Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

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Vínculos

I

El chico nuevo

Royal Woods, Michigan

6 de septiembre de 2021

8:23 am

La habitación de Clyde McBride

Las cosas ciertamente no se pusieron para mejor. La noche anterior se la pasó en una maratón de la temporada final de Operación: Tormenta de Postres con Chloe y Emma, y ahora está por llegar tarde a su primer día de preparatoria.

Por seguridad, y a raíz de la epidemia de Covid-19 del año pasado, tuvo que tomar clases en casa. Un pequeño respiro que casi lo ahoga, pues desde que empezó con la secundaria no ha visto a Lincoln y las cosas, le duele admitir, se convirtieron en un desastre mayúsculo.

Revisando su ropa por sexta vez, le da la impresión que haber tomado esa camisa tipo rugby a franjas le es muy impropio. Cambiándose de nuevo, al fin se decidió por una camisa verde lima y un chaleco azul para acompañar el eterno pantalón de poliéster negro y esos zapatos de ante de corte italiano a los que es tan afecto desde que los recibiera de parte de Leni.

Le cuesta pensar en ello, ahora que lo recuerda. Salvo por Leni y Lana, ya ninguna de las hermanas le da la bienvenida como antes. Sin Lincoln en casa por ese cambio de escuela absurdo, su grupo de amigos no tardó en descomponerse. De hecho, fue lo primero que se descompuso en su vida.

Primero, Rusty. Apenas supo que Lincoln no volvería de Canadá ni tendría contacto con ellos en mucho tiempo, este empezó a frecuentar a sus viejos amigos, llegando incluso a apartarse y pretender a Stella como todo un patán.

Sobre Stella, no quiere pensar demasiado. La partida de su primer amigo en el pueblo y el consecuente acoso por parte de una pandilla de octavo grado le afectó lo suficiente como para volverse una emo y frecuentar sitios que él evitaría. Incluso cuando rechazó a Rusty pasó por cambios que terminaron por orillar a su familia a irse del pueblo a tres meses de la salida de Lincoln, perdiendo todo rastro de ella.

Respecto de Zach, él solo se fue sin dejar rastro con sus padres. Sabedor que estos se habían cambiado la identidad en numerosas ocasiones, tuvo una fugaz despedida y un pequeño intercambio. Los viejos lentes que el pelirrojo usaba al entrar a secundaria ahora adornan su cara, con el evidente y necesario cambio de graduación, mientras que una copia de Il bailo finale posiblemente esté en la cabecera de este.

Del viejo grupo, solo quedaba Liam, pero no era lo mismo Clyam McHunnicut que Clyncoln McLoud. No era lo mismo un par de inadaptados como chocolate y merengue que un par de inadaptados como carne asada y gravy, pero peor era nada.

Una vez en la van, Clyde pensó en el tiempo que Lincoln ha estado fuera, como ha venido haciendo desde hace cuatro años. Las cosas que no han podido hablar desde que se fue a Canadá, las charlas a través de sus walkie-talkies, las locuras habituales en su casa… los Loud seguían, pero con su amigo, su primer interés amoroso, Luna, Luan y Lynn fuera de casa cursando la universidad y con Leni "a cargo", lo más seguro es que -concluye por primera vez en su vida- Lincoln se olvidó de él… será la más larga y dolorosa sesión con la doctora López en la vida.

-Quiero que lo tengas muy presente, cariño -repuso Howard McBride, con el cabello cano y notables ojeras en la cara-. No tienes que ir necesariamente a tomar clases presenciales si no quieres hacerlo.

-Estoy bien, papá -dijo Clyde, arreglando de nuevo el cuello de la camisa-, no tienes que consentirme como si fuera un niño.

-Clyde, quiero que me mires a los ojos -pidió Howard, a lo que Clyde obedece desganado-. Ahora. No es tan necesario que tengas una idea clara de quienes van a pasar contigo tus años de preparatoria. Con que la pases sin descuidar a tus amigos es más que suficiente, trocito de manzana. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

-Bueno. Ya sabes qué hacer. ¿Mascarilla? -empezó a enlistar.

-Si -responde Clyde, colocándose la mascarillas de modo que cubre la nariz y el mentón.

-Gel antibacterial…

-Si.

-Guantes de látex…

-No hasta antes de entrar -contestó Clyde.

-Aspirinas, paracetamol, ibupro…

-Todo está en orden -contestó de nuevo Clyde, un poco abrumado-, no tengo que ser un hospital andante.

-Oh, lo siento, Clyde -suspiró Howard-. Es que… verte volver a una escuela es demasiado duro y… y Harold

-No te agobies -consuela Clyde-. Sabemos que papá podría estar en un mejor lugar.

Evitando casi cualquier contacto, Clyde solo se limita a palmear la espalda del único padre que le queda.

Detesta reconocerlo. Haber estado en cuarentena prácticamente todo 2020 y la primera mitad del año fue un arma de doble filo, puesto que era Harold en un principio quien realizaba las compras cuando todo ello empezó. Por mucho que les doliera en principio, desconfiaron de los servicios de entrega a domicilio, lo que les obligó primero al trabajo en casa y a que uno de los tres fuera a completar la despensa.

No contó con que una tarde de agosto entraría a la tienda de Flip, quien nunca creyó que el riesgo era real. Quince días después, los contagios fueron apenas controlados. Pero todo control tiene por desgracia sus bajas, y Harold lo fue por estar en un grupo tenido de alta peligrosidad. Obeso, hipertenso… tres semanas medicado, conectado a un respirador y solo, así terminaron sus días. A Howard le torturó por semanas cuando se enteró del deceso, pero el mero hecho de tener a Clyde con él fue un pequeño consuelo. No tan pequeño como para que no valiera la pena, pero sí lo bastante grande como para que no perdiera la razón.

