Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Vínculos
VIII
Reclamos y ginger ale
Royal Woods, Michigan
14 de octubre de 2021
5:23 am
La habitación de Leni Loud
Las pesadillas que tuvo a raíz de su encuentro con Lori en el restaurante han tenido una constante. No era uno de esos malos sueños en los que un monstruo o alguna persona repulsiva le persigue, ni situaciones en las que se ve destrozada en cualesquier forma posible, sino que tenía los ojos azules de Lori tornándose rojos.
Tal visión se le antoja más propia de una película de terror. Acordarse de la primera vez que vio Gremlins 2 con Luna, por ejemplo, terminó con la ropa mojada porque no podía creer que cositas tan tiernas que salieron de mojar a Gizmo pudieran ser malvadas y volverse seres babosos y horribles de ver. La primera temporada de Walking Ned con Lynn, por el otro lado, la tuvo yendo al consultorio de la doctora López hasta que nacieron las gemelas, momento en el que ya no pudieron permitirse mas que al psicólogo escolar, y entre menos hable de los aliens de los juegos de Lincoln, mejor que mejor.
Empero, haber visto a Lori así, todavía con ese resentimiento a flor de piel, la dejó sin palabras. No había pensado en la posibilidad de que su hermana mayor siguiera sin perdonarle absolutamente nada.
En el baño, aprovechó que apenas iban a dar las seis para darse un baño largo. No se siente sucia, sino que busca relajarse de algo tan escabroso como esa pesadilla.
Vaya forma de empezar su día de descanso… o lo sería, de no ser porque recibió una llamada de la señora Carmichael pidiendo que aplazara su descanso esta semana.
~o~
No tardó mucho en saberse.
Es más que obvio que Lincoln no irá a la escuela. Luego del bochornoso incidente en el restaurante, Lori tuvo que aguantar casi dos horas de insultos al teléfono con el padre de la presunta novia de su hermano. Ahora, ante sí, tiene a la señora Nordberg, vestida casi de un azul rey un tanto deslavado y con el semblante contenido, casi destilando rabia, al lado de su hija.
De su lado, Lincoln se siente más bien como una suerte de condenado a muerte. Rita -al lado del chico y frente a su padre, vestida con una falda que siempre odió y un suéter que no usaba desde hace años- no se veía nada complacida.
-Lamento mucho que mi esposo no haya podido venir -dijo Helen Nordberg, torciendo un poco la nariz como si oliera un baño portátil-. Él tuvo que… atender un asunto personal -añade, recordando que este ya estaba cargando su escopeta cuando salió.
-No hay problema -disculpa Lynn, de pie antes de dirigir una mirada significativa a Lincoln-. En tanto mi hijo no haya pasado de ciertos límites.
Lori podía hacerse una idea de lo que estaba pasando. Bobby le comentó la última vez que vino que hace dos años su madre encontró a Ronnie Anne con un chico de su clase, un pobre idiota e imán de desgracias llamado Laird, en pleno arrumaco con la falda levantada y la pantaleta brillando por su ausencia mientras él lamía su pecho a medio desnudar. Terminó con ella trabajando a tiempo completo con Carlota como su sujeto de pruebas hasta que cumplió los quince.
Intenta evitar sentirse incómoda, pero con alguien tan devota como la señora Nordberg esa sensación es una regla general si no quiere tener que esperar mucho tiempo.
-Cuando su mujer llamó a mitad de la sesión de mi grupo de lectura, quiso hacerme creer que ese pequeño truhan estaba siendo víctima de mi hija -describió Helen, apretando los puños-. Mi Mollie jamás es capaz de hacer algo así.
-Pero señora Nordberg -intervino Lincoln, recibiendo por respuesta un fuerte apretón en el brazo de parte de su madre-, yo solo…
-¡Lincoln! -espetó Lynn, conteniendo su molestia-. Luego tú y yo hablaremos de esto. ¿Y cómo podría no querer aprovecharse, si mi hijo estaba golpeado cuando lo llevaron a mi casa?
-¿Ahora viene a echarme en cara una lección de moral? -descargó Helen, amagando con levantarse de su asiento-. Carly Miller me contó que Mollie salió corriendo como loca de ese antro de depravación que es su casa.
-Esa mujer es una chismosa cuando le conviene -expresó Rita.
-Como la vez que desapareció mi receta de la pizza deconstruida y en un mes todas las pizzerías en diez condados juraban y perjuraban que ellos eran los creadores -externó molesto Lynn, recordando que en muchos de esos lugares él estaba en la lista negra por ese motivo.
-Puedo comprender que su vástago está en plena pubertad, pero eso no es excusa para que desee aprovecharse de mi niña.
-Mamá, yo… -dijo apresurada Mollie.
-Mollie, las buenas mujeres no hablan si no se les pide -sostuvo Helen, a punto de romper su calma.
Por al menos media hora, ambas familias discutieron. Sin que Lincoln pudiera esgrimir nada en su defensa, intentó una vez más intervenir, pero Lori había recibido la instrucción de llevarlo a su habitación en cuanto él dijera algo.
El mutismo de Lincoln se le hace incomprensible. Las tres primeras semanas de su noviazgo con Bobby habían sido poco menos que desastrosas para sus calificaciones. El nerviosismo había hecho mella incluso cuando, para tratar de remediarlo, decidió presentarlo a la familia de una vez por todas.
Su situación, no obstante, es muy diferente. Bobby fue el primer y hasta ahora único novio que le conocen, mientras que Mollie vendría siendo ya la tercera de Lincoln. Reconoce que la chica tiene estilo, pero haber querido llevarlo a la planta alta de la casa de esa chica durante la fiesta fue demasiado arriesgado. Incluso el que ella se quisiera aprovechar de la inconsciencia de su hermano es mucho más verosímil que la versión que aquella mujer vino a clamar.
Más por vergüenza, Lori no cruzó palabra con Lincoln. Esperó, incómoda, hasta que se escuchó el sonido de la cerradura abriéndose.
-Lincoln, ve con tu mamá al auto -ordenó Lynn sr, molesto-. Vuelves con nosotros.
-¿Qué? -preguntó indignado Lincoln.
-Eres el último que debería abrir la boca -espetó Lynn-. Y tú, Lori. Se suponía que cuidarías que tu hermano no se metiera en problemas. ¿Así es como lo haces? ¿Dejando que se meta con cualquiera?
-No fue mi culpa que esa rara se metiera donde no lo invitaron -respondió Lori.
-Aprecio que quieras cubrirlo, Lori, pero su última "conquista" -expuso el padre de familia- resulta tener padres muy protectores -se dirige a Lincoln de nuevo-. ¿Sabes lo que te espera si te metes con ella?
-Para lo mucho que me importa -dijo desafiante Lincoln.
