Disclaimer: Los personajes de Naruto y Slam Dunk no me pertenecen.
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Entrenamientos
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No era que estuviese turbado o molesto; desde hacía casi una semana había comenzado con los entrenamientos en el equipo de baloncesto de Shohoku y ya se perfilaba como el mejor novato del año, pero estaba ese algo que seguía fastidiándole.
Quizá era Hanamichi Sakuragi, aquel idiota cuya molesta presencia bastaba para descolocarlo, no sólo porque era un ser ruidoso, molesto y estúpido, si no que había algo más. Tal vez consideraba como una burla que un sujeto como aquel (aunque de una manera muy burda y por demás irregular) le hubiera ganado a un jugador del calibre de Takenori Akagi en un uno a uno, o un insulto que se le hubiera permitido entrar al equipo sin siquiera saber lo básico, casi poniéndolo a la altura de alguien como él, que prácticamente había crecido por y para el basketball.
El baloncesto era lo único que le daba sentido a su vida, y no dejaría que un imbécil como Sakuragi arruinara eso.
Ése era su año.
Rukawa lanzó el balón desde el centro de la cancha, siguiéndolo con la mirada, conteniendo la respiración un segundo. Y encestó. Con gran agilidad lo recogió nuevamente y lo rebotó varias veces antes de volver a intentar encestar. Dio un brinco, alzó los brazos y tiró. De nuevo acertó. Suspiró, satisfecho, y lo intentó una vez más desde media cancha, metiendo el balón al tiempo que escuchaba una gran cantidad de aplausos y vítores.
Confundido, Kaede alzó la mirada, cerciorándose de que estaba completamente solo, y, una vez seguro, repitió el lanzamiento, pero los gritos y festejos volvieron a escucharse, interrumpiéndolo antes de que pudiera concentrarse, lo cual, inevitablemente, hizo que el balón rebotara contra el aro, perdiéndose en los arbustos al otro lado de la cancha.
Rukawa frunció el ceño y bufó; rodó los ojos y caminó fuera del concreto en busca de su pelota, la cual halló a unos cuantos metros; dobló las rodillas para recogerla y volvió a escuchar los gritos, solo que con más claridad esa vez:
— ¡Match Point!
Se irguió, curioso, y asomó la cabeza hacia las canchas de tenis, notando la multitud que se había reunido en torno a una de ellas, aplaudiendo y gritando como verdaderos tarados. No podía ver quiénes estaban jugando, aunque sí podía escuchar el sonido que las raquetas hacían al golpear la pelota acompañado de los clásicos jadeos; volteó con su balón en las manos, rodándolo sobre un dedo y disponiéndose a regresar sobre sus pasos hasta que escuchó algo que sí llamó su atención:
— ¡Set! ¡Van 5-0 para la chica rubia!
Volvió a girarse y a enfocar la mirada en las canchas, saliendo de los arbustos con su balón bajo el brazo y una expresión interrogante en el rostro, y al acercarse la vio correr de un lado a otro por la cancha de polvo de ladrillo, con una raqueta en la mano y una expresión de completa concentración en el rostro, regresando cada pelota con una rapidez y ferocidad que nunca antes había visto en una chica, y sólo en muy pocos chicos. El largo cabello rubio se mecía al compás de sus movimientos, al igual que la falda plisada, y sus enormes ojos ahora ya no parecían tan enormes, sino que estaban entornados en una posición de plena determinación, como los de un depredador, sin dejar de seguir nunca la pequeña bola amarilla, enviándola una y otra vez a lugares imposibles, logrando anotar cada vez contra el gorilón que le servía de contrincante.
— ¡15-0 para la extranjera!
Rukawa se olvidó por un segundo del basketball, sólo concentrándose en seguir cada uno de los movimientos de Ino Yamanaka sobre la cancha.
— ¡30-0 para la preciosa rubia!
Ino se ruborizó, pero en ningún momento perdió la concentración; sin darse cuenta, Kaede se había acuclillado sobre el suelo, junto al club de admiradores de la chica, que en ningún momento pareció percatarse de que él estaba allí. No entendía nada de tenis más que había que pegarle a la bola amarilla con fuerza, pero, extrañamente, le interesó el juego.
La chica empezó el servicio. Lanzó la pelota al aire y la golpeó con fuerza moderada; el otro sujeto tuvo que adelantarse para regresarla, y, al hacerlo, Ino sonrió y la regresó con todas sus fuerzas, siéndole imposible a su adversario alcanzarla, por lo que esta golpeó en el límite, pero dentro. En ese momento todo mundo se quedó callado, hasta que de volvieron a explotar todos a la vez, sorprendiendo a Rukawa con su euforia, aunque aceptaba que sí había sido un buen espectáculo.
