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Charla con pay de durazno

En algún punto del norte de Ohio

7 de noviembre de 2021

8:40 am

El interior de Vanzilla

La monotonía del camino de ida fue tuvo un reverso más o menos parecido en la vuelta. Sentado ahora al fondo de Vanzilla mientras es rodeado por Ronnie Anne y Sid, supo de algunas novedades de Great Lakes City, como de la fractura de pierna de Casey hace dos navidades, el torneo de patineta que estuvo a nada de ganar por culpa de Carl y sus apuestas fraudulentas y, cosa que lo sorprendió, los sucesos que desencadenó la pandemia en ese lugar.

-El señor Sullivan fue muy comprensivo cuando supo lo de mamá -narraba Sid, a la postre vestida con ropa ligera para el frío que empezó a hacer por la humedad del ambiente-. Muchos de los inquilinos de sus otros edificios empezaron a suplicar que no los echaran aunque no faltaron algunos aprovechados.

-Si no fuera porque la abuela habló por los Chang, ahora mismo Sid no tendría donde quedarse -continúa Ronnie Anne, más preparada con su habitual sudadera y un gorro de lana de alpaca.

-Era eso o dejarnos viviendo en el auto o en un refugio -secundó Sid.

-¿No se supone que eso es ilegal? -cuestionó Lincoln, decaído.

-¡No soportaría que alguien más tomara mi remera de Yoon Kwan! -exclamó la mestiza, hiperventilándose, antes de tomar dicha prenda de su torso y agravar su voz-. "¡No dejaría que me alejen de ti!"

-¿Y qué dice la vieja Royal Woods? -preguntó Ronnie Anne- ¿Alguna novedad desde que volviste?

-¿Tú qué crees? -repuso Lincoln, mirando a un caserío-. Mamá, ¿dónde crees que estemos?

-El GPS dice que acabamos de pasar Sandusky -respondió Rita, molesta por haber tenido que cambiar de estación por perder una emisora local de música campirana.

-¿Todavía falta mucho, señora Loud? -preguntó impaciente Sid.

-Lo último que necesito es que me detenga un oficial de tránsito y me de una multa -respondió de nuevo la rubia-. Una infracción más aquí y tendré que entregar mi licencia.

Lincoln en serio se sintió un poco mal. La noche anterior apenas y comió algo, en la mañana ni siquiera tocó su burrito de queso y frijoles y en todo el camino apenas y ha hablado fuera de preguntar por los lugares donde habían pasado o para responder con parquedad.

-¿Es en serio? -cuestionó Ronnie Anne.

-Creo que no tiene muchas ganas de hablar -dedujo Sid, inocente pese a la obviedad.

-Sid, ¿por qué no le preguntas a la señora Loud si puedes manejar un poco? -planteó la latina- Dices que ibas a sacar tu permiso.

-Pero si no me interesa condu… oh, ya entendí.

Retirándose un poco, a Sid le parece que esa será una de esas charlas que no querrá escuchar.

Poniéndose cómoda, Ronnie Anne decidió que era momento de empezar con algo de artillería pesada. Con Bobby y Laird eso significaba sacarse los zapatos y las calcetas de encima y subir las piernas al regazo de la persona más cercana, pensando que quizás él creería que necesita de un masaje a los pies.

-Espero que no me presumas que no puedes oler -dijo Lincoln, arrugando un poco la cara-. Tus pies no son precisamente un campo de flores.

-¿Y qué pies lo son en realidad, tonto? -alegó Ronnie Anne- Sólo me puse cómoda.

-No te pusiste así en la ida.

-¿Cómo te pusiste mal por…? ¿Por ella? -cuestionó Ronnie Anne.

-No me puse mal por Stella -dijo retador Lincoln.

-Lo último que supe es que Sid amaneció más feliz de lo usual y no tuve nada que ver -indicó Ronnie Anne-. ¿Será porque alguien durmió con ella?

-Eso fue diferente.

-Y yo pensando que te conocía.

-¡No le hice nada! -gritó Lincoln, exasperado.

Por poco causan que Vanzilla se quedara sin frenos. El grito de Lincoln provocó que Sid, a la postre aprendiz de conducción, se detuviera de golpe y los pasajeros del fondo fuesen a parar al suelo del vehículo. El peliblanco terminó con el pie de Ronnie Anne metido en la boca, al tiempo que esta quedó boca abajo, aplastando un poco su busto.

-Recuerda -dijo filosófica Rita-. Para la próxima, pisa con suavidad.

-Entendido, señora -responde Sid, un poco incómoda por ver lo que pasó por el retrovisor y poniendo en marcha el vehículo de nuevo.

Mientras hablaba de Stella una vez se pusieron de nuevo en marcha, Lincoln no evitó sentir que su amiga sentía celos de la oriental, aunque le compensa el hecho de que ella ha tenido una vida relativamente igual de interesante. Pasó de la historia de las cinco citas que estuvieron a nada de despedazar su amistad a mitad del primer semestre, el misterio de la rata monstruo del conserje Norm, el bochorno que pasó Clyde cuando este hizo su declaración a Emma e incluso, con cierto pesar, el último día que estuvieron juntos en La Casa del Poutine a las afueras de Mapleton, local establecido a media milla de la aduana en la frontera.

-Terminaste por extrañarla -concluyó Ronnie Anne después de escuchar.

-Si.

-Y, en respuesta, ella te trató peor que Ana Ronalda lo hizo contigo -prosiguió la latina, cambiando su nombre para evitarle conflictos.

-Creo que por eso voy a roncar bastante mal, pero si.

-Bueno, ella se lo pierde -dijo la latina con ligereza.

