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Sumire y Akita se habían despedido entre lágrimas, abrazos duraderos y besos; repartidos mas de una docena sobre la frente de la joven.

Katasuke la había abrazado y le había deseado un viaje bueno y tranquilo.

Mientras miraba a lo lejos las montañas, recordó las miradas hundidas y lineas tensas en los labios de sus padres. Katasuke no había estado de acuerdo en no ir con ella. Sumire lo había visto en sus profundos ojos café. Pero condescendiente como siempre, tomó su mano, la palmeó varias veces, y luego en un carraspeo forzoso le dijo que apoyaba su decisión.

Akita está vez no había dejado que su auto promesa de apoyarlos desde un lado la convenciera y estuvo más que terca y reticente durante la cena. Fue cuando Boruto tomo la palabra y comento que podría acompañarla a Inverness. Con eso, la mujer se había quedado más tranquila.

Los marqueses, que partirían a la mañana siguiente a su hogar en Lincolnshire, le ordenaron directamente a Boruto cuidar de Sumire.

Boruto asintió solemnemente.

Al día siguiente, ella había ido mucho antes que los primeros panes se horneara, a darle por fin una respuesta a Yuina.

La joven escocesa la recibió contenta en su habitación en la posada con té y galletas. Las galletas de chocolate que tanto le gustaban a Sumire, y que parecían ser del mismo gusto de su media hermana.

Tras decirle que efectivamente había decidido ir con ella, la joven salto en su silla y tomó sus manos muy efusiva, donde incluso no pudo evitar que par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Aquello hizo que Sumire se sintiera un poco cohibida pero no menos empatica.

Y ahora, tras largas horas de viaje, estaban finalmente a punto de llegar a Edimburgo.

—Nunca había salido de Inglaterra — Namida la sacó de sus pensamientos.

Su doncella estaba más que contenta de conocer otros escenarios y personas. Intento contagiarse de su alegría y disminuir sus nervios.

—Somos dos.

—Lord Sterling parece algo apurado por llegar a las Lowlands. —Ella rió. — Si era por él, ni nos hubiera permito descansar en las posadas de paso.

—Comento que tiene una boda a la que asistir. Es el padrino.

Sumire recordó vagamente a Shikadai Nara, hijo del marqués de Dorset. Un hombre alto, de buen aspecto, y brillantes ojos color verde. Más que un amigo de Sterling, su casi hermano.

Ella lo había visto en su primera temporada en sociedad, en una velada que los marqueses Uzumaki habían realizado y por supuesto habían invitado a los Tono. Luego una segunda vez en la casa de los duque de York. Y por ultimo, a principio de su segunda temporada, cuando Hima y ella salieron a cabalgar por Hyde Park y se cruzaron con su hermano y su amigo.

Mas tarde, casi a finales de la segunda temporada, supo que se había marchado de Inglaterra, tras no afrontar la muerte repentina de su madre.

—Y que caballero en ofrecerse en acompañarla luego a Inverness — Sumire salió de sus pensamiento y capto un brillo extraño en los ojos café de Namida.

Alzó una ceja.

—Sorprendente para un lord que siempre le ha puesto los vellos de punta del coraje. — completo algo pícara.

Sumire le miró con reproche, y hasta con un poco de censura.

—¿En que piensas exactamente, Namida? — la reto a hablar.

Se arrepintió de ello casi al instante.

Namida jugo con sus manos. Se veía tal cual una niña pilla a punto de contar un jugoso chisme.

—¿Y si lord Sterling esta interesado en usted?

Por un momento solo se escuchó el traqueteo del carruaje y la luz de sol que se colocaba por la ventanilla dejaba ver cuan grandes eran los ojos violetas de Sumire cuando estos estaban abiertos de par en par.

Se echó a reír.

—Vamos Namida, ¿es enserio? — Sumire meneo la cabeza ante lo absurdo de la idea.

—¿Por qué? — Namida bufó — Quizás todo de eso de hacerla molestar ha tenido siempre un significado más profundo. Mi madre una vez me dijo que lo hombres son tan inútiles para mostrar sus sentimientos. Ellos casi nunca saben como expresarlo correctamente.

