Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk y Naruto no me pertenecen

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7

Los sentimientos de Rukawa

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Kaede dudó mientras miraba el teléfono sobre la cómoda de la sala, casi como si le tuviera miedo. En retrospectiva, no era como el resto de los adolescentes tontos de que podía ver en la televisión, que se la pasaban pagados a la línea telefónica, hablando con otras personas todo el día. Él apenas intercambiaba algunos llamados al año con su abuela, y nunca era quien marcaba. Tampoco era como si fuera alguien muy conversador. Las palabras por lo general lo hacían sentir incómodo.

Aquella había sido una idea estúpida, se dijo, apretando el directorio con fuerza entre sus dedos. ¿En qué había estado pensado?

Era sábado por la tarde, acababa de ganar el partido contra Miuradai, y el fugaz pensamiento de llamar a Ino para contarle el resultado había pasado por su mente. Después de todo, ella no había podido ir a verlo jugar, a pesar de que quería hacerlo. O eso creyó Rukawa por cómo se había disculpado con él por no poder ir. Aunque así fue mejor, se dijo, ya que no le hubiera gustado que ella lo viera castigado en las bancas como al tarado de Sakuragi, pero aun así quería contarle el resultado. Quizá se pondría feliz de recibir la noticia, pensó, y por eso ahora estaba de pie junto al teléfono, igual que un idiota.

Incluso se había tomado el trabajo de encontrar el número en la guía telefónica, o al menos asumía que era el de su casa, ya que solo había dos Yamanaka en la ciudad, y uno era una florería. El otro debía ser el de la casa de Ino. Realmente esperaba que lo fuera, aunque aún no tenía el valor de marcar.

Era estúpido. Solo era una llamada. Los amigos se hacían llamadas. Su madre recibía llamadas de sus amigas todos los días, él podía llamar a Yamanaka también. Quizá ella se pondría feliz de escuchar su voz también. Tal vez querría salir al parque o algo. Kaede se sintió inusualmente estimulado ante la idea.

Entonces, en un ataque de valentía, extendió un brazo y tomó la bocina, usando su mano libre para marcar el número.

De repente, el tono de espera sonó, y Kaede, aterrado, colgó, maldiciéndose mentalmente.

Bufó y sacudió las manos como cuando estaba en la cancha, inspirando profundamente antes de decidirse a volver a levantar la bocina y presionar el botón de marcado rápido. El tono de espera sonó una vez más, pero esta vez resistió el impulso de cortar.

—¿Diga? —respondió la voz de Ino, levantando la bocina del otro lado. Rukawa separó los labios para decir algo, pero su mano fue más rápido, y volvió a dejar el teléfono en su lugar, colgando la llamada.

Eres patético, pensó, golpeándose la frente con la palma de su mano, ya sin tener el coraje de volver a marcar. Quizá sería mejor seguir practicando.

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—¿Quién era?

—No sé —Ino frunció el ceño, girándose hacia su madre —Quizá era algún tonto con ganas de molestar —bufó, dándose cuenta de algo de repente, abriendo los ojos como platos —¡¿Dejaste a Kenji a solas con papá?! —Exclamó, regresando a la cocina casi corriendo mientras su madre ponía los ojos en blanco.

—Cariño, estás exagerando. Tu padre no es tan malo.

Ahora Ino puso los ojos en blanco, entrando a la cocina de inmediato.

Después del partido había esperado a Kenji para felicitarlo, a pesar de que él no había jugado, ya que además de capitán desempeñaba el puesto de entrenador del equipo, algo que Ino admiraba. Y él la invitó a comer algo con el equipo, y después se había ofrecido a caminar a casa con ella. Eso había sido muy dulce de su parte, o eso hubiera pensado Ino si su madre no los hubiera encontrado en la calle, invitando a Kenji a su casa con la excusa de querer conocerlo ya que ahora era su amigo. Y el desprevenido Kenji no había querido ser descortés, pensó Ino, ya que había aceptado la invitación con una sonrisa. A los japoneses les importaba demasiado ser siempre cordiales.

Su padre solía ser muy fastidioso desde que se había comenzado a mostrar interesada en las citas y los chicos, y lo conocía bien, por lo que sabía que haría cualquier cosa por espantar a cualquier futuro pretendiente. Antes se dedicaba a espantar a todos los chicos a su alrededor con ayuda de sus tíos y primos, pero ahora su familia estaba lejos, por lo que Ino esperaba que fuera menos molesto.

Sin embargo, al entrar en la cocina, se sorprendió al escuchar una carcajada proveniente de si progenitor. Él y Kenji seguían sentados en la mesa de la cocina, con sus vasos de refresco en medio; Kenji hablaba de algo mientras su padre reía. Fujima todavía usaba su uniforme de gimnasia, pero al no haber jugado se veía impecable y muy apuesto. Bien, desde que lo conoció le había parecido que era muy apuesto, pero ese día, después de verlo tan concentrado y determinado en la cancha, creyó que lucía aún más atractivo.

