INOLVIDABLE
CAPÍTULO 8.
Terry pasó un rato pensando en lo rápido que cambia los caminos de la vida. El destino puede ser cruel y despiadado. Vivió en el paraíso y ahora vive en el infierno. Encendió otro cigarrillo. Podía ver el cielo a través de la ventana que estaba cubierto de nubarrones negros; podía oír las gotas de lluvia empapando la tierra. La luna se asomó brevemente entre las nubes, sobre las aguas, y un tenue resplandor iluminó el rostro de Terry
Los primeros días que recibió la noticia de la desaparición de Candy, y la evasiva de Albert, Terry no se dio por vencido. Intento seguirle el rastro hasta tan lejos. Terry había ido a la estación de trenes , sabía que era el último medio de transporte que ella pareció haber tomado. La imaginaba necesitando de él en silencio mientras la tenían secuestrada. Aviso a Robert su jefe para decirle que no iría a trabajar porque estaba enfermo,
Los registros confirmaron que Candice White Andry había abordado el tren A-582 con destino a Illinois. Se suponía que iba al hogar de Pony.. Pero ella no había llegado con el resto de los pasajeros. ¿ Entonces dónde estaba? ¿cómo habían conseguido secuestrarla y salir sin dejar pistas? Examinó la calles intentando poner las piezas en el orden correcto. Algo no encajaba, aunque no sabía qué. Dos semanas se pasó por la estación de trenes a diario . Preguntó a todos los trabajadores, ninguno de los taquilleros dio una pista de haberla visto. La tercera semana, sin embargo, uno de ellos dudó y dijo que quizá podía ser ella, excepto que llevaba el pelo corto y castaño. Terry habia recortado una foto en el periódico donde se anunciaba la desaparición de Candy. Sin embargo, el taquillero no recordaba qué si había comprado un pasaje. De vuelta a Nueva York Terry había pedído que hicieran un retrato a la imagen para cambiarle el pelo de rubio a castaño y luego acortárselo. El viernes volvió a fallar en el trabajo diciendo que seguía enfermo. «Es ella», le confirmó el taquillero, Terry sintió un subidón de adrenalina. Pero cuándo el taquillero le dijo que no abordo ningún tren, sino que se subió en un automóvil que habían guardado unos días antes, Terry se sintió confundido. Aún así no perdió la esperanza. Primero había esperado dar con ella a mediados de febrero, luego pensó que la encontraría en abril. Estaba seguro de que aparecería en mayo, pero espero a junio, y su vida continuaba vacía. A veces se desesperaba y lo único que podía hacer era ponerse a repasar nuevamente todos los pasos que había dado. Le costaba concentrarse, y la bebida no parecía ayudarle.
Los teléfonos eran un lujo y no cualquier familia podía adquirir uno. Solo las familias que tenía los recursos podían permitirse ese lujo. Sin embargo Terry había ahorrado algún dinero con el tiempo y no dudo en poner línea telefónica pensando en que alguien podría llamar pidiéndole rescate por Candy, su Candy había desaparecido, pero él seguía buscándola por todas partes. ¿Estaría bien? ¿ Qué le estarían haciendo? ¿Le darían comida? Aquellas preguntas le atormentaban. A veces, todo le resultaba tan confuso que aveces no podía parar de llorar. La echaba de menos y quería que volviera a su vida.
Había comprobado que el vodka funcionaba mejor que el paracetamol, la nueva medicina en el mercado pero el dolor no remitía y le martilleaba las sienes sin piedad. Después bebía con la excusas de que el alcohol borraría el dolor que tenía en el alma e intentó fingir que podía olvidar. Llegó Septiembre y luego noviembre. Después el nuevo año. Terry fue a un Bar el primer día de febrero, alli bebió vodka, y como no estaba acompañado, le pidió al camarero que añadiera un chorrito de zumo de arándanos. Estaba en un bar frecuentado. Había mujeres muy hermosas intentando sacar dinero. Terry se fijó en Una morena, solo por un rápido y fugaz momento, ella buscó su mirada a través del espejo, pero él no se giró. Diez minutos más tarde, ella se acercó y tomó asiento en el taburete que un cliente había dejado vacante.
—¿No tienes ganas de charlar esta noche? —le preguntó la morena. Vestia un vestido con lentejuelas en color rojo dejando poco a la imaginación. Tenía buena proporción del busto sin cubrirse, y Terry no pudo evitar ver en varias ocasiones a esa parte desnuda de la morena.
—No se me da bien conversar . La morena pareció considerar su comentario
—Me llamo Amber.
— Yo soy Terry
Amber deslizó un dedo por la copa. Terry clavó la vista en la punta de aquel dedo, y esa boca impregnada de humedad.
—No pareces frecuentar estos lugares.
—¿Por qué?
