Ya en casa, decido que he estudiado bastante por hoy y me paso la tarde poniendo al día el orden de mi habitación.
Me gusta que en mi habitación reine el orden, aunque muchos días casi no tengo tiempo ni de respirar, y el orden sea lo último que reine, me gusta tomarme el tiempo de organizarlo todo como me gusta, de ese modo me resulta más fácil concentrarme cuando tengo que estudiar, o necesito relajarme.
Observo satisfecha mi armario pulcramente ordenado mientras soplo cansada sobre un mechón de pelo que se me ha escapado de la trenza.
Sonrío pensando en la ducha caliente y merecida que me voy a dar, antes de tirarme en la cama a ver alguna película de acción en mi portátil.
Ya me he quitado las gafas cuando una notificación en mi móvil me hace girarme para alcanzarlo sobre la cama.
Si no me hubiera puesto de nuevo las gafas, seguro que pensaría que estoy viendo mal.
Un mensaje. De Shinnosuke.
Mientras miro la pantalla embobada, me restriego la palma de la mano en el vaquero sobre mi muslo pensando que ni siquiera sabía que tuviera mi número. Yo tuve que conseguir el suyo de maneras un poco stalkeadoras, aunque jamás se me ha ocurrido utilizarlo y doy gracias por la pre-visualización de mensajes, por lo que puedo ver lo que ha escrito sin necesidad de abrirlo.
"¿Sigues bien de la contusión?"
Aunque sé que no puede verme, mi reacción es abrir los ojos espantada al acordarme del percance de esta mañana al estamparme contra él.
Sigo mirando nerviosa la pantalla iluminada, pensando en por qué me ha escrito de repente.
Nos conocemos desde hace bastantes años. Mi padre trabaja para el suyo en una empresa de marketing y como siempre se llevaron bien, de pequeños tuvimos muchas comidas juntos, excursiones, eventos...ese tipo de cosas.
Aunque yo siempre tuve un claro crush con él, Shinnosuke siempre ha sido bastante distante conmigo Como si no tuviera ningún interés siquiera en casi ser cortés. Debía verme como la rarita que le iba detrás.
La última cena que compartieron nuestras familias, noté que de vez en cuando me miraba, pero supuse que era porque mi madre me había convencido para soltarme el pelo y cambiar mi camiseta por un vestido ceñido que en mi opinión, no era lo que usualmente me pondría, por lo que me limité a intentar ignorarle totalmente avergonzada.
Me siento sobre la cama aún con la pantalla sin desbloquear, tomo aire, y abro el mensaje. ¿Qué va a pasar? Sólo sé amable.
"No ha sido la peor que he tenido"
Quiero replantearme la respuesta, pero ya le he dado a enviar.
Me muerdo el pulgar mientras observo la pantalla. Cuando estoy a punto de dejar el móvil, de nuevo entra un mensaje suyo.
"Te has pensado lo que contestar"
Frunzo el ceño, porque aunque sea verdad, ¿por qué tendría que decirlo?
Noto la vergüenza porque haya dado en el clavo.
"¿Por qué me lo habría pensado?" Es mi respuesta, y a pesar de que no quiero quedarme sentada esperando su respuesta, lo hago.
Sin embargo, cuando han pasado ya varios minutos y no contesta, dejo salir el aire pesadamente y me dirijo a la ducha, pensando si me he imaginado que Shinnosuke me ha escrito un mensaje.
¿Que me ha dejado en visto? Sí, lo cual me deja una sensación un poco incómoda e intento no pensar demasiado en que ha querido tener la última palabra para dejarme un poco trastocada.
¿Que me ha escrito por primera vez en años y parezco una cría dándole vueltas al asunto? Pues también.
Me río de mí misma y mientras me seco el pelo en mi cuarto, oigo que Kim ha llegado a casa.
Compartir piso con ella es una gran ventaja. No sólo es mi mejor amiga, sino que es muy fácil convivir con ella y la auténtica ventaja de no vivir con mis hermanas y mi pobre padre, siempre preocupado en exceso, es indescriptible. Le quiero muchísimo, pero puede ser un poco...agobiantes a veces.
Me giro hacia la puerta cuando oigo unos suaves toques.
"Pasa". Kim asoma su cabeza como si fuera flotante y me hace reír, negando la cabeza ante su falta de madurez a veces, aunque sea un par de años mayor que yo. "Hola, cabeza de Kim, ¿a qué debo el honor?". Tras colocarme las braguitas por debajo de la toalla, la miro de nuevo.
"He invitado a Yuki a casa a ver una peli, por si te quieres unir. He comprado palomitas y ese helado de menta que te encanta y que a mi parecer, sabe a pasta de dientes".
Ruedo los ojos ante su empeño en cambiarle el nombre a Yuka, que más de una vez le ha pegado un codazo en la teta, molesta ante su insistencia en llamarla Yuki.
"¿Desde cuándo la pasta de dientes sabe mal?" Le digo divertida mientras busco algo cómodo que ponerme.
"No sabe mal, si no te la tragas. Ese helado te va a provocar una úlcera". Me dice mientras arruga la nariz con asco.
"Eres una exagerada. Yo no digo nada de tu asquerosa leche de vainilla que le pones al café." Me sacudo el pelo y la miro. "Qué potera".
"Acabas de hacerlo". Cuando retira la cabeza de mi puerta, se aleja aún hablando. "Peli en diez minutos, si tardas tiro tu helado de mierda por la ventana".
Me río con ganas y cuando mi mirada cae sobre mi móvil, la risa se apaga suavemente mientras pienso de nuevo en Shinnosuke. De verdad que desearía no tener esta estúpida obsesión por él.
¿Cuándo iba a desaparecer?
Suspirando, me visto rápidamente de forma cómoda y me uno a las chicas en el salón, antes de que Kim cumpla su amenaza.
Cuando me siento en el sofá, Yuka y ella me miran con ojos suspicaces. Yuka me tira una palomita, lo cual me hace girarme a ella con cara de fastidio, pero cojo la palomita y me la como.
"¿Estás bien? Parece que tu cabecita echa más humo del habitual". ¿En serio? "Sí".
Mierda, otra vez pensando en voz alta. Ruedo los ojos, "no es nada, demasiados trabajos acumulados". Esperando que se lo traguen, me acomodo en el sofá y me estiro para apagar la luz, indicando silenciosamente que pueden poner la peli.
Mientras los créditos iniciales de Misión Imposible aparecen, las miro de reojo pensando en que lo mejor será no contarles nada del mensaje de Shinnosuke y para cuando la película empieza, me sorprendo a mí misma acordándome sin motivo alguno del chico moreno que le acompañaba en la cafetería.