Esa sensación, ese sentimiento de no darle la debida importancia que según él ameritaba, era una de las cosas que más le exasperaba de ella. No obstante, también una de las que más ha podido manejar.

-¿Por qué siempre haces eso?

-No digo que ella te culpe de cómo salieron las cosas -continuó Ronnie Anne, ignorando la pregunta-. Quizás tuviste algo de culpa, pero eso no importa si quisiste remediarlo y ella te mandó a comer una ver…

-Tenemos que parar un poco -indicó Rita al mismo tiempo-. Tu papá me mandó un mensaje pidiendo veinte libras de salchicha.

Por un segundo, Lincoln se bloqueó un poco. Habría jurado que Ronnie Anne le diría algo más obsceno en español y no "salchicha". Era una de las pocas cosas que no extrañó de su madre, cortar cualquier conversación con algún sinónimo si estaban a punto de soltar una obscenidad.

Como sea, aún sin ser verdad, Rita hizo que Sid se detuviera en una tienda a un lado del aeropuerto internacional Erie-Ottawa. Al tiempo que pudieron realizar el encargo ficticio -ya que Rita no supo mantener un poco su ficción comprando seis libras de solomillo-, ambos se dieron su tiempo para conversar.

~o~

Ya eran las diez y no había nada más por hacer. Las tareas ya estaban hechas, Lucy se encerró en su habitación (oficialmente ya era por completo suya, pues Lynn avisó que quería la habitación de Luna y Luan para ella si nadie la reclamaba apoyada por sus puños), las gemelas están castigadas por una nueva pelea en clase de la maestra Johnson y Lisa y Lily acompañaron a su padre al restaurante porque Leni no podía llevarlas a su examen médico.

Tampoco tiene noticias de Lincoln. Desde que le anunciaron de su despido, su hermano no habló con nadie más que su madre, y con el asunto de Mollie marcó una línea bastante dura de cruzar. Era evidente que él le gustaba a ella, pero sin interés de su parte para con alguna chica no puede ni ha querido intervenir de forma alguna.

Tomando su máscara, salió a recoger el correo.

La cuenta del cable se abultó un poco, en parte gracias a Lola y una suscripción al canal de modas del paquete premium, la del agua se redujo porque Lana hizo más eficiente el calentador… la electricidad, estable después de dos meses a la baja, y la maestra Allegra envío un paquete para Lily desde el día anterior que nadie se molestó en recoger.

Faltando una hora para irse a trabajar, Leni se tomó el tiempo para intentar pedir una disculpa, como había venido haciendo desde el primer día que Lori dejó de hablarle. Peinando la mitad izquierda de su cabello y colocando sombra azul cielo en el ojo de dicho lado, se puso de lado a fin de intentar hablar con ella.

-¿Puedo pasar? -pidió Lola, cortando el momento antes de que siquiera diera inicio al supuesto diálogo.

Para tener once, Lola no se veía tan desaliñada. Contra todo pronóstico, la cadera empezó a ensancharse y el pecho a crecer, siendo un poco motivo de burla entre los chicos de su edad y envidia entre las chicas. Vistiendo todavía el camisón que usa de pijama, sostiene un tazón con cereal y yogurt.

-Ya qué -respondió Leni, empezando a quitar la sombra que le costó aplicar-. ¿Qué quieres?

-¿Otra vez con esa charla? Y yo que pensaba que Lincoln y su "no aviso" de que tenía novia no tenían modales.

-Lola, si solo viniste a molestar mejor vete, se me hace tarde -evadió Leni.

-Escuché que se quedó sin trabajo -dijo Lola-. ¿Crees que pueda venir hoy?

-Sabes que mamá llegará como a las dos.

Soltando un suspiro, Lola estuvo a nada de irse, mas una pequeña idea cobró forma en su beza.

-Por lo menos puedo ir contigo -dijo.

-Lola, ya hablamos de eso -responde Leni.

-Creo que no entiendes lo que estoy diciendo -añadió Lola, limando sus uñas-. Necesito comprar algunas cosas que se verían genial en mi… -cortó en cuanto vio la mirada de Leni-… en tu guardarropa.

-¡Lola, ya hablamos de esto! -tronó Leni- Te dije que sería otro día que tuviera libre, y en todo este tiempo solo me exiges que use mi descuento de empleados. ¡Estoy a nada de perderlo por tener que comprarle jeans a Lana cada mes y por todo el maquillaje que me haces comprarte cada semana! ¿Quieres, por un minuto, pensar en alguien que no seas tú?

Asustada, mas no intimidada, Lola abandonó la habitación.

La siguiente en entrar, nada sorprendente, Lana. Esta había recogido de la basura -a espaldas de Leni, por lo que se veía- muchos de los pantalones rasgados, cortados y gastados que había dejado atrás. Algunos terminaron casi inutilizables, pero otros, sobre todo los dos más recientes, estaban en una condición más que para modificar.

Para cuando ingresó, Leni ya estaba sobre la hora, impaciente por irse y habiendo dejado instrucciones a Lucy.

-Oye, Leni, ¿te puedo pedir…?

-Lana, ya no tengo tiempo. Se me hace tarde -respondió Leni, queriendo ignorarla.

-Pero creo que…

-Lana, tres palabras -espetó la mayor-. Voy. A. Salir.

-De hecho pensé que querías ayudarme con mis viejos pantalones -se explica Lana-. No es mi zona, pero se me ocurrió que podrías convertirlos en bolsas.

-Lo haré el jueves -promete Leni.

-¿En serio?

-Solo espero que estén limpios -indica la mayor-. No quiero encontrarme con arañas o algún otro bicho. ¿Algo más?