Una vez que bajó del auto, reparó en que había, por lo menos, unos cuantos rostros familiares. Algunos de ellos, como el de Emma y Chloe, le arrancaron breves suspiros antes de toparse con un par de personas que preferían de él otra cosa.

-Hola, McImbécil -saluda despectivo Chandler, tomándole por la mochila.

El pelirrojo no es novedad en su vida. Más por sobornos de su padre se había convertido, aún con probada mediocridad, en capitán y corredor del equipo de fútbol. Si antes Lincoln tuvo quejas de él en clase con Bolhofner, ahora le iba mucho mejor al autoproclamado jugador estrella.

-¿Qué es lo que tenemos aquí? -dijo Chandler, arrojándolo al concreto y empezando a revisar la mochila- Guantes de látex, almuerzo… ¿gel antibacterial? -dijo con repulsión, antes de dar con una pequeña billetera- ¡Bingo! Había perdido treinta dólares. ¡Gracias por guardarlos, amigo!

-¡Déjalo en paz, Chandler! -voceó una chica tras ellos.

-Te quedas con la farmacia, McMarica -escupe Chandler, tomando el contenido de la billetera y la lonchera antes de asestar una patada a su estómago.

Apenas se fue el pseudodeportista, Mollie se había acercado a él. La relación entre ambos, luego de la mudanza de Stella, pasó a ser cercana, ya que mientras a ella le tocó con Pham, a Jordan la asignaron con Salter. Así como ambos grupos se diluyeron y fragmentaron, nuevos lazos se empezaron a formar, el suyo entre ellos. Con la llegada de la preparatoria y la partida de varios rostros, era evidente que Clyde pasaría a ser moderadamente popular. No como él habría querido, pero si lo necesario para que casi dejaran de considerarle un raro.

-Tienes que dejar de ser pisoteado -dijo Mollie a modo de saludo-. Algún día tu papá podría hacer algo que no querrá hacer por ti.

-Un gusto verte -saludó Clyde, mientras Mollie le ayudó a incorporarse.

-¡Es en serio! -insistió Mollie- Ya es bastante raro que una chica siga saliendo a defenderte, y no siempre estaré ahí como Stella.

-Ni me lo recuerdes -pidió Clyde-. La única vez que lo hizo terminamos en un casillero todo un fin de semana con todo el paquete.

-Iugh, no quería los detalles -dijo asqueada Mollie-. ¿Cuál es tu primera clase?

-Déjame ver… -revisa el moreno-… tengo Cálculo Diferencial en la primera hora, Literatura en la tercera… Ciencias Sociales en la cuarta, el almuerzo… Química avanzada y… ¿matriculaste Psicología?

-No -responde Mollie-. Coincidimos en Literatura, Sociales y Química.

-Al menos no te tocó gimnasia el primer día -dijo aliviado Clyde, emprendiendo la marcha.

-Gracias a Dios. No quiero que sea como en secundaria.

~x~

Su salón no era ni mucho menos un sitio agradable. Si escuchó de Chandler que el salón de Bolhofner era un infierno caliente en el patio durante el almuerzo, la clase de Pham resultó ser todo lo contrario. Como si de un iglú se tratara, el termostato estaba fijado en 50 grados Fahrenheit. No había día en el que nadie saliera resfriado o con el moco suelto. ¿En invierno? No lo baja de 98.

Eso, por desgracia, fue después de gimnasia.

-Muy bien, como no tenemos tiempo para presentaciones todos jugarán un partido de quemados-instruyó la entrenadora Keck-. Formen equipo con su grupo, se conocerán sobre la marcha… ¡no puedo creer que empiezo este año con novatos estúpidos! -maldice por lo bajo.

"Rayos -maldice para sus adentros-, soy la única del grupo de la maestra Johnson y tengo que soportar a esos idio…"

No tuvo oportunidad ni recibió piedad. Mona, Kat, Sadie… todas ellas apuntaron sus balones hacia ella. Les importó un demonio su amistad. Una y otra vez fue el blanco hasta que cayó noqueada.

Amigas… como no.

~x~

En mente, Mollie se siente agradecida. Conversando, Jordan les había dado alcance, diciendo bastante emocionada que al menos coincidiría en clases con ella y con Clyde. La única clase que no comparten, Ciencias Sociales, la tendrá que soportar sin más compañía que Rusty, Chandler y Artie.

Con la campana llamando a clases, ambas chicas ajustaron sus mascarillas.

~o~

No había estado en la ciudad que lo vio nacer hace ya dieciséis años. Gracias a la decisión que tomó de mantenerse en Canadá ha estado alejado de su familia y amigos por cuatro años. Tres en los que ha cursado secundaria y uno que tuvo que tomar clase a distancia en sistema abierto para el primer y segundo semestre de preparatoria a causa del pleito entre sus hermanas mayores y el eventual cierre de la frontera. Dado que no pudo hacer el viaje para efectuar el trámite presencial, en las oficinas administrativas se tuvieron que conformar con una firma y huella digitales, captura y retrato enviados en forma.

Estar al cuidado de Lori no fue una tarea sencilla. Desde aquella pelea que tuviera con Leni y, más importante, desde el día que pidió ser transferido a la clase de Salter y terminó en Canadá, ambos no la tuvieron fácil.

