Pareciera que nunca termina, infinito y tenebroso.

Corro entre los árboles, llevo puesto el vestido de novia de mamá, que es blanco y hermoso pero está roto, lleno de lodo y porquería, los brazos me sangran, los pies me duelen, hay piedras y ramas por todo el suelo, tengo el cabello hecho un desastre, pero aún así jamás dejo de correr. Asustado, jadeando y esperando que jamás me atrapen. ¿Quién me persigue? ¿A que le tengo miedo? ¿De quien huyo? ¿Por qué? Sigo sin encontrar respuesta a eso.

Siempre es el mismo sueño. Dentro de un bosque lleno de árboles de follaje negro y decrépito, con un cielo gris, deprimente, corriendo, siempre corriendo. Sin embargo, esta vez soy capaz de llegar al final del bosque, un acantilado muy alto que bajo este hay rocas que parten las olas de un mar violento. No hay a donde huir, a donde seguir corriendo. ¿Saltare? ¿Llegarán mis perseguidores? No lo sé, despierto antes de conocer mi final.


ºQueenº


La pregunta del día es: ¿Sasha es capaz de maldecir y gruñir mientras mastica media docena de panecillos de nuez? Y la respuesta es: Efectivamente, ella puede.

Ya le he pedido perdón tanto como me deja el cansancio, pero ella sigue refunfuñando mientras sigue comiendo los panecillos que guarda en su vestido, se queja de las ojeras que tengo, de lo pálida que es mi piel esta mañana, de lo cansado que luzco. ¿Cómo es que ella va a arreglar todo eso y convertirlo en una princesa decente? Lo hará, porque ella hace magia con sus manos... bueno, no magia de verdad, le cortarían el cuello de ser así, me refiero a que es buena arreglando desastres como yo para dejarlos presentables en eventos importantes.

De ser un día ordinario ella no estaría comiendo el doble de lo normal, solo diría que debí dormir bien y ya.

—Al menos pudiste ponerte las hojas de té en los ojos. No estarían tan hinchados.

Pero no es un día ordinario. No, es el cumpleaños del príncipe de Paladias.

—Dios, Eren, ¿Qué haré contigo? Tienes unos ojos hermosos, pero si están así de hinchados parecen de un recién nacido. Apenas puedo ver de qué color son.

—Ya, he tenido una pesadilla. —me excuso. —Dicen que es de mal augurio.

Ella detiene sus manos.

—¿La misma pesadilla?

—Esa, ¿crees que signifique algo? Que no debería casarme.

Ella respinga y rápidamente dice algo entre dientes.

—Que nadie te escuche decir eso, si alguien cree que dudas de tu matrimonio...

—Lo sé, solo decía...

Ella hace la señal de la cruz sobre su cuerpo y luego vuelve a la tarea de arreglar mi cara sin dejar de renegar sobre mi aspecto desaliñado.

No hablamos más del asunto de la pesadilla ni de mi matrimonio, en su lugar ella solo se enfoca en su trabajo, cosas maravillosas porque luego de algún par de horas, luzco muchísimo mejor, hasta tengo más brillo en los ojos y mi cabello luce un elaborado peinado lleno de pequeños pasadores que lucen como flores blancas, señal de la pureza y virginidad que debe representar una princesa. Es igual con el vestido y el resto de los accesorios. No usaré pantalones hasta después del matrimonio y eso sí es que me lo permite mi futuro marido, las leyes de su país y creencias. Así que me conformo con las faldas suaves de un rosa bebé que da sueño y un corsé no ajustado porque aún no he tenido hijos, las mangas me llegan a los codos y los guantes hasta las muñecas. Los zapatos son de piso, infantiles. En general todo mi aspecto es infantil, puro, delicado, etc. Es chocante de ver en el espejo. Ni siquiera llevo maquillaje, más allá de un brillo en los labios. Pero a Sasha le saca un par de suspiros y me dice que luzco bellísimo.

Luego de que de un par de vueltas para verificar que puedo moverme sin que la falda se enrede, mamá entra a mi habitación luego de ser anunciada por un sirviente.

—Cariño. —dice sonriendo. —Luces adorable.

—Gracias, madre. —hago una reverencia educada.

Sasha también se inclina y anuncia que se retirará, dejándonos a solas.

—Bueno... —mamá se deja caer en mi cama y suspira exageradamente. —Debe ser algo insoportable.

—Lo es, apenas puedo verme en el espejo.

Ella se ríe, no como reina, si no como madre, una risa genuina.

—Lamento que tengas que pasar por esto, las leyes de vestimenta en Paladias no son tan conservadoras o eso he visto en sus calles. —estira sus manos e inmediatamente las tomo, me hace sentarme a su lado.

—¿También sufriste cuando te ibas a casar?

—Mi familia no era muy apegada a la familia real y mis padres eran un poco rebeldes con los códigos de etiqueta, claro, cuando conocí al príncipe, tuve que ser más pulcra y elegante, uno no encanta a la realeza siendo rebelde. —ella me da una sonrisa pícara.

Claro, la familia de mamá es importante, marqueses de renombre y antigüedad, pero alejados de la familia real por disputas pasadas. Aún así, padre se enamoró de mamá y ella de él. Ellos si estaban enamorados. Cuando más pequeño creí que me llegaría a enamorar del príncipe de Paladias y él de mi, pero apenas y hemos cruzado palabras, saludos de cortesía en sus cumpleaños y regalos en fechas de cortesía.

—Si no fuera por la guerra... —dice mamá.

