Descargo de responsabilidad: Todos los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko Takahashi.
Ryoga se sorprendió por el repentino choque de los labios de la pelirroja contra los suyos, sintió como una rayo electrificante recorría su columna y los pelos de su piel se erizaban al contactos físico con la niña. Así como Ranma el alcohol subió a su cabeza dando paso a los deseos que intentaba anteriormente esconder, pero de todas formas no logro reprimirse al sentir la carne suave y húmeda de sus labios haciendo encender las llamas de la pasión del chico cerdo.
Él joven del pañuelo en su cabeza quería negar con todo su ser que la persona que besaba en su interior seguía siendo un hombre, pero la realidad era evidente. Ranma en este momento es una mujer en todo su esplendor. Y él de todas formas tampoco negaría que hace unos momentos deseaba tener esos labios contra los suyos.
Ahora él respondía el beso con pasión, con una mano tomando la cabeza de la niña atrayéndola a su boca, moviendo su lengua con la de ella, sincronizados en una danza húmeda y placentera dejándose llevar por la emoción, y con su otra mano acariciaba su espalda recorriendo cada centímetro, bajando lentamente hacia abajo llegando a su trasero, agarrando la carnosidad de la joven y de igual forma atrayéndola con fuerza a su regazo, apretándola contra su cuerpo.
Ranma por otro lado su mente daba vueltas y vueltas; estaba ebria. Así mismo por el alcohol sintió la necesidad de cercanía de un amante. Ahora con la llegada de Ryoga, el pasado que ha tenido con él y las veces que extraño su presencia hizo que Ranma recordara las múltiples ocasiones donde le dedicaba picaras bromas al chico cerdo. Bromas donde se dejaba ser una chica enamorada, pero al fin y al cabo solo eran bromas, ¿Pero en realidad eran solo eso?
Pues para la niña pelirroja como menciono anteriormente cuando aun tenía su maldición de cambio de género; cuando era niña su mente lo era al cien por ciento. Adoptando los sentimientos y sensaciones de una chica real, y cuando lo era su corazón igualmente cambiaba.
Pero gracias a las pesadas responsabilidades que cargaba, sobre mantener un status de un hombre fuerte y varonil esos sentimientos de su lado femenino tenían que ser enterrados en un foso y quedarse allí. Sentimientos y deseos por un chico que al final eran tales de un desviado; él era un hombre, debía mantener ese status y darse a respetar por ello.
¿Cómo un hombre por mas que se transforme en mujer podía gustarle un chico? Era inaceptable, ¿Qué pensaría su padre, su madre o su prometida? En aquellos tiempos debía actuar recto, demostrar constantemente representando el titulo que llevaba; un hombre entre hombres.
Pero eso quedo en el pasado, como su gran virilidad y el titulo impuesto que cargaba, ahora es una mujer en todo su derecho. Por más que quiera cambiar el pasado la evidencia actual dejaba ver una hermosa chica pelirroja hasta el fin de sus días.
En este momento es una chica, con los deseos de una y teniendo delante de ella al chico que alguna vez comenzó a gustarle por culpa de su lado femenino, y que mas… la caña de pescar, como no olvidar esa tragicómica situación, y ahora añadiendo los efectos de licor en su cabeza exhumo aquellos sentimientos que cubrió con su antiguo orgullo masculino y los expuso a la luz sin rechistar. Su lado femenino pasando a ser su lado real y su lado masculino como un recuerdo del pasado, no tenia nada en que apoyarse como para decir "no puedo hacer esto ya que soy un hombre".
Ya no estaba esa barrera, así que solamente se dejo llevar por la falta de calor. Y lo disfrutaba como no nadie más lo podría imaginar, el toque de las manos de Ryoga frotando su cuerpo, su espalda, a sus caderas y acariciando cada centímetro de ella hasta llegar y agarrar firmemente sus glúteos, la masculinidad del chico haciéndose notar entre sus pantalones, mientas la pelirroja mecía sus caderas sobando el voluptuoso paquete del joven ardiente.
La humedad y sensualidad del beso de chico cerdo, sentía como era devorada con deseo por él, el choque de sus lenguas danzando una y otra vez al ritmo de la respiración agitada que tenían ambos.
El chico cerdo se aparto de la sensual boca de le niña mientas dejaban un hilito de saliva colgando entre los dos. Reabasteciendo sus pulmones con aire y volviendo a su trabajo. Pero en vez por ir hacia los carnosos labios de la niña, se dirigió a la delicada piel del cuello de ella. Lamiendo y besando cada centímetro de la chica, dando pequeñas mordidas en su mandíbula y volviendo a bajar y pasando al otro extremo de cuello. De pronto sintió el cuerpo de la niña un poco más pesado, Ranma apoyo su cabeza en el hombro de Ryoga rodeando sus delgados brazos en el cuello del chico. Ryoga creía que Ranma lo estaba abrazando, pues él al sentir el ligero peso de la niña no impidió que siga comiendo y acariciando el cuerpo de la joven. Quería mas, quería sentir más, quería seguir y seguir conociendo cada zona de esta chica ardiente que lo hacía enloquecer. Nunca antes había experimentado algo semejante como tener a una mujer sobre él. Mucho menos hacer lo que estaba haciendo justo ahora.
