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Vínculos
XI
Acción de "Gracias, por nada"
Las afueras de Freemont, Idaho
24 de noviembre de 2021
8:23 am
Zona del botadero
Cosas como la pestilencia a fruta podrida que acelera la maduración de la fruta verde jamás se olvidan cuando es la primera vez que les golpea la nariz. En especial cuando uno jamás había ido a sitios con ese aspecto miserable.
Para Lincoln, no es novedad un sitio así. A unos diez o quince kilómetros al este de los alojamientos estudiantiles en Windsor había un botadero a donde los pocos productores de la zona botaban grandes cantidades de coles, nabos y rábanos durante el verano del año pasado, y una de las tareas más ingratas que asignaban a Lori era precisamente recoger lo que estuviera en mejor estado.
No solo Mollie -a quien Lori aceptó de mal talante- se unió al pequeño grupo, sino que también lo hizo Liam con su cabra Carol Anne, Clyde -a quien Howard saturó con guantes, gel y un tanque de oxígeno médico de cinco litros por si acaso- y Jordan.
En cierto modo Lori se quedó tranquila. Con Lincoln y amigos recogiendo caja tras caja de papas y Mollie lo bastante lejos de su hermano, apenas y sintió que acarreó carga sobre Vanzilla.
-¿Es en serio, Lincoln? -cuestionó Liam, cargando sobre sus brazos un par de cajas- Viejo, eso no se hace.
-¡No fue mi intención! -reviró Lincoln-. Me atrapó esperando a Jordan en el baño antes de la clase de Flores.
-¡Eso dicen todos cuando hay una chica de por medio! -bufó Liam.
-No es lo mismo -intervino Clyde, sufriendo bajo media caja de papas-. Nos lo dijo como tres veces.
-Cuatro con esta -aclaró Lincoln.
-El punto es que invitaste a alguien a salir -cortó Liam-. Alguien que me interesó hace mucho.
-¡¿Y cómo iba yo a saberlo?! -preguntó molesto Lincoln.
-Ni idea. Creí que ya sabías que Liam intentó invitar a Mollie a salir con él -apuntó Clyde.
A unos metros de ellos, muy ajenas a aquella discusión y a la vez muy metidas en el tema, a Jordan no se le escapó soltarle un breve comentario. Ambas preparatorianas se dedicaban en ese momento a quitar hojas marchitas a dos cajas de coles y lechugas que Lori negoció con un agricultor que prefiere ganar unos cuantos dólares por menudear su mercancía sin intermediarios a botarla sin más.
-¿Desde cuándo te interesó Lincoln? -cuestionó Jordan, dejando un poco su labor con una col.
-¿Disculpa?
-Pregunté desde cuando te gusta Lincoln.
-Jo, sabes que él y yo no nos gustamos de gustar, gustar -atajó Mollie, estrujando una lechuga romana.
-No mientas -insistió Jordan al tomar una col-. El lunes que él y yo llegamos tarde a nuestra última clase apestaba a fresa salvaje y moras.
-Ese brillo se ha vuelto popular y lo sabes -objetó Mollie.
-¿Sólo porque Sadie, Kat, Emma, Chloe y Arizona lo usan? ¡Por favor, Mollie! -exclamó Jordan, dejando caer la col que apenas limpió- Que muchas lo usen no significa que sea popular.
-¿Y por qué lo dices?
-¡Solo ustedes seis lo usan!
-¿Y qué si lo uso?
-No puedes mentirle a nadie -observó Jordan-. Todos en la escuela saben cómo eres entre amigos, en las fiestas y en tu casa.
-Y por eso no puedo arriesgarme a que mis papás lo sepan -respondió Mollie-. Si mi hermano me ha cubierto es porque me ha cuidado tanto como puede, así que si yo caigo no me voy sola.
-¿Es una amenaza?
-No para ti, Jordan. Si yo caigo, Morgan viene conmigo.
-Menos mal.
-¿Por qué crees que le dije a papá que tu fiesta era una noche de estudios? -preguntó retórica Mollie.
-Por la misma razón que me dijiste que tus papás tienen a Lincoln en su lista negra -contestó Jordan-. No puedes permitirte que se enteren que sales con alguien que les repugna, y menos si lo quieres en serio.
-¡Yo no dije nada de quererlo! -exclamó Mollie.
-Entonces quítate la máscara y dímelo -retó Jordan, obedeciendo Mollie en el acto.
-Dije que no dije nada sobre quererlo -repitió Mollie, con los labios temblando.
Eso le bastó a Jordan. Torciendo sus labios en una sonrisa pícara, empezó a picotear con los dedos sus costillas.
-Te gusta el helado -añadió burlona, cambiando de igua forma el acoso.
