Disclaimer: Los personajes de Naruto y Slam Dunk no me pertenecen.
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Juegos de práctica
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—Oye, Rukawa…
Kaede alzó la vista de su cuaderno y dejó de escribir, mirando a la sonrosada chica que se había acercado a hablarle, pero sin demostrar el menor interés.
— ¿Qué quieres?
La muchacha bajó la mirada, sonrojándose aún más.
—Supe… Supe que mañana tendrán un partido contra la Preparatoria Ryonan, y…— bajó el tono de su voz hasta que esta sonó casi como un tímido murmullo—, quería desearte buena suerte…
— ¿Te conozco?— le soltó, indiferente.
—Soy Uzuki… Me siento junto a ti todos los días— reprochó la chica. Rukawa abrió levemente los párpados, contemplando el lugar señalado.
—Ah. No me había dado cuenta— comentó, regresando la mirada hacia su cuaderno, esperando a que su compañera se alejara para volver a alzarla y observar el reloj, contando los minutos que faltaban para las prácticas de ese día.
De repente su vista vagó sola y se posó sobre la silueta de la chica rubia que se sentaba junto a la ventana, que estaba hablando con cuatro chicos y riendo con ellos. Rukawa sintió un extraño cosquilleo en su interior, pero no dijo ni hizo nada que lo delatara. No obstante, al cabo de unos minutos volvió a alzar la mirada hacia Ino Yamanaka, pero ella ya no estaba en su asiento.
Kaede negó en silencio y se pasó una mano por el ya despeinado cabello, ahogando un bufido mientras cerraba la tapa de su cuaderno y se levantaba con algo de pereza, saliendo hacia el corredor a la vez que estiraba los músculos de sus brazos. Después de la hora del almuerzo sólo tenía una clase antes asistir a la última práctica antes del partido, clase a la que no iba a asistir. Tenía demasiado sueño y deseaba descansar lo máximo posible para poder rendir todo su potencial durante el juego, pues había oído del equipo de Ryonan y no estaba dispuesto a perder ante el tal Sendoh.
Subió las escaleras que lo llevarían a la azotea de la escuela y empujó la puerta, deteniéndose un segundo para llevarse una mano a la cabeza.
"Soy Hanamichi Sakuragi del salón 7 del primer año, ¡que no se te olvide!"
El recuerdo de aquel primer encuentro con el escandaloso pelirrojo regresó a su memoria, haciéndole fruncir el ceño.
—Pues al final no se me olvidó— resopló, indignado, cerrando la puerta con suavidad y avanzando hacia el frente, sin prestar atención.
—Hola— dijo alguien a sus espaldas, haciendo alzar la mirada. Kaede giró levemente la cabeza, conteniéndose de soltar un respingo al reparar en la chica que estaba sentada debajo de los tanques de agua con un jugo entre las manos y una lunchera americana sobre los muslos, mirándolo con una sonrisa— ¿No almuerzas?— preguntó Ino, señalando su falta de alimentos.
—Olvidé mi almuerzo— admitió con indiferencia, pero dándose cuenta de lo hambriento que estaba.
— ¿Quieres un sándwich de atún?— propuso con simpatía, ofreciéndole uno de su propio almuerzo— Sé que ustedes no acostumbran un almuerzo tan pobre, pero no logro acostumbrarme al arroz— Volvió a sonreírle.
Rukawa parpadeó, listo para soltar una negativa; sin embargo, antes de que pudiera darse cuenta ya se había sentado a su lado, muy quieto y en completo silencio mientras uno a uno devorada los emparedados de su compañera, que sólo seguía sorbiendo de su jugo de frutas, con la mirada perdida en la vista de la ciudad.
—Creí que nadie más venía por aquí— comentó Ino con despiste. Kaede dejó de comer y la miró, con la boca llena, tragando con algo de brusquedad.
—Nadie lo hacía; por eso me gustaba.
—Vaya… Es extraño.
— ¿Qué cosa?
Ino acomodó su falda y dobló las piernas, sujetándolas contra su pecho.
—Todas las veces que nos encontramos y hablamos parecen ser por accidente— rió— Somos compañeros, pero nunca hablamos en clase; bueno, tú nunca hablas en clase.
—Hablar es una pérdida de tiempo la mayoría de las veces— sentenció, regresándole su lunchera para ponerse más cómodo— Gracias.
—De nada… ¿Qué haces?
—Tengo sueño. Si vas a quedarte guarda silencio.
— ¿Es en serio?— Ino frunció los labios— Tenemos clase en un rato, Kaede.
Y ahí estaba esa chica llamándolo por su nombre de pila una vez más; y de nuevo no le importó. Kaede sólo lanzó un bufido y se cruzó de brazos, acomodándose contra la pared.
—Eso no va a pasar— bostezó, colocando los brazos detrás de la cabeza mientras cerraba los ojos— Solo tengo una hora para dormir durante el resto del día.
—Hoy es la última práctica antes del partido, ¿verdad?
—Sí— Rukawa soltó un profundo suspiro, preguntándose porqué las palabras le salían tan fácil con esa chica.
— ¿Te sientes nervioso?
—Claro que no— mintió un poco, desviando la mirada— Sólo quiero ganar.
—Hum...— ella lo miró, luego se removió, incómoda, como si quisiera decirle algo pero se arrepintiera a último momento— Buena suerte.
—Eso ya lo dijiste— comentó, desviando la mirada para volver a cerrar los párpados, pero por el rabillo del ojo le pareció ver que ella sonreía.
