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Vínculos

IV

Noche de fiesta y golpes

Royal Woods, Michigan

22 de septiembre de 2021

10:33 am

Club Campestre de Royal Woods

Conforme avanza el tiempo, a Lincoln le cuesta cada vez menos adaptarse a la rutina que tanto él como Lori se habían impuesto. No era para menos, pues desde hace una semana se había enterado de una fiesta que Mollie organizará en casa de Jordan. No sería como los bailes hasta hace dos años, pero la ventaja de ello es que el aforo será mucho más limitado.

Pensó en eso mientras sostenía los palos de golf que eran del abuelo. Había pretextado una inesperada lesión en la tibia ("¿Y cómo quiere que sepa dónde rayos se encuentra la tibia?", le preguntó a Lori hace dos días) con tal de evitar al entrenador Helmsley.

-¿Eso es todo lo que puedes hacer? -cuestionó Hotch, sonriendo un tanto escéptica de lo que acaba de ver- Lori podía hacerlo hasta vendada.

-No olvide que fui su caddie -respondió Lincoln-. Podría reconocer un Mashie Niblick de un Niblick o darle una descripción de un Mid Iron, pero jugando soy bastante malo.

-¿Yo soy un perro o qué? -cuestiona irónica la entrenadora- Bien, este es tu último Mulligan, así que no lo desperdicies con el driver.

En toda su vida nunca ha jugado golf. El minigolf es una cosa con la que tuvo que intentar distraerse junto a Lori varios fines de semana, pero el golf real es un asunto muy distinto.

Decidido a soltarse un poco, fijó la mirada en un árbol al fondo del campo. No era nada especial, pero el hoyo -calcula- está a unos doscientos metros de allí. Sería como el examen de física al inicio del día. Calcular la distancia, la trayectoria angular del vector en un plano tridimensional, velocidad del viento… envidia a Lori por tener espacio en su mente para todo ello con una acción tan sencilla.

-Diez a que no puede acercarse a diez metros -murmuró Polly tras él, inscrita allí solo porque la preparatoria cesó al equipo de roller derby por magros resultados en toda su existencia.

-Te tomo la apuesta y pago cinco más -acepta Trent, poco confiado- si cae a dos metros máximo.

-Treinta si hace hoyo en un albatros o menos -terció Mona, pensando que el escenario más absurdo con el que podría pretender darle ánimos a Lincoln, aunque se dirige después a Trent en voz baja-. Méteme cuarenta a que golpea a alguien.

-Doscientos a que no golpea nada -apostó Ryan, un chico rubio bajito que de entrada a Lincoln le cayó mal.

-Nadie quiere tu dinero, Miller -atacó Trent.

-Menos desde tu sabotaje en la última venta de postres -secundó Mona, ofendida por un sabotaje a una tarta de cereza del chico contra ella en la última venta de postres de la secundaria.

-¿Quieren callarse? -pidió Lincoln- ¡Me desconcentran!

-Veinticinco a que hace hoyo en uno -apostó Mollie por lo bajo, dándole a Trent un billete de cincuenta.

-Allá ustedes, cerecitas -dijo desdeñoso Ryan, tomando una botella con néctar de durazno.

Tuvo que bloquearse. No hacer caso de nada, solo enfocarse. Tomó el driver, lo alza…

-¡Linda quemadura, Lincoln Lerdo! -rió burlón Chandler, recién llegado con un aviso de Helmsley.

No golpeó precisamente la bola. Volteando, en cuanto la energía potencial del palo se volvió cinética soltó el mismo, volando por los aires hasta que cayó en un seto.

-¡No me interesa quién seas, pero estamos en medio de una prueba! -interrumpió Hotch, molesta.

-Me mandó por Lincoln Loud, Trent Gagnon, Richie Parson… -enlistó Chandler, ufano-… y Mollie Nordberg.

-Más te vale que no moleste -insistió la entrenadora-. Hasta donde sé, sus pruebas terminaron el jueves pasado y ninguno de los que mencionas se inscribieron a sus salvajadas.

-Me consta -dijo Richie en voz baja, sosteniendo los palos de Trent.

-Más les vale venir conmigo o tal vez querrán saber cómo la van a…

No pudo terminar. Lincoln había tomado un nuevo palo, golpeando la pelota con tan buen tino que fue a dar de lleno en la entrepierna de Chandler. Este, retorcido por el dolor al no llevar protecciones, solo atinó a soltar una que otra maldición y a gimotear.

-Gracias, Loud -dijo la entrenadora-. ¿Consideras un deporte a mi cargo y hablamos de tu calificación?

-No me lo tiene que decir dos veces -responde Lincoln, aliviado.

-Parson, lleva a ese chico a la enfermería -instruyó Hotch.

Richie se limitó a llevar de mala gana a su antaño amigo. Ajena a ese incidente, Mona. La bajita repostera castaña no puede negar que ha sido un buen día para haber apostado y ganado un buen dinero.

Horas después, ya saliendo, Lincoln llamó a Lori, avisando que llegará un poco tarde. La razón, necesitará cera para los palos y bronceador. Mucho bronceador.

Había otro motivo que no quería revelarle. Está consciente de que la renta no se pagará sola, y entre los trámites de Lori para intentar realizar su transferencia a la Escuela de Administración en Fairway, en vista que considera imposible empezar desde cero allí, el sostén de ambos y los servicios del departamento, está claro que el dinero será lo más urgente en la lista. Sencillamente ninguno de los dos quiere sentirse inútil, y menos regresar al primer hogar. En su caso, por acostumbrarse a la calma que la anterior residencia en Canadá le reportó y a no tener que esperar por el baño y en general por todo.

Por ello, durante la clase de Economía Doméstica le preguntó a Karla -quien, a final de cuentas, se quedó sola porque su compañero se cambió a Psicología- dónde podría trabajar de medio tiempo. Esta le mencionó que la madre de Jordan estaba buscando empleados en la cafetería de la cual es dueña, al igual que los anuncios de Reininger's, la tienda de yogurt helado y, obviamente, Flip en la estación de servicio.

