INOLVIDABLE

CAPÍTULO 6.

Margaret Marlow estaba preparando la cena de Susana cuando escuchó el ruido de vidrios romperse, corrió para ver que sucedía. Se asusto al ver a Susana llorado en el suelo y maldiciendo. Se acercó a ella.

— ¿Qué pasa...? Detente, Susana te harás daño. Susana estaba tirando objetos en todas direcciones. parecía que se había vuelto Loca.

–La odio. La odio. Ella me lo quiere quitar. Y él... Si estoy así es por su culpa.

—Cálmate hija. Cuéntame de que estás hablando. ¿Quien te lo quiere quitar? ¿ Quién tiene la culpa? Susana detente .

se interrumpió, molesta, tenía que aprender a bajar la guardia. Su resentimiento o le estaba haciendo ningún bien y ella era la menos indicada para actuar como una resentida. Si había pasado el accidente , era porque así lo había decidido y no porque fuera su única opción.

Después de contarle a su madre Susana pareció olvidarse de seguir su diatriba. Finalmente su madre se encargaría del asunto y todo iba a salir bien. Haría lo que su madre dijo. Si quería ganar era mejor no reclamarle a Terry nada. Nunca le diría que ella sabía de su traición.

—Así, tal y como estamos ahora, me recuerda a otros tiempos. Cuando éramos adolescentes. Terry sonrió, pues había estado pensando lo mismo,. Y los dos contemplaron el fuego y los movimientos que hacían sus llamas, el uno junto al otro, abrazados, y volviendo hacer el amor. Cuando estaban juntos todo lo demás desaparecía. Cuando estaban juntos eran capaces de enfrentar al destino.

Terry apoyó la cabeza en su hombro. Miró a Candy un momento, luego la estrechó entre sus brazos tiernamente, sorprendido y asustado por la fuerza de sus sentimientos. Pero cuando ella alzó la cara para besarlo, sintió que sus temores se disipaban en un creciente sentimiento de satisfacción. A Candy le resultaba muy difícil mantener los ojos apartados de él, pero Terry parecía perdido en un túnel de emociones. Candy se enderezó quedándose frente a él.

— ¿Qué pasa, Terry?

Él dirigió su mirada zafiro a la mirada de Candy..

—No quiero perderte, Candy. No puedo imaginar ver que regresas a Chicago y fingir que nada de esto ha sucedido. No puedo imaginar no estar aquí sentado contigo. —Tragó saliva—. Y en estos momentos, no puedo imaginarme con otra mujer. No puedo amar a otra. Candy no estaba segura de si lo había oído bien, pero cuando vio el modo en que él la miraba fijamente, comprendió a qué se refería. Y sin poder remediarlo, sintió que sus últimas defensas la abandonaban y supo que ella también se había enamorado de Terry. El sentimiento de "Te quiero" , había pasado al de "Te amo".

—Los días que he pasado contigo me han enseñado lo que realmente me falta en la vida. Cuanto más rato pasamos juntos, más puedo imaginar que nuestra relación tenía un futuro. Pero...

— No lo digas. Terry la silencio . no quería pensar que el destino estaba allí, oculto y paciente, esperando para atacarlos sin piedad.

A la siguiente mañana Terry y Candy , se prepararon para ir a la playa, Terry le había dicho que era una sorpresa y que lo único que diría era que iban a ir en un bote. Durante el trayecto Candy no paro de insistir para que le dijera de que se trataba, pero apesar de qué hizo toda clase de pucheros, él no dijo nada. Así pues Candy terminó por darse por vencida. Alcabo de lo que le pareció una eternidad. Ella vio como Terry estaba maniobrando con el bote.

— Muy bien, ya hemos llegado —anunció Terry, al tiempo que guiaba la embarcación hacia unos árboles cercanos a la orilla. Candy miró a su alrededor, pero no distinguió nada especial.

—¿Aquí?

—Aquí. — Le confirmó —. Espera y cierra los ojos —le susurró, y Candy obedeció, cubriéndose la cara con las manos.

—Ya.