-No.

Con el tiempo más que contado, Leni se limitó a salir. En el autobús, sin poner mucha atención al camino se puso a pensar sobre cómo las seis más jóvenes de la casa lo han podido sobrellevar. No fue tan amable con Lola, pero eso era comprensible.

Desde que cancelaron los concursos de belleza en todo el país y a todos los niveles, la menor de las gemelas no lo ha llevado para nada bien. Hasta que pudo volver a la escuela a principios de año, pasó desde intentos por convencerse y convencer a todo mundo de que aquello era una farsa hasta intentar ir a casa de los Ramos a escondidas con tanto éxito como cabría esperar en una casa vigilada 24/7 por los sistemas de Lisa. Lo peor de todo fue su intento de solicitar a las autoridades de los regionales de realizar un evento en clandestinidad, sabotear las cámaras y micrófonos de su hermana menor y desafiar las restricciones saliendo un par de veces sin protección alguna. Lo único que pudo sacar de todo esto fue el más severo castigo de su vida en casa su suspensión de los juveniles hasta los catorce años y una fuerte multa que, con todos los gastos que la familia ha tenido, apenas y se está pagando todavía.

¿A qué ha volcado su atención después de ese incidente? En principio intentó recuperar su estilo de vida, pero luego de su intentona tuvo que conformarse con seguir con el programa de Escuela en Casa hasta que se dio luz verde a las clases presenciales, se disculpó con algunas amigas e inclusive se tomó la molestia de grabar un par de comerciales de concientización como parte de un voluntariado.

Situaciones muy diferentes pasaron el resto de las chicas de Lucy para abajo. Lucy no tuvo mucho problema para hacerse a la idea de que el confinamiento sería para largo, e inclusive organizó sesiones virtuales de su Club de Enterradores usando un fondo del cementerio Perè Lachaise en París. Lily se resignó a tener que pasar el preescolar en casa, molesta de que su primer día formal de escuela se postergó hasta que las condiciones se dieran y saltando. Lana no solo resintió el desastre de su hermana, sino que hizo lo impensable al fugarse varias noches seguidas durante los primeros meses del confinamiento para reunir suficientes refacciones para Vanzilla y estar preparada para cualquier eventualidad.

Lisa, todo un punto y aparte. Siendo alguien reacia a especulaciones, Lynn la urgió a encontrar una cura so pena de destrucción de su instrumental de laboratorio. De no ser por la muerte del abuelo, el ánimo de la atleta para con ella la habría trastornado por completo, aunque los esfuerzos de la intelectual se centraron más bien en medidas de contención y recuperación. Y si bien en un principio fue detractora de aquella teoría de las muertes achacadas a los cigarrillos electrónicos, muy pronto incluso ella se vio sobrepasada por la marejada de acontecimientos.

Se suponía que Lynn debería de haber estado al mando. Si bien lo estuvo, su conducta no solo fue lo que Lisa esperaba de una deportista que viera cortada de súbito su actividad, sino que incluso estuvo a nada de alzar la mano sobre sus padres durante las fiestas patrias. Por su bien -afirmaron sus padres y sin hacerlo de su conocimiento hasta mucho después-, tras eso fue puesta en cuarentena bajo la excusa de ser una portadora asintomática. En cierto modo, agradece que aquél equipo de soccer se la haya llevado, porque toda autoridad que la propia Leni haya podido tener la atleta simplemente la desechó y sus padres estuvieron a nada de retirarla de todo equipo deportivo en que estuviera anotada.

Para cuando llegó al centro comercial, se cruzó con Penelope en la puerta. Esta, empero, se le atravesó al paso.

-¿Vienes de compras o a trabajar? -preguntó esta, decidida a mantenerse en sus cabales.

-Vine a trabajar, ¿a qué otra cosa? -respondió Leni.

-La señora Carmichael dejó claras indicaciones de que solo te dejara pasar si vienes de compras. Se suponía que estás de vacaciones por diez días.

-¿Y si te doy uno o dos días?

-Lo siento, pero dijo que no se podían pasar.

-¿Por lo menos tienes desodorante? -preguntó resignada Leni.

-Sabes donde está -accedió Penelope, dando paso franco sin descuidar a su jefa directa.

No fue directo a donde los desodorantes. Por un momento se acordó de tener a bien en comprar algo de exfoliante para Lucy, ya que el acné en su frente es bastante notorio según ella. En menos de diez minutos, terminó por llenar una canastilla, asegurándose de que fueran cosas que ella necesitara nada más.

En la fila de la caja, apenas se formó y vio a Mollie. Esta, con toda tranquilidad, parecía coquetear con Artie, importando un carajo todo lo que le había dicho sobre Lincoln.

Molesta, decidió encararla y pagar sus compras. En ese orden... o tal vez al revés.

~o~

Les tomó una hora más de lo previsto desde Sandusky. Empero, con el tanque de gasolina casi vacío estaba claro que Rita tuvo que dejarlos en el edificio donde comparte departamento con Lori y retirarse a la estación de servicio más cercana.

Riendo por lo bajo, Ronnie Anne se sorprendió de que su mejor amigo haya visto de primera mano las ventajas y desventajas de un edificio así, mientras que a Sid le llenó de curiosidad la habitación del peliblanco. Un par de pósteres de Smooch y Ace Savvy, la cama, una mesa de dibujo que hace las veces de escritorio, una cómoda baja y un par de sillas por si alguien venía, además del siempre presente Bun-bun, conforman las posesiones de Lincoln en el lugar.

-¿Todavía tienes ese viejo conejo de peluche? -preguntó incómoda Ronnie Anne.

