INOLVIDABLE .

CAPÍTULO 4.

SUSANA

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El vivir juntos era un paso más hacia delante o sólo una forma de alargar el presente. Susana necesitaba que Terry se le declarase. Se quedó pensativa unos instantes. La verdad era que… empezaba a tener sospechas, sobre el extraño cambio en el comportamiento de Terry, aún que él había dado su palabra, ¿debía confiar en que la cumpliría? Pero acaso él no quería esperar hasta que estuviera estable, y con un mejor nivel económico, algo que ella aprobaba indiscutiblemente, lo cual la llevaba inevitablemente, a formularse preguntas que se habían ido gestando cada vez que pasaban tiempo juntos.. O los diez minutos que últimamente estaba con ella. Entonces, ¿cuándo estaría él preparado? ¿Realmente llegaría a estarlo algún día? Y, por supuesto, ¿por qué él no estaba preparado para casarse con ella? ¿Había algo malo en querer casarse en lugar de simplemente vivir juntos. Había llegado un momento en que ni tan sólo estaba segura sobre esa cuestión. Podrian casarse y vivir juntos, e ir creciendo económicament. No quería estar como esas parejas que pasan tantos años juntos que tienen la certeza de que acabarán casándose algún día, y al final no lo hacen; en cambio otras saben que nunca iban a casarse, por lo que hacen es irse a vivir juntos, ¿y la moralidad? Pero ella? Donde quedaba lo que deseaba. Tener esos pensamientos le provocaron dolor de cabeza. Pero también estaba el otro asunto. Terry y su comportamiento. En un principio llegó a pensar que Terry empezaba a tener afecto e incluso imagino que quizás fueran sentimientos por ella. La primera semana después de que salió del hospital Terry estaba malhumorado, y no disimulaba que estar a su lado no era lo que él quería. Además siempre parecía perdido en sus pensamientos. Pero un mes después algo pasó por que de pronto Terry ya no parecía molesto, en ocasiones lo encontraba sonriendose así mismo, y no solo eso, comenzó a tener pequeñas conversaciones y ser más amable con ella. Incluso se interesaba por su salud y constantemente se involucraba en las decisiones que ella decidia llevar a cabo. Hasta había apoyado su decisión de seguir un tratamiento terapéutico para realizar en la pierna. Hasta entonces penso que todo eso estaba bien y por sus puesto que pronto formalizarian su relación abiertamente. Sin embargo las visitas a su madre se hicieron más a menudo. ¿ Tanto necesitaba Elynor que Terry se quedara dos o tres días a la semana en su casa? Desgraciadamente Susana no tenía una buena relación con Elynor, posiblemente lo hacia para molestarla. Esa era lo que se había imaginado. Ahora no estaba más segura. ¿ Habría alguien más? Lo último que deseaba era complicarse con tantas preguntas que no le daban respuesta, ya que le parecía que su vida ya era bastante complicada. De algo estaba segura era que amaba a Terry, y estaba convencida de que él terminaría amandola, incluso más de lo que alguna vez amo a otra. Sería paciente, comprensiva, Recordo las últimas palabras que él le dijo cuando ella le cuestióno su ausencia.

—Ya me has oído. Lo último que quiero en mi vida es a una desquiciada. No quiero herir tus sentimientos, pero hace tiempo que aprendí a distinguir a las personas que no están en su sano juicio y es mucho mejor apartarme de ellas.

Susana no quería alejar a Terry de su lado. Lo mejor era ser comprensiva, apoyarlo. Si eso es lo que haría una buena esposas, ¿no? Se iba abstraer de hacer reproches, ni lo acordaría con preguntas. Hubo un tiempo en que él se sintió atraído por ella, estaba segura de eso, y de que no le era indiferente. Allí era donde debía continuar, solo así él se daría cuenta de que la quería y entonces no tenía sentido seguir aplazando su boda.

A pesar de que ahora sonará ridículo, era la decisión más importante que había tenido que tomar en toda su vida.

Días después, algo cambió entre ellos, fue inesperado, pero era lo que Susana más anhelaba que sucediera.

Se había puesto un vestido rosa pálido. que tenia un escote bastante pronunciado dejando expuesto el inicio de su busto, y después de siete meses salió de casa para ir a teatro, por qué apesar de todo ella seguía amando ese lugar.

Ella lo miró con escepticismo, y Terry estaba sorprendido por verla en el teatro. Había dado por hecho que después del accidente, Susana no volvería a querer estar en un escenario. Entonces se dio cuenta de que no conocía nada de ella, y no había tenido ningun interés en eso, pero ahora el estaba en deuda con ella, no solo eso, Susana vivía con él. Iba a ser su prometida en cuanto él decidiera. Aunque en ese asunto no quería pensar por ahora, tenía prioridades. Sin embargo mientras miraba a Susana vio que vivía con una extraña. Sintió remordimiento. Un peso cayó en su espalda y no le gustaba.

—Me siento viva cuando lo miro. — Empezó a decir y Terry la observó sin comprender su diálogo hasta que miró lo qué ella estaba viendo . El escenario. Fue como un puñetazo en el estómago.

