Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
III
Las cosas que cambian
Royal Woods, Michigan
10 de septiembre de 2021
3:11 pm
Casilleros de la planta baja
Las cosas para Lincoln no fueron fáciles la mayoría del tiempo en clase. Con Chandler sobre él, la única opción que Lori le dio fue tratar de ignorarlo e inscribirse a algún equipo deportivo para verlo lo menos posible.
Desde luego, no sería golf. Lo último que quiere es que su hermana se resienta con él por intentar desarrollarse a su sombra, y la entrenadora Hotch no esperaría que otro Loud sobresalga en ese grupo. ¿Fútbol? Ni soñarlo. Aún tiene presentes sus intentos en la liga junior local hace años y la suburbana de Windsor, en la que solo estuvo una temporada como asistente de la entrenadora. Ni pensar en el soccer, deporte en que intentó desempeñarse pero terminó con una esguince en el tobillo, o en el hockey.
En este último, no lo hizo tan mal. Más que parar el puck, era mejor en bloquearlo o desviarlo. De no ser porque el castor mascota de la escuela intervino en el último partido y tiró las tribunas, no se habría distraído y no habría sido dejado inconsciente sobre el hielo al momento del gol que valió la ronda de desempate entre Mapleton y Tecumseh, perdiendo la casa por masacre.
No vio a Clyde en todo el día. Le pidió a Emma en clase que le avisara que haría lo posible por ir a su casa a las cinco, pues les quiere dar la sorpresa. Ya quiere ver la cara de los McBride cuando lo vean entrar a su hogar, toda vez que resuelva ese pequeño inconveniente.
Tomando los libros que necesitará para hacer sus tareas, decidió seguir el consejo de su hermana y fue a buscar a la entrenadora Hotch, encargada del área de asociaciones deportivas de la escuela y todavía al mando del equipo de golf.
No la encuentra en su oficina. A quienes halla son al maestro Helmsley, entrenador en jefe de los equipos de fútbol, soccer y baloncesto -un hombre pelirrojo que siente manía por estar encima de estudiantes que cree blandos-, Chandler y un tercer sujeto. Al parecer, este último se ve amedrentado al extremo de estar por completo roto,
No escuchó de qué estaban hablando, pero en cuanto Chandler pasó a su lado este le dio un fuerte empujón contra la puerta. Dicho alboroto no pasó por alto a oídos del entrenador.
-¿Quién es? -preguntó desafiante Helmsley- Un paso a donde lo pueda ver… ¡Dije un paso!
Asustado, Lincoln obedeció apenas por reacción.
Mirando al entrenador más de cerca, no era como el viejo Wizneuzky. Gordo, con el cabello cortado con afeitadora al número dos, aliento peor que el de Bolhofner si eso le sirve de comparación y con una cicatriz en la cara que se parecía a la de Phoebe Powers en aquella película que se había estrenado apenas hace tres meses.
-Con que eres el nuevo, ¿no? -continúa Helmsley- No me hagas perder mi tiempo -añade hosco-. ¿Qué quieres?
-Busco a la entrenadora Hotch -respondió Lincoln.
-Se fue hace media hora, y aquí estoy a cargo -dijo el entrenador-. Ropa fuera y date la vuelta.
-¿Qué?
-¿Qué eres tonto, estúpido o tonto? -cuestiona sarcástico Helmsley- ¡Dije ropa fuera y date la vuelta!
Obedeció solo porque no tiene de otra. No necesita más motivos que el querer irse de allí, ya que la sensación de incomodidad era mucho peor que con Pacowski en la primaria cada vez que tenía clase con él.
-Así que… Canadá -dijo entre despectivo y analítico el entrenador-. Malditos drogadictos… le pediré a alguien tu expediente y registro médico, Loud. No luces como un atleta. Te sobra grasa aquí -golpea ambos muslos-, aquí -repite en los antebrazos-, ¡mirada en alto! Tienes papada. Debe irse… muy afeminado. Apuesto a que pasaste toda tu vida bajo la falda de tu mami.
-No exactamente…
-La mitad de tu familia pasó por aquí, y créeme, Loud. Todas tus hermanas fueron decepcionantes -repuso el entrenador con desagrado-. Lori, una pelmaza que se salvó por ese juego de niñitos mimados. ¿Leni? -escupe- Pobre estúpida. Esa música de pacotilla y la payasa no me dieron gracia, y en cuanto a Lynn… he visto buenos deportistas ir y venir, pero ella no era mas que un saco de ego. Uno que me encantó presionar hasta romperla y ganarle una beca.
Tuvo que tragarse eso. Por lo general, antes de Canadá no le importó demasiado que hablaran mal de sus hermanas. Se lo tomaba con humor y veía el lado amable, pero este sujeto, hablando pestes incluso de Lynn como si lo hiciera de una idiota
-A primera hora de la tarde aquí el lunes -instruyó Helmsley-. Ni un minuto tarde.
-Tengo compromisos en la tarde -dijo evasivo Lincoln.
-¡A primera hora, Loud! ¡O asumiré que no tienes pelotas e iré por ti a meterlas, quieras o no!
Tomando su ropa, prefiere salir de ahí lo antes posible.
.
-¡¿Qué tú qué?!
La pregunta de Lori no fue tan al azar. Apenas había volvió de la tienda fue por él a la escuela. Una vez que la puso al tanto, apenas recorrieron media cuadra cuando ella paró a Lydia de golpe.
-La entrenadora Hotch no estaba -continuó Lincoln-, y ese maldito quiere que esté a primera hora o irá por mi.
-Lincoln, ¡ese tipo es como un demente suicida! -exclamó contenida Lori- Los últimos días que estuve en preparatoria literalmente se la pasó torturando a los equipos a su cargo.
-¿Tan malo es?