-¿Disculpa?
Si algo puede servir para comparar lo tenso de la situación, ese algo puede ser un cuchillo cortando un hilo de acero muy delgado. Un cuchillo terriblemente afilado cortando un hilo de acero a nada de fundirse.
-Que me importa un bledo lo que me diga tu vecina -continuó Lincoln con todo descaro-. Lo último que supe antes de saber que Mollie estaba besándome fue que vi a…
-¡No me interesa qué viste antes! -reprochó Lynn, estallando- Ahora, sube a Vanzilla. Ya.
-No.
-Único aviso, niño -advirtió Lynn dando un ultimátum-. O subes a Vanzilla o subes a Vanzilla.
-¿Y tener que regresar a casa en peores condiciones de lo que ya estaba esa tarde?
-Por lo menos escúchalo -exhortó Lori.
-¡Por fin alguien racional! -agradece el chico, algo sardónico.
-¿De menos quieres saber en qué se metió para terminar aquí y ahora? -continuó Lori, pese a la negativa de su padre a escuchar- ¡Intentó proteger a Lucy de un matón! ¡Hizo lo posible para que no molestaran a Lucy y a una amiga suya! ¡Terminó golpeado por proteger a su hermana, a mi hermana! ¿No le vas a aceptar eso?
-Toma tus cosas -ordenó contundente Lynn. Lincoln solo fue a su habitación- ¡No me dejes hablando solo!
-¡Te dejé hablando solo cuando no me quisiste creer! -respondió Lincoln antes de azotar su puerta.
Maldiciendo a destajo, Lynn decidió bajar a darle a Rita la mala noticia. Lori, por su lado, se sentó en el piso, recargándose contra la puerta.
-Avísame cuando quieras salir -dijo comprensiva Lori. Lincoln no responde-. A eso se le llama pubertad, Linc. A muchos jamás se les pasa.
Más silencio.
-Escucha. Voy a pedir el día libre, aunque será una suerte si papá no me despide. Prepararé chocolate caliente para los dos y veremos una película. Tú eliges.
Lo que Lori desconoce es que Lincoln tomó sus audífonos, los conectó al teléfono y puso música, ignorando deliberadamente la oferta de Lori.
.
Una vez abajo, Rita ya esperaba a Lynn. Evidentemente esa discusión no le sentó para nada bien a ella por llevar el peso de la inútil defensa.
Desde que llegaron los Miller, Rita no se sentía a gusto. Dos semanas en el vecindario y un feroz ánimo que terminó por prohibir las cerezas en casa fueron suficientes para que ambas familias se enemistaran. Así, por ejemplo, fue como se divulgó la receta de la pizza deconstruida o algunos hábitos bastante más serios de los Loud de lo que Lincoln había registrado en video años atrás.
-No pude convencerlo -suspiró Lynn, un tanto hipócrita.
-Con esos gritos entre ustedes, ¿y quién no? -cuestionó Rita, quien había bajado antes de la discusión padre-hijo.
-Amor, Lincoln está muy cambiado -continuó Lynn-. No me ha tenido respeto, no quiere ni verme, ¡rayos! Habría preferido mil veces a que Lori y Leni dejaran de pelear por esa universidad.
-¿Y qué esperabas? Es lo que Lori quería -respondió Rita-. Sigo sin entender qué rayos pasó para que no quiera saber nada de Leni, pero siendo sincera es mejor que pagar cuatro universidades.
-¿Y qué me dices de Lj?
-Ella está becada.
-La beca no incluye transporte -gruñó Lynn.
-Porque Lynn lo paga de ahí -remarcó Rita-. No es por nada, pero ¿qué piensas hacer?
Lynn no puede ni quiere digerirlo, dejando a Rita sin respuesta. Se cuestiona si en verdad fue una buena decisión dejar que Lincoln cursara la secundaria y los primeros semestres de preparatoria en Canadá y Lori se hiciera cargo de él.
Sabe de sobra que el motivo que orilló a su hijo a tomar ese cambio fue, y así lo piensa, una absurda rabieta por no haberse inscrito en la clase de una maestra que le parece demasiado relajada con quien Leni. Luna y Luan no han tenido buenos resultados. Apenas y tiene derecho a juzgarlo, pero recordó mientras dejaba a Rita en el consultorio del doctor Feinstein que, a las dos semanas, ya estaba lamentando que no uno sino dos hijos, su primogénita y su único chico, estuvieran lejos, y más todavía que las cosas entre sus dos hijas mayores se recrudecieran en Great Lakes City.
~o~
Con el timbre dando final al día, quedó claro que las clases fueron de nuevo un asco. Aunque agradece que faltase a las últimas dos horas, lo cierto es que en los descansos la tuvo encima. Evitó verse con Liam. Por lo que pudo imaginarse, el chico bien pudo tener un día ajetreado, y lo último que quiere hoy es ser una molestia. No vio la camioneta. Eso es bueno, porque se le antoja ir a pie.
No ha visto a Lincoln en todo el día. Le preocupa que le haya pasado algo, pero hace rato le quedó claro, de la peor manera, que los asuntos de la gente que le es cercana no siempre le deberían de importar. Apenas en la mañana habló con Mollie, pero esta se mostró demasiado evasiva, ocultando en lo posible una marca roja en la cara; Trent lo hizo a un lado apenas se viera con Richie para ir con Lance hace apenas unos minutos para ir a casa de este; y Chloe ni siquiera le habló en toda la mañana, siendo Emma quien le dijo que estaba en sus días y olvidó comprar toallas sanitarias.
Concentrado en sus pensamientos, sus pasos lo llevaron de forma involuntaria a la tienda de Flip. El establecimiento, por extraño que parezca, estaba mucho más reluciente respecto de la última vez que viniera. En la última semana escuchó que algo había pasado con el dueño que, por casi un mes, estuviera abandonado. Ahora, en cambio, luce como si lo acabaran de inaugurar.
No le gusta como se ve. El encargado, si no es que un nuevo empleado, es aquél matón que en su momento les hizo la vida imposible a él, Zach, Liam y Stella, Sanderson o como fuera que se llame. Su piel había palidecido bastante, y contra toda convención racional del momento, no usa máscara. Se encuentra fumando un cigarrillo junto a los contenedores de basura, sin darle importancia ni cuidado a nada.
"No se esfuerza en buscar nuevo personal, ¿verdad?", pensó antes de dar media vuelta.
En el recorrido que lo llevó de nuevo a casa, sintió vibraciones en el bolsillo. Atendiendo al teléfono, quien le llama es Leni.
-¿Hola?
-Hola, Clyde -saluda efusiva Leni-. Oye, ¿no has visto a Lincoln?
-No ha ido a la escuela, si a eso te refieres -respondió Clyde, un poco temeroso.
