INOLVIDABLE.
CAPÍTULO 2.
Tomó el bolso y su maleta, dudó unos instantes, y se dirigió a la puerta decidida a marcharse. Pero su corazón la había empujado hasta allí, así que volvió a depositar el bolso sobre la mesa, pensando de nuevo que, si se marchaba, siempre se preguntaría qué podría haber sucedido. Y no creía que fuera capaz de vivir con el peso de esa incertidumbre. Empezó a componer su imagen. Cando hubo acabado en su aspecto retrocedió unos pasos y se observó su imagenen en el espejo. Ni muy sofisticada ni demasiado informal. No quería excederse. Sin embargo eligió otro vestido menos elegante, menos entallado, de color azul cielo, con encaje y abotonado por delante, y aunque no era tan bonito como el primero, le pareció más apropiado. «Has llegado hasta aquí, no te acobardes hora». Echó un vistazo al reloj. Eran casi las seis de la tarde; sabía que en unos minutos él iba a llegar, pero necesitaba un poco más de tiempo.
—¡Maldita sea! —musitó—. ¿Se puede saber qué estoy haciendo aquí? No debería haber venido. No hay ninguna razón para ello. Pero después de decirlo, supo que no era verdad. Estaba allí por una razón, y no pensaba marcharse sin obtener una respuesta. Abrió el bolso y rebuscó hasta que encontró una hoja de doblada era la carta de Terry. Tras sacarla despacio, casi reverentemente, con cuidado para no romperla, la desdobló y se la quedó mirando unos momentos. "Esta es la razón", se dijo finalmente a sí misma. Por eso estoy aquí.
—Creo que no deberías ir —dijo Susana, lanzándole a Terry una mirada cargada de reproche. Él estaba de pie al lado de la puerta de entrada a la casa, con una maleta, disgustado por el comportamiento de Susana.
—Por favor, Susana, ya hemos hablado de este tema. Solo estaré fuera un par de días.
—Es que últimamente pareces otra persona. Terry sintió ganas de gritar.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que soy así? Mi madre me necesita, ya sabes cómo es. Está preocupada por mi, tu comportamiento no es de gran ayuda.
—Pero yo también te necesito.
—Susana , solo porque tú tengas que quedarte en una silla todo el día, eso no significa que yo también tenga que quedarme aquí. No nacimos pegados.
Susana retrocedió. Terry se dio cuenta de qué sus palabras la hirieron.
–Discúlpame Susana no debí decir eso, por favor entiende.
—Yo, simplemente no creo que sea una buena idea que vayas con tu madre en estos momentos.
—Nunca quieres que vaya a ninguna parte. — Terry volvió a molestarse, pero Susana lo estaba llevando a su limite
—¿Qué quieres que haga si te echo de menos cuando no estás?
— Lo siento, pero ya tendrías que estar acostumbrada, por qué no será última vez.
Terry condujo desesperado, sin apartar la vista de la carretera y respiró hondo cuando vio la el apartamento , era mas como una cabaña que habia rentado para ese momento. Habia escogido un lugar alejado de la ciudad, discreto y en donde no pudiera ser reconocido. No quería esconderse con ella, casi se río sin ganas. ¿ A caso no era lo que iba hacer? También tenia miedo de llegar y no encontrarla, ¿Y si no estaba? Tampoco podría reprocharle nada, pero estaba desesperado por verla. No creía que fuera a soportar más tiempo si no la veía. Iba vestido con ropa informal aunque deseaba verse mejor tampoco quería despertar más sospechas de las que seguramente Susana ya tenía en la cabeza. Pensar en ella le hizo sentirse culpable. Prefirió desechar ese pensamiento , lo hecho estaba echó. Cuando aparcó el auto vio que las manos le temblaban. Hizo dos intentos al abrir la puerta. Al final fue Candy quién abrio. En cuanto sus miradas se encontraron ninguno se movió. Ninguno hablo.
Ella penso que tenía el mismo aspecto que la última vez que lo había visto. Por un momento, cuando la luz del sol iluminó su silueta por la espalda, Terry pareció fundirse con el paisaje.
Terry había imaginado que resultaría más fácil, que sabría qué decir. Pero no era así. Todo lo que se le ocurría le parecía inapropiado, incompleto. Los recuerdos del verano que habían compartido emergieron de nuevo con fuerza, y mientras la miraba sin pestañear, se dio cuenta de lo mucho que había cambiado desde la última vez que la había visto. Pensó que era más hermosa y sus curvas eran mas visibles. En resultando era que ella siempre estaría hermosa.