—¡Este chico es muy gracioso! Me agrada —exclamó Inoichi Yamanaka de pronto, sorprendiendo a Ino con su actitud tan alegre. Quizá estaba algo ebrio, pensó, deslizándose en su lugar junto a Kenji. Gracias a Dios por la cerveza.

—Le contaba a tu padre de la vez que el equipo y yo nos quedamos encerrados en el vestuario por error —dijo Kenji. Ino conocía la anécdota, porque se la había contado durante una de sus llamadas, así que sabía que no era tan graciosa, pero no discutiría con el buen humor de su padre.

—No puede creer que tú solo dirijas y entrenes a tu equipo. Eso es bastante sorprendente, Kenji —comentó la mamá de Ino mientras se sentaba a un lado de su esposo, siendo menos efusiva que su esposo, pero igual de amable.

—También es el mejor del equipo, a pesar de no ser el más alto —interrumpió Ino, repitiendo las palabras de uno de los miembros del equipo de Shoyo sin saber muy por qué, pero de repente tenía la necesidad de que Fujima les agradara a sus padres, a pesar de que él parecía hacer un muy buen trabajo por su cuenta.

Si algo había aprendido de Kenji en las últimas semanas fue lo divertido y carismático que era; le gustaban las personas y era muy sociable y conversador la mayor parte del tiempo. Era todo lo opuesto a Sasuke, que había sido el único chico con el que Ino había salido anteriormente, y a Rukawa, pensó de pronto, sin saber muy bien por qué lo estaba comparando con él.

—Oh, no creo que sea el mejor. Hay muy buenos jugadores en mi equipo a los que me enorgullece llamar compañeros.

—Y además es humilde —sonrió Inoichi, mirando a su esposa y haciendo que Ino sonriera también —Me da gusto que estés saliendo con mi hija. Por lo general le suelen gustar los tarados.

—¡Papá! —exclamó Ino, frunciendo el ceño de inmediato. Kenji solo sonrió, tocando su brazo suavemente, un gesto que hizo desaparecer su enojo, pero también la trajo de regreso a la realidad —No estamos saliendo. Solo somos amigos —dijo, desviando la mirada para que nadie más viera que se había sonrojado como una niña. Después de todo, Fujima y ella solo llevaban un par de semanas viéndose, y él nunca le había preguntado si quería ser su novia. E Ino no estaba realmente segura de querer salir con alguien aún. Es decir, le gustaba Kenji, él la hacía reír y era guapo, tierno y atento, y le gustaba mucho, pero no quería apresurar las cosas. Todavía se estaba adaptando a Japón y a la forma de vivir de los jóvenes japoneses.

Kenji entonces soltó su brazo y desvió la vista también. Ino no podía ver su cara ahora, pero podía saber que también se había avergonzado. O al menos esperaba no haberlo apenado con su respuesta, pero se dio cuenta demasiado tarde de ello.

—Pues harían una bonita pareja —añadió su madre.

—¡Mamá! —volvió a exclamar Ino, mirándola con reproche a ella también —¡Dios, no es gracioso! —bufó, frustrada cuando sus padres rieron, levantándose de su silla, todavía avergonzada, pero igualmente enojada por las indiscreciones de sus progenitores —Vamos, Kenji. Te acompañaré a la estación —ordenó. Kenji rápidamente se levantó tras ella, como un cachorro obediente, e hizo una reverencia a sus padres.

—Gracias por invitarme a su casa, señor y señora Yamanaka. Ha sido un placer conocerlos.

—El placer es nuestro, chico —su padre tocó el hombre de Kenji para que este se enderezara, y al hacerlo estrechó su mano a la forma occidental —Cuida a mi pequeña. O tendré que romperte las rodillas.

—¡PAPÁ! —volvió a exclamar Ino. Fujima, sin embargo, solo sonrió una vez más.

—No se preocupe. La cuidaré.

—Más te vale. Oye, ¿por qué no nos visitas la próxima semana? Los tíos de Ino van a venir, así podrás conocer a toda la familia.

—Ya, es suficiente. Regreso más tarde —lo interrumpió Ino, tomando la mano de Kenji y tirando de él hacia la salida, sin esperar a que su madre dijera algo también.

Ino sacó a Kenji de su casa, y caminaron de la mano hacia el parque, hasta que ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo y lo soltó al llegar a la siguiente esquina, dándose cuenta también de que Fujima estaba tan rojo como ella.

—Lo siento —le dijo, bufando, y rápidamente intentó que toda la pena se fuera relajando sus músculos y sonriendo —. Mis padres disfrutan particularmente de hacerme pasar vergüenza.

—Está bien —él le sonrió una vez más —Tus padres no serían tus padres si no te avergonzaran de vez en cuando —dijo, e Ino rio. Le gustaba la forma en que Kenji sabía cómo hacerla reír —¿Y bien? —él dijo cuando estaban a punto de llegar a la esquina —, aún no me has dicho qué te pareció el partido.

—Le dije a los chicos en el restaurante que había sido entretenido —ella levantó una ceja, curiosa. Kenji rio en voz baja.

—Sí, dijiste que había sido 'entretenido', esa es una respuesta vaga.

