percy. Pero debes saber esto: las palabras del Oráculo suelen tener doble significado. No te preocupes mucho por ello. La verdad no es siempre clara hasta que los acontecimientos tienen lugar.

Tenía la sensación de que él sabía que me estaba guardando algo malo, y que estaba intentando hacerme sentir mejor.

—Vale—. dije, ansioso por cambiar de tema—. Así que, ¿A dónde voy? ¿Quién es ese dios del oeste?

—Ah, piensa, Percy—. dijo Quirón—. Si Zeus y Poseidón se debilitan el uno al otro en una guerra, ¿Quién saldría ganando?

—¿Alguien más que quiere hacerse cargo? — aventuré.

—Sí, bastante. Alguien que guarda rencor, que ha sido infeliz con su suerte desde que el mundo fue dividido hace eones, cuyo reinado crecería poderoso con las muertes de millones. Alguien que odia a sus hermanos por obligarle con un juramento a no tener más niños, un juramento que ambos han roto ahora.

Pensé en mis sueños, la voz del mal había hablado desde abajo de la tierra.

—Hades.

Quirón asintió. —El Señor de la Muerte es la única posibilidad.

Un trozo de aluminio se escurrió de la boca de Grover.

—Whoa, espera. ¿Q-qué?

—Una Furia vino tras de Percy, — le recordó Quirón—. Ella vio al joven hasta que estuvo segura de su identidad, después intentó matarlo. Las Furias solo obedecen a un señor: Hades.

—Sí, pero Hades odia a todos los héroes, — protestó Grover. —Especialmente si se ha encontrado con que Percy es hijo de Poseidón...

—Un perro del infierno se metió en el bosque, — continuó Quirón. —Estos solo pueden ser convocados desde los Campos de Castigo, y tiene que ser convocado por alguien dentro del campamento. Hades debe de tener aquí un espía. Él debe esperar que Poseidón intente usar a Percy para limpiar su nombre. A Hades le gustaría mucho matar a ese joven mestizo antes de que este puede llevar a cabo su misión."

—Genial, — murmuré. —Ya van dos dioses mayores que quieren

matarme.

—Pero una misión... — tragó Grover. —Es decir, ¿No podría estar el rayo en algún lugar como Maine? Maine es muy bonito en esta época del año.

—Hades envió a un siervo a robar el rayo maestro, — insistió Quirón.

—Lo escondió en el Inframundo, a sabiendas de que Zeus culparía a Poseidón. No pretendo entender los motivos del Señor de la Muerte a la perfección, o porque eligió este momento para iniciar una guerra, pero uno cosa es cierta. Percy debe ir al Inframundo, encontrar el rayo, y revelar la verdad. Quizás también puede encontrar al vástago que la profeta dice.

Un extraño fuego ardió en mi estómago. Lo más raro era: no era por el miedo. Era de anticipación. El deseo de venganza. Hades había intentado matarme tres veces hasta ahora, con la Furia, el Minotauro, y el perro del infierno que dio la casualidad de ser encontrado con aquel sujeto zorruno. Fue su culpa que mi madre hubiera desaparecido en un destello de luz.

Ahora estaba intentando envolvernos a mi padre y a mí en un robo que no habíamos cometido. Estaba listo para enfrentarle. Además, si mi madre estaba en el Inframundo... Whoa, chico, dijo la pequeña parte de mi cerebro que seguía cuerda. Eres un niño. Hades es un dios.

Grover estaba temblando. Había empezado a comerse las cartas como si fueran patatas fritas. El pobre necesitaba completar una misión conmigo para así poder conseguir su licencia de usuaria, lo que sea que fuera, pero ¿Cómo podía pedirle hacer esta misión, especialmente cuando el Oráculo había dicho que mi destino era fracasar? Esto era un suicidio.

—Mira, si sabemos que es Hades, — le dije a Quirón, —¿por qué no podemos decírselo a los otros dioses? Zeus o Poseidón podrían bajar al Inframundo y agarrar algunas cabezas.

—Sospechar y saber no son lo mismo, — dijo Quirón. —Además, aunque los otros dioses sospechen de Hades e imagino que Poseidón lo hace, ellos no pueden recuperar el rayo por sí mismos. Los dioses no pueden atravesar los territorios de los otros sin ser invitados. Esa es otra antigua regla. Los héroes, por otra parte, tienen ciertos privilegios. Ellos pueden ir a cualquier parte, desafiar a quien sea, siempre y cuando sean lo suficientemente audaces y fuertes para hacerlo. Ningún dios puede dominar las acciones de un héroe. ¿Por qué crees que los dioses siempre operan a través de los humanos?

—Estas diciendo que estoy siendo utilizado.

—Estoy diciendo que no es casualidad que Poseidón te haya reclamado ahora. Es una apuesta muy arriesgada, pero está en una situación desesperada. Te necesita.

