INOLVIDABLE.
CAPÍTULO 3.
Candy no estaba segura de cómo se sentía tras haber dejado a Terry. Después de regresar a casa, cerró la puerta y se apoyó en ella mientras intentaba recuperar la compostura. Pensó que quizá no debería haber ido a verlo. Evidentemente, no había servido de nada. No sólo él había abierto su corazón, sino que ella no pudo si no que hacer lo mismo. Había dicho que solo quería verla una vez, ella había ido y que había dicho Terry. "Siempre has sido tú. Desde el principio sabía que eras tú" . Pero no fue solo una vez la que Terry quería verla. le había pedido que fueran amantes. Y que había hecho ellla: había aceptado ese encuentro clandestino. Mientras se alejaba de la puerta, notó el embate de los recuerdos y del remordimiento. ¿Qué había hecho? ¿Qué pensaba Terry ahora de ella? Sólo más tarde, después de dejar que los recuerdos se apoderasen nuevamente de ella, se preguntó qué pasaría después. Mortificarse no iba a ayudar en nada, o si seguía martirizando la situación, a hora ya todo estaba hecho. ella ya no podía hecharse para atrás, no servía de nada lamentarse, puesto que literalmente estaba lista para asumir más cambios radicales en su vida, quizá podría pedirle a Terry que se comprometieran con unos planes más definitivos sobre su relación. Pero claro, quizá no fuera una buena idea. Enfrentarse a sus sentimientos era una cosa, pero ¿estaba preparada para asumir las consecuencias si no le satisfacía la respuesta? ¿Y si Terry tenía planes de dejarlo hasta aquí, o de querer más? ¿Ella estaba lista para abandonar el primer momento de felicidad después de meses? ¿Vender la casa? ¿Mudarse a otro lugar? ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar? ¿Pero que disparates estaba diciéndose?. Obviamente nada de lo que ella quisiera podía ser, nada por que él..., él era un hombre que tenía un deber que cumplir, eso era lo que ella tenía que recordarse, aceptarlo y esperar a que viniera el golpe, por que si de algo estaba obsolutamente convencida: era que nunca podrían estar juntos libremente.
De regreso a su vida, la única cosa que Candy sabía con absoluta certeza era que, a pesar de que él le hubiera intentado qué no se sintiera mal por lo que paso, jamás superaría la vergüenza por lo que había hecho.
A lo largo de las siguientes semanas, Candy se convirtió en una experta a la hora de entrar y salir a escondidas, por lo menos cuando se trataba de hacerlo de su casa. Se vieron cinco veces en el primer mes... Candy no quiso pensar en que excusas que daba Terry para irse en varias ocasiones durante un par de días.
Terry la abrazó con fuerza y se fijó en cómo el cuerpo de Candy parecía acoplarse perfectamente al suyo. Podía oler el leve perfume a jazmín que emanaba de su piel y, mientras permanecían así, sin moverse, abrazados el uno al otro, todos sus sentidos empezaron a cobrar vida. Terry sintió como si hubiera llegado al final de un largo trayecto, no era que no se hubiera dado cuenta hasta ese momento de que Candy había sido su destino desde el inicio. Cuando le susurró al oído: «Te quiero, Candy», supo que jamás había estado tan seguro de nada en toda su vida. Candy hundió la cabeza en su pecho.
—Yo también te quiero, Terry —le susurró Candy, y mientras seguían abrazados, sólo podía pensar que no deseaba nada más en el mundo que lo que estaba sucediendo en aquel momento, y todos los remordimientos y reservas se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. Él la besó y luego volvió a besarla, una y otra vez, explorando su cuello con avidez y el hueco de la garganta, antes de buscar sus labios de nuevo. Candy deslizó las manos por su pecho y por sus hombros, sintiendo la fuerza en esos brazos que la estrechaban, y cuando él hundió los dedos en su pelo, y recorrió su cuero sintió un escalofrío de anticipación, consciente de que aquel desenlace era fruto de lo que se había estado gestando inevitablemente durante todo el tiempo separados. Se besaron luego se dirigieron a la habitación. Candy señaló la cama con autoridad, y mientras él algo confundido por su orden no dejó de fruncir la ceja mientras se tumba en la cama ella sacó un mechero de un cajón y empezó a encender las velas que había colocado previamente. El apartamento que Terry había rentado había sido poco a poco decorado por ella, la habitación, oscura al principio, se fue iluminando con una tenue luz que la bañó de oro líquido deslumbrante y que les daba vistas de sombras acentuaban cada uno de los movimientos de Candy casi fundiéndose con la luz de la habitación, Terry la observó mientras ella llevaba los brazos, en busca de la parte inferior de su vestido. Con un solo movimiento, se desabrochó los botones de su de su proporcionado escote, quitándose por encima de la cabeza una camisola que dejo que sus pechos emergieron ceñidos bajo el satinado contorno del sujetador, y sus manos se deslizaron lentamente hacia el cierre para quitar el resto de su vestido. Un momento más tarde, ella se apartó de la pila de ropa arrugada a sus pies. Terry parecía hipnotizado cuando ella empezó a avanzar hacia la cama y con un movimiento sensual lo empujó para que se tumbara. Todavía estaba atónito y muy exitado como nunca jamás había estado, preguntándose si ella era consiente de lo sensual que era y lo qué sus muvientos provocaban. Candy empezó a desabrochar os botones de la camisa a Terry y se la quitó por los hombros. Mientras él le ayudaba a liberarse de la camisa, ella le desabrochó el cinturón de los pantalones negros y Terry contuvo la respiración cuando Candy llevó la mano a su entrepierna, y un momento más tarde, él notó el calor del vientre de ella pegado al suyo. Terry buscó su boca con una pasión ardiente. Candy se sentía como su cuerpo era acoplado al de él, más cómoda que en ninguna de las ocasiones similares que hubiera experimentado antes, como si las piezas que faltaban en el rompecabezas finalmente hubieran acabado por encajar. O quizás era la rendición de Candy, Un poco más tarde, Terry se tumbó a su lado y le dijo las palabras que no nunca se cansaría de decirle durante toda la noche.
