INOLVIDABLE.
CAPÍTULO 5.
Siguieron conversando durante un rato, sorbiendo té, en silencio, cada uno perdidos en sus pensamientos. El impulso que había guiado a Terry a ese momento había desaparecido, y a él no le gustó la repentina sensación que comenzó a invadirlo, le preocupaban los sentimientos que podrían haber ocupado la mente de Susana, la agitación que había empezado a filtrarse por cada poro de su piel, él podía escuchar cada cambio en cada exhalación , intentó ignorarlos, negarlos, zafarse de ellos, pero se dio cuenta de que tampoco quería que ella siguiera albergando esperanzas que nunca serían hechas realidad . Pero como hacerlo sin herirla todavía más. pero entonces se dio cuenta que Susana no le suscitaba las emociones que Candy le hubiera hecho sentir en ese momento. Pensó que si en lugar de Susana fuera Candy quién estuviera allí seguramente ya habían hecho el amor varias veces, pero Candy no estaba allí , era Susana quién estaba intentando provocarlo. Pero eso no podía ser, era imposible, y probablemente nunca lo conseguiría. Quizá por eso nunca habia intentado, ni se había acostado con ella. Susana lo había intentado al principio por supuesto , numerosas veces, recurriendo a mil tácticas, desde coqueteos discretos, hasta a apelar a su culpabilidad, como si acostándose con ella fuera a saldar la deuda por salvarlo del accidente. Después del accidente se había dado por hecho que Terry iba a casarse con Susana, llegaron a la conclusión de que podrían empezar a vivir juntos, pero ahora que vivian los dos juntos no tenía el valor de formalizar, si , él era un desgraciado que no tenía el valor de hacerla su esposa, simplemente por qué amaba a otra. Pero a Susana no parecía importarle que él no cumpliera con su deber, pero ella no se daba por perdida. Al principió cuándo Susana llegó a vivir a su departamento , Terry llegaba tarde, casi siempre. Pero notaba qué la habitación de Susana se encontraba con la puerta abierta, y por qué, inevitablemente tenía que pasar por allí para llegar a su habitación, entraba a la habitación de Susana extrañado de ayarla despierta, pero cuando la veía recostada sin cubrise era todo lo que encontraba, una mujer durmiendo con muy poca ropa, no iba a negar que estuvo tentado muy tentado, acababa de terminar con Candy, sus sueños de hacer una vida juntos se había roto. Terry tenía sentimientos y resentimientos, aunque no los dejaba entrever, y en esos momentos frente a él había una mujer disponible. Fue como encontrar un vaso de agua en el desierto. pero no era Candy, Sólo era un cuerpo de una mujer que no amaba, era un físico bonito, Un cuerpo que quizás hubiera bastado para cualquier otro, pero no para él. No era un santo. No..., qué va. Pero en lo que a relaciones sexuales se refería, el era precavido, y aún que tuvo algunas cuantas mujeres, tenía mucho cuidado al elegir a su pareja sexual. El cuerpo humano necesitaba el acto sexual para tener relajación. Lo habia hecho, por supuesto pero sin ningún sentimiento incluido, Sin embargo la primera vez que había visto a Candy fue como un hechizo. Por qué no volvió a sentirse exitado por ningun otra. Susana pareció comprenderlo después de que él no mostro cierto interes por ella, lo que llevo a muchas veces, Terry se preguntaba si se sentiría muy herida cuando el no intentaba acercarse a ella por más tentadora que fuera la treta, pero Terry sabia que había algo más que la empujaba a Susana a guardar silencio, algo que tenía que ver directamente con su corazón. Tanto lo amaba para soportar ser rechazada, o simplemente tenía una obsesión con él. Para entonces lo más importante, lo único que contaba, y no le quedaba la mas minima duda era que la atracción que había sentido por Susana cuando llegó al teatro poco a poco fue desapareciendo. Quizás era por qué no le gustaba ser forzado a hacer algo que no quería, por eso precisamente tenía tanta