-¿Qué tiene que ver el helado con eso?
-Te gusta… -continúa Jordan, estrechando a su amiga hasta apresar su cabeza contra su pecho-…, Lincoln te gusta
-¡No es cierto! -insistió Mollie a pesar de ser verdad.
-Oigan -terció la voz de Lori a la distancia-, si ya terminaron, vayan con los chicos. Literalmente terminaremos apestando más entre más tiempo nos quedemos.
-Sólo estábamos relajándonos un poco -excusó Mollie.
-Bueno, el descanso terminó -indicó Lori, cargando el furgón con una caja de coles ya limpias.
-Vaya forma de pasar tu semana de cumpleaños -se quejó Mollie.
-Por lo menos nos van a pagar por esto -replicó Jordan, tomando en el acto una caja de coles.
Accediendo cansadas, se acercan a donde los chicos ya terminaron de cargar el furgón que Vanzilla arrastra en cada viaje de este tipo.
Con todo, los adolescentes se sintieron agradecidos. A pesar del trabajo duro, lo preferían a tener que pasar el día aguantando al paranoico de Vickers o al demente de Helmsley. Hasta Lincoln y Jordan se sintieron aliviados, ya que el irregular periodo de Flores se había presentado el lunes y su humor se ponía pésimo en esos días, razón por la que se vieron obligados a evitar la colecta del centro comunitario. El peliblanco se reportó enfermo, mientras que su pareja de Economía Doméstica se tomó la molestia de enviar con Trent una nota diciendo que estuvo detenida en la comisaría por manejar una motoneta sin licencia.
Sin previo aviso, Liam le arrojó a Clyde una cebolla pasada. Tomando bien el golpe, reaccionó intentando devolver el favor, cayendo el proyectil sobre Mollie. En su defensa, Jordan quiso hacer lo propio, pero para su mala suerte tuvo la puntería suficiente como para lanzarlo hacia Lori.
Decaídos por eso, el trayecto de regreso no fue muy agradable en un principio. Por simple precaución, Lori acomodó en los asientos de Vanzilla a los chicos, dejando a Liam como copiloto, Clyde en el asiento húmedo, Lincoln en el del resorte y las chicas al fondo.
Distraído con el paisaje, el peliblanco revisó un poco Facebook. Entre la sesión de tortura que representaba Química y lo pesada que se puso DiMartino en Francés, se animó a pedirle la tarea de esta última a Artie cuando recibió un mensaje.
-¿Te gusta la vista? -preguntó Mollie, adjuntando una foto suya en pantaleta y cubriendo su pecho con el cabello.
Incómodo con eso, no responde.
-¿Y qué tal ahora? -añadió Mollie.
Con la siguiente foto tuvo más inconvenientes todavía. Sentada en postura de loto, exhibe su pecho coronado con areolas claras completamente expuestas y el cabello por completo despeinado.
"¡Eso es demasiado!", pensó antes de unir a Lori a la conversación. Una cosa es que su hermana fuera bastante abierta con él como para darle su primer charla de educación sexual y enseñarle de algunas prácticas, pero de ahí a permitirle posesión de material explícito es algo muy distinto. Sobre todo si son fotos que Sadie le había enviado, con las que ha tenido noches algo alocadas.
Aprovechando que Lori se detuvo por un semáforo a la entrada, decidió agregar a su hermana y, acto seguido, salir y eliminar la conversación de su teléfono. No le tomó mucho tiempo ver la reacción de su hermana y escuchar los tacos que empezó a soltar.
En cuanto llegaron al restaurante, y luego de una pequeña discusión producto de los honorarios de casi todos -por desgracia para Lincoln, Lynn prefirió darle su pago a Lori por pensar que se lo gastaría pronto-, Lori decidió confrontar a su hermano en cuanto dejó a Liam en su casa.
-¿Qué rayos fue eso? -cuestionó Lori al pasar sobre un bache en la terracería.
-No sé que rayos me ve Mollie -confesó Lincoln-. El lunes me besó afuera de los baños de chicas en la escuela, ayer fue una rebanada de pastel en la cafetería y hoy…
-No… lo digas -detuvo Lori mientras borraba la conversación-. Conocí a su hermano en la secundaria y literalmente era un pesado. Apenas y la gente lo aguantaba, sea que sus padres estuvieran allí o no.
-¿Estás segura? La primera vez que traté con los Nordberg parecían buena gente, pero después de eso me quieren tan cerca como una pila de estiércol -detalló Lincoln.
-Está dejando de gustarme -declaró Lori-. ¿Te soy honesta? Me parece una mojigata de lo peor desde la fiesta de tu amiga. ¿A quién se le ocurre meterse contigo en un cuarto estando borracha?