-La señora Carmichael trató de llamarlo -continuó Leni, algo desubicada-. Dice que una mujer vino muy molesta a reclamar por qué tenía trabajando a un abusador sexual junto con su hija, y las opciones que tenía eran despedirlo o que ella se fuera.
-¿Y qué pasó?
-Este, bueno… dicho eso… -titubea Leni.
-Solo respira profundo y suéltalo.
-Lincolnsequedosintrabajo -dijo Leni, patinando la lengua.
-¡Habla claro, por favor! -pidió Clyde, algo desesperado por no tener idea.
-Lincoln… ya no trabajará en Reininger's, a menos que él acepte una orden de alejamiento.
-¿Y quién le haría firmar algo así? -preguntó Clyde, sorprendido por la noticia.
-No lo sé, pero iré a preguntar de cuánto es la orden -responde Leni, dejando escuchar su voz más tenue-. Perdón, señora Carmichael, ¿de cuántas yardas es la orden?
-Unas doscientas veinte, según la madre de Mollie -escucha decir a la gerente de la sucursal.
-Casi doscientas yardas, más o menos -volvió a hablar Leni, ya con su teléfono en mano-. La señora C dijo que es una señora Nordberg.
-¿Doscientas veinte? ¡Eso ya es un abuso! -respondió Clyde, indignado- ¡Hay clases que ambos comparten!
-¿Es en serio?
-Si eso pasa, lo menos que podría pasarle a Lincoln sería que tuviera que cambiar de escuela de nuevo.
-Me dijeron que no tiene de otra -dijo Leni antes de colgar.
.
No le ha gustado dar malas noticias. Si se ve obligada a darlas, lo mejor que puede hacer es dar una buena sonrisa y soltarla como si fuera un comentario cualquiera.
Le preocupa que Lincoln no haya llegado, pero a juzgar por las reacciones que tuvieron sus padres cuando lo encontraron prácticamente siendo abusado -tal y como interpretó lo que esa chica le hacía- comprendió que todo bien podría haberse malinterpretado. Si él lo quiso o no, le es irrelevante.
-¿Aún nada? -preguntó la señora Carmichael.
-Sigue mandándome al buzón de voz -respondió Leni-, y sus amigos no saben nada.
-Si no llega, de todos modos tendrás que decirle que venga el domingo por su último pago -dijo la gerente-. No puedo mentir. Lincoln me agrada, y quizás pudiera ser tu reemplazo cuando le pida a mis supervisor una recomendación para ti, pero es perder a alguien competente o arriesgarme a una demanda, y una demanda por encubrimiento es lo último que quiero.
-Creí que dijo que le desagradaba.
-Dije que no me gustaban algunos de sus métodos, pero si funcionan, son bienvenidos. Y a decir verdad, en el tiempo que ha tenido trabajando aquí le he tenido algo de respeto. Ahora, si no es mucha molestia, necesito que me ayudes con unas formas.
Las siguientes dos horas fueron un calvario. No solo fueron aquellos oficios sobre nuevos embarques, sino que le reportaron un fuerte faltante de mascadas. Algo improbable, ya que esa no era el área de Lincoln sino de Penelope todos los sábados, justo después del día libre de esta, y una anomalía en los número de Mollie, que reportó en su último inventario ochenta pantalones ajustados en exhibición y otros tantos en bodega esta mañana cuando solo había sesenta y ocho en bodega y los mismos ochenta en piso.
Poco antes de salir, ya con la señora Carmichael habiéndose retirado a casa, Mollie entró a la oficina de forma intempestiva.
-Renuncio -dijo esta con pena.
-¿Por qué renuncias? -preguntó Leni, sorprendida.
-No quiero mentir -respondió Mollie-. Escuché tras la puerta hace rato lo que decían y no quiero que Lincoln pierda su trabajo por mi culpa.
Pensativa como pocas veces, Leni decidió confrontar la causa de que su hermano esté a nada de echarlo a perder con sus padres.
-No puedo aceptar tu renuncia -replicó Leni, buscando una excusa-. La semana que viene es la rebaja de aniversario y todos los que no están… comprometidos con problemas personales -dijo, añadiendo "comprometidos con problemas personales" con un dejo de desdén inusual- son necesarios. Fueron instrucciones de la señora Carmichael.
-Yo soy la de los problemas, no Lincoln -objetó Mollie con gravedad bajo la máscara-. Leni, ¿cierto?
-No te vi en la capacitación -alegó la rubia.
-Porque fue Lincoln el que me dio el curso rápido -contraatacó la adolescente-. No sé que tienen en su casa que creen que es un tonto, pero son mis padres los que creen que él es un depredador sexual.
-¡Qué cosas! Porque según lo veo -dijo Leni con molestia-, como que la persona a la que debería echar si pudiera está buscando lo que yo no puedo hacer.
-¿Y por qué no me despides? -retó Mollie.
-Porque no puedo ni quiero hacerlo.
-¿Qué tal que falto tres días?
-Ni lo pienses. No pienses que por aprovecharte de mi hermano te dejaré perder tu trabajo -espetó Leni, contundente.
-¿Cuándo dije que me aproveché de él?
-El día que te sorprendimos cayendo de su cama mientras lo manoseabas.
-¡Porque me gusta desde que supe que regresó de Canadá! ¿Ok? -estalló Mollie por fin- ¡Porque admito que lo traté mal en primaria y ahora se ha vuelto interesante y lindo! ¿Qué no puedo tener nada con él aunque sea sin que mis papás se enteren de que estuve a nada de declararme en una borrachera en casa de Jordan Rosato?
Agitada, Mollie mira fijamente a los ojos de Leni. Por un segundo la vio dudar de sus intenciones de querer hacer algo con ella, pero en vista de que esta cerró los ojos y se llevó las manos a las sienes, esperó a lo que pudiera decirle.
Leni sencillamente no tiene idea de cómo tratar algo como eso. No al menos de cómo tratarlo directamente.
-¿Qué es lo que te gusta de Lincoln? -preguntó Leni, cediendo terreno y dejándose ver vencida.
La sonrisa de la cara de Mollie evidencia lo satisfecha que puede estar.
.
En cuanto Leni le colgó, se dirigió al edificio donde viven Lori, Lincoln y Trent. Ya en el camino, Zach le había enviado un mensaje que leyó estando en el autobús. El contenido era más bien algo que no esperaba saber en realidad, pero añadía que su padre está viendo la forma de sacar a su madre de prisión por allanamiento de morada a una maestra que supuestamente era foco de actividades alienígenas.
Le sorprendió tener al fin algo de Stella. Después de años de romper contacto, tiene su dirección. Por esta, sabe que los Zhau se radican en Pennsylvania. Más aún, su domicilio está a nada menos que diez minutos de un parque temático dedicado al chocolate.