¿Acaso el alcohol le dio las fuerzas y deseo para no titubear ante tales avances hacia una chica, o es por el simple hecho de que por ser Ranma ya había un algo, esa chispa de confianza que se tenían desde antes?
Ryoga no tenía nada claro, su mente era un caos de impulsos y deseos, poco importaba lo había pasado antes, solo quería seguir con su trabajo.
Ansioso por ver los pechos de la niña que en toda la tarde no podía apartar la mirada. Sus manos agarraron los bordes inferiores del suéter de la chica tirándolos hacia arriba pero cuando llego un poco más arriba noto como las axilas de la chica retenían sus avances. Por lo que Ryoga le hablo.
—Ranma levanta tus brazos. — Pero la pelirroja se quedo en la misma posición sin responder.
—Ranma tus brazos, no puedo hacerlo solo. —Dejo de intentar sacar su suéter y trato de mover a la niña. Solo para darse cuenta que ella se durmió.
— ¿Es una broma cierto? Ranma dime que estás jugando. —Ryoga tomo el rostro de la pelirroja con sus manos y observo sus parpados cubriendo sus ojos, su respiración calmada y una pequeña sonrisa en su cara.
— ¿Maldición Ranma porque siempre me dejas a medias…?—El alcohol golpeo su cabeza y la reciente decepción hizo que volviera a sus sentidos. Observo una vez más el rostro de la chica cayendo de espaldas al suelo de la tienda. Ranma dormía plácidamente sobre los pectorales del chico cerdo.
Ryoga escuchaba la suave respiración de la pelirroja, haciéndolo calmar. Y lentamente al igual que la joven lentamente cerraba sus ojos. Pensando en lo ocurrido hace un momento. "Así que siempre te guste, maldita sea Ranma, creo que yo…"
No pudiendo soportar más el cansancio y el sueño se quedo durmiendo junto a una pelirroja sobre él, con brazo rodeando le espalda de ella. Y Ranma de forma inconsciente abrazando al chico con calidez.
En otro lugar horas más tarde. Una mujer de mediana edad miraba constantemente el reloj de la pared que marcaban ya las diez de la noche. Nodoka estaba preocupada por su hija, caminaba de lado a lado en su casa. Observando repetidamente la ventana por si es que lograba ver alguna cabellera roja cerca de la casa. Pero no, ya teniendo bastante sale de casa en busca de su hija. Recorriendo las calles en las podría estar Ranma, así como la licorería en las que a veces salía a escondidas a comprar licor. Pasando por el parque, hasta llegar al puente del tren. Pero nada. Pasó gran parte de la noche buscando a su hija. Resignada con el corazón en la mano vuelve a su hogar con la esperanza que ya hubiera llegado. Aunque por otro lado, su hogar no mostraba más signos de vida más que la de ella. Momentos después se prepara un té caliente para calmar un poco la angustia y un poco el frio.
El tiempo continuaba pasando y las horas por igual, el reloj marcando una de la madrugada, aun teniendo la esperanza de ver llegar a su hija. Esperando a que no le haya pasado nada malo. Desde los últimos años la vida de Ranma fue bastante dura y ella lo sabía. Desde aquel fatídico día, cuando su lado masculino murió. Quedando atrapado de por vida en su lado femenino, todas esas ideas de convertirse en un hombre entre hombres que le impregno su padre desde niño, recordándole cada día de su vida. Para que después un día ya no lo sea. Forzado a comprometerse con una mujer que no conocía para luego amarla como no lo hubiera hecho con nadie, para luego desecharlo como un trapo usado y sucio. Entrenado por su padre desde pequeño para ser el mejor artista marcial, ¿Y luego qué? Todos esos de años entrenamiento tirados a la basura porque su padre le escupió en la cara que las mujeres no eran dignas de ser herederas, siendo meras molestias inútiles en el arte, y lo que es mas siendo rechazada y repudiada por el hombre, pidiendo por qué no pudo morir en vez de su verdadero hijo, negando el hecho que ambos eran la misma persona.
Ranma no pudo soportarlo, todo lo que construyo se desmorono pedazo a pedazo, el mundo en el que vivía se desmoronaba frente a él; frente a ella.
Nodoka todavía recordada las lágrimas de su hija hace un tiempo, implorando cometer seppuku porque ya no era un hombre, ya no era el hombre que su madre quería. Pero no, ella madre no permitiría dejar a su bebe otra vez meno verla morir, siendo lo único que quedaba de Ranma, sin importar si fuese mujer, hombre o mujer le daba lo mismo.