—Porque eres demasiado apuesto para estar en un lugar como este. No me extrañaría que alguna mujer se te acercara para intentar ligar contigo.
—¿Estás intentando ligar conmigo? Amber se tomó un momento para contestar.
—¿Te ofenderías si te dijera que sí? Terry jugueteó con el vaso sobre la barra.
—No, no me ofendería.
Volvió a regresar al siguiente día y así los siguientes días pasaron, y empezó a perderse en ese lugar de mala muerte. En los meses que habían transcurrido desdé que Candy había desaparecido misteriosamente. Terry se convencido con cada día que pasaba de que no era un secuestro, y a medida que pasó el tiempo estaba más seguro estaba de eso. Pero no fue lo único que ocurrio , Terry empezó a tener cambios en su humor. El dolor que sentía había ido acrecentándose de forma venenosa e incontrolable, parecía expandirse como un cáncer cada nuevo día que pasaba. Había regresado a Chicago y se había dedicado a interrogar a los conductores de trenes durante varias semanas seguidas, pero no había conseguido ninguna información. Demasiados trenes, demasiados conductores, demasiados pasajeros; además, ya había pasado demasiado tiempo . Demasiadas opciones. Candy podía estar en cualquier sitio. La idea de haberla perdido para siempre le atormentaba. Lo asaltaban unos ataques de violencia pura incontrolables y se liaba a destrozar objetos; después lloraba hasta quedarse dormido. Estaba completamente desesperado y a veces tenía la impresión de que iba a enloquecer. No era justo. La había amado desde la primera vez que la vio en el Atlantic. En un barco, Y habían sido felices como amantes ¿no?.
A veces escuchaba su voz, otras veces imaginaba verla , ra la mujer más bella del mundo. Fue a la Casita dónde fueron felices, el lugar era tan dulce y amargo, Aquel lugar guardaba recuerdos, cuando hacían el amor a la luz de las velas, y los dos disfrutaban de cenas románticas. A veces, acababan haciendo el amor en la cocina, ella con la espalda apoyada en la encimera. Ella lo había dejado, seguramente por el remordimiento de lo que habían hecho. Ese pensamiento lo perseguía y lo enfurecia como nunca, Terry volvió al bar y pensó que bien podría desahogarse con la morena un rato.
Después de beber como un inconsciente y de flirtear con la morena durante dos horas, acabaron en el piso de ella.
Albert había actuado cuando se dio cuenta que Terry estaba cayendo a un pozo donde podría no volver a salir nunca.
Con la luz de la luna reflejándose en su rostro , Terry se levantó de la cama, vistiendo un pantalón chándal, fue a la sala de estar deseando con toda su alma encontrar algo que le hiciera pensar en otra cosa, lo que fuera. Pero una vez en la sala viendo a Susana todo lo ocurrido volvió, Todo lo que había pasado. De repente, le asaltó la certeza de qué era lo que debía hacer. Por muy doloroso que fuera, no había otra solución. No quería hacerlo, Penso que sería fácil si fuera Candy , pero no era Candy por mucho que lo deseara. Por más que su alma se estuviera rompiendo en añicos por haberla perdido.
Quiero que sepas que mi corazón solo vivirá amándote, cumpliré la promesa por ti. Pero jamás podre entregar mi corazón , por que ese te lo llevaste tú. Eres y serás lo mejor que la vida me dio.
Susana se había mantenido en silencio, y en su lugar. Sabía que en cualquier momento las cosas iban a cambiar, Su espera llegó a su fin un año después de que había descubierto la traición de Terry.
Aquella misma mañana, mientras Susana seguía sentada el sofá observando a Terry delante de ella. Lo observó con mucha concentración . Era evidente el estado desmejorado de Terry, la pérdida de peso y su semblante sombrío. Aún así nunca lo tuvo más claro qué en ese momento. Lo amaba con todo su ser y no podría dejarlo ir nunca. Ella no era Candy , su amor era mas fuerte y más intenso. El de Candy era frágil y doloroso. Susana haría qué Terry la amara mucho más de lo que alguna vez la amo a ella. Era momento de estrechar la brecha.
—¿Qué pasa? Dijo Susana que se recolocó con aire ausente.
—Tenemos …, bueno, tengo que hablar contigo —dijo Terry con torpeza—. ¿Podemos sentarnos?. Quiero decir voy a sentarme.— Terry sentía como un vertigo lo arrastraba, no sabía como hablar con Susana. Si fuera Candy, todo sería diferente, perfecto.
—Claro —respondió Susana señalando el sofá. Terry se sentó al lado de la ventana frente a Susana y respiró hondo, como si estuviera a punto de empezar a hablar, pero Susana se adelantó.