—Lo sé. Sólo... olvídalo— Ino se encogió de hombros e irguió su postura levantándose para salir de la azotea sin mirar atrás.
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— ¡NO PUEDE SER! ¡ME QUEDÉ DORMIDA!
El grito de Ino resonó en toda la calle, espantando a los transeúntes y alertando a los vecinos.
Se levantó de la cama de un salto, buscó sus cosas con rapidez y bajó las escaleras como una centella mientras terminaba de abotonar su falda y atar el lazo rojo al cuello de la camisa.
— ¡Es tarde, tarde!— repetía una y otra vez, tomando su bolso deportivo para después sacar los patines del clóset, poniéndoselos en la entrada.
— ¿Princesa?
— ¡Voy tarde! ¡Te amo!— gritó desde la salida, sin siquiera mirar a su padre, deslizándose por la calle con gran rapidez— ¡Ay, no! ¡Es para el otro lado!— exclamó, frenando bruscamente y cambiando la dirección— ¡La capitana Mabe va a asesinarme!— gritó, sosteniéndose de un poste para cambiar de dirección sin detenerse.
Recorrió dos calles y se metió en el parque para cortar camino, eludiendo personas con la habilidad propia de una patinadora profesional; pasó por las canchas de soccer sin prestar atención, pero se detuvo junto a la de baloncesto al notar que había unos chicos practicando, acercándose a la valla.
—Ah… El partido de Kaede también era hoy— reflexionó, dubitativa— Espero que les vaya bien…— suspiró, reparando en el reloj del parque y volviéndose a alarmar— ¡Cierto que ya es tarde!— se reprendió, deslizándose nuevamente tan rápido como pudo.
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—Oh… Uozumi va a asesinarme…— Akira Sendoh suspiró y dejó de mirar su reloj, flexionando los brazos para correr más rápido. Una vez más se había quedado dormido antes de un partido por quedarse viendo la televisión hasta tarde; sabía que si el capitán Uozumi no lo asesinaba el entrenador lo haría con mucho gusto— Al menos estoy calentando mientras corro— murmuró, deteniéndose frente a una luz roja y volviendo a contemplar las diminutas manecillas su reloj de pulsera con total abstracción, sin prestar atención a nada de lo que sucedía a su alrededor— Vamos…— murmuró, como si de esa forma lograra que el tiempo transcurriera más aprisa.
—Disculpa…
Apenas si se dio por aludido al escuchar esa suave voz a su lado. Sendoh sólo golpeó la pantalla de su reloj con un dedo, sin alzar la vista.
— ¿Sí?
— ¿Podrías decirme cómo llego a la Preparatoria Shoyo?
— ¿Hum? Ah, claro— respondió automáticamente, sin mirar a la chica que había preguntado— Sigues derecho por esta calle y doblas a la izquierda en la próxima esquina. Vas a dar de frente con la escuela— dijo, volteando al fin, pero sin poder ver más que la larga coleta rubia adornando una espalda pequeña.
— ¡Muchas gracias!
Sin saber porqué, Sendoh se quedó allí de pie y observó a aquella chica patinar lejos de él y perderse en la esquina; y frunció el ceño con curiosidad.
—Tiene una linda voz…— pensó en voz alta, sobresaltándose al recordar a dónde se dirigía— ¡Ah, sí! ¡El partido!— exclamó, corriendo en dirección a Shoyo— ¡Es para el otro lado!— se recordó, frenando con sus pies para cambiar de trayectoria con mucha agilidad.
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—Hanagata, pasa a resolver el ejercicio 10, por favor— pidió el profesor, volteando hacia el chico que ni siquiera estaba prestando atención a su clase— ¿Otra vez? ¡Hanagata, despierta!
Fujima dejó de escribir y alzó la vista hacia su compañero, viéndole levantar la cabeza de sopetón, con los lentes chuecos, causándole gracia.
—Lo lamento, profesor— Tōru Hanagata se levantó de su asiento y caminó hacia la pizarra a resolver el ejercicio en cuestión, teniendo que aceptar los regaños del profesor de Matemáticas durante todo el proceso hasta que éste le permitió volver a su asiento, no sin antes darle la segunda advertencia de la semana.
Sin dejar de sonreír, Kenji bajó la mirada hacia su cuaderno, resolviendo los últimos problemas matemáticos antes de que sonara la campana que anunciaba la hora libre antes del fin de clases. Recogió sus cosas con algo de parsimonia y esperó a Hanagata junto a la puerta, saliendo los dos juntos hacia los vestidores del piso inferior, como hacían habitualmente.
—He estado pensando en algunas estrategias para el próximo partido…— comentó el chico de gafas mientras ahogaba un bostezo.
—También he pensado en varias jugadas— dijo Fujima— Aunque si analizamos a los equipos a los que tenemos que enfrentarnos no hay mucho de qué preocuparse. La mayoría jamás pasó ni siquiera a las semifinales.
— ¿Y qué me dices de Shohoku? Tienen al capitán Akagi, y escuché que este año entró al equipo Rukawa, de la secundaria Tomigaoka.
—Eso no importa, Hanagata. Shoyo se ha vuelto más fuerte después del año pasado— aseveró el capitán cuando los dos salían al patio trasero—; y esta vez ganaremos las…— Fujima sintió el golpe en su costado izquierdo y calló debido a la sorpresa.
— ¡Lo siento, superior Fujima!— exclamó el chico que lo había atropellado, deteniéndose con horror y haciendo una reverencia.