-¿Malo? Dile eso a quien está convencido de usar los mejores métodos pese a perder en todos sus equipos por veinte años consecutivos.
"¿Veinte años?" pensó. "Es malo en serio"
Tragó saliva. Un entrenador tachado de cruel (dentro de lo legal) en primera instancia nunca ha sido buena señal, y menos aún cuando se trataba de deportes de contacto. De primera mano lo vio con uno en Forest Glade. Al terminar ese juego de fase de grupos había del lado de dicha escuela un verdadero hospital, con al menos tres lesiones graves, varios lesionados menores y numerosas conductas de aquella mujer que los entrenó que rayaron en los límites que Lynn no se atrevía a pasar.
El resto del trayecto al departamento no fue agradable. Entre la sugestión, los comentarios de Lori sobre lo mal que lo pasaron varios amigos suyos, la sola idea de que irían por él y la presión de todo ello le hicieron olvidar que tenía un compromiso.
~o~
Está agotada. Todo ese ir y venir la tiene al borde del cansancio, y todavía le quedaba ir a Reininger's por un nuevo día y un poco más de dinero para sus gastos, de no ser porque llamaron de la primaria de nuevo.
Las buenas… Lily no tuvo problemas para ser su primera semana con la maestra Allegra, Lisa se mantuvo sin protestar en la clase de McGrady y Lucy no ha tenido que pasar por más chistes sobre nada al divulgarse lo sucedido. Las malas, Lola destruyó un tanque con ranas por su clásico prejuicio de que son asquerosas, Lana enfureció y ambas terminaron a golpes, nada nuevo, en la clase de la maestra Johnson.
La secretaria, una mujer muy delgada y de humor bastante soso, le hizo señas para que entre a la oficina que fuera de Huggins y ahora ocupa el grueso Pacowski.
-No suelo hacer esto a menudo -empezó a hablar con un tono familiar el grueso ex-entrenador al tomar una dona glaseada-. ¿Tus papás han pensado en inscribirlas a equipos de lucha o de algún deporte de contacto?
-No… quieren que sean… ¡unas salvajes! -responde Leni, tratando de tener separadas a ambas gemelas, cosa casi imposible tanto por tener a Lana sujeta en un candado como a Lola usando sus piernas.
-¡Ella empezó! -rugió Lana.
-¡Porque esas asquerosas cosas no son…! -dijo Lola, siendo apretada y dando una mordida- … ¡normales!
-Seré franco -continúa el ahora director-. Ese tanque tenía ya unos cinco años aquí, llega Lola y lo revienta enfrente de Lana. ¿Sabes que Lana había organizado un robo para salvar a muchas de ellas de ser diseccionadas?
-Iugh, ¡qué asco! -repuso Leni, asqueada al imaginar a esas ranas ser abiertas con vida, ya que desconoce qué cosa es una disección.
-Ella y su hermano intentaron liberar a las ranas -prosiguió Pacowski, leyendo con las manos llenas de jalea un viejo expediente en físico-. Fallaron y arreglaron un tanque que intentó recrear su ambiente natural, mismo que duró hasta el día de hoy…
Las cosas no salieron como esperaría. Como con Lucy, Lana fue suspendida, pero esto se prolongará hasta el miércoles siguiente. En cuanto a Lola, no podrá decir lo mismo. Detención, reparación física del daño, reposición de todas y cada una de las ranas y, lo peor de todo, se anotará en su registro permanente sin remedio, cosa a evitar totalmente para los concursos de belleza infantiles a últimas fechas. En otras palabras, perdió su derecho por causa de un acto de ética cuestionable.
Un par de horas más tarde, y habiendo pedido el día por causas de fuerza mayor (una sugerencia de Lucy), Leni se encerró en su cuarto. La mordida de Lola y los arañazos tanto de esta como de Lana le escuecen un poco con cada vez que Lisa aplica desinfectante y agua oxigenada.
-No quisiera estar en su… ¡ay! lugar -dijo Leni, una vez que terminó de recibir una aplicación del desinfectante.
-Lola no pierde mucho, realmente -dijo estoica Lisa-. Tendrá tiempo de verdad útil para desarrollar su potencial académico y dejarse de banalidades estéticas. Además, ella se lo buscó.
-Por lo menos agradece que mamá es quien la está sermoneando -secundó Lucy-. Por lo que pude escuchar es peor que el día que Haiku y yo profanamos una tumba abierta.
-¿Qué es profanar? -preguntó Lily, más atenta en los remiendos nuevos a su pantalón.
-Meterse donde uno no debe hacerlo, hermana menor -respondió hastiada Lisa, camsada de oír más sandeces de lo que puede tolerar-. Ahora fuera de aquí todas… tú no, Leni.
Dejando solas a la segunda y décima Loud, esta última siguió con su trabajo.
-Puedo notar que algo te aflige todavía con respecto a las gemelas -intuye Lisa. Leni asiente-. Se que no debo hacerlo, pero… quiero que me cuentes de nuevo. ¿Qué fue lo que sucedió?
Repitiendo por quinta vez lo que escuchara en la mañana, llegó al punto en que Lola le dio a Lana un puñetazo enfrente del propio director. En ese momento, por primera vez se cuestionó, y lo dijo en voz alta pese a que se prometió nunca comentarlo con nadie, sobre si fue demasiado estúpida como dijera Lori.
-No voy a decir que no eres precisamente la mente más brillante de esta casa -dijo por fin Lisa-, y no envidio eso. Detesto admitirlo, pero en eso tú y Lincoln son muy parecidos.
-No tengo el cabello blanco si a eso te refieres.
-No -dijo tras reír un poco-. Él y tú son demasiado empáticos para mi gusto, solo que tú lo eres en el momento y él lo es por rea… -se detiene, viendo un notable desconcierto en su hermana-… los dos se ponen en los zapatos del otro, no sé si me explico bien.