-Son cosas del alcohol, me dijiste eso varias veces -respondió Lincoln.
-Eso no es excusa -sermonea Lori-. ¿Crees que me gustaría ser tía ahora? ¿Qué tengas que cambiar pañales y buscar trabajo de tiempo completo en vez de graduarte?
-Lori, por favor…
-Nada de "Lori, por favor" -continúa la rubia-. ¿Te gustaría que los padres de como sea que se llame te hagan trabajar como asno por un error de una noche? O peor todavía, ¿quieres acabar en prisión?, ¿qué solo podamos verte una o dos veces al mes hasta que las gemelas o Lily se gradúen?
-No.
-Linc, no siempre voy a estar ahí para remediar todos tus problemas, pero no quiero que te quedes a la deriva por una estupidez como pasó con una amiga de Lynn.
-¿Cuál de todas? -quiso saber el peliblanco.
-Esa que usaba suéter, Sylvia, Cindy…
-Cici -corrige Lincoln-. Va conmigo en Francés y lleva a su hijo a clases aunque no debe.
-Si, eso. Bien, Cici. Ella terminó así porque Lynn me contó que se metió con alguien mayor.
-¿Y cuál es el punto?
-Que no quiero que termines igual o peor que ella.
-No soy tan estúpido -dijo ofendido Lincoln.
-Sólo cuando no piensas con el pene o estás borracho -replicó Lori antes de que el teléfono de Lincoln vibrara.
-¿Quién será? -preguntó el peliblanco antes de leer
-No te pido mucho ni nada del otro mundo -continúa Lori, ignorando-. Sólo piensa en qué podrías meterte.
-Es Mollie -dijo Lincoln-. Dijo que ya habló con sus padres y los convenció de invitarme a cenar mañana.
~o~
-Claro que no va a ir -respondió Leni a una pregunta que Lola le hizo-. Se supone que vendría este fin de semana a pasar las vacaciones, ¡y lo primero que hace es dejar aue su novia lo invite!
-Insisto en que Lincoln tiene un pésimo gusto con las chicas -atajó Lucy, dejando de lado su lectura-. Le puedo volver a presentar a Haiku u ofrecerle a Persephone.
-Tú tienes pésimo gusto por presentarle cadáveres andantes -replicó Lola, quien lima sus uñas y tiene una mascarilla de aguacate en la cara-. De seguro quieres que termine como Luan en cuanto las vea.
-¿Un chico se hace gay viendo góticas? -preguntó inocente Lana, más enfocada en guardar uñas cortadas en un frasco.
-Negativo -negó Lisa, sujetando una libreta y usando su pijama con pantuflas de conejo-. De acuerdo con no pocos estudios sociales, las integrantes de dicha comunidad urbana son más bien uno de los… -cortó, pensando que las gemelas y Lily no están listas para ese tipo de conversación-… solo diré que son de las favoritas de algunas personas que desperdician mucho tiempo en sitios indecentes. Ergo, harías bien en buscar un mayor camuflaje si quieres evitar atenciones indeseadas.
No era para menos. En cuanto Lincoln se puso en contacto con Leni y con sus padres en privado (y Lisa tuvo que resignarse a desconectar las cámaras y micrófonos del búnker) para darle la hace una hora, Leni tuvo que darles el anuncio en la habitación de las gemelas. Dado que estas habían pasado el último fin de semana en el departamento, la noticia no parecía haberles afectado gran cosa. Lola incluso se tomó la molestia de redecorar la antigua habitación de Lincoln… lo que se tradujo en darle un toque más bien cargado de tintes regios mucho más propios de una precoz diva adolescente que de un chico de preparatoria.
-Por lo menos serían mucho más interesantes que la caterva de huecos ególatras que llamas amigas -atacó Lucy.
-No intentes probarme tu punto -declinó Lola, recostándose sobre su almohada.
-Ya lo hizo, aunque de forma bastante deficiente -señala Lisa.
-El punto es que Lincoln invitó a una chica rara -dijo Lana después de eructar-. Chicas, Lincoln necesita que lo saquen de ese agujero.
-Y si… -empezó a hablar Lily.
-Lily, ya hiciste demasiado por él -cortó Lisa-. Por lo que Leni nos contó, pasas demasiado tiempo con Lola como para que muchos de sus malos hábitos se te pasaran.
-¡No se vale! -gimoteó la menor.
-¿Alguna sugerencia que no sea de Lily? -cuestionó Lucy.
-¿Qué tal si invitas a los Nordberg? -preguntó Lola- No se llevarán a Lincoln, estaremos con él en familia y probablemente harás las paces con Lori, todo en uno.
-Es la peor idea que haya escuchado en mi vida -replicó Lily pateando un peluche para enfatizar su respuesta.