— ¿Huh? Ah, está bien. Sólo ten más cuidado la próxima vez— Fujima parpadeó e hizo un gesto, desestimando la situación. El alumno de primero suspiró con alivio y rápidamente se unió a sus compañeros, corriendo junto a otro grupo de chicos en dirección a las canchas— ¿Por qué tendrán tanta prisa?
—Es que hoy había un partido de práctica del club de tenis, justamente con la Preparatoria Shohoku— comentó Tōru mientras los dos se detenían para observar a varios alumnos correr en la misma dirección. Fujima asintió, indiferente— Todavía tenemos una hora antes de que lleguen los demás; ¿quieres ir a ver?
—No… Vayamos directo al gimnasio— Kenji lanzó un suspiro y volteó, en dirección al mismo.
—En realidad… Dicen que hay una chica extranjera que ganó varios torneos infantiles, y me gustaría verla jugar…— comentó su amigo con despiste, haciéndole encogerse de hombros.
—Está bien por mí. Yo estaré entrenando. Aprovecharé para practicar mis propias jugadas.
—Gracias, capitán. Te alcanzo en una hora— le sonrió Hanagata, corriendo disimuladamente detrás de los demás mientras Fujima lo observaba. Cuando Hanagata se perdió de su vista, se encaminó al gimnasio; abrió la puerta y acercó el cesto de balones, sujetando uno entre sus manos, observándolo por un buen rato, abstraído.
—Este será mi año— murmuró para sí mismo, presionando la goma de la pelota entre sus dedos antes de, con un rápido e inesperado movimiento, rebotarla, driblear a un oponente invisible y lanzar a la canasta, encestando.
Repitió la misma acción varias veces más, visualizando a varios de los jugadores de Kainan como adversarios, pasando a Maki y deteniendo los tiros de tres puntos de Jin. El sudor caía por su rostro como gotas perladas, y se perdían en el aire cada vez que se movía para alcanza los pases que él mismo se hacía.
Rebotó el balón con ahínco y movió los pies con mucha agilidad, probando diferente formas de encestar bajo y lejos de la canasta. Entonces escuchó los gritos, y al desviar la mirada de su objetivo tropezó con sus propios pies y cayó de rodillas. Fujima soltó un profundo bufido y se quedó sentado sobre la duela, buscando la fuente del sonido con la mirada.
— ¿Por qué tanto escándalo?— preguntó en voz alta, masajeándose la coronilla y mirando el reloj del gimnasio. Todavía faltaban veinte minutos para que el resto del equipo se le uniera.
Se puso en pie y revisó sus rodillas, asegurándose de que todo estuviera bien; una vez seguro caminó hacia una de las puertas laterales, corriéndolas con ambas manos, escuchando los gritos y vítores con más intensidad, haciéndole fruncir levemente el ceño.
—Qué escandalosos— suspiró, tomando una toalla para secarse el sudor de la cara— ¿Por qué será el alboroto?
— ¡Shohoku, Shohoku, Shohoku!— escuchó que canturreaban.
—Ya veo… El partido debe de haber terminado ya— resolvió, pasándose una mano por la nuca— Bien; es hora de seguir— suspiró, terminando de secarse el rostro. Extendió los brazos para volver a cerrar las puertas pero una risa alegre lo detuvo. Fujima estaba seguro de que conocía es risa.
— ¡Ese fue un gran partido, Ino!— exclamó una aguda voz de chica; Kenji posó la mirada en el grupo de tenistas, curioso. Entonces, reconoció la larga cabellera platinada y sintió su corazón latir con fuerza. Era ella, la chica de la playa.
Debía estar soñando…
Como hipnotizado caminó hacia ella, que reía con sus compañeras, dispuesto a asegurarse de una vez por todas que no se trataba de su imaginación, tan concentrado que no percibía nada de lo que sucedía a su alrededor.
— ¡Cuidado!— apenas si tuvo tiempo de notar el balón de soccer que fue pateado en su dirección antes de que éste lo golpeara en la cabeza, dejando su marca en color rojo.
— ¡Capitán!— Fujima se reincorporó tan rápido como pudo; volteó, suspirando, y se levantó del suelo, volviendo a voltear hacia la chica rubia; sin embargo, al hacerlo notó que ella había pasado de él y se había perdido junto a sus compañeras.
— ¿Estás bien, Fujima?— preguntó Tōru Hanagata con cautela— ¿Por qué estabas en el suelo?
—No es nada, Hanagata— suspiró, derrotado.
— ¡Debiste ir a ver el partido, Fujima!— exclamó Nagano, otro miembro del equipo— Esa chica rubia sí que nos dio una paliza...
— ¿Chica rubia?— se sorprendió, regresando toda la atención a su equipo— ¿Ella jugó? ¿Cuál es su nombre?
— ¿Hum? Ah... Hanagata, ¿cuál dices que era su nombre?
—Yamanaka Ino. Así dijeron que se llamaba— rememoró el chico de gafas— ¿Por qué, Fujima?
— ¿Eh? Oh... No, por nada— resopló el aludido, moviendo la cabeza— Mejor concentrémonos en el entrenamiento— dijo, perdiendo la mirada en la salida del instituto.
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— ¡Excelente partido, Ino! ¡Estoy segura de que éste año ganaremos las Nacionales!
—Sí; gracias capitana.
Ino hizo una prudente reverencia y se despidió con una mano perezosa mientras sostenía sus patines y su equipo deportivo con la otra.