Era su hijo; su hija desde aquel momento y para siempre. No cometería el mismo error otra vez, no la dejaría sola nunca más. Ya lo había hecho una vez y fue el error más grande de su vida. ¿Cómo se podría imaginar que su marido que era tan atento y amoroso como padre se volvería en alguien tan avaro, egoísta y despiadado?
El lado masculino de Ranma es de las cosas que jamás olvidara. Su hijo como la miraba con tanto resentimiento, ¿Cómo podría imaginar que se separo de ella solo para tener una niñez tan miserable?
Tiempo después cuando Ranma ya era oficialmente su hija y comenzaron a vivir juntas, curiosa por saber los detalles de cómo vivió su niñez, quizás preguntarle sobre su pasado fue una las cosas que ni era mejor saber, jamás pensó que su marido fuese tan desalmado y sobre todo con su propio hijo, tal vez nunca se mostro ante ella como era en realidad y con Ranma saco todas sus frustraciones que no saco con ella.
Se reprendía una y otra vez ¿Cómo pudo ser tan estúpida? ¿Cómo pudo dejarse convencer que se llevara a su bebe? Y lo peor de todo hacerle firmar un contrato donde posiblemente ella misma tendría que matarlo ¿Cómo pudo confiar en un hombre así? ¿Cómo llego a casarse con alguien así? Lo único que quería de ella era que le dé un hijo solo para sus propios fines solo para tener una vida cómoda y cuando ya no lo necesitaba el saco de su vida como una basura.
Pero se ahora se aseguraría de permanecer a su lado hasta que sus heridas sanen, y si no así hasta que sus huesos no soporten su peso. Como su madre no dejara que algún maldito se acerque a ella. Se asegura que nadie más la lastime. Ella como su madre ya había hecho demasiado, ahora debía enmendar sus acciones y lo haría con gusto por siempre si fuese necesario. Su bebe ya no sufriría por su culpa u otra persona, su Ranma ahora su hija.
Nodoka lloraba y velaba por su bienestar, donde quiera que este lo único que quería es que este a salvo.
Su bebe, sin importar si llegue ser una anciana y Ranma una adulta hecha y derecha, su para siempre hija siempre será su bebe.
Y de esa manera Nodoka durmió sobre la mesa con la vista hacia el reloj, esperando por la llegada su hija.
Temprano por la mañana en el terreno baldío. Ranma despertaba, poco a poco abriendo los ojos, recuperando los sentidos noto que abrazaba un gran bulto. Era Ryoga a quien estaba amarrada. Se sorprendió al darse cuenta de cómo estaba y donde estaba, intento levantarse rápidamente pero un repentino y gran dolor de cabeza se hizo presento, el mareo de provocado por la misma resaca hizo que tambaleara hacia atrás apoyándose en el suelo con un brazo y con el otro se toma la cabeza gimiendo del dolor.
—Oh maldita sea mi cabeza se ve a partir en dos.
Ryoga se despertó ante la lamentación de la chica pelirroja. Enderezándose para sentarse observo a Ranma, no podía creer lo que había ocurrido la noche anterior, Ranma declarando que le gustaba, luego besándose hasta llegar al punto de casi tener sexo. Pero al último momento Ranma termina desmayándose de la embriaguez. Al final todo fue culpa de alcohol. Pero recordar esos besos apasionados. No, había sido un error, algo que debería quedarse en el pasado. Pero…
Ranma se percato de la presencia del chico cerdo mirándola. Al chocar miradas pudo recordar algo de lo que paso, un beso. Ella había besado a Ryoga, por voluntad, por deseo, luego de eso lo último que llegaba a su memoria eran las manos del chico recorriendo su cuerpo, se estremeció al pensar que por poco casi le entrega su cuerpo a un chico, a un hombre. Ella sabía que algo de su virilidad y orgullo masculino aun quedaban dando vueltas. Y recordar que beso a un hombre otra vez, le dolía y le chocaba. Ella había sido un hombre toda su vida y por la suerte del destino desde hace dos años y el futuro seria una mujer. Pero aun muy en el fondo a pesar de los intentos de su madre en convertirla en una dama, aun seguía siendo un hombre.
Que error el suyo, la noche anterior saco algo que no le había contado a nadie excepto su madre, ella lo sabía todo. Pero nadie más. Su cuerpo y mente todo como lo sería una mujer, incluyendo los gustos, pero con los recuerdos de un hombre.
Tiempo atrás cuando tuvo que recurrir a la ayuda de su madre; ella le había explicado lo que ocurría con su cuerpo en esos días del mes. Su cabeza quedo en blanco, y su cara pálida como un fantasma. Desde día fue consciente de lo que un cuerpo femenino era capaz de hacer, de cómo una mujer era capaz de traer vidas al mundo.
Desde entonces había tenido pesadillas. Aun mas cuando su cuerpo le avisaba en aquellos días del mes. Temía por convirtiese en una chica de verdad. Temía enamorarse de un hombre. Temía que clase de futuro tendría si se dejase llevar, temía despertar un día y ver su barriga hinchada, con nueves meses en desarrollo. Y eso era algo que le atormentaba cada día.