-Nunca me gustaron esos zapatos de Lincoln -pensó Leni en voz alta-. Como que no le van.
-Voy a ser más clara. Ponerse en los zapatos de alguien… es como si Lola se pusiera en el lugar de Lucy si pidió primero la última rebanada de tarta y la ignore para quedársela. ¿Cómo crees que se sentiría Lucy.
-¿Se sentiría mal? -respondió Leni, poniendo su mente a trabajar.
-Ahora. Imagina lo que Lincoln sintió después de subir esos videos en que nos avergonzó antes de humillarse por la misma línea -recordó Lisa con un tic de incomodidad. Leni asiente-. A eso me refiero con ponerse en los zapatos del otro, nombre común, empatía. Tú lo piensas antes de hacer aunque sea por una fracción de segundo cuando se trata de la gente, mientras que Lincoln es más, y no quiero que te sientas una completa zopenca, retrasado… como si quisieras establecer una mascada antes de que se pongan de moda y él use abrigo de otoño-invierno en una temporada de primavera-verano.
-No entiendo bien.
-Por eso estoy grabando esta pequeña sesión, para que la escuches antes de dormir.
-Ah… ¿gracias?
-No agradezcas hasta discutir mi pago. No te apresures -detiene Lisa, viendo que Leni saca un monedero-. Creo saber bien cómo podrías pagarme.
-¿Quieres que te lleve al centro comercial? -ofreció la rubia.
-No -rechaza Lisa-. Es algo que me abstuve a pedir desde que Lincoln se fue. Hay instrucciones muy específicas en la alacena de su puño y letra sobre cómo me gusta mi emparedado de crema de maní y jalea.
~o~
Una de las ventajas de haber sido plantado el día anterior fue que tuvo más tiempo para preparar algunas cosas. La zona del distribuidor que lleva a las salidas a Detroit, Toledo, Pontiac y Great Lakes City no ha sido una zona que pasara bien por la pandemia, por lo que tener cargado el arco desinfectante no le parece tan mala idea.
Nada podía salir mal, y el mensaje que Lincoln le mandó no le dio una mala señal.
Estaré allí a las diez
A las cinco vamos con mis hermanas.
El día anterior no pudo ser mejor. Si bien tuvo que guardarse lo de la muerte de Harold, tuvo que darle ciertos detalles que, aunque opacaron su reencuentro, hicieron del almuerzo algo que pudieran recordar.
Entre otras cosas, le contó que Stella prácticamente lo bloqueó de sus redes apenas se mudó y Rusty lo borró sin más, en tanto que aún tiene contacto con Zach, o mejor dicho Kevin Powell, ya que es su primer cambio de identidad y solo le permitieron mantener en Royal Woods a un amigo, siempre y cuando este no revele su identidad a nadie, ni siquiera a más de una persona. Llegaron incluso a pensar que el ahora señor Powell se metió sin querer a un sitio del gobierno o con alguna organización que los quiere a él y a su familia muertos.
Tiene todo listo. A su pesar, decidió untar mostaza los sándwiches de salchicha bolognesa y jamón; se aseguró de tener Flipees de sandía-lima que Trent le consiguió a sobreprecio ("Es Flir, ¿qué esperabas?", alegó el chico) e incluso se hizo con tarros a partes iguales de crema de maní y chucrut. Un par de juegos que esperaba pasar por horas y un par de docenas de tomos de Ace Savvy de los cerca de setenta ejemplares que seguramente tiene pendientes de lectura completarían la tarde.
Hoy, nada de la escuela. Cero presiones, obligaciones más allá de las que le permitieron tomarse o novia que se meta ya que Chloe tiene una visita en casa. No. Le corresponde, y es inmejorable, a Lincoln.
-Recuerda, Clyde -le había dicho Howard antes de salir a la oficina-. Los pepinillos dulces están en el refrigerador al lado del queso crema, la comida de Nepurrtiti y Cleopawtra está en la alacena y, lo más importante. Nada de alcohol o cualquier cosa que se…
-Fume, inhale, inyecte o ingiera -remató Clyde-. ¿Crees que nací ayer?
-No me gusta que uses ese tono, pero tienes razón -repuso Howard-. Solo cuida que no hagan alguna tontería y que no entren a la recámara, por favor.
-Sí, papá.
De eso hacían unas horas.
"10:30… ¿Qué le pasó?", pensó.
Eran ya las doce, momento que empezó a recoger la comida de la barra, cuando se oyó el timbre, seguido de varios golpes a la puerta de teca de la entrada principal.
-¿Clyde? Soy yo, ¡Lincoln! -voceó Lincoln a todo pulmón.
Con evidente nerviosismo a causa del sobresalto, no supo bien qué hacer. Ya había alzado los cómics y guardado la consola, por lo que solo atinó a abrir la puerta.
Le sorprendió ver a Lincoln de manga larga. Viéndolo bien, su piel está recuperando su tono habitual, las pecas están saliendo un poco de control y notó un par de perfumes del todo disonantes. Uno con aroma de limón y salvia, como si fuese a marinar una carne, y otro mucho más sutil de lavanda pura. Algo mucho más propio de Lori.
-Hola, viejo, ¿qué cuentas? -saludó Lincoln.
Clyde nota algo extraño. En sus manos, Lincoln carga un par de libros de trabajo, otros tantos cuadernos y una botella de cerveza de raíz de tres litros. Por añadidura, no lleva nada más, aunque tuvo cuidado de afeitarse. Prueba de ello son los parches improvisados de papel higiénico sobre los puntos donde tiene unos cuantos cortes que no pasaron a mayores.
-¿Listo para ponernos al día? -preguntó Clyde, ansioso.