Caminó unas cuantas calles con expresión dubitativa
De repente escuchó el conocido sonido del rebote de un balón de goma y levantó la cabeza; en el parque, cerca de su posición, había un pequeño grupo de niños de primaria practicando basketball. Ino se acercó a ellos con lentitud, observándolos con atención. Había estado unos cuantos minutos cuando los niños empezaron a dispersarse, dejando su balón de color rojo atrás, cosa que ella notó.
— ¡Oigan!— gritó mientras se metía a la cancha y sujetaba la bola entre sus manos— ¡Olvidan su...! Balón— terminó, dándose cuenta de que ya no quedaba nadie en el parque.
— ¡Oye, Ino! ¡Pásala!
— ¿Eh?— movió la cabeza, como obnubilada, buscando la fuente de aquella voz, pero sólo halló un espacio vacío; sin embargo, de pronto apareció la figura de un apuesto joven a su lado, quien extendía sus brazos flexionados hacia ella.
—Debes pasar el balón, tonta. Si lo tienes más de diez segundos en las manos es una falta— Ino parpadeó, turbada e inmóvil— ¡Vamos, pásala!— Ella no se movió, pero el chico recibió un balón, y, con una sonrisa ladeada lo rebotó hasta la canasta, encestando con gran facilidad— ¿Lo viste? Ese es un tiro sencillo. Es muy fácil. Ven, te lo enseño.
— ¿Cómo? ¿Así?— de repente se vio a si misma pasando por su lado, rebotando el balón hacia la canasta, fallando, pero al instante recuperó el balón y volvió a rebotarlo. El joven interceptó su jugada abrazándola por detrás mientras ambos reían.
—Eres pésima en esto...— él se alejó con el balón en las manos, alzando el dedo índice— Obsérvame bien— el chico volteó hacia la canasta y dribleó hacia ella, volviendo a encestar el balón— Nunca olvides que debes depositar el balón en la canasta... Es algo muy sencillo; ¿lo recordarás?
El chico le sonrió, y su imagen comenzó a desvanecerse lentamente hasta desaparecer por completo. Ino abrió mucho los ojos, sintiendo como éstos se humedecían; los limpió con el dorso de su mano y sonrió con añoranza.
—Sasuke...— sollozó con voz queda, volviendo a limpiarse el rostro para deshacerse de todo rastro de tristeza— Claro que lo recuerdo— susurró.
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Estaba molesto; aunque, más que molesto, se sentía humillado. Humillado como nunca por ése tal Sendoh.
—No estés molesto, Rukawa… Ya verás como ganaremos la próxima— le sonrió Kogure, palmeando su espalda a modo de despedida; el resto del grupo se había disuelto hacía rato— Me voy ya. No llegues tarde a casa.
—Sí. Adiós— se despidió sin ganas, volteando levemente para despedir a Kogure antes de retomar su camino con pasos lentos y pesados. Se colocó los audífonos y caminó a través del parque para acortar camino— Maldito Sendoh...— gruñó, pateando una lata vacía. En ese momento alzó la cabeza y notó movimiento en la cancha de basketball.
Rukawa suspiró y pasó junto a ella sin prestar mayor atención; sin embargo, por una milésima de segundo, dirigió una mirada de soslayo a la figura menuda que lanzaba una pelota hacia la canasta, encestando. Por mera curiosidad se acercó un poco más, abriendo los ojos con sorpresa al reconocer la larga cabellera rubia que se mecía en el aire.
— ¡Otra canasta!— exclamó la chica, eufórica, como si le hablara a alguien que no estaba. Inconscientemente, Kaede se sujetó a la alambrada que lo separaba de la chica, observándola atentamente. Ella vestía el uniforme de tenis de la escuela, pero jugaba basketball. Ino recuperó el balón y se alejó dos pasos, lanzando nuevamente— ¡Tres puntos! Gritó, no obstante, el balón no entró— Oh...— Ino bufó y lo recuperó, alejándose otro paso para tomar posición— Segundo intento...— el balón rebotó en el aro— ¡Argh!
—Tus manos no están en la posición correcta— sus labios se habían movido antes que su cerebro, y Rukawa se encontró a sí mismo confundido mientras Ino posaba sus enormes ojos claros (que nunca le habían parecido tan enormes) sobre él.
—Hola— le sonrió, pero había un inconfundible atisbo de tristeza tras su sonrisa, mas Kaede no hizo caso y, ya que se había descubierto a si mismo, sólo rodeó la valla y entró a la cancha, dejando su equipo a un lado.
—Debes sostenerla con una mano y darle impulso con la otra— explicó sin mediar palabras innecesarias— Mira— le quitó el balón y lanzó de una forma ilustrativa, encestando.
Ino no dijo nada; él le pasó el balón y ella se puso en posición, mirándolo para pedir su opinión mientras acomodaba sus manos. Una vez aprobada su postura, lanzó el balón y éste entró en la canasta, haciéndole sonreír.
Kaede observó esa sonrisa radiante, casi sintiendo la misma emoción que al ganar un partido; no obstante, de inmediato desvió la vista para recuperar el balón, llevando sus pensamientos hacia otros rumbos.