Clyde todavía guarda recuerdos de la visita que la maestra Salter organizó para el grupo cuando cursó el séptimo grado. La fábrica de Hershey's era el sueño que todo diabético tendría por un lugar de pesadilla, pues era tanto y tan variado el chocolate que podían imaginarse que hasta el más amargado podría endulzar su día aunque sea un poco.
Vaya idiota que fue. Tuvo a Stella a tiro de piedra y no se dignó a buscarla por desconocer esa información. Y todo por las diez libras de chocolate semiamargo que a la semana se convirtió en no pocos confites para Chloe, la abuela Gayle y aún los Loud, al menos los que le daban la bienvenida.
Nada más llegó, vio a Trent salir del edificio. Sin perder el tiempo, quiso evitar un poco a Clyde, mas este le dio alcance.
-¿No supiste nada de Lincoln? -preguntó Clyde directamente.
-Le dejé la tarea bajo la ventana de su salida contra incendios -respondió escueto Trent-. No quise hablar con su hermana, pero antes de ir a la escuela escuché pelear a sus papás con la mamá de Mollie y luego con esa bruja que tiene por hermana.
-¿No fue a la escuela hoy?
-No vi salir a nadie -respondió Trent-, pero si te sirve saberlo, creo que tuvo que ver con lo de ayer en La mesa de Lynn. Hubieras visto la cara del casero cuando la señora Nordberg pasó frente a él.
-Trent…
-No me culpes. A ese le encanta meterse con casadas.
Sintiendo ese último comentario como algo insultante, entró al edificio. Desconoce bien a bien los motivos que llevaron a Trent a acercarse más a él y a Liam en detrimento de su relación con Chandler, pero eso le resulta más bien desconcertante. No se dirigió a él de forma tan cortante desde que él y Lance prácticamente escupieron sobre Ace Savvy.
En cuanto llegó, se topó con dos noticias. La primera, Lincoln no había salido hasta hace diez minutos, razón por la que Lori le dijo que él no estaba. La segunda, una discusión que, en palabras de la rubia, casi llegaba a los golpes, de no ser porque Lincoln deliberadamente cortó con ella y se encerró hasta pasadas las cuatro. Por ello, dejó con Lori la dirección que Zach le envió.
~o~
Con dificultad, logró salir por la escalera contra incendios que constituye su patio. Las tres macetas que eran su única decoración en la ventana ya lucen decaídas, producto de una ligera desatención por falta de riego y a la cercanía del invierno, están puestas en su lugar. Ya se acordará de regarlas, pues forma parte de un pequeño proyecto para Biología. No será el más original, pero de ahí y no presentar nada como Rusty o presentar un cerebro de cordero sin explicaciones como Richie, peor es nada.
Habiendo hecho el menor ruido posible para que Lori no se diera cuenta, saltó del primer piso en cuanto el personal de un camión de basura volcó el inmundo contenido de un contenedor. Cayó sobre su trasero, pero al menos sigue teniendo teléfono.
Le tomó más tiempo del esperado dar con la casa de Jordan. Queriendo ponerla al corriente del proyecto que al final reprobó con Penelope -la abrupta interrupción que significó el pleito con Chandler y las molestias que implicó el asunto de los Nordberg fueron lo que les hizo cancelar su tarea-, decidió presentarse por la puerta principal antes de cometer un error estúpido.
Quien lo recibió fue una mujer de cabello castaño crespo y estatura un poco más elevada que su madre. De cara angulosa, lentes rectangulares y usando un suéter abierto verde sobre una camisa azul y jeans, rematado con botas pardas a la pantorrilla y una bufanda de color crema, Amaris Rosato no se ve tan casera como la recordaba.
-¿Quién eres y qué buscas? -preguntó Amaris, sonando cansada.
-Busco a Jordan, no sé si me recuerda -respondió Lincoln.
-He visto a tanta gente en este mes que ya no recuerdo quién es quién -bostezó la mujer antes de continuar-. Como sea, entra… pero límpiate los zapatos. No quiero encontrar con que alguien dejó pestilencia a perro.
Una vez que se explicó y justificó sus razones (gracias a los padres de Mollie, esto le tomó mucho tiempo), le indicaron donde podía encontrar a Jordan. Esta se hallaba en su habitación, sentada sobre su puf y bebiendo con asco un té de raíz de regaliz sin endulzar.
-Si vienes a ponerme al corriente con Mollie -dijo Jordan con voz nasal antes de dar un trago de mala gana-, pierdes tu tiempo. Mollie me dijo que sus papás te hicieron el enemigo público número uno de la ciudad.
-Si así soy como depredador sexual, no quiero imaginarme que pasaría si eres mi presa -replicó irónico Lincoln.
La broma hizo que Jordan riera y escupiera el té. Lincoln no esperaba esa reacción, pues la única ocasión que tuvo de hacerla el padre de Sadie estuvo a nada de romperle una botella en la cabeza en pleno cumpleaños de la Reina de Inglaterra.
-¿Todo está bien allí arriba? -preguntó desde abajo la señora Rosato.
-¡Si, señora! -respondió Lincoln.
-Solo fue un chiste -secundó Jordan.
-En un rato iré por tu taza, Jo.
-¡No me llames así! -protestó Jordan.
-De acuerdo, Jo -insistió risueña Amaris, dejando la conversación para más tarde.
-¿Jo? -preguntó incómodo Lincoln.
-Solo mis amigas o el chico con el que salga me pueden llamar así -respondió Jordan, sonrojada por la pena-. ¿Algo decías de una tarea?
Desde ese segundo, todo el tiempo que estuvieron repasando qué estuvo mal con el proyecto, Jordan tenía en mente otras cosas.
Supo desde horas antes de la fiesta, semanas atrás, que Mollie se había ido enamorando de Lincoln. Y aunque oportunidades no faltaron, decidió no correr riesgos en la escuela. Sobre todo con esa pequeña rata que es Ryan Miller, ese pequeño idiota obsesionado con los duraznos con una particular fascinación por ser un émulo de su padre, agente retirado de la CIA que sentía una manía contra la gente que le agraden las cerezas.
Resultaría gracioso que alguien le echara en cara a Mollie que las cosas entre ambos no podrían haber salido tan torcidas, y que ese alguien fuera nada menos que su propia madre. Por lo que Mollie le enteró horas después, está a nada de ir a casa de una tía en la isla Pelee, en medio del lago Erie, sus padres buscan una orden de restricción contra Lincoln por una distancia que en la escuela es demasiado ridícula y entró en lo que los Nordberg llaman la "alerta de pecado". Es decir, sin amigos, visitas controladas y cronometradas, dejadas y recogidas obligatorias y salidas solo en compañía de su padre.