-De hecho vine a hacer tarea -respondió Lincoln-. Bobby vino de visita y decidí darles su espacio.
-¿En serio?
-Si, y te manda esto conmigo. Para tus noches a solas, ya sabes.
De su bolsillo, el peliblanco sacó una memoria micro SD y se la dio en la mano. Ni tardo ni perezoso, Clyde buscó un lector con puerto USB y lo conectó a la pantalla plana de la sala.
No tardó mucho en dar con el índice de carpetas. Listas de música, películas, libros en formato pdf y algunas cosas más que parecían un buen detalle, de no ser porque había una carpeta membretada "Para Clyde".
Impaciente, la abrió. Por un motivo Lincoln le había dado esa advertencia, pues había al menos media docena de videos y cientos de fotos de Lori en ropa interior o, de plano, desnuda, todas ellas en poses sugerentes. Una en especial la muestra con un top con huecos en la zona de los pezones, teniendo escrito sobre la izquierda "para mi B. B. B." y en la derecha "para Clyde".
-Ah… gracias -dijo con incomodidad Clyde-, pero ya tengo novia.
-No lo sabíamos -dijo Lincoln, excusándose.
-Descuida -disculpó Clyde-. Puede pasarle a todo mundo.
-Y dime, ¿quién es la suertuda? -preguntó pícaro Lincoln, celebrando la suerte de su anfitrión.
-¿Recuerdas a Chloe, del baile de San Valentín?
-Más o menos.
Como si nada, Clyde sacó su teléfono para presumir su fondo de pantalla. En él, Chloe posa junto a un pequeño perezoso de peluche en la feria del condado que en ese momento ganó. Por la cara que puso el chico, Lincoln sonrió, aliviado en parte de la presión que significaba el nerviosismo de llegar a ser el cuñado de su mejor amigo.
-Bueno, como sea… -dijo al fin Lincoln-. ¿Tienes los apuntes de la clase de Vickers?
-Están en mi cuarto -cede Clyde-, déjame traerlos.
Decepción. Esperaba divertirse todo el día con él y todo lo que resulta es que él le pida los apuntes de ese maniático.
"¿Qué más puede salir mal hoy?", se preguntó Clyde al buscar los apuntes.
Encuentra el cuaderno con dichos apuntes, con una pequeña y desagradable sorpresa encima. Sobre su escritorio, y justo en la contraportada del cuaderno, había un buen excremento de Nepurrtiti. ¿Cómo supo que es de ella? Simple. Por el hecho que a últimas fechas ella prefiere comer mezcla de alimento de lata y croquetas, cosa que se nota por el aroma, además del hecho de que suele hacerlo sobre cosas con el aroma de alguien que debería evitar. Al menos, recuerda, eso fue en los primeros días con la maestra Salter.
-Mierda -maldice, segundos antes de que sonara su teléfono y contestara- ¿Hola?
-Clyde, ¿acabas de soltar una maldición? -preguntó por teléfono Howard.
Lo olvidó por completo. Aún siendo un adolescente, lo seguían vigilando vía remota para que no hiciera nada indebido, y soltar tacos es la tercera cosa que no aprueba su padre adoptivo, solo por debajo de meterse a la recámara sin permiso y el consumo de cualquier cosa no autorizada.
"Sí… amo cómo me contradice el universo", pensó irónico.
~o~
Haber hablado con Luna pudo haber salido mejor.
La constante con ella es que, desde que se fue la semana pasada a Ann Arbor para retomar clases en la Estatal, ha tenido que ser siempre su apoyo, al grado que pareciera que la mayor de las dos era Luna y no Leni en realidad. Si bien las veces que salían cuando Luna se permitía volver o en la cuarentena cuando se encargaban de las compras mantenían cierta distancia, lo cierto es que estrecharon más sus lazos, en especial desde que leyó junto a Lincoln y Luan su diario.
De hecho, hablaron sobre lo sucedido con Lucy y las gemelas. Luna le explicó que, pasara lo que pasara, debía ser firme con las gemelas, y más con Lola todavía. Por primera vez en años parecía que tenía entre manos a un par de -Lisa lo dejó en claro- neandertales y no a dos hermanas que deberían preocuparse de su primer baile. En cuanto a Lucy, no hay demasiado problema. Solo es cosa de que no salga de la casa, y le ayude con Lily para que cumpla con el castigo que a esta le fue impuesta en casa.
También había buenas noticias sobre la rockera. Dado que encontró un lugar en la banda escolar y la temporada de fútbol de la NCAA empezará en dos semanas para la Estatal de Michigan, tendrá oportunidad de hacerles una visita sorpresa. Eso sería una buena noticia, si no fuera por los hechos ya antes hablados con Lucy.
En cuanto a Luan y Lynn, no había que decir mucho. La noche anterior, la comediante perdió su vuelo desde Tallahassee y no vendrá a casa hasta dentro de dos semanas, mientras que a Lynn la tenían concentrada en la Central de Chicago y no tiene tiempo para sí misma ni en los dormitorios. Menos aún porque tiene vigilancia especial por parte de las Red Stars para evitar que se lesione de gravedad en la liga universitaria o tenga distracciones de todo tipo. En pocas palabras, no habría tiempo para que ambas hicieran una visita hasta dentro de dos o tres semanas a lo poco.
Para Leni es buena señal, pero no podía descartar cualquier posibilidad que sus hermanas menores le plantearan. Sobre todo con la idea de que Lori se haga presente, esa sensación de pavor no le produce nada bueno.
-Toma -indicó Rita, dándole nada menos que varios juegos de cubiertos de plata en sus respectivas cajas-. Quiero que los pases a limpiar. Lisa te dará el limpiador.
-¿Desde cuándo tenemos todos estos? -preguntó incrédula Leni, quien no había terminado de lavar las ventanas por dentro.