—Y... ¿cómo salió el partido?— la voz de Ino volvió a distraerlo. Rukawa la contempló durante un segundo por el rabillo del ojo mientras se preparaba para tirar; regresó la vista a la canasta y lanzó, encestando sin emitir palabra— Tan mal así, ¿eh?— ella recogió el balón tras el primer rebote contra el suelo de la cancha, poniendo las manos de la forma que él acababa de enseñarle— No debes preocuparte por eso; habrá muchas más oportunidades— sentenció, dando un paso hacia atrás para tirar a la canasta. El balón dio unas vueltas sobre el aro, y entró— ¡Lo hice de nuevo!— festejó dando pequeños saltitos en su lugar— ¡Gracias!— se acercó a Kaede de forma improvista, dando un salto para abrazarse a su cuello sin que este pudiera esquivarla, obligándolo a tensar todos sus músculos al instante; no obstante, se separó con rapidez, dando un paso hacia atrás con el rostro rojo de vergüenza— ¡Lo siento!— exclamó, tapándose la boca con horror— Olvidé que en este país a las personas no les gusta que los toquen; la lamento tanto... No fue mi intención ofenderte...
Seguía deshaciéndose en disculpas sin mucho sentido, pero Rukawa no estaba oyéndola, ni a ella ni a nada de lo que sucedía a su alrededor. Lo único que podía escuchar era el eco sordo de los latidos de su corazón.
Nunca una chica, jamás, se había atrevido a aproximarse tanto a su persona. Mucho menos a tocarlo con tanta confianza. Sintió un extraño cosquilleo en el estómago, y un asfixiante calor en el rostro.
— ¿Kaede?— Parpadeó, bajando la mirada hasta encontrar la de Ino— ¿Te molesté?
—No— respondió de manera automática, deshaciéndose de aquellas extrañas sensaciones. Si quería llegar a Norteamérica algún día sabía que debía habituarse a las costumbres occidentales, por lo que intentó que aquello no le importara— Sólo... No vuelvas a hacerlo— dijo, desviando el rostro para evitar sentir aquel calor en las mejillas de nuevo.
—Está bien, pero...— Ino se llevó un dedo a los labios, pensativa— ¿cómo celebran aquí un acierto?
Como única respuesta, él alzó una mano; la chica lo vio y volvió a sonreír; su mano no alcanzaba la de Kaede, pero él descendió la suya hasta que chocó con la de Ino, produciendo una leve corriente eléctrica que recorrió su espina, aunque ella pareció no percatarse.
—Gracias— le sonrió de aquella forma que hacía que su estómago se encogiera, como si quisiera vomitar.
—No hay problema— le dijo, agachándose para tomar el balón y rebotarlo una vez más— Y sólo perdimos por un punto— dribleó con el balón e hizo unas cuantas jugadas— Pero de hoy en adelante no volveremos a hacerlo— sentenció, flexionando los brazos sobre su cabeza y dando un salto hacia atrás mientras arrojaba el balón a la canasta y encestaba desde la mitad de la cancha— No lo permitiré.
—Esa es demasiada presión— la voz de Ino Yamanaka sonó muy suave entre el eco del balón rebotando sobre el cemento; Rukawa la miró fijamente— Ganar es importante, pero no debes matarte en el intento— volvió a sonreírle con simpatía, sentándose en el suelo con las piernas extendidas— He oído hablar mucho de ti en la escuela. Todos dicen que eres el mejor novato, y que llegarás lejos en el basketball... Si te esfuerzas lo suficiente y estás contento con tu progreso, no tienes que demostrarle nada a nadie. No estás obligado a ganar sólo por orgullo. ¿Qué importa si Ryonan les ganó? ¿Qué importa si no llegan al Campeonato Nacional? Saber que diste lo mejor de ti, que emocionaste a la gente con tus jugadas, debe ser el mayor premio que querrás obtener...
—No entiendes nada— sentenció, dándose la vuelta, ofendido, mientras encrispaba un puño— Esforzarse no importa si nunca llegas a ser el mejor. Nadie recuerda a los luchadores, pero sí a los vencedores.
Ella rió.
— ¿Todo esto es porque quieres ser famoso?
Rukawa parpadeó, confuso.
—Sólo quiero jugar baloncesto— admitió.
—Pues juega— ella se levantó y tomó su mano para obligarlo a mirarla. De nuevo aquella sensación lo importunó— Sé el mejor de Japón; el mejor del mundo, pero nunca dejes que el basketball se convierta en el centro de tu vida, Kaede Rukawa— le sonrió una vez más, poniendo el balón entre sus manos una última vez— Tengo que irme— anunció tras darse la vuelta y dirigirse hacia sus patines— Te veré en la escuela.
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Los días pasaron con demasiada rapidez, y para cuando se dio cuenta, el segundo partido de práctica había llegado. Kaede Rukawa no había vuelto a hablarle ni había hecho nuevos amigos, pero las entrenamientos del club de tenis y formar parte del club de Ikebana consumían casi todo su tiempo, aunque debía admitir que poco a poco comenzaba a habituarse al ritmo de Japón.
Suspiró pesadamente, secándose el sudor de la frente con una toalla mientras le daba otro sorbo a su botella de agua.
La capitana, Shyoshi Mabe, y las superiores Aya Mako, Shuzuka Aizano y Rika Umi aún quedaban con ella en los vestidores junto a las canchas de tenis.
— ¡Felicidades, a todas! En especial a ti, Ino. Jugaste estupendo de nuevo— Ino miró a su capitana y le sonrió— Bien, si ya están listas podemos alcanzar el tren de las...