-… ¿ves por qué pudieron fracasar al comprar un auto? -cuestiona Jordan sentada en la cama, habiendo señalado las desventajas de cada lote de autos usados- En el lote de Todd los descuentos a estudiantes se anulan con la garantía del cambio de neumáticos. En el de Karen no hay auto que no tenga algún defecto, y entre menos hable del lote de Flip, mejor para ti.
-Espera, espera, espera… -interrumpió Lincoln-. ¿Flip tiene un lote de autos usados?
-¡Autos! ¡Ja! -exclamó Jordan- Todos los autos que vende los compra en remates de la policía. Chocados, bajo investigación pendiente o del corralón que no fueron reclamados y estuvieron a punto de ser chatarra. ¿Te contó Artie del auto que compró y se desarmó en plena hora pico el verano pasado?
-No.
-Debiste ver su cara cuando se dio cuenta de que dejó media despensa regada sobre la avenida Franklin -dijo risueña Jordan-. Creyó que Flip le vendió lo mejor que pudo ofrecerle y resultó que estaba saboteado para un intento de asesinato.
-¿Se quedó sin frenos?
-El chasis estaba cortado con una sierra en varios lugares.
-¿Sabes qué dijo cuando pasó?
-Es Artie, ¿qué esperabas? -rió Jordan con ganas- Se lo tomó como una broma de mal gusto.
-Siendo él…
-¿Por qué crees que tiene una cicatriz en el trasero con la forma de Florida? Ahora dice que es propiedad de ese estado.
Riendo con más ganas todavía, Jordan terminó en el suelo. Tal parecía que el asunto principal de la visita de Lincoln quedó en el olvido hasta que el reloj en la sala marcó las nueve en punto.
Le sorprende que quienes no hayan sido tan cercanos a él hayan pasado bastante. Hasta ahora, no tenía idea de que algunos chicos hubiesen tenido situaciones de lo sublime a lo ridículo, pasando por lo infame con tintes un tanto extraños. Así, supo de la mudanza de Erin, aquella chica morena que le tocó compartir la clase de Bolhofner en secundaria con él antes de irse y Chandler a Nuevo México, el pleito de Chandler con Trent por haberle arruinado las cosas con Joy en el octavo grado, la paliza que Richie recibió en sexto por buscar algo con una bravucona de octavo, la férula que Mollie usó por un mal salto en el parque Grand Venture y la paliza que Rusty le dio a Zach antes de que este se mudara por el perfume barato de su casillero, entre otras cosas que no llamaron gran cosa su atención.
Fue precisamente cuando estaban hablando de la declaración que Clyde le hizo a Chloe ya en el séptimo grado que llamaron a la puerta.
-Jordan, es la quinta vez que te llamo a cenar -llamó la señora Rosato al otro lado de la puerta-. ¿Qué están haciendo?
-Estábamos con la tarea de química -mintió Jordan.
-¿Sabes por lo menos hasta donde vive ese chico?
-Cerca de la salida a Pontiac -respondió Lincoln.
-Ya van a dar las nueve y media.
-¡¿Nueve y media?! ¡Mierda! -maldijo Lincoln antes de ver a su teléfono.
Dos docenas de llamadas perdidas con sus correspondientes mensajes, otros tantos de Lori, Leni, la señora Carmichael y Clyde… oficialmente ya puede considerarse hombre muerto en cuanto llegue al departamento.
Con prisas, tomó sus cosas, escribió una dirección y se la entrega a Jordan.
-Esta es mi dirección -explicó Lincoln-. Si necesitas algo, sabrás donde encontrarme.
-¿Y qué hay de Mollie? -interrogó Jordan.
-Si te sientes cómoda, creo que ya tuve suficiente de ella desde que hablé de ella frente a sus padres el otro día.
-No puedo garantizar que ella crea lo contrario.
-¿En serio?
-Ella no bromearía sobre eso -respondió la chica antes de besarlo en la mejilla-. Si quieres, mamá te puede ir a dejar.
-Bueno…
-Podrías tener una buena excusa.
-Con lo que tuve esta mañana ya fue suficiente.
Una vez se despidió, la oferta que Jordan le hizo no duró mucho. Tan solo lo dejaron a dos cuadras, pero eso ya no importaba, estando a pocos metros del edificio.
~o~
Los días pasaron como si nada, mas el ánimo en el departamento no fue precisamente el mismo.
Con su hermano puesto bajo arresto -expresión que Lori había preferido usar en lugar de castigo- y con su empleo más que tenso por la presión de adquirir conservas en masa para Acción de Gracias en el restaurante, Lori tomó la decisión arriesgada de esperar a ese día para ir a la vieja casa.
A pesar de la reacción de sus padres, logró que estos se calmaran. Sin embargo, le permitieron a Lucy y a las gemelas acudir al departamento, siempre y cuando no lleven mascotas, más por un tema de seguridad que muchos verían como paranoia que por miedo a que creyeran que fueran a servirlos en la cena y desaten otra epidemia todavía peor.
Siendo ya el segundo y último sábado de arresto para Lincoln, Lori permitió que este lo diera por terminado y llevara a Lucy al centro comercial por algunas cosas tanto para la escuela (para ambos) como para ratificar que tendrá que buscar otro empleo, dados los hechos ya antes descritos.
Ni bien estaban saliendo ambos cuando se toparon con una mujer joven con incisivos apenas prominentes, vestida de jeans, blusa amarilla y con el cabello acanelado al hombro. Esta sostiene sobre sus manos un paquete blanco adornado con un moño, y tras ella estaba otra joven, al parecer de primer semestre universitario vestida en azul y morado con una expresión dura en la cara. A juzgar por la pequeña lonja que sobresale del pantalón, es un hecho que Luan ha ganado algo de peso.
-No preguntes nada, Lu -dijo aquella chica.
-Hay días que eres una amargada, ¿lo sabías? -observó Luan, antes de toparse con que Lincoln ya era un poco más alto que ella- Lo siento. Creo que mi hermano se quedó en Liliput la última vez que lo vi, ¿entiendes?
-Luan… -replicó Lincoln.
-Digo, no es como si bebiera esa cosa del tipo árbol del Rey de los Anillos o le hayan injertado huesos
-Luan… -protestó la chica tras Luan.
-…, o si solo tenga que preguntar "¿cuál es el clima allá arriba?", ¿entiendes?
-¡Luan! -gritaron al unísono tanto Lincoln como la acompañante de Luan.
-Me debes años de días de las bromas, tonto -respondió Luan, entrando directamente a la sala y dejando la caja sobre el sofá-. Hola, Luce, te ves bien.
-Gracias, Luan -respondió Lucy alzando la mano-. Pocas cosas me alegran en serio como tener a mis dos hermanos favoritos cerca.