No era de esperarse, realmente, que trabajara de nuevo para Flip. Más allá del resentimiento que le guardó Clyde, el viejo estafador terminó por colmar su paciencia el primer domingo que volviera de Canadá. Peor de insalubre que nunca, llegó incluso a encontrar una rata ahogada en el queso de los nachos, al menos una cucaracha en el café y evidencias de que el tasajo que vende estaba roído pese a estar en frascos. Eso fue muy diferente a como fuera con aquella ocasión en que intentó con Clyde lanzar una incipiente compañía galletera, con Zach metiendo mordidas a la mercancía. Una cosa era su amigo, una persona que por si acaso tendía a lavarse los dientes unas cinco veces al día, y una muy diferente Flip, consumado estafador de quien lo menos que puede decirse de él es que cambia las fechas de caducidad de la leche fresca.

~o~

La sucursal de Reininger's en el centro comercial nunca había estado tan vacía desde el año pasado. Numerosos chicos de verdad incompetentes habían desfilado desde que viera a Miguel y a Fiona irse, pero no cree que nadie llene sus lugares.

Eventualmente el encierro la mantuvo algo creativa, pero el estar a nada de ser despedida -de nuevo, obviando su separación durante el "robo" de las mascadas- la tuvo en un suspenso peor de lo que fue aguantar las rabietas de las niñas para que pudieran salir (con especial énfasis de parte de Lana), la vuelta a las actividades no pudo haber sido más desastrosa. Entre las pérdidas por moho y los robos cometidos al menos por diecisiete empleados uno tras otro, la señora Carmichael le dio la gerencia de turno. Si bien el horario es flexible y la paga es buena, los descuentos al personal en el cargo sencillamente pasan a ser apenas menores al de piso de ventas.

-Leni, necesito hablar contigo -dijo solícita la señora Carmichael en cuanto llegó-. A mi oficina.

Para Leni, las últimas veces que la llaman a oficinas nunca ha sido algo grato en un principio.

Al entrar, no notó muchos cambios. Fotos del hijo de la señora Carmichael y de ella resultan algo más digno de lo que -piensa- es una casa en Nueva York o en Los Angeles que de una oficina ejecutiva. Todas ellas tapizan dicho lugar en competencia con cuadros de la junta de directivos y del corporativo.

"Respira… deja que hable y solo pregunta si está bien lo que hago".

A pesar de que se sabe empleada de confianza, lo cierto es que en todas las ocasiones que ha intentado probar su inocencia lo ha tenido que hacer tratando de apoyarse en las cámaras de seguridad más que en la ayuda de sus hermanas, a falta de Lincoln o Clyde. Le costó mucho trabajo, en especial manejarse cuando un amigo de Luan, Rex, quiso inculparla en la semana que regresó de sus vacaciones hace dos años, ya que desaparecían docenas de cosas de la caja. Entre perfumes, accesorios y artículos de higiene personal, se descubrió, terminaron en el mercado de pulgas a tres cuartas partes de su precio real, causando que aquél chico terminase en el correccional juvenil de Warren y su familia se mudara al año siguiente.

-Quiero que pongas mucha atención hoy -instruye la gerente-. En la tarde vendrán algunos chicos para cubrir los puestos que se quedaron vacantes por las salidas de Margo y Shannon. Nos quedaremos hasta tarde para revisar sus entrevistas y mañana enviaré los avisos a los chicos que serán contratados. Debo dejar en claro que cuento contigo, ¿verdad?

-Claro, no es como si mis hermanas no necesiten ir a pie hoy o algo así -respondió nerviosa Leni, pensando en lo encapotado que está el día.

-No es todo -continúa la pelirroja-. Sólo para asegurarnos de que sea algo imparcial toma la mitad de esta lista. Tomaré la otra porque puede ser algo conflictivo y no quiero nepotismo de ninguna clase.

-Nepo… ¿qué? -dudó Leni, quien jamás escuchó esa palabra.

-Significa que no quiero contrataciones en base a parentescos de ninguna clase -expone Carmichael, suspirando pesadamente con ello-. Familiares, ya sabes.

"¿Parentesco?", pensó, lo que le mantuvo distraída.

En la primera parte de la jornada doble no hubo nada sobresaliente. Dado que la sucursal puede permitirse contratar personal a diferencia de la mayoría de las sucursales, prefería encontrarlo sobre todo entre los estudiantes de la preparatoria y, como con Leni misma, aquellos que en la escuela ya no tenían nada qué hacer y tienen cuentas por pagar.

Los empleados que enviaron de Pontiac no eran precisamente como Fiona y Miguel en su tiempo, pero al menos le dieron espacio para efectuar las entrevistas correspondientes en la sala de empleados. Eso, lejos de estresarla, la aligeró un poco.

-¿Por qué quiere trabajar aquí? -empezó Leni con cada entrevista.

-Tengo algunas cuentas qué pagar en casa porque accidentalmente volé el aire acondicionado -respondió Penelope, aquella chica que a menudo se babea por Clyde.

-Necesito dinero para la universidad -contestó un chico castaño, delgado, en cuya solicitud anota el nombre "Arthur Dombrowski".

-Por las chicas -dijo un pelirrojo que ubicó como el capitán del equipo de fútbol de la preparatoria, Chandler McCann-. Todas son tan hermosas… aunque una jefa tan linda como usted…

-Largo de aquí -ordenó Leni, sin dudar.

-La verdad, quiero independizarme -dijo Chloe, la novia de Clyde-. Tener mi dinero, alguna cosa, invitar a salir a mi novio… no tiene nada de malo que él pague en nuestras citas, ¡pero no quiero cargarle todo como cualquier chica boba!

-No tengo nada mejor que hacer -respondió escueta una chica bajita de cabello castaño y ropa morada en su mayoría.

-Quiero equipos nuevos -contestó una chica bastante desharrapada, conocida de Luna-. Los amplificadores de Sam no se pagarán solos

-¿Ya ha estado en alguna rebaja? -cuestionó Leni.

-Tengo algunas tarjetas de cliente frecuente -respondió Penelope, rebuscando en su bolso-. Las tengo por aquí… heladería de la Tía Pam, Hamburguesa del Eructo, Cafetería Rosato, la tienda de Airisosstale

-Detesto las rebajas -dijo quejumbroso Artie-. Toda esa gente loca… buscando arrebatarme lo que quiero comprar… una vez en un Viernes Negro me quitaron siete copias de The Last of Us 2.

-Las evito como sea posible -dijo Chloe.