— ¡Set! ¡La chica rubia gana el partido!— volvió a gritar esa voz, y los presentes (en su mayoría hombres) empezaron a deshacerse en aplausos y silbidos. Claro que él ya estaba acostumbrado a todo eso, pero nunca había presenciado tales festejos que no fueran para un partido de baloncesto, mucho menos para un simple partido en un parque.
Ino sonrió, radiante, y estrechó la mano de su contrincante, el cual aprovechó la unión para acercarla a él y susurrar algo en su oído, a lo que ella negó con otra sonrisa, liberándose de su agarre para guardar su raqueta y tomar un poco de agua sobre una banca, saludando a todo el que se acercaba a hablarle.
Entonces, mientras hablaba con dos sujetos con aspecto de universitarios, alzó la vista y sus ojos, que habían vuelto a ser tan enormes y risueños como siempre, se posaron sobre él, que seguía encaramado con una rodilla en el suelo y su pelota a un lado, e Ino Yamanaka le sonrió, tomando sus cosas y disculpándose con sus admiradores para caminar hacia Rukawa con cierto sigilo, mas no con renuencia.
—Hola— le dijo con simpleza, dejando de sonreír para beber de su botella.
—Hola— respondió Rukawa, indiferente, irguiéndose para hacerle frente. Si bien le llevaba más de una cabeza de altura ella no parecía para nada intimidada con su cercanía, mucho menos obnubilada o ansiosa.
—Parece que vaya donde vaya siempre voy a encontrarte— bromeó Ino, pero él no rió ni dijo nada— ¿Jugabas baloncesto?— inquirió, señalando su pelota con la botella.
—No en realidad— contestó él después de un rato, indiferente y taciturno.
—Ah... ¿viniste a verme jugar?— algo en su interior se tensó, aunque procuró no demostrarlo.
—Sólo estaba de paso.
—Ya...— sin darse cuenta había empezado a caminar junto a ella hacia la salida del parque— Asumo que no te gusta el tenis.
—No mucho.
—Tampoco conversar, ¿verdad?
—No mucho— volvió a contestar, sin darle importancia. Ella soltó una risilla— Juegas bastante bien.
— ¿Para ser una chica?— volvió a reír, provocando que Rukawa enarcara una ceja.
—Sólo iba a decir que juegas bastante bien— refutó— ¿Estás en el club de tenis?
—No lo sé; aún no me decido.
Eso lo sorprendió, y no se molestó en ocultarlo.
—Eres buena. Deberías entrar.
—También sería buena afeitando cachorros, y no me ves por allí haciéndolo todo el tiempo.
Rukawa frunció el ceño y se decidió a mirar hacia adelante. Ino suspiró y aceleró el paso para alcanzarlo.
—Oye, sé que no tuvimos el mejor de los inicios, pero, si voy a verte todos los días en la escuela y cada vez que salga de casa, me gustaría, por lo menos, poder entablar una conversación civilizada contigo.
—No soy bueno conversando.
—Pues por el momento no conozco a nadie más. Cuando lo haga, dejaré de fastidiarte, lo juro— volvió a sonreírle, mordiendo la tapa de su botella— Como ya te dije, mi nombre es Yamanaka Ino. Y sé que tú eres Kaede Rukawa, jugador de baloncesto. Y un poco gruñón. Supongo que podemos ser amigos.
—No me interesa hacer amigos.
Ino detuvo la botella que se llevaba a los labios, soltando una risa que sonó como a un carraspeo.
—Ya lo creo que no— rió; Rukawa la miró de reojo— Entonces que te parece 'conocidos cordiales'. Suena bien, ¿no crees?
—… — él detuvo sus pasos, e Ino lo imitó, girándose con la duda plasmada en el rostro— Tengo que seguir practicando— anunció, dándole la espalda mientras volvía a rebotar su balón. Escuchó que ella suspiraba algo, pero no le dio importancia. Sin embargo, antes de meterse de nuevo en las canchas de baloncesto volteó de forma automática, notando, con algo de sorpresa, que Ino ya se había ido.
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Se removió entre las sábanas, inquieto, y abrió los ojos a la vez que se sentaba sobre la cama, observando el incipiente amanecer a través de la ventana.
Curiosamente, no había podido dormir bien, a pesar de que no debía ir al instituto hasta las diez, y de que le fascinaba dormir. Ese día tenía un nuevo entrenamiento con el equipo de basketball, y por un segundo dedujo que era por esa razón que se sentía extrañamente ansioso, aunque se deshizo de aquella teoría casi de inmediato; toda su vida había sido un jugador de baloncesto, y estaba seguro de que era el mejor de todo el equipo de Shohoku… Sin embargo, recordar a aquel molesto pelirrojo que había competido con el capitán Akagi le producía cierto enfado. Hanamichi Sakurgi tenía algo… no sabía qué, pero fuera lo que fuera le decía que no debía confiarse con él.