Con el rostro ahora enmarcado por una barba un poco rala gracias a un mal afeitado (el primero de verdad, de hecho), luce una chaqueta anaranjada sobre una camiseta blanca, un pantalón de mezclilla y unos deportivos Adidas, regalo de su ahora exnovia y amiga, Sadie. El cabello, peinado hacia la derecha en remolino, no luce muy diferente a como cuando se fue, y la nariz empezó a perfilarse como la de su madre. Su mirada, si bien se mantiene jovial, parece aún más centrada que antes.

De haber podido, al menos tendría alguna anécdota a contarle, pero no tuvo esa suerte. Al contrario, y ni bien fue presentado a su clase en Mapleton por la maestra Borutski, Lori le dijo que encontró alojamiento en un edificio cercano y un trabajo más o menos estable en la cafetería a las afueras de la escuela.

Le tomó afecto a Canadá en el fondo. Si en el estuviera, preferiría a un Jefe de Gobierno atractivo y eficiente a un empresario viejo que gustaba de acusar a medio mundo de su incompetencia. Admite que es raro volver a caer a un sistema que casi sacó de su cabeza, mas no tiene tiempo para pensar en ello. Tiene suficiente con que Lori intercediera por él en la aduana sobre el jarabe de maple. De no ser así, no le gustaría haber tenido el disgusto de almorzar diario con Bolhofner y aguantar su aliento a cacerola de pescado.

Delante suyo, la directora Rivers. Aquella indecisa mujer que debe rondar ya la edad de su madre está sentada frente suyo, revisando atenta su expediente permanente. Le sorprende el hecho de no ver al asistente de esta por ahí, cuestionando cada decisión que ella no toma y puliendo una y otra vez la placa sobre el escritorio de la administradora. Tanto mejor, porque así no está nervioso de tener a alguien respirando sobre su nuca.

-Loud, Lincoln Albert… -concluye de leer Rivers.

-¿Podría omitir el segundo nombre, por favor? -pidió Lincoln, un poco apenado por ello.

-Con el antecedente de tus hermanas mayores se supone que no debería quitarte los ojos de encima -externa la directora-. Bien, seré breve. No sé cómo son las cosas en Canadá… aunque quisiera saber de ellas… pero aquí tendrás cero tolerancia por cualquier incidente y Oliver se encargará de eso.

-¿Oliver?

-Mi asistente.

-Oh

-Ahora… -dijo Rivers, tomando de un archivero los expedientes de sus hermanas mayores-… este es el de Lori y Leni... -suelta uno delgado-…, el de Luna -deja caer uno de media pulgada de grosor-…, el de… Luan… -toma uno más grueso que el de Lori, Leni y Luna juntos-… y el de Lynn. Disculpa.

Con un gesto, abrió un cajón del archivero junto a ella y mostró el contenido de una carpeta casi tan gruesa como la de sus tres hermanas mayores juntas, aunque no tanto como si Luna y Luan juntaran los suyos. Nada menos que un verdadero trofeo que ni su hermana atleta querría ver en una vitrina.

-Eso no es nada bueno -murmuró Lincoln.

-En efecto -confirmó Rivers-. Si no fuera porque Lynn era una excelente deportista y tiene una beca al cien por ciento cubierta por las Chicago Red Stars desde hace dos años, la habría expulsado por bombardear mi auto con balones de soccer… en fin. Puedes pasar a oficinas por tu matrícula, horario y… uniforme de gimnasia.

-Gracias.

-Solo ten en cuenta mi advertencia y no tendremos problemas. Y algo más, antes de que salgas…

-¿Si? -pregunta Lincoln antes de detenerse.

-¿Empiezo con la garra de oso o la dona rellena? -cuestionó Rivers, señalando una caja de donas recién empezada.

Incómodo por la pregunta, prefiere abandonar antes que responder.

Los pasillos apenas y han cambiado. Ya que el contacto con sus hermanas mayores estaba restringido a una videoconferencia con sus padres presentes por semana y con Leni y algunas hermanas fuera de límites si estaba Lori, le ha quedado claro que las cosas se han caído lo suficiente al principio como para que creyeran que ambos eran muy necesarios. No fue sino poco antes el cumpleaños de las gemelas que, a raíz de un fuerte pleito de Luan y Lynn acerca del entretenimiento que se salió de control, se enteró que Leni tuvo que dejar de lado cualquier sentimentalismo conflictivo y tomó cartas en el asunto, de tal forma que a final de cuentas no hubo fiesta.

Una vez que terminó con el papeleo, tomando un poco de té de su termo, revisó su horario. Filosofía en la primera clase, Gimnasia en la segunda, Cálculo Diferencial, Ciencias Sociales antes del almuerzo, Química y una de las optativas, Economía Doméstica, al cierre. Ya se lo habían explicado. Como a pocas personas les interesaba tener ningún control sobre su cartera, probablemente él sea de las últimas personas que tengan acreditada la materia desde el principio.

No tiene idea de que ha sido de sus amigos. Como apenas le han dicho nada, ya quiere ponerse al corriente con el primero a quien encuentre. Importa poco que sea Clyde, Rusty o Stella. Los echó de menos, y eso es lo que cuenta para él. Tiene mucho qué contarles desde prácticamente el primer semestre de 2018.

~o~

La prisa por hacer salir a Lincoln le dio poco tiempo para preparar sus propios papeles. Siendo justa con él, lo notó renuente a acudir a clases, pero no le quedó de otra. Si o si debían realizar cada quien sus procesos.

El de Lincoln fue cosa fácil. El suyo, por otro lado…

Está en su derecho a negarse. No lo hace, debido en parte a que la zona a la que pertenece Mapleton no queda lejos de la ciudad fronteriza de Windsor. La universidad local no era como Fairway, pero en virtud de las circunstancias no le quedó de otra que organizarse con más dureza de lo que a Lincoln mismo le tocaba. Como si eso no fuera suficiente, el programa deportivo lo encontró altamente deficiente, pues llevó sus palos de golf para nada.