Candy recordaba y el ancho torso que se iba estrechando hasta llegar a las esbeltas caderas. Estaba bronceado, como si se hubiera pasado todo el verano al aire libre, y tenía el pelo como ella lo recordaba, estaba prácticamente igual que la última vez que lo vio.
— Candy...
Ella advirtió la emoción en la voz de Terry, y de pronto fue plenamente consciente de la situación: estaba allí, de nuevo, con él… Sintió como un calor le nacia en el vientre, una sensación profunda que la hizo tambalearse. Pero se mantuvo firme para mantener el control. No había imaginado que reaccionaría de ese modo, de hecho no quería que fuera así. No había ido hasta allí para eso… y sin embargo… Sin embargo…, los sentimientos fluían libremente y, por un breve momento, le pareció que volvían al colegio, y que nada había cambiado. Sacudiendo la cabeza, Candy respiró hondo y sonrió.
—Hola, Terry. Me alegro de volver a verte.
Él no pudo contenerse y la tomo en sus brazos.
Al principio ella no hizo nada, pero sentir al amor de tu vida en tus brazos era demasiado como para ignorar.
Terry sintió que volvía a sentirse vivo, ella era todo lo que él necesitaba , era su día y su noche, su aire y su fuerza. Necesitaba decirle lo que el conteniendo desde la última vez que la abrazo en la escalera del hospital.
—Candy, no espero que tú sientas lo mismo por mí. Solo quería que supieras lo que yo siento. —Se quedó pensativo —. Durante las últimas semanas, han pasado muchas cosas… —Se interrumpió, pero, cuando Candy hizo ademán de decir algo, él la hizo callar con un gesto de cabeza. Al cabo de un instante prosiguió—. Intenté, pero no puedo olvidarte, no puedo... no creo que podré.
Candy recorrió suavemente con un dedo el contorno de la mejilla y sus labios. —Te quiero, Candy, Te necesito, sin tí mi vida esta consumiéndose.
—Oh, Terry. — Como reprocharle su atrevimiento, como decirle que no estaba bien ese encuentro, si ella se sentía igual que él.
—Yo también te quiero —dijo ella en voz baja, como si decirlo fuera a terminar con ese momento . Después permanecieron abrazados un buen rato, hasta que entraron en la casa rentada para su encuentro.
Sus cuerpos se movían como uno solo, ambos conscientes de las necesidades del otro, intentando complacerse mutuamente. Terry la besó casi todo el tiempo. Ella sentía aquella sensación húmeda de su boca allí donde él la rozaba con los labios era como estar en el paraíso. Candy empezó a sentir que su cuerpo se estremecía con la urgencia cada vez más apremiante de algo maravilloso. Cuando por fin ocurrió, los dedos de Candy apretaron con fuerza su espalda, pero en el momento en que parecía acabar el orgasmo empezaba a surgir otro, y así llegó al clímax en largas secuencias, un orgasmo tras otro. Cuando acabaron de hacer el amor, ella estaba exhausta. Entonces le abrazó con fuerza, mientras se relajaba a su lado, todavía sintiendo las manos de él resiguiendo con suavidad su piel. Observaba las velas ya casi consumidas, reviviendo el momento que acababan de compartir. Permanecieron muy juntos casi toda la noche, haciendo el amor una y otra vez, para después abrazarse con fuerza. Candy se quedó dormida en sus brazos, con una sensación fantástica. Terry la observó mientras dormía a su lado. Justo antes de quedarse dormido, le apartó suavemente los cabellos de la cara, mientras intentaba grabar todo lo ocurrido en su memoria.
Decidieron ir el siguiente día ir a la playa, y cenaron en un restaurante cercano donde fueron a comer tomados de la mano. Los rayos del sol, aunque todavía era temprano, parecia no tener efecto en la piel de Candy.