Llevándose las manos al rostro se desperezó del todo, quitándose las mantas de encima. Se levantó y bajó a la sala, sin molestarse en cambiar sus ropas; se puso los zapatos deportivos en la entrada y salió de su casa bajo los últimos vestigios de la noche, y los primeros del nuevo día.
La mayoría de sus vecinos no habían despertado aún, por lo que la calle estaba desierta. Rukawa estiró los brazos mientras alzaba la vista hacia el final de la avenida con el oceáno de fondo, cuya inmensidad se hacía más notable con cada paso que daba, aumentando la velocidad poco a poco hasta que empezó a correr a un ritmo pausado, cambiando la trayectoria, sin detenerse, al llegar a la acera lindera a la costa.
Corrió cerca de quince minutos junto a la playa y se detuvo un momento para observar el sol irguiéndose sobre la lisa superficie del mar, algo que hacía habitualmente. Ya con la luz del día sobre su cabeza aligeró el paso y corrió perpendicularmente a la costa hasta llegar al parque, donde siempre hacía la segunda parada, tomaba agua del bebedero y daba unas vueltas antes de regresar.
Hasta el momento todo era normal; se detuvo, bebió un poco de agua y se mojó el rostro, estirando los músculos hasta que unos pasos presurosos llamaron su atención, mas no hicieron que volteara; Rukawa sólo se hizo a un lado para permitirle el paso a aquel corredor, concentrado en estirar las rodillas, ignorando las pisadas que se acercaban hasta que éstas se detuvieron muy cerca.
—Vaya. Esto empieza a asustarme.
Abrió levemente los ojos, volteando al mismo tiempo que enarcaba una ceja. Allí, de pie a unos escasos metros, estaba Ino Yamanaka, con su largo cabello rubio atado en una coleta alta y vestida con unos cortos pantalones deportivos y una sudadera que parecía ser un par de tallas más grande.
—Hola— dijo la chica, sonriéndole.
—Hola— respondió tras un breve momento de sorpresa, limpiándose el rostro con el dorso de la mano y alzando la mirada con aires despistados.
— ¿Corres por aquí todas las mañanas?— Ino intentó romper el hielo con aquella frase, estirando los músculos de sus brazos; Rukawa la contempló por el rabillo del ojo con algo de renuencia.
—Solo a veces— se limitó a responder.
—Ah… ¿olvidaste tu balón?
—No siempre lo traigo conmigo cuando corro.
— ¿Vives por aquí?— le soltó, sorprendiéndolo un poco por lo directo de su pregunta; nunca había hablado con una chica que no balbuceara ni un poco en su presencia.
—A unas cuantas calles— volvió a sorprenderse al contestar con toda naturalidad mientras volvía a avanzar, con Ino a su lado.
—Yo vivo aquí cerca; quizá por eso siempre nos encontramos en el mismo lugar— le sonrió la chica, siguiéndole el paso— Escuché que se acerca el primer partido de basketball. Deben estar entrenando mucho— comentó; Rukawa volvó a contemplarla de lado.
¿Acaso esa chica nunca se callaba? Aun así se decidió a responderle, más por inercia que por otra cosa:
—Sí; estamos entrenando todos los días.
—Que bien. El equipo de soccer jugó ayer y perdió. Fui a verlos; me gusta el soccer.
—El basketball es mejor— determinó el chico, formando una línea recta con sus labios— Y nosotros no perderemos. Yo no lo permitiré.
Escuchó algo así como una risita nasal de parte de su acompañante; entonces, vio como ésta se le adelantaba unos pasos con facilidad.
—Eres un tipo tenaz, Kaede Rukawa. Me gustaría ver jugar a tu equipo— dijo, y sin más corrió más rápido, dejándolo atrás sin intercambiar más palabras ni saludos, dejando a Rukawa mucho más confundido y ansioso que antes.
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— ¡Rukawa! ¡Presta atención!
Sintió el golpe en la coronilla y alzó la cabeza con aires somnolientos, atendiendo al profesor con una mirada cansada.
— ¿Hum?— murmuró, sobándose la zona afectada con pereza.
— ¡Si vuelves a dormirte reprobarás todo el semestre!
Rukawa entornó la mirada y se cruzó de brazos sobre el pupitre, atendiendo a la clase por solo un minuto hasta que volvió a recargar la cabeza entre los antebrazos, posando la vista en una de las ventanas mientras bostezaba.
—Señorita Yamanaka, ¿puede traducir el siguiente párrafo?
Casi por inercia posó los ojos en el estilizado perfil de la joven rubia que se había puesto de pie con el libro de textos en las manos.