En cuanto dejó a Lincoln, se decidió a recorrer las calles de la ciudad. Primero sobre Lydia, el auto que hace tiempo le vendiera el señor Grouse, y luego perdiéndose por horas a pie. No tiene prisa, ya que habían acordado que él podía permitirse llegar tarde al pequeño departamento que encontraron junto a la autopista elevada.

Extrañaba su hogar. Cada calle y arboleda seguía donde las recordó, casi cada ciudadano que conocía apenas y cambió.

"¿En qué pensaba? ¿Dejar todo esto por tener que cuidar a mi hermano todo este tiempo?"

Con esa idea, fue al centro comercial… solo para encontrar que, en este momento, ya tenía sellos de clausura y cordones policiales.

-El tiroteo del año pasado, señorita -respondió un oficial de policía de tupido mostacho-. Al fin la vieja Scoots perdió los estribos en la zona de comida rápida y le voló la cabeza a un chico que se negó a atenderla. Ya sabe, la pandemia y eso…

Comprende de inmediato. En algún momento leyó una nota al margen y no le sorprendió. A pesar de vivir en una zona medianamente conflictiva, Windsor no era una ciudad que se considera violenta. Por mucho, a pesar de que no hay semana sin un muerto en un asalto, aquella localidad es más bien tranquila, a diferencia de Toronto.

Siguiendo con su recorrido, se detuvo frente a un local abandonado que conocía muy bien, con una nota pegada en la puerta.

Gracias por su preferencia estos cuatro años

La Mesa de Lynn se despide de todos

por reubicación.

Calle Roble 1612

Rompiendo los sellos de la puerta, entró al establecimiento, mismo que igualmente ostenta un aviso de demolición.

Hasta donde recuerda, le insistió en que no reubicara ni remodelara hasta no estar por completo seguro de que era necesario. Sabe que Luna fue administradora casi tan competente como ella, aunque se enfocó más en darle difusión descuidando aspectos más importantes. ¿Luan? Resultó más útil en la cocina. El desastre, por tanto, puede proceder de Lynn o…

No quiere pensar en ella. No ahora.

Otros lugares, para su consternación, corrieron con la misma o peor suerte, entre ellos el buffet franco-mexicano Jean Juan. Ya sea por acontecimientos obvios o por malas gestiones, lamentó que eso sucediera. Peor aún, la oferta restaurantera de Royal Woods se redujo a ese lugar chino del nuevo centro comercial, el Aloha Camarada, La Hamburguesa del Eructo y un bar de jugos que por nada del mundo se atreve a visitar. Si acaso, La Mesa de Lynn, pero preferiría dejar la comida familiar para el fin de semana o para una ocasión especial, y esta noche lo es.

Lo último que hizo antes de tomar el autobús fue enviarle un mensaje a Bobby y a Carol. A su novio -con quien su relación se ha venido enfriando por la barrera internacional y lo costoso que es un plan desde Canadá, amén de lo pesado que fue su último viaje antes de cortar casi todo contacto-, mientras que a su antaño rival fue para citarla en el campo de minigolf en quince minutos.

~o~

Y ahí va la última…

Los años para Leni han sido demasiado pesados. Estancada en Reininger's, cuidando que sus hermanas más jóvenes no se hicieran pedazos entre sí, asegurándose de que su padre tome su laxante… no es nada fácil haberse puesto a cargo desde que Lynn se fue a la Central de Chicago. Más en concreto, es difícil ponerse a cargo.

Entiende que Luna solo la apartó poco a poco, pero a partir de Luan y peor aún con Lynn, fue tratada como poco menos que un niño con retraso mental grave. Ni con la vuelta de su primera hermana menor por la pandemia la situación cambió, e incluso Luna le aconsejó mantenerse totalmente al margen.

No lo dijo por nada. En palabras de la rockera, ambas chicas y Luan ya tuvieron su oportunidad y la disfrutaron, siendo hora de que Lynn fuera la jefa.

Si no fuera por esa cazadora de talentos de la liga femenil de soccer, deporte al que le entiende menos que al bádminton, sería tratada más con algo de respeto genuino por Luna, Luan y Lynn que con deferencia tirando a menosprecio.

Las palabras de Lori calaron muy hondo. Dos años escolares seguidos que terminaron en desastre y con una recomendada baja definitiva por parte de la directora Rivers, un trabajo que ya apenas y le da algo de energía a su vida, y con cada vez menos amigos. Haciendo cuentas, y oviando a Miguel (a quien suele visitar en su salón de belleza a pocos pasos de la alcaldía), casi todas sus amigas fueron a Chávez, en Great Lakes City, o como Jackie, quien fue a Estatal de Pensilvania, Mandee a la Estatal de Ohio, Fiona a retomar en la Estatal de Michigan, e incluso los que no fueron a tomar estudios superiores, como Tad (quien tomó un empleo en una forja), Chaz (la cortó y embarazó a una chica dos años menor… aunque no fuera en ese orden) o se alejaron de ella.

A eso se ha enfrentado con diversos resultados. Estancada, ya casi sin amigos a quién o que quieran visitar, rebajada en su autoridad -si es que realmente la tuvo- y apenas respetada. Tal vez Lana y Lily sean demasiado inocentes todavía y Lola se ha contenido. Lisa solo la toma con respeto fraterno, mientras que Lucy se toma su tiempo para explicarle lo que necesite saber.

