Capítulo 9: Caótico despertar.
Isabel se lanza a mis brazos con mil palabras en la boca. Sosolla y me pregunta cómo es que estoy. Me dice que había intentado venir a verme desde que se enteró, pero que no la habían dejado. Habla tanto que ni siquiera me deja contestar.
—Tranquilízate, Izzy. —le digo tomándola de los hombros y sentándola en la silla.
Me han asignado una sala para mí propio uso, donde puedo recibir visitas o simplemente pasar el rato con mis damas de compañía, ahora para poder dar la bienvenida a la única amiga que tengo aquí en Paladias.
—Estaba preocupada, nadie me decía nada ni oía noticias de lo que paso en Vesturias, creía lo peor, aunque cuando por fin me dijeron que estabas aquí, realmente sentí un alivio impresionante. Dios. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué ha pasado?
Ordeno que nos traigan té y bocadillos, luego empiezo a relatarle toda esta aventura, ella pone expresiones exageradas y hace comentarios elocuentes, también exclama con mucha frecuencia y me interrumpe con más emotividad de la permitida. Me hace sentir tranquilo que al menos alguien realmente se preocupó por mi aquí. Al menos de verdad, sinceramente. Aun no entiendo del todo a Erwin, es bastante misterioso por sí mismo, aunque quiera dar una cara bastante abierta.
—Entonces, un mes... vaya...
—Un poco menos, los preparativos se están haciendo a una gran velocidad, no sabía que una boda tendría tantos arreglos que hacer—comento llevándome la taza a los labios.
—Es una boda real. Se unirán, por fin, dos reinos en son de paz entre naciones.
—Supongo.
Todo mundo sabe que Vesturias está destruido, lo único que le queda es esta alianza.
—¿Cómo te sienta esto? —pregunta tomando mis manos, las suyas son tan cálidas y suaves.
—No lo sé... —digo con sinceridad. —Extraño, es como si le sucediera a alguien más.
—¿Y Farlan?
Escuchar su nombre altera un poco mis nervios, tengo que agachar la mirada al fondo del té para que no me cachen en los sonrojos y pensamientos impuros.
—Está en el frente de la guerra. —termino por decir.
—Lo sé, volverán pronto. —suspira y acaricia el dorso de mis manos. —El marques Ackerman es un experto en esto de los movimientos militares.
—¿Lo conoces?
Me suelta y deja salir una risa infantil.
—Claro, desde que éramos niños, prácticamente nos criamos juntos, mi familia y la suya son muy cercanos. Mis padres consideran a Levi casi un hijo más, aunque ya tenga más hermanos. —toma una galleta del plato y empieza a mordisquearla. —No puedo decir lo mismo de Mikasa, ella siempre fue más alejada, no la culpo, ha tenido que pelear por llegar a donde esta.
—¿A qué te refieres?
—Oh, cierto, olvido que tú no los conoces.
—Farlan ha mencionado a esa familia en algunas de sus cartas.
Como si fuera a contarme una larga historia, Isabel se acomoda en su silla y la arrastra hasta dejarla a mi lado, recorre su taza de té y el plato de bocadillos. Isa ama hablar y contar historias.
—Bueno, Levi es el hijo mayor de los Ackerman, es una familia antigua, tan antigua como la misma historia, hay algunos rumores de que ellos antes eran parte de la familia real, pero nada está confirmado por los historiadores. Nació siendo mayor, lo que lo posiciono como el heredero de la familia, dos años después nació Mika, siendo minor, al principio todo iba bien, hasta que Levi entro a la academia militar de elite, Mikasa también quería entrar, pero se lo prohibieron por su condición, ya sabes, los minor no deben ser militares, afectan su cuerpo y esas cosas, pero ella no acepto eso.
» Se dice que estuvo a punto de perder su apellido por ir en contra de su condición, entonces Levi la reto frente a toda la familia a un duelo. Fue algo un poco cruel, porque él ya estaba entrenado y ella no. Pero Mikasa demostró ser lo suficientemente buena para poder educarse en la milicia, su hermano dio su palabra de cuidar de ella y respaldarla, no creían que fuera a durar en ese ambiente, sin embargo, se obligó a estudiar dos años extras, incluso omitiendo sus vacaciones. Hay rumores de que le hacían la vida imposible en la academia, pero que puso a todos en su lugar. Actualmente está en una línea menor a la de su hermano, pero también es líder de escuadra, tiene a su mando a otros minor, ya que cuando ella fue aceptada peleando por su lugar, otros también lo hicieron. La llaman la revolucionara de condiciones.
—Debió ser muy valiente para hacer eso.
—Por supuesto. —Izzy asiente. —No hable mucho con ella ya que se la pasaba en la academia o entrenando, me hubiera gustado ser amiga suya. Sin embargo, me conformo con la amistad de Levi, puede parecer bastante cruel y duro, pero en realidad es muy protector con los suyos.
—Defendió a su hermana y su puesto, parece que jamás dudo de ella por ser... minor
—Jamás, de hecho, en el escuadrón de Levi hay minor que él mismo ha elegido para ser parte de su grupo, siempre ha dicho que las condiciones no definen a una persona, supongo que sabe por lo que su hermana paso y lo que pasan otras personas, así que les da una oportunidad.