—No sé mucho de baloncesto —admitió, deteniéndose frente a una luz roja —Y nunca fui una gran fan. Además, no te vi jugar —Ino puso los brazos en jarra, demostrando su decepción mientras Kenji solo se encogía de hombros.

—Fue un partido fácil, el equipo no necesitaba que jugara.

—Oh, eres muy vanidoso.

—Solo cuando se trata de basquetbol —él volvió a sonreírle, adelantándose unos pasos luego de cruzar la calle para darse la vuelta y caminar de espaldas para mirarla mientras seguían hablando —Además, alguien tiene que vigilar al equipo, ¿y quién mejor que su mejor jugador?

—De verdad eres vanidoso —se burló Ino, deteniéndose un segundo cuando creyó reconocer a Kaede a lo lejos, caminando con un chico enorme de frente a ellos. Sin embargo, al dar una segunda mirada, se dio cuenta de que no era él.

—¿Estás bien? —preguntó Fujima, haciéndole notar que seguía mirando al chico que no era Rukawa. Y antes de que Ino pudiera responder, él también levantó la mirada, poniéndola sobre el camino y relajando sus facciones con reconocimiento mientras observaba en la misma dirección y levantaba un brazo como saludo —¡Hey, Sendoh! ¡Uozumi! —exclamó. Entonces, el chico parecido a Kaede se giró hacia ellos, e Ino pudo verlo mejor. Era muy guapo, como Rukawa, pero a diferencia de él tenía una sonrisa agradable en los labios mientras se acercaba a ellos junto a su enorme amigo.

—¿Fujima? ¡Hola! ¿Cómo estás? —lo saludó, estrechando la mano de Kenji antes de girarse a Ino, esbozando una sonrisa aún más grande mientras ponía una de sus enormes manos tras la cabeza con algo de pena —Hola, soy Akira Sendoh —se presentó, poniendo ambas manos a los lados de su cuerpo para hacer una pequeña reverencia —Y este es el capitán Uozumi.

—Un placer —saludó este de la misma forma. Ino respondió con una sonrisa hacia él, ya que no estaba acostumbrada a inclinarse.

—Ustedes también deben jugar baloncesto, ¿verdad? —adivinó mientras marcaba las diferencias de altura con ella, incluso con el mismo Fujima. Sendoh, además de apuesto, era muy alto, pero el otro chico lo era aún más, del mismo tamaño que el gigante hermano de Haruko. Era bastante obvio que ambos eran deportistas, y tuvo su confirmación cuando el atractivo muchacho asintió, algo sorprendido.

—¿Cómo lo sabes?

—Pues, para empezar, ambos son muy altos, y Kenji también juega baloncesto, así que es una suposición lógica —respondió ella, encogiéndose de hombros. Akira Sendoh entonces pareció mirarla con más detalle.

—Tienes un acento extraño. Pero me gusta —le sonrió. Ino, sin proponérselo, se sonrojó.

—Oh, es que acabo de mudarme del extranjero —respondió, con la misma amabilidad. Akira entonces frunció el ceño mientras seguía mirándola y ladeaba la cabeza.

—Te me haces conocida. ¿Nos hemos visto antes?

—No lo creo, o te recordaría —ella le sonrió una vez más, como él, que en ningún momento había dejado de sonreírle. E Ino pensó que había algo muy tranquilizador en su mirada de irises con tintes azules. Sin embargo, aclarándose la garganta, Kenji los interrumpió:

—¿Qué hacen por aquí? —preguntó, reclamando la atención de Sendoh, que se giró hacia él con la misma sonrisa que le había dedicado a ella —¿No tuvieron partido?

—Estuvimos en el juego de Shohoku, y después fuimos a los videojuegos —contestó el joven de cabello despeinado en punta. Tenía un corte muy moderno, pensó Ino, pero no dijo nada.

—Ahora vamos a tomar el tren —añadió Uozumi, con su voz grave e intimidante.

—¿Y cómo estuvo el marcador?

—El equipo de Akagi ganó. Aunque Miuradai no es un equipo de nivel estatal, pero han mejorado.

—Y fue divertido —añadió Sendoh, hablando con Ino —El entrenador mantuvo a varios de sus mejores jugadores en la banca durante la primera parte. Creo que fue un castigo o algo así —el joven sonrió una vez más, e Ino le regresó el gesto, al menos antes de que Fujima hiciera sonar su garganta, interrumpiéndolos nuevamente —Bien. Tenemos que irnos —Sendoh levantó una mano para despedirse —Te veré luego, Fujima. Fue un placer, Ino.

—Lo mismo digo —respondió ella, entrelazando las manos tras la espalda para verlos partir en dirección opuesta a la suya.

Cuando Sendoh y Uozumi se perdieron en dirección al norte, Kenji volvió a hablarle, soltando un pequeño bufido.

—Parece que le agradas a Sendoh —le dijo. Ella se giró para verlo nuevamente y parpadeó.

—¿Qué? —preguntó, sin entender al principio. Entonces Kenji sonrió, aunque no se veía divertido en absoluto.