—Lo sé, no te preocupes por mí. Aún faltan unos años hasta que me case.

Ella aprieta los labios y luego sonríe.

—Deberiamos salir. Vamos.

El trato entre Paladias y Vesturias, es que contraeremos matrimonio hasta que ambos seamos mayores de edad, él los cumple hoy, según su país, yo hasta dentro de cuatro años, según el mío.

—Mis dos bellezas. —papá nos espera en el salón principal, cuando ve a mamá siempre sonríe. Podría parecer un rey estricto pero mamá siempre saca su lado suave.

Me hace preguntarme si algún día, el príncipe me verá así o seremos solo un contrato entre países. He leído historias donde eso pasa, parejas que son infelices.

—Eren. —miro a padre. —Te tengo una sorpresa.

—¿Qué es?—siempre tratan de hacerme sentir bien cuando tengo que ir a Paladias.

Las puertas se abren y entra uno de los soldados imperiales, detrás de él...

—Farlan. —digo y corro hacia él, que me atrapa en el aire.

—Sorpresa. —dice en mi oído.

—Creí que estabas en la academía.

—Estaba, pero hoy comienzo mis prácticas oficiales.

Chillo de emoción y volteo a ver a mi padre, él también parece feliz, pero no mamá, a ella jamás le ha simpatizado mucho mi mejor amigo.

—Bueno, pero ¿Qué haces en el palacio?

Mirándolo más atentamente, veo su uniforme de guardia imperial, color azul y plata, armado con una espada y una pistola.

—Ya te dije, empiezo mis prácticas.

—Nuestro querido Farlan. —dice mi padre acercándose. —Se incorporara a la segunda guardia que protege a la princesa de Vesturias.

—¿En serio? —doy pequeños brincos en mi lugar tomando las manos de mi amigo. —Es una excelente noticia, podremos vernos más seguido.

Mamá carraspera detrás nuestro.

—Cielo, debes recordar que su misión es protegerte no jugar contigo ni vagar por el castillo.

—Por supuesto, mi reina, daría mi vida por proteger a nuestra princesa.

Farlan da un paso al frente, soltando mis manos, haciendo el saludo de lealtad junto al corazón. Luce serio y formal.

—Vamos, Carla, el chico está en prácticas. Ha sido amigo de Eren desde niños, pongo mi fe en que realmente protegerá a nuestro hijo. Creo firmemente en qué lo hará.

Después de las noticias subimos al carruaje, veo a Farlan subir a un hermoso caballo blanco, irá a un lado del carruaje, cuidandonos. Cuidandome.

Su padre es el jefe de los soldados de élite que protegen a la familia real, solo los mejores son las escoltas principales, los que siguen a los reyes a todos lados y mueren por ellos. La idea es perturbadora, no me gustaría que Farlan muriera por protegerme. Aunque, claro, nosotros hemos discutido eso varias veces. Si madre supiera que él me ha enseñado a usar la espada, seguro exige que lo saquen del palacio de inmediato.

La distancia entre Paladias y Vesturias no es más de un par de horas en carruaje y unos kilómetros en barco. Llegaremos justo al atardecer, dormiremos como invitados y regresaremos mañana por la mañana.

Este viaje solo se hace un par de veces al año, pero sigue siendo tedioso, no hay mucho que ver y lo que hay lo he memorizado hasta decir basta. Aún así, siempre me preguntó cuándo será la última vez que lo haga siendo princesa de Vesturias.

La guerra lleva tantos años, lo suficientes para que nuestro país incluso participará activamente en ella y pusiera en juego nuestros territorios. En la época de mis abuelos, Paladias nos quitó casi la mitad de tierras industriales, convirtiendo Vesturias en un país pequeño e indefenso. Mi hermano mayor participa en la guerra de las Colonias solo en representación y apoyo a Paladias. Cada semana recibimos cartas de él.

Este matrimonio se venía negociando desde mis bisabuelos, ellos se negaron y dio paso a la guerra que dio la pérdida de tierras, luego, mi tía se prometió en matrimonio cuando nació, pero cuando cumplió diez años murió por una ola de viruela, así que se aplazó hasta los hijos del siguente rey. Mi padre. Cuando nació mi hermano como mayor el rey de Paladias se disgustó y proclamó que entonces Vesturias se convertiría en parte de Paladias. Luego de unos años mamá se embarazo y dio esperanza. Al final la independencia de mi país se mantuvo gracias a que nací minor.

La historia de las guerras la he memorizado casi en su totalidad.

Supongo que saber la razón de porque me casare con ese príncipe me obsesionó en mi época más rebelde.

Al llegar al castillo nos reciben sirvientes para atender todas nuestras necesidades, un mayordomo nos dice que nuestras habitaciones están esperándonos y que la fiesta de cumpleaños empezará en breve. Pero venimos sudados y oliendo a mar, así que nuestros propios sirvientes nos ayudan a cambiarnos la ropa y ponernos otra cosa. En esta ocasión, como es casi media tarde, mi vestido es de un suave naranja y los zapatos más cómodos, mi cabello permanece igual, solo arreglan un par de mechones extras.

—Cielo. —mamá vuelve a encontrarme antes de salir por completo de mi habitación. —¿Cómo te sientes?

—Bien. —respondo.

—Será una velada muy larga, trata de dar tus felicitaciones, saludos correspondientes y volver a tu habitación para que descanses.

—Esta bien...

Una petición un poco extraña, debido a mi corta edad no puedo permanecer mucho tiempo en sociedad. Aún así me digo que lo haré.

Gracias por leer.

Parlev.