-Ranma-

Nunca he tenido problemas para que las chicas se fijen en mí.

Supongo que es un hecho que podría considerarse como chulería por mi parte...pero tan sólo es la verdad.

Lo cierto es que encuentro esa atención halagadora, y que mientras que a veces he disfrutado de algún que otro flirteo por diversión, la mayoría de veces todo me acaba pareciendo tan superficial que me aburre.

No es nada personal contra esas chicas, simplemente ninguna ha conseguido captar mi interés como para llegar a algo más; una cita...una relación...

No soy ningún mojigato, pero tampoco me gusta ir de cama en cama como a la mayoría de esta facultad le gusta pensar desde que me mudé aquí.

Llegué hace unas semanas a la ciudad de Tokyo. Antes estudiaba en Osaka, donde me crié, sin embargo pedí el traslado cuando decidí que no podía soportar ni un minuto más viviendo con mi padre.

Tampoco es que él sea quien me paga la matrícula ni nada parecido.

Heredé una generosa suma de dinero de parte de mi madre a la que tuve acceso con dieciocho años. Mis abuelos paternos siempre han sido bastante claros con que deseaban que ese dinero fuera mío y sólo mío.

Creo que sabían bien que ese dinero sólo acabaría gastado en alcohol si mi padre tenía acceso a él, como él exigía.

Cuando por fin pude acceder a él, el viejo me ordenó administrarlo, y cuando me negué, comenzó a hacer de mi vida un infierno.

Era bastante dinero para mantenerme cómodamente unos años, pero tampoco quería gastarlo todo a la primera de cambio si podía conseguir aguantar, por lo que lo usé para pagarme los estudios, comida, ropa, y poco más hasta que la situación fue de verdad insostenible.

Ahora, mientras camino por este campus pienso en la tranquilidad que siento y a la vez, me siento bastante observado por las chicas con las que me cruzo.

No es que me moleste un poco de atención femenina...pero esto me parece demasiado.

Carraspeo incómodamente mientras cruzo el césped hasta la biblioteca y cuando entro, compruebo gratamente que hay muy pocas personas, sino casi nadie, y dejo salir un suspiro de alivio.

Me separo el flequillo de la frente y con mi mochila al hombro, me detengo en una mesa lo bastante alejada como para no ser molestado y lo dispongo todo para un par de horas de estudio intenso.

Tras un buen rato centrado en los apuntes, aparto la mirada de mi portátil y me restriego los ojos cansado, pero cuando vuelvo a enfocar la vista, algo al fondo de la sala capta mi atención.

Cuando me fijo un poco más y me doy cuenta de que la chica que mira la pantalla de su portátil y con la barbilla apoyada en su mano a unas cuantas mesas de distancia, es Akane, una pequeña sonrisa aparece en mis labios sin poderlo evitar mientras la observo a una distancia prudencial.

Con su mano libre, toca de forma distraía la trenza de cabello azulado que cae sobre su hombro, sus piernas cruzadas sobre el asiento estilo indio y esa mirada de concentración mientras observa lo que imagino son sus apuntes.

No puedo evitar comparar lo diferente que me parece del resto de chicas, pero de forma totalmente fresca.

Mientras la mayoría de universitarias acude a clase con una indumentaria más de salir de fiesta que de otra cosa, Akane, con sus cardigans abiertos, sus zapatillas desgastadas y sus monas gafas de pasta tiene ese aire de chica de al lado que bueno, para qué mentir, me gusta mucho desde que la vi por primera vez en esta biblioteca, precisamente, hace un mes ya.

Me levanto sin estar demasiado decidido, pero no veo una mejor oportunidad para poder acercarme a hablar con ella. Aunque no tengo ni idea de qué le voy a hablar, me siento irremediablemente tentado a ver esos ojos color ámbar de nuevo.

Antes de darme cuenta, he llegado a su mesa y cuando tras un momento ella no se percata de mi presencia, meto las manos en mis bolsillos y carraspeo suavemente para llamar su atención.

Parpadea un par de veces como para salir del trance de estudio en el que estaba metida, lo cual me hace sonreír, y me mira.

Alza las cejas con sorpresa y entonces, cuando levanta levemente una comisura para sonreír, noto el sudor acumularse en mis manos y cómo mis ojos no pueden parar de mirar esa parte de su cara.