—Terry…, antes que nada, quiero que sepas que te quiero. Te ruego que no lo olvides, ¿de acuerdo? Esto no va a ser fácil para ninguno pensó Terry, y sintio que tenía la garganta seca. Tragó saliva. Quería dejar de sentir. Olvidarlo todo. Regresar. Quería recuperar su vida. La Quería a Ella, a Candy —Terry, ¿Estás bien? La pregunta de Susana lo regreso a la realidad.
—Supongo que ha llegado el momento de poner una fecha para la boda.
No era una declaración de amor, ni siquiera era lo que Susana siempre había soñado, pero era Terry. Él hombre que Susana amaba, amaba incluso más que a su propia vida, sin él no quería vivir.
Albert avanzaba con paso resuelto por el sendero del jardín de las rosas. Iba vestido informal, era la primera vez en mucho tiempo que no iría a la iglesia acompañando a la tía Elroy, pero tal como él mismo le había explicado a George no creía que tuviera otra opción; no después de las dos llamadas que recibió del mismo George el día anterior. No después de haberse pasado las dos últimas noches en vela, dos noches atrás se mantuvo vigilando a Terry y después de su borrachera, había hablado seriamente con él. De reojo vio que Archie se acercaba , vestido con un impecable traje azul marino, camisa blanca con el cuello alzado, y sin corbata. Archie tenía una adicción a la última moda de ropa masculina y de buena sastrería, Archie no mostró su sorpresa al ver a Albert en el jardín. Lo había estado esperando.
—Tenemos que hablar —dijo sin ningún preámbulo, llevó las manos a las caderas, sin ocultar la irá que todavía sentía por todo lo que estaba sucediendo.
—Hola Archie, a mi también me agrada verte — Saludó Albert con evidente sarcasmo. — Adelante, habla. — Archie se levantó más el cuello de la camisa blanca.
—¿Quieres hablar en el porche o en el jardín? Donde cualquiera puede oírnos. Tú eliges. Es un asunto delicado.
Poco después, Albert estaba apoyado en su escritorio con los brazos cruzados. Archie estaba frente a él y al escritorio. El sol todavía no estaba demasiado alto, por lo que Albert tuvo que encender la lámpara para mirarlo.
—Tu viaje fue para ir a ver a Terrunce Grandchester —Archie fue directo al grano.
—¿Me lo preguntas o quieres oír lo que ya sabes?
—Te lo pregunto porque quiero saber si confías en ese tipo. Tras unos instantes, Albert desvió la mirada.
—Sí.
—No deberías. Estoy seguro de que él tiene que ver con la desaparición de Candy, quizás la mantiene encerrada, y atada. Es un maldito malnacido que solo le ha hecho daño... seguramente la hizo ir con mentiras — Albert escuchaba con incredulidad a su sobrino. ¿Que historias leía Archie?— Te puedo asegurar que la envolvió con sus palabras poéticas para que no dijera nada, cuándo la tuvo en sus manos. Ya no le permitió salir.
—Esto es una locura… ¿Sabes dónde he pasado la noche? —No esperó a que Archie respondiera—. En un coche alquilado aparcado un poco más abajo de la calle donde vive Terry, para asegurarme de que no se destruyera a sí mismo. He visto su dolor, y créeme no fingía.
— Te envolvió también a ti. Era él a quien Candy fue a ver a Nueva York, ¿ verdad?
—¿De veras lo crees? Tal vez simplemente deseas una respuesta, cualquier respuesta. Archie alzó bruscamente la cabeza.
—Eso no es verdad.
—¿Ah, no? Fui yo quien habló con él no tú.
—Yo revisé minuciosamente la investigación qué la policía nos entregó. Y te digo que hay una prueba que vincula a Terrunce. Yo iré a la policía …
—¡No, no lo harás! —espetó Albert—. ¡De eso se trata! ¡No harás nada porque te lo digo. Archie guardó silencio. Después de un buen rato Albert le puso la mano en el hombro.
—Archie en este asunto, tienes mi palabra, Terry no le haría daño a la mujer que ama—Albert soltó un doloroso prolongado suspiro—. Te aseguro …,
—Estoy convencido de que Terry es el culpable de que Candy no este con nosotros. Él la tiene. Seguramente la tiene encerrada y atada. — Archie volvió a interrumpirlo.
—Porque no dejas de decir tantas tonterías. atarla, encerrada.,. ¡por Dios! Archie. ¿No tienes algo mejor que leer? Archie negó con la cabeza y alzó la mano para pedirle a Alber que guardará silencio, e ignorando el sarcasmo de Albert.