—Y Uozumi. Él es tal vez uno de los tipos más duros que conozco, y lo intimidaste con tu presencia. Nunca creí que fuera del tipo que se asustaba estando frente a una chica bonita.

Sonrojándose, ella negó con la cabeza y siguió caminando.

—Oh, no es cierto. No seas tonto.

—Y Sendoh —insistió Kenji, dando un par de saltos para seguirle el paso —Se estaba pasando de amable.

—¿Estás celoso? —Ino se burló, más divertida que avergonzada ahora, y olvidándose de los dos chicos altos que acababa de conocer para concentrarse en la forma en que el rostro pálido de su acompañante se llenaba de tiernos colores.

—No lo estoy —se defendió Kenji, deteniéndose para sentarse en una banca desde donde podían ver el océano a lo lejos —Bueno. Tal vez un poco. No me gusta que otros chicos te miren así —murmuró. Ino rio.

—¿Así cómo?

—Así, como todos los chicos miran a las chicas bonitas como tú.

—¿Quieres que deje de ser tan bonita? —ella se burló. Kenji se permitió esbozar una sonrisa también.

—Eso sería imposible —dijo él, bajando la mirada hacia sus pies, pensativo por un instante antes de volver a hablarle, haciendo una pregunta que parecía llevar un buen rato queriendo hacer —¿Por qué tu padre dijo que solo llevabas tarados a tu casa? ¿A cuántos llevaste?

—Oh, no le hagas caso. Solo he llevado a un chico a casa antes de ti.

—¿Tu primer novio? —indagó. Ella asintió.

—Supongo que podrías llamarlo así —suspiró, sentándose a su lado —Solo teníamos 13, ni siquiera creo que cuente.

—¿Y qué pasó?

Ino bajó la mirada; su buen humor había desaparecido. No, no estaba lista para hablar de eso.

—Me mudé —se encogió de hombros, esbozando otra radiante sonrisa de inmediato —¿Y qué hay de ti? ¿A cuántas novias has llevado a tu casa?

—Nunca he tenido novia —respondió Kenji con calma. Ella lo miró, incrédula —¿Qué?

—¿De verdad esperas que te crea eso? —se burló —Escuché como decenas de chicas gritaban como locas por ti a pesar de que no hiciste nada durante todo el partido, sin contar que había chicas de otras escuelas que solo fueron para verte. No cabe duda de que eres muy popular con las mujeres.

—Bueno, sí he tenido citas, pero nunca una novia formal —dijo él, moviendo la cabeza de forma negativa ante la mirada escéptica de la muchacha —. ¡Lo juro! No había tiempo para eso. Además, también he visto cómo te miran otros chicos, y cómo te vitorean cuando juegas, pero eso no quiere decir que salgas con todos ellos, ¿o sí?

—Buen punto —concedió Ino, con una sonrisa. Después los dos guardaron silencio.

Esa era una conversación extraña para dos personas que solo habían tenido un par de citas, pensó Ino. A ella le gustaba Kenji, pero él ni siquiera había intentado besarla. De hecho, parecía que evitaba cualquier contacto físico a pesar de que era bastante evidente que ella le gustaba.

Pero los japoneses eran extraños en cuestiones amorosas, le había advertido su padre; sobre todo para una chica como ella, criada en la cultura occidental durante casi toda su vida. Era un cambio extraño ir tan despacio cuando las chicas de su edad en su antigua escuela cambiaban de novio casi todas las semanas. Ino había supuesto que ella también tendría que besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe, sin embargo, con Fujima parecía que el príncipe la había encontrado a ella. Sonrió ante el pensamiento.

Entonces, se aclaró la garganta para llamar su atención y hacer que él volviera a mirarla, aunque todavía miraba hacia el suelo, como si tuviera vergüenza. Era tierno.

—Jugaremos un torneo la próxima semana, por si quieres venir a verme otra vez —le dijo, y a pesar de que no estaba mirándola directamente, Ino pudo ver en su perfil que sus pálidas mejillas enrojecían una vez más mientras asentía.

—Ahí estaré —afirmó él. Ino le sonrió, se levantó de la banca de un salto y volvió a tomar su mano, tirando de él para seguir caminando hacia la estación de trenes. Kenji se sonrojó por el contacto, pero se sintió más cómodo a cada paso. Y, al final, era como si sus manos siempre hubieran pertenecido juntas.

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Kaede practicó algunas canastas en su patio hasta casi el anochecer, deteniéndose solo cuando su madre lo llamó para cenar. Entonces regresó adentro, se lavó el sudor y las manos y sacó una botella de agua del refrigerador para refrescarse antes de sentarse junto frente a su madre, que servía el arroz mientras encendía la televisión y ponía una de las telenovelas que siempre miraba en las noches.

En general, él solo ignoraba el sonido de fondo de la televisión mientras comía; odiaba ese tipo de programas, o cualquiera que no fuera sobre básquetbol, pero esa noche se sentía especialmente intrigado por la trama absurda de dos colegiales enamorados. Casi sin darse cuenta, Rukawa se vio repentinamente atrapado por la estúpida historia de un chico tímido y torpe que no podía confesar sus sentimientos a la chica que le gustaba. Tan inepto era incluso para aceptar sus propios sentimientos que todo lo que hacía era tratarla como si la odiara, o eso creía ella. Sin embargo, en los minutos finales fue la chica quien se le confesó; entonces se besaron, y fueron felices para siempre. Así de fácil.