La noche anterior se había dejado llevar, si, extrañaba a Ryoga, sus torpes conversaciones, sus disputas, peleas. Quizás había sido el alcohol… Sería mejor culpar eso.
La maldición no solo cambiaba su género, también lo hacia su mente, su alma. Una maldición que le hacía ver y percibir la cosas de diferentes maneras. Lo confundía, muchas veces quedándose atontada viendo una puesta de sol o el sabor de un helado, la invitación de un chico lindo a una cita, pero al final estaba ese interruptor que le decía: Hey para, esto no está bien, eres un chico. Por lo cual repetidamente gritaba a los cuatro viento lo macho que era, un hombre, un hombre masculino siempre viril. En su cabeza repitiendo lo mismo; "las chicas son débiles y estúpidas, yo soy un hombre, un hombre entre hombres".
La maldición le asustaba continuamente. De esa forma por lo que una maldición es temida, cambiando a las personas, atrayéndolas a la desgracia, atormentando sus días, y lo que lo atormentaba; era dejar ser el hombre que había sido forjado y construido para ser el mejor, único y varonil. Para ser digno de la escuela de artes marciales Musabetsu Kakutō Ryū y ser digno para su madre y no ser cortado por la mitad.
Por eso siempre quiso deshacerse de la maldición. No podía ser un verdadero hombre si cuando se convertía en chica le terminaba gustando un hombre, y no cualquiera; Ryoga el único hombre en la faz de la tierra que estaba a su altura, el único hombre que no la trataría con delicadeza, el único que ha peleado a su lado sin importar las consecuencias. El único capaz de someterla.
Y ahora que el estúpido imbécil con su torpe y estúpido sentido de la dirección y su estúpida linda cara, y su estúpida inocencia había llegado a Nerima otra vez, como podría no apartar la vista y hacerse la indiferente, claro que le gustaba al estúpido, su maldito cambio genero le hizo ver lo lindo que es el chico, añadiendo su nobleza y caballerosidad, y tal vez honorable en ocasiones. Siempre le gusto ese lado de chico cuando no intentaba matarla. Ahora que era una mujer de forma permanente el gusto por el chico perdido estaba ahí, en su cabeza y su corazón.
Pero si llegara amar a un chico ¿Donde quedaría el hombre entre hombres, el orgulloso guerrero Ranma Saotome? Eso era otra cosa que le daba miedo.
No podría amar a un hombre jamás. Perdería lo único que quizás lo mantuvo cuerdo todos estos años; su orgullo masculino. No le quedaría nada más que le haga recordar lo que alguna vez fue. Y lo perdería para siempre.
Ranma hablo, el tono de voz era suave. —Recuerdo lo que paso anoche. —Y después en la última oración, a uno más duro. Restrictivo. —Espero que nunca más vuelva ocurrir Ryoga.
Aunque a pesar de tono duro, se podía ver un leve sonrojo en sus mejillas y haciendo un puchero. Mientras con una mano se tocaba la cola de caballo. Y Al principio creyó que le iba a tirar en cara lo anoche. Por su tono y postura. Pero luego ver ese rostro sonrojado, ese puchero, Ryoga no pudo evitar sonreír. Lo único que logro era verse más tierna.
Ryoga estuvo a punto de protestar, pero no pudo, se podría imaginar a Ranma avergonzada. Le entendía bien. Dejarse llevar por la emoción del momento y cometer algún error, claro, él lo había lo hecho.
Pero de todas formas al ver ese sonrojo no podía evitar en no molestarla. —Lo que tú digas Ranma, pero admite que tú te abalanzaste sobre mí y me besaste.
Ranma miro a Ryoga como si sus ojos llegaran a salir, pero trato de disimular rápidamente.
—Lo siento Ryoga, estaba muy ebria como para estar en mis cabales, no recuerdo mucho. Mintió. La verdad mientras pasaba los minutos recordaba cada detalle, el beso, las caricias, y la pasión, pero sabía que Ryoga la molestaría así que decidió dejárselo para ella.
Ryoga no paso por alto la reacción de la chica por lo que agrego más leña al fuego. —Te acabas de contradecir, acabas de decir que recuerdas lo anoche y además te sonrojaste.
—Eh bueno, solo recuerdo cuando te bese, después eh, creo que me dormí… creo que lo mejor es olvidar lo que paso Ryoga, fue un error que no debió pasar.
Pero para él lo de anoche con Ranma sería algo que no olvidaría, la línea que separaba entre su amistad y la rivalidad, paulatinamente desaparecía. La noche anterior no sintió que había besado a un hombre, en lo absoluto, fue a una mujer, a una que entendía lo era el dolor, las penas, una que conocía su vida. Una que ha estado en las buenas y malas. Después de esa escuchar los relatos la tarde anterior, el Ranma macho parecía una imagen borrosa y tan distante. Ver a la chica frente suyo, tan… femenina, delicada, una persona tan emocional, tal como lo es él. La chica Ranma como alguien tan diferente, su personalidad, tan frágil, sentía la necesidad de abrasarla. Protegerla.