— "Lo aleatorio existe y se empeña en recordárnoslo una y otra vez. Los hechos pasados no explican los hechos futuros. ¿Existe el destino? Tener más información no garantiza mejores decisiones, pero sí más confusión. Y en el afán de suprimir lo aleatorio nos deprotegemos, perdemos habilidades para reaccionar ante lo imprevisible, lo desconocido, que muchas veces se presenta de forma inevitable"— recitó, volviendo a tomar asiento para seguir atendiendo a su tarea.
—Excelente. Takuya, el siguiente párrafo.
Escuchó como otro de sus compañeros seguía con la lectura, pero ya no prestó atención. Siguió mirando a Ino, que sólo se dedicaba a tomar notas, concentrada en la clase, sonriendo de vez en cuando al atender a algún comentario que sus compañeros le hacían por lo bajo.
No la conocía demasiado, ya que sólo habían hablado un par de veces en la calle y él casi siempre estaba dormido en la escuela, pero claramente se veía que era la alumna y compañera perfecta; activa, simpática, comedida e inteligente. Parecía agradarle a todo el mundo, pero había algo en ella que le incomodaba levemente. No era que le gustara ser presumido, pero no era tan idiota como para no percatarse de que la gran mayoría de las mujeres que conocía parecían siempre interesadas en él, en su forma de jugar y demás; pero no Ino Yamanaka. Ella no sólo no parecía no estar interesada en verlo, si no tampoco en nada de su persona…
La campana sonó, encontrándolo despierto y pensativo, de nuevo observando cada movimiento de Ino Yamanaka, cosa que logró disimular cuando ella se levantó de su asiento y pasó junto a él sin siquiera mirarlo o darse por enterada de su presencia.
Rukawa pestañeó, pasándose una mano por el cabello con pereza. Ni siquiera había sacado sus libros, así que sólo tomó su maletín y se desperezó durante un buen rato antes de salir.
El entrenamiento de seguro haría que dejara de pensar en tantas cosas sin sentido.
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— ¡Rukawa!
Dejó de rebotar el balón y alzó la vista hacia el capitán Akagi, quien estaba de pie junto al idiota Sakuragi, mirándolo.
— ¿Hmp?
—Quiero que le enseñes cómo se hace un tiro con dribleo— ordenó el capitán, con voz firme.
— ¡¿Qué?! ¿Rukawa me enseñará?— preguntó el molesto pelirrojo, pero Rukawa sólo pasó de él como si no lo hubiera oído y miró a Akagi.
— ¿Eh? Ah, sí— respondió con simpleza. Poco le interesaba ayudar a aquel idiota, pero no era su intención desobedecer una orden directa.
Tomó aire y volvió a rebotar el balón, preparándose para avanzar. Los gritos de aquellas molestas mujeres dejaron de importunarlo, y sólo se concentró en el tiro. Un paso, dos; iba a dar el tercero cuando notó el balón que rodaba lentamente entre sus piernas, haciéndole esbozar una mueca.
—Vete al infierno, Rukawa— Hanamichi Sakuragi le sonrió con burla, recibiendo un golpe del capitán Akagi como reprimenda. Kaede sólo lo ignoró y volvió a avanzar, encestando una canasta perfecta.
Los gritos volvieron a molestarle, pero sólo recogió el balón y lo rebotó hacia el otro extremo de la cancha, esperando que todas aquellas molestas mujeres desaparecieran, y que el idiota pelirrojo terminara con su estúpido berrinche. Entonces la vio, fuera del gimnasio, con un enorme ramo de flores blancas entre las manos, mirando la práctica. Rukawa trastabilló levemente debido a la sorpresa, pero logró disimularlo a la perfección, a pesar de que casi perdió el balón de las manos. El sonido de las suelas de sus zapatos frenando sobre el piso de madera llamó la atención de la muchacha, que de inmediato posó sus enormes y claros ojos sobre él, esbozando una sonrisa.
—Hey— lo saludó, estrechando la mirada con alegría. Kaede sólo la miró, levemente sorprendido.
—Hola— bufó, más por cortesía que por otra cosa. Yamanaka Ino era su compañera de clases, después de todo.
La chica acomodó el ramo de flores bajo su brazo y dio un paso hacia él, observando mejor el gimnasio.
—Vaya… Así que éstas son las prácticas de basketball de Shohoku— suspiró— Todos son muy altos…
— ¡Eres un estúpido!— los gritos del capitán Akagi volvieron a escucharse por todo el gimnasio, y los ojos de Ino cambiaron de dirección, centrándose en la pelea mientras Rukawa suspiraba con hastío.
—Oye, Rukawa, ese fue un tiro espectacular— Ino le dedicó otra sonrisa, provocando que algo se retociera en el estómago de Kaede.
—Tengo que seguir— se excusó, y volvió a acercarse al tablero, a tiempo para ver el espectáculo del capitán Akagi y Sakuragi en primera fila.