Ninguno sacaba el pasado, ninguno se acordo del colegio. Era como si al hablarlo les recordará lo sucedido con Susana. Todo era nuevo. Todo era por primera vez, pero muy dentro ambos sabian que no siempre sería asi. A la mañana siguiente comieron de nuevo en cerca de la playa, cogiéndose las manos por encima de la mesa, mientras se miraban fijamente a los ojos. Hablaban y reían ajenos a la multitud, sin ni siquiera advertir que les habían traído la cuenta y que los clientes ya había desalojado el local. Candy le observaba atentamente, preguntándose si Terry había sido tan intuitivo con ella en esos momentos como lo había sido en el colegio . Cuando estaban juntos, tenía la sensación de que podía leerle la mente, si ella quería cogerle la mano, él se adelantaba antes de que ella hubiera intentadohacerlo. Él se limitaba a escuchar cuando ella comentaba alguna travesura. Estaba segura de cuáles eran sus sentimientos hacia ella gracias a su forma de mirarla le resultaban obvios. Nadie, la había comprendido tan bien como Terrence parecía hacerlo; sin embargo, ¿cuánto tiempo? ¿Unos cuantos días? Se preguntaba cómo sería cuando volvieran cada uno con sus vidas. Por la noche, buscó la respuesta mientras él dormía a su lado, pero su mente siempre volvía a los obstáculos. A medida que las horas avanzaban cada vez estaba más convencida de que el destino había sido injusto y sin embargo ellos habían jugado con el destino para que pudieran estar juntos. ¿Cómo jugaría el destino esta vez para su revancha?
Esa noche no quiso que terminara, quería sentirlo en ella ahora que el le había enseñado el paraíso. Candy empezó a besar el pecho desnudo de Terry , mientras sus manos explotaban su cuerpo, poco a poco el fue despertando y la llevo al paraíso de nuevo, después de hacer el amor, permanecieron tumbados en la cama, abrazándose fuertemente. Ambos sabían que Candy tenía que regresar a Chicago al día siguiente. Hasta ese momento, habían evitado hablar de ello.
—¿Volveremos a vernos? —preguntó Terry. Había estado muy callado, casi demasiado. Ahora que ya estaba echo sentía que todo estaba mal. No creía que iba a bastarle con solo unos días con Candy. Pero recordaba el rostro de Susana y como la había tratado últimamente y sentía remordimiento. Amaba a Candy eso no lo ponía en duda, pero ella se iba a ir.
—Espero que sí —respondió ella por fin. Al decir esto, Terry se incorporó en la cama, separándose un poco de ella. Enseguida ella también se sentó en la cama y encendió la luz de la mesilla.
—¿Qué pasa?
—Nada, solo que no quiero que acabe esto—respondió él, bajando la vista—. No quiero que esto acabe, no quiero que estos dias lleguen a su fin. Candy le cogió la mano y le habló en voz baja.
—Terry, yo tampoco quiero que esto acabe, pero ambos tenemos una vida que seguir. Pero ahora podríamos.
—¿Cuándo nos veríamos? ¿Una vez al mes? ¿Tal vez menos?
—No lo sé. Creo que depende de nosotros y de nuestra voluntad. Creo que, si ambos estamos dispuestos a ceder un poco, podemos conseguirlo. Terry guardó silencio durante un rato.
—¿De veras crees que puede funcionar si no nos vemos a menudo? ¿Cuándo tendré la posibilidad de abrazarte? ¿Cuándo podré ver tu cara? Si solo nos vemos de vez en cuando, no podremos hacer lo que queremos. Cada vez que nos veamos, sabremos que solo será por un par de días. No dispondremos del tiempo necesario para dejar que lo nuestro vaya a más. Eran palabras hirientes, en parte porque expresaban la verdad, pero también porque parecía que Terry quería simplemente acabar con aquello en ese momento. Cuando al final se volvió hacia ella, con una sonrisa afligida, Candy no supo qué responder. Dejó de apretar la mano de él, que todavía estaba entre las suyas, confundida.
—Entonces, ¿ despues de que fuiste tú quién propuso esto, ahora no quieres intentarlo? ¿Es eso lo que intentas decirme? Sencillamente olvidarás lo que ha sucedido… Terry negó con un movimiento de cabeza.
—No, no quiero olvidarlo. No podré olvidarlo nunca. No sé… Solo sé que quiero verte más a menudo de lo que parece ser posible.
—Yo también. Pero no puede ser, solo podemos intentar buscar la mejor solución. ¿De acuerdo? Terry sacudió la cabeza, con desaliento.
—No sé… Ella le observó atentamente mientras hablaba, percibiendo que había algo más.
—Terry ¿qué pasa? Él no respondió. Ella siguió hablando. —¿Hay alguna razón que te impida intentarlo? Terry seguía callado. —Terry, dime algo. Ello le miraba fijamente, angustiada.