-Una chica le dio a una amiga el traje de baño que yo quería en 2017 -dijo la castaña bajita, empezando a estudiar a Leni-. Ahora que la veo…

-¡Siguiente! -rechazó Leni.

-Depende -dijo la rockera-. ¿Has estado en los probadores con una chica?

.

Doce entrevistas más, y al menos un par de llamadas a la seguridad del centro comercial, bastaron para que su humor decayera a niveles peores que el día que Lori la insultó después de la visita a Fairway. Al menos un par de los candidatos que entrevistó son poco menos que viables, y el tercero, el primero al que echó, definitivamente lo recomendará para vetarlo de por vida por ser un acosador en potencia.

La discusión sobre a quienes contratar se dilató hasta avanzada la noche. Le sorprendió demasiado saber que Lincoln estaba entre los solicitantes que fueron entrevistados por la señora Carmichael, y aún más el que tuviera plaza en duda por aquellas reservas a inicios del día.

Mientras mascaba sin ganas un sándwich de pollo de camino a la salida, vio con desilusión que otro de los locales puso su mercancía en liquidación. Hace cinco años se habría vuelto loca por la barato pero, después de haber pasado un tiempo en casa por cierta situación que Lisa le resumió lo mejor que pudo para hacerlo comprensible, no pudo sino sentir lástima.

'Para que te quede claro -le explicó Lisa en su momento, el contagio de esa enfermedad es como si de pronto se normalizara usar zapatos blancos después del día del trabajo y abrigos en verano. Toda esa gente se resistiría a usarlos, pero este… "agente" los convencería de que le iría muy bien usar eso todo el año. Con el fin de evitarlo, la gente debería evitar las rebajas de dichos conjuntos lo más que se pueda y tomar medidas para no dejarse convencer. Los médicos, en este caso los consultores de modas, trabajarán a marchas forzadas para que la gente deje se tome un respiro de esa abominación estética…"

Esa había sido la explicación brindada en su momento. Lo que llegó después, de boca de la señora Carmichael, fue mucho menos amable y más directo. Sin compradores físicos se evitan los contagios, pero la venta cae a mero nivel de supervivencia. Se tendría que mantener el personal mínimo e indispensable para mantener ventas en línea y, apenas se diera una lenta y gradual reapertura -todos ellos conceptos que le dejó caer como agua helada-, atenerse a medidas sanitarias que en un principio parecieron exageradas y a la suspensión de las rebajas y ventas especiales presenciales para evitar que mucha gente se agolpara en el local.

"Tal vez no esté de más comprarle a Lola una blusa nueva", pensó antes de darle un trago generoso a un smoothy de té chai. No era el usual de galleta y semillas de calabaza de la temporada, pero de ahí a nada era mejor eso.

Desde luego, tal y como Fiona le contó de aquél disparate de "Jack Sozie y Mack Un Brazo", comprar algo en la competencia era bajo, pero… por ser una liquidación por bancarrota… lo menos que podía hacer por el dueño de esa tienda era hacer una o dos compras y permitirle poner algo de comida en su mesa. Al fin y al cabo, no hay nada peor que ver a alguien buscando en la basura, como pasó con una guía de campamento, Tammy Lynn o algo por el estilo, que terminó en un bajopuente en el camino al ferry de Windsor.

El lugar no estaba muy concurrido a pesar se los anuncios en la vitrina de mercancía con hasta el 75% de descuento. Concluye que, después de todo, quizás incluso a Lana le vendría bien estrenar nuevos jeans, a fin de cuentas que el cumpleaños de las gemelas está muy cerca.

No tardó mucho en hacerse de al menos una docena de prendas. En la caja, la dependiente sonríe más por obligación, motivo por el que Leni se presentó con buena cara.

-Son sesenta y tres dólares -dijo la cajera, no tan animada al ver que esa sería la última venta de su día.

-¿Sesenta y tres?

-También estoy contando el perfume de menta que tiene en sus manos -señala la mujer, apuntando a una botella alargada.

-¿Puede cancelar… lo?

La persona que le robó la atención parecía una especie de fantasma de su pasado. Con el cabello blanco y una estatura tanto o más elevada que Lori en cuanto ambos se fueron a Windsor, le era difícil no adivinar que ese chico delgado es su pequeño Linky. Incluso esos dientes salidos habían quedado poco a poco atrás, pero la mirada confiada y el que pasara un tiempo con una cosa antes de decidirse a botarla o llevarla lo evidenció aún más.

~o~

Pasadas las ocho, con la cena fría y un poco de aprensión, se pasea por la pequeña sala. Aún desde antes de la cuarentena, Lincoln no era precisamente un chico perfecto, pero la impuntualidad no es un defecto suyo.

Recogiendo los trastes que usó, decidió meter la cena de su hermano en el la hielera. El refrigerador que Carol le ofreció no llegó en la tarde, por lo que improvisó comprando aquél artefacto y algo de hielo, asumiendo que las comida preparada todavía deberá ser consumida en menos de veinticuatro horas.

En estos días se ha visto con su padre. A diferencia de Lincoln, retomó su empleo en la administración del restaurante, bajo condición que nadie de la familia debería acercarse mientras ella esté en su horario laboral. Quiere darles la sorpresa mientras no estén Leni y Luna.

Dando un bocado final a lo que se suponía era una tarta de fresas -misma que, a pesar de ser ofrecida como un regalo, insistió que la descontaran de su primera paga-, no dejó de sentirse preocupada. No era lo mismo la avenida Franklin, un suburbio, que la zona del distribuidor vial, bastante más ajetreado y cercano a lo que sería una gran ciudad que tendría en la vida.

No ha ido a las oficinas de Fairway. En realidad, con el promedio general que ha obtenido en Windsor sería un milagro que la certifiquen y pueda concluir sus estudios superiores.

Desnuda y en el baño, dejó de lado sus preocupaciones a medias. Todo lo que obtiene esta noche de Bobby es apenas una pequeña llamada y un escueto "te amo, Bebé", en medio del escándalo que significa tener que estar con su familia.

Pensó en lo que dejó ir cuando tomó la decisión de mudarse a Canadá. Por un lado, no tenía que soportar las patadas de Lana o las ocasionales mordidas de Lola, los experimentos de Lisa o los sobresaltos de Lucy, entre otras cosas. No tuvo que soportar la lavandería de trece personas, dos de las cuales le dejaban cargas realmente pestilentes, ni llevar a nadie al basurero, ser la cargadora de Lola, una cambiadora de pañales o una chofer para uno o todos sus hermanos en un mismo día, sin mencionar a alguien en especial. Todo el espacio y la libertad que quiso tener, aunque sea compartida con Lincoln, a su alcance.