-No saben lo pesado que fue tener que hablar de lo mucho que extrañaba a su hermano -declaró la acompañante de Luan antes de dirigirse a Lincoln-. Y tú... todavía tengo una cuenta pendiente contigo.
-¿Conmigo?
-¿Tengo que recordar que arruinaste el pastel de mi cumpleaños número trece? -cuestiona la pálida mujer.
Entrecerrando los ojos, Lincoln hizo un pequeño estudio. Recuerda vagamente a la chica, pero con la mención a un evento ya hace tiempo olvidado por el peliblanco.
-¿Maggie? -se presentó sarcástica la invitada- ¿Un pastel con betún morado, panqué relleno de arándanos azules?
-No recuerdo bien.
-Tú y Luan apenas y lo compensaron con un acto de mimos.
-Mimos… -dijo reflexivo Lincoln, haciendo un examen más minucioso que le hizo dar unos pasos más atrás para estudiar el cuerpo de Maggie-… oh, ya recuerdo… al terminar dijiste que me ibas a golpear.
-Lo haría con gusto si no fueras el hermano de mi novia.
Por un segundo, Lincoln estuvo a nada de reír. Lo último que supo es que Luan estaba en una relación con Benny. El chico había terminado por agradarle, llevándole en el verano previo a su partida a una exposición de modelismo. Luan se mortificó ese día con tal de que ambos lo pasaran bien ese día, así que fue con ellos de muy mala gana. No entiende cómo fue que Luan, de la noche a la mañana, decidiera ir por el mismo camino que Luna, pero desde entonces no supo nada de cómo iba su relación.
Lori, en cambio, supo desde un principio que algo así de idílico podría no funcionar, y así fue. Hace meses, Luan le había pedido hablar con ella al tener mucho más experiencia en manejo de rupturas que ella misma. Por lo que pudo apreciar, este era el momento… aunque algo no le guste de su visita.
-¿Y por qué no van al centro comercial? -intervino Lori, tratando de calcular riesgos.
-¿Con el raro? Ni en sueños -declinó agresiva Maggie.
-Paso -respondió Lincoln al mismo tiempo.
-Seguro que se van a divertir -medió Luan-. No es como si hicieran una mala pareja, ¿entienden?
Ambos, preparatoriano y joven adulta en sabático, se dirigieron miradas del todo chocantes.
-Oigan, literalmente necesito un poco de descanso antes de irme a trabajar -reaccionó Lori, viendo que la petición de Luan se iría por la borda-. No creo que nadie quiera terminar como un pretzel humano, ¿o si?
Una vez que ambos aceptaron de mala gana, curiosamente para beneplácito de Lucy, Luan sacó de su maleta una botella de ron a los diez segundos de salida la tercia.
-No me vas a negar que hiciste de todo en Canadá, ¿o sí? -preguntó Luan- Según me dijo un pajarito, los domingos regresabas con una o dos copas encima.
-Gracias, pero no me gusta el ron -rechazó Lori.
-Dile eso al vaso de Ron y Ginger que tomabas a escondidas los viernes.
-¿Cómo lo supiste? -preguntó Lori con asombro.
-Tienes esa costumbre desde, bueno… tu rechazo a la beca en Fairway.
Atrapada, Lori se siente avergonzada. La única persona que le conocía esa costumbre era su padre, y eso solo porque en la tercera noche desde ese incidente este la sorprendió. No hubo reproches esa vez, más que nada porque para entonces la trataba ya como adulta sin haber tenido oportunidad de hablar con una copa en medio. Ni siquiera Lincoln sabía de ello, y eso que el peliblanco era enviado a comprar al menos una o dos botellas chicas de ginger ale a la semana.
-Solo una y ya -acepta Lori, viendo a Luan cómo abría la botella.
~o~
Clyde no había sido tan ingenuo como creyera en lo concerniente a Stella en estos días. Tenía la vaga sensación de que Lori se había olvidado por completo del asunto, por lo que recurrió a su plan B.
Por lo que supo, Lincoln ya no trabaja en Reininger's. El efecto de cierta controversia de la que él apenas y sabía nada hasta apenas hace unos dos días sobre un asunto entre Lincoln y Mollie no tardó en ser de dominio público para muchos, especialmente cuando el hecho en cuestión tiene tantas versiones que era difícil de creer en cualquiera de ellas, la verdad incluso. Aún así, todavía le queda usar de mensajera a Leni o a Lana.
No lo lograría. En cuanto llegó a la casa Loud, se encontró una nota.
No hay nadie en casa
Cualquier cosa con el vecino
¡NO LOS MILLER!
Rita, Lynn y Leni Loud
El único sitio donde podría encontrar a Leni dado que es horario laboral, sería aquél restaurante chino del centro comercial. Como tiene terraza, le es fácil al personal atender a sus comensales sin muchos problemas a diferencia de otros locales que, para intentar sobrevivir, usan servicio de entregas a domicilio. Es el único sitio que le conoce donde puede estar a sus anchas además de aquél salón de empleados en la tienda.
Lo que encuentra, para variar, no es tanto un golpe de suerte como una operación suicida. Lincoln, Lucy y, eso le extraña, una mujer tal vez uno o dos años mayor que parecía estar oliendo excremento fresco de perro. Si es la descripción que Lana le diera cuando lo supo, apostaría el poco vello facial en su cara a que se trata de la novia de Luan.
-¿Se te perdió algo, Clyde? -llamó la voz de Artie tras él.
-No -mintió Clyde antes de recibir una mirada relajada de su interlocutor-. Está bien, sí. Tenía que hablar con Lincoln.
-Si es sobre Mollie, olvídalo. Ella renunció antes de que Lincoln fuera despedido informó Artie-. Creo que ya sabes lo que pasó -Clyde negó rápido con la cabeza-. Bien, supe que después de que Chandler lo golpeara por querer meterse con su hermana, Mollie lo llevó a su casa, a la vieja, y allí quiso despacharse enfrente de todas sus hermanas. ¿Me creerás que Lance escribió un relato bastante sucio que termina en orgía hasta con la abuela? ¿Clyde?
-Solo dime a dónde crees que va -cortó Clyde.
-Oye, no soy un mapa de buscador, ¿a dónde crees que iría con una chica con buenos melones y una lolita gótica?
-¿Una librería?
-Mejor dales alcance antes de que se vayan -sugirió Artie.
-Gracias. Y Artie…
-¿Si?
-Golpea a Lance de mi parte -pidió Clyde, molesto por lo que hizo el aludido.
-No prometo nada -respondió Artie, un poco nervioso.
Haciendo un esfuerzo por no ser visto -cosa sencilla, siendo todavía alguien escuálido para su edad-, Clyde se empeña en ir a la par del grupo. Habría tenido mejir suerte de no ser porque chocó de lleno con una figura enfundada en unos vaqueros y una blusa aguamarina.