Y se dio cuenta de ello, había notado la chica que habitaba en Ranma, después de lo que paso ya no vería a la pelirroja como lo hacía en el pasado, de hecho ya nada sería como antes. Perdió la oportunidad de ser feliz con Akari, y por su timidez no pudo con Akane. Pero Ranma estaba ahí. Esperando por un corazón cálido, la noche anterior declaro que tenía sentimientos por él.
Todo fue tan rápido… La historia de los años posteriores de cómo Ranma perdió casi todo. Era tanta información para procesar, y todo fue tan fugaz, así como la calidez que comenzaba a brotar de él.
Ante el breve silencio Ranma hablo. —Me voy a casa, mi madre no sabe donde estoy, debe estar preocupada.
Ryoga asintió.
Ranma tomo la botella de sake y la guardo en la bolsa, lentamente se levanto para retirarse. Una mano tomo de su manga, los ojos marrones claro del chico la observaron, y sus ojos azules correspondieron su mirada. Los recuerdos la noche anterior volvieron a Ranma, así como se miraron antes de besarse y dejarse llevar, un sonrojo adorno sus mejillas, pensando como seria si pasara en este instante. Si no tuviese los traumas del pasado estaba segura de volver a intentarlo. Pero no lo haría, si pasara ya no sería Ranma.
— ¿Qué?...— pregunto Ranma.
—Eh, cierto tu madre, debe estar preocupada. ¿Antes de irte me dirías la a donde queda mi casa?
Ranma miro a Ryoga, pensó en apuntar con el dedo que ruta debería tomar, pero luego recordó a quien tenía en frente. Suspiro… con una sonrisa divertida pensaba. "Quizás hay cosas que no cambian".
Y pensando un poco con preocupación, decidió.
—Bien, ¿Sabes qué? te acompañare a tu casa. Quién sabe si te pierdes y tardas otros dos años. Prepara tu cosas te espero.
— ¿Enserio? Oh g-gracias Ranma. — Agradecido con la pellirroja, observándola como su nueva diosa.
—Pero apresúrate hombre, que no tengo todo el día, además tengo un dolor de cabeza horrible, y hambre".
—C-claro, solo dame un segundo.
Ranma salió de la tienda, observando continuamente al chico. El paso del tiempo había hecho grandes avances. Ryoga era más alto, más guapo. Sus músculos más marcados y tonificados. Y ella lo sabía, hace unas cuantas horas atrás ella estaba sobre él, tocando su cuerpo fibroso. Otra vez recordando la apasionante tarde de primavera. Un leve sonrojo volvió a cubrir sus mejillas. Se dio la vuelta y camino al lado contrario para que Ryoga no la viera.
Miedo, otra vez tenía miedo. Dios, había besado un chico… y lo peor para ella estaba no estaba segura si de verdad su mente le estaba jugando una mala pasada o si se estaba enamorando. Desde que tenía ambos géneros, su lado femenino le hacía entender que le gustaba a Ryoga, pero después de lo ocurrido la tarde anterior, temía que esos sentimientos se intensificaran.
Y tenía miedo de perderse. El miedo continuo a dejar de ser quien era.
Trato de sacarse a la fuerza los pensamientos de la tarde anterior, lucho para auto convencerse de que solo fue un error. Lo logro, nada más que un error.
Pocos minutos después Ryoga tenía su mochila puesta y una sonrisa de idiota en la cara. Ranma se le quedo mirando, pensando que cosa buena le pudo haber ocurrido. "¿No creo que sea por lo de ayer cierto?" Lo que menos quería es tener a Ryoga tras suyo, nadie hubiera pensando hace unos años lo que ocurrió ayer.
El Ryoga de hace unos años ya estaría lanzando Shishi Hokodans por doquier e intentaría matarla enserio. Pero en cambio estaba viendo un Ryoga más maduro, más calmado. Ni siquiera se lanzo a pelear el día anterior, solo un poco agresivo pero no violento. Y además lo que era un poco molesto para ella, es que era más caballeroso…con ella. Le estaba tratando como una chica en ocasiones. Según las sospechas de Ranma Ryoga al perecer comenzaba a verla como mujer, no como la veía hace años, como Ranma su odiado rival. Solo esperaba que no se le ocurriese mandarles cartas como lo hacía con Akane.
El viaje al domicilio de Ryoga no era mucho, no más lejos que la casa de su madre. De todas formas se sentiría mal si supiera que el idiota se perdiera antes de llegar a su hogar. El viaje continuo tranquilo y en silencio. El chico del pañuelo la siguió de cerca para no desviarse y perderse, aunque no tenía problemas para mirarla continuamente, y la sensación agradable de tener a la vista a tan hermosa mujer.