Por el otro… es cierto que tenía el respeto de todos ellos. Perdió el de Luna y Leni, quizás Lynn, pero tener o ser apoyo de alguien más pesa lo suficiente para querer un poco volver a casa. No era lo mismo que Lincoln le echara una mano en sus tareas que Lisa, pues si bien él no es tan listo como ella tiene paciencia más que probada para ser un tutor decente. No causaba tanto ruido en realidad, y aunque extraña esos fines de semana por los que los vecinos a menudo golpeaban la puerta exigiendo un poco de silencio, la verdad no lo hace tanto como creyera en un principio. Ambos chocaban con los programas en televisión, aunque tenían uno que otro punto común, y entre menos piense de ciertos hábitos de los que cada quien tiene sus quejas y aceptación reluctante, mejor.

En cierta forma, salió ganando, sí. Pero era una ganancia que no tiene mucho sentido ignorar en sus pros y contras.

~o~

De todas las personas que esperaría que cambiaran, Lincoln no puede creer que Leni pensara que él sería la última en hacerlo. Tantas cosas tenía que decirle y se contiene solo porque, sentados en una mesa de La Hamburguesa del Eructo y con una Eructo sencilla Leni y una ensalada él, tenía la boca llena.

-¿Alergia al maple? -preguntó asombrada Leni.

-Esa fue la excusa que Lori les dio en la frontera a los funcionarios de aduanas -declaró Lincoln poco después de tragar-. Tuve que creerme que el jarabe me provoca urticaria y voz ronca… bueno, más ronca. Lo suficiente para que pudiera engañar al médico local.

-¿Y no les dijiste que solo no te gusta sobre los panqueques?

-Me habrían expulsado y prohibido la entrada por unos tres años -respondió Lincoln-. ¿Tienes idea de lo tonto que me habría visto volviendo solo en el ferry?

-No -respondió escueta Leni, dando una mordida a una papa frita.

-Seguro que Lori me dejaría de hablar, mis amigos no se habrían separado y quizás no habría tenido novia.

-Ella como que no te puede mandar -razonó Leni, girando entre sus dedos la papa inacabada-. Digo, es nuestra hermana, pero no puede mandarte mucho o algo así.

-Vivo con ella, son sus reglas.

-¡Y siempre ha sido así si no estaban mamá y papá! -exclamó un tanto airada Leni.

-No es tan malo en realidad -replicó el peliblanco-. Cada quien tiene sus límites y si necesitamos algo uno del otro, solo tenemos que pedirlo para evitarnos problemas.

-Es casi lo mismo en casa.

-¿No tengo que hacer mucha fila para el baño? -empezó a cuestionar y enlistar Lincoln- ¿O tener que tomar un viaje a cambio de algún favor absurdo? ¿O qué tal ayudarnos si tenemos algún problema?

-Eso es como en casa.

-No, Leni -negó el peliblanco-. Bueno, tal vez sea como antes de irme a Canadá, pero no es nada en realidad salvo por el silencio y la total privacidad.

-¿Y por qué no has venido a vernos? -cuestionó Leni.

-Entre la escuela y una o dos cosas no he podido -dijo Lincoln, encogido de hombros.

-¡Dime la verdad, Lincoln! -exigió Leni, levantándose del asiento.

-Trato de aprender a estacionarme -dijo evasivo el chico con la intención de cambiar el tema-. Puedo conducir, resolver el teórico, pero a la hora de estacionarme no soy tan bueno.

-¿Y no tienes a Lori para eso?

-Ella insiste en que aprenda eso solo.

Definitivamente el Lincoln que Leni había conocido se diluyó mucho en Canadá.

-¡Vaya! Mira la hora -dijo este, una vez terminaron ambos su cena-. ¿No tenías que llegar a casa temprano?

-Dije que tendría turno y medio -advierte Leni-. No soy tan tonta.

-Si tú lo dices

-Podrías venir conmigo y quedarte en casa -expresó la rubia, esperanzada.

-Se me pasó la hora en que puedo llegar -atajó Lincoln, rehusando.

-¿Y qué puede pasar? Además de que Lori se moleste…

-¿Molestarse? Sería el tercer pretzel humano que sufriré… tengo que irme, y gracias por la cena.

Dejando a Leni atrás, se sintió una basura por haberlo hecho y hacerle volver a casa sola.

~o~

Nunca en toda su vida ha estado con el pendiente de no saber qué es de alguien. Teme que, incluso, alguien ya lo hubiesen secuestrado para trabajos forzados, ser reclutado como una especie de mercenario o, inclusive, convertirle en una especie de ciborg maniático con más idea de saber quién es de la que tendría un anciano con Alzheimer.

"Ok, eso fue demasiado tonto", pensó. Deliberadamente había leído una de las novelas de ciencia ficción de una tal Vanessa Matamoros, misma que le dejó con una fuerte aversión a aquellos remedos de seres humanos, piezas de maquinaria homicida perfecta que apenas necesitan comida y descanso para funcionar.

Le es imposible negarlo. La última vez que se vio con sus amigos, Clyde le comentó que Stella se quedó con el viejo teléfono de su hermano un rato hasta que Liam se encargó de enviarlo por accidente, merced de un poco de mantequilla en sus manos, al lecho del río Detroit. Desde entonces, que debía ser la segunda semana de septiembre de 2017, perdió todo contacto con ellos, al no saber sus números y al no contar nadie en redes, con la excepción de Rusty hasta después del segundo fin de semana escolar, momento en el que fue bloqueado por el larguirucho.

Asustada ante la idea de quedarse sola por primera vez desde la noche de la cochera, buscó en su directorio hasta dar con un número que tenía bloqueado por un buen motivo personal hasta hace poco.

-¿Diga?

-¡Clyde! ¡Gracias al cielo! -dijo efusiva Lori, pensando por un segundo que este haya cambiado su número- ¿Sabes algo de Lincoln?

-Lo vi en clases y dijo que iría primero a ver a la entrenadora Hotch antes de… -dijo Clyde, deteniéndose justo antes de decir nada más.