—Capitana Mabe, escuché que Tsukubu está jugando un amistoso contra la Preparatoria de Shoyo en el Estadio Municipal, aquí cerca, y que Fujima estará ahí; ¿podríamos ir a verlo?— la capitana se sonrojó furiosamente y sus compañeras soltaron varios murmullos de excitación al oír ése nombre, sorprendiendo a Ino.
—Bu-Bueno, supongo que podemos dar un vistazo y quedarnos hasta que el partido termine. Si Fujima está jugando...
— ¿Quién es Fujima?— preguntó, peinándose el largo cabello rubio en una coleta una vez más; sus compañeras de equipo la miraron como si acabara de afirmar que los cerdos volaban— ¿Qué?
— ¿Cómo que quién es Fujima?— inquirió Mako, una de las chicas del tercer año— ¿Vives en una caja de galletas o qué, Ino?
—Mako, recuerda que Ino acaba de llegar a Japón— le recordó Umi, del segundo año, soltando una risita divertida mientras las cinco caminaban por la calle— Fujima, Ino, es el capitán del equipo de baloncesto de Shoyo.
—El capitán más apuesto de Kanagawa— añadió Mako.
— ¡Sí!— afirmó Aizano, otra chica del tercer año.
Ino frunció los labios.
— ¿Baloncesto otra vez?
— ¿Qué?
—Nada, nada. ¿Y qué con él?
—Ha participado en el Campeonato Nacional desde su primer año en preparatoria, y es de los mejores jugadores del país.
—Eso, y es apuesto— comentó en son de burla mientras seguía a sus compañeras hacia el Estadio público de la ciudad, el cual se hallaba a sólo dos calles de de la preparatoria Takezono— Ese tal Fujima suena como otra versión de mi compañero, Kaede Rukawa.
— ¡El superior Fujima es mucho mejor que ese niño malcriado!
— ¡Ah!— Ino y sus compañeras dieron un bote de la impresión, abriéndole paso a dos molestas chicas con uniformes de Shoyo que las miraron con odio y pasaron de ellas, metiéndose en el gimnasio.
— ¿Qué fue eso?— intercambió miradas con sus acompañantes, y todas rieron, empujando la puerta.
—La capitana Mabe no es la única que admira a Fujima.
—Pero yo no estoy tan loca— se defendió la aludida, entrando delante de todas.
Ino siguió a compañeras. Apenas abrieron la puerta, una gran cantidad de gritos y porras las aturdieron, así como el chirrido de la suela de varios pares de zapatos frenando contra la madera. El partido estaba en su etapa final, y todo el mundo parecía muy exaltado.
—Allá hay lugar— subieron a la parte más elevada de la tribuna y se acomodaron contra el barandal.
— ¡Miren! ¡Shoyo va a la cabeza por treinta y dos puntos!
Ino alzó la vista hacia el tablero y, efectivamente, Shoyo le ganaba a Tsukubu por 96-64.
— ¡Vaya! Les están dando una paliza— suspiró, recargando el mentón en el barandal— Así no es tan divertido, ¿no creen?
— ¡Es Hanagata! ¡Ah!
Su comentario se había ahogado en un mar de gritos y exclamaciones, por lo que, derrotada, dirigió su vista hacia el enorme chico de gafas y cabello oscuro que en ese preciso momento encestaba dos puntos colgándose de la canasta.
— ¡Ah! ¡Hanagata!— gritaron sus compañeras, aturdiéndola una vez más, aunque el chico ni siquiera las miró.
—Ese chico es enorme— observó, distraída— ¿De qué año es?
—El capitán Hanagata es de tercer año, como Fujima; él le delega las funciones de capitán cuando no juega; además de capitán también es el entrenador, así que son muy extrañas las ocasiones en que entra a la cancha— contestó Mako, cruzándose de brazos con decepción— Y yo que pensé que vería jugar a Fujima... Ah...
—Y a todo esto, ¿cuál es Fujima?
— ¿Hum? Amm...— Mako movió la cabeza en todas direcciones, mirando hacia cada rincón de la cancha— ¡Allí está!— señaló— En la banca, con una chaqueta sobre los hombros. ¡Se ve guapísimo!
Ino siguió sus dedos con la mirada, reparando en el chico de cabello castaño que observaba atentamente el partido desde la banca, con los brazos cruzados y una expresión de total concentración.
—Que extraño... Su rostro me resulta familiar— comentó, pero sus compañeras no estaban escuchándola. Centró su mirada en el tal Fujima, aunque terminó por desestimar el asunto— Debe ser impresión mía— se encogió de hombros.
La alarma anunciando el final sonó, y el partido acabó 126-81 a favor de Shoyo. Ino enderezó su postura y estiró los músculos de los brazos, ahogando un bostezo.
— ¡Ay, que emoción!— chilló la capitana.
—Pero yo quería que Fujima jugara...— suspiró Mako— Oye, ¿y si le pedimos un autógrafo?
—No sé, Mako... No llegaremos a tomar el tren...
— ¡Pues tomamos el siguiente! ¡Vamos! ¿Quién me acompaña?
—Ya es tarde, capitana Mako— dijo una de las chicas de segundo, y las otras asintieron en acuerdo.
—Yo voy contigo— afirmó Ino— Sólo si me dices dónde está el baño— añadió, cruzando las piernas mientras daba pequeños saltitos.
— ¡Hecho! ¡Ven!— La chica la tomó de la muñeca y la guió a través de la multitud hacia una de las salidas más cercanas, exultante de emoción, llevándola hasta uno de los pasillos del edificio— Los baños están para allá. Yo esperaré aquí a que salgan Fujima y los demás— le dijo, indicándole el camino con una mano perezosa mientras revisaba el otro corredor.