Siendo a esta última a quien despidió en la puerta, cayó en cuenta. De nuevo tiene la casa para ella sola. Casi siete horas de total soledad que nunca le sentaron bien. Con su padre en el restaurante y con su madre encerrada en la recámara escribiendo su columna para la Gaceta de Royal Woods, todo lo que hace es aspirar un poco, lavar el baño, prepararse un smoothy y sentarse a ver repeticiones de Romeo al Agua o acostarse a ojear revistas de moda sin interés. Eso último siempre y cuando no tenga ganas de salir.

Una vez adentro, subió de nuevo a la planta alta. No se dirigió a su habitación, ahora con una sola cama y todo el espacio para ella sola, sino al extremo del corredor opuesto al baño.

Aquella pequeña habitación había vuelto a ser lo que fue en un principio. Las cosas de Lincoln que este no se pudo llevar fueron movidas al ático o vendidas, según el caso, motivo por el que, quitando la cama y los blancos, los cómics y su ahora obsoleta laptop, no quedaba mucho. Donde antes estaba el buró, ahora hay un pequeño estante, mientras que el sitial de la cama está saturado con repisas para los trofeos de Lynn y las tiaras de Lola que ya no tenían cabida en la repisa de trofeos de la familia, así como algunas herramientas de Lana y un par de cosas más. Como único recordatorio del anterior ocupante, habían dejado los pósteres que pudieran no estorbar y una copia de la foto del aniversario de bodas diecinueve de sus padres, el último que Lincoln y Lori pasaran en casa.

La voz de su madre se dejó escuchar, anunciando que iba al consultorio dental. Las clásicas instrucciones ya no eran tan necesarias, pues al ser algo más que mecánico se amolda a su rutina. Sin abrir a extraños, sin dejar la casa sola y recibir los paquetes y cartas que pudiesen llegar. Puede agradecer que hoy trabaja hasta tarde, pues eso le permite distraerse un poco.

Suspirando, se enteró por Lola que Lincoln está en la ciudad. No era algo de lo que debiera haberse enterado, pero luego de hablar con ella concluyó que una cosa es Lori y otra Lincoln.

Está arrepentida desde el principio. La dureza, si no crueldad, con que sintió que Lori la trató, fue apenas el principio. Ley del hielo, trato indiferente, comentarios mordaces e incluso irse a dormir al sofá tuvieron su clímax en el momento en que supo que Lincoln se iría de intercambio a Canadá. Por el sistema de ventilación supo que sus padres acordaron que, dadas las circunstancias, o iba Lori (aprovechando que le tomaría mucho tiempo realizar una nueva solicitud, ya que Fairway le cerró las puertas hasta el próximo año), iba uno de los dos o, lo más fácil, que su hermano fuera y viniera cada día y tomara el ferry en el río Detroit. Apelar la decisión era, en ese punto, algo inapelable.

Decaída, cerró la puerta. Si es cierto lo que Lola le dijo, acepta que tendrá que buscarlo y hallar el momento para pasar tiempo con él a solas. No quiere exponerse de nuevo a la ira de Lori.

~o~

El tiempo pasó con más pena que gloria, en realidad. Salvo por Química, Economía Doméstica y Gimnasia, tiene la desgracia de compartir todas sus clases con Chandler.

Su reencuentro fue exactamente igual a su primer día de secundaria. Con los asientos asignados, el pelirrojo se complació de ver carne no tan fresca para recordarle cuál es su sitio en la escuela.

No ha visto a los chicos. Solo cuando Artie -chico castaño y larguirucho de suéter rojo con quien comparte Cálculo- le explicó que Stella y Zach se fueron de la ciudad pudo adivinar que su plan, ya de por sí desastroso, tuvo consecuencias que ni él esperaba.

Para cuando tocó turno en clase de Química, fue de los primeros en llegar. Las pocas caras que pudo reconocer cambiaron, mas no lo suficiente para no reconocerlas. No importaba, pues prácticamente está empezando desde cero su retorno.

Tomando asiento en el fondo, vio entrar a otras treinta y cuatro personas. Mona "Cookie" Petersburg… no le sorprende que siga siendo una chica bajita. Notó a Artie (quien se desvió al baño para darle alcance ahí mismo), a Tabitha "Tabby" Adlon, quien ni siquiera lo reconoció antes de darle un balonazo en Gimnasia, Sadie Figueroa (bajita como Mona, pero con un gran parecido a su exnovia), Hassan Nasser ("al menos ya dejó la silla de ruedas", pensó), Trent Gagnon ("Espero que no recuerde que le debía dinero"), Polly Pain ("¿Por qué nunca le pregunté a Lynn por su nombre real?"), Jordan Rosato, Mollie Nordberg, Clyde… ¿Clyde?

-Señor Loud, pase al frente, por favor -pide el profesor, un hombre rubio de bigote recortado y bien cuidado, muy diferente de como recuerda a Bolhofner.

Avanzando con un poco de torpeza, cruzó el salón. En medio de un mar de cuchicheos, prestó atención a las sandeces del resto.

-Te juro que él ya estaba loco -dijo un chico que parecía haberse quedado en secundaria-, supe que se acostó con esa rara de Zhau en su primer día de secundaria…

-¿Cuándo se volvió tan sexy? -preguntó Tabby a una chica de aspecto rockero junto a ella.

-¿Sexy? ¿Loud? -preguntó incrédula Mona, sentada tras ambas chicas, antes de que este pasara a su lado- No es la gran cosa.

-Espero que haya dejado de ser tan patético -dijo Sadie, aún resentida por lo de hace cinco años.

-¿Crees que su hermana Lynn me de una cita si digo que soy su amigo? -preguntó Hassan, inseguro.

-¿En serio ese es Lincoln? -dijo Mollie con asombro.