Ranma pensaba que Ryoga no tuvo ningún problema en besarla, y Akari ¿Acaso la engaño así solo así de simple, sacando la excusa que ella en el fondo es un hombre y no vale para nada? Esos pensamientos le hacían enojarse. Así que decidió preguntar primero antes de sacar conclusiones.
— ¿Oye Ryoga y que hay de Akari?— le pregunto a Ryoga mirándolo por el rabillo de su ojo.
—Ella, está felizmente casada… con otro hombre. — Bajo la mirada al recordar como Akari era abrazada por la espalda, y como su pareja lo miraba con recelo.
—Oh…— No supo más que decir, "Había pensado mal de Ryoga como si fuera como todos los hombres. Pero Ryoga es un buen chico, tierno, tímido, sincero… Un momento, ¡Hey para estúpido cerebro femenino!". Se reprendía así misma al pensar en las cualidades de Ryoga.
El chico cerdo prosiguió. —Fue hace un tiempo atrás, unos meses. Cuando llegue a la granja de Akari me dijo que no me podía esperar. Claro conocí a su pareja. Creo que se llamaba Ryu… Ryu Kumon o algo así.
Ranma abrió los ojos sorprendida, no había esperado para nada la noticia. Akari casada con ese tipo. Una diversión enorme le invadió y no pudo evitar reírse.
— ¡Oh dios no te creo ajajaj!— Dejo da caminar, agarrándose el estomago para contener su risa. Agregando. — ¿Ese idiota? Con una chica como Akari. Lo veo tan improbable.
—Espera, ¿Lo conoces?— miro a Ranma algo incrédulo.
—Si. Ese idiota se usurpo mi nombre y engaño a mi madre haciéndole creer que era su hijo.
— ¿Qué? Es enserio, ¿Cómo ocurrió todo eso?— Pregunto sorprendido.
—Bueno, veras…
Y así Ranma le fue contando toda la historia a Ryoga de cómo Ryu Kumon paso por sus vidas. Ambos jóvenes siguieron su camino charlando, Ryoga escuchaba atentamente cada palabra de la chica pelirroja. Aun le sorprendía lo mucho que cambio su rival. Su forma de hablar, como se expresaba moviendo las manos. Su forma de caminar, involuntariamente observando cómo meneaba las caderas. Como lo haría una mujer, no estaba ese paso tosco que tenía antes.
En la cabeza de Ryoga se preguntaba, quien es esta nueva persona, le costaba imaginar todo lo que paso, el sufrimiento que tuvo vivir en estos años, para formar esta persona que tenía delante.
Con esos pensamientos se fue durante el camino sin darse cuenta que habían llegado a su casa. Ranma hablo.
—Bueno Ryoga, tu casa está delante de tus narices. No creo que tomes el camino equivocado…—Estaba hablando de Ryoga, así que se cayó.
—G-gracias Ranma. Eh, sin tu ayuda probablemente ya estaría fuera de Tokio jeje. — Se rio rascando la parte posterior de su cabeza avergonzado.
—Ni lo menciones, bien es hora de irme, adiós Ryoga.
—Adiós Ranma… Espera, ¿Puedo contar contigo si necesitara ayuda?—Ni él se dio cuenta de cómo sus palabras solo fluyeron, solo hablo al azar. De alguna forma que no entendía del todo pero en su interior, buscaba una excusa para verla.
—Eh claro, para que están los amigos ¿Tienes lápiz y papel?
Ryoga rápidamente saco su mochila de él. Busco entre los bolsillos exteriores sacando una libreta y un lápiz. Se lo entrego a la chica.
Ranma toma la libreta y escribió el número de su casa, y se lo entrego a su dueño.
—Ahí te dejo el número telefónico de mi casa. Cuando necesites ayuda solo me llamas, ¿Ok?
Ryoga miro a su libreta y la sostuvo con fuerza, luego miro a Ranma y le agradeció.
—Muchas gracias Ranma, eres una buena amiga… perdón ¿Amigo?— Se disculpo ante el resbalón pensando en cómo Ranma podría molestarle.
—No te disculpes, después de todo soy una chica. Puedes tratarme como una amiga, ¡Bueno hasta luego p-chan!— Ranma soltó una carcajada, se dio la vuelta y rápidamente se movió por calles, pensando pícaramente como debió enojarse Ryoga.
Pero por otro lado, Ryoga no le tomo mucha importancia al insulto. De hecho se alegro al ver una sonrisa en la chica. Podía apreciar mejor lo hermosa que era Ranma.
Un tiempo más tarde Nodoka recorría las calles nuevamente. Incluso había visitado el dojo Tendo. Sabía que Ranma mantenía una amistada con la mayor Tendo, pero no estaba. Volvió a los mismos lugares, esperaba que mientras este fuera su hija ya hubiera vuelto a casa, con esa esperanza volvió a su hogar.
