INOLVIDABLE.

CAPÍTULO 7.

Despues de decir que adelantaría las compras navideñas para su viaje a Illinois donde se reuniría con sus amigos en la mansión de las rosas.. Candy abordo un tren un día nublado y frío , pero no llego con los demás pasajeros a Illinois. Vestida con ropa de hombre candy se había ido conduciendo a Nueva York. Paseo por el océano en donde alguna vez estuvieron los dos felices, juntos. Camino por la arena dónde las olas se estrellaban en sus pies descalzos mientras llenaba sus pulmones del olor común del océano. Allí lloró, y lloro y dejo que los recuerdos llegaran. Volvió a vivir el momento cuándo había iniciado todo. Miemtras lloraba dejó que la máscara callera. Desgraciadamente cuándo se dio cuenta de que no quería, y no estaba lista para dejarlo ir, comprendió que ya era tarde. No tenia otra opción. Albergaba la esperanza de que podría seguir adelante después de irse de ese lugar. Estuvo tentada a regresar con sus amigos y seres queridos, pero no podía. Su propósito en un principio era tirar las cartas en el océano y dejarlo ir, hasta había planeado pasar una noche. Comprendió que por más que ella deseaba hacerlo. Era una cobarde.

Al final se marcho llevándose el peso de su pecado en su bolso. Quizás un día no muy lejano podría tirarlas en el océano.

La noticia de la desaparición de Candice White Andry se había extendido como reguero de pólvora y no solo en Chicago. Albert había dado la noticia cuándo pasaron semanas de la desaparicion de Candy. Albert recibió visitas de periodistas, enfrento las preguntas con toda la serenidad que le fue posible. Sin embargo había uno que otro reportero que había intentado pasarse de la raya con preguntas que no tenian que ver nada con el propósito de su entrevista. Así pues Albert se negó a dar mas información. Como había esperado las reacciones de conocidos, y de la familia fueron difíciles de enfrentar mirando a cada uno a la cara. Archie había reaccionado mucho peor de lo que se había imaginado, Su sobrino no dormía, no comía, y con ello el amor que sentía por Candy había quedado expuesto, un amor que Albert nunca se hubiera imaginado, Archie estaba prometido con Annie Britter. Otro problema más, Annie, La joven se había puesto muy mal cuándo recibió la noticia de su amiga de infancia, y con ello la dolorosa verdad sobre el amor que Archie aún guardaba por Candy. Albert seguía ocupándose de Archie para que se olvidara de Candy.. Tenía la esperanza que todo se solucionaría con el tiempo y su sobrino pudiera enamorarse de Annie. Neil Legan también reaccionó . lbert no esperaba la reaccion de ira de Neil, cuándo se presentó en la mansión de las rosas. Neil entro sin llamar en la puerta de su despacho culpando a Albert de la desaparición de Candy.

— ¡De haber consentido el matrimonio. Candy ahora estaría aquí!

Albert había recibido cada reproche, cada palabra y cada acusación con bastante paciencia, Es cierto que tuvo momentos que quiso retratarse y decir la verdad a todos, pero su promesa a Candy lograron frenar sus impulsos. Hasta el momento toda había ido mas o menos de acuerdo al plan. Faltaba lo más difícil por venir.

Y eso fue cuando recibió el telegrama de Nueva York. Un telegrama urgente de Terry GrandChester. En el le avisaba que llegaría en un par de días. Por supuesto era algo que Albert ya había previsto y mando su respuesta en un telegrama urgente también. Sabía lo que seguía. Necesitó a George para la siguiente decisión.

— Buenos días Albert.

— Buenos día George. Saludo Albert levantándose de su sillón y caminando hacía el grande ventanal con vistas a los inmensos jardines de la mansión —. Ya tengo las noticias que sabíamos iban a llegar de Nueva York.

— Me imaginó — contestó George con sabiduría — ¿ Qué quieres qué hagamos?

— Por ahora he declinado su presencia, pero me preocupa su reacción.— Dijo Albert con evidente preocupación y sintiéndose abatido por la situación. — Encárgate de poner a un hombre para que lo siga a todas partes.

— Entiendo.

— Quizás sea necesario dos hombres. Diles que se mantengan separados— Dijo Albert pensativo— Terry es muy perspicaz y pobrablemente se de cuenta. Recuerda que cualquier error podría levantar sospechas. — Comentó Albert mirando por la ventana. — Quiero recibir noticias una vez a la semana de todo lo que hace, a quién visita, quien lo visita, con quién sale, las horas de salidas y llegadas, la hora que sale al teatro y la hora que regresa a casa, en fin..., cada paso que haga lquiero saberlo. Si puedes encargarte hoy mismo.

