Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

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No muevan un músculo

III

Destrucción

Parque Estatal Grand Venture, Michigan

8 de junio de 2019

8:50 pm

Zona de cabañas del parque

No culpo a las personas de sus errores, pero tienen que pagar por ellos

Con una longitud de unos doce metros de la nariz a la cola, y muy diferente a las hipotéticas reproducciones que Lisa le hiciera ver hace años, veía que esa cosa tenía el hocico chato plagado de dientes, una piel que a la luz de la iluminación del edificio se veía parda con una larga línea negra en el dorso y cabeza, rematada con dos cuernos y una cola relativamente corta, los brazos delanteras dejaban ver cuatro dedos que habrían resultado de movimientos graciosos, de no ser porque su mandíbula rasgaba aquél todoterreno volcado para arrancar de dos tirones los neumáticos y el eje delanteros.

-¡Lincoln! -llamó Stella, yendo por él y tirando de su camisa- ¡Ya escuchaste a…!

Mirando hacia donde lo hacía Lincoln, Stella olvidó por completo cualquier señal de raciocinio en cuanto vio a ese carnotauro. Todo lo que leyera en las guías de campo de los empleados de InGen que descargó ilegalmente, en los videos y esquemas que su madre le facilitó para estudiar potenciales errores que pudieron llevar a un desastre , todo se fue por la borda al ver a ese, y no tiene reparos en decirlo, monstruo. El terror se condensó en el más aterrador alarido que nadie le había escuchado en la vida.

Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar como debiera. Lincoln estaba paralizado por el miedo, pero con el estruendo que Stella desató el animal no tuvo más necesidad que de cargar contra la estructura del edificio, casi totalmente construido con madera y cartón yeso, para ir por un par de bocadillos que ni siquiera le taparían las muelas si las tuviera.

Corriendo en el último segundo en cuanto su amiga gritó, Lincoln intentó tomarla e ir en dirección contraria a la carga del carnívoro. Este, sin darse cuenta, golpeó el comedor, lanzando trozos de madera, tierra y vidrio por todos lados.

El único impulso que les obliga a no ser vistos es huir o esconderse. Con un bramido, el carnotauro sacudió su cabeza y empezó a otear en el aire, buscando con la mirada a aquellas presas escurridizas.

Bien ocultos debajo de los escombros, tanto Lincoln como Stella rezaban para no ser encontrados. Agitados como nunca, gruesas lágrimas salían de los ojos de ambos, a la par que contenían gruesos gemidos a duras penas.

.

En la bodega, ubicada en el sótano, el pánico era palpable. Salvo por los dos chicos del séptimo grado, parecía que solo faltaban Chandler, que se separó del grupo principal, la estudiante de octavo que fue a esconderse a los baños y la directora Ramírez que, ahora que lo pensaban dentro de la casi nula objetividad del miedo, hizo bien en salir huyendo al bosque.

En silencio, todos los estudiantes apenas y se susurran alguna frase de apoyo, aunque a decir verdad era poco confortante. Lynn, en lo particular, jamás había estado en una situación así, cayendo prácticamente en la más honda desesperación.

-Escuchen -llamó el maestro Bolhofner con su habitual voz algo quebrada por el miedo-. Nadie debe salir de aquí. Nadie… haga… algo estúpido, ni un solo ruido.

-Nos va a encontrar… -susurraba Lynn para sí-… esa cosa nos va a encontrar… mamá me lo encargó, nos va a encontrar…

-¿Quiénes faltan? -preguntó la señora Salter de nueva cuenta.

-La directora Ramírez -dijo una chica, no menos alterada que el resto-. Yo la vi… corrió al bosque.

-T-tambi-bién Chandler -se apresuró a contestar Dirk.

Entre los murmullos de la bodega, todos sentían que esos estremecimientos de la tierra eran porque esa cosa encontró alguna comida fácil.

Clyde, preocupado por su actual situación, había perdido sus lentes. Tan mala vista tenía que entre Rachel y Zach tuvieron que hacer de sus lazarillos, aunque ello les costara tropezar con Anderson y con Taylor, tan aterrados como el resto.