-No podía dejarlo en casa -replicó Lincoln-. Era llevarlo conmigo o tener que dejárselo a Lily, y a ella le gusta morder.

-Se ve lindo -murmuró Sid con aire crítico antes de abrazarlo-. Se siente suave y huele a col.

-Es porque duerme con él después de comer chucrut -dijo la latina sin reservas.

Una sonora carcajada procedente de la chica Santiago fue el detonante de una guerra total de almohadas. Entre reiterados insultos proferidos a modo de broma y algunos chillidos, todo terminó cuando Sid salió en estampida y buscó refugio de la desesperada ofensiva que Lincoln desató una vez que Ronnie Anne resbaló y cayó sobre la cama.

Por un momento, el sonido de una canción de Twelve is Midnight fue ignorado. Pensando que Ronnie Anne lo había puesto, siguieron en lo suyo hasta que el teléfono de la chicana saltó del bolsillo de esta al suelo.

-¿Pueden bajar el volumen? -pidió Ronnie Anne, viendo la pantalla apenas estrellada de su teléfono- ¿Hola…? ¿Cómo que el teléfono apagado? Casi acabamos de llegar de Pennsylvania… ¿es en serio?

-¿Con quién habla? -cuestionó Lincoln, dejando caer su almohada.

-Seguro que es con Laird -respondió Sid, un poco burlona-. Ese chico la trae loca.

Las expresiones que Lincoln pudo ver, sin embargo, no eran sino de un ánimo que va de lo jocoso inicial a una leve decaída previo al desastre. Él mismo sabe de primera mano sobre ello, pues de tantas cosas pasadas así no es de extrañarle.

-¿Crees que estará bien? -quiso saber el peliblanco.

-Ay, no -murmuró la mestiza, siguiendo a su amiga hasta la sala con Lincoln tras ella.

-¿Cómo que "ay, no"?

-El papá de Ronnie Anne se casó en febrero del año pasado -explicó Sid, siguiendo a la latina fuera de alli-. No le gustó que lo hiciera con una maestra, y mucho menos que su mamá fuera también su madrina de bodas.

-Eso debió ser incómodo -pensó Lincoln.

-Lo fue. Eso la tuvo mal por meses mientras se dejaba hacer por Carlota -continúa Sid, prestando más atención a lo que puede escuchar-. La maestra Galiano… bueno, ella estaba embarazada cuando venimos aquí.

-Si, entiendo… adiós -dijo Ronnie Anne antes de colgar e irse a la habitación de Lincoln de nuevo, azotando la puerta en cuanto llegó allí.

Un golpe sordo, seguido de un llanto ahogado, inundó la pieza.

-Estará bien -razonó Sid, desalentada por el cuadro que está imaginando.

-¿Tú crees?

-Ya se repondrá -respondió Sid-. Por cierto, ¿a qué hora almuerzan los fines de semana?

.

Mirando al camino, Lori se siente feliz por Bobby. Sabe que suena muy mal que un hombre de su misma edad tenga un hermanito de apenas un día de nacido y contando, pero no puede dejar de sentirse en ese estado cuando le llegan noticias de ese tipo.

A su lado, Bobby tiene esa expresión bobalicona que tanto le gusta. De ver antes de irse las fotos de él cuando Ronnie Anne llegó al mundo se pregunta si su novio puede con semejante paquete si le permiten estar de su lado… y siempre que no empiecen muy temprano con la familia.

"Si así se puso con sus hermanos cuando nacieron, no quiero imaginar la cara que pondrá cuando lleguen los nuestros", pensó antes de dar vuelta en el distribuidor de la salida a Pontiac desde Royal Woods. "Verlos llegar y crecer... seguro sería un excelente padre".

Recordó que la cena de la noche anterior fue, desde luego, todo lo contrario a lo que esperaba. Si bien la abuela Rosa, Carlos, Frida y María se alegraron con el nacimiento de Gustavo (nombre que eligieron por el bisabuelo de la docente), los chicos y Héctor no se mostraron para nada complacidos con la noticia. De hecho el anciano amenazó abiertamente a su antaño yerno con golpearlo por abandonar a su familia, destruir su hogar y hasta comerse su comida desde que regresó por última vez de Perú hace ocho meses. En cuanto a Carlota, esta solo se desentendió por algunas tareas que tiene pendientes desde que dejó sus estudios por ayudar a una estilista de la cuadra.

-¿Hice mal en llamarla? -preguntó el chico, más para sí que para Lori.

-¿Perdón? No escuché bien -dijo Lori, un poco alarmada al ser rebasados por un camión de redilas.

-Nada -evadió Bobby-, es que solo pensaba en Ronnie Anne.

-Ya no falta mucho para que lleguemos -anunció la rubia-. Si quieres me puedes contar en qué pensabas antes de recogerlas.

-¿De verdad?

Asintiendo, Bobby solo puso sus ideas en orden.

-Desde que papá anunció que se casaría con Gina ha estado muy rara -describe Bobby, cambiando un poco por reservas-, y más con, bueno, su enfermedad. Estaba tan molesta que, a veces, estrujó varias cosas al empacarlas en el Mercado. La habría ayudado de todos modos, pero el abuelo me dijo "mira, m'ijo, si lo que haga ese pendejo te afecta, a ti debería de importarte menos. Él los abandonó y se fue a hacer sufrir a otra como lo hizo con tu madre". Para hacerla corta, cuando Nie-nie se conta… se enfermó -corrige-, a mamá se le hizo fácil entrar lo más protegida que pudo y habló con ella. Por poco y la despiden por eso.