-Ahora, señor Loud -dijo aquél sujeto, en cuyo escritorio había una placa con el membrete K. Vickers-. Ya que usted viene del extranjero, quiero suponer que está menos adelantado que nosotros, así que empezaré con algo para que usted se ponga al día. Sólo para que este grupo de guiñapos -añade, señalando despectivo hacia el resto de la clase- recupere lo que la mierda china nos quitó de tiempo y dinero a través de internet. ¿Cuáles son los estados básicos de la materia?

-Sólido, líquido y gaseoso -responde el peliblanco como si nada.

-Bien, eso es de primaria -sonríe maligno Vickers-. Algo más difícil, ¿qué es el un coloide?

-Es un sistema conformado por dos o más fases, normalmente una fluida que puede ser... líquido o gas... y otra dispersa en forma de...

-Mocoso suertudo… -interrumpe Vickers-. ¿Qué sucede si una determinada cantidad de un compuesto alcalino reduce el ph de un ácido a siete?

-El ácido se neutraliza.

-¿Oxidación y reducción?

-La oxidación se define como la reacción en los elementos metálicos que provoca desgaste, mientras que la reducción atañe a los elementos no metálicos sólidos como el carbono, azufre…

-¡Basta Loud! ¡Deja de presumir! -ordena Vickers con suspicacia-. Chaqueta fuera.

-¿De verdad?

-Quiero ver si no lleva alguna clase de acordeón.

Sin ánimos de desafiar a un maestro, Lincoln se limita a obedecer.

Si la mayoría de las chicas esperaban deleitar su mirada, se llevaron una decepción, pues debajo de esa gruesa prenda solo había la misma proporción de chico delgado que dejó Royal Woods al irse a Canadá.

Con ojo crítico, el maestro Vickers revisó la prenda y los brazos de Lincoln. Incluso se dio el lujo de utilizar una lámpara de luz ultravioleta para inspeccionar sus extremidades sin resultado acusatorio posible.

-Siéntese -ordena de mala gana y con sarcasmo-. Ya que el señor Loud es tan brillante por venir del tercer mundo y probar que esos sucios fumadores de maple están más avanzados que nosotros, quiero que saquen su lápiz del númer preparen dos hojas blancas para un examen sorpresa. Por favor, denle las gracias al salir.

Entre maldiciones, gemidos y súplicas al cielo, se resignaron a seguir instrucciones.

Lori le había advertido de Vickers. Formal, implacable, siempre sospechando de las respuestas de sus alumnos al grado de la paranoia y con un evidente trauma por haber sido destacado en Afganistán en 2001. Nunca ha sido un maestro al que haya sido posible complacer, y menos desde que Luan le jugó una broma de lo más inocente que encontró de muy mal gusto.

Al terminar su examen, esperaba a salir. No lo lograría, ya que en lo que quedaba de clase debía repasar la tabla periódica actualizada, en absoluto silencio, con algo muy parecido a una visera ecuestre y audífonos con aislamiento acústico externo. ¿Su teléfono? En vibrador y pegado con cinta a la muñeca para evitar que busque algo más con que entretenerse.

No hace caso de lo que Artie intenta decirle. De hecho es tan relajante como las mañanas y las noches de su último año en Canadá. Toda esa paz que intentó conseguir de niño fue algo relajante como para cabecear de sueño.

La vibración en su muñeca fue la señal de salida. Una hora más y podrá ver si tiene la oportunidad de ponerse al corriente con los chicos.

Decidió ignorar los llamados de Clyde. Si bien lo extrañó como a muchos otros, no es el momento de tomarse las cosas tan a la ligera. Le tomó tiempo acostumbrarse a un sistema, ahora tendrá que reacomodarse a lo que era antes.

~o~

Si el primer día de secundaria fue una porquería, ahora fue peor.

Aunque Mollie y Clyde han sido una pequeña luz en su jornada, la última clase de su horario le es algo más por compromiso que por decisión personal. Su madre fue clara en ese aspecto. Debía elegir una clase que no estuviera tan saturada. Psicología, algún idioma que no sea italiano… cualquiera, pero por alguna razón se decantó por Economía Doméstica y Francés.

Buscando el salón A310, tardó en dar con él. En cuanto pudo llegar lo primero que hizo fue revisar la lista de alumnos inscritos a ese módulo para asegurarse que está en él.

Bennett, C.

Boyd, W.

Carmichael, C.

Jara, B.

Loud, L.

Masterson, C. K.

Mattila, K.

McCracken, C.

Otto, M.

Pertsch, J.

Pessin, P.

Rodríguez, S. J.

Rosato, J

Rupp, D-J

Sanders, A.

Savino, C.

Sakas-Shropshire, K.

Wenham, D.

Le sorprende ver el nombre de Lincoln allí. Pensó que solo compartiría con él Química Avanzada, pero el verle allí la alivia. Quiere preguntarle sobre su estadía en Mapleton, contarle de las fiestas de piscina que se ha perdido y de algunos incidentes que bien pudieron causarle alguna gracia, como la expulsión de Lance en octavo grado por ser atrapado in fraganti con Erin en el gimnasio, el accidente de Rusty en los vestidores de las chicas o del retiro prematuro de Meryl, aquella simpática secretaria que era una copia exacta de Cheryl.

A pesar de ser el primer día, ni la mitad de estudiantes se presentaron. En la pizarra blanca, más allá de tener escrito "sra. Flores", no hay nada más a resaltar que un delantal dibujado muy aprisa y una calcomanía con claveles rojos.