Ignorando que estos estaban haciendo girones su ropa por la ansiedad, el chico de color tropezó en el rincón con Trent. El chico, abrumado, veía en su mente cosas que nadie más pudo haber presenciado. No tienen idea de quién, pero alguien lo sacó del baño y lo trajo a rastras.

-¿Quién es? -preguntó Clyde, cegado tanto por su miopía como por la opresiva oscuridad.

-Esto no puede estarme pasando -musitó Trent-, ¡no de nuevo!

-¿Te pasa algo? -preguntó Clyde.

-Esos gritos -respondió el castaño, visiblemente afectado como el resto-, ¡esos chillidos! ¡Haz que paren!

-¿Alguien tiene señal? -preguntó el maestro Budden en voz tan alta como se podía permitir.

Entre varias respuestas, nadie tenía nada concreto. La mayoría decían que estaban sin señal desde hacía un rato, mientras que otros se limitaron a admitir que se comunicaron con sus padres. Trent, por lo visto, ni el intento hizo por revivir el trauma en el ataque. Mollie, por su parte, decía que hace apenas unos segundos perdió toda señal.

En cuanto a algunos repetidores y los amigos de Lincoln, Taylor y Anderson dijeron que no tenían tampoco señal, al igual que Clyde y Liam, y Zach señaló que entre sus cosas había una radio de onda corta. El problema de ello es que las cabañas están al otro lado, y con el estruendo que escucharon hace unos minutos, no sabían bien lo que estaba pasando.

.

Definitivamente es una noche para recordar. Chandler no solo logró robar el teléfono de Lynn Loud, sino incluso tuvo suerte de lograr desbloquearlo. Con toda intención, empezó a usar las redes de esta para insultar abiertamente a sus hermanas mayores, denigrar a Lincoln y, por si fuera poco, subir un montaje con el rostro de la deportista sobre el cuerpo de una chica de preparatoria que inhalaba cocaína.

Todo un show. Se las arregla para salir a salvo, mientras el resto de sus compañeros están en peligro, y lo mejor para él… no le importa en lo más mínimo. Tal vez lo sienta por la mayoría de las chicas, pero por sus compañeros, amigos incluidos… no. Sus amigos tal vez merezcan un mudo llanto, pero el resto, ellos no valen la pena.

En su momento, pensó en jugarle una broma cargando a cuenta de los Loud una docena de órdenes de tacos al restaurante franco-mexicano Jean Juan y otra de esa cosa de betabel al Aloha Camarada cuando, accidentalmente, tocó entre los contactos la foto de Lincoln y dio tono.

-Así que lo tienen en marcado inteligente -rió para sí Chandler, sacando una pistola de bengalas que robó del guardabosques horas antes-. Bueno, al fin servirás de algo, Lincoln Lelo.

.

Aquél carnotauro los sigue buscando. Desde hace cinco minutos, Lincoln ha luchado ferozmente para mantener callada a Stella. Tanto más porque ambos están heridos, reaccionó tarde y mal y ahora están escondidos debajo de un par de plafones de cartón yeso y un hueco en la duela.

Le sorprende que un dinosaurio esté allí, pero no tiene tiempo para contemplar la magnífica criatura que tiene ante sí. Escuchó los relatos de Trent sobre el día que cerró Mundo Jurásico, de cómo a su madre la alzó un pterosaurio y la estrelló contra una cornisa desde gran altura, cayendo desmadejada y siendo presa, en segundos, de otras de esas cosas aladas más pequeñas.

-En silencio… -musitó para Stella y para sí, en voz apenas audible-… s-si n-no nos oye… no podrá vernos.

Aguantando todo lo que podía, siente la presión de los dientes de Stella. Su quijada aplica la fuerza suficiente como para, de ser posible, arrancarle un dedo. Gimiendo por el terror más absoluto que había sentido en toda su vida, la chica se aprieta buscando protección. Cualquier protección, por inútil que sea.