—Te quiero, Candy —susurró—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Ella buscó sus labios.
—Yo también te quiero —le susurró, volviéndole a ecir esas palabras, Terry supo que todo el peso y lo que había recorrido durante esos días horribles sin ella, ahora por fin se sentía en su hogar. Con la luz de luna todavía alta en el cielo y la luz intensa iluminando la habitación, volvierob a hacer el amor.
Terry despertó sintiéndose solo , se dio la vuelta y al instante supo que Candy no estaba en la cama. Eran casi las cinco de la mañana, Terry se levantó y fue al cuarto de baño, después de constatar que Candy no estaba en el cuarto de baño, se puso los pantalones. Recorrió el pasillo y asomó la cabeza por la pequeña sala , antes de echar un vistazo a la cocina. Todas las luces estaban apagadas. y él se quedó parado pensando lo peor, antes de fijarse en la puerta corredera de atrás, eestaba completamente abierta. Al salir la Casita vio una figura entre las sombras apoyada en la pared. Dio un paso incierto hacia ella, sin saber si Candy deseaba estar sola.
—Despertaste. —Terry escuchó su voz en la oscuridad. Candy se había cubierto el cuerpo con una camisola que había visto antes en su maleta.
—¿Qué haces aquí afueras? —respondió él sosegadamente—. ¿Estás bien?
—Sí. Me he despertado y no conseguía volver a dormirme, pero no quería despertarte. Terry se detuvo cerca de ella, se apoyó en la pared junto a ella ninguno de los dos habló. En vez de eso, se dedicaron a contemplar el cielo. Todo estaba en una calma absoluta; excepto por los grillos y uno que otro animal no turno, mantenían el sonido casi contrayendo una melodía.
—Es reconfortante … —apuntó finalmente ella mirando el crepúsculo.
—Sí —contestó él. —Me encantan las noches como ésta. Cuando ella no dijo nada más, él se acercó un poco más y le cogió la mano. —¿Estás afligida por esto?
—No me arrepiento de nada—declaró, con voz segura. — Me da miedo sentirme así.
Durante un largo momento, ninguno de los dos dijo nada. En la oscuridad, Candy aún podía oír los grillos cantando entre la hierba. Su mente daba vueltas como un torbellino. Candy quería escapar y a la vez quería quedarse para siempre a sí. La vocesita en su cabeza eran un reflejo del lío imposible de desenredar en el que se había metido.
— Eh, ¿ Qué pasa? Insisto al ver que ella hacia gestos? Cuanto más tiempo pasamos juntos, más me cuesta pensar que nuestra relación no tiene futuro. Por más que lo quiero sé que nunca seré capaz de expresarte lo mucho que eso significa para mí, libremente. Porque por más intensa que haya sido nuestra relación, por más enamorada que esté de ti, no podido evitar pensar qué hubieras aceptado a Susana si yo no hubiera acetado esto, Y no es que esté celosa, pero ahora me da miedo en el concepto que tengas de mi y si sentirás lo mismo que ahora sientes por mí en unos meses, o si esta atracción también se acabará. Se que puedo parecerte irracional, mezquina, y quizás lo soy, pero estoy asustada. Cuando estoy aquí todo ese miedo desaparece, pero al irme todo vuelve y no se que pasará después.
Ella hizo una pausa, y Terry se fijó en su pelo, que se mecía ligeramente por la brisa del amanecer. Candy se abrazó a sí misma, con semblante triste.