-¿Antes de qué?

-Me pidió que no te lo dijera -negó Clyde, poco después de haberse detenido.

-¿Has sabido algo de él?

-No desde que salimos.

-Bueno, te lo agradezco -dijo desanimada Lori.

-No hay de qué… y me alegra que estén de vuelta -dijo Clyde, despidiéndose antes de colgar.

Es evidente que no puede salir por él. Con el tiempo fresco no quiere pescar un resfriado o contagiarse de algo peor a la larga. Menos aún teniendo el cabello mojado por haberse metido a bañar.

Estuvo a punto de caer dormida en el sofá de la sala -una pieza forrada de algodón color azul ultramar de tres plazas- cuando escuchó la cerradura abrirse. Estando cansada, solo quiere dormir un poco antes de salir a buscar un segundo empleo, este a medio tiempo, a primera hora del día.

Cabeceando, de sueño, apenas y reparó en que el recién llegado no era otro sino Lincoln. ¿A quién más, si no, le daría copia de la llave del departamento?

-Ya llegué -dijo este, anunciándose-. Perdón por la demora, pero me surgió algo.

-¿Eh? -alcanzó a decir Lori, un tanto desorientada.

-Que siento haber llegado tarde.

-Ah, sí, si…

Cosa nada habitual, Lori solo se dejó hacer. En sí, de no ser porque ambos aclaraban en Canadá que eran hermanos, mucha gente los tildaba de ser una especie de amantes fugados desde hace dos años, amigos con beneficios o algo por el estilo, a pesar de que en público la conducta de ambos, por momentos, distaba de ser algo fraterno.

En sí, no tuvo demasiados problemas para acostarla y secarle el cabello, por lo que en cosa de apenas minutos se quedó en interiores y se acostó contra su pecho y de espaldas a ella.

Ya le dirá en la mañana en qué se ocupó toda la tarde. Solo quiere que su hermana no pase por toda esa tensión antes del fin de semana.

~o~

Con la llegada del fin de semana el ambiente se puso más que festivo. Para muchos, el ánimo por la primera fiesta de verdad en mucho tiempo les hizo el día más que tortuoso. ¿Cómo no estarlo? Al menos unas cincuenta personas, casi todos conocidos de Jordan, estarán en casa de esta para compensar el fiasco de lo que fue el último baile escolar hace casi dos años.

En la memoria colectiva quedaba el recuerdo de ello. Lynn Loud había quedado como presidenta del comité organizador del baile de invierno, pero esta se encargó de convertirlo en todo un gimnasio. Desde equipos de entrenamiento de fútbol y balones de todo tipo hasta la decoración, alusiva a los Pistones, Leones, Tigres y Alas Rojas de Detroit, convirtieron una posible noche mágica en una sucursal de un bar deportivo.

Tuvo tan mal resultado que no dudaron en llamar al evento "Fiasco Loud", al grado que la temporada de soccer se arruinó por completo para la escuela a causa de que Lynn fue suspendida tres juegos por atacar a dos estudiantes en pleno juego contra Beaverton al jugarse la eliminatoria regional por exhibir una pancarta con la leyenda "Lynn Fiasco Loud 7-1 Preparatoria Royal Woods".

Ahora, con lo que Clyde considera un "plantel completo", cree que está listo para su primera fiesta en mucho tiempo. Abriendo su casillero, tomó solo los libros que ocuparía en fin de semana para sus tareas, hizo una limpieza más o menos superficial ("limpiaré mejor después del lunes", pensó antes de cerrar y echar el candado) y se encaminó a la salida.

Contó con que Howard no viniera por él. Le dio aviso que iría a casa de Jordan por una tarea de química, pero a su paso no dejó de escuchar comentarios sobre todo lo que se rumoreaba y las conversaciones al respecto.

-¿Vas a ir a casa de Rosato?

-Esa chica jamás me agradó, pero ¡sus fiestas son asombrosas!

-Te apuesto a que esa lesbiana quiere disculparse por la hermana del "nuevo".

-¿Esa perra de Lynn y Rosato? ¡Ojalá que la lunática esa venga a ver cómo se hace una verdadera fiesta!

-¡Bien por ella! Ya nos hacía falta una fiesta.

-¿Crees que le moleste invitar a Chandler? Me quiero anotar unos puntos con él.

-Ojalá que el cretino de Drew tenga mi pasta. No quiero tener que romperle la cara en casa de Jordan.

-¿Sabes si el nuevo vendrá? Ese cabello blanco lo hace ver sexy…

Tal es el entusiasmo que se dejaba sentir sobre la fiesta que, apenas se encuentra a Mollie en puerta principal lo hace mientras está tachando nombres de la mayoría de personas que se apuntaron de último momento.

-… fuera. ¿Trent? ¿Richie? ¿Lance? Entre esos tres es difícil elegir a quién admitir. ¿Chandler? Ni loca.

-Hola, Mollie -saludó Clyde fingiendo desgano antes de sentir un ligero retortijón-, ¿qué haces?

-Tacho nombres de la lista -respondió Mollie, agobiada-. La mamá de Jordan se puso histérica al saber que haríamos una fiesta en su casa, y la única condición que nos dió es que sean menos de treinta personas como máximo.

-¿Y qué hay de ellos?

-Sus vecinos se pusieron de acuerdo para vigilar la casa, ¿qué esperabas? Ahora tengo que enviar invitaciones por Swiftipic y necesito que alguien me ayude.

-Creí que estaba invitado -avanzó Clyde, un poco inseguro.

-No estarás en la lista -repuso Mollie-. No me malentiendas, si estarás allí.

-¿Por qué lo dices? -inquirió el afroamericano.

-La señora Rosato quiere que estés a cargo de nosotras -dijo enfática Mollie-. Ya sabes, que no nos pase nada y que no le pase absolutamente nada a la casa. ¿Tenías planes para mañana?

-Se supone que iría con Chloe a casa de sus padres, pero puedo adelantar eso.

-¿Y hoy?

-Con Liam a pasar la noche, pero debo pasar por un humidificador, un deshumidificador y un mosquitero. Ya sabes… dormir en el granero no es lo que papá considera algo saludable.

-¿Y qué tal Lincoln?

-El lunes es su primer día en Reininger's y no quiere echarlo a perder.