Viendo ambos que el animal plantó frente a ellos una de sus patas, tragaron saliva e imploraron, como nunca en la vida, que se fuera. Lincoln no quiso estudiarlas, largas, con dedos rematados en garras que podrían aplastar el jeep de Lola y de un color parduzco. Cualquier idea que tuviera de lo geniales que debían ser los espectáculos de la alimentación del tiranosaurio ahora las tiene en el apartado de sus más profundas pesadillas, pues una chica gorda, una conocida de la primaria, yacía sin vida por el peso que le pasó por encima de chicos que buscaban salvar su vida.

Con gesto indiferente, el carnotauro posó una pata sobre ella y arrancó sus piernas de un tirón, provocando que tanto Lincoln como Stella tuvieran una fuerte arcada. De verdad no tienen ganas de quedarse a ver un festín tan dantesco a sus ojos, menos ver cómo esa robusta cabeza pelirroja desaparece entre las mandíbulas del reptil.

La oscuridad les favorece. No lo saben, pero agradecen que su vista nocturna fuera mala sin luz artificial. Aunque el olfato le indique al depredador que hay comida en abundancia, no tiene idea del sitio donde esta pueda estar. Entre la entrada a la cocina y otro lugar no tiene idea de dónde pueda estar.

Con un resoplido, el dinosaurio emprende el camino al bosque. Al parecer, y a esto ambos suspiraron de alivio, toda la presencia de presas potenciales se desperdigó y no valdría la pena perseguirlos uno por uno.

-¿Qué…? ¿Qué era esa cosa? -musitó Stella, aterrada.

-¿Me viste cara del doctor Wu? ¡no sé qué sea! -exclamó Lincoln en voz baja.

-Sea lo que sea, tenemos que irnos -decidió la chica mientras tomaba el camino de salida del parque-. No pienso quedarme donde pueda ser la cena.

-Ya somos dos… -secundó Lincoln, sintiendo la vibración de su teléfono en el pantalón.

Sacando el aparato, contestó rápido al ver que era Lynn. Aliviado, se apresuró a contestar.

-¿Hola? ¿Lynn?

-Suerte siendo la cena de esa cosa, Lincoln -contestó Chandler, colgando.

En el mismo segundo en que el pelirrojo colgó, una luz rojiza cayó a los pies de ambos, salida solo Dios sabrá dónde, seguido de un bramido y una serie de pasos que avanzaban directamente hacia ellos. La carga del abelisáurido tuvo tal fuerza que, en el acto, destrozó la antena de comunicaciones en cuanto la pareja lo esquivó por poco.

-¿Quién era? -preguntó Stella.

-Si salimos vivos de esta, ¡recuérdame matar a Chandler! -dijo Lincoln, asustado como nunca.

-¿Tienes un plan?

-Solo… ¡CORRER!

Saliendo disparados en cuanto oyeron el primer bramido del carnotauro, lo primero que pensaron en su terror fue encerrarse en el bosque. Viendo lo cerrado que se ponía la arboleda fuera del sendero que siguieron al ingresar, era lo más obvio. No podían correr en zigzag como si huyeran de un oso o hacerse visualmente más grandes para ahuyentar a los lobos, ni siquiera hacerse los muertos. Ese breve respiro que les dio la destrucción del comedor les ayudó a enfriar la cabeza, y por lo mismo tuvieron que pensar con lógica, la poca que podían disponer con tamaño depredador que, en su día, fue el más grande azote de la cadena alimenticia en el norte de África.

-¿Crees que no nos alcanzará? -jadea Lincoln, resintiendo ser más de carrera corta que nunca.

-A este paso -imitó Stella, trastabillando un poco- no quiero ni pensarlo. ¿A dónde vamos?

-No tengo idea -respondió Lincoln antes de resbalar en el claro del géiser.

De no ser por lo enmarañado del bosque, el carnotauro habría dado cuenta rápidamente de ambos. Un nuevo bramido se dejó sentir a flor de piel, seguido por el crujir de las ramas de los abetos, pinos, arces y olmos y de un jadeo de Stella que se esforzó para levantarlo. La chica no sabe a donde habían ido a parar, pero la temperatura del suelo se dejaba sentir, y el terreno que debería estar húmedo luce de verdad reseco, casi como para freír un huevo.