— Un momento — anunció Terry al tiempo que ataba el bote en el borde frente a un puente—. Candy volvió a insistir , y Terry sonrió por su curiosidad. —Ya puedes abrir los ojos.

Candy bajó las manos y abrió los ojos, para inmediatamente formar una "o" perfecta en los labios.

—Oh... Dios mio! Habían un montón de aves. Era espectacular. Estaban rodeados de cisnes y patos. Había lo que pensó qué eran miles de aves, tantas que en determinados puntos apenas se veía el agua. Alzó la vista y vio que a lo lejos, los grupos de cisnes parecían cortinas de nieve tan blanca como la que recordó de su infancia.

—¡Oh,Terry! —Candy acertó a expresar, maravillada por lo que veía —. ¡Es… es precioso!

Terry miró a Candy, en ese momento volvió a sentir una punzada en el corazón. De repente otra vez el miedo comenzó a invadirlo. Miedo de no escuchar su risa, de no tocar su pelo, ni de enroscar un riso en su dedo, miedo de no ver sus ojos verdes llenos de vida. Pero tuvo miedo de perderla. Lo sintió. sintió como el miedo se enroscaba en su estómago. Cerro los ojos.

Cuando la miro, veo su belleza y su gracia y cómo sus rasgos se han ido fortaleciendo con cada momento que hemos pasado. Sé que en todas las vidas anteriores la he buscado, no a alguien como ella, sino a ella.

Me encantaría decirle que todo saldrá bien, y esta vez deseo hacer todo lo que pueda para asegurarme de que así sea. Y si eso me hace ver como un hombre sin palabra, sin honor. No me importa, prefiero mil veces eso, a vivir sin ella.

Una vez el miedo se fue disipando, Terry supo lo que tenía que hacer. Hablar con Susana , acerle entender que si se unían en matrimonio ambos solo serían infelices. No la iba a abandonar . Ella siempre contaría con su ayuda, y Terry siempre estaría en deuda con ella. Pero no podía ofrecerle más. Susana tenía que aceptarlo.

Mientras el tiempo transcurría plácidamente, Candy y Terry contemplaron en silencio el paisaje. Terry se fue arrimando más a Candy, hasta que al final la rodeó con un brazo por encima del hombro. Candy inclinó la cabeza hacia él, sintiéndose cómoda con ese contacto, y observó satisfecha el juego de la luz del sol que se filtraba a través de las nubes.

—¿En qué piensas? —le preguntó Terry al cabo de un rato, rompiendo un silencio particularmente largo, aunque grato.

—Estaba pensando en que este fin de semana ha pasado de una forma natural. Candy lo miró a los ojos—. Es como si hubiéramos hecho esto en otro tiempo.

Una semana después, Candy estaba en su apartamento. Pero no estaba sola. Ella y Albert estaban compartiendo una agradable conversación sobre el futuro de Candy,. Algo que a Albert le interesaba concluir. Quería que su protegida fuera feliz. Otro asunto pensó Albert , era que Candy siguiera sola. Pero se llevó una sorpresa por lo que encontró. Su amiga estaba radiante. Sus sonrisas eran reales. Creía que por fin había superado lo ocurrido con Terry. No sabía cómo sacar el tema. Mientras los dos estaban lavando los platos, llamaron a la puerta. Albert dejó a Candy en la cocina. Cuando más golpes insistentes se escucharon.

—¡Ya va! —gritó Albert . Pero quienquiera que fuese, seguía aporreando la puerta. Albert ya casi había llegado cuando nuevamente se escucharon los golpes insistentes.

—¡Un momento! —gritó una vez más enfadado por la impaciencia al mismo tiempo que abría la puerta para ver de quién se trataba

—Oh... Vaya… Por un momento se quedó mirando a una mujer de unos cincuenta años. Una mujer que habría reconocido en cualquier parte del mundo. Se había quedado sorprendido por la visita inesperada, mientras se preguntaba que hacía la madre de Susana buscando en el apartamento de Candy. Tendría que ver con Terry seguramente. No le gustó el pensamiento que llegó a él. Cualquiera que fuera la noticia, no era nada bueno..