Bebo del té, sospesando la idea.
—Parece buena persona.
—Farlan está en las mejores manos. Una vez regresen de la guerra, Levi volverá a su puesto como protector real.
—¿Mmh?
—Ya te dije que los Ackerman son una familia muy antigua, lo suficiente para que se rumoree de que fueron parte de la familia real en algún momento, sin embargo, su puesto junto a la realeza en realidad es como guardias reales. Su labor principal es proteger al rey, no solo como los soldados de por aquí. —señala a nada en particular. —Si no, de amenazas más grandes y reales, sé que incluso tienen una promesa sanguínea de dar su sangre por la corona. El tío de Levi fue el protector del anterior rey.
—Wow, no sabía que existieran familias así. ¿Es eso posible? ¿Promesa de sangre?
Isabel se encoge de hombros y vuelve a servirse té, escoge entre las galletas decoradas una para seguir comiendo, a estas alturas vamos a tener que pedir más comida para continuar con la plática.
—Tengo la sospecha de que Mikasa también tendrá que hacer juramento. —dice luego de tomar dos galletas.
—¿Juramento?
—He escuchado por allí, que el rey quiere que tú también tengas protección real. Luego de lo que paso y que planeaban matarte, Dios santo, espero que jamás pase, el rey quiere tener a alguien que pueda protegerte pase lo que pase, de su vida por ti de ser necesario.
Ahora eso del juramento de sangre resulta más tétrico que hace solo unos segundos.
—¿Eso es posible? ¿Obligar a alguien a morir en tu lugar?
—Yo digo que es simbólico, pero algunas personas creen que hay una maldición de por medio. —se encoge de hombros. —Como sea, ellos han estado al lado de la realeza desde tiempos inmemorables.
—Cada día que paso aquí me entero de tantas cosas que es difícil de asimilar todo de golpe.
—Oh, lo siento. —Isa deja la taza en su lugar. —He contado algo de más, supongo que debes tener la cabeza llena con los arreglos de la boda. Cuando Levi y su grupo regresen de seguro hablaran de eso, así que no me tomes tanta importancia.
Esta pequeña charla me ha dado una visión diferente de este país, un poco extremista y algo conservador, Vesturias podría ser pequeño y algo insignificante, pero jamás dábamos por sentado algo con referente de las condiciones de mayor o minor, sabemos que hay diferencias biológicas, pero fuera de eso, incluso teníamos gente minor trabajando en minas. Luego, sé que los guardias reales y los soldados están para proteger a la familia real y evitar que les pase algo, pero ¿morir específicamente por alguien? Resulta un poco perturbador. Luego de ver a mi padre decapitado, en realidad eso de la muerte termina siendo un tema bastante delicado, preferiría no tener que recurrir a que alguien más tome mi lugar en la tumba.
»Queen«
Los días pasan más rápido de lo que me gustaría pensar, un día me la paso charlando de tonterías con mis damas e Izzy, mientras que, al siguiente, estoy frente a un espejo vistiendo un elegante y elaborado vestido blanco con dorado, ni siquiera tengo tiempo de sentirme nervioso o ansioso por lo que sea que vaya a pasar en las siguientes horas. Todos hablan, gritan, dan ordenes al mismo tiempo, me aturden y tengo que poner en blanco mi mente para que todas esas voces de todos lados terminen por volverme loco.
—Dios mío, niñas muévanse. —una modista, una mujer alta y delgada, da ordenes con una voz potente a todas sus ayudantes, que se mueven a mi alrededor como zancudos, picando aquí y allá. Haciendo arreglos de última hora.
Me peinan, maquillan, visten, desvisten, vuelven a vestir, me suben en zapatos, zapatillas, zapatitos. Yo solo me muevo de un lado a otro tratando de no caerme por ser jalado a todos lados. He estado despierto desde mucho antes de que el sol diera su cara, apenas he podido pegar ojo, por lo que lo único que puedo pensar es en que este día termine por favor.
Aunque, una vez terminado... ¿Qué sucederá?
Las cosas pasan muy rápido, paso de una habitación a otra y de repente estoy en el carruaje de telas doradas y caballos de un pelaje café claro, muy hermosos y de presencia notable, estoy rodeado de mis damas y otros niños vestidos como angelitos adorables. Escucho virotes por todos lados, gritos que anuncian mi nombre, no entiendo ninguno realmente. Caminamos por un sendero especial para que todo el pueblo pueda ver el carruaje real saliendo del palacio para ir a la iglesia principal, un edificio grande con columnas que terminan en óvalos cristalinos refleja la luz y es como estar bajo el agua.
El sacerdote hace los dictámenes pertinentes, nos pide que recitemos un par de palabras que ya he aprendido de memoria antes, nos hace decir juramentos, no solo como matrimonio, si no como gobernantes de estas tierras, apenas soy consciente de lo que digo, parece que lo digo bien porque nadie me dice nada, regaños o correcciones. Solo un ligero asentimiento por parte de Erwin que esta frente a mí, sosteniendo mis manos enguantadas.