Una cabeza roja distingo a lo lejos mientras entraba a casa. Un alivio recorrió su cuerpo y su tención se desvaneció. Se apresuro para encontrar a su hija.
Cuando entro encontró a Ranma casi postrada en el sofá del living, otra vez bebió. Lo notaba en su rostro decaído aun más pálido de normal y sus ojos levemente rojos. Aunque notando una sonrisa en ella. Sintió curiosidad por saber que le paso a su hija.
Por todo lo demás no sintió la necesidad de regañarla, más bien de abrazarla había pasado toda la noche preocupada, velando por su seguridad. Ranma alzó la vista hacia su madre y como un militar se paro recta.
—Hola m-mamá…
—Ranma…— camino rápidamente y envolvió en un fuerte abrazo a su hija. —Me tenías preocupada, no sabía dónde estabas. Tenía miedo que te pasara algo.
—Lo siento madre, no quise preocuparte, solo paso de forma casual. —Bajo la mirada al suelo, sintiendo culpable.
—Donde te quedaste, fui donde los Tendo si es que estabas haya, es la única parte donde te podría encontrar.
—Eh bueno, me quede durmiendo con Ryoga… —Dijo casualmente mirando hacia otro lado.
— ¿El chico Hibiki? ¿Y bebiendo? ¡Ranma querida, quien sabe lo pudo haber pasado!— Alzo la voz preocupada.
—Oh no te preocupes, Ryoga no es esa clase de persona. De hecho podría estar completamente desnuda, y no me haría nada. Es todo un caballero.
—Que me lo digas de esa forma no me hace quitar mi preocupación… ¿Segura no te hizo nada?
—Que no madre, sentémonos te explico todo lo que paso…
Ranma y su madre se sentaron el sofá, Ranma procedió a contar todo de la tarde anterior. Incluyendo los detalles.
La compañía mutua tras los dos últimos años forjo una relación madre e hija, al principio hace dos años no hubieron muchas cosas que hablar, Ranma no hablaba más que responder entre "si o no", era todo lo que salía de ella. Y Nodoka era consciente de ello, los sucesos de la división de cuerpos, la ruptura su compromiso y rechazo de Akane y el desprecio de Genma, volcaron la estabilidad emocional de Ranma. Durante ese tiempo Ranma paso en constante tristeza, ella como madre quería ayudarla, pero tampoco quería forzarla a nada.
Poco a poco intento acercarse, hablando cosas triviales. Cosas del día a día, lentamente Ranma se fue abriendo, a menudo preguntando como lo hacia las chicas para sobrellevar ciertas cosas. Nodoka encantada y con prudencia comenzaba a explicar, sabía que Ranma a pesar de ser una chica no sabía mucho de ellas, por tal motivo decidió con cuidado enseñarle a como ser una mujer, a pesar de que hubo un contrato donde requería a un Ranma macho en su totalidad, eso era algo del pasado. En ese momento olvido cualquier cosa relacionado a lo último, centrándose en el presente y sacar a su nueva hija de su miseria, o al menos intentarlo.
Dos años habían pasado, Ranma había aprendido de ella lo suficiente como para ser una chica independiente, muchas cosas pasaron y cambiaron. Ranma era abierta al conversar sin pelos en la lengua, siempre honesta y sincera. Podía hablar cualquier cosa con su madre, sin tapujos.
Pero también estaba lo malo, Nodoka no sabía cuando se curaría de su depresión. Había leído en más de una ocasión como las personas disimulaban ser felices, aparentar que todo anda bien pero su cabeza un caos. Y sin previo aviso se suicidaban. Y es lo que temía, entrar al baño y ver a su hija ensangrentada; muerta, o verla salir un día y no verla regresar jamás. Como había temido la noche anterior.
También estaba el problema del alcohol, la descuidada un momento y ya estaría ebria. Lo entendía muy bien, incluso ella paso algo así. Cuando Genma se llevo a su bebe a entrenar, su más grande error. En esos días paso mucha pena y tristeza, a menudo pasando por la habitación de Ranma, observando su pequeña cama, y rezando por su seguridad, pero de hecho lo que menos tenía era seguridad. Nodoka muchas veces se refugió en la bebida, pensando si fue lo mejor para su hijo. Pero se daba fuerzas pensando que su marido lo cuidaría y gracias a él su hijo sería un gran hombre. Pero la realidad fue bastante diferente.
A medida que escuchaba el relato de Ranma, se sorprendía aun más. Hace un tiempo Ranma le conto acerca de cómo se sentía al estar en su cuerpo femenino. Como veía las cosas así mismo como el gusto por los chicos, Nodoka se sorprendió al saber cómo actuaba la maldición, si lo pensaba bien, recordaba a Genma como jugaba con su neumático o comía bambú. Si lo pensaba lo mismo seria para Ranma sentirse como una chica y ahora más que nunca.