—Hola, busco a Candy— saludó la recién llegada. Albert tenia un nudo en la garganta y no dijo nada.

—¿Puedo entrar? —Volvió a decir Margaret Marlow con voz serena, sin revelar sus intenciones. Albert tartamudeó una respuesta mientras la visitante pasaba delante de el, deteniéndose junto a un pequeño sofa.

— Puedo hablar con Candy —dijo Margaret Marlow. Albert intento negar, pero justo en ese momento se escucho la voz de Candy.

— ¿Quién es? Grito Candy.

Silencio.

— Es la madre de Susana. —Tras in breve silencio Albert finalmente respondió. El ruido de un plato haciendo añicos contra el suelo le dijo a Albert que la visita también había sorprendido a Candy. Un segundo después apareció Candy. Albert no supo que pensar cuando Candy apareció deteniéndose a su lado. No parecía tan sorprendida cómo penso al principió. Y eso no hizo sino que confundirlo. La estancia nuevamente quedó en silencio mientras Candy se preguntaba qué iba a pasar a continuación, pero Margaret permaneció callada.

—¿Por qué ha venido? —le preguntó Candy al final. La señora Marlow enarcó una ceja.

—Me parece que soy yo quien debería hacerte la pregunta. Candy palideció. —He venido porque tenía que hacerlo —respondió la mujer—, y estoy segura de que es por la misma razón que te puedes imaginar ¿o me equivoco? Candy asintió. —Es increíble como el destino nos pone en el camino ¿verdad?

—Sí —respondió escuetamente, y Margaret guardó silencio solo un segundo apretando los labios. —Sé que no me creerás. — continuó Margaret —, pero me habías caído bien, Candy. Sin embargo, no me parecías que fueras la clase de mujer que tiene amoríos con un hombre prohibido ¿Puedes entenderlo? Candy sacudió la cabeza mientras contestaba con un tono bajo:

—No, no lo comprendo. Para mí no fue justo, ni tampoco para Terry de lo contrario, yo no estaría lejos de él y usted no estaría ahora aquí. Margaret no apartó la vista de ella ni un momento, pero no dijo nada. Albert, percibió la creciente tensión entre ambas, decidió intervenir: pensando obviamente que el comentario de Margaret Marlow era un asunto que tomar muy enserió.

—Creo que es mejor que se vaya. Pero Margaret ignoró a Albert y siguió mirando a Candy.

—Esto se trata de Susana. — Continuó Margaret —Dos dias atras Susana habló conmigo sobre Terry, ella lo sabe todo. No creo que puedas imaginarte como se sintió. No comprendo por qué Terry la llevo a vivir con él sino tenía intenciones de formalizar. No entiendo por qué sigue actuando con mí hija como si le importara — La expresión en el rostro de Candy se había ensombrecido con cada palabra que decía argaret Marlow sentía como todo a su alrededor se desmoronaba. Se quedó allí de pie, sin moverse, mientras las palabras giraban dentro de su cabeza. "Terry y Susana vivian juntos" " Terry y Susana viven juntos" Sin duda el golpe fue directo a su corazón. Aplastado y rompiéndose cada uno de los mil pedazos en mil pedazos más. "Terry y Susana vivian juntos". ¿Por qué? ¿ Por qué Terry no se lo dijo? Tanto era el dolor que sentía que no pudo disimular , y Albert se dio cuenta de qué era lo que estaba sucediendo. Sintiendo como lo invadía las emociones, enfado, tristeza, desilusión. Se fijo en Candy. Ella estaba transparente, con la mirada perdida, tenía lágrimas cubruendo sus pupilas y no tardarían en caer, estaba perdidamente rota. No sabía que hacer, No tenía clara la situacion, pero de momento tenía que terminar con la visita. —Susana y Terry, están tratando de solucionar sus problemas.— siguió Margaret —Parecían muy seguros. Creía que querrías saberlo. Candy agachó la cabeza. No tenía nada que decir. Margaret se dio cuenta de su reaccione y no dudo en volver a atacar.

