Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Treinta y dos

―¿Edward? ¡Hola! ¿A qué debo el placer?

Angela Weber parece sin aliento y sonrojada cuando abre la puerta, abriéndola más para indicarme que entre. Solo le ofrezco una ceja arqueada, a lo que ella pone los ojos en blanco y sonríe para confirmar que, de hecho, interrumpí el besuqueo entre ella y su esposo. Es demasiado dama para admitirlo en voz alta.

Tan pronto como salí de la oficina, vine aquí, metiendo la cola y casi arrastrándome a cuatro patas.

Detesto pedir ayuda, pero me estoy desmoronando, y Dios sabe que no puedo mantenerme en pie por mi cuenta.

—Necesito pedirte un favor —digo con dureza, haciendo que sus pasos vacilen. Me está conduciendo a su sala de estar, estoy seguro, pero me conoce tan bien como yo le permito a cualquiera. No hago favores. Concediéndolos o pidiéndolos.

―¿Está todo bien?

Ella pasa de estar casi follada a solemne y preocupada en cuestión de un instante, y me hace un tic en la mandíbula. No necesito que la gente se preocupe por mí. Me he cuidado muy bien, sin la ayuda de nadie.

―No, Ang, no lo está. Pero lo estará.

―Está bien. ―Asiente―. Toma asiento y te traeré un trago. ¿Corona?

―No, voy a conducir y no confío en mí mismo para detenerme solo en una ahora mismo. ¿Café, tal vez?

Angela me ofrece una sonrisa suave y un asentimiento, desaparece en la cocina y tomo asiento en su sofá. Es grande y cómodo y se siente como un hogar, y el hecho de que me dé cuenta hace que mi corazón lata un poco más doloroso en mi pecho.

Mientras ella no está, Ben asoma la cabeza para saludarme rápidamente antes de dar alguna excusa sobre algún trabajo en el jardín que tiene que hacer, y cuando Angela regresa, está un poco más arreglada.

―Entonces, escúpelo ―ladra con la autoridad de una madre preocupada unos minutos más tarde cuando deja dos tazas sobre la mesa.

―No sé; tu alfombra es demasiado bonita para tener manchas de café —me quejo en broma, mi pie raspando contra dicha alfombra con énfasis.

―Edward.

Tomando una respiración profunda, asiento con la cabeza, sabiendo que no hay forma de que ella me deje evitar esto por más tiempo.

―Es Pichón ―ofrezco.

Angela jadea, su mano cubriendo su boca.

―No, ¿qué paso?

―No pasó nada. Ella está bien. Está a salvo. Pero tengo que renunciar a su caso.

La mirada que Angela me da me recuerda por qué es una detective tan genial. Es pétrea y firme, sensata, pero hay una dulzura en ella. Con ella, no hay necesidad de hacer el juego de policía bueno/policía malo porque ambas están envueltas en una sola.

―Estás enamorado de ella.

―Jesucristo, ¿qué pasa con todos? Están actuando como si un bebé regordete me hubiera golpeado el trasero con una flecha. No, no estoy enamorado de ella. Pero me atrae más de lo que debería para manejar su caso de manera objetiva.

―Y yo no tomo casos privados. ―Se recuesta en la silla en la que se sentó frente a mí, cruza una pierna sobre la otra y toma un sorbo de su café como si dijera, "jaque mate, hijo de puta".

―Soy consciente. Por eso es que es un favor —gruño.

―Tú no pides ni haces favores.

―También soy jodidamente consiente de eso. ―Puedo sentir el calor subiendo por mi sangre, molesto por el hecho de que está usando esta mierda estoica conmigo.

―Edward ―comienza, y tomo un sorbo de mi café para tener la energía para lidiar con esta conversación. Me lo merezco. Prácticamente lo pedí―, he trabajado contigo desde el principio, y nunca me has pedido nada más allá del alcance de mis deberes. Cometiste un desliz por primera vez cuando estábamos allí para investigar, y tienes sentimientos personales de los que ni siquiera estaba segura de que fueras capaz de tener.

―Lo sé, ¿de acuerdo? No sé qué decirte aparte de eso. Esto es atípico y tonto, y exactamente por eso necesito deshacerme de este caso. Mis cimientos están jodidos y necesito recuperar el equilibrio.

Finge pensar, pero ya sé que lo va a hacer.

—Necesito saber que está en buenas manos.

―Edward, estamos tan abrumados en este momento ―arrastra, mordiéndose el labio.

―Lo sé. Y lo siento. Pero sabes que no haría esto si no fuera importante.

―Lo sé. ―Asiente de nuevo, regresando su taza―. De acuerdo. Pero esto no es para lo que estoy entrenada. Tengo limitaciones.

―Todo lo que pido es que te asegures de que Jacob Black no se acerque a ella. No es peligrosa. De hecho, no creo que pueda matar a una araña. Ni siquiera una realmente aterradora. ―Mi voz se ha transformado para demostrar mi diversión, así que me aclaro la garganta y bebo más café para mantenerme callado.

―Haré lo mejor que pueda ―promete.

―No dudo ni un poco de ti, Ang.