La maestra Flores, a pesar de su apellido, no es latina. Afroamericana, de color y con ropa más bien destacable por su falta de coordinación (pantalón rojo, blusa amarilla y saco verde, pendientes de chapado en oro y una mascada), es evidente que tiene una jaqueca de las peores.

-No se levanten ni saluden -dijo la maestra Flores, solícita, a la par que se lleva la mano a la frente mientras avanza a su escritorio-. Anoche tuve una cita horrenda que desquité al fondo de la botella. Solo… solo formen parejas, no importa el orden, solo… los que se anoten hoy voy a respetar su decisión. Cuando terminen, pongan una película y no me molesten.

En cuanto la maestra buscó un calmante en su escritorio, Jordan no se lo pensó ni por un segundo. Definitivamente Kat le haría a Lincoln la vida imposible, Debra se la pasaría molestando con esa risa atorrante, la ex de Liam no trabajaría bien a su lado, y entre menos hable de Savino, Pertsch o McCracken, mejor para ella.

Estaba pensando en ello cuando él se le acercó.

-¿Está…?

-¿Si estoy libre? -responde nerviosa Jordan, riendo en el proceso- ¡Claro!, ¿por qué no habría de estarlo?, ¿no es el primer día de clases presenciales, o si? ¡claro que puedes sen…!

-Me refería a la silla, pero está bien -responde Lincoln, un poco asustado-. Y… ¿tú eres…?

"¿No me recuerda? -pensó rápido- ¡Vamos, Jordan, reacciona!"

-Ah, pues… Rosa Jordaton… ¡perdón! Jordan Rosato… ya sabes… mi perro destrozó tu ropa y la de C-Clyde... -añade con una risita bastante nerviosa.

-Claro...

Poniéndose aún más nerviosa, estuvo a punto de gritar.

Lincoln, por su lado, hizo algo que años atrás sería muy poco propio de él y la estudió a fondo. La trenza hace tiempo que desapareció para dejar paso a un corte Bob recogido con una diadema celeste. El pecho, no muy generoso, dejó atrás ya esas formas infantiles bajo una blusa de tirantes blanca sobre una camiseta amarilla de manga larga. Le sorprende ver que está usando frenos, pero el cambio más notorio fue que abandonó la falda en favor de un pantalón de mezclilla que bien puede hacerle babear por ella… si no fuera porque aún tiene asuntos personales por atender en la noche.

-Oye, Jordan -llamó Andrew tras ella, cortando el análisis que hacía el peliblanco-, ¿quisieras hacer pareja conmigo?

-¡Largo de aquí! -responde molesta, ahuyentando al cobrizo.

-¡Ok, bien! Ya me voy… maldito albino desgraciado -maldijo Andrew, nada contento con el trato recibido.

-¿Sabes, Jordan? Creo que mejor… -empezó a decir Lincoln, siendo interrumpido.

-Ni te molestes, Lincoln -dijo Penelope tras él-. Ya solo quedan ustedes dos.

-¿Y tú con quién quedaste, Pens?

-No quisiera hablar mucho de mi compañero.

La pelirroja, quien parece que está condenada a ser la eterna chica fea con buenos atributos físicos, señaló al un latino de aspecto desaliñado, cabello corto, lentes de gran aumento y con polera azul marino, vaqueros celeste y deportivos blancos con vivos en azul y negro, resignado a quedarse con ella.

-Que mal -dijo Lincoln, compadecido.

-Es un bruto incumplido, pero era eso o intentar hacer equipo con Dave.

-¿Wenham aquí?

-Si -responde Penelope-. No esperaba que se inscribiera, pero lo hizo. Esa perra de Sakas se me adelantó.

Mirando hacia el lugar que esa pareja conforma (la chica con quien Liam salió en quinto grado y un chico alto de cabello castaño rizado y perilla bien definida en un rostro amable), notó bien el porqué.

-¿No se te ocurrió esperar al jueves para que te asignen?

Sorprendida ante esa revelación, Penelope corrió al escritorio de Flores.

Una vez que todos se registraron (con la salvedad de Penelope, quien retiró su rúbrica para considerar mientras tanto la posibilidad de trabajar sola o con una chica), la película dio inicio. No era precisamente una cinta conocida ni mucho menos, pero Pare y siga parecía una de esas ideas absurdas que funcionan hasta que algo lo termina reventando de la peor forma posible.

Aburrido a más no poder, Lincoln solo se durmió. Jordan no está en posición para juzgar o justificar, pero si así será trabajar con él, sus expectativas no podrían ser muy halagüeñas.

Escuchó de Mollie, minutos atrás, de lo sucedido en Química. Saber que ahora está bajo la lupa del paranoico Vickers por demostrar que está algo más avanzado en la materia y que Clyde fue la primera persona a quien rehusó hablar le parecen demasiado extrañas coincidencias. Ahora que menos la reconoció en una primera reunión, desconoce cómo puede afectar eso en el futuro.

.

Con el timbre llamando al final de la jornada, todos salieron en tropel. El maestro de turno, un viejo conocido de la doctora López, definitivamente le tomó manía, y lo último que quiere Clyde es que su día termine espantosamente mal.

Ser rechazado por Lincoln fue un muy duro golpe. Como cereza del pastel, apenas es el primer semestre presencial y ya perdió un celular gracias a dicho docente, tan fanático de la telefonía móvil como lo es un vegano de los cortes selectos en una parrillada.

La próxima, decidió, mejor deja sus aparatos en el casillero, apagados y cargando.

"¿Qué demonios te hizo Canadá?"

Tiene hambre. Antes de entrar a las clases del segundo turno, Chandler le entregó (más bien le arrojó) la lonchera, vacía y abollada. Acto seguido, le advirtió que mañana quería ver una porción doble de estofado de cerdo y nada de vegetales, so pena de ser encerrado en su casillero.