Kaede soltó un bufido y golpeó la mesa con su plato de arroz, indignado mientras la pantalla se ponía en negro y la canción del final del programa comenzaba. Por eso no miraba televisión, todo en ella era estúpido; la vida real no era tan simple. Uno no simplemente confesaba sus sentimientos y listo. Sería increíblemente práctico, pero no era la realidad. Se sintió muy molesto de repente.

Nunca podría acercarse a Yamanaka Ino y hacer algo como eso. Sobre todo, porque, si ella correspondía a sus sentimientos solo complicaría las cosas. Rukawa tenía prioridades, y una novia no encajaba en ninguna de ellas. O al menos no hasta que terminaran las nacionales.

Sin embargo, sabía que tenía que hacer algo al respecto. No podía seguir sintiéndose tan confundido e inquieto o su juego podría comenzar a verse afectado. Tampoco podía seguir portándose como un idiota y seguir alejándola. Es decir, se sentía incómodo con ella cerca, pero el sentimiento era aún peor cuando se alejaba. Ahuyentarla no era una opción, pero tenía que encontrar la manera de apartar a Yamanaka, al menos de sus pensamientos, hasta el final del verano, y no tenía idea de cómo hacerlo.

En momentos como ese, deseaba poder tener un amigo con quien hablar, o tal vez a su padre. Hablar con el director Anzai ya no era una opción, y mucho menos lo era su madre. Sin embargo, mientras recogía la mesa creyó encontrar la solución a su pequeño problema; solo confiaba lo suficiente en una persona para ayudarlo, más que nada, porque estaba demasiado lejos como para molestarlo a diario con preguntas incómodas.

Después de secar los platos Kaede esperó a que su madre subiera a dormir para acercarse al teléfono por segunda vez, dudando por un instante. Sabía el número de memoria, aunque casi nunca lo usaba. Así que marcó lentamente y esperó, enderezándose cuando alguien levantó la bocina del otro lado.

¿Hello? Here's...

—Hermana —saludó, sorprendiendo a su hermana, que, al parecer, se había quedado sin palabras por un momento al otro lado de la línea.

¿Kaede? ¿Eres tú? —preguntó ella, con asombro.

Kaede suspiró. Aquello sería difícil, pero necesario.

—Necesito un consejo.

—¿Tú necesitas un consejo de tu hermana mayor? —saliendo de su estupor, su hermana se burló —¿Acaso estoy soñando?

Rukawa bufó, ignorando el sarcasmo. Entonces tamborileó los dedos sobre la mesa del teléfono por un segundo, indeciso.

—Ajá —gruñó. Su interlocutora soltó una carcajada.

—Pues es tu día de suerte porque me siento generosa. ¿En qué puede ayudarte tu hermosa y lista hermana, Kae-kun?

—Hay una chica en mi escuela —comenzó, ignorando a propósito el tonto apodo y decidiendo hablar sin rodeos, o nunca tendría el valor de hablar —Es mi compañera de clases. Es...creo que me gusta. Casi tanto como el basquetbol.

Aaaw, mi hermanito pequeño está enamorado, ¿no es así? Sabía que tendría que pasar tarde o temprano. La pubertad es inevitable —se burló —Te felicito, tonto hermano menor. Francamente creí que morirías solo. O casado con un balón de basketball —rio. Rukawa ni siquiera se molestó con esa burla, pues, siendo franco, era lo mismo que él creía; al menos antes de Yamanaka Ino.

—¿Qué es lo que debería hacer?

—¿Cómo que0 qué es lo que deberías hacer?

—¿Qué es lo que hace la gente en estos casos?

¿Quieres decir la gente normal? —su hermana volvió a reír, después guardó silencio por unos segundos al no escuchar réplica de su parte —Como sea. ¿Ya le dijiste de tus sentimientos? —preguntó, con voz conciliadora. Rukawa parpadeó, confundido.

—¿Por qué? ¿Debería?

—¡Pff! ¡Eres un tonto! ¡Claro que deberías! ¿Si quiera sabes si a ella le gustas también?

—Eso creo.

—Bien. Ya es algo —bufó su hermana —¿Y le has pedido que tenga una cita contigo?

—Tsk, no. ¿Por qué haría eso? La temporada de basquetbol apenas comienza, no quiero que nada me distraiga.

¿Y para qué demonios me llamaste entonces? Parece que lo tienes todo resuelto, tonto.

Kaede parpadeó. Esa era una buena pregunta. Odiaba eso de Ino también. Lo hacía ser tonto e impulsivo.

—Tú eres tonta. Y no quiero pedirle que salga conmigo, pero quiero que sepa que me... —bajó el tono de su voz, mirando hacia las escaleras para asegurarse de que no había testigos antes de decir aquello en voz alta —me interesa.

¿Que te interesa?