-Algunos son regalos de boda de Kotaro, tu abuelo y tu tía Shirley, estos -señala una caja casi intacta- desde que concebimos a Lincoln. Créeme, no querrás los detalles.
-¡Qué asco! -protestó Lola desde la cocina.
-¡Si los tienes grabados mejor! -responde Lisa desde el segundo piso, ayudando a Lucy a acondicionar de nueva cuenta el armario de blancos como habitación- Necesito videos que ejemplifiquen la reproducción humana como evento…
-¡Lisa, no seas morbosa! -chilló Lola.
-Es con fines educativos -remarcó Lucy, a quien dejaron una tarea de salud reproductiva.
-¡Suficiente! -gritaron Leni y Rita al mismo tiempo.
-No planeaba exhibir sus rostros -alegó Lisa.
-¿No tenías cámaras por todos lados? -cuestionó Leni.
-Te recuerdo que Lynn me obligó a desmantelarlas… -dijo Lisa, cometiendo un error que intentó corregir con una sonrisa nerviosa-… ¿ruedas de sus bicicletas?
-Pierdes tu tiempo, nerd -dijo Lola.
El comentario de Leni no fue nada desatinado. De hecho, con tantas ocasiones que descuidó su lengua y sus acciones era imposible que no encontraran las dichas cámaras, tanto de Lisa como de Luan. Mención especial merecían las halladas en el baño, mismas que le ganaron una amplia repulsión ya desde unos días antes de que Lincoln se fuera.
-Lola, los platos -ordena Rita, nada contenta con la reciente discusión.
-¡Pero qué caso tiene! -rezongó Lola- ¡Para cuando Lincoln vuelva serán todavía más platos!
-Al menos no tendrás que quejarte de que tu "sirvienta" te tire el té encima -respondió Lana por lo bajo. Por cierto, mamá. Ya terminamos arriba.
La ansiedad por ver cómo quedó la antigua habitación de Lincoln terminó con todas las hermanas, salvo Lily, subiendo en estampida hacia la planta alta.
Lo que pudo ver Leni la conmovió. ¡Todo lo que recordaba de ese sitio volvió a su lugar! La cama, la cómoda, las repisas… quizás el espacio bajo la cama está mucho más limpio de como lo recordó, sin toda esa basura, pero era grato ver eso de nuevo. Con ello, pensó, Lincoln podría incluso regresar a casa y todo sería como antes de que se le ocurriera… eso…
~x~
Los primeros días fueron muy difíciles. Si bien el señor Grouse le fue de ayuda, no esperaba tener que soportar una pelea de las cuatro niñas por alguna estupidez o, en este caso, dinero. Y cubriendo a Luna, quien se fue a una tocada en un bar local, y a Luan, quien fue invitada a la casa de Benny, la cosa se antoja para un desastre como nunca vio.
-¡Ese es mi dólar! -acusó Lana- ¡Estaba en mi lado de la habitación!
-¡En tus sueños! Me faltan cinco dólares, por lo tanto ¡es mío! -rechaza Lola, soltando puñetazos a diestra y siniestra.
-¡Te dije que me los habías prestado para conseguir unas muestras de cucarachas de drenaje! -atajó Lisa, recibiendo una patada que le sacó el aire.
-¿Cómo la cámara que encontré en el baño mientras hacía mis cosas? -atacó Lucy- ¡Ni lo…!
-¡Eso es asqueroso hasta para mi! -acusó Lana, indignada, antes de golpear sin querer a Lucy.
-¡Te voy a…!
Eso fue todo lo que pudo aguantar. Hechas una verdadera tempestad de golpes, mordidas y arañazos, las peleadoras entraron al cuarto de Lynn y Lucy. Allí, la atleta se estaba preparando para un juego de hockey sobre césped, sin reparar que Lola tomó su palo para poner límites a las otras tres.
-¡Ese dólar es mío! -sentenció Lola, golpeando el dosel de la cama de Lucy y rompiendo el palo en el acto.
-¡Salgan todas de mi habitación! -ordenó Lynn, furiosa.
-¡OBLÍGANOS! -desafiaron las cuatro al unísono.
En un rincón, Leni solo reza para que ello termine. No quiere lastimar a nadie, pero tampoco quiere heridas. Podría preguntar a Lori o a Lincoln, pero este dejó claro que hasta que la primogénita consiga un empleo en Windsor no estará seguro de entablar comunicación por un buen tiempo, y menos con una tarifa internacional tan poco clara para ella en sus letras pequeñas.
~x~
Lo último que quiere pensar es que podría salir algo mal. Con experiencias como aquella, no quiere ni pensar en cómo recibirán a Lincoln. Ya es un hecho que Lori no vendría si no es a recogerlo en un "pega y corre", así que no tiene mucho problema si eso llega a pasar.
Definitivamente espera que Lori no venga y que su hermano se quede. Si en algún momento lo trató mal, se disculpará y verá como compensa eso; si él lo desea, incluso podría ofrecerle su habitación para que duerma más cómodo.
Un par de horas más tarde, la cena ya había terminado y nada de Lincoln. Lucy se encargó de llevar a las más jóvenes a la cama, mientras que las gemelas empezaron a discutir sobre qué jugar en el viejo Wii de Lincoln.
"¿Por qué no llega?" pensó Leni. "¿Tan mal lo tratamos para que no quisiera venir?
~o~
Lincoln jamás pensó que muchas cosas habrían sucedido para que todo su mundo social se trastornara de fea forma. Zach, perdido en alguna parte del país con una nueva identidad y con contacto esporádico con Clyde, Stella solo Dios sabe donde y con un Rusty tan patán que quizás ni su madre lo aguante. En cuanto a los McBride, se lamentó que el único punto que visitaron en la ciudad fuera el cementerio de la calle Oak.