— A veces tengo que acercarme y tocarlo. Es tan real…, las formas, las cortinas, los colores… Incluso a veces sueño que estoy allí con una sonrisa mientras recibo aplausos. Es increíble. Puedo pasarme horas contemplándolo.

—¿Lo dices en serio? —inquirió mirándola con ojos incrédulos. Él creía que et era el único que lo veía así. Terry miro más detenidamente a Susana y se le hizo ye estaba más arreglada, ya no como la mujer que últimamente se había mantenido en una silla, sin ganas a hacer nada. Ahora parecía tener vida, sueños.

—Completamente, te lo aseguro. Guardó silencio.

—No me dirás que nadie te había dicho antes que tienes talento, ¿eh?

—Mi profesor sí —admitió Susana un poco timida—, pero supongo que no lo creí. Terry pensó que había algo más. Susana desvió la vista antes de continuar.

—He actuado desde que era niña. Supongo que cuando empecé a tener criterio, pensé que se me daba bien. Y además me divertía. Recuerdo cómo me esforzaba en aprender las obras. dedicaba un rato cada día, retocándolo a medida que cambiaba. Ni tan solo recuerdo cuándo lo empecé o cuál era mi intención al principio pero, de algún modo, evolucionó hasta. Se quedó en silencio. Hasta el accidente, pensó Terry.

—¿Crees que alguna vez volverás al teatro? Dijo para cambiar el diálogo pero sin querer dejar el tema.

—No estoy segura de que sea capaz de hacerlo; ha pasado mucho tiempo.

—Pero todavía puedes hacerlo. Sé que puedes. Tienes un talento natural que nace directamente de tu alma. Es un don que no se puede olvidar. Eso a lo que tantos otros solo aspiran, tú lo tienes. Eres una artista nata, Susana abrio los ojos como platos. Terry ronunció esas palabras con tal sinceridad que ella supo que no las decía simplemente para quedar bien. Él creía de verdad en su talento, y para ella eso significaba más de lo que había esperado. Pero entonces sucedió algo más, algo incluso más poderoso. ¿Por qué sucedió? Ella nunca lo supo, pero fue en ese preciso instante cuando la brecha empezó a estrecharse, la brecha que ella había abierto en su vida para separar el dolor del placer. Y entonces sospechó, aunque tal vez inconscientemente, que en aquella relación con Terry había algo que jamás se había atrevido a admitir. Pero en ese momento todavía no era plenamente consciente de ello, así que se volvió para mirarlo. Alargó el brazo y le acarició la mano, con inseguridad, con gentileza, sorprendida de que él supiera exactamente lo que ella necesitaba oír. Cuando sus ojos se encontraron, Susana se dio cuenta de lo mucho que Terry significaba para ella. Y por un efímero momento, un minúsculo espacio de tiempo era que se iba enamorando más de él.

Intentó recordar la última vez que ella había charlado de esa manera. A pesar de que su prometido sabía escuchar y que casi nunca decís algo, no era la clase de hombre al que le gustara sentarse a charlar. Al igual que su padre, no se sentía cómodo compartiendo sus pensamientos y sentimientos. Ella había intentado explicarle que necesitaba sentirse más cercana a él, pero lo cierto era que nada había cambiado. Pero entonces sucedió y todo empezó a Cambiar.

—Será mejor que te la pongas. No quiero que te manches el vestido. Ella se la puso y olió la fragancia que desprendía la tela: el olor a Terry, inconfundible, natural.

—No te preocupes —le dijo él al ver su expresión—. Está limpia. Ella río.

—Lo sé. Lo que pasa es que me recuerda una noche me ofreciste la chaqueta, ¿te acuerdas? Terry asintió.

—Sí. Estábamos terminando el ensayo, no parabas de de propinarme codazos durante todo el camino hasta que llegamos a casa de tu madre , intentando convencerme para dármela.

—Pero no lo hiciste.

—No —contestó, sacudiendo la cabeza.

—¿Por qué no?

—No lo sé. En ese momento no me pareció oportuno.

—Ahora que lo pienso, sí que eras un poco tímido.

—Prefiero definirme como «cauto» —replicó él, guiñándole el ojo, y Susana sonrió. Las verduras y los platos ya estaban listos. Habían preparado una cena juntos.

—Ten cuidado, está caliente —le advirtió Terry mientras le pasaba la bandeja, y se sentaron el uno frente al otro en la pequeña cocina de madera. Entonces Susana se dio cuenta de que la tetera estaba todavía en la encimera, así que se acercó con la silla y la llevó hasta la mesa.

Al principio se sentía patosa, nerviosa al pensar que él estaba viendo todos los errores que cometía, pero luego comprendió que esos pensamientos eran fruto de su propia inseguridad. Terry no daba importancia a esas pequeñeces; jamás lo había hecho.

—¿Y cómo está tu madre? —se interesó ella. Terry tardó un segundo en contestar.

Qué podría decirle. Pensar en Candy fue otro golpe, pero esta vez en su corazón...

Continuará.

Saludos lectores. Gracias por acompañarme nuevamente en otra historia.

Jill Valentíne.x.