Cuando Ranma era hombre, soñaba que en que su hijo la convierta en abuela. Verlo como padre. Pero las cosas cambiaron de forma tan drástica. Ahora como si hijo pasó a ser una hija, no sabía muy bien si Ranma seria madre alguna vez, sabía que Ranma aun tiene esos pensamientos de ser un hombre, y que no podría jamás tener una relación con un hombre y casarse.
Pero su hija le conto lo da la tarde anterior, si le daba tiempo quizás Ranma supere su pasado, se recupere, y algún día le dé nietos. Se rio internamente por ese pensamiento. Quiera ver a su hija feliz y si ese chico podría sacar la felicidad de su hija, incluso si fuese necesario lo traería a vivir con ellas. Sospechaba que su hija no opondría demasiado. Ya que como le contaba siempre hubo algo debajo de todas esa bromas que le hacía al joven Hibiki. Y lo que es más, según lo ocurrido, el chico no se resistió ante su hija. Eso le daba en mucho que pensar. Pero aun quedaba algo por resolver.
—Y eso lo temo mas madre, ¿Qué pasaría se me dejara llevar? Tengo miedo.
—Ranma cariño, ¿Qué importa si eres una mujer, que importa sui fuiste hombre? Esas cosas quedaron en el pasado. No puedes seguir enganchada por lo paso, tienes un largo futuro por delante, y no quisiera verte sufrir toda la vida. Si te sientes bien con el chico Hibiki yo no tengo problema alguno. Todo lo contrario, incluso te doy mis bendiciones para que seas feliz con él.
—No le se madre. O sea me gusta Ryoga, pero tengo miedo a dejar quien soy, toda mi vida se baso en que sea un hombre, y para qué. No estoy dispuesta a abandonar todo eso. ¿Qué me queda si dejo atrás todo lo que aprendí? Ya no sería yo, me perdería para siempre…
Nodoka entendió porque. Era obvio, Genma le incrusto toda la vida como debía ser y como debía vivir. Para siempre se lamentaría por dejar partir a su hijo. Pero era pasado debía hacer algo para ayudar a su hija.
— ¿Cómo te llamas? —pregunto Nodoka.
— ¿Eh? Mama… ¿porque me preguntas eso?—respondió a la pregunta con el ceño fruncido, un poco extrañada.
—Solo responde cariño. —Insistió Nodoka con la voz calmada.
—Pues, me llamo Ranma Saotome, ¿A qué viene todo esto?
— ¿Ayudarías a quien lo necesite, darías tu vida con tal de salvar a alguien?
—Claro ya lo he hecho antes, no dudaría en ayudar a quien lo necesite. Es el código de un artista marcial. —Respondió con determinación.
—Dejando de lado el asunto de artista marcial, ¿Lo harías incluso si eres mujer?
— ¿Qué clase de preguntas son esas? Sin importar que sea mujer ayudaría a quien lo necesite.
—Es el punto cariño, Ayudarías a quien lo necesite o te enamorarías de un chico o una chica. Pero a pesar de eso siempre serás Ranma Saotome. No serás un hombre entre hombres, pero eres un gran persona, con un gran corazón y aunque seas hombre o mujer nadie cambiara eso, y es lo que te hace especial. Nunca dejaras de ser quien eres por ser mujer.
Ranma no sabía que decir. Su mente trababa de asimilar lo que su madre le dijo. Nodoka noto los ojos de hija, como la observaba, como si fuese la gran revelación de la vida. Ranma en su cabeza aun trataba de negar las cosas. Pero todo era tan evidente.
Nodoka le hablo.
—No tienes que apresurarte en procesar todo, tienes mucho tiempo para pensar toda una vida por decidir qué hacer… y por el momento te sugiero que te des un baño, apestas a alcohol. Por mientras preparo el almuerzo, ve cariño.
Las palabras de su madre sacaron del tren se pensamiento a Ranma. —Claro, voy enseguida.
Minutos después, una vez de darse una ducha con agua fría y sacarse todo el olor a licor se hundió en el furo con agua caliente, aun pensado y dándole vueltas al asunto. Sabía que su madre tenía razón, sin importar que genero sea o lo que haga con su vida… seguiría siendo Ranma Saotome.
Pero las viejas costumbre nunca mueren. Aun persistían las enseñanzas de su padre, a pesar de su rechazo hacia ella. Aun estaban sus palabras en su cabeza. "¡Ranma eres un hombre, como se ocurre pensar que eres una chica, eres una desgracia!"
Pero otro lado, dejando de lado esos pensamientos. Volvían los recuerdos los sucesos de la tarde anterior. El beso y las caricias de Ryoga, se imagino a sí misma como la novia de Ryoga. Tomados de la mano, paseando por el parque, riendo. Y teniendo momentos íntimos. Se sonrojo al pensar en una situación así.
Hablo en voz baja para sí misma. — ¿Sería tan malo… si me dejase llevar?
Es su mente otra vez volvían los recuerdos, ella con Ryoga en la tienda besándose. Ranma se toco los labios y como respondiéndose a su pregunta. —Después de todo soy una chica… que mas daría…