Con un jadeo, el depredador salió de la floresta. Como si maldijera con un resoplido, los chicos reemprendieron su huida a través del claro.

Por primera vez, ambos saborearon lo amargo que sería la idea de morir tan jóvenes. Lincoln se hizo a la imaginación y pudo ver un cuadro desolador, donde no solo él sino también Lynn fuesen presa de un dinosaurio. Visualizó a todos sus compañeros y amigos, lamentando la muerte de ambos, aún Chandler con una expresión hipócrita y enterrando en su lugar un montón de tierra en tumbas vacías. Pensó en sus hermanas mayores desde Lori a Luan, tratando de sobrellevar su vida sin un apoyo moral, dejando solos a sus padres y devastados a sus abuelos. Pensó en Lily, que lo olvidaría, y en Lisa, quien llevaría a InGen a la ruina más absoluta haya indemnizaciones o no mientras trata de hacer un clon funcional de ambos. Tuvo en mente a las gemelas, que tendrían que crecer sin su hermano, y sobre todo a Lucy. Por ella es quien más teme en caso de que muera.

En cuanto a Stella, no desea saber cómo le darán la noticia a sus padres, ambos abogados, él retirado. Siendo hija única, se preocupa más por ello y por su abuela, que sin dudarlo solo tendrían que sacar sus cosas y a sus conejos para no tener que pensar en ella cada vez. Pensó en que sus amigos necesitarían bastante ayuda con las chicas, ayuda que podría darles con gusto. Incluso se permitió tener en mente que sus mascotas podrían tener un mejor lugar.

Volteando, Stella se maldijo al ver que el carnívoro no metió su pata en el cráter del géiser. Esa era su última esperanza de ganar tiempo y terreno para poder escapar, pero entonces sucedió.

Todavía no lograron salir del claro cuando el animal tropezó con un escollo del terreno. Ni tardos ni perezosos, y a pesar del peligro en que están, detuvieron un poco su avance y voltearon para mirar debajo del suelo donde yace el reptil.

Esa sección no se veía muy estable. Con el animal batallando para incorporarse, podría ser cuestión de tiempo para que el suelo se rompiera y pasara algo, lo que sea, que los salvara de su actual predicamento. El carnotauro se alzó… y nada. El suelo se rompió debajo y la pata se atoró un poco en el lodo hirviente bajo sus patas.

Con un alarido del dinosaurio y nuevos gritos aterrados de los adolescentes, reinició la persecución.

Desconocen cuánto corrieron. ¿Yardas? ¿Millas, quizá? ¿Quién lo sabría desde el principio? El problema es que el campamento hacía tiempo que no lo tenían de vista, sentían que tal vez subieron y bajaron algunas pendientes sin darse cuenta y, lo que es peor, están al límite, a diferencia de aquella bestia.

Sin darse cuenta, primero Stella con limpieza y luego Lincoln de un tropezón, cayeron de una saliente en el camino que no vieron en un recodo cuando cruzaron un sendero que muchos ciclistas habían creado sin conocimiento de la administración del parque. No estaba muy alto del nivel de la pendiente, pero a unos metros de la saliente había un tronco que brinda cierto refugio de los elementos. La chica, con el terror en sus ojos, se replegó hacia dicho lugar y tiró de su amigo para cubrirse.

En silencio, Lincoln hizo acopio de toda su voluntad para no dejar escapar ni un gemido. Se sintió en este punto con todo el derecho de pensar, al igual que Stella, que ya cada quien estará por su cuenta si esa criatura lograba dar con ellos.

Un leve gruñido (si es que la expresión le queda a las hondas inspiraciones del carnotauro), un sonido de ramas rompiéndose y un quejido en la segunda pisada que dio después de ventear fueron indicación suficiente para que no se movieran. Volviendo su mirada a Stella, notó que ella estaba rezando un Ave María, casi suplicando que una sencilla oración bastara para no convertirse en la cena de esa criatura.

Aguzando el oído, Lincoln se percata de algo.

La primera pisada fue corta, la segunda larga, corta, larga… parecía que algo lo lastimó.