-¡Fíjate por donde vas! -exclamó Leni, acomodando su máscara.
-Perdón por eso -respondió Clyde mientras esta daba la vuelta.
-¿Clyde? ¿Qué haces aquí?
-Venía siguiendo a Lincoln -confesó el chico.
-Si es para preguntarle que qué fue todo ese circo de hace semanas, te juro que voy a…
-Solo quiero darle un mensaje -cortó Clyde, un poco intimidado.
-¿De verdad?
-Digamos que un viejo amigo pudo hablar conmigo y me dejó algo que a mi y a Lincoln nos podría servir.
-¿Y qué es eso?
-No estoy seguro -vaciló Clyde-, pero creo que recuerdas a Stella.
-No me suena.
-Alta, morena, ojos rasgados… la última chica nueva desde hace tiempo. Se fue desde el sexto grado.
-Clyde, tengo algo de prisa. ¿Puedes apresurarte? -presionó Leni.
-Bien, si es lo que quieres -cedió Clyde-. Es sobre dónde puede que esté viviendo.
-¿Y eso de qué le serviría? -preguntó la rubia- Si dices que se fue debió ser por algo.
-Quizás la convenza de volver -avanzó el chico- y todo vuelva a ser como antes.
Leni se abstuvo de responder a eso. Para ser todavía algo despistada entiende perfectamente que, no importa qué razones mueven a alguien, si el principal interesado en una disputa no desea verse involucrado lo mejor sería no tocar a dicho interesado.
-Tal vez se la pueda dar -resolvió Leni, apurada.
.
No pasó mucho tiempo entre su separación y la vuelta a la tienda. La señora Carmichael le había encargado un capuchino con leche descremada, poca azúcar y una rebanada de tarta de durazno para el almuerzo. No es que fuera una golosa, pero desde que comió algunas galletas en el grupo de lectura de una funcionaria hace años la pelirroja ha tenido que estar cuidando su figura. Para ella misma, un batido de galleta y semilla tostada de calabaza con un panquecito dulce sin glaseado y una ensalada.
Agradece que Clyde le haya metido un pequeño peso encima. No le había dado a Lincoln la oportunidad en fechas recientes sobre su proceder, le causó problemas con Lori y sus padres y, por añadidura, fue la razón de su despido y la renuncia de Mollie. Los reemplazos (una chica morena de cabello negro con luces rosas y otra con el cabello a la cintura y de baja estatura sobre la que ya tiene fuertes sospechas) no son los mejores prospectos.
Sonriendo, se percató de que el grupo se detuvo en la cafetería donde una vieja amiga que seguramente ya se olvidó de ella trabajó hasta que se fue a la universidad. El lugar no era muy grande, pero parecía lo bastante acogedor para que un grupo tan dispar decidiera pasar allí la tarde.
Estuvo un poco indecisa. Podía pasar de largo e ignorar la petición de Clyde y hacer de cuenta que nada pasó, o hacer lo posible por alcanzar y darle el mensaje a su hermano sin más.
"No tienes por qué hacerlo", pensó en un inicio antes de darle un sorbo a su batido. "De todos modos, si él prefirió irse, no tienes por qué facilitarle algo que no merece la pena intentar".
"¡Es tu hermano! -escuchó en su mente-. No eres una ingrata. ¿Olvidaste que intentó ayudarte con tu permiso de manejo? ¿O a que tus amigos se hicieron amigos entre ellos? ¿Y qué tal cuando te ayudó a superar a Chaz antes de sus exámenes finales de séptimo grado?"
Tomando el teléfono, estuvo a nada de borrar la dirección que el afroamericano le diera, mas escuchó una respiración tras ella.
-¿No se supone que deberías estar trabajando? -preguntó Lucy, tomándola por sorpresa y haciendo que tirase su preciada carga.
-¡Perdóname! No te vi -dijo Leni, disculpándose antes de recoger el paquete.
-La triste historia de mi vida -respondió Lucy-. ¿Qué estabas pensando?
-Ah…
-¿Te sientes bien? -cuestiona Lucy, ayudando a Leni a incorporarse.
-No -cedió Leni-. Digamos que le tengo que dar algo a alguien sobre alguien que no quiere tener noticias suyas.
-Si es sobre Lori, pierdes tu tiempo. Lo poco que pude ver de su departamento me dejó muy claro que no quiere nada contigo.
-¡No! No, no, no no no… -dijo agitada la rubia-. Es sobre Lincoln.
-Esa chica lo dejó bastante afectado.
-¿Stella?
-¿Así se llamaba esa hueca?
-No.
-¿O es alguien más?
-No sé mucho de ella -respondió Leni a medias-. Solo que se fue hace años.
Meditando por unos segundos, a Lucy apenas y le quedó claro. Fuera de Haiku, Ronnie Anne y quizá esa chica del arcade, Lincoln no hablaba con ninguna chica de su edad o menor. Tal vez esa asiática larguirucha que amargaba sus días con esa energía, pero de ahí en fuera, nadie de su clase o superior que pudiera serle simpática.
-Le haré llegar tu mensaje -resolvió Lucy-. No le diré quién me lo dijo.
-¿De verdad? -Lucy asiente- ¿Cómo te lo puedo pagar?
-¿Recuerdas ese especial de Vampiros de Melancholia en Blu-ray?
-Si.
-El cumpleaños de Haiku es en una semana. Necesito que me des la mitad de su precio.
Conforme con eso, a Leni se le escapó un suspiro. No esperaba recibir algo de ayuda, y menos aún de alguien como Lucy. No ayuda de ese tipo.
~o~
Ese vaso de Ron y Ginger que Luan le prometió se había convertido en al menos dos litros de ginger ale mezclado con jugo de limón y ron añejo que se deslizaron por las gargantas de ambas hermanas. Con una justificación por enfermedad que la castaña facilitó al sugerir a Lori fingir una voz convaleciente y ronca, se encontraron bebiendo en pijama y poniéndose al día en cuanto a cosas del corazón.
-… no es fácil tener que aguantar a una persona con el pecho tan inflado, ¿sabes? -afirmó Luan, pasando la cáscara de una rebanada por el borde del vaso en un gesto que creyó sensual- Un día te sientes con ganas de querer irte al otro lado del país, y al siguiente terminas encerrada con una amargada que es estupenda en la cama.
-¿Eso crees? Dile eso a alguien que apenas te ve de frente en mucho tiempo y terminas por darle todo el paquete -aseveró Lori, quien quedó solo en interiores y acostada sobre su cama.
-Benny no era tan mal partido, la verdad, pero…
-Nunca me dijiste qué fue de él -atenazó Lori, un tanto ansiosa en su ebriedad.
-Él se fue, ¿si? -hipó Luan- Se fue a maldito Oregon y no tengo nada de él.
-Y decidiste que meterte en una relación lésbica con alguien uno o dos años menor que tú sería bueno.
-Es bueno, si, pero a veces extraño a ese tonto -sentenció Luan, dando de inmediato un largo trago hasta vaciar el vaso-. Benny podría haber sido un buen novio… que digo un buen novio, ¡el mejor de todos! Pero… pero a él le daba miedo bailar. ¿Sabes cuántas veces me pisó en el último baile al que fui? ¡Quince! ¡En una jodida canción! -añadió soltando una carcajada que, dado el contexto de aquél lejano evento, fue algo deprimente.
-Bien, al menos tú tuviste a tu novio antes de la pandemia -afirmó Lori-. ¿Sabes cuántas veces me lloró Bobby por su madre cuando la bañaron en cloro?
-No… y no quiero saberlo -expresó Luan, mirando al fondo del vaso.
-¿O cuántas veces tuve que encerrarme con Lincoln cada vez que él quería salir? -continuó la rubia, todavía en sus cinco sentidos- No las suficientes para que se comportara, pero sí como para que recordara quién estaba a cargo.
-Supongo que Canadá estuvo bien.
-No todo -escupió Lori-. No podía conducir, busqué empleo hasta que pude retomar mis estudios en el siguiente semestre, y mientras tu pequeño Link crecía presentándome a sus dos novias, una tras la otra.
-No habrá hecho algo raro, ¿verdad? -preguntó deseosa Luan.
-Para nada -dijo Lori antes de contenerse-. Espera… algo viene…
El eructo que soltó Lori fue de lo más potente que jamás se le había escuchado. De haber estado en competencia como hace años, Lola se habría quedado callada mientras la veía ejecutar su Baile de la Victoria.
No pasaron ni cinco minutos para que se dieran cuenta de que sus hermanos y Maggie ya estaban de vuelta. Lucy no podría estar más asqueada, pues el hedor de la borrachera fue tal que la hizo devolver la salchicha que había comido hace una hora.
Ya un poco más repuestos, y con Lincoln atendiendo a Lucy y a Luan, Lori tuvo un ligero malestar en la cabeza.
-Jamás pensé que llegaría a ver el día en que vería a una Loud borracha como nadie -bufó Maggie, solo ligeramente molesta-. ¿Así son todas?
-Que bonita -rió Lori, hipando en el proceso.
-Se suponía que eras la más madura -continuó Maggie-. Luan me dijo que eras la más seria y recta. ¿Qué fue lo que pasó para que estuvieran peor que un escocés en día de pago?
-Que a la grande le puse Mordidas -hipó de nueva cuenta Lori.
-No tenía intenciones de quedarnos aquí, pero creo que podré atrasar mi visita a mamá. ¿Dónde tienes las aspirinas?
-En la farmacia.
-Mejor ve a la cocina por agua o jugo -dijo Lincoln desde la puerta-. Eso la pondrá mejor en unas horas-. Está en la puerta.
-Gracias -dijo Maggie con parquedad.
En cuanto esta salió, Lincoln tomó asiento en la cama. Lori no se veía tan bien como debe, pero al menos ya lo peor había pasado por ahora.
-¿Por qué te pusiste a beber como loca? -cuestiona Lincoln.
-Luan me... ofreció -hipó Lori.
-Sabes lo mal que te pones cuando bebes. ¿O recuerdas lo que pasó en la casa de Jordan?
Con aquella imagen en mente -merced a que, si bien no tiene muchos detalles de sus borracheras, puede recordar trazas que le dan una idea más o menos clara-, Lori decidió no discutir. No era la primera vez que le pasaba algo similar, aunque siendo justa consigo misma Lincoln a menudo se encargaba de ella.
-Eso no debería afectarte -dijo Lori.
-Si es por esa vez que terminaste usando mi habitación como sala de fotografía de tocador, si, me afecta. Gracias por recordármelo.
-Porque me sobornaste con una botella de vodka cuando te dije que no podías invitar a Sadie -contraataca Lori-. Y a todo esto, ¿cómo la conseguiste?
-Te dije que el papá de Pansy estaba ebrio esa vez. Ella fue clara cuando me la dio -respondió Lincoln.
Pensando mejor su respuesta, Lori solo se acostó en la cama. Lincoln interpreta eso como un "necesito estar sola", por lo que abandona la habitación.
-¿Podrías traerme agua mineral, por favor? -pidió Lori.
Torciendo la mirada, Lincoln sale, yendo a la cocina por el líquido y dejando a Lori con su futura resaca.
~o~
Mayo 28 de 2021
Lamento mucho el retraso. Me apendejé celebrando el pase del Cruz Azul a la final y, bueno... ya ven.
De acuerdo a numerosos estimados, las pérdidas comerciales que ocasionó el Lunes Negro fueron, y son, todavía más catastróficas que el Crack del '29. Al cierre, solo diré que ya hubo cientos de miles de negocios en todo el mundo, algunos grandes incluso, que se fueron a pique. Todo por algo que los especialistas en estadística discuten si ubicarlo como Cisne Negro o Rinoceronte Gris. Es decir, un fenómeno socioeconómico que debe de tener efectos impredecibles a gran escala, una falta de cómputo de sucesos raros secuenciales y un sesgo individual y colectivo que nos ciega ante la incertidumbre del rol masivo de las sociedades ante un evento extraño sobre asuntos históricos en el primer caso; o de no cumplirse la segunda premisa al ser un evento predecible en secuencia en el segundo.
Al cierre, la semana pasada se confirmó algo que no yo me esperaba. Resultó que el SARS-CoV2 es patógeno de una enfermedad más vascular que respiratoria, lo cual explica la presencia de coágulos en los contagiados, de acuerdo a estudios paralelos del Instituto Salk y la Universidad de San Diego, ambos en Estados Unidos.
¿Les parece si compenso actualizando la semana que viene para retomar el ritmo? Las cosas se pondrán muy amargas sobre la avenida más dulce del mundo, y no, no es la avenida principal de Disneylandia. Eso sí... espero hacerlo antes del sábado, porque el domingo...
Ok, ok, ya vamos a eso...
J0nas Nagera, no solo hubo numerosos culpables por acción. Chandler... el maldito se salió con la suya. Empero, ¿hablas de una relación Molliecoln? Yo me la pensaba dos veces, ya después tendré que dar cuentas de ello.
El que se de luz verde a grandes eventos con aforo no es excusa para bajar la guardia. Recuerden la distancia física, señores... y a seguir esperando una vacuna. Ya es moneda corriente el turismo de salud a donde hay un acceso más fácil a las inoculaciones.
Sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