—Antes de que pienses que me estoy precipitando, quiero que me escuches: no tengo ninguna duda, estoy muy seguro que la información que tenemos hasta ahora no nos había dado ninguna pista. Volví a revisar todo, y lo que yo he reunido. Archie explicó como había ido recopilando toda la información que él tenía a un Albert sorprendido . —Mira aquí esta todos los estados bancarios que hizo Candy en los dos últimos años. Archie negó con desaprobación. No entendía por qur Albert no se había dado cuenta antes, teniendo encuenta que Candy no solía usar las cuentas bancarias. Esto era obra de Grandchester no podía creer que él tipo fuera tan fresco. Lo que Archie no sabía era que Terry si le había dado el dinero a Candy para sus viajes, pero Candy se negaba a usarlo, sentía que si lo hacía era como si se estuviera vendiendo. —A hora tenemos la prueba que necesitamos —Terminó Archie casi sintiéndose orgulloso de si mismo
—Ya sé que no os lleváis bien, pero mantengo una buena relación con él desde hace muchos años: siempre ha sido un buen amigo, y no es él tipo vividor que estas describiendo —Archie negaba moviendo la cabeza y cada vez más desesperado —Terry esta bastante afectado por todo este asunto.
—No creo que sea inocente —replicó Archie —, y no descansaré hasta comprobar lo que ha hecho, tampoco aceptaré la muerte de Candy , ella esta desaparecida, no está muerta, tu mejor que yo sabes cómo es Candy, ¿o te has olvidado de ella? Y acuérdate bien de lo que voy a decirte, Albert: Terry ahora no va a salirse con la suya. Ese maldito bastardo malnacido pagará por cada lágrima que Candy derramó por él ...
—¿ Sabes cómo me siento al no poder confiar en ti después de todo lo que pasa? — Resondió Albert—. Es una sensación muy desagradable, y no quiero tener que volver a decirte ésto.. Se que quieres a Candy, y deseas como todos que esto sea una pesadilla, se que esperas verla entrar por la puerta con su risa y su entusiasmo para alegrarnos el día. Y qué sus locuras nos pongan los pelos para arriba. pero qué al final siempre terminamos riéndonos por sus ocurrencias de niña traviesa. Pero si Alguien esta sufriendo: ese es Terry, aún que no puedo obligarte a que te des la oportunidad de conocerlo, te agradecería que no te expreses de esa manera de un amigo mío , menos en mi presencia. Con respecto a estos papeles — Dijo Albert tomando los estados Bancarios dónde Archie había encontrado los gastos en la estación de Trenes, demostrando que Candy había viajado a Nueva York. — Me quedaré con ellos.
— Pero esos papeles son míos — protestó Archie cada ves más furioso.
—Te los devolveré cuando haya pasado todo esto y estés mas calmado. Si te niegas, tendré que ponerte bajo vigilancia, y créeme cuando te digo que lo haré. No podrás tomarte un café sin que alguien vigile cada uno de tus movimientos. Y ... Archie's se negaba obstinadamente a mirarlo a los ojos.
—Él es el problema —le interrumpió Archie.
—No me has dejado acabar —respondió Albert.
—Le daré esto a la policía , esto es una prueba. Rebatio Archie.
—¿Una prueba? ¿De qué?
—Está relacionada con la desaparición de Candy
— Archie … Lo digo en serio.
—¿Por qué haces todo esto?
—Tengo la esperanza de despertar tu sentido común. Es evidente que no escuchaste nada de lo que acabo de decirte , por eso no te lo voy a repetir: mantente tranquilo y no hagas nada.
—Esto es una locura…
—Locura que tú has buscado con tus historias. Ahora mismo estás tan alterado que no sé qué más puedo hacer. —Al ver la expresión en el rostro de Archie. Albert hablo más calmado. — Se lo duro que esto es para ti… Al decir aquello, Archie le lanzó una mirada furiosa.
—No, no puedes saberlo —replicó Archie—, y nunca podrás.
Con aquellas palabras, Archie se levantó. Ninguno de los dos añadió nada. No hacían falta más palabras. Albert estaba cumpliendo con su deber como cabeza de la familia . Y Archie iba a cumplir con el suyo.
Solo quiero que Terry pague por lo que hizo. Y lo hará. De un modo u otro. Con ese pensamiento avanzó hacia la puerta con paso enérgico y se fue dando un portazo.
A Archie le costaba creer que Candy pudiera haber estado liada con un tipo como aquel, teniendo en cuenta que Terrunce siempre destruía todos los pasos que daba Candy. Francamente, no podía imaginar qué era lo que Candy había podido ver en alguien como Terry. ¡Ese tipo tan solo tenía un escenario! Sin embargo, Candy había elegido a Grandchester . Eso era lo que Archie no podía olvidar.
Continuará...
Saludos lectores. Espero que estén bien, ando un poco atareada pero no me olvido de ustedes. Lamento otra vez el error del capítulo. Qué tengan un sueñoplacentero. Buenas noches. su servidora, JillValentine.x .