— ¡Tranquilízate! ¡Yo no entiendo los sentimientos de los gorilas! ¡No tienes que ser tan agresivo con la gente!
— ¡¿A quién le dices gorila?! ¡Inútil! ¡Eres un bueno para nada! ¡Inútil!
Rukawa bufó, quedándose muy quieto bajo el tablero; no obstante, al cabo de unos segundos sus ojos volvieron a toparse con la sonrisa de Ino Yamanaka, y, sin pensarlo dos veces, volvió a rebotar el balón, haciendo un espectacular tiro sencillo mientras el capitán y el pelirrojo gritón seguían con su pelea. Los gritos de admiración de aquellas locas que lo seguían a todas partes no se hicieron esperar, y, con una extraña satisfacción, Rukawa se regodeó en los brillantes ojos de Ino Yamanaka, pero regresó a la realidad al volver a escuchar los gritos desenfrenados de mujer, viendo como las locas acosadoras discutían con la hermana de Akagi, interrumpiendo la práctica con sus berridos. Kaede bufó ante lo molesto de la situación y giró el balón sobre su dedo índice, comprobando de reojo que Ino siguiera mirándolo.
—Rukawa, enséñale a hacer el tiro otra vez.
—Sí— respondió automáticamente, rebotando el balón una vez más.
Miró a Ino antes de enfrentar la canasta y empezó a correr rebotando el balón; no era que le gustara lucirse, pero se sentía animado para demostrar todas sus habilidades. Estaba listo para lanzar, avanzó unos pasos más y sintió el golpe el trasero, deteniéndose como acto reflejo para enfrentar al idiota Sakuragi.
— ¡¿Yo hice eso?! ¡Ay, ay, ay! ¡No, no! Se me resbaló el balón…— le dijo, burlándose de él antes de obtener un nuevo golpe de Akagi.
— ¡Tonto, no digas mentiras!— le gritó el capitán, molesto— ¡Él está haciéndolo para ayudarte!
Rukawa esbozó una mueca de enfado, escondiendo todo el bochorno que el imbécil de Sakuragi le había provocado, sobre todo al ver que Ino estaba riendo; se reía de él. Odió a Sakuragi más que nunca por eso.
El tonto pelirrojo tomó el balón y volvió a intentar el tiro, golpeándose en la cara al fracasar una vez más.
—No puedo…— se lamentó desde el suelo— ¡Rayos! ¡No puedo hacer ese tiro tan simple…!— varios rieron; Rukawa observó a Ino, que había fruncido las cejas rubias con algo de preocupación; preocupación por Hanamichi Sakuragi.
—Que tonto— bufó, sosteniendo el balón a la altura de su rostro, sintiéndose más cabreado que de costumbre.
—Rukawa, hazlo otra vez, por favor— la voz conciliadora del capitán Kogure lo distrajo. Rukawa volteó, fastidiado, y su mirada se cruzó con la de un rabioso Sakuragi.
"¿Otra vez? ¿Y por qué tengo que hacerlo yo para ese tonto? Demonios…". Ahogó un resoplido y no se negó a la petición de su superior.
Rebotó el balón con pereza; agilizó el paso y corrió hacia el tablero. Estaba cerca e iba a alzar el brazo, entonces sintió el golpe en la nuca que lo paralizó, obligándolo a detenerse.
—Se me resbaló el balón…— de nuevo escuchó la fastidiosa voz de Sakuragi burlándose de él. Giró el rostro y con desagrado vio que Ino Yamanaka volvía a reírse de él por culpa de aquel idiota. Y frunció mucho el ceño.
— ¡Ah, muy bien! Te mostraré el resultado de mi entrenamiento. ¡Voy a encestarlo!— gritó Sakuragi, rebotando el balón hacia la canasta, con decisión. Se movió con rapidez y agilidad; estaba muy cerca de su objetivo cuando un balón se estrelló contra su rostro, desestabilizándolo— ¡Argh! ¡¿Quién fue?!
Todos en el gimnasio parecían en shock.
Rukawa miró su mano con disimulo, fingiendo algo de sorpresa.
—Se me resbaló el balón— dijo con voz aburrida, enseñando la palma extendida de su mano con aire indiferente. Sakuragi alzó un puño y apretó los dientes, desafiándolo con la mirada, gesto que Rukawa no se molestó en responder.
—Bueno, ya están a mano. Es suficente. Eh…Dejen de pelear muchachos, por favor, ¿de acuerdo? ¿Si?— Kogure se apresuró a mediar entre ellos, dando unas palmadas para captar la atención— Sakuragi, tú suelta un poco más tus brazos; tienes que tirar más suave— alzó los brazos e hizo el ademán de arrojar el balón— Así, mira. Como tienes buena estatura y saltas muy bien, sólo debes depositar el balón en la canasta…
Kaede bufó y se llevó una mano a las sienes, acercándose inconscientemente a la entrada en donde Ino seguía de pie.