La mirada incrédula de Sumire le hizo ver que no la iba a convencer de esa repentina e inverosímil sospecha.

Y Namida pensó que quizás debió ser una persona menos fantasiosa en su vida. Su madre le había dicho una vez que no la tomarían enserio cundo expusiera una teoría en la que creía era mas que acertada.

Sumire se acomodó en su asiento.

—Si bien tengo casi seis años conociendo a Boruto Uzumaki, no es como si hubiéramos forjado un lazo de amistad. Dado a que eran más la veces que él me hacia rabiar que otra cosa. Y...— Sumire mordió su labio inferior, un recuerdo vago la había golpeado de pronto. Hinata le había comentado una vez algo sobre su hermano. Una sospecha, mas bien, pero le había prestado tan poca atención en ese entonces. Al menos hasta ese momento que Namida asocio la palabra gustar, y ella y Boruto en un misma oración. — El Conde estuvo enamorado de una francesa por mucho tiempo ¿En donde podría caber yo en todo eso?

Namida parpadeó.

Sumire miró por la ventana.

—¿Por qué se ofreció a acompañarme? Ciertamente no había profundizado en eso, si me lo preguntas. Pero, no sé, estos días que se ha quedado en la casa, esas doces veces que hablamos... — Sumire se removió, se le hizo de momento raro hablar de Boruto sin que sea porque la hizo de nuevo rabiar con algo. — Admito que... —mojo sus labios. Era la primera vez que lo exteriorizara sus pensamientos sobre ello. — Observe que es un caballero mas sensato de lo que creía. Sin chanzas de por medio, logramos mantener conversaciones más seria y entonces...

Sumire se detuvo un momento y miró a Namida, quien no despejaba sus ojos de ella curiosa.

—¿Entonces? — la instó hablar su doncella cuando se quedó por mucho tiempo en silencio.

Las mejillas se Sumire se ruborizaron, porque su mente casi estuvo a punto de hacerla decir algo tan personal como "...en su mirada, tan parecida a dos trozos del cielo, me di cuenta que es un..."

—Me di cuenta que es un hombre que, a pesar de lo castroso y molesto, es empatico y solicito. O el atraco que sufrió lo hizo madurar de golpe — Sumire se rió sin ánimos tras quitar una pelusa imaginaria de su falda. Encogió un hombro — Simplemente creo se compadeció de mi situación. Necesitaba urgente alguien que me acompañara, y lo tomé. Es todo. Ahí está el contraataque argumental a tu teoría.

—Mi teoría ha quedado desecha — Namida hizo un mohín.

El carruaje se detuvo en ese momento y el lacayo no tardo en abrir la puerta para que las señoritas bajaran.

Habían llegado a Edimburgo.

Sumire bajó y su mirada enseguida buscó a Boruto, el Conde se bajaba en ese momento del pescante. No había querido ir con Namida y ella adentro del carruaje, argumentando que prefería darles privacidad en un viaje tan largo.

Había en realidad querido ir a caballo, pero su madre le había advertido que si lo hacía, lo amarraría y lo llevaría a casa. Y luego se disculparía con Shikadai pro el desaire que tuvo obligada a ejecutar por el terco de su hijo.

Él la miró y ladeo una sonrisa. Algunas lineas de cansancio se acentuaron alrededor de su boca.

—Imagino estás mas que cansada.

—Si, un poco — le contestó.

Yuina en eso se ubicó a su lado sin perder una sonrisa de dicha.

Le había dicho a ella que iría acompañada. Aparte de su doncella, de su concuñado a Inverness. Solo que él tendría que cumplir un compromiso primero, pero que tampoco le tomaría muchos días. A lo sumo día y medio.

Yuina no tuvo ninguna queja, simplemente le bastaba con que ella pisara Escocia.

—Me adelantaré a Inverness para preparar todo — le dijo y tomo ambas manos de Sumire. Los ojos violetas miraban a su media hermana con suma dulzura liquida.

Era una joven que no reparaba en espacios personales, pero si se lo preguntarse no era que le molestaba. Era más que todavía le era extraño estar delante de una persona con quien si compartía sangre con ella.