—¿Hay un eco en la maldita línea? —resopló, perdiendo la compostura por un segundo —Sí, me interesa. Nadie me había interesado de esa forma antes. ¿Feliz?

—¡Aaaw! Amor adolescente. ¡Eres tan tierno! ¿Mamá lo sabe?

—Claro que no.

—Sí, es mejor que no se entere —su hermana volvió a reír, haciendo otra pausa pensativa por un momento —Bueno, debo decir que me siento muy honrada de que recurras a tu hermana mayor por ayuda, así que te ayudaré. Pero debes prometer que dejarás de usar mi maldita bicicleta. ¡Siempre la destruyes! —Rukawa gruñó como respuesta. Su hermana ni siquiera estaba en el país, así que ni siquiera sabía que su bicicleta estaba rota desde hacía semanas.

—Como sea.

—De acuerdo. Ahora escucha bien, torpe. Cuando te gusta una chica, primero que nada, lo usual es que le hagas obsequios. Eso le hará saber que estás interesado en ella —dijo. Rukawa lo pensó un momento. Él le había comprado un helado la vez que habían coincidido en la tienda de discos. Supuso que eso contaba —Además, debes esperarla para ir juntos a la escuela, y también para volver a casa. Oh, y debes llevar sus cosas. Un verdadero caballero no deja que la chica que le gusta cargue sus cosas.

—¿Por qué?

—Solo es ser un caballero, tarado.

—¿Eso es todo?

—¡Claro que no! Ni siquiera te he hablado de las citas.

—No tengo tiempo para citas —Rukawa frunció el ceño. La sola idea de salir con Ino a la vista de todos hizo que algo brincara en su estómago y casi sintiera ganas de vomitar, igual que la vez que encestó un triple por primera vez. Era una sensación molesta, pero, extrañamente, no del todo desagradable.

—Entonces hazte el tiempo. Dime, ¿ella es bonita?

—Todos están de acuerdo en que es la chica más linda de la escuela —respondió sin pensar. Había escuchado ese rumor por todos lados en los últimos días, y también había descubierto que estaba de acuerdo.

¡Entonces debes dejar en claro que ella te interesa! O habrá otro chico alto y guapo que se gane su afecto en lo que tú te encargas de correr tras un balón —dijo su hermana, haciéndole fruncir el ceño. Ni siquiera había contemplado esa posibilidad, y odió reparar en ello. Sin embargo, no tenía nada de qué preocuparse, se dijo.

—No lo creo. Estoy bastante seguro de que le gusto.

—¿Y eso qué? Las chicas nos enamoramos y desenamoramos con facilidad. Créeme, yo soy una chica, y he tenido muchos novios.

Kaede arrugó el ceño una vez más. Recordaba que su hermana siempre andaba con diferentes novios cuando estaba en preparatoria, e imaginar a Ino haciendo lo mismo hizo que sintiera como si algo muy pesado se alojara en su estómago ahora.

—Ella no… —balbuceó, no muy seguro de qué decir —Ella no haría eso. Ella es…diferente a cualquier chica que haya conocido —admitió, y escuchó que su hermana tomaba aire para responder a eso, pero antes de que pudiera hacerlo murmuró un simple adiós y le colgó el teléfono.

Bufando, tomó uno de los balones que siempre dejaba por la casa y lo hizo girar sobre su dedo para calmarse. Aunque inútil, la conversación con su hermana le había dado algo en qué pensar por ahora.

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Ino ahogó un bostezo mientras tomaba las últimas notas de la clase antes de que sonara la campana.

Era su día de descanso en el club de tenis, así que estaba pensando en aprovechar el tiempo extra para ponerse al día con algunas tareas cuando las clases por fin terminaron y todos sus compañeros comenzaron a recoger sus libretas en sus mochilas, incluida ella. Ino guardó sus plumas y libros de matemáticas y también se levantó de su asiento, sujetando la correa de su mochila mientras se giraba y chocaba con alguien. Distraída, levantó la cabeza de inmediato al darse cuenta de que la persona con la que había chocado era mucho más alta, y la confusión en su rostro fue cambiada por una sonrisa en cuanto vio a Rukawa de pie frente a ella.

—¡Hola, Kaede! —lo saludó, preguntándose cómo él se había movido tan rápido desde el otro extremo del salón hasta allí sin que lo notara.

Rukawa, sin embargo, permaneció inmutable, mirándola tan fijamente que, por un momento, le dio algo de miedo —¿Todo está bien?

—¿Te gusto?

—¿Disculpa? —Ino parpadeó, sin entender la pregunta. Kaede reaccionó, parpadeando como si saliera de un trance. Negó rápidamente con la cabeza, y se giró hacia un lado.

—Te acompaño a casa —no era una pregunta; Rukawa quería hacerle saber que no tenía opción, pero, aun así, procuró usar su tono más amable para decirlo.

—Oh, no es…

—Déjame llevar eso —la interrumpió, prácticamente quitándole su mochila de las manos. E Ino lo miró, algo sorprendida, pero decidió que Rukawa era un chico extraño, así que no le prestó demasiada atención.