Entre alargadas condolencias, Lincoln se sorprendió de cómo Clyde está casi solo. De su familia, a ambos lados, quedan su tía Brenda, su abuela Gayle y un par de hermanos de Howard que no tienen a este en el mejor de los conceptos, mismos de los que es preferible no hablar.
-Trent me dijo algo de eso -dijo Lincoln, una vez terminó de escuchar sobre cómo Stella se fue de la ciudad-. ¿Es que Rusty no se suponía capaz de tratar a una chica?
-Eso dijo antes de golpearla -lamentó Clyde-, y se puso peor cuando vino ese idiota.
-¿Quién?
-Drew Gideon, ¿cuál otro? -respondió Clyde-. Vino de intercambio el año pasado desde New Haven y lo convenció de ser su amigo.
-No suena agradable -dijo pensativo Lincoln.
-¿Y lo es? -cuestionó retórico Clyde- Mete contrabando, embarazó a unas tres chicas, se dedica a estafar a medio mundo… Trent, Jordan y Mollie lo tienen en su lista negra cada que organizaban una fiesta, pero de alguna forma se colaba.
La descripción que le diera de Drew no era nada favorecedora. Moreno, tal vez solo bronceado, cabello castaño rojizo, a menudo con una camiseta tipo Henley amarilla con vivos en negro y bermudas en negro, delgado y con el rostro de alguien que ha pasado por al menos dos o tres correccionales. En sí, algo con lo que nunca ha lidiado.
Durante el pequeño refrigerio que tomaron en el parque -en vista que Lincoln se estuvo poniendo al día con las tareas para el lunes-, notó algo inusual. Sí, los sándwiches tenían algo de mostaza, pero había algo que no cuadraba. No era antigua, oriental, ni siquiera alguna Dijon o amarilla rebajadas con miel. Es amarilla, pero las notas dulces no eran nada que pudiera reconocer.
-¿Qué les pusiste? -preguntó Lincoln.
-Bueno, como estuviste en Canadá -respondió Clyde- papá pensó que querrías algo especial para que no extrañes tanto estar allá.
-Ya, en serio -insistió el peliblanco.
-Es mostaza con jarabe de maple.
-Clyde, estoy algo fastidiado del jarabe de maple -dijo un poco ofendido Lincoln.
-Papá no se molestó en preguntar -dijo excusándose el afroamericano.
-¿Tienes idea de cuántos litros de maple tuve que comer allá pese a que estuve registrado con alerta médica? ¡Como dos litros al mes! -explica Lincoln-. Estuve a nada de contraer diabetes porque creían que mi supuesta alergia era psicosomática.
-No sabíamos.
-Mejor dejémoslo así, ¿quieres?
-Bueno, ten uno de crema de maní con chucrut.
A diferencia del primero, que dejó un poco olvidado, Lincoln atacó sin misericordia el nuevo. Clyde no lo sabía, pero a su gusto nunca encontró en Windsor un chucrut que considerase decente ni mucho menos. Es cierto que la encargada del piso del cuarto que ocupó con Lori era inmigrante húngara y no se agradaron mutuamente, pero le reconoce que el chucrut que preparaba al menos no era tan malo como para acabar en la basura.
-Y dime, ¿alguna chica que te interese? -preguntó Clyde, una vez que terminaron de comer y se dirigieron a su casa.
-Como si a alguien le interesara un recién llegado -respondió desdeñoso Lincoln-. Apenas puse un pie en el autobús, nadie me cedía un asiento. Tuve que irme hasta el fondo.
-Vaya… eso fue duro.
-¡Ni siquiera Stella tuvo un trato así! -añadió Lincoln-. Me contó que, antes de sentarme con ella, nadie quería nada con ella hasta no ver cómo trataba con alguien patético. ¿Creerías algo así viniendo de ella?
-Eso sería lo último a lo que yo daría crédito -dijo pensativo Clyde-. ¿No quieres responder a eso, entonces?
-Acabo de terminar con Sadie, así que…
-¿De qué Sadie hablas?
-¿Por qué dices eso?
-La única Sadie que conocemos vive al otro lado de la ciudad, y todavía le tiene terror a Rusty.
-¡Ah! ¿te refieres a cuál Sadie? Ya entendí.
Sacando su teléfono, Lincoln no necesitó desbloquearlo. Una foto de él y su ex, sentados en las gradas del gimnasio de la escuela, sonrientes, era la prueba que necesitó para demostrarle a Clyde que no estuvo tan inactivo.
-Viejo, esa es Sadie -intentó aclarar Clyde.
-La de aquí se apellida Figueroa -aclaró Lincoln-. Ella se apellida Garner, como Jennifer Garner.
Viéndola bien, Clyde notó pequeñas diferencias entre Figueroa y Garner. Pese a que ambas visten exactamente igual, la Sadie de Royal Woods luce mucho más tímida, prefiere los tejidos de lana y no usa pantalones vaqueros, cosa que la canadiense si usa. Además, esta última no tiene hoyos en las orejas, cosa que la local si tiene con un par de aretes muy discretos.
Otra cosa que notó Clyde fue la presencia de otra chica, un poco más bronceada que la ex de Lincoln, mayormente vestida en azul rey y con la cabeza adornada por un gorro de caza índigo con forro de gamuza.
-¿Y quien es ella? -preguntó animado el chico de color.
-Esa es su amiga, y también exnovia, Pansy Tanana… Tahaakanana… ¡Rayos! -respondió Lincoln antes de maldecir- Bueno, su apellido no importa. Es difícil de pronunciar.
-¿Y no tuvieron problemas por salir juntos?