—Así sera.

— Gracias George. Por favor quiero estar solo, no me pases ninguna llamada. De nadie. — Enfatizó Albert volviendo la mirada a George.

Albert podía encargarse de un montón de cosas, pero aquella situación lo desbordaba.

El humo gris del cigarrillo ascendía en espirales, Terry pudo notar cómo aumentaba la humedad, que espesaba el aire. Poco después los pájaros empezaron a elevarse recitando sus trinos y el sonido inundó el aire. No tenía energía para nada. Necesitaba noticias Un poco de esperanza y se sentiría con fuerzas para afrontar el tramo interminable. solo momento más tarde. Todo seguía pareciéndole muy surrealista , hasta sospechoso. Terry todavía no estaba convencido. Había aprendido a confiar en su instinto, que ahora le advertía que debía ser precavido. Sin embargo en esos momentos ni siquiera sabía por dónde empezar.

Deseo poder volver al pasado y cambiar cosas. Volver a revivir la época en que fueron felices, había sido tan rápido, tan corto, tan hermoso que le parecía una burla del destino que terminarán así.

Cuando llegó el telegrama que Terry no estaba esperando vio que era de Albert, para entonces Terry tenía la maleta lista.

Hola Terry ,

Agradezco tu preocupación . Sé que lees la prensa, así que probablemente te haces a la idea de lo que está sucediendo. Pero te aseguro que es como te lo imaginas, y no hay manera de que pueda expresártelo para transmitirte la experiencia. Quiero decir, la situación es tan terrible como probablemente imaginas, Te agradezco tu preocupación, pero tu presencia aquí no cambiará las cosas, Ahora tienes a otra persona que quizás no vea con buenos ojos tu interes por Candy, espero comprendas. Piensa que te diría Candy que hicieras.

Sinceramente

Albert.

Volvió a leer las palabras de Albert. Terry se sentía más desorientado como nunca jamás podría estarlo. Por más que lo intentara, no podía comprender la respuesta de Albert. En cierto modo, tenía sentido, pero si lo analizaba detenidamente..., había algo que no encajaba y algo fallaba. Si Albert estaba tratando de evitarlo entonces...

Dos dias después Terry estaba igual que en un principió . Eso es todo. Tenía que aceptarlo así sin más. Los días siguientes comprendio que eso era todo. ¿Pero él como tenía que sentirse?. No sentía el dolor que había imaginado que iba a llegarle cuándo su corazón sintiera su pérdida. Entonces, ¿ que sentía? Se detuvo en la licorería y gasto algunos billetes en botellas pensando que las iba a necesitar. Las horas, los días y luego semanas siguieron pasando. A medida que pasó el tiempo desapareció la esperanza a la que se había acostumbrado , desaparecio y quedó sustituida por la realidad. Sacudió la cabeza para desechar la bochornosa escena protagonizada y tanta negatividad hacia sus propios actos. Necesitaba una copa. O mejor una botella entera. Lo malo del alivio momentáneo del alcohol era que no conseguía hacerle olvidar a la única mujer a la que había amado en realidad. Pero no importaba, iba a emborracharse de nuevo y al diablo con el mundo. Abergaba la esperanza de que, con el tiempo, acabara simplemente por aceptar la situación y zanjar el tema. Sabía que era bastante improbable, pero por ahora era todo lo que tenía. Botellas de alcohol. A partir de ahí, entró en la rutina perversa de encerrarse en su despacho sin querer ver o hablar con nadie, emborrachándose cada vez con más frecuencia. se refugió en la bebida, por las noches, cuando el dolor se tornaba tan insoportable que no se veía capaz de afrontarlo sobrio. Dejo de actuar en el teatro mientras pasaba las horas sentado en silencio intentando imaginarse un mundo sin ella. No tenía la voluntad, ni el deseo de seguir viviendo; a veces, mientras estaba sentado anhelaba que el aire húmedo y salado se lo tragara, para no tener que enfrentarse al futuro.

Me arrepiento de no cuidarte, , de las noches que me lloraste y no estar junto a ti para secar tus lágrimas, me arrepiento, en general, de los momentos no vividos. Esos son los que me duelen. Y también las palabras que no dijimos. Me arrepiento de no hacer más recuerdos bonitos contigo. Y también, aún más, de no tenerlos . De que no recuerdes nada bueno de mí.