— ¿No lo sabías? No sabías que estan viviendo juntos — Candy no contesto —. Pero así es, Candy. Una semana después de que Susana saliera del hospital Terry y mi hija decidieron irse a vivir juntos. Sin embargo Terry después de un tiempo el dejó de mostrar interés. Ha mantenido su relación con mi hija pero sin formalizar públicamente. Ahora entiendo todo. Terry quiere tener dos platos servidos pero sin decidir cual dejar. Mi pobre Susi que se ha entregado sin la bendición de Dios, está tan enamorada que lo ha perdonado.

—¿Esa es la razon que la trajo aquí? — Dijo Albert repentinamente — Para decirle a Candy que Terry y Susana tienen problemas y que están solucionandolos. Me parece Señora Marlow, que no era necesario venir a decir sobre la vida de su hija— . olto Albert sin poder contener el comentario. Molesto y mucho. Él y Candy iban a hablar. Pero no iba a permitir que le hicieran más daño del que aquella señora estaba haciendo. Aunque Sentía que no era ni siquiera el comienzo .

—Lo único que quiero, es que esta jovencita deje ser feliz a mi hija, Candy tuvo la oportunidad con Terry, ¿ y que fue lo que hizo? ¿Acaso no fue Candy quién se apartó de la vida de Terry por voluntad propia

— Creo que ese tema , señora Marlow todos lo conocemos, no tiene caso recordar lo que hizo daño en el pasado.

— Pero resulta que ese pasado esta destruyendo a mi hija en el presente. Como madre, solo estoy haciendo lo que me corresponde por la felicidad de mi hija... ¿Usted no haría lo mismo por los suyos?

Margaret comenzó a toser incontrolablemente, haciendo un enorme esfuerzo por tomar aire. Albert actúo pronto dirigiéndose a la cocina para traer un vaso con agua. En ese preciso momento que Albert desapareció, Margaret Marlow pudo calmarse y decirle a Candy casi en un susurro.

— Ay algo más Candy, espero que tomes la decisión correcta. Me estoy muriendo. Pronto dejaré sola a Susana, mi enfermedad no tiene remedio. Por favor ni siquiera Susi sabe esto.. Albert regreso justo cuando Margaret había pronunciado el nombre de Susana. Le ofreció el vaso de agua a Margaret y miró a Candy . Su amiga tenia el rostro con los ojos muy abiertos, Albert miró que las manos le temblaban, Intento que Candy dijiera algo.. Pero su amiga nuevamente lo sorprendió sacando fuerzas y parecer fuerte, aun que solo consiguió engañar a Margaret Marlow.

—Tengo que irme. —Dijo Margaret — Discúlpame, pero solo soy una madre que se preocupa por su hija. Espero que lo entiendas. — Miró a Albert – Gracias por el agua.

Sin decir más Margaret Marlow salió apresuradamente, dejando a Candy completamente destrozada.

—Lo siento —dijo Candy—. No esperaba que pasara esto. Albert la abrazo.

—No tienes que disculparte; puedes hablar con migo...

—Ya, pero de todos modos es un mal trago.

—Lo sé. —Aunó fuerzas para tomarle la mano—. ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor? Ella sacudió la cabeza.

—Nada, pero gracias; es algo que tengo que hacer yo sola. Además. —Bajó la vista y su voz se tornó más suave y un poco más distante, como si se estuviera hablando a sí misma—. ¿Has de pensar lo peor de mi? Y se que quieres explicaciones. Aún que tengo la sospecha de que ya lo sabes. Albert sintió un nudo cada vez más opresivo en el estómago. Cuando finalmente habló, lo hizo con voz serena, pero dolida.

—No piensas contarme ¿no es cierto?