Me doy cuenta de lo diferente que luce en el traje militar nativo, supongo que ha sido más fácil vestirlo a él y que no ha tenido que levantarse a las tantas de la mañana para que un montón de señoritas de vestidos anaranjados le estuvieran jalando de un lado a otro porque el corte de un listón no es el correcto.
Cuando me besa tengo un momento de lucidez luego de tantas horas estando desconectado. Es un tacto pequeño, casi inocente, tiene labios más gruesos que Farlan y resulta algo torpe al principio, no sé qué podría pasar después porque se aleja tan rápido como se ha acercado. Ni siquiera para sonrojarme tengo tiempo porque luego de eso todos los presentes en la iglesia se levantan y aplauden emocionados, dan las bendiciones a los reyes de Paladias. El ruido me aturde y vuelvo a desconectarme de todo.
Vuelvo a moverme a donde me dicen, esta vez, tomado de la mano de quien es ahora mi marido, la palabra resulta extraña al pensarla tan abiertamente. Salimos por la puerta principal y más virotes nos esperan, quiero que todo el mundo se calle, guarden silencio, se vayan a dormir y me dejen en paz. Pero no puede pasar solo porque lo deseo. Así que sigo con las órdenes. No solo de las personas a mi alrededor que esperan que todo salga perfecto, si no de mí misma cabeza.
Eren sonríe, Eren saluda, Eren mira con ternura, Eren camina, Eren respira, Eren no te tropieces. Eren, debes hablar. Eren... Eren... Eren...
Me canso incluso de mi propia voz. Solo queda ver como el sol sigue avanzando, en algún momento todo debe terminar y ese es mi único consuelo.
—Pareces agobiado. —dice Erwin cuando por fin estamos sentados en una mesa.
—Me duelen los pies, los zapatos son incomodos. —digo automáticamente. Vaya, puedo decir frases como esas sin pensarlo.
Arquea una ceja y su cara me dice que definitivamente no me ha creído.
—Es un día extraño. —termino por decir.
Ha pasado un poco más de un mes desde que llegue aquí, luego del intento de golpe de estado de Vesturias, he tenido que adaptarme a la vida de un país que no esperaba pisar hasta después de un año. La cuestión de una boda resulta tan ajena, aun no puedo creer que soy yo quien está enfundado en un vestido ridículamente grande, hermoso y voluminoso. Que haya firmado su destino antes de tiempo. Es tan ajeno... le pasa a alguien más con mi mismo nombre.
—Lo sé. —termina respondiéndome él. —No te preocupes, cuando terminemos de recibir las felicitaciones podrás desaparecer para descansar. Alguien se encargará de seguir la fiesta.
—¿En serio?
Me dedica una sonrisa amable, como si fuéramos amigos, cómplices en una travesura. Es la primera vez que me sonríe así, por lo que no puedo hacer nada más que devolverle la sonrisa.
—Todo es protocolario. —agrega.
Y vaya que lo es.
No puedo irme tan solo finalicen las felicitaciones, hay un sumo sacerdote esperando poner el título de reina en mi cabeza, una corona de oro y piedras preciosas me espera en el trono. Entonces todo mi ser cae sobre mí, de seguro hasta Erwin se ha olvidado que es hoy cuando yo también recibo mi título oficial.
—Queridos hermanos. —dice el sumo sacerdote. —Hoy, en este bello día, damos la bienvenida a nuestra reina, proveniente de tierras aliadas, hoy se unen dos tierras, damos un paso extra a lo que queremos formar, la unificación total. Algún día ese sueño se hará realidad y como todo sueño, se empieza por un inicio y este es el nuestro.
Unos jóvenes vestidos en sotanas me guían por un alfombrado pasillo hasta el trono, me arrodillo y hago otro juramento, también he tenido que aprenderlo de memoria antes, agacho la cabeza mirando las telas un poco sucias de la falda. Por favor, que ya todo termine.
—Oh, poderosa reina de Paladias, el día de hoy te otorgamos este noble título, con la promesa de ser compañía para nuestro rey, honraras su nombre y el de esta tierra que ahora es tuya. Prosperaras con ella y darás tu sangre por verla florecer, seguirás adelante con esta unificación de tierras. Serás la luz de nuestro sol, la sombra de nuestra luna, los ojos de la vida y la espada protectora. Ahora, yo, con el poder que Dios me confiere, te nombro a ti, Eren de Vesturias, reina de Paladias. Madre del continente hermano Trumall. Progenitora de las nuevas naciones.
Coloca la corona sobre mí, es pesada y temo no ser capaz de ponerme de pie de nuevo, sin embargo, soy completamente capaz. Me levanto y me topo con las miradas de todos aquellos invitados, que contienen una emoción que no entiendo. Hago un saludo militar como parte de todo este espectáculo y como si no tuvieran otra cosa que hacer, la audiencia estalla en aplausos.
—Larga vida a la reina. —dice el sumo sacerdote y todos le imitan.
—¡Larga vida a la reina!
Ojalá fuera tan fácil como suena.
Gracias por leer.
Parlev.