Pasaba las noches en el apartamento que había ocupado cuando llegó a Nueva York, era un cuarto diminuto pero suficiente para él. No quería enfrentarse a Susana, no tenía deseos de fingir que todo estaba bien . Solo queria recordar. Después de un año estaba perdido. Albert lo había dejado hasta ese momento. Había intervenido cuando podía atra vez de sus hombres. Pero ahora lo hizo él mismo.

—¡Tienes que dejar de beber maldito seas! —El grito y el puñetazo con que afianzó la frase tiró a Terry al suelo, apenas consiguieron sacarlo del mundo brumoso en que lo tenía sumido el alcohol desde la desaparición de Candy. Terry ni siquiera hizo amagó con levantarse para devolverle el golpe. Con la voz cavernosa de quien ha bebido más de la cuenta, acertó a decirle:

—Puedes seguir golpeándome hasta que te despellejes los nudillos, pero no voy a salirme de aquí. Albert no tuvo ningún respeto por la figura caída, lo levantó del suelo hasta ponerlo de pie para estrellarlo contra la pared.

—Escucha —sermoneó Albert con el rostro pegado al suyo—, porque no voy a repetirlo dos veces: vas a ponerte en manos de profesionales para recibír ayuda pero ahora te ayudare a bañarte, afeitarte y conseguir una apariencia digna. ¡Apestas, por si no te has dado cuenta! Y luego, te vas a venir conmigo si no quieres que te rompa la crisma. No puedes permitir que lo que ha pasado te destroce la vida, y los que te rodean no tengan por qué soportar tu ostracismo. Terry reaccionó y empujó a su amigo con las pocas fuerzas que le quedaban para quitárselo de encima.

—¡¡Haré con mi vida lo que me plaza y los demás podéis iros al infierno!!

—¿Cuándo fue la última vez que te miraste en un espejo? ¡Tienes un aspecto lamentable .Piensa en lo que ella pensaría si te viera así.

Albert había tenido que contar una mentira tan difícil de asumir como era la muerte de una persona tan querida, un suceso doloroso que tantas veces lo atormentó en forma de pesadilla, materializada ya en cruda realidad. ¡Candy estaba muerta! Una mentira que ella quizo que fuera realidad antes de que se precipitara en la corriente de las turbulentas aguas cometiendo , según ella más dolor en otras personas en el futuro. Era su hermana, su amiga, y la mujer que veía hundirse una y otra vez en sus lágrimas y sueños nocturnos. Una mujer que él amaba secretamente. Por eso él no podía juzgar los actos de Candy. No cuándo él tenia sus propios pecados. Pero él de Albert nunca saldría a la luz.

Sin embargo, no pensaba desistir con Terry. Aquel hombre era impredecible. Buscaba señales de la presencia de Candy cuando deambulaba por las calles completamente ebrio.

—¿Qué diantre te importa a ti? —gritó Terry asegurándose de que su voz saliera firme y fuerte.

—Te estaba vijilando. Me parece que ha llegado el momento de que dejes de comportarte como un niño estúpido.

—¿Y por qué diantre iba a querer eso? —espetó, apretando los dientes.

—Creo que lo sabes.

—No conseguirás sacarme de aquí .

Albert sintió el impulso dde agarrarlo a puños

—Yo de ti no estaría tan seguro. Terry continuó mirándolo fijamente como si lo retara a hacerlo. Albert deseaba borrar aquella expresión de la cara de aquel que una vez fue su mejor amigo de un puñetazo. Pero no podía olvidarse de Candy. Por ella guardaba la rabia de saber que amaba a otro. Otro que a pesar de todo todavía lo quería.

—¿Qué quieres? Volvió a decir Terry

—Ya te lo he dicho: hablar contigo. —Albert mantenía el tono sereno y relajado.

—No tenenos nada que decirnos —bramó Terry al tiempo que sacudía la cabeza

—Se lo que tu y Candy tuvieron —declaró Albert. Terry giró expeditivamente.

—¿Qué has dicho?

—La hiciste tu amante. Terry abrió los ojos como platos . Trago en seco

— ¿Ella te lo dijo?

—Si.

— ¿Cuando? Al parecer la cruda verdad lo habia espa.

— Un poco antes de navidad. Al día siguiente salió hacer las compras navideñas en Illinois, se suponía que llegaría al hogar de pony.