—No lo sé, la verdad es que no lo sé. En ningún momento he dejado de preguntarme qué tengo que hacer. —Le estrujó la mano con afecto—. ¿Y sabes a qué conclusión he llegado? Que quiero dos cosas: la primera es que quiero que él sea feliz. Lo amo y siempre lo voy a amar. Respiró hondo antes de proseguir. —Pero también quiero un final feliz sin que nadie salga perjudicado. Y sé que si me quedo con él, personas sufrirán, sobre todo Susana . No te mentí cuando te dije que lo amo. Me hace sentir que he llegado por fin a mi hogar, pero no sería justo para Susana. Además, si me quedo con él, les haré daño a mis amigos. Sería como traicionar a todos mis seres queridos… No sé si me veo capaz de hacerlo.

—No puedes vivir pendiente de los demás, tienes que pensar en ti, aunque eso suponga adoptar algunas decisiones que puedan causar daño a quien más quieres.

—Lo sé —asintió ella—, pero las consecuencias de la decisión que tome durarán toda la vida. He de ser capaz de seguir adelante sin mirar atrás, no sé si me entiendes… Albert sacudió la cabeza e intentó mantener la voz serena.

—No, no te entiendo si eso significa que vas a sufrir otra vez. No puedo permitirlo de nuevo. Candy no dijo nada pero bajó la cabeza. Albert continuó:

—¿De verdad serías capaz de abandonar a Terry sin mirar atrás? Ella se mordió el labio inferior mientras contestaba. Su voz había empezado a quebrarse:

—Ya lo hice una vez.

—¿Y eso sería justo para Terry? Ella no contestó de inmediato. Se puso de pie, se secó la cara, recorrió el apartamento hasta la ventana. y se apoyó en el alféizar Cruzó los brazos y contempló el río sin poder decir nada

—No tiene por qué acabar así —dijo Albert —. Son dos personas adultas, tienes derecho a elegir lo que no pudieron tener antes. Estan hechos el uno para el otro, Candy, y eso es lo único que cuenta. Avanzó hasta ella y le pasó un brazo por encima de los hombros. —No quiero que vivas el resto de tu vida pensando y soñando en lo que podría haber sido. Albert respiró lento y solto el aire del mismo modo. —No olvides que cualquiera que sea tu decisión yo estare contigo. Todo esto no me hace feliz Candy . Pero creo que la madre de Susana hizo lo correcto... Lágrimas empañaron los ojos de Candy.

—Creo que si me quedo con él, no habra felicidad. No podré ser feliz sabiendo que alguien más está sufriendo —susurro.

—Sí que puedes. No podrías… vivir plenamente feliz si lo dejas. Eso destruiría una parte de ti. Lo vuestro es único, Candy, es demasiado bonito para echarlo a perder. Ella no contestó. Tras unos momentos, Albert la hizo girarse hacia él, le tomó las manos y la miró fijamente, esperando que ella alzara la vista y lo mirara a la cara. Al final, Candy lo hizo y Albert la contempló con ojos afligidos. Después de un largo silencio le secó las lágrimas de las mejillas con los dedos, mirándola con una enorme ternura. Su ternura expresó lo que le había comunicado la mirada de Candy.

Se sentía exhausta, y se preguntó si tendría la energía necesaria para hablar con Terry. ¿Y qué le iba a decir? Todavía no tenía ni idea, pero esperaba que cuando llegara el momento se le ocurriera algo. Sí, estaba completamente decidida qué se le ocurriría algo. Apesar de esto el pasado nunca quedaría atrás y el futuro aún era incierto. Candy sabía que tenía que centrarse en su vida en el presente. Sin embargo, el día a día se le antojaba, de repente, sin fin e insoportable.

Días días después de la visita de Margaret Marlow, Candy recibió carta de Terry. En la carta no había nada extraño. Nada que le dijera que ocurriría con sus vidas. Eran las mismas palabras que Terry escribía cuando quería verla. Pero ella no respondió, y tampoco acudió a su encuentro. Lo que siguió de allí Candy lo recordaría toda la vida.