— ¿Hacia allá?— preguntó Ino, confundida.
—Sí, sí. Te espero aquí.
Siguió la dirección indicada por su compañera y se adentró en un corredor prácticamente vacío con varias puertas a los lados, pero ninguna era la del sanitario.
— ¡Ay, no!— resopló, buscando la salida del corredor con la mirada; entonces, una de las puertas se abrió (justamente la que Ino estaba por abrir), y por ella salió el enorme chico que Mako había llamado Hanagata. Él la miró, teniendo que bajar la cabeza debido a la diferencia de altura, y un ligero rubor apareció en su pálido e inexpresivo rostro.
—Lo siento— murmuró Ino, sin poder evitar removerse con inquietud— Estaba buscando el baño y no sé si voy en la dirección correcta— El chico abrió levemente la mirada, sin emitir sonido alguno; alzó una de sus grandes manos y la atravesó delante de su cuerpo, señalando hacia la izquierda— ¡Ah! Gracias, Hanagata— le sonrió; él se sonrojó mucho más.
Ino se dio la vuelta, ondeando su largo cabello rubio, y procuró llegar al sanitario cuanto antes, pero antes de que diera el tercer paso la voz firme y grave del chico la detuvo.
—Eres Ino Yamanaka, de la Preparatoria Shohoku, ¿verdad?
Con lentitud volteó hacia Hanagata, ruborizándose levemente al descubrir que él sabía su nombre también.
—Eh... Sí— pronunció, dudosa.
Hanagata dio un paso hacia adelante y cerró la puerta tras de sí con mucho cuidado.
—Vi tu partido contra nuestra escuela— comentó, con voz calmada pero que, por alguna razón, seguía pareciéndole autoritaria— Fue... Estuviste muy bien— dijo, posteriormente bajando la vista y pasándose una mano por el cabello corto y despeinado que por un segundo a Ino se le antojó idéntico al de Rukawa.
—Gracias— respondió, con total sinceridad.
—No, es que de verdad, nunca había visto a nadie jugar de esa manera— la voz de Hanagata sonó más tranquila de pronto— A mi hermana mayor le gusta mucho el tenis, y sé que le gustará verte jugar en las Nacionales.
—Oh, bueno...— sus mejillas ardían, y se sintió tan apenada con ese comentario que por un segundo se olvidó que necesitaba ir al baño— Muchas gracias por el apoyo, a pesar de que no vamos en la misma escuela— le sonrió— Ustedes lo hicieron excelente también. Ya tenían el partido ganado desde antes de que terminara. Y esas clavadas que hiciste... Eres un jugador de alto nivel.
Hanagata volvió a sonrojarse.
—Hablas muy bien el idioma a pesar de ser extranjera.
—Oh, no soy extranjera— rió, con más confianza— Mi madre lo era, pero yo nací aquí.
— ¡Ah! Eso es...
—Hanagata— El aludido volteó. Ino notó que la puerta tras él había vuelto a abrirse, pero el chico era tan grande que no le dejaba ver quién se había asomado— Dijiste que sólo tardarías un segundo— Lo reprendió la voz, la cual era mucho más severa que la de Hanagata.
—Sí, lo siento, Fujima— Ino abrió los párpados y movió la cabeza tímidamente, asomándose desde detrás del jugador de Shoyo mientras Fujima mirada a su compañero, sin reparar en ella— Ahora voy.
—Date prisa— Fujima volteó y volvió a cerrar la puerta. Ino se sonrojó; de cerca, debía aceptar que sí era muy apuesto.
—Tengo que irme...
— ¿Hum? ¡Ah, sí!
— ¿Cómo te fue?
—Oh, pues, ganamos la mayoría de los partidos— le sonrió Ino.
—Lástima que me lo perdí— suspiró el chico— Pero iré a verte la próxima vez, con mi hermana. Aunque nadie del equipo de mi escuela deberá enterarse— le sonrió también.
—Gracias— sonrió una última vez, recordando la inundación en su vejiga— ¡Gran partido! ¡Adiós!
De lejos notó como Hanagata se despedía en silencio, alzando una mano en el aire antes de volver a entrar en la habitación.
"Que chico tan agradable; pero el capitán Fujima sí que da un poco de miedo... Aunque es muy lindo", se sonrojó, aumentando el paso al reconocer los símbolos del sanitario de mujeres.
— ¡Gracias a Dios!
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—Tardaste demasiado, Hanagata. Tomaré una ducha y luego hablaremos de tus errores— informó el capitán, adusto, quitándose la camiseta.
—Oye, Hanagata, ¿fuiste a buscar un baño a China o qué? ¿Por qué demonios tardaste tanto?— inquirió Nagano, burlón.
Hanagata lo miró, como si fuera un programa de televisión poco interesante, y se sentó sobre una banca, cubriéndose la cabeza con una toalla.
—Me encontré con la tenista del otro día— comentó, revolviéndose el cabello con la tela.
— ¿La rubia sensual?
Kenji rodó los ojos, colgándose la toalla al hombro para dirigirse hacia las duchas.
—Su nombre es Ino, imbécil; Yamanaka Ino. Y es una estupenda tenista.
Fujima se detuvo a mitad de camino, conteniendo la respiración mientras volteaba lentamente hacia sus compañeros.