-¿Sabes qué le dijo?

-Nada que yo no tuviera que decir o saber.

Molesta por no saber ni cómo ayudar a su futura cuñada, Lori se detuvo en la que fuera la estación de Flip. El chico que les atendió, de nombre Anderson, resultó ser una versión bastante más altanera y menos estafadora que el propio tendero, lo cual distó bastante de lo que ella misma tenía por "mal servicio".

-Son tres con veinte -dijo este, en cuanto pasara un Flippee de cereza y cola y unos nachos con queso que olía sospechosamente mejor que cuando Flip era el encargado.

-¡Eso es un robo! -protestó.

-Lo siento, pero es política de la empresa -alegó el chico, mirando el escote de Lori.

-Mis ojos están arriba, maniático -señaló esta, ofendida.

-¿Y por qué no dejas a ese ilegal? -insinúa Anderson- Mi amigo y yo podemos compla…

Un sonoro puñetazo rompió toda intención de coqueteo del chico. Furiosa como pocas veces, pagó azotando el dinero contra el mostrador, tomó sin dudarlo un frasco con tiras de cecina de pavo y abandonó el lugar.

-Nena, ¿qué pasó? -preguntó Bobby.

-¡Ese mocoso del encargado me insultó! ¿Qué esperabas, Roberto? -respondió Lori con muy mal talante- Ya vámonos de aquí.

-Pero si tú tienes las…

-¡Que nos vayamos!

Una vez llegados al edificio donde residen, y toda vez que se distribuyeron la carga, se sorprendieron de ver a Lincoln sentado en la sala. Este, al parecer, está bastante relajado, muy ajeno a lo que pudiera haber pasado en una de las habitaciones, de la que provenía una canción de Twelve is Midnight a todo volumen.

-Ya era hora -señaló este-. Pónganse cómodos, esto va para largo.

-¿Por qué dices eso? -cuestionó Bobby.

En cuanto este preguntó, Lincoln deseó que no lo hubiera hecho. Su respuesta vino en una hoja arrancada de un cuaderno, escrita con una lista de puño y letra de Sid. Sin más, leyó.

Besar a Lincoln

Consolar a Ronnie Anne si es necesario Pendiente

Llevar leche a casa

Sonrojados, ambos mayores solo se sonríen un poco culpables de haber demorado.

-¿Cómo en cuánto crees que salgan? -quiso saber Lori.

-Están en mi cuarto -confesó Lincoln-. Si quieres, beban algo o solo vayan a hacer algo.

-Creo que estaremos mejor así, Pequeño Loud -rehusó Bobby, tomando el control del televisor y cambiando el canal una y otra vez, queriendo bloquear los lloriqueos que ambas chicas daban desde la habitación de Lincoln.

-Iré por la cena -ofreció Lincoln-. Espero que tengan hambre para cuando terminen.

-Pensé que se iban en cuanto me trajera mi Osito Booboo -replicó Lori, antes de atender su teléfono.

-No me importaría que nos quedemos aquí una noche -resolvió Bobby, un poco reticente a irse-. El Mercado puede esperar un poco, y además el abuelo tiene a Carl y al tío Carlos.

-Malas noticias, chicos -comunica la rubia-. Papá quiere que me quede el turno completo y no quiere que Linc se quede solo.

-Entonces…

-Si tienes tarea que hacer, no tardes -indicó Lori-. No me esperen despiertos.

-Lo haré aunque no quieras, Bebé -sonrió galante Bobby, ante lo cual la rubia se sonrojó como colegiala inocente.

Siendo ahora Lincoln quien se puso incómodo, Lori le dirigió una mirada que prometía el que no haría nada con su novio mientras él estuviera despierto.

~o~

Pensativa, Leni se quedó en una de las mesas de la zona de comida rápida. Había hablado de nueva cuenta con Mollie, quien le pidió todo detalle de dónde es que vive Lincoln. Se desconcertó tanto como ella al decirle que vivía en el edificio donde vive un tal "Trey Garañón", cosa por completo estúpida pero que le fue fácil de manejar.

A final de cuentas, Mollie no le es tan pesada como pensó. Tienen, de hecho, bastante más en común de lo que quisiera admitir. Obviando la diferencia intelectual, ambas son fashionistas, les gustan los batidos, les disgustan los chicos pretenciosos y los funerales como forma de entretenimiento y, dentro de lo razonable, aman a su hermano, aunque eso les deje ciertas diferencias por el hecho de que empezaron mal.

Se había dejado convencer al ver que llevaba entre sus cosas un brillo labial de sabor a pastel de manzana, el mismo que solía usar hasta que cortó con Chaz después de enterarse que él salía con una chica de quince hace tres años. En menos de media hora de charla, no solo limaron asperezas gracias a ese pequeño detalle, sentadas frente a frente sin nada más entre ellas que un par de batidos de semillas de calabaza y galleta integral y una rebanada de pastel de durazno.

-… y por eso quedó colgando de la alacena -terminó de contar Leni.

-¿Todo por una galleta? Eso fue… muy tonto -acotó Mollie, riendo a carcajadas.

-¡Lo sé! Eso fue muy vergonzoso.

-Oye, sé que es muy temprano, pero… ¿crees que me vería bien con él? -preguntó la ceniza.

-¿Después de lo que pasó? Ni loca dejaría que no salieras con él.

-¿Te puedo preguntar algo? -pidió Mollie, a lo que Leni asintió- ¿Por qué tu familia tiene una idea muy mala de mi?

-No te conocen demasiado, ¿qué esperabas? -respondió Leni-. No es como que se hicieron de una buena idea sobre ti, pero ¡oye! Llamaste mucho su atención.