confianza de vivir con ella. De lo contrario no sabía que podía haber ocurrido entre ellos. Sin poder evitarlo sus pensamientos se dirigieron a Candy y lo que había habido entre ellos, era lo más bello que tenía de esos recuerdos , pero también notaba que con ello no le bastaba. Terry quería algo más con Candy, algo diferente; pasión y romanticismo, quizá, o a lo mejor gozar de conversaciones a la luz de las velas, o quizás algo tan sencillo y tan imposible a la misma ves como poder amarse libremente, dejar de esconderse. Recordó todo lo que Candy y el habían hecho. Cada momento era mágico, cargado de sensaciones nuevas. Alegría, amor, paz: era como quien llega a su hogar después de un viaje largo , Muchas veces se preguntó si Candy había compartido los mismos sueños que él durante todos aquellos meses que habían estado separados. ¿Alguna vez había soñado que volvían a estar juntos, que se abrazaban y se besaban bajo la luz de la luna? ¿O incluso habría ido más lejos y había soñado con sus cuerpos desnudos? Terry contempló las estrellas y recordó la infinidad de noches solitarias que había estado soportado desde la última vez que la había visto. El hecho de saberla suya de nuevo había avivado de nuevo todos aquellos sentimientos, y ahora le parecía imposible contenerlos, confinarlos otra vez a un espacio situado en lo más recóndito de su ser. Y en ese momento supo que quería volver a hacer el amor con Candy , y quería que ella le correspondiera, amándolo también. Era lo que más necesitaba en el mundo. Sin embargo, se daba cuenta de que eso era impensable, imposible, Candy no estaba allí con él. Volvió a ver a Susana . Nada. No sentía nada. Pero se dio cuenta de que era momento de terminar con la velada. No podía permitir que ella se ilusionara más con él. Era lo mejor para los dos.
Susana también estaba perdida en sus propios pensamientos. Sabía que recordaría aquella noche como uno de los momentos más especiales de su vida. Mientras tomaba el té, se dedicó a repasar cada detalle de la velada, una y otra vez. Todo lo que habían hecho le parecía mágico, cargado de energía electrizante. Sentada frente a él se preguntó si él estaba compartiendo los mismos sueños que ella todo ese tiempo, que habían estado compartiendo. ¿Alguna vez ha soñado con estar juntos, que se abrazaban y se besaban bajo la luz de la luna? ¿O incluso de ir más lejos, y si había pensado con sus cuerpos desnudos? Casi estaban a punto de formalizar abiertamente su relación y luego iban a casarse entonces, ¿por que esperar? Contemplo a Terry y adivino por su silencio que estaba pensando en ella, y se sintió halagada. No sabía exactamente cuáles eran sus pensamientos, pero le daba igual; el mero hecho de saber que se referían a ella le bastaba. Recordó la conversación que habían mantenido durante la cena y volvió a pensar que estaba atraído por ella. Por alguna razón, no conseguía visualizarlo con nadie más, ni tan solo compartiendo sus sueños con otra mujer. Terry no parecía de esa clase de hombres que tuvieran amantes, O si lo era, ella se negaba a creerlo. Dejó la taza de té en el suelo y se pasó la mano por la melena lacia al tiempo que entornaba los ojos. Dispuesta a entregarse a su pasión .
—Estás cansada, —le preguntó él, liberándose finalmente de la prisión de sus pensamientos. —Susana abrio la boca pero no pudo decir nada por qué Terry se adelantó. —Tengo que levantarme temprano , si no te molesta iré a descansar. Buenas noches Susana.
Susana notó que todo se desmoronaba a su alrededor y se sintió desbordada por un incontenible sentimiento de desesperación. Si alguien la hubiera visto en ese momento, habría pensado que parecía más vieja, como si en tan solo un par de horas hubiera envejecido medio siglo. Una pobre anciana inclinada sobre la silla con la cara hundida entre las manos y lágrimas en los ojos. Que no pudo evitar, Susana no podía parar de llorar.