—Créeme si te digo que sé cómo te sientes, porque yo me siento igual. Pero en estos últimos días, has hecho que me sienta… vivo. Lo único que sé es que estoy enamorado de ti y, nunca antes, en toda mi vida, había estado tan aterrorizado por nada, como me aterroriza pensar perderte. Nunca antes me había sucedido y estoy seguro de que no me volverá a pasar. Jamás había estado enamorado de nadie hasta que apareciste tú (por lo menos, nunca había conocido este sentimiento). No tuve el corage de decirlo cuando pude hacerlo, estaba aterrado y constantemente me habia acobardado pensando que tú no sintieras lo mismo, de este modo, he sido un idiota por dejarte ir, sin luchar por ti. De una cosa estoy seguro: debería haber sido mejor novio. Y mientras considero hasta dónde debería llegar mi amor. En respuesta te dijo que aveces significaba que una persona tiene incluso que mentir. Porque el amor es así: cuanto más intentas , más se te escapa; cuanto más intentas racionalizarlo todo, encuentras algún tipo de justificación. El amor es una cuenta que no cuadra, es mágica llena de ilusión, ligera pero fuerte y sólida como una antigüedad que, sin embargo está lista para romperse con el más ligero soplo. Pero de nosotros dos estoy seguro, siento nuestra fuerza. Terry estaba frente ella. Candy emociona y con todos los sentimientos expuestos y sintiéndose sencible solo pudo evitar su mirada, como si con bajar los ojos supiera que de alguna manera ésa será la razón de la derrota de su amor. Terry agradeció que estuvieran olos en ese momento, llevo una mano bajo la barbilla de Candy para a continuación y con mucha delicadeza, levantarte la cara, y que ell lo mirará a los ojos...
—«No, no será así, Candy, nosotros nunca nos dejaremos... Cuando ella lo vio a los ojos. Terry notó que en su mirada no había malicia. Pero si incertidumbre. Por qué Terry aún no había dado la explicación que ella necesitaba. Saber que había pasados con Susana. Sin embargo no tuvo fuerza para decirle en ese momento y decidió hacer otra pregunta por la que siempre tuvo curiosidad.
—¿Dime que es lo que ves en mi? Pregunto Candy.
—Todo.
—¿Pero supongo que tengo algo que no te gusta¿ no?
—No. — Lo dijo sin dudarlo— No tienes nada que no me guste.
— Mentiroso.
— Te puedo decir lo que me gusta de ti. Al igual que me gustan tus carcajadas, me gustan tus silencios. Me gusta cuando hacemos el amor y me pierdo en tus ojos, me gusta cuando los cierras y disfrutas de mis caricias, y cuando vuelves a abrirlos, me sorprende . no por lo que haya podido suceder, o por esperar encontrar algo diferente, no es el color verde por que ellos siempre seguirán siendo verdes, pero cuando me miras es como si en esa mirada y en ese silencio tuyo yo encontrase un mundo. Están tristes, están alegres, están soñadores, están emocionados, están felices por tenerme dentro de ti. Eso es lo que veo, y muchas otras cosas. A veces los veo interrogantes, como si quisieran saber algo de mí, pero yo no tengo nada que contarte aparte de lo que ya sabes. A veces los veo inquisitivos, como si buscaran en los míos la posible existencia de otra, cuando tú sabes que a un que no pueda demostrarlo ante todos, solo tú tienes mi corazón, y mi mente. Tu dulzura consigue excitarme hasta convertirse en un estímulo. Te veo como una niña cuando ríes pero cuando me besas te veo más adulta, terriblemente mujer, y hasta tus besos se vuelven más ardientes y pasionales. Cuando te acaricio y sin poder creérmelo percibo que enseguida te pierdes, hace que sienta que eres mía. Mía. Sólo mía. Y no sé qué dedo de Dios pulsa mi mente, sólo sé que cuando empiezo a vivirte es como si el mundo de mi alrededor se apagara y, en el mismo instante, se enciende dentro de mí una luz. Sólo una vez, incluso difícil de describir. Y tu rostro cambia, se tiñe de emoción, tus ojos se vuelven brillantes, tus labios más delicados, es como si se transformaran en los pétalos de una flor. Es así como te veo, y la serenidad, la felicidad que transmites me impresiona de una manera única y, por mucho que quiera detener ese instante, recordarlo, fotografiarlo en mi mente, nunca me es posible. Es tan grande su belleza que, cuando sucede aunque sólo haya pasado un momento consigue sorprenderme. No sé si es realmente distinto cada vez, pero es increíblemente bello, único, Te veo como cada puesta de sol, que por los motivos más diversos no se parece nunca a la anterior. Candy desde que tú has entrado en mi vida, la has cambiado es por eso que me da miedo perderte.
Continuará.