-¿Cómo que llamé su atención? -cuestionó Mollie

-Lucy y Lana creen que eres lo peor que le pudo haber pasado a Lincoln -enlistó Leni-. Lola dice que eres demasiado linda para él, y Lisa piensa que eres una depredadora por eso.

-¿Crees que me importa qué piensen tus hermanas de mi?

-Según ellas, debería. Cuando el primer novio de Luan fue a la casa -empieza a narrar Leni- Luna se puso muy celosa y a Lana su marioneta le dio pesadillas por un par de meses.

Mollie no tuvo mucha necesidad de imaginarlo. En su octavo cumpleaños, hasta donde puede recordar, a sus padres les dio por contratar un show de marionetas. No recuerda el nombre de quien se presentó, pero si esa cara inexpresiva, los rizos cobrizos y ese vestido rosa con holanes que usaba la tal Señorita Flor de Manzano por aquellos días. Llegó incluso a mojar la cama en no menos de doce veces en un mes, razón por la que siempre ha tenido pavor de ellas.

-Por favor dime que nadie tiene una marioneta -dijo Mollie con un hilo de voz al pensar en eso.

-Si el Señor Cocos cuenta como una -confirmó Leni, dudosa-. ¿Los muñecos de ventrílocuo cuentan como marioneta?

Dudosa de responder, Mollie se dio cuenta de que pudo cometer un error al preguntar eso.

-No te preocupes -continúa Leni-. Luan tuvo que dejarlo el verano pasado. Dijo algo de un cambio o algo así.

-¿Luan?

-Si, es mi segunda hermana menor. Es toda una bromista. No pudo llevarlo desde que papá casi se infartó por una broma que salió mal.

Mientras hablaba, Leni llegó a ponerse un tanto distante. Cuando llegó a Lori, notó que Mollie parecía bastante incómoda. Aún si hablara bien de ella, a su invitada algo no le gustaba.

Miró lo que quedaba de su plato. El pastel de durazno no era precisamente su favorito, y menos desde el incidente con los Miller que parecían idolatrarlo en oposición a las cerezas, tan desagradables para ellos. Pero bañado en crema batida con esencia de vainilla y coulis de durazno no estaba tan mal. Llevándose un bocado a la boca, notó que eso rompió un poco su propia tensión.

De un momento a otro, pasó de tener una charla animada a una melancólica remembranza. Para cuando terminó de hablar sobre Lynn y su ascendente carrera en el soccer profesional y empezó a hacerlo de los buenos tiempos con Lori, se halló con que Mollie le tendió un pañuelo.

Un rato más tarde, ambas salían del centro comercial como si nada. Dado que no tuvo más opciones que pagarle el autobús, decidió aprovechar la larga caminata a casa para pensar en cómo recuperar a Lori de una vez por todas.

~o~

Con el paro que representa el día de Acción de Gracias las cosas se dejaron sentir con gran pesadez. Los exámenes finales del semestre serán en un mes y, por consejo de Lincoln, visitó a la trabajadora social, una recién llegada de Canadá.

Con dificultad, habló de los inconvenientes que su plan tuvo a aquella mujer delgada de cabello castaño teñido en rubio dorado, aunque siendo justos con Clyde sabía que este tenía muy altas posibilidades de fallar. Peor aún, ya harán once días desde que Lincoln terminó por prohibirle hablar del asunto con todo mundo.

-No es precisamente mi área, pero te sugiero que vayas buscando algún club o alguna actividad extra aquí -recomendó la consejera escolar, nada más saliendo ambos del cubículo-. ¿Por qué no intentas salir de tu área de confort?

-La última vez que lo intenté fue cuando mi papá murió -apuntó Clyde, nervioso por tener que ver a aquella mujer.

-Odio decirte esto, y en serio que no te va a gustar, McBride -sermonea la funcionaria-, pero eso quedó en el pasado. Intenta probar algo nuevo y empieza a vivir un poco. ¿Por qué no intentas trabajar en la cocina? La cocinera siempre agradece un par de manos extra.

-Ya paso bastante tiempo en la cocina -aclaró Clyde.

-Con tu físico pensé que eras economista o estudiante de lenguas extranjeras. En otras palabras, una mente poco creativa.

-¿Eso cree?

-Delgado, problemas de alergias, miope… -estudió la consejera-…, no eres dado al ejercicio, ¿o sí?

-No mucho, la verdad -respondió Clyde.

-Hum… entonces me temo que necesitas entrar a un equipo o hacerlo por tu cuenta -resuelve la rubia de tinte-. Bueno, Clyde, tu tiempo aquí terminó por ahora. Nos vemos después del pavo.

-Gracias, señorita Taco, Taca… -titubeó Clyde al no saber pronunciar el apellido.

-Sólo llámame Taki, ¿quieres? -resolvió la consejera- Ya de por sí tengo problemas para que la directora Rivers y ese pesado pronuncien mi apellido.

Dejando atrás el despacho, el cual le parecía demasiado raro al tener un ambientador con aroma a pino en cada esquina de su escritorio, a Clyde aquella interina le desconcierta. Lo único que supo del anterior es que se hallaba de vacaciones y esta, de apellido Takiguchi, no luce de entrada como alguien amable. De aspecto severo, cuesta creer eso de ella.