-Al principio -admitió Lincoln-. A Sadie le molestó que Pansy me invitara a nuestro primer baile. Tuvimos que explicarle que ella me invitó a salir el primer Día de la Victoria que Lori y yo pasamos allá y todo salió bien… en cuanto Lori pudo sacar un Pomerania de mi chaqueta. No… preguntes. Tuvimos que adoptarlo hasta antes de volver.
-Oh
Conforme conversan, Lincoln se empezó a dar cuenta de que las cosas entre ambos estaban un poco estancadas. Es cierto que ambos siguen gustando de Ace Savvy, pero mientras que a él dejó de ocuparle una secuela al Full Deck inconclusa por las presiones escolares y las convenciones dejaron de interesarle desde que fracasó en una audición en Toronto para la penúltima película de Flash-Card, Clyde se volvió un verdadero entusiasta del cosplay y tiene borradores completos de los que había enviado a Bill Buck hasta que este falleció y comenzaron a rechazar al menos un buen número de estos; el moreno de piel no destaca en ninguna actividad física a la vez que el leucístico había sido referente del colegial suburbano de hockey en Mapleton; Lincoln extrañaba los Flipees, Clyde ya no los consumía por razones más que personales y conocidas.
Poco a poco retoman su amistad, pero a Lincoln se le olvidó algo que no debió olvidar.
~o~
Se cansaron de esperar. Eso fue realmente grosero, y sin importar el motivo no se lo podía perdonar de ninguna manera. Leni se siente estafada. Ya pasaban de las nueve, y era evidente que Lincoln no se presentará. Si tienen suerte, podría venir mañana, pero…
"¿A quien engaño?", pensó mientras veía a Lana dar cuenta de una segunda rebanada de tarta de limón… la que le tocaba a su hermano. "No puedo hacer nada, no puedo decir nada y no creo que Lincoln haya querido romper su promesa".
No puede hacer nada al respecto, eso es cierto. Desconociendo que Lincoln fue con Clyde y las horas pasan volando cuando se retoman puntos muertos con renovado entusiasmo, toda fuerza es inútil. Del mismo modo, si puede emitir una opinión o un juicio, pero no tendrá sentido ante la realidad de los hechos. Sus hermanas más jóvenes la siguen considerando una tonta de primera clase. Teniendo eso en cuenta…
El sonido de la cerradura de la puerta le sacó de sus pensamientos. Exaltada, saltó de la silla que ocupa y fue al quicio de la sala.
"¿Será Linky?", pensó ilusionada. Las pocas hermanas que quedaban despiertas, Lana, Lucy y Lola, dejaron de lado lo que estaban haciendo, e incluso Rita bajó por la escalera, olvidando que apenas y tiene solo una toalla encima.
Con la puerta abierta, la decepción inundó la casa. Con un pantalón de mezclilla algo gastado, una chaqueta morada y su eterna y gastada blusa morada, Luna entró a la casa, sosteniendo un par de estuches, el de su guitarra y el de un cuerno francés, y una maleta sobre sus hombros. El cabello prácticamente dejó de existir en su cabeza, no así una pequeña perforación en la nariz.
-¿Qué tal, familia? -saludó efusiva Luna.
Entre bufidos y un general desvanecimiento del entusiasmo, casi todas volvieron a lo suyo. Solo Rita y Leni se acercaron a aligerarle la carga a Luna.
-Perdón, cariño -recibió Rita, sin importar que está todavía en paños menores-, pero esperábamos a alguien más.
-¿De verdad? -preguntó Luna- Eso no me lo esperaba.
-Deja que me vista y hablaremos en tu cuarto.
-Hola, Leni.
Apenas la saludó, Leni le dedicó un abrazo. Tiene mucho qué procesar, pero por ahora solo quiere desahogar un poco sus penas. Luna no era lo que esperaba, pero tendrá que conformarse con eso.
-¿Por qué todos se pusieron así, hermana? -preguntó Luna, una vez que su madre entró a la recámara.
-Todas esperábamos a Lincoln, genio -intervino Lola-, pero parece que no nos quiere en su vida.
-Eso fue bajo, enana -responde Luna, frunciendo el ceño.
-Mamá ya te lo dijo una docena de veces…
-Creí que eran 277 -corrigió la rockera.
-…, Lincoln no pensó demasiado en lo que hizo y Lori quiso alejarse… creo.
-¿De menos te explicó por qué rayos se fue a estudiar a Canadá?
-Nunca me lo dijo, pero…
-Exacto, hermana -cortó Luna-. Hasta entonces, tengo mis reservas sobre él, pero quiero que tengas en mente que Lori ya no es la jefa desde que te insultó en el desayuno.
Detesta que Luna se haya vuelto así de directa y rencorosa. Desde que hace uso de razón a los cuatro años, Luna nunca ha sido exactamente del tipo racional. Impusliva, rápida para reír y enfurecer, a menudo era la mediadora cuando sus hermanas mayores peleaban, pero el tiempo y algunas decepciones la hicieron cambiar. En especial desde que tuvo que terminar a Sam antes de ir a la universidad hace unos años.
No se lo ha confesado, pero tiene sus dudas. Ni siquiera habló con los amigos de Lincoln cuando pudo hacerlo, y mucho menos cuando supo que la "chica del zoológico" -ya que nunca supo pronunciar bien el apellido Zhau y lo cambió por Zoo- se fue de la ciudad.
~o~
Habiéndose despedido de Bobby, no le quedó mucha duda. Las cosas entre ambos se enfriaron lo bastante como para que una chispa lo encendiera.
Por eso, en cuanto él supo que estaban de vuelta en suelo estadounidense no dudó en mandar al diablo el primer fin de semana libre del año para ponerse los dos al día con lo que ambos pasaron desde el último día de Acción de Gracias que pasaron en Great Lakes City. Le sorprendió a Lori saber que la abuela Rosa perdió el olfato y que varios de los vecinos se hartaron del encierro. En especial Ronnie Anne se fastidió de estar encerrada 24/7 por más de quince meses, terminando contagiada en su primera semana trabajando en el Mercado, hospitalizada y a poco de ser intubada, quedando con algunas secuelas. Lucy le habría dicho, sin duda con un tono más que crítico, que habría sido mejor que muriera a tener que verla en un estado de postración de verdad patético.