Rukawa la siguió por los pasillos de la escuela, notando que muchos de sus compañeros se detenían para verlos caminar juntos, pero, como siempre, solo ignoró las miradas curiosas. Siempre era molesto ser observado como si fuera alguna clase de fenómeno de circo, pero ahora, de alguna forma, que lo vieran caminando junto a Ino se sentía distinto. Era casi como un instinto animal, una necesidad salvaje de mostrarle a todo el mundo que nadie podía acercarse a ella porque era suya. Quería que los demás vieran que ella le pertenecía. O al menos que lo creyeran. Ino no era su novia ni nada de eso. No por ahora, al menos. Quizá cuando terminara la temporada, pero eso no quitaba que quisiera ahuyentar a todos los demás chicos que siempre estaban tras de ella en los pasillos. Rukawa los notaba, y él nunca notaba nada que no estuviera relacionado con baloncesto. Y ahora también con Yamanaka Ino.

—¿Estás bien?

Rukawa parpadeó, apenas notando que ya estaban fuera de la escuela, lejos de los alaridos de las locas fanáticas que siempre lo seguían.

—¿Qué?

—Pareces algo incómodo —observó Ino —¿Es por todo el escándalo? No sé por qué a los japoneses les gusta tanto sorprenderse por todo.

Kaede negó con la cabeza y siguió avanzando en dirección a su vecindario.

—Estoy bien. Pero quería hablar contigo.

—¿Hablar? —Ino parpadeó, mirándolo fijamente con sus grandes ojos claros y haciendo que Rukawa casi se sintiera pequeño frente a ella a pesar de que él le sacara casi dos cabezas de altura. Eso sin duda era algo nuevo, pero había decidido estar en buenos términos con él, después de todo, siempre era bueno ampliar su lista de amigos, así que procuró no mostrarse demasiado sorprendida —Claro, ¿de qué quieres hablar?

El jugador de baloncesto se detuvo un momento y resopló. Ni siquiera había pensado bien en aquello, y ahora no sabía cómo seguir a continuación. ¿Debía invitarla a una cita, como en las películas? No. No estaba de ánimos, ni tenía el tiempo; además, ya había decido dar prioridad a las nacionales. ¿Qué debería decir entonces? Acababa de decirle que quería hablar con ella, pero no sabía qué decir exactamente. Él no era bueno con las palabras, y le había dicho a una chica que quería "hablar". Se sintió muy estúpido de repente. Otra vez. Y odió eso. Otra vez. Sin embargo, no odió estar junto a Yamanaka Ino.

—Yo... —se aclaró la garganta, teniendo una idea repentina —Compré la colección completa de discos de U2 —se encogió de hombros —Creo que ahora me gusta la música.

—¿De verdad? —ella sonrió, dándole un empujón amistoso con su hombro, haciendo que Kaede se pusiera rígido ante el contacto —Supongo que eso me convierte en tu nueva gurú musical, ¿no? ¡Oh! Tengo otras bandas que podrían gustarte. Puedo prestarte algunos discos, si quieres.

—Me gustaría —aceptó mientras seguían caminando. Después ninguno dijo nada, pero tampoco se sentía incómodo. De hecho, era agradable solo estar junto a ella en silencio. Aunque no tanto; Kaede podía oír los agitados latidos de su corazón haciéndole eco en los oídos. Sus manos sudaban mucho más que antes de un partido importante, y se sentía muy torpe de repente. ¿Eso era estar enamorado? No le gustaba la sensación, pero sí estar con esa chica.

De pronto, Ino sonrió, señalando el parque frente a ellos.

—¿Recuerdas el día que nos conocimos? —Rukawa parpadeó, recordando aquel día en que ella lo chocó con sus patines. Era extraño pensar en cómo habían cambiado las cosas desde entonces. Y ella pareció pensar en lo mismo, porque soltó una pequeña carcajada —Creo que ya me disculpé, pero lamento haber tirado tu balón lejos.

—Está bien —Kaede se encogió de hombros, casi sintiendo el tirón de una sonrisa en su cara, lo cual nunca sucedía —Fui grosero, supongo que lo merecía.

—Sí, lo fuiste —corroboró ella, sin dejar de reír —Pero yo también. ¡Y ahora míranos!

—Míranos —repitió, y sintió que la piel de su rostro se estiraba un poco más. Caminaron unos cuantos pasos más solo compartiendo una sonrisa cómplice, hasta que Ino volvió a hablarle:

—De verdad me da gusto que quisieras hablar —anunció, volviendo a chocar sus brazos con gesto amistoso —Eres la primera persona que conocí al mundarme aquí, y me alegra que podamos conocernos mejor. Sobre todo porque pensé que me odiabas.

—No te odio —Kaede frunció el ceño, y toda sombra de una sonrisa desapareció de su rostro, siendo reemplazado por una expresión de disgusto y vergüenza —Yo no... No soy bueno para tratar con las personas.

—Lo noté —Ino lse rio de él, pero, curiosamente, eso no le importó. Hubiera golpeado a cualquiera que se riera de él, pero no a ella —Pero eres bueno para hablar conmigo. Tus fanáticas sin duda deben odiarme.