.

En el sótano, entre los rezos, las suplicas y el nerviosismo de los estudiantes, Lynn trata de hacerse una idea. Por muy impulsiva que haya sido en toda su vida, había días que se daba tiempo de detenerse y pensar sobre qué está haciendo mal.

Ver a esa chica, Taylor, cargando con una chica que había quedado atrás, pisoteada casi a morir, había sido algo que le ganaría su respeto, y tal vez exista la posibilidad de pedirle que se una a algún equipo… si no fuera porque es una pandillera que en los últimos años le dio por meterse con deportistas en solitario. Byron, que repetía por haber reprobado con ella, presenta una contusión, Alice y Lainey estaban encogidas en la más absoluta histeria y ni hablar de Hannah, aquella morena de luces del equipo de soccer, viva de milagro pese a que casi la aplastaron al entrar a la bodega.

De los perdedores amigos de Lincoln, no veía ni a su hermano ni a la larguirucha Stella. Peor aún, no ve a Chandler. Eso es mala señal, pues sabe que él está sobre su hermano y, peor, incluso le ha dado una mano sin saberlo. No puede sino esperar a que estén bien, así tenga que salir.

Lo intenta, mas es parada en seco por el señor Budden.

-Tienen prohibido salir -dijo este, sudando en frío-, todos, hasta q… que… t-todo s-se ca-calme.

-¿Alguna novedad? -preguntó el señor Bolhofner.

-No hay señal, no hay electricidad… ¡n-no hay nada! -gritó nervioso el maestro del coro.

-¿Y la directora Ramírez?

-Nada de ella todavía -respondió Budden, nervioso- ¿Dónde crees que vas, Loud? -preguntó.

-Mi hermano, ¡no está! -respondió Lynn, zafándose del agarre de Bolhofner.

-¡¿Alguien falta?! -llamó Bolhofner- ¿Alguien de sus compañeros además de Loud?

Paralizados por el miedo, nadie da respuesta.

-¡Muy bien! ¡Nadie sale hasta que esa cosa no se haya ido en serio!

Contra todo pronóstico, alguien aporreó la puerta. Hacía ruidos desesperados más propios de algo gordo que de cualquier otra criatura y llamó la atención de todo mundo.

Sin necesidad de una orden, todos los chicos corrieron a buscar tanto refugio como la congestión de la bodega lo permitía, abriendo espacio inclusive en el cuarto frío y el congelador.

Con terror, el señor Bolhofner abrió la puerta y se encontró con Chandler, riendo a carcajadas.

-¡McCann! -espetó el docente- ¡¿Qué rayos cree que hace?!

-¡Deberían ver sus caras! -dijo burlón Chandler- ¡Ay, que montón de idiotas!

-Tendrían que expulsarte, ¡mocoso imprudente!

Ignorando eso, Lynn sentía algo cimbrando el suelo. Algo grande que se aproximaba hacia ellos.

-En se… en serio… -celebró Chandler, sacando de su pantalón el teléfono de Lynn-…, ¡son todos unos…!

No tuvo tiempo de acabar lo que estaba diciendo, pues el carnotauro reapareció sobre el pelirrojo, mordiendo la parte superior de su cuerpo y lanzándolo por el aire.

En medio de alaridos y gritos agónicos, Chandler soltó el teléfono y fue alzado por los aires para caer pesadamente sobre la espalda a un lado. Entre suplicas por ayuda y chillidos aterrados, el dinosaurio puso fin a su miseria arrancando el torso y su cabeza de un tirón, tragando sin contemplaciones.

Entre tanto, Lynn quiso gritar, de no ser porque Budden y Bolhofner se abalanzaron sobre ella y cubrieron su boca, arrastrándola tan adentro como era posible. Un esfuerzo, irónicamente, insuficiente, pues Taylor vio el cuadro y soltó un alarido que Anderson a duras penas contuvo.

Distraído por un momento de su cacería, el depredador levantó la cabeza y buscó al venteo. Con el viento en dirección al bosque, era imposible que este pudiera rastrearlos por olfato, y con la mortecina luz poniente difuminándose tras las colinas la situación pasaría a ser muy desesperada.