—Candy…, es solo que me resulta muy duro. Todo por lo que hemos pasado… —Su voz se fue apagando, y ella supo de qué estaba hablando. Sintió que se le hacía un nudo en el estómago.
—Es por Susana, ¿verdad?
—No, simplemente… —Terry no acabó la frase, pero de repente Candy tuvo la certeza de que se trataba de eso. —Es por eso, ¿verdad? Es por Susana.
—No lo entiendes. Muy a su pesar, Candy sintió un arrebato de ira.
—Oh, sí que lo entiendo. Has podido pasar estos días conmigo simplemente porque sabías que al final me marcharía. Y cuando yo me vaya, podrás volver a tu situación anterior. Solo he sido una aventura, ¿no es cierto? Terry negó con la cabeza.
—No, no es eso. No has sido tan solo una aventura. Me importas mucho. Ella le miró con dureza.
—No entiendo ¿Por que me buscaste?. Terry le devolvió una mirada cargada de dolor.
—No seas así…
—¿Cómo se supone que debería comportarme? ¿Debería ser comprensiva? ¿Quieres que diga simplemente: «Bueno, de acuerdo, Terry; lo dejaremos aquí porque es muy complicado y no podremos vernos a menudo. Lo entiendo. Ha sido un placer volvernos a ver»? ¿Es eso lo que quieres que diga?
—No, no quiero que digas eso.
—Entonces, ¿qué quieres? Ahora que yo sí estoy dispuesta a ser…, Él se limitaba a mover la cabeza, se sentía un miserable. Cuanto dolía saber que tienes que dejar ir a la mujer que amas. Candy notó que sus ojos empezaban a anegarse en lágrimas. Le dolió verlo así, nunca debió aceptar este encuentro. Ahora era muy tarde para ponerle fin. Ella no tendría las fuerzas para dejarlo nunca.
—Candy, perdóname por hacerte…, mejor dicho, perdona por hacernos pasar por esto en nuestra última noche. No quería llegar a esto. Créeme, nunca has sido tan solo una aventura. De eso puedes estar segura. Te he dicho que me importas mucho para ser solo una aventura.
Terry se acercó a ella para envolverla entre sus brazos, Candy vaciló un segundo. Al final, se recostó sobre él, abrumada por todos los sentimientos encontrados. Apoyó la cara en el pecho de Terry, para evitar ver la expresión de su rostro. Él le besó el pelo y habló en un suave susurro, mientras sus labios rozaban sus cabellos.
—Me importas mucho, tanto que me da miedo
A la mañana siguiente, nada más despertarse hicieron el amor. Después permanecieron abrazados hasta había llegado el momento de que Candy se preparara para marcharse.
—Creo que es momento de marcharme.
—Te escribiré. Candy sonrió.
—Y yo te responderé . e sus ojos empezaron a brotar lágrimas. Terry la abrazó con más fuerza.
—Te voy a extrañar —dijo el cuando el llanto de Candy se hizo más intenso. Le enjugó las lágrimas con los dedos, rozando suavemente su piel.
—Y yo —susurró Candy, sintiéndose como una tonta. Él rio para romper la tensión.
—No estés triste. Nos veremos pronto, ¿verdad?
—A menos que te arrepientas. Terry sonrió.
—Estaré contando los días. Y esta vez será mejor, ¿de acuerdo? Ella asintió.
—Hasta entonces, estaré pensando todo el tiempo en ti.
—¿En serio?
—Claro. Ya estoy pensando en ti.
—Eso es porque estoy aquí. Él volvió a reír y ella le correspondió con una sonrisa triste. Luego se apartó y se secó las mejillas. Terry cogió la maleta y salieron de la casa. Afuera, el sol seguía su ascenso en el cielo. Empezaba a hacer calor. Candy se coloco unas gafas oscuras que guardaba en el bolso mientras caminaban hacia el coche que la esperaba para ir a la estación de trenes.
—Tengo que irme ya, si no quiero perder el tren.
—Si— él dio un paso atrás y cerró la puerta. Candy bajó la ventana para ofrecerle la mano por última vez; él la tomó entre las suyas sin querer soltarla. Sentía que le aerebataban el alma.
—¿Me escribieras esta noche? —Lo prometo. Terry la dejo ir pero la siguió con la mirada mientras ella se despedía con la mano por última vez antes de irse, preguntándose cómo se las apañaría para sobrevivir los siguientes días sin ella.
Continuará..