—¿Quién? Oh. Esas tontas no son importantes.

—¡No seas grosero! —su compañera escondió una carcajada —Deberías ser más amable. Así tendrías más amigos, ¿no crees?

—No necesito más amigos.

—¿No? ¿Y qué harás en el verano si no tienes a nadie con quien pasar el rato? —le preguntó. Kaede entonces parpadeó, mirándola por un segundo, notablemente más cómodo al poder hablar de algo de su interés.

—Habrá un campamento de básquetbol, y todo el equipo irá. No necesito amigos para eso —anunció, quedándose callado antes de pensar en una forma de tener una conversación normal —¿Y tú qué harás en el verano?

Kaede quiso felicitarse a sí mismo por esa forma tan hábil de mantener la conversación, pero en lugar de eso, solo miró a Ino y procuró mostrarse interesado en su respuesta.

—Practicar, supongo. Dormir hasta tarde, holgazanear. Ese tipo de cosas —Ino le sonrió otra vez, y Rukawa pensó en que de verdad le gustaba cuando hacía eso.

Los dos se detuvieron frente a las vías del tren, esperando a que la barrera volviera a levantarse. De nuevo habían caído en un silencio cómodo, aunque Rukawa repentinamente tuvo la urgencia de volver a escuchar su voz.

—A veces corro por aquí en las mañanas —murmuró cuando el estridente sonido de las señalizaciones mermó y las barreras volvieron a darles paso.

—Lo sé. Te he visto, ¿recuerdas?

—Tal vez podría acompañarte…a veces —propuso Kaede, desviando el rostro hacia un lado sin poder evitarlo. No dejaba de sentirse como un adolescente tonto de la televisión, pero no podía evitarlo. No cuando estaba con ella.

—¿A correr? ¡Claro! —aceptó Ino, sin darse cuenta de lo que sus palabras provocaban en él —¡Oh! Por cierto, el otro día conocí a un chico que quizá te agrade. Es muy divertido, y también juega básquetbol en el equipo de…

—¡Ino-chan!

Con el ceño fruncido, Kaede levantó la mirada en busca de esa voz, viendo a una chica mayor acercándose a ellos. No la conocía, pero parecía que Ino sí, además ella llevaba el uniforme de su escuela.

—¡Mabe-san, hola! —Ino respondió a su saludo, haciendo que el ceño de Kaede se frunciera aún más al ver su tiempo con Ino interrumpido.

—¿Van a la estación?

—Oh, no. Solo estamos volviendo a casa —contestó la joven Yamanaka. Entonces, pareció recordar su presencia, volviendo a verlo con una radiante sonrisa —Kaede, ella es la capitana Mabe, del equipo de tenis. Capitana, este es Kaede Rukawa. Juega en el equipo de baloncesto de nuestra...

—¿Rukawa? ¿Él es el chico misterioso del que tanto hablas? —preguntó la chica, haciendo que Ino se sonrojara, y Rukawa sintiera como si alguien le hubiera quitado todo el aire de golpe —¡Oh, no me digas que es tu novio! ¡Debí haberlo sabido! ¡Hacen una hermosa pareja!

Kaede parpadeó, procesando toda esa catarata de información de a poco. Primero, ¿Ino hablaba sobre él con sus compañeras de club? La sola idea de que ella pensara en él tanto como él en ella era vigorizante. Segundo, ¿ellos hacían una linda pareja? Rukawa se sonrojó solo de pensarlo. Pero ya no se sintió como un estúpido, sino, más bien, extrañamente complacido. Quizá no había nada entre ellos aún, pero, si la gente pensaba que sí no tenía objeción con ello.

—¡No! ¡Nosotros no...! —Ino esbozó una sonrisa nerviosa, poniéndose tan roja como el mismo Rukawa mientras hablaba con torpes balbuceos. Estaba avergonzada, lo que el joven basquetbolista interpretó como un reflejo de sus propios sentimientos. Ella estaba avergonzada porque él también le gustaba.

—¡No se preocupen! ¡No interrumpiré más! ¡Te veo mañana en las prácticas, Ino-chan! ¡Disfruten su cita!

La capitana Mabe se despidió rápidamente antes de alejarse corriendo hacia la estación; Ino la vio irse antes de disculparse torpemente con Kaede y despidiéndose hasta el día siguiente, argumentando que debía seguir a su capitana para hablar con ella. Rukawa iba a ofrecerse a ir con ella, pero la lengua se le había pegado al paladar, así que solamente asintió, regresándole su mochila para que se fuera.

Y mientras caminaba a casa, Kaede sonrió, como solo lo hacía desde que había aceptado sus sentimientos por Ino Yamanaka.

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N del A:

Bueno, como siempre, la vida pasa y el tiempo es tirano, pero yo siempre sigo publicando xD

Quedan pocos capítulos antes de llegar a las nacionales, y después habrá saltos en el tiempo y las cosas se pondrán más intensas. Como siempre, no sé cuándo podré volver a actualizar, pero aunque no lo parezca sigo haciendo mi mejor esfuerzo. Gracias por la infinita paciencia.

Su buen vecino,

H.S.