-No suena tan mal -defendió Lucy.
-Considerando la personalidad del matrimonio Nordberg -avanzó Lisa-, es muy poco probable. Escuché a papá decir que dicha pareja siente un particular desprecio hacia quienes se dedican al ramo de servicios, y más en específico la industria restaurantera. También leí el semanario adventista local de la segunda semana del mes pasado.
-¿Tú leyendo de religión? -preguntó Lana.
-Ella es columnista de ese periódico de segunda -aclara Lana-, y lo que dijo sobre Lincoln no es nada alentador. Lo pone como un sucio pervertido. ¿Cuándo ha espiado a alguien?
-¿Qué es pervertido? -preguntó de nuevo Lily.
-Lily, por favor vete -pidió Leni-. Esto ya se está haciendo una conversación para mayores.
-¿Y por qué Lisa se puede quedar? -protestó la menor.
-Porque es más madura y lista, por eso -contestó Lola-. ¿Quieres hacerme la pedicura?
-Lola, ayer te la hice -reprochó Leni.
En cuanto la mayor terminó, Lola dirigió un guiño que le dio a entender que se la iba a llevar a cambio de una larga charla dentro de una hora. Lily, poniendo mala cara, acompañó a Lola al baño.
Una vez que Lily y Lola dejaron la pieza, pudieron seguir.
-¿Desde cuándo Lincoln se pone a espiar a las chicas? -preguntó Lana, todavía un poco atontada.
-Nunca lo ha hecho -defendió Leni-. Tal vez la última chica que vio desnuda fue Lily antes de que dejara los pañales.
-Además olvidas que me las gemelas y yo nos quedamos con ellos -secundó Lucy-. Lincoln no hizo nada realmente interesante desde ese encuentro con la muerte frente a ese oso polar.
-¡Eso es mentira! -replicó Lana, divertida- No puede haber osos polares tan al sur.
-Me contó que fue en Churchill -continúa Lucy, suspirante-. Tuvo demasiada suerte para un evento traumático semejante.
-¿No creen que mamá y papá le creerían eso? -cuestionó Lana.
-Si no se los ha dicho debe ser por algo -dedujo Leni.
-Tal vez no quiso preocuparlos -razonó Lucy-. El punto es que está de vuelta, pero las condiciones en que lo hace no son exactamente las mejores.
-¿Es porque no estamos vacunadas? -planteó Leni, llevándose un pie al mentón.
-¿Tú por qué crees? -Leni dudó ante la respuesta de Lana-. Si viene Lincoln es obvio que vendrá Lori. Si va con los Nor… bleh, Lori tiene que venir y mamá se va con él. Lola tiene razón.
-¿O sea que quieres que los invitemos mañana? -preguntó Leni.
-Intenta convencerlos -convino Lucy-. Al fin y al cabo, sería cosa de persuadirlos.
Con eso en mente, Leni dio fin a esa junta de hermanas. Por mucho que le haya dolido ese fugaz y brusco primer reencuentro con Lori, decidió apostarlo todo a que podrían volver a su relación como estaba antes de Fairway.
Pensó un poco sobre el día de mañana. Siendo que es Acción de Gracias, el escenario era inmejorable, y sería el tercero que Lori intentaría pasarlo con los Casagrande que estén dispuestos a visitar Royal Woods. Aprovecharse de ello, concluye, sería demasiado arriesgado.
~o~
De todas las mañanas en el año para todo estadounidense, el último jueves de noviembre es siempre el más atareado y pesado, y al mismo tiempo el más sagrado. Familia, fútbol, pavo y convivencia, todo ello enmarcado por la leyenda fundacional sobre la que está construida la nación entera.
De todos modos, para Lori empezó con las peores noticias que podría recibir en un día que se supone revdrencial.
Por un lado, sus padres los invitaron a cenar. No habrá tenido inconvenientes de no ser por la presencia de Leni y, cosa que puso nervioso a Lincoln hasta la palidez, los Nordberg, aquella familia de religiosos que por Morgan conoce demasiado bien.
Cuando preguntó por los Casagrande, eso la llevó a la segunda y peor noticia. Por una previsión de contagios masivos en la ciudad, el gobernador impuso un toque de queda de 11:00 pm a 6:30 am para trabajadores esenciales y a 7:30 para el resto. Esto la molesta porque, de entrada, le impide pasar el día con una de las personas que más quiere para evitar confrontar a Leni.
Con Ronnie Anne y Bobby trabajando a marchas forzadas en el Mercado y con una evidente negativa Casagrande para acudir, está más que justificado su pésimo humor después de haberse enterado. Y lo peor, para variar, su hermano no estaba en la mejor disposición. Para ella, es una suerte que Lincoln haya