Detesta admitirlo. En su vida social es demasiado dependiente de sus amigos. Da menos de lo que recibe, aunque la doctora López le haya dicho lo contrario. Sin Stella y Zach en la ciudad, Rusty dejándolo a un lado por un grupo de potenciales vagos y Liam apenas coincidiendo solo en Física, cuanto tiene a la mano son Mollie, Jordan y, en menor medida, Artie.

Si Lincoln antes era su principal apoyo, una vez que todo se desmoronó el lugar lo ocupó Liam. Cierto, no tenía un plan para cualquier situación, las labores del campo le dan una peculiar forma de analizar la situación de forma simple y suele ir directo a atacar el problema de raíz. Si el peliblanco era una suerte de estratega, el granjero es más bien un carnero dispuesto a derribar muros si lo amerita y sin pensarlo dos veces.

Una vez fuera del edificio principal de la preparatoria, lo buscó con la mirada sin éxito. Es imposible, pues al verlo de color tan llamativo como siempre y con esa cabellera, ¿quién podría no divisarlo en un mar de gente?

Cuando al fin lo ve, empieza a apretar el paso hasta que escucha el claxon de la minivan de sus padres. En el asiento del piloto, Howard le hace señales con la mano. Yendo en dirección opuesta al vehículo, Lincoln subió a un auto rojo con el toldo blanco que se fue sobre la avenida apenas abordó.

Vaya forma de empezar el año escolar. Golpeado, robado, hambriento y sintiéndose más solo que nunca.

~o~

febrero 12 de 2021

Oficialmente les doy la bienvenida a este pequeño desastre, en vista de la colosal metidota de pata que cometí la cita anterior. ¿Qué metidota? La de confundir archivos y subir un adelanto en vez del que debía. Eso me jodió la agenda.

Para rápido, ¿les sorprende ver que hay cosas que el tiempo puede dañar pese a los esfuerzos? No debería, en realidad.

Como señalé en la cita anterior, hay dos episodios que dieron la pauta a seguir. Don't you fore-get about me, del tramo final de la cuarta temporada, y Schooled!, obertura para la quinta. Empero, hay sucesos menores de otros episodios que decidí adaptar lo mejor que pudiera, aunque... con el contexto actual, mismo que siento ya está afectando de más.

Por cierto. La lista de los estudiantes de Economía Doméstica la dejé como un pequeño Easter Egg. ¿Creen identificar a algunos, entre actores, guionistas y personajes? Amén de un cierto gordo cameos locos a la Peter Jackson en sus días mozos.

*Pare y siga: título en Estados Unidos de la película mexicana Paradas Continuas. De un grupo de chicos vírgenes que montan una furgoneta como hotel sobre ruedas para "estrenarse"... alerta de spoiler, termina mal para el protagonista.

Agradezco a Reila Vann y a JVA98 por haber sido los lectores beta de este primer capítulo. Cuando necesiten algo, saben dónde hallarme.

Antes de rematar, en mente las voces de algunos personajes me resuenan. Por si acaso, dejo la lista de los actores en ciernes.

Lincoln, José Luis Piedra (Lincoln actual, pero una octava más grave)

Chandler, Iván Bastidas (el infumable Henry Hart/Henry Danger, la primera voz del mismo)

Liam, Carlo Vásquez (la voz recurrente de Chris Pratt)

Andrew (el pelirrojo que gaseó a Jordan en la primera temporada), Gabriel Gama (Brook en Pokémon)

Maestro Vickers, Humberto Solórzano (la voz usual de Wolverine, aún más desconfiado que Lumpwick, de Escandalosos)

Maestra Flores, Nancy MacKenzie (la primera voz de Marge Simpson)

Ya conocen la rutina, gente...

El Caballero de las Antorchas, muchas veces las variables de algo que nunca entendemos ni controlamos ponen la pauta a nuestras vidas. Nuestro contexto actual y lo acaecido en las dos Guerras Mundiales son prueba palpable de ello. Sobre eso de dejar a Leni como caballo fino, es curioso. Consideré que Lori tenía todos los motivos, pero en su momento me parecía más juicioso que descargara ese algo más mortífero que los solos golpes. Golpear sus motivos, echarlos en cara... eso es lo más probable. Ya veremos cómo se desarrolla esto a futuro.

J0nas Nagera... gracias por el spoiler. Lo que pasó fue justo lo que describí líneas arriba en estas notas. Como un hombre sabio dijo, no hags preguntas si no quoeres la respuesta. ¿Expectativas tremendas? ¡Ay, no! ¡La salación! ¡Se supone que este año es el bueno...! Ay, carajo. Ya me voy por la vena del Cruz Azul... sobre la presente cita (haré de cuenta que tu comentario inicial jamás sucedió) no diré nada que no se haya dicho. Las fracturas duelen, y más si vienen de quienes son nuestro modelo a seguir... me consta.

Andres888, me gusta tu punto, aunque con lo de la advertencia, pues... ciertamente estoy tomando en cuenta sucesos actuales en nuestro mundo y futuros para el prólogo de este fanfic. Conociendo tanto como puedo la mente de Lori es que uno puede determinar a qué demonios le juega. Ya dejaré a guisa del resto lo que pueda pasar.

, si la review fue sobre mi metedura de pata, ok. Solo tuve que alterar algunas cosas que más tarde tendrán su razón de ser. No será una crítica contra los gobiernos que se han permitido tamaña incompetencia, EU, México y Brasil a la cabeza, sino que más bien el escenario ya descrito será trasfondo.

Ahora...

sigan sintonizados

Sam the Stormbringer