Las cosas no habían salido como esperaba. Sin tener noticias de parte de Zach en mucho más tiempo del que era acostumbrado entre ambos, en la sección de noticias de su navegador encontró una breve nota sobre un matrimonio arrestado por "difusión de noticias falsas" a causa de una supuesta teoría de cancelación de los Juegos Olímpicos que implicaba alienígenas reptilianos, algo que anuncia Gurdle con todas sus letras a kilómetros. A eso suma que Lincoln se ha visto retraído los últimos dos días, que su padre se cayó el día anterior y tenga que usar una férula por unos días y Chandler se dio el lujo de tomar doble almuerzo, cortesía suya y de Liam, tan solo para mentirle a Kat sobre que es un buen cocinero.

La última clase de su día, Psicología, se canceló porque el titular dio positivo por covid-19 y los estudiantes de horas previas a las nueve tuvieron que ser desalojados y mandados a sus casas por cuarentena de una a dos semanas, dependiendo de si ya habían sido inoculados. Como tiene ciertas reservas sobre lo que el asistente de la directora Rivers pueda pensar de alumnos faltistas o en su situación particular, entró al primer salón que encontró abierto.

Tomando asiento en una de las barras, solo tomó su celular y empezó a ojear en uno de los libros que se descargara hace meses con la idea de pasar desapercibido para todos.

Por desgracia, el gusto le duró muy poco. Sintiendo un par de labios acariciando su lóbulo izquierdo y resoplando a su oído, se sobresaltó para caer de bruces contra el suelo.

-¿Clyde? -preguntó la seseante voz de Penelope a su lado- No sabía que estabas en esta clase.

-Yo… tampoco -dijo incómodo Clyde, levantándose del suelo-. Por cierto, ¿qué clase es?

-Economía Doméstica -respondió Penelope, sonriendo ansiosa-. Me habría apuntado a Italiano, pero mamá está cansada de que le mencione que quería ir a Parma cuando cumplí dieciséis.

-¿Has visto a Lincoln hoy? -preguntó Clyde.

-Se supone que trabaja con Jordan, pero hoy no he visto a ni uno ni otro -contestó Penelope con tono engañosamente seductor-. Creo que puedes tomar la clase por ellos, chocolatito.

Al hablar, la maestra Flores entró. Previo a sentarse en su escritorio, puso el seguro a la puerta y sacó un libro.

-La clase de hoy no necesita a tantos estudiantes -explicó la afroamericana-, así que seré clara. Como algunos de ustedes sabrán, esta semana es Acción de Gracias, y los que hayan faltado hoy tendrán una tarea especial para el jueves. Ustedes, por otro lado -continúa-, tendrán que elaborar un plano de zonas para la colecta de beneficencia del Centro Comunitario. Tienen de aquí a los siguientes cuarenta minutos.

-Estuvo cerca -susurró Clyde.

-Pessin -llamó Flores-, ¿puedes hacerte un poco a la izquierda?

Lo que temió Clyde no tardó en materializarse. Con paso veloz, la docente se acercó y notó que él estaba presente.

-Puedo imaginar que eres de la clase de Zbornak, ¿o me equivoco? -cuestionó esta.

-Ah…

-¿No se supone que debías de irte a casa?

-Mi última clase era con él -respondió Clyde, nervioso.

-En fin… -suspira Flores-. No todos los días hay alguien que prefiere estar aquí a soportar a ese viejo degenerado. Ya era hora de que le tocara algo gordo por ocupar mi lugar de estacionamiento.

Retirándose al escritorio, Clyde se pregunta qué hizo retrasar a Lincoln para tomar clases justo antes de que se escuchara un golpeteo contra la puerta.

.

Con algo de prisa, habían tenido que detenerse en el baño. En el almuerzo, Mollie terminó por bañar a Jordan accidentalmente de salsa boloñesa, lo que les obligó a detenerse en el sanitario.

El autoproclamado "hombre del plan", para no levantar sospechas, se decidió a sacarse la camiseta de debajo de la chaqueta y se la dio antes de recargarse contra la pared y esperarla como si tal fuera la cosa. Los pasillos, vacíos, solo tenían a los monitores supervisando. Ello significa que Kat, de mala gana y solo por el respeto que le tiene a Jordan, los está cubriendo.

Pensando en los nervios que siente de tener que ir a su primer hogar el jueves, decidió mascar algo de goma. Ilegal, si, pero al menos tiene un buen motivo como es una visita programada a la oficina del consejero escolar. Liam le habló de la interina como aquél tipo de mujeres que él evitaría de primera intención, por lo que no tiene una buena opinión de ella.

Salvo una fuerte exhalación y un rítmico claqueteo de zapatos, todo está tranquilo. Atontado, no se da cuenta de la persona que se dirigía hacia donde está.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Mollie sin prisas en cuanto se hizo presente.

-Espero a Jordan -responde Lincoln-. ¿No se suponía que tengo una orden de restricción?

-El juez la desestimó -dijo la chica a su vez.

-Tus papás deben estar molestos.

-Lo están. Querían incluso ver la posibilidad de que te echaran de Royal Woods, pero es un hecho que no. Dijo que no procedería si no hay pruebas de que tú hayas empezado, así que…

-Así que ¿qué?

-Mis papás todavía te guardan rencor.

-Al menos no son como mi papá -dijo Lincoln llevando la mirada al techo-. Quiere que acompañe a Lori pasado mañana a Ohio.

-¿Quieres que alguien los acompañe? -preguntó Mollie, interesada, antes de bajar a la barbilla la máscara.

-Jordan ya se ofreció -respondió Lincoln sin fijarse-. La paga no será mucha, pero…

Con la voz muerta antes de aquella acción de Mollie, Lincoln se percató que era algo vagamente familiar, de cuando su madre los sorprendió aquella tarde. La única diferencia es que él está plenamente consciente de lo que está pasando, de lo que ella está haciendo.

