Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Treinta y siete

Mi proceso cuando consigo un nuevo trabajo es muy simple.

Recopilar información. Seducir. Matar.

Me doy alrededor de un mes para ver a mi nueva víctima. Aprendo sus rutinas, sus hábitos de gasto, quién los extrañaría, cualquier responsabilidad que puedan tener y que deba cubrir cuando ya no estén.

La parte de la seducción es fácil. Especialmente con el tipo de hombres que cazo. No es necesario, pero es una forma de acercarme a ellos sin que sospechen. No siempre tiene que ser una cita. Por lo general, es solo coqueteo en un bar. Pero me ayuda a entrar, así que no están confundidos cuando llego a su puerta. Entonces van conmigo al lugar donde darán su último aliento sin pelear.

Los hombres harán cualquier cosa si creen que van a mojar la polla.

¿Y la matanza? Bueno... ese es mi pequeño secreto especial.

Cuando digo que mi nueva víctima cayó en mi regazo, lo digo en serio.

Salí con un amigo al que no había visto en años, vestida a la perfección con un vestido azul que me quedaba ajustado y con el pelo en largas ondas, cuando un camarero me tiró una bandeja de bebidas en el regazo y me empapó de pegajosas dulces bebidas alcohólicas.

El problema no llegó hasta que mis ojos se encontraron con el hombre que causó el accidente.

Un hombre que era tan hermoso que apenas parecía un hombre.

Y el fuego me llenó al instante. Una mezcla de frustración por la situación actual, vergüenza por el estado en el que me encontraba, y enojo por esta persona que tuvo la audacia de lucir así cuando necesitaba matarlo.

Lo siento mucho ―apresuró, su voz cálida y seductora―, no suelo ser torpe. ¿Sería demasiado cursi decir que eres tan hermosa que tropecé conmigo mismo?

Sí. Sí lo sería. ―No escondí mi ira, y físicamente se encogió un poco ante lo mordaz de mi tono.

Realmente. Lo siento. Déjame compensarte ―suplicó, agarrando una servilleta de lino entre sus dedos para tendérmela.

Se la arrebaté, pasándomela por el pecho y fulminándolo con la mirada cuando levantó las manos en fingida rendición.

Creo que me debes al menos eso.

El hijo de puta tiene suerte de que sea el siguiente en mi lista.