Una vez terminada su macabra cena, el carnotauro volvió a internarse en el bosque del que había salido, en medio de sollozos contenidos y algunos estudiantes vaciando sus estómagos. Todos agradecidos de que aquella bestia tenía el viento en contra.

~o~

No hay fuego ni comida. Por agotamiento extremo, Lincoln y Stella buscaron refugio donde les fuera posible, hallándolo en la caverna de Grandes Estalactitas, y la única compañía que tenían, además de ellos mismos, era una miríada de murciélagos que residía allí.

Tiritando, se dieron cuenta que lo único que tenían a la mano eran unas cuantas ramas y algo de hojarasca que no serviría de mucho, menos al saber que los cerillos y el encendedor que cada quien traía para el viaje se habían quedado en las mochilas, solo Dios sabrá si algo quedó por rescatar.

Escuchando un bramido a la distancia, asumieron que el dinosaurio que les venía persiguiendo encontró algo más suculento para comer que dos estudiantes escuálidos. Somnolientos, combaten lo mejor que pueden el insomnio y tratan de estar alertas por si tienen que ir más al fondo.

-¿Qué fue eso? -preguntó Stella, bostezando y luchando por seguir despierta.

-No debe de estar lejos todavía -bosteza Lincoln, en peor estado.

-Ojalá no tengamos que volver a verlo.

-Si tenemos suerte, alguien nos… encontrará primero -teorizó Lincoln, estirando los brazos.

-Eso espero -musitó Stella, entre el terror y la impotencia-. Quiero irme a casa.

"Si logramos salir de esta", pensó Lincoln.

-¿Perdón? -preguntó Lincoln, fingiendo no haber escuchado nada.

-Nunca debí venir -continuó Stella-. Solo quiero estar en casa, con mis papás y mi abuela, no en medio del estúpido bosque. ¡Solo quiero estar en casa! -añadió golpeando la roca hasta sangrar, sin importar mucho el dolor.

-¿Por qué mejor no duermes? -aconsejó Lincoln.

-¡Es que yo no quería esto! -explotó Stella- ¿Tanto querías ir a Mundo Jurásico? ¡Ahí lo tienes! ¡Ojalá esa cosa te… te…! ¡Suéltame!

Perdiendo el hilo de sus palabras, Lincoln la abraza lo más fuerte que puede, muy a pesar de los golpes que Stella le propinaba. Poco a poco, sin aflojar el agarre, Lincoln fue sintiendo cómo su amiga se calmaba de a poco hasta que sus últimas fuerzas se agotaron.

Haciendo el intento por abrigarse y abrigar, el chico buscó a tientas algo de musgo sin éxito. Stella, por su lado, no tenía la más mínima idea de cómo sobrevivir en la floresta, sea en un ambiente controlado como un parque o no.

Conforme pasan las horas, tomaron distancia entre sí. Cansados incluso para hablar más, cayeron profundamente dormidos.

En sueños, cada quien vio cosas muy distintas. Stella, perturbada por semejante bestia, veía cómo las cosas cambiarían para mal. Toques de queda, racionamiento obligatorio, demandas, tal vez hasta ley marcial. Lincoln, aunque durmiera muy poco, llegó a vislumbrar, en un acceso de terror nocturno, un posible escenario post-apocalíptico donde estaba solo con algunas de sus hermanas, huyendo y escondiéndose de cualquiera que buscara dañarlos, sea humano o bestia.

Horas después, despertando por la horrible sensación de patas recorriendo su piel, se levantó a orinar. Aturdido por el sueño, creyó por un segundo que oía a alguien más respirar. La idea le era absurda, pues él contó solo a Stella, por lo tanto era improbable que hubiese alguien más allí.

Bajando el cierre, despertó bastante cuando sintió un fuerte agarre sobre sus piernas.

-¡Ni se te ocurra, amigo! -dijo una voz en cuanto cayó de bruces y sujetaba su cuello por detrás con una mano.