Vio el reloj de su teléfono. Siendo casi las 8:15, lo más seguro es que a Lincoln le dio un fuerte ataque de nostalgia y decidió volver a casa. Todavía no llegaba y la cena se había enfriado lo suficiente como para que a esa sopa de cebolla le apareciera una nata.
Se suponía que iría por él. Si en la casa paterna la hora de llegada era, hasta donde recuerda, en cuanto el alumbrado público se encendiera. En torno a eso. Decidió ser un poco más flexible al permitirle llegar hasta las nueve, y solo en consideración a su naciente vida amorosa, primero con esa chica inuit, algo de flores Tananahaakna, y con Sadie, quien nunca le cayó bien.
Con algunas cosas se consideró algo generosa, si no es que empática, como el Pomerania que adoptaron y debieron registrar como animal de compañía hace casi tres meses, mismo tiempo que debía permanecer en cuarentena sanitaria si querían pasarlo por la frontera. Con otras, no tanto, y la impuntualidad es uno de esos puntos que no puede ni quiere permitirse aflojar. Inquieta por eso, reacciona a su primer impulso, tomó sus llaves y fue a la puerta.
-Es el colmo -pensó en voz alta-. No tenemos aquí ni una semana y ya se relajó demasiado -dijo al dirigirse a la puerta y tomar la perilla-. ¡Ahora me va a esc…!
Con la frase muriendo en la garganta, Lincoln la miraba sorprendido. No parecía demasiado preocupado, pero en sus manos tenía un par de cajas impecablemente arregladas y un contenedor con algo que, si la expresión inicial de su hermano servía de algo, tenía algo caliente.
-¿Dónde estabas? -preguntó Lori, molesta- ¡Creí que te ibas a quedar con mamá y papá!
-El papá de Clyde mi invitó a cenar, así que…
La preocupación no se fue tan de golpe. Si hubo una persona de quien no le interesó demasiado tener noticias, ese era Clyde.
Conforme a lo que narró Lincoln, no dudó en compadecerse un poco. Enterarse, entre otras cosas, de la viudez de Howard McBride y el que su grupo de amigos se quebró y dispersó es, para ella, un duro golpe del que su hermano no podría recuperarse.
-Eso no es excusa para que llegaras tan tarde -reprochó Lori, aún golpeada por esas noticias.
-Lo sé, lo siento -se disculpó Lincoln con torpeza.
-Oye. Admito que, literalmente, será duro readaptarse -reflexiona Lori en voz alta-. Se supone que empezaremos de nuevo y sin esperar nada.
-No es como si espere algo en realidad -respondió el peliblanco, dejando sobre la mesa su carga-. A propósito, ¿sabes si hay agua caliente todavía?
-Creo que si.
-¿Te molesta si me baño antes de cenar… otra vez?
-Claro.
Con curiosidad, y aprovechando que Lincoln se metió a la ducha, revisó tanto el contenedor como las cajas.
"Mejor lo hago rápido", resolvió.
En el contenedor, nada sobresaliente. Puré de papa orgánica con cáscara, gravy (puesto aparte) y filete a la Bourguignon que definitivamente no le pedía nada a la comida de su padre. Eso, decide, será la cena de mañana.
En cuanto a las cajas, son de diferente tamaño. Sin envoltura y preparados con prisa, resultaron ser un par de pijamas de franela mayormente anaranjada con vivos en blanco para Lincoln y un juego de sábanas de seiscientos hilos en blanco para ella. No era un detalle que necesitaran, y menos esta noche, pensó. No la única noche a la semana que se permiten dormir juntos.
No era ni mucho menos de lo que creyó necesitar en su momento, en lo más crudo del invierno canadiense más al este de Ontario, pero con el ameno clima de esa zona de los Grandes Lagos, agradece mucho que Clyde se haya acordado de ella.
No quiere que Lincoln lo sepa, pero si no fuera por esas noches que comparten la cama no extrañaría su primer hogar. Aún si eso llegó, y llegase, a despertar malentendidos que nadie desea.
~o~
11 de marzo de 2021
Primer año de la Declaración de la Covid-19
como
Pandemia
Una de las medidas que se tomaron más en consideración durante los primeros días son los arcos sanitarios. Son. en resumidas cuentas, aparatos que permiten la desinfección por alcohol en personas y objetos. A estas alturas se consideran algo por demás inútil, ya que se descubrió que el SARS CoV2 es más un virus de transmisión aérea.
En su momento vi los arcos como una solución rápida, pero los hechos terminaron por go!pear a más de uno en la cara.¿Les está gustando cómo está yendo esto? Recuerden que la reciew no es obligatoria, pero sirve algo de retroalimentación. Se puede aceptar incluso una mentada de madre, siempre que en esta haya algo constructivo.
Ahora, antes de irme...
andres888, algunas cosas me tomo mi tiempo para dejar claro el contexto. Dentro de poco, algunas cosas empezarán a caer o a levantarse, según sea el caso, y ya no falta mucho. Gracias.
Wielmehr, voy a tomar en cuenta tu recomendación a futuro. Lamento desmentir tu teoría, pero no. Luna se inclina más sobre Leni. En cuanto a Lucy, dígamos que dos eventos, uno de ellos el confinamiento, la afectaron como para volverse un poco más humana. Gracias, y si... Chandler es una mierda.
No bajen la guardia. Ahora...
Sigan sintonizados...
Sam the Stormbringer