Sin saber cómo llegó hasta la puerta, abriéndola sin importarle estar a medio vestir ni lo torpe de sus movimientos; contuvo la respiración, pero al ver del otro lado sólo encontró el pasillo vacío.
— ¿Fujima? ¿Qué buscas?
Miró hacia un lado y hacia otro, pero no halló nada.
— ¿Dijiste que ella estuvo aquí, Hanagata?
— ¿Quién?
—La tenista— respiró hondo para no perder la compostura.
—Ah, sí— respondió el aludido tranquilamente desde su asiento mientras se quitaba la camiseta— Ya estaba de salida o algo así, ¿por qué?
Kenji suspiró con profunda decepción. Giró la cabeza hacia su lado derecho al sentirse observado, encontrándose con una anonadada chica desconocida; entonces, percatándose de su semidesnudés se sonrojó hasta las orejas.
— ¡Oh, lo siento!
La chica miró su torso y abrió la boca.
—Yo... yo quería... Fujima... autorso... Si podía firmar su torso y...
—Disculpa. Fue inapropiado de mi parte; sólo buscaba a una persona, pero creo que ya se fue— Kenji hizo una leve reverencia y se encerró rápidamente, dejando a Mako nuevamente sola en el corredor, con el rostro rojo y la boca abierta.
— ¿Capitana Mako?— preguntó Ino con sorpresa, volviendo a pasar por aquel corredor— ¿También se perdió? ¿Quiere que esperemos aquí al capitán Fujima? ¿Mako? ¿Estás bien?
—Yo... Creo que ya tuve lo que quería— murmuró, sin parpadear— Podemos ir a la estación si quieres...
— ¿Segura que estás bien?
—Sí.
Ino se encogió de hombros, empezando a salir por el corredor.
—Luces rara.
—Jamás me lavaré los ojos— comentó Mako, obnubilada.
Ino sólo la miró, llevándose una mano a los labios.
—Lo que digas— rió.
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—Rukawa, quiero que trabajes más en tus jugabas individuales. Perdimos el primer partido de práctica, pero no vamos a detenernos por eso. En unos días enfrentaremos a Takezono y no podemos confiarnos.
"¿Por qué me lo dice a mí? Debería decírselo al estúpido", pensó el aludido, lanzándole una fugaz mirada a Hanamichi Sakuragi.
—Sí— se limitó a responder, terminando de secarse el sudor de la frente con la camiseta. El capitán Akagi asintió con firmeza y golpeó las manos.
— ¡Bien, equipo! ¡Es todo por hoy!— anunció— Pueden irse. Nos veremos mañana. ¡Tres en punto!
—Rukawa, ¿no vienes?— preguntó Ayako cuando todos empezaban a salir; él la miró por el rabillo del ojo, recogiendo un balón.
—Voy a quedarme una hora más— anunció. La chica soltó un suspiro y sonrió.
—Bien, pero no te vayas tarde, niño. ¡Adiós!
Kaede hizo un gesto con los labios y asintió levemente mientras lanzaba a la canasta, sin prestar atención a nada más. Recuperó el balón y dribleó alrededor del área, aumentando la velocidad de sus movimientos cada vez. De pronto, rebotó el balón hacia la canasta, viendo la figura de Sendoh marcándolo; ardido por eso, le dio la espalda y volvió a driblear. Eludió a Sendoh por la derecha, luego por la izquierda, logró pasarlo y hacer una clavada.
—No volverás a ganarme, Sendoh— murmuró, recuperando el balón para repetir toda la jugada una y otra vez. Recogió el balón, lo pasó entre sus piernas, corrió con él de punta a punta hasta que anotó un última clavada y volvió a la realidad, dándose cuenta de que su hora ya había pasado.
Suspiró con cansancio y se secó el rostro con el dorso de la mano antes de sentarse sobre la duela para descansar. Esperó unos minutos antes de levantarse y guardar los balones; limpió el piso con un trapeador y sólo después salió del gimnasio. Todavía quedaban algunos alumnos en sus respectivos clubes, aunque Kaede pasó de ellos, no sin antes percatarse de que había alguien en las canchas de tenis; estaba seguro de que era Ino Yamanaka, pero no le dio importancia. Ella de alguna manera lograba hacer que se sintiera enfermo, y había decidido que no era productivo acercársele; lograba distraerlo.
—Disculpa, estoy buscando el club de tenis... ¿Podrías decirme en dónde está?
Rukawa alzó la mirada, con expresión curiosa, hacia el chico que le había hablado. Éste llevaba un uniforme de la preparatoria de Shoyo, y parecía ser algo mayor; también le dio la impresión de haberlo visto antes, pero estaba seguro de que no lo conocía.
—Claro— respondió casi de inmediato, girándose levemente mientras extendía un brazo— Sigues derecho y pasas el gimnasio; las canchas de tenis están al lado. Creo que todavía están practicando.
El chico siguió sus instrucciones con la mirada y asintió.
—Gracias— le dijo, haciéndose a un lado y avanzando en la dirección indicada; Rukawa le dio la espalda también, y había comenzado a avanzar hacia el edificio de la escuela, pero se detuvo, mirando hacia las canchas de tenis de refilón.
Al cabo de unos segundos movió la cabeza de forma negativa, reanudando su camino sin mirar hacia atrás.
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N del A:
Hola!
En respuesta a Inochan, en el próximo capítulo saldrá Haruko. De nuevo, gracias a ella y Naoko-Eri por leer y comentar. Espero que el nuevo capítulo les haya gustado.
Saludos!
H.S.