Terry estaba desesperado, volviéndose loco. Cada segundo que pasaba que era ocupado por un pensamiento desagradable. o sabía nada de Candy..., nada. ¿ Qué pasaba con ella? Por qué no había respondido a su carta? ¿ Por qué no llegó a su encuentro? Algo debió suceder. Algo muy grave que le impidió viajar. Pero incluso qué le impedía escribirle. ¿Pero qué? ¡Maldita sea! No podía abandonar la ciudad en esos momentos. No cuando tenían el estreno de la siguiente obra encima. Tenía que esperar hasta que terminarán las funciones, y eso seria en dos meses. Pero era mucho tiempo. Al siguiente día Terry mando otra carta, incluso le pidió a su mensajero que esperase por la contestación . Las noticias no fueron buenas. El chico no pudo encontrar a Candy, y dejó la carta en su buzón, Cinco días habían transcurrido y Terry no recibió ninguna carta de Candy. Tenía un mal presentimiento enterrado en el estómago. Se sentía desorientado. Todo apuntaba a que era el final. Pensarlo lo hizo caer de rodillas. No podía , Candy no podía dejarlo. No otra vez...

El paisaje apagado y frío del invierno había dado paso a un calor abrazador lleno con cortinas de flores de todos colores. La llegada de la primavera traía nueva vida, nuevos rostros. A otra mujer. Mientras permanecía sentada junto a la ventana, podía oír el canto de los pájaros. Docenas, quizá cientos de ellos en el vuelo desde los árboles, volando en formaciones que casi parecían hacer una marcha en perfecto orden. Los siguientes días después de la visita de Margaret habían sido difíciles, cargados de llanto y de mucha tristeza, Dolor y tristeza para los Amigos de Candy pero mucho más doloroso fue para Candy y para Terry. Al final fue ella quién tomo una decisión. En una ocasión Terry le dijo que en el amor: también significaba mentir.. Eso hizo Candy. Mentir. No solo a Terry , si no a todos sus amigos. Los únicos que sabían la verdad eran Albert y la señorita pony. Sería imperdonable si Candy hubiera engañado a su madre. Lo que hizo, lo hizo por qué era necesario y por qué era la única forma para que Terry se olvidaría de ella. También por que era la única forma de que cumpliera con Susana. Margaret Marlow tenía razon. Ellos tomaron su decisión, ellos no solo no la cumplieron sino que habían causado daño. Su amor estaba simentado por la mentira. Nadie podía ser feliz con carga en la conciencia. Para ambos las cosas no habían sido como en los finales de los cuentos de hadas ("y fueron felices para siempre") Ambos tenían demonios que combatir. Terry aún lidiaba con la pena de su amor y el profundo remordimiento y la molestia consigo mismo por lo mal que se había portado con Susana los años atrás. Para ella tampoco era fácil, sus heridas apenas cicatrizaban, solo el profundo amor que guardaba en su corazón le permitía seguir . Por eso Candy tuvo que hacerse pasar por muerta. Necesito la ayuda de Albert, claro, convencerlo no fue fácil, pero Candy fue persuasiva, en una ocasión le dijo que lo haría sola, pero jamás volverían a verse. No lo hizo por presionar a su amigo, lo hizo por qué era necesario. . Varios días después la noticia apareció en el periódico . Fue una noticia que impacto al mundo entero. La desaparición de la señorita Candice White Andry. La hija de William Albert Andry.

Desaparecida.

La familia Andry lo confirmó.

Dos dias atras , Albert Andry reportó ante la justicia la desaparición de su hija y heredera, Candice White Andry.

sta mañana Chicago despertó triste. Nosotros estamos tristes. La desaparición dejó una gran tristeza en sus amigos y a la familia Andry .

Un año y medio después el invierno volvió triste y frío. Ahora ella lla era una desconocida en otra ciudad, en otra Vida...

Más calmada, se prometió no volver a recordar, por su bien debía olvidarse de quién era. El día que había decidido desaparecer del panorama de su familia, supo que sería un duro golpe para las personas que la amaban y se preocupaban por ella, pero era aquello, o morirse en vida, o cometer alguna barbaridad. Ella había muerto a su vida y resucitado el día que puso los pies en Roma. Para bien o para mal, esta era ahora su ciudad no debía olvidarlo.

Continuará...

Saludos lectores.

JillValentine.x