— Pero no llego — Terminó Terry cerrando los ojos.— No puedo seguir sin ella. Mi vida no tiene sentido sin Candy.

— Si qué puedes. Y lo harás — soltó Albert con dureza — Eso es lo que ella te diría.

—Estoy arto de qué todos me digan lo que tengo que hacer. Volvió a gritar.

— Te equivocas— dijo Albert mirándolo con cariño —Terry, solo quiero que se cumpla una promesa que hicieron Candy y tu , la misma que se atrevieron a faltar. Lo hago por Candy. Todas las sensaciones de aquella verdad regresaron a él de repente. La mezcla de incredulidad, ira, frustración, miedo y agotamiento magnificaron el renovado sentimiento de pérdida. Por primera vez desdé que recibio la noticia se dejó llevar por él. De pie, abrazado a Albert Terry se desmoronó. El llanto fluyó como si nunca antes hubiera llorado.

Archie paso horas revisando la información que había ido recopilando desdé que quiso respuestas y supo que tenía que buscarlas él mismo. No hhabía ada nuevo, ningún detalle que hubiera pasado por alto, pero, aun así, le resultaba imposible dejar de intentar encontrar lo que se le estaba pasando. Él , diferencia de Albert no se rendía. Tampoco aceptaba la muerte de Candy. No se había encontrado su cuerpo, y eso era una posibilidad de que estuviera viva. No le cabía la menor duda de que tendría que volver a repasar toda la información. Por mucho que creyera que sería una tarea infructuosa, debía ser la investigación. Por Candy. Por él mismo.

Cuatro horas después por fin algo llamó de su atención. Le parecía tonto que a alguien como Albert se le hubiera pasado, Bueno, a él también. Algo tan simple como la cuenta bancaria de Candy. Quizás era por qué la familia Andry poseían la mayoría de los bancos en Chicago. Además Archie como Albert sabía los números privados de acceso a la cuenta de Candy. Salió de su habitacion en busca de su tío. Desafortunadamente Albert no se encontraba en la ciudad. No quería cometer ningún error así que con carpeta en mano y sentado en el sillón de Albert en su despacho saco papeles para compararlos con los que él había llevado. George qué se había dado cuenta de la luz en el despacho de Albert se dirigía a apagarla, cuando se dio cuenta de quien estaba allí no era nadie más que Archie.

— Señor Corwell.

Archie que había estado concentrado en los papeles, que ni siquiera escuchó cuando abrieron la puerta, dio un salto ante la voz de George.

—¡ Dios santo! ¿ A que hora entraste, hombre? Se quejo volviéndose a sentar derecho. George se acercó y discretamente vio lo que hacía.

— He mirado la luz, y decidí echar un vistazo. El señor Albert no tiene permitido que entren aquí cuando sale de viaje.

—Lo sé, pero esto es muy importante George y se que Albert estará de acuerdo conmigo en cuanto sepa lo que he descubierto. Aquí. — Señaló el papel. Para entonces George ya se había dado cuenta de que era lo que Archie buscaba. Se sorprendió de que hubiera encontrado esa información. Albert se había encargado de eliminarla. Pero para alguien como Archie no le fue difícil dar con esa información, cosa extraña, pero en ese momento pensó George que Archie sería el mejor candidato para llevar la fortuna Andry.

—¿Por qué no me lo cuenta desde el principio? ¿Qué ha descubierto ? Pregunto George fingiendo curiosidad. Archie le mostro los estados de cuenta de pocas semanas antes de la desaparición de Candy.

— Ves. —Dijo Archie con triunfo — aquí esta el estado de varios tickets de tren, todos fueron comprados con su cuenta a Nueva York. Terry es el culpable. No hay otra explicación. Esto tiene que saberlo la policía.

Archie Maldijo a Terry mientras miraba los documentos uno tras otro. Para él todo era claro. Otra vez Terry era el culpable de la desgracia de Candy.

— No hará nada hasta que regrese su tío.

Archie se detuvo ante las palabras de George, levantó la mirada y abrió la boca pero no supo que decir.

Hasta ese momento Susana Marlow se había mantenido sin decir, ni hacer nada. Estaba esperando justo a la persona frente a ella. Mientras lo observó se dio cuenta de lo mucho que había perdido peso. Aún así lo amaba.

Continuará.

Saludos lectores. Me gustaría apurarme con los capítulos, y estoy haciendo todo lo que puedo. Vale, un Abrazo.

Buenas noches.

JillValentine.x