— ¿Estás bien?— preguntó ésta, captando levemente su atención.
—Sí— suspiró, desviando la mirada hacia el entrenamiento.
—Eso fue muy gracioso.
Él la miró y arqueó una ceja, interrogante, pero no dijo nada.
—Oye, Rukawa— Kaede volteó, encontrándose con un resignado Hanamichi enfrente— Discúlpame. No pude lograrlo porque estaba molesto. Perdón— aunque no lo demostró, aquellas palabras en verdad lo sorprendieron— ¿Puedes demostrarme ése tiro, por favor? Has el tiro con dribleo…
Rukawa abrió levemente los ojos. No sabía qué demonios tramaba aquel principiante, pero el tono cordial de Sakuragi lo había convencido.
—Sí, está bien— respondió de igual forma.
Tomó un balón y comenzó a rebotarlo, preparándose para la demostración.
Nunca había sido muy bueno para enseñar, pero cuando alguien le pedía algo tan cordialmente no era capaz de negarse, aunque ese alguien fuera el idiota Sakuragi.
Movió los pies con rapidez y avanzó hacia la canasta, listo para volver a mostrar sus habilidades.
— ¡Ay, no, no puedo controlarlo!— sintió el primer golpe en la espaldan sin poder evitar soltar el balón y caer al suelo de rodillas— ¡Eres un estúpido! ¡Toma, toma!— le gritaba Sakuragi, atacándolo a bolonazos— ¡Levántate!— Kaede se recargó en las palmas de las manos, resistiendo cada golpe apretando los dientes hasta que pudo pararse y regresar el ataque, arrojando primero el cesto y después los balones, tal y como Sakuragi lo había hecho.
Poco le importaba el que estuvieran rodeados de personas. El idiota pelirrojo lo había arrastrado hasta el límite de su paciencia; algo que nadie más había logrado nunca. Ni siquiera le importó que su compañera de clases estuviera mirándolo. Quería venganza, y nadie podría detenerlo.
— ¡Ya tranquilícense!— gritó el capitán Akagi, verdaderamente molesto, parándose imponentemente frente a ellos. De pronto, el cesto le cayó en la cabeza, y todos en el gimnasio parecieron contener el aliento; incluso Rukawa había dejado de lado toda su ira.
—Ahora sí…parece gorila— musitó Sakuragi,frunciendo los labios.
"Es verdad", pensó Kaede, entornando la mirada, pero ninguno tuvo tiempo de más, ya que el Capitán Gorila ahogó cualquier otro comentario con un coscorrón para cada uno.
— ¡Escúchenme!— exclamó el enorme superior tras mandarlos a un rincón— Hoy no practicarán con nosotros— sentenció, y Rukawa frunció el ceño. ¿Acaso la situación podría ser más embarazosa?
— ¡Maldito Rukawa! ¡Me las pagarás— gruñó el novato pelirrojo, haciendo otro de sus berrinches. Rukawa sólo bufó, mirándolo de reojo, y luego reparando en la sonrisa de Ino Yamanaka, volviendo a fulminar a Sakuragi con la mirada.
—Idiota— gruñó, intentando deshacerse del ardor que invadía sus pálida y magulladas mejillas.
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— ¡Vamos, compañeros! ¡Más rápido!— exclamó Kenji Fujima, dando saltos sobre la arena para no perder el ritmo.
—Capitán Fujima, déjenos descansar un momento— pidió uno de sus compañeros, recargando las manos en la rodillas mientras intentaba recobrar el aire, al igual que muchos de los demás.
— ¡No podemos descansar!— respondió el capitán, enérgico— ¡Se acerca el primer partido y la Preparatoria Shoyo debe ser una de las finalistas en las Nacionales! ¡Arriba esas rodillas!
—Sólo un minuto, capitán— pidió ahora Hanagata, con la respiración agitada— Llevamos más de seis kilómetros recorridos, por favor…
Fujima arqueó el entrecejo, todavía sin detenerse.
— ¡Bien! Descansen si lo necesitan— cedió; varios suspiraron y se dejaron caer sobre la arena— Yo aún tengo muchas energías, así que no voy a detenerme— sentenció, reanudando la marcha pausada y lanzándose a correr sobre la arena mojada.
Corrió tan rápido como pudo, deteniéndose cuando al fin había perdido las siluetas de su equipo en el horizonte, suspirando con cansancio y sentándose en la orilla, recostando la espalda en la cálida arena.
El sol había comenzado a caer más allá de la línea que separaba el océano del cielo. Kenji sujetó la arena con las manos y cerró los ojos mientras se acompasaban los agitados latidos de su corazón. Y se quedó así durante varios minutos, esperando ser alcanzado por su equipo, o que la noche lo encontrara allí; lo que sucediera primero.