-¡Qué lástima! -lamentó Mollie- Él está en la lista de invitados.

Dejando a la chica de vuelta en lo suyo, no tomó el autobús que lo deja a una calle de su casa o el escolar, sino el de la ruta de la salida a Pontiac. Según lo que le comentó Lori, esa es la ruta que sigue Lincoln para ir al edificio de departamentos donde ambos hermanos viven.

El camino resulta ser algo accidentado. El nuevo alcalde, a su juicio, es de las personas peor administradas que ha visto, al grado de cambiar el lema de la ciudad, "Le cœur des Grands Lacs", al más que genérico "La mejor ciudad para vivir". Apenas llegó, se desviaron fondos para -según las malas lenguas- empezar la remodelación de la estación del ferry y justificar con ello que estrenó un Bugatti de modelo limitado a no más de cien unidades en el mundo; las obras que la alcaldesa Davis dejó pendientes por la contingencia en las salidas a Pontiac, Warren y Toledo sencillamente se abandonaron y se dio prioridad a las "remodelaciones", clásica fachada para dar pie a una fama más que intachable a primera vista.

En cuanto llegó a la dirección que le dieran, decidió entrar sin pensarlo. El portero, un sujeto asiático en sus sesenta inviernos, lo recibió con un humor bastante agrio, cosa que a él no le sorprende en lo absoluto. Considerando el trato inicial que recibió la población de origen asiático oriental el año pasado, es natural que la cortesía quedara de más por parte del susodicho.

-¿A quién busca? -preguntó el portero, habiendo avanzado ya unos metros hacia las escaleras.

-Busco a Lincoln y Lori Loud -responde Clyde, ofuscado por el trato-. ¿Puede decirme si viven aquí?

-No lo sé… tú dime.

Con acritud, el portero solo se hizo a un lado, mascando una retahíla de insultos por ver huellas en el inmaculado piso del vestíbulo.

Subir a un cuarto piso es un esfuerzo que nunca ha afrontado. Por mucho, lo más que ha subido en su vida es la azotea de la secundaria un par de veces, buscando a Stella para convencerle de tranquilizarse hace justo cuatro años y ajustando el cartel del baile de invierno, el primero después de la mudanza de esta y de una pelea fuerte con Liam y Zach sobre Rusty. Ambos a no más de tres pisos del suelo, gracias a la paranoia de Howard por creer que ello detonará aún más su acrofobia desde el incidente de la rampa de esquí abandonada.

De nuevo echó una ojeada a la dirección que le diera. La salida a Pontiac sobre la 25ta Oeste, departamento 4-D, perilla de latón y placa con la inscripción "Loud" en altorrelieve.

Sintiendo un último impulso por dar la vuelta e irse, sopesó sus posibilidades. Siempre cabe la probabilidad de que se descontrole como antes al ver o escuchar a Lori pese a tener novia. No quiere tener que lavar la alfombra o el piso si tiene un incidente nasal o ser arrastrado a alguna habitación fuera del alcance de la rubia. Todo pintaba para el peor escenario posible.

-Hola, Clyde -saludó Lori, afable al tiempo que lo abraza.

Si esperaba un colapso que lo desangrase o lo mande al suelo, se llevó una sorpresa al bloquear eso. Hace meses que él y Chloe se escaparon del encierro al que este fue movido para tener algo de intimidad, por lo que imaginarse el cuerpo femenino desnudo ya no es mucho problema, y por como se desarrolló su novia en ese aspecto imaginar las formas de Lori dejó de interesarle.

Verla vestida en esa bata antes lo habría provocado y sobrecargado. Hoy… definitivamente ya no hay lugar para eso. Sabe lo que es ser fiel a pesar de las tentaciones.

-Ho-hola… Lori -saluda nervioso Clyde.

-¿Vas a quedarte así o vas a pasar? -invita Lori, aún con el cabello mojado y sin recoger.

-Ajá, c-claro -titubeó Clyde.

Si esperaba encontrarse con algo razonable, se llevó una ligera decepción. Algunos muebles variados entre madera y aglomerado, un pequeño televisor de treinta y dos pulgadas y un reproductor de DVD y Blu-ray, además de una mesa pequeña, una consola de media gama y algunos retratos de la familia -con evidentes ediciones, ya que no aparecen Leni y Luna- conforman el mobiliario actual.

-No queríamos traer todo de Canadá -aclaró Lori.

-¿Todo?

-Había algunos muebles que compramos allá -añade significativa la rubia-, pero eran muy pesados, y los de la mudanza ya tendrían demasiados problemas por tener que cargar y descargar en la frontera. Vamos, ¿por qué no te sirves algo y tomas asiento mientras me cambio?

-¿Sabes si ya llegó Lincoln? -preguntó Clyde, quedando sin respuesta.

Sentándose en el sofá (junto con el sillón, también forrado en algodón azul), se siente algo cómodo. No es como el viejo sofá en la casa Loud o el de su casa, cubierto de cuero plástico. Sin manchas -algo inusual, conociendo a dicha familia-, pelo de animales, restos de comida ni suciedad… quizá el cambio de aires para ambos no fue tan malo como pensó en los primeros meses.

Las cosas, tal y como las está juzgando, el que los dos se separaran del núcleo familiar puede significar dos cosas. Necesitaron tiempo para digerir sus respectivas situaciones. Estuvo al tanto de la pelea que orilló a Lori a dejar pendientes sus estudios y a buscar cierta independencia del núcleo familiar.

A diferencia de tiempo atrás, no se siente con la confianza de hacer lo primero que se le ofrece, en especial siendo Lori quien se lo ofreció. Antes habría titubeado y se habría desmayado, pero en su estado actual es más que evidente el hecho de que su relación respecto a ella se enfrió lo suficiente para ya no buscar nada con ella.

Lincoln llegó al departamento casi una hora más tarde. Al parecer, se había desviado del camino para ir por comestibles, hecho que se confirmó por el par de cajas que tenía en los brazos. Para entonces, Clyde ya estaba dormido y Lori, a pesar de saber que es de mala educación dormirse durante una visita, lo dejó estar.

-Lamento el retraso -anunció Lincoln al entrar-. No tardo con la cena...

-Vinieron a buscarte -respondió Lori, todavía con el cabello mojado y con una polera celeste encima.

-¿Ah, si?

-Clyde se quedó esperando en el sofá -añadió Lori, señalando al mueble.