Mi padre me necesita. Las emociones rodaron dentro de mí como trozos de cristal en un caleidoscopio. No sabía siquiera si sentir resentimiento o agradecimiento, estar feliz o enfadado. Poseidón me había ignorado estos doce años. Ahora de repente me necesitaba.

Miré a Quirón. —Tú ya sabías que era el hijo de Poseidón en todo este tiempo, ¿no es así?

—Tenía mis sospechas. Como ya dije... También he hablado con el

Oráculo.

Tenía el presentimiento que había más que él no me estaba contando sobre su profecía, pero decidí que no podía preocuparme por eso justo ahora. Después de todo, yo también me estaba guardando información.

—Entonces déjame aclarar esto, — dije. —Se supone que tengo que ir al Inframundo y enfrentarme al Señor de la Muerte.

—Correcto—dijo Quirón.

—Encontrar el arma más poderosa del universo.

—Correcto.

—Y llevarla de nuevo al Olimpo antes del solsticio de verano, en diez días.

—Así es.

—Y a todo esto, ¿Quién es el hijo del hombre que dice la momia?

—Quizás tenga que ver con el enmascarado, de toda forma, lo descubrirás en el viaje. No estés demasiado ansioso, demasiadas cosas pueden salir mal.

Asentí inseguro, sin saber que hacer. Miré a Grover, quien se tragó el as de corazones.

—¿He mencionado ya que Maine es muy bonito es esta época del año? — Preguntó con voz débil.

—No tienes que ir, —le dije. —No puedo pedirte eso.

—Ah... — Se cambió sus cascos. —No... es solo que los sátiros y los lugares bajo tierra... bueno...—Inspiró profundamente, después se levantó, quitándose de encima los restos de las cartas y el aluminio de su camiseta.

—Me salvaste la vida, Percy. Si... si de verdad me quieres contigo, no te decepcionaré.

Me sentí tan aliviado que me entraron ganas de llorar, aunque no creo que eso fuera muy heroico. Grover era el único amigo que alguna vez había tenido por más de unos cuantos meses. No estaba seguro de que bien podía hacer un sátiro contra las fuerzas de la muerte, pero me sentí mejor sabiendo que él estaría conmigo.

—Hasta el final, G-man. —Me volví hacia Quirón. —Así que, ¿A dónde vamos? El Oráculo solo dijo que fuera al oeste.

—La entrada del Inframundo siempre está en el oeste. Se mueve de un año al otro, igual que el Olimpo. Justo ahora, por supuesto, está en América.

—¿Dónde?

Quirón se veía sorprendido. —Pensé que sería lo bastante obvio. La

entrada al Inframundo está en Los Ángeles.

—Ah. — dije. —Naturalmente. Entonces solo tenemos que coger un avión...

—¡No! — gritó Grover. —Percy, ¿En qué estás pensando? ¿Has estado alguna vez en tu vida en un avión?

Sacudí mi cabeza, sintiéndome avergonzado. Mi madre nunca me había llevado a ninguna parte en avión. Siempre decía que no tenía dinero suficiente. Además, sus padres habían muertos en un accidente de avión.

—Percy, piensa. — dijo Quirón. —Tú eres el hijo del Dios del Mar. El enemigo más letal de tu padre es Zeus, el Señor del Cielo. Tu madre sabía que era mejor no meterte en un avión. Estarías en el dominio de Zeus. Nunca regresarías con vida.

Encima de nosotros, un rayo ilumino el cielo, y un trueno retumbó.

—Está bien. — dije, decidido a no mirar a la tormenta. —Entonces, viajaremos por tierra.

—Así es. — Dijo Quirón. —Dos compañeros pueden acompañarte. Grover es uno. El otro se ha ofrecido voluntario, si es que quieres aceptar su ayuda.

—Caray—. dije, fingiendo sorpresa—. ¿Quién más sería lo bastante tonto como para ofrecerse voluntario para una misión como esta?

El aire resplandeció detrás de Quirón. Annabeth se hizo visible, metiendo su gorra de los Yankees en su bolsillo trasero.

—He estado esperando mucho tiempo por una misión, cerebro de

algas—. dijo ella. —Atenea no es fan de Poseidón, pero si vas a salvar el mundo, soy la mejor persona para ayudarte a no echarlo todo a perder.

—Si te dices eso a ti misma, — dije—. ¿Debo suponer que tienes un plan, chica sabia?

Sus mejillas se pusieron coloradas. —¿Quieres mi ayuda o no?

La verdad era, que sí. Necesitaba toda la ayuda posible.

—Un trío—. dije—Eso funcionará.

—Excelente—. dijo Quirón. —Esta tarde, os podemos llevar lo más lejos hasta la terminal de autobuses de Manhattan. Después de eso, vais por vuestra cuenta.

Un rayo rompió. La lluvia caía en los prados donde se suponía que nunca tenían climas violentos.

—No hay tiempo que perder. — dijo Quirón. —Creo que todos deberíais hacer las maletas.