Cuando era pequeña, asumió su estatus de huérfana con aceptación. No pensó si por ahí afuera tenia primos, tíos, o hermanos.

Para ella solo eran Akita, Katasuke y Kawaki.

Pero ahora estaba ahí. Yuina. Una chica quien era nada menos que su media hermana.

—Dejaré a uno de mis lacayo con ustedes. Cuando partan a Inverness, él los guiará plácidamente hasta Shigaraki House.

—Entendido — musitó Sumire.

Boruto tomo un pasó adelante.

—Por cierto, discúlpeme si apresuré mucho el paso hasta Edimburgo, señorita Shigaraki.

Ella hizo un ademán.

—No se preocupe, milord. No sabe en realidad cuanto deseaba volver a pisar de nuevo mi amada tierra escocesa. — De repente se inclinó — Aunque no mentiré, lo poco que vi de Inglaterra me gustó. — les susurró a ambos.

Ellos sonrieron casi al mismo tiempo al escucharla.

Yuina entonces poso toda su atención en Sumire.

—Te espero — Y con un ultimo apretón de manos, Yuina volvió a abordar su carruaje.

Tras eso, Boruto guío a Sumire y Namida a instalarse en un hotel. Mientras los lacayos dejaban sus pocas pertenencias en su habitación, la señorita Tono salio a explorar un poco el lugar.

Su caminata terminó en el comedor del hotel. Encontró a Boruto sentado solo degustando de un delicioso desayuno. Pero se había cambiado. Llevaba un exquisito frac ceñido a su torso. El pañuelo y corbata correctamente almidonado en su cuello. Y los pantalones color abedul que Sumire admitía le gustaba como le quedaban.

Para ella no era difícil, siempre había estado consciente del atractivo de Boruto. Ni el coraje que él le hizo sentir en muchas ocasiones pudieron desfigurar en su mente ese rostro de adonis que había hecho suspirar a bastantes señoritas, viudas y debutantes.

—¿A que hora es la boda? — Tomo asiente frene a él y enseguida un mozo se acercó. Sumire ordenó pan tostado con mantequilla y una taza de café. Doble. Porque Namida bajaría en cualquier momento luego de ir al retrete.

—Dentro de una hora — contestó. Miro de reojo a Sumire. — Estoy seguro que Shikadai debe estar más que crispado, se suponía llegaría hace dos días.— Sus palabras fueron acompañadas de un brillo de camaradería.

—Él lo entenderá, cuando le comentes lo que te sucedió. — contemplo Tono y le sonrío amable al mozo cuando trajo su orden.

Boruto miró con una ceja alzada como el mozo se había sonrosado.

Volvió a mirar a Sumire de reojo, ella ni en cuenta de lo desplumado que había dejado al empleado. Cosa que lo hizo sentir irritado y con ganas de golpear al sujeto. Miro, sin saber que pensar, su mano crispada sobre la mesa. La relajo casi de inmediato.

—Creo que podría acostumbrarme — comento ella sacándolo de sus pensamientos.

El arrugó la frente confundido.

—¿Sobre que?

—A este nuevo tipo de cercanía entre los dos. —Sumire golpeo el dedo indice sobre sus labios. Cosas que hizo a la sangre de Boruto calentarse y trato de enfriarlo tomando agua. — Seis años tratando, y solo eran provocaciones y chanzas de tu parte. Ni una conversación digna en que pudiéramos, no sé, ¿forjar un vinculo?

Boruto dejó el vaso de cristal en la mesa.

—Puede ser, pero... — y sonrío de lado. De esa forma tan chulesca que tanto lo caracterizaba y la irritaba en el pasado. Pero que en ese momento, le hizo sentir más que un cosquilleo extraño en todo su cuerpo — Costumbres son costumbres. Mejor no hacerte ilusiones, mi pollito.

El gruñido de ella lo hizo sentir satisfecho.

—Me equivoque, el asalto no te hizo madurar nada.

Y Boruto carcajeo divertido.


Otro capítulo ¿les esta gustando? Prometo que pronto tendremos más BoruSumi