INOLVIDABLE .
CAPÍTULO 10.
Terry ignoró a Susana y, sin decir ninguna palabra, salió de la habitación dejándola a solas. Susana se quedó unos minutos más observando todo a su alrededor asimilando la rara situación. Pensó en qué dirían sus amigas si les contase que había pasado una noche en la habitación de su resiente marido sin ser tocada, y con la ropa en el suelo. Estaba orgullosa de sus dotes artísticas. A fin de cuentas, siempre le había entusiasmado el teatro, pero no pensó que se le daría tan bien llevar a cabo su propia representación. Cuando se metió en la cama y cerró los ojos, se dio cuenta de lo cansada que estaba tras tantas horas de pie sin apenas llevarse nada a la boca. Se hizo un ovillo. Por un leve instante, fue incapaz de conciliar el sueño pese a tener los músculos agarrotados de agotamiento, imaginó qué hubiese pasado si Terry la hubiera hecho su mujer aquella noche. Pensó en esas manos grandes y llenas de experiencia recorriendo su cuerpo, en su boca pecaminosa susurrando su nombre, y ver su deseó para ella en el azul de sus ojos, deseándole, amandola..
La furia de la humillación nació y rugió en ella, pero lo disimuló todo lo que pudo. No quería sentirse vulnerable. No quería sufrir más, ya lo intuía entre ella y Terry las cosas no cambiarían con su reciente matrimonio. ¿Por qué? ¿Por qué no le ha dado la oportunidad? En el fondo de su corazón sabía la respuesta. Es por Candy. Aún muerta seguía siendo un obstáculo en su camino.
Susana nunca se había sentido más humillada en toda su vida y eso que tenía un largo historial de momentos vergonzosos en lo referente al ámbito masculino. Como las muchas veladas que había pasado apartada. O como todas las temporadas en el teatro que la habían tenido ocupada sin ser jamás cortejada por ningún caballero. O su nula capacidad para resultar seductora, algo que acababa de comprobar esa misma noche, hacía tan solo unos minutos. Aún sentía las mejillas arder cada vez que recordaba el rostro alucinado de Terry cuando ella le había propuesto tomarla. Él se había quedado mirándola como si no pudiese creer que ella hubiese dicho tal estupidez.
Susana apenas vio a Terry durante los siguientes días y aquello la entristeció profundamente. No la acompañó durante las comidas ni las cenas, tampoco por la tarde a tomar el té. Cuando no se encontraba en el teatro o en días de ensayo, siempre estaba encerrado en su habitación o en el despacho de la biblioteca. Y Susana se aburría. Los días se hicieron meses y su vida se combirtio en la misma rutina. Aún así ese día se sorprendío al enterarse que compartiría la cena con su esposo tal vez él había recordado que ese día cumplían seis meses de casados y puso sus esperanzas en la hora de la cena. Pero pronto supo que nada había cambiado y lo supo cuando vio a Terry levantarse.
—¿Te marchas? —preguntó ella desolada.
—He recordado que tengo que hacer unas cosas…
—Terry, quédate. Por favor —le rogó con lágrimas en los ojos, sintiéndose terriblemente mal por lo que estaba haciendo. Ese hombre no se lo merecía.
—No creo que sea buena idea, y no creo que acabe pronto. Será mejor que descanses. Y después salió de la habitación y la dejó a solas con su tristeza. Susana se hizo un ovillo en su silla. Una fuerza poderosa, ansiosa, había tirado de ella cuando lo había escuchado suspirar detrás de la puerta. Aun en esos momentos tenía que frenar el impulso que sentía por las ganas de ir tras él.
Annie Britter entró en la mansion de los Andry con pasos inseguros. No tenía muy buena cara, aunque estaba como Archie la recordaba. Después de que quedase expuesto el amor que aún sentía por Candy, Archie no había tenido el valor de terminar su compromiso con Annie, Archie miró con interés a la joven que se acercaba con pasos titubeantes a él. Annie tenía las mejillas encendidas y los ojos azules brillantes. Llevaba puesta una capa, así que Archie dedujo que acabaría de llegar de dar ese paseo matinal que antes compartía con él y que al principio odio pero con el tiempo termino por resultar agradable. El campo, pese a lo que había pensado siempre , resultaba relajante y reconfortante. Pero le recordaba a Anthony, Stear, y sobre todo a Candy. Pensar en ellos le sentó muy mal en el estómago. Archie uió a Annie a la biblioteca
—¿Qué deseas? —preguntó él bruscamente.
—Yo… Yo solo quería… hablar…
—No tengo mucho tiempo.
—Archie, por favor. Annie se acercó hasta él y lo cogió del brazo. El gesto lo desconcentró. Quería seguir manteniéndose frío e impasible frente a ella para no seguir haciendole daño, pero no podría hacerlo si lo tocaba.
—¿De qué quieres hablar? —cedió.
—Ya lo sabes. Lo que ocurrió tras la desaparición de Candy… —Se mordió el labio inferior de una manera tan deliciosa que él tuvo que hacer un esfuerzo para no inclinarse y besarla allí mismo, sin importarle nada.¿Qué le estaba curriendo?— Es momento de hablar de nuestra relación. Archie no quería que Annie siguiera sufriendo por su culpa, y tampoco queria dejarla que siguiera fingiendo que todo estaba bien, así que tomo la iniciativa.
— Annie. Yo… te aprecio...
La apreciaba. Annie no le gustó tener que conformarse con algo tan banal. Apreciar era una palabra mediocre. Podías apreciar a tu sastre, a la cocinera o al lacayo.
—Solo dime una cosa —inquirió él—. Sé que no soy el pretendiente perfecto, pero ¿tan segura tienes la idea de casarte conmigo para que estés dispuesta a vivir miserablemente sabiendo que no te amo? Annie tragó saliva con los ojos húmedos, como si estuviese a punto de llorar. Archie le aguantó la mirada, esperando una contestación por su parte, aunque en realidad lo único que deseaba era rodearla con sus brazos, besarla hasta dejarla sin aliento y desnudarla. Podría hacerle el amor sobre su cama, así siempre recordaría ese tórrido momento, O en el suelo, sobre la alfombra de pelo grueso. ¿Cuándo había pensado de esa manera con Annie?.
—No. Archie, es el motivo por el cuál estoy aqui… —Annie dudó —Pero creo que me merezco una explicación.
—Yo… lo siento … —Archie titubeó vacilante.
Cuando Annie vio que él se alejaba de ella, las palabras siguientes le salieron de golpe, incontenibles.
—Te amaré siempre.
—¿Qué? Archie se giró hacia ella y la miró horrorizado. Una mueca mal disimulada cruzó su semblante y a Annie se le llenaron los ojos de lágrimas. No sabía por qué lo había dicho, no era su intención, pero ya era tarde, dejó expuestossus sentimientos. La cruda realidad. Y su cruda respuesta. No hacía falta que contestase con palabras para que el corazón de Annie se rompiese en mil pedazos, era evidente que parecía tan sorprendido como si le hubiese dicho que acababa de ver a un cerdo volando pasar por la ventana. Sus labios estaban apretados, sus hombros tensos y no paraba de pasarse una mano por el pelo mientras intentaba ordenar sus pensamientos. Ella se quedó paralizada en medio de la estancia, aceptando con valentía sus sentimientos mientras él le daba la espalda y abría el aparador para buscar un trago.
— Doy por terminado nuestro compromiso, aunque no cambiarán mis sentimientos — balbuceo —, pero después de que quedasen expuestos ante nuestras familias el amor que aún sientes por Candy—en ese momento Archie dio un trago largo. —He decidido que no puedo casarme contigo. Sé lo mucho que sufriría. Puede que al principio fuésemos felices durante un tiempo, pero luego la cruda verdad consumiría nuestra unión . Probablemente acabaríamos viviendo separados. Y no quiero eso. Sabía que guardabas sentimientos por Candy, lo que no imaginaba es que fuera amor. pero tenía la esperanza de que terminaras amándome. Archie estaba sorprendido y aún estaba asimilando las palabras de Annie y no pensó antes de hablar.
—Annie, ¿cómo es que me amas…? Debes de estar confundida.
—En absoluto. Eres honesto, protector y bueno. También valiente, paciente y encantador cuando te lo propones… A Archie le latía el corazón tan rápido que apenas podía pensar. Tenía delante a una joven hermosa que aseguraba amarlo, pero él no se sentía merecedor de algo así. ¿Cómo era posible?
Siempre había estado estado enamorado de Candy tenía la sensación de que ya no podría ni sabría vivir de otra manera. Y, pese a todo, las palabras de Annie habían anidado en su pecho. Dio un paso al frente, dubitativo como un niño pequeño, anhelando estrecharla entre sus brazos… Pero entonces el hechizo se rompió. Annie tradujo su silencio y sacudió la cabeza, todavía llorando. Lo miró una última vez de una forma tan directa y desnuda que Archie se estremeció.
—Solo quería que entendieses por qué no podía casarme contigo. Pese a que ahora sabes que Te amo.. Pero esto lo hago por mí. Por mi corazón. Archie era un buen hombre, sí, pero no parecía dispuesto a abrir su alma ante ella. En el fondo de su alma era reservado. Annie suspiró, se levantó y se acercó a la chimenea. Contempló ensimismada las llamas ondulándose no soportó más tener su presencia tan cerca. Annie fue consciente entonces, todavía con las mejillas llenas de lágrimas, de que no podía tardar mucho en marcharse. Su cuerpo y su corazón ansiaban quedarse allí para siempre junto a ese hombre, pero su cabeza le gritaba que si lo hacía puede que nunca pudiese recuperarse de aquello. Después, salió de la habitación que se quedó con Archie en silencio, vacía igual que su alma. Él dio un paso al frente, pensando en ir tras ella, pero no lo hizo porque estaba paralizado, todavía asimilando sus palabras.
Había aprendido a triunfar en los negocios y a saber invertir, había conseguido con sus propias manos hacer una fortuna.. Por eso en esos momentos estaba perdido. Completamente. Annie lo amaba. Lo amaba. Eso había dicho… ¿Y él…? En el fondo de su corazón, sentía una emoción incontenible, un sentimiento tan poderoso que parecía querer escapar y salir de golpe. Y de repente salió como una revelación, sin avisar. Una certeza que se adueñó de todo su ser. La certeza de que sentía algo por Annie. ¿Qué otra cosa podría explicar que se muriese al pensar en la idea de verla marchar o de casarse con otro? ¿Qué otra explicación tenía que la echase tanto de menos y solo pudiese pensar en consolarla?
Albert observó desde la ventana de su habitación la llegada de la señorita Annie, e imagino lo que había pasado cuándo más tarde la vio marcharse con la cabeza gacha y pasó apresurado. Sin embargo no acudió ante su sobrino, en momentos así era mejor darle un espacio en privado,.Tenía la esperanza de que Archie por fin entendiera el error de perder a una mujer como Annie por un amor que nunca sería correspondido como el que sentía por Candy. Soltó un largo suspiró.
Nadie nunca podría entender por qué Albert se mostraba tan cauteloso con todo el mundo, por qué era mejor no expresar sus sentimientos.
Al día siguiente viajaría a Roma, aunque en la mansión de las rosas no supieran el verdadero motivo de su viaje ni el sitio al que iba con bastante frecuencia.
—Encantada de haber sido tu guía en esta semana, Jackson. Candy estrechó su mano con una gran sonrisa. Le habían asignado encargarse de instruir al nuevo asistente de cirugía toda la semana, y Candy lo había hecho con mucha paciencia y puesto gran esmero, pero Jackson tomó sus intenciones de diferente manera.
—Igualmente, Candy se soltó de su mano y dio unos pasos por la acera en dirección a la carretera para buscar un transporte. Acababa de terminar su jornada laboral en el hospital de la ciudad en Roma y deseaba llegar pronto a su apartamento para tomar un baño y leer un libro.
—¿Quieres que te acerque a tu casa? —preguntó Jackson desde atrás. En ese momento un carruaje apareció al final de la calle y, por suerte para ella, indicaba que estaba vacío. Elevó la mano con efusividad para llamar la atención del cochero.
—No hace falta. Vivo aquí cerca, tan solo son cinco minutos.
—No me importa —remarcó él mientras daba unos pasos para acercarse. El carruaje se detuvo ante ella y abrió la puerta trasera.
—No te preocupes. —Intentó ofrecerle una sonrisa sincera mientras subía .. El hecho de que hubiese sido un compañero de jornada laboral no significaba que no apreciase el detalle de querer llevarla—. Vamos hablando.
—De acuerdo. Buenas noches —indicó moviendo su mano a modo de despedida con una sonrisa en su rostro. ¿Y sonreía? Era evidente para todos el interés que había empezado a mostrar con Candy, todo el personal en su área laboral ya había empezado a hablar de ellos. Cuando el conductor arrancó y le indicó la dirección de su hogar se apoyó contra el respaldo y suspiró.
—Madre de Dios —susurró para sí misma mientras ponía los ojos en blanco. Se sentía como si hubiesen exprimido todas sus fuerzas. Ella tenía el corazón sellado.
Desvió sus ojos hacia la ventana, mirando las estrellas que brillaban en el firmamento. A diferencia de América allí era de noche.. Sus pensamientos fueron para Terry qué ahora era un hombre casado.
Nadie más podía entender por qué se mostraba tan cautelosa con su vida amorosa ante todo el mundo, por qué era que seguía soltera, y por qué continuaba teniendo la costumbre de mirar hacia atrás por encima cuando caminaba por la calle, como si temiese que alguien pudiese reconocerla a pezar de no quedar nada en ella que la identificará con su otra Vida.
Mientras halla vida, hay esperanza. No para ella que había muerto.
¿Qué te ha pasado pequeña durante todo este tiempo que has estado fuera ― preguntó él al aire mientras iba, recorriendo con sus ojos en la distancia el triste rostro de Candy. ¿Por qué siguez sufriendo demasiado? No se acercó a ella, se limitó a quedarse observándole, pero sabía la respuesta a aquella pregunta. Parecía que ella nunca podría olvidarlo, seguía sufrido día tras día en silencio su ausencia y desde que había puesto distancia parecía como si todos aquellos sentimientos que había podido mantener a raya pugnaran por salir a la luz.
Continuará...
Feliz año 2022 lectores. Me ausente un momento por las vacaciones de los niños y los días festivos, aunque lo intente no conseguía hacerme un momento para escribir y con tantas cosas en la cabeza no tenía inspiración. Pero bueno aquí estoy cumpliendo con ustedes.
Saludos y buenos deseos para sus hogares. Sonrían siempre. Su amiga.
JillValentine.x