Estaba ideando una estrategia para su próximo partido cuando escuchó aquella suave risa de mujer, acompañada por lo ladridos de un perro.
Curioso, se levantó y se dispuso a investigar un poco; cerca del muelle, a unos pocos metros de donde él estaba, a contraluz distinguió la esbelta figura de una chica jugando en la orilla con un perro enorme, salpicando agua mientras reía más y más fuerte. Al principio no prestó demasiada atención, sin embargo, había algo en su risa que le resultó casi hipnótico, y le impidió apartar la mirada.
Ella se movía con gracia, como una bailarina sobre un escenario, lenta, segura y captando todas las miradas. Entonces volteó, y los últimos rayos de sol cayeron sobre su rostro y se reflejaron en la superficie del agua, sacándole destellos que hacían que la escena se viera aún más irreal; Fujima sintió su corazón golpeando con fuerza dentro de su pecho al poder ver los rasgos de la joven desconocida con más nitidez. Su cabello era tan claro como la luz del sol, y sus ojos, inteligentes y sagaces, eran del color del mar bajo un despejado día de verano, y se le antojaron tan hermosos que no pudo evitar sonrojarse.
De repente ella dejó de reír y encontró su mirada con la suya, llevándose una mano al pecho. El vestido ligero que llevaba se le pegaba a las piernas, al igual que el largo cabello rubio se adhería a su espalda y sus caderas.
Kenji se quedó muy quieto, temiendo que si hacía algún movimiento, por minúsculo que éste fuera, la espantaría.
— ¡Capitán Fujima!
Todo el encanto fue roto por la estridente voz de Mitsuru Nagano, y Fujima volteó hacia él, notando como todo su equipo se acercaba corriendo.
Cuando volvió a voltear la hermosa chica había desaparecido.
—Oye, Fujima, ¿te pasa algo?— preguntó Hanagata, tocando su hombro.
Fujima lo miró por el rabillo del ojo, sin dejar de observar el lugar donde aquella desconocida estaba segundos antes, turbado.
—No— suspiró después de un rato, derrotado, desviando la vista hacia el muelle— Sigamos corriendo.
— ¡Sí!
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Ino suspiró, arrojando la vara lo más lejos posible y mirando como el perro de su vecina (el único amigo que había hecho desde que había llegado a Kanagawa) corría a recogerlo con gran emoción para volver a dejarla a sus pies.
Apenas había pasado un mes desde la mudanza, y era como si hubiera pasado un siglo. Sin conocidos, sin amigos, le costaba demasiado adaptarse, y odiaba eso.
—Vaya, qué fácil te diviertes, amigo— suspiró, acariciando la cabeza color miel del perro labrador. El can lamió su mano y le dirigió una mirada interrogante; Ino sonrió— De seguro debes ser un perro muy popular en el vecindario— acarició su hocico y alzó la mirada, pensativa— Aquel chico en la playa…— rememoró, curiosa— ¿Por qué me miraba tanto? Hum…La gente de aquí es muy extraña…Creo que desde hoy sólo hablaré con animales— volvió a sonreír, y el animal ladró, como si le hubiera entendido— ¡ Eres adorable! ¡Ve por ella!— alzó el brazo y tiró la vara con fuerza, lo más lejos que pudo, sin fijarse. Entonces oyó el golpe y el sonido metálico chocando contra la acera— ¡Ay, por Dios!— chilló, parándose para auxiliar al joven que se había caído de su bicicleta— ¡¿Estás bien?!
— ¿Hum?— Kaede Rukawa parpadeó, sentándose en el suelo mientras miraba a su alrededor con confusión— ¿En dónde estoy?— preguntó, confuso, parándose y observando su bicicleta— Creo que volví a quedarme dormido— bufó, pasándose una mano por la nuca para luego reparar en Ino— Ah, eres tú.
— ¿No te dolió el golpe?— le preguntó ella, señalando la marca rojizo que tenía en la frente, lugar donde la vara lo había golpeado; él sólo juntó los ojos e intentó ver la zona, negando con la cabeza— ¿De verdad ibas dormido en esa bicicleta?— preguntó escéptica.
—Sí, me pasa a veces— respondió él, encogiéndose se hombros antes de levantar su bicicleta y mirar a su alrededor una vez más— Vaya. Me desvié bastante esta vez…
Ino arqueó una ceja, pero acabó por sonreír.
—Así que no solo te duermes en las clases— comentó, divertida— Me pregunto si también lo haces en los entrenamientos.
Rukawa la miró de refilón.
—No; sólo lo hago cuando estoy aburrido.