Terry no debía haber propuesto la cena. Todo tenía que haber seguido como siempre. Mostrando interés por su recuperación, preguntarle si se encontraba bien, cualquier cosa que una persona puede preguntar por educación, pero no invitarla a cenar, no reír más que lo minimamente necesario. Mucho menos recordar otros tiempos compartidos. Pero claro quería conocer más de ella, ¿pero tenía sentido? Últimamente no hacía mas que complicarse la vida. Estaba perdiendo el buen hacer, los años de crianza con los mejores instructores sobre como ser un hombre respetable no sirvieron de nada. Se había atrevido a proponer a Candy que fueran amantes. A Candy , que era una estrella en el cielo, a Candy que estaba echa para ser admirada. A ella, él le había arrebatado su brillo. Era un desgraciado machista que no quería dejarla seguir brillando. Era solo suya, y lo sería toda la vida. ¿Acaso Candy no merecía ser feliz con alguien que no tuviera que esconderse? Terry no se contestó , pensar en eso le dio mucha rabia y lo invadieron los celos,. Si, él era un mal nacido hijo de puta que no permitiría que Candy se alejara de él. Pero como herirse así mismo era lo único que sabía hacer, Y allí mismo imaginó a Candy siendo invitada a cenar con otro hombre. Otro que no era él. "Maldita sea su vida". Necesitaba saber que Candy no estaba a hora mismo cenando en un sitio romántico con otro. Necesitaba recordarle que ella era solo suya. Maldita sea tenía que verla. Esa noche escribió una carta que fue enviada esa misma noche. Terry conocía a un muchacho que hacía el viaje sin detenerse con tal de ganar algo de dinero para llevar a su casa, Terry era caritativo con él desde que lo conoció por casualidad el chico se ganó su confianza, era discreto y hacía las cosas sin preguntar. Y sabia que nunca diría nada.
Al día siguiente muy temprano Terry salió por el periódico, se dirigió como todos los días a contemplar el mar. Era parte de su rutina ya sé había enamorado de Candy en el océano. Además era la manera y la excusa para salir de su casa, y evitar tener que ver a Susana. Solo iba a casa para cambiarse antes de ir al teatro, no volvia sino hasta después de la media noche. Por supuesto en alguna ocasión tenía que permanecer en casa para llevar a Susana al medico, o atender algún asunto importante. Hasta ese momento la madre de Susana se había ocupado de ella. La señora llegaba después de las 7am y se iba cuando dejaba a su hija en la cama. Era como si la señora Marlow y Terry evitarán encontrarse, y realmente eso hacían. Terry sabía que debería pasar más tiempo con Susana pero su desamor se lo impedía. Susana se mostraba comprensiva, en ese momento se sintió culpable por no haberle dedicado más tiempo, simplemente no era fácil hacerlo qué decirlo. Pensó en Candy, La amaba, no le cabía la menor duda. No solo era bella y encantadora, sino que se había convertido en su más sólido apoyo y en su mejor amiga. Después de todo, ella era la primera persona que ocupó su mente y su corazón, y tenía la sospechas de qué si la hubiera conocido hoy igualmente sería ella la mujer que él amaría toda la vida.. Candy lo escuchaba, reía y lo hacía reír, y tenía el don de decir siempre lo que él necesitaba oír. Pero más que eso, Terry admiraba su sinceridad, su franqueza. Sin embargo en ese momento no era suficiente.
Ese día volvieron a encontrarse.
—Así, tal y como ahora, es como una vez fue en otro momento. Cuando éramos adolescentes. Ella sonrió, pues había estado pensando lo mismo, y los dos contemplaron el fuego y el humo, el uno junto al otro.
—Ya sé que no me lo has preguntado, Terry, pero quiero decírtelo.
—¿El qué? La voz de Candy había adoptado un tono más serio.
—Nunca ha habido otro hombre. No solo fuiste el primero, sino el único con el que quiero estar. Solo quería que lo supieras. Candy se inclinó hacia él y el calor fue evidente entre ellos, empezó a temblar con la misma anticipación que había sentido la primera vez que estuvieron juntos. Le parecía tan natural estar allí, todo parecía tan correcto… El fuego, el vino, la tormenta… No podría haber sido más perfecto. Parecía incluso mágico, como si el tiempo que habían estado separados carecieran de importancia. Era como regresar a la villa.
Quizás es razón por la que nos duele cuando nos separamos Candy, es porque nuestras almas están más que enlazadas. Son sólo una. Quizá siempre lo han estado y siempre lo estarán, y lo han sido, quizás es porque hemos vivido cientos de vidas antes que esta, y en cada una de ellas nos hemos vuelto a encontrar. Quizás en cada una nos hemos visto obligados a separarnos por las mismas razones. Eso significa que habrá un adiós... un adiós por los últimos cien mil años como un preludio de lo que vendrá.
No. Esta vez no será así, No será , por que hemos burlado al destino. Había dicho ella.