En cuanto esta se retiró, Lincoln solo se sentó en uno de los brazos. No es un lugar cómodo, pero la posición le da una idea.

Humedeciendo el tramo entre los dedos índice y pulgar con un poco de saliva, el peliblanco movió estos a modo de que parecieran labios bastante juguetones. Con algo de paciencia, se aplico para darle cierto realismo. Nada como repetir el juego que Pansy disfrutaba practicar con él para jugarle una pequeña broma.

-Mmm… -dijo Clyde entre sueños-… Que rico, Emma. Así, sigue con Chloe…

"Oh, viejo -pensó escandalizado Lincoln-, ¡fantaseas con tu novia y su amiga!"

-Clyde -llamo Lincoln, agudizando su voz-, soy tu conciencia.

-Ajá…

-Ahora abre los ojos -ordena Lincoln, acercando su rostro al de Clyde- y grita como loco.

Haciendo caso omiso, Clyde solo giró su cuerpo de cara al respaldo, por lo que Lincoln tomó medidas extremas, aumentando el ritmo de las "lamidas".

El chico de color, a punto de despertar, volvió a girarse, cayendo en el acto y desatando la risa de Lincoln.

-Debiste de ver tu cara, viejo -dijo riendo este, continuando con el gesto.

-La misma basura que le he soportado a Chandler y la encuentro aquí -replicó Clyde, tomando sus lentes para hacerles un análisis rápido.

-Perdona, Clyde. Es solo… es solo que parecías tan tierno que no pude evitarlo, ¿eh?

-Te volviste un matón en Canadá, ¿verdad?

-Solo quise recordar un poco a Pansy -dijo Lincoln, mirando un poco al techo-. Ella y yo nos hacíamos eso mismo.

-Lincoln… -reprochó Clyde.

-No, no me volví un matón -responde Lincoln-. Allá son menos tolerantes. ¿Te imaginas qué habrá ido de Chandler si él se hubiera ido de intercambio a Canadá?

-He soñado con eso desde la secundaria -dijo Clyde de mala gana-. Por cierto, vine a hablar contigo.

-¿De qué?

-Vine aquí antes de ir a casa de Liam a pasar la noche.

-¿Tu papá está de acuerdo? -preguntó Lincoln.

-No, pero me dejó ir. Siempre y cuando no me acerque a ningún animal. Ya sabes, riesgo de contagios. Y hay algo más.

-¿Qué?

-Mollie quiere que vayas a la fiesta en casa de Jordan como chaperón -responde el afroamericano, mintiendo a medias.

-¿Una fiesta? Creí que no habría una hasta dentro de cinco meses.

-Dijeron que sólo entrarán unas cuantas personas.

-Yo lo pensaría dos veces antes de salir el sábado por la noche -terció Lori, ya por completo vestida para cubrir su medio turno.

-No es lo que piensas -excusó Clyde.

-Chicos, se que quieren divertirse, pero no quiero que pasen un mal rato -intervino de nuevo Lori-. No en una fiesta.

-¡Vamos, Lori! Piensa -razonó Lincoln-. ¿Qué crees que diría si estuvieras en mi lugar, yendo como un chaperón o algo así?

La expresión de duda en la cara de Lori refleja lo que está pensando. No es que echara en falta una fiesta en toda regla, pero la última vez que pasó por una estuvo en cuarentena de dos semanas por un contagio masivo por Covid-19 del que se salvó apenas. Sin apenas comunicación, estuvo a punto de volverse loca.

-¿Qué harías en mi lugar? -reiteró Lincoln, suplicante.

-No irás de ninguna manera -sentenció Lori.

.

-¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo! -animó Lori, lo suficientemente bebida para estar de humor festivo.

Frente a ella y en medio de la multitud de no más de treinta personas a coro, Lincoln tenía en las manos un embudo y una manguera que conecta este a su boca, dejando correr por su cuello un río de cerveza que parecía no tener fin.

Con un gesto triunfante, el peliblanco vacío el artilugio casi hasta la última gota. Hace mucho que no se sentía tan bien, aunque ambos hermanos pasaron por alto que él jamás había bebido una gota de alcohol en su vida.

Al fondo, Artie y Clyde no parecían tan de buen humor. Por mero tecnicismo, ambos no pueden beber nada, pero el que Howard se presentara de última hora junto a la señora Dombrowski -una mujer de cabello color chocolate un tanto disoluta en su vida privada pero recelosa sobre su familia- solo lo volvió más incómodo.

-¿Tienes la tarea para Vickers el lunes? -preguntó Artie.

-La terminé anoche en casa de Liam -confesó Clyde-, pero todavía necesito revisar mis apuntes.

-Y… ¿qué dice Loud? -cuestionó el castaño, viendo sobre la escalera a Mollie y a Lincoln camino a la planta alta.

-¿Perdón?

-¿Todo está bien entre ustedes? -preguntó Artie.

-¿De qué hablas? -respondió Clyde.

-No te hagas el que no sabe -dijo Artie, haciéndose el bonachón-. Dicen en las regaderas que empezaste a salir con él.

-Es cosa de Chandler, ¿qué esperabas? -dijo el afroamericano, visiblemente ofendido- Ha estado sobre mi desde la secundaria.

-Todavía no puedo creer que Joy me dejó por ese imbécil hace tres años -dijo resentido el castaño, mirando al techo y suspirando.

-La doctora López me decía que me distrajera con alguna actividad después de que Lincoln se fue -recomendó Clyde-. Podrías ir a nadar, para variar.

-Jordan puso la lona en la piscina cuando llegué -lamentó Artie-. Dijo que su mamá se la puso fuera de los límites esta vez.

-¿Y por qué no vas con Cookie? -planteó Clyde, señalando a la repostera entre la multitud.

-Me dijo que ningún chico era su tipo -respondió Artie-, y es mejor así. No quiere terminar como Joy en cuanto Drew pasó por ella.

La sola mención al proveedor de la banda de Rusty le hizo ensombrecer la mirada. Por él, ambos dejaron de ser amigos, y la mala fama que el chico cargaba desde que su familia se mudó desde New Haven solo hace más patente su desprecio hacia él. Impotente, pero desprecio al fin y al cabo.

Dando por terminada la charla, Clyde vio a Howard dormido. No era algo que él quisiera, pero entre él y la madre de Artie lo cargaron hasta la minivan.