"Hola, Ranma." Descruza y baja las piernas de la silla mientras me mira, amable. Es entonces cuando recuerdo que estoy como un pasmarote ante ella y no sin esfuerzo, le devuelvo la sonrisa y el saludo.

"Veo que no soy el único ratón de biblioteca de por aquí." Ella mira alrededor y enarca una ceja, divertida.

"Tampoco es que abunden mucho en esta facultad, para qué mentir." Me giro y al ver la biblioteca vacía, río un poco porque es verdad.

Me giro de nuevo y apretando los labios, señalo una silla de su mesa, situada frente a ella. "¿Puedo? Me vendría bien un pequeño descanso...Aunque no quiero molestarte si estás muy liada..."

Ella entonces sonríe de nuevo y niega con la cabeza. "No, no molestas. A mí también me vendría bien un descanso, la verdad." Comenta, cerrando su portátil y colocándolo a un lado. "Ehmm...no te había visto antes por la biblioteca...De hecho, ahora que lo pienso, no te había visto antes por el campus."

Me rasco la nuca y la miro de nuevo. "Sí... quiero decir no...vaya, que es normal." Si pudiera darme una patada... "Me trasladé desde Osaka hace unas semanas y bueno, para ser sincero, no salgo mucho de casa."

"Oh, ¿vives cerca?" Pregunta interesada, aunque no en plan: voy a acosarte hasta tu casa, sino de forma genuina.

"De hecho sí, a unos cinco minutos a pie. Comparto piso con un par de chicos de la universidad. Aunque ojalá no tuviera que hacerlo." Arrugo la nariz y ella ríe suavemente.

"Sí, compartir piso a veces puede no ser muy...agradable" Asiento y miro a la mesa, pues no quiero que se sienta incómoda si la miro todo el rato.

"¿Vives con Shinnosuke?" Su pregunta me hace levantar la cabeza de nuevo. "Es por curiosidad, perdona. Como os he visto juntos un par de veces y sé que él no vive muy lejos...En fin, dos más dos." Se encoje de hombros.

"No, no vivimos juntos. Nos conocemos de los torneos de fútbol, cuando jugaba en el equipo de mi antigua universidad nos cruzamos algunas veces y bueno, nos acabamos haciendo amigos más o menos."

"Más o menos." Akane asiente como procesando mi respuesta.

Sí, Shinnosuke y yo nos conocemos y bueno, digamos que yo le conozco algo así como demasiado

La observo unos segundos antes de contestar. "¿Vosotros sois amigos? También os he visto un par de veces."

Akane levanta su vista y la fija en la mía. Se encoge un poco en su asiento. "Nos conocemos desde hace años. Nuestros padres trabajan juntos...bueno, mi padre trabaja para el suyo pero podría decirse que no, no somos amigos."

Arrugo el entrecejo. "No lo parecía el otro día."

Ella ríe secamente. "Ya, bueno, esa ha sido la interacción más larga que he tenido con Shinnosuke en todos los años que nos conocemos. Así que ya somos dos los sorprendidos."

Asiento mientras asimilo la información. Puñetero Shinnosuke.

No es la primera vez que me ve hablando con una chica y viene para imponerse.

Según Akane se conocen desde hace mucho, pero no son amigos, no han interactuado mucho desde que se conocen, pero el tío me ve hablando con ella y le falta tiempo para ir a sacar pechito.

Si antes no le aguantaba demasiado, me empieza a caer aún más gordo.

Salgo de mis pensamientos cuando veo que Akane comienza a levantarse. "Debería irme. Va a anochecer en breve."

Me levanto con ella y observo cómo recoge sus cosas.

Sé que puedo estar forzando que Shinnosuke haga un poco el imbécil, pero a la vez esta chica tiene algo que cada poco tiempo que paso con ella, me imanta más. Así que antes de que lo pueda pensar mucho más, me veo invitándola a salir. "Eh, Akane. Escucha este viernes, un buen amigo organiza una fiesta en su casa." Ella me mira con el labio inferior entre los dientes y mierda, pierdo el hilo por un momento. "Bueno, lo que quiero decir es que no pensaba ir pero, quizás sea divertido si, bueno, si quieres venir conmigo."

Suelto el aire de golpe y me aparto el flequillo de la frente para mirarla.

Cuando suelta su labio y sonríe dulcemente, ya sé que debo hacer que el viernes merezca la pena.