Candy había dormido con la camisa de Terry y captó su fragancia, mientras recordaba lo observó dormido. Pensó en las risas relajadas y en la conversación distendida, y sobre todo en lo que él le había dicho acerca de su amor. Había sido un comentario tan inesperado, y a la vez tan… Mientras repasaba aquellas palabras mentalmente, se dio cuenta de lo mucho que se habría arrepentido si hubiera decidido no volver a verlo. Pero allí recostada en ese momento, tenía la impresión de estar escribiendo una hipótesis de que su destino era estar siempre separados. A menos que esta vez las estrellas hubieran cambiado sus designios desde la última vez que habían estado juntos. Tenía la esperanza de que podría haber otro final.
Paso un año y luego dos. Dos años que nadie más sabía de su amor, Dos años que fueron felices. Dos años haciendo el amor. Dos años jugando con el destino.
Susana contemplaba un punto con semblante preocupado. Terry se había marchado el día anterior. Susana miró el reloj eran las ocho de la noche. Volvió a consultar el reloj: las diez menos cuarto. ¿Dónde estaba? Sabía que no tenía función
Sacudió la cabeza y se deslizó en la silla. Miro a través de la ventana , todo estaba en silencio. Como de costumbre. Pero eso era normal. Entonces por qué no se sentía tranquila , En ese momento le inquietaba un pequeño detalle. No tenía nada que ver con ella y su salud ya que en ese sentido todo iba bien. Era algo relacionado con Terry. Por desgracia, no sabía exactamente de qué se trataba. Pensaba qué después de la gira Terry restringiría las horas de trabajo; sí, era un deseo que se hacía a sí misma. Le había pedido a Robert que organizara los ensayos para asegurarse de que Terry no excedía en su tiempo, para no tener la impresión de que se pasaba el día en el teatro, así que por allí no iba. Pero su mente no la dejó sin recordarle del pequeño detalle que la inquietaba. Susana clavó la vista en el techo. ¿El teatro Sí, eso era. Cerró los ojos y permaneció pensativa durante unos segundos. No, nada. Entonces, ¿por qué su mente decía que había un detalle? «¡Vamos, no me falles ahora! ¡Piensa, maldita sea, piensa!»
Tengo algo importante que hacer le dijo Terry antes de dejarla sola la noche anterior, pero había algo más..., ¿pero... que. Qué era...? «Candy» El nombre apareció en su mente de forma repentina. Eso era. El pequeño detalle, o parte de ello. Sin embargo, había algo más… Candy, volvió a pensar, en el nombre. Terry había estado en la ciudad de Chicago durante la gira, Terry también se había detenido allí. Nada especial. Susana y Terry habían estado allí juntos una sola vez. Pero él sí que había estado antes en esa ciudad… Poco a poco regresó el detalle que no encajaba, poco a poco iba tirando del hilo… pero aún había algo más… Chicago… y… y… algo que había oído en una fiesta. Un simple comentario que habían dicho. En ese momento no le había dado importancia, pero… ¿qué había dicho Karen? Y al recordarlo, al recordar lo que había oído en aquella fiesta, al recordar lo que había dicho karen, palideció. Era algo sobre que Candy seguía enamorada de un antiguo amor. Karen lo había descrito como su primer amor como julieta . «¡Y qué!», había pensado ella al oír el comentario, y se había vuelto para mirar a Terry con una sonrisa. Pero él no había sonreído. Más bien estaba furioso . Entonces Susana supuso que él había amado a Candy mucho más de lo que creia. Quizás incluso mucho más de lo que imaginaba. Susaaa juntó las palmas de las manos, y se las llevó a la cara. ¿Una coincidencia? Quizá no era nada. Podía ser simplemente lo que él le había dicho; podía solo ser un asunto importante. Incluso probable. Sin embargo… ¿Y si…? Susana consideró la otra posibilidad, y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo. «¿Y si…? ¿Y si ella está con él?» Maldijo su inmovilidad deseó que se hubiera tenido la prótesis y poder haber acompañado a Terry. ¿Le habría dicho la verdad? Esperaba que sí. Cuando se iba nunca se había sentido preocupada, en absoluto; al menos esa era su impresión. Pero después del comentario en el teatro y la ausencia de Terry. El comportamiento y no formalizar su relación en dos años . Había tenido un presentimiento extraño. Y todo por un pequeño detalle. Sí, un detalle. ¿Algo insignificante? ¿Algo importante? «Piensa… piensa… ¡Maldita sea! ¿De qué se trata?» Se concentró más. «Algo… algo… ¿Algo que Terry había dicho en voz baja?» ¿Qué? Y lo recordó.
Siempre ella será Julieta.
Saludos.
JillValentine.x