-¡Lo siento! ¡lo siento! ¡lo siento! -aulló Lincoln, adolorido por la sumisión y una piedra que se le clavó en las costillas.

-¿Loud? -preguntó la voz, seguida del destello de la linterna de un teléfono que la funcionaria sacó del pantalón del chico- ¿Qué rayos hace aquí?

-¿Quién es?

Apuntando con el teléfono a su cara, la directora Ramírez dejó de lado cualquier intento de defenderse.

-No sabíamos que estaba aquí -dijo Lincoln, disculpándose.

-¿Y por qué iba a…?

-Creí que no había nadie, tenía ganas de "usar el baño" y…

-Está bien, no digas más -respondió Ramírez, desentendida y asqueada-, solo ve al rincón de por allá -señala con la linterna un rincón atestado de guano-. Mientras más pronto esa cosa se vaya de aquí, mejor para nosotros.

Una vez saciada esa necesidad en medio de un hedor que sería insoportable de no ser por algunas aberturas en el techo de la cueva y un escape tallado entre las rocas por la erosión, Lincoln llevó a la directora a donde dormía con Stella. Con el sueño ido, a Lincoln no le quedó de otra que hacer guardia.

Pensó en lo que muchos chicos de preparatoria podrían hacer creer que está por cumplir una de las más hondas fantasías que cualquiera podría tener. Realmente no tiene en mente que eso pudiera ser, pero ¿tener para si a una amiga y a una maestra? ¿Es que el mundo se volvió loco? ¿A quién se le ocurriría pensar en acostarse con su mejor amiga y con una maestra a la que podrían cargarle abuso y corrupción de menores? ¡Y en que maldito momento!

Cabeceando poco a poco, todo lo que ve es la mortecina luz del amanecer colarse por la entrada de la cueva.

~o~

3 de junio de 2022...

... hoy debía empezar el Mundial de fútbol

Originalmente el principal antagonista sería un Spinosaurus, pero... apenas esta mañana me tomé la molestia de revisar la wiki de la franquicia y noté dos cosas.

Uno, está bastante bien organizada, al grado de tener data real como complemento... por si quieren aventarse un fanfic donde haya dinosaurios implicados, sean originales o ambientaciones (idea de El caballero de las Antorchas).

Y dos, tocante al canon del universo de Mundo Jurásico. El spinosaurus que se vio en Parque Jurásico III al parecer murió a causa de las heridas sufridas en su persecución al doctor Grant y los Kirby y se extinguió definitivamente (ya que fue un proyecto ilegal).

Llegó el momento de las respuestas.

Luis Carlos, la idea es, sencillamente, culpar a Meryl (siendo sinceros, ella no es tan cumplida como su gemela, Cheryl, y es más sociable con los alumnos... además, aquí no es que fuera precisamente una blanca palomita). No te engañes, que por la tarde pensé en algo teniendo en cuenta el epílogo de JWRC. Y citando lo dicho por la hermana de Claire, si algo grande te persigue... corre.

Y hablando del rey de Roma, El caballero de las Antorchas nos honra con su presencia.. Gracias por la felicitación, y justo ahora en la tarde había pensado en cómo mover a los engendros de Henry Wu. Dicho sea de paso, algunos si lograron ser embalados, así que... lo dejo en reservas por ahora. Y gracias por la sugerencia. Lo leí después de la revisión. Créeme, no pensé en un alosaurio porque habría sido repetir el corto que se emitió hace años en YouTube... me sorprende que esa niña supiera disparar una ballesta.

ElTíoRob95, el menú de hoy es un aperitivo de rollitos de estudiante de fondo medio chubby, seguido de un asado McCann a las finas mierdas. Esperemos que "Lautaro" no se indigeste XD... fan de la historia, si. Fan de Escocia, no exactamente, pero espero pasarme por tus actualizaciones más seguido. En cuanto a la pandilla de Anderson, los planteo más como raptores o como lobos. Organizados, precisos, letales... y aterradores de inteligentes. Y no. Blue se quedó en algún lugar de las Rocallosas, tal vez afuera de Sacramento, California.

Escóndanse bien...

Sam the Stormbringer