-Lincoln -llamó Clyde, una vez que se sacó de encima a aquella mujer-, debemos irnos.

-No te haría caso ahora -dijo tras él Jordan.

-¿Por qué dices eso?

-Porque uno, se suponía que su hermana se coló diciendo que era su chaperona -respondió la anfitriona-; y dos, está en mi cuarto con Mo...

Jordan tuvo que quedarse con la palabra en la boca, pues bajando por la escalera Mollie luce su blusa de cuello en v sucia de vómito, soltando maldiciones a destajo.

-¿Qué rayos pasó? -preguntó sorprendida Jordan.

-Lori Loud, eso fue lo que pasó -acusó Mollie-. ¿Qué se cree esa… esa loca?

-Se supone que vino porque no quería que Lincoln se metiera en problemas -respondió Clyde-. Aún lo ve como un niño.

-Pensé que vomitó sobre ti -dijo un tanto asqueada Jordan.

-¡Lo hizo por culpa de esa perra! -sentenció Mollie, dejando a la pareja y yendo al cuarto de lavado.

-Eso suena asqueroso -dijo pensativa Jordan.

-Y no estuviste en medio de un resfrío en su casa -remató Clyde.

-Iré a ver qué pasó con Lincoln, ¿vienes?

Sin rehusar a ver lo que podrían estar haciendo, Clyde sigue a Jordan a la planta alta, ignorando un fuerte golpeteo a la puerta. La casa, si bien está amueblada con cierto lujo y adornada con pequeños cuadros de la familia Rosato en una finca que -piensa- está en algún lugar en el centro del estado, no parece nada de lo que él no viera en su propio hogar.

En la habitación de la chica, encontraron a ambos hermanos, bebiendo ambos de una botella de ron blanco a tragos y riendo de estupideces que se decían entre sí. Sin más opciones, el afroamericano decidió intervenir. La pieza, equipada con un clóset, cama individual con ropa de cama aguamarina, un escritorio y un puf con un escudo pintado con la efigie de un hombre montado en un burro alado azul sobre campo amarillo, no luce muy distinto de lo que una chica popular disfrutaría fuera del soccer.

-¡Oigan! -llamó- Ni una… -dijo tomando la botella por el culo-… más.

-¡Eres una abu…! Abu… -balbuceó Lori, dudando demasiado de lo que estaba viendo.

-Eso es mío -secundó Lincoln con voz pastosa.

-Mejor váyanse a dormir -ordenó Jordan, molesta-. Clyde, ayúdame con Lincoln. Se va al cuarto de invitados.

-Ahí vamos de nuevo -maldice de nuevo el aludido, al tiempo que Artie hacía su aparición en la entrada.

-¡Lo siento de verdad, Jordan! De veras lo siento, ¡tus vecinos nos van a matar! -dijo alarmado Artie.

-¿Por qué dices eso? -cuestionó la chica.

-¡Vino toda la escuela! -respondió el castaño.

-¡¿Qué?!

Tomando a Jordan por uno de los tirantes de la blusa, Artie empujó a Clyde y la llevó a la cima de la escalera para mostrarle el caos en que su casa se había convertido, olvidándose por completo de separar a ambos hermanos.

De no más de treinta personas, ahora la casa luce invadida por al menos doscientas más, entre estudiantes de las preparatorias de Royal Woods, Tomball y Daisy Hill, así como dos colados que reconoció como el par de idiotas que causaron destrozos en Halloween hace cinco años sobre la avenida Franklin.

-¡Excelente fiesta, Jordan! -dijo Chandler desde la sala nada más verla.

Las ovaciones de la concurrencia que se invitó sola no se dejaron esperar. Por un lado, sintió la habitual complacencia de quienes organizan una fiesta exitosa, pero por el otro pensó en una vecina de su tía Sofia, quien fue detenida por casarse en el pico de contagios por Covid de la segunda oleada en Padua.

Resignada, fue a su habitación. Si las autoridades intervienen, bien por ella. Ya le rendirá cuentas a sus padres por el desastre que le dejen o, al escuchar la puerta trasera romperse, por los destrozos que algunos de los colados dejaron.

No le interesa que su habitación apeste a una taberna medieval, si la idea le sirve. Si puede dormir, ya lo verá como una pequeña ganancia contra toda la destrucción.

~o~

28 de marzo de 2021,

2do. Domingo de Ramos de la pandemia

Es algo obvio. Desde que en todo el mundo cada gobierno ordenó cierres en mayor o menor medida parciales, ha habido escepticismo y desprecio. Cientos de fiestas clandestinas de han realizado, llegando al extremo de repeler a las fuerzas policiales locales. ¿El pretexto? No existe el coronavirus. La gente lo tomó a fraude, incluso cuando ya tenían familiares agonizantes por Covid-19.

Si bien en las temporadas festivas se nos llamó a no hacer reuniones, lo cierto es que muchas personas no quisieron escuchar. Ya vimos en diciembre qué pasó.

Antes de responder a las reviews, les digo. Está bien si vienen a construir. Está bien si vienen a criticar sin colaborar ni retroalimentar. ¿Qué no está bien? Hacerse los chistositos y venir a insultar a la brava. Una sola, y se ganan un bananeo inmediato.

J0nas Nagera, tu preocupación es loable. Se compensó una actitud cretina, las ranas ya valieron de momento... pero la vida sigue. Supongo que la juerga que se montaron aquellas y el primer contacto Linc-Leni no bastaron. Al cierre, solo diré que ya empecé ese punto que lamentas, y el destino, me permito un ligero spoiler, es muy achocolatado... una pena, porque las cosas serán 90% amargas y 100% libres de Lori en ese sentido. Disfruta el semáforo verde mientras puedas hacerlo.

andres888, au contraire, amigo mío. Cada arco tiene sus transiciones, pero hay cosas que van a chocar de frente y serán un vendaval... y sí, Helmsley es un hijo de puta. Un brindis por la entrenadora Hotch.

QuienTúSabes, tu actitud destructiva e insultante no será tolerada. Dicho en perfecto mexicano, ve y chinga tu madre, pendejo. Si te hice algo, no fue intencional, pero no diste oportunidad a discutirlo.

No olviden la máscara al salir.

Sigan sintonizados...

Sam the Stormbringer