Bajando la máscara del peliblanco, ella se aprestó a robarle al chico un beso francés. Con algo de torpeza más propia de una novata, la lengua de Mollie trata de bailar, recibiendo en respuesta una improvisada cátedra de cómo moverse dentro. Lincoln actúa con cierta torpeza inicial, tomando a los pocos segundos el control antes de romper contacto entre bocas.

-¿Qué fue eso? -preguntó.

-Podría decirse que es la secuela de lo que empezamos en casa de tus papás -sonrió coqueta Mollie-. Me gustó lo que toqué en casa de Jordan, y quiero una muy buena dosis.

-¿No ibas a clase?

-DiMartino puede esperar, Linc. Te veo luego, conejito.

Pasmado, Lincoln recibió un beso corto y un breve "hasta luego" antes de que la chica se perdiera en el pasillo. Dos minutos de aparente discusión de la que Lincoln hizo bien en alejarse prudente de la puerta y, en menos de lo que le toma cantar a un gallo, ambas chicas salieron. Mollie hacia su clase, en tanto que Jordan solo se quedó mirando.

-Tienes algo de labial en la boca -señaló Jordan, acercándose a olisquear-. ¿Huelo fresa salvaje con moras?

-Ah, bueno, yo… -titubeó Lincoln.

-Lincoln, no mientas -detuvo Jordan, ceñuda-. Sé que Mollie estuvo por aquí. Ése es su brillo favorito desde el séptimo grado.

-No es mi culpa que tenga la cabeza zafada por mi.

-¡A eso me refiero, tonto! -acusó Jordan, jaloneando a Lincoln-. Vamos. Ya se nos hace tarde para la clase de Flores.

Por un instante, Lincoln vio en los ojos de Jordan algo más que simple afán de ir a clases. Es obvio que a ella le gustaba alguien, pero desconoce quién sea el objeto de sus sentimientos. Imposible que sea alguien que conozca, pues ya Chandler y Trent pasaron con ella. El primero no duró más allá de las dos semanas en el sexto grado después de Navidad, mientras que con Trent es algo más que hermética en lo que pasó entre ambos… no. Tenía que ser alguien más, y por un segundo pensó en Mollie. Pensó en lo que pagaría por ver la reacción de los Nordberg por escuchar que una chica pretende a su Ovejita como si nada.

A pesar de que no les tomó mucho llegar al salón de Flores, se sintieron estafados al llegar junto con una compañera latina a la puerta del mismo.

Escuchando el sonido del seguro de la puerta, la docente les abrió.

-¿Me pueden explicar qué hacen ustedes tres fuera de mi clase?

-Accidente con mi ropa -respondió Jordan.

-La acompañé a cambiarse -secundó Lincoln.

-Tuve sesión con la consejera suplente -alegó la chica Jara, una latina que a Lincoln le recuerda vagamente a Ronnie Anne.

-Entonces ya pueden irse -sentenció Flores. Los quiero ver el miércoles en el Centro Comunitario para labores de voluntariado de la escuela.

-¿Por qué nos hace esto? -preguntó sorprendida Jara.

-Entonces procuren no faltar a mi clase antes de que termine el semestre -agregó la docente, cerrando la puerta.

-Esto no lo vale, con un carajo -escupe molesta la latina, prácticamente dejando solos a ambos.

-Lincoln, ¿puedes hacerme un favor? -pidió Jordan. Este asiente- No digamos nada de esto.

-No iba a hacerlo, de todos modos.

Dejando atrás el salón, prefirieron ir cada quién a casa. Como ya prácticamente no tenían nada que hacer, ambos, por su cuenta, se prepararon para lo que les esperaba el resto de la tarde. Tarde de compras para Jordan, una tarde con los chicos para Lincoln. Aunque la idea de que alguien siga al chico le incomoda de cierto modo, no puede sentir sino una ligera picazón, para nada desagradable, al ver que quien lo sigue es su mejor amiga.

~o~

Junio 20 de 2021

De acuerdo a sitios especializados como el portal de la Clínica Mayo y el del Centro Médico ABC (sitio que consulté), algunas secuelas importantes observadas en pacientes de covid-19 son pérdida de olfato y gusto, daños renales y vasculares, daño pulmonar, merma en la capacidad locomotora (reversible con terapia y dieta), depresión y ansiedad por estrés post-traumático, arritmias cardíacas... la mayoría de dichas condiciones, permanentes. Particular énfasis en el daño respiratorio y vascular, pues este puede ocasionar que quienes estén recuperados (yo no usaría ese término a la ligera en casos severos a graves) necesiten estar conectados a oxígeno el resto de sus vidas.

A estas alturas, he considerado seriamente dejar esto en un breve hiatus para revisar más a fondo, refinar y adaptar elementos de la quinta temporada que hasta ahora haya visto (de ahí la edición al primer capítulo con el segundo nombre de Lincoln, Albert y no Marie u Oliver como se manejó)... y lo que faltará.

Un detalle sobre la consejera escolar suplente. Esta era un OC que tenía destinado para un fanfic de Drama Total que, por desgracia, fue borrado por la autora, así que decidí rescatar a la pequeña Sharon Takiguchi, virtual opuesto de cierto trabajador social y psicólogo.

Si se les ocurre ir al gimnasio, más bien si quieren retomar las visitas al gimnasio, procuren que el lugar esté bien ventilado, para una mayor dispersión de los aerosoles donde viaja el pequeño bastardo viral, o mejor. Vayan a su parque abierto más cercano y extremen precauciones.

Viendo que no hay reviews, no tengo nada más que decir, así que...

Sigan sintonizados...

Sam the Stormbringer