—Ya veo— rió la chica— Por cierto, fue un gran entrenamiento el de hoy en la tarde— le dijo, alzando el dedo índice— En Inglaterra solía gustarme un chico que era capitán del equipo de basketball de la escuela, pero sus jugadas no eran tan buenas como las tuyas— comentó, encogiéndose de hombros mientras observaba el atardecer con aires distraídos— Tienes una increíble concentración y habilidad; me recuerdas a…— calló de pronto y bajó la mirada, negando en silencio— No importa, tengo que irme ya; debo devolverle su perro a la señora Kitamura— anunció, enganchando la correa al collar de la mascota de su vecina— Te veré en la escuela— se despidió con una mano, dando media vuelta.
—Oye…— Rukawa se sorprendió a sí mismo al haber dicho aquello, pero cuando Ino se volteó hacia él sus labios volvieron a moverse solos:— Abrá un partido de práctica en dos días con la Preparatoria Ryonan; quizá, tal vez, quieras ir a ver… Para ilustrarte— murmuró, desviando la mirada, sintiéndose extrañamente nervioso.
Ino parpadeó, con un poco de sorpresa.
—Oh, lo siento, pero ese día tengo un partido de práctica del club de tenis en la Preparatoria de Shoyo…— comentó, apesadumbrada; Kaede alzó la cabeza y abrió levemente la mirada; Ino sonrió— Sí, me inscribí al club, así que… Lamento perderme su partido.
—Ah… No; no es importante— se apresuró a aclarar, sintiendo un extraño calor invadiendo sus pálidad mejillas— Sólo…quería que vieras que el baloncesto es mucho mejor que el soccer— bufó, metiendo las manos en las bolsas de sus pantalones y desviando la mirada, indiferente.
Ino soltó una risita y se cubrió la boca con una mano.
—Jamás te rindes, ¿verdad?
—Ni siquiera sé lo que eso significa— declaró con severidad, mirándola a los ojos.
—Tampoco yo— añadió Ino— Tal vez podrías verme jugar alguna vez.
—Ya lo hice. Pero yo no entiendo de tenis.
—Ni yo de basketball.
Rukawa levantó su bicicleta y volvió a mirarla.
—Hum. Tengo que irme— anunció después de un rato, ahogando un bostezo.
—Sí, yo también— dijo ella, acariciando la cabeza del perro que cuidaba; Kaede asintió y se dio la vuelta, despidiéndose con un tímido movimiento de cabeza— ¡Oye!— se detuvo y se volvió una vez más, con expresión interrogante.
— ¿Hum?
—Buena suerte en tu partido— le sonrió la chica, haciendo que algo en su estómago diera un vuelco.
Siempre había creído que la suerte no tenía que ver en el baloncesto; uno sólo ganaba gracias a su esfuerzo y dedicación, por eso odiaba que se la desearan antes de un partido. No lo creía necesario y le molestaba que lo hicieran, pero no se había molestado con Ino Yamanaka por eso; incluso volvió a sentir aquel calor desconocido agolpándose en su rostro, y su corazón latiendo muy fuerte, como siempre pasaba cuando quedaban segundos de un partido… No, esta vez era diferente… La emoción que sentía cuando tenía un balón en las manos no se comparaba con lo que sintió en ese momento. Era algo nuevo; algo desconocido y extraño pero que no era desagradable… Y, aunque no lo entendía del todo, odió sentirlo.
—Gracias— respondió, deshaciéndose de sus pensamientos junto con la molesta sensación— A ti…— carraspeó, no muy seguro de tener las palabras correctas— Buena suerte a ti también; eh… en tu partido— aquello le sonó raro saliendo de su boca; demasiado extraño e incómodo.
— ¡Gracias! ¡Adiós, Kaede!— dijo ella con total naturalidad, dejando todo formalismo de lado; se despidió con una mano y se dio la vuelta, dejándolo solo y pensativo, parado a un lado de la calle. Nunca nadie había osado llamarlo por su nombre, pues bastaba sólo su presencia para persuadirlos de siempre mantener las distancias, y ninguna de las personas que había conocido, ni siquiera el idiota irrespetuoso de Sakuragi, tenían tanta confianza como para arriesgarse a hacerlo.
¿Qué era lo que Yamanaka Ino tenía de especial?
Encogiéndose de hombros decidió que ella no tenía nada de especial; sólo era una compañera a la que a veces se cruzaba en la calle, nada más. Debía concentrarse en el basketball y en su entrenamiento, así que no podía permitirse pensar en cosas sin importancia como sensaciones extrañas y chicas.
Se montó en su bicicleta de nuevo, con la determinación de sólo pensar en el próximo partido en adelante. Sin embargo, tres calles más adelante volvió a quedarse dormido…
Continuará...
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N del A:
Capítulo 2 terminado. Agradezco mucho a mis siempre fieles lectoras Naoko-eri e Inochan-Uchiha
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Hola!
Gracias por leer, y esperaré sus reseñas.
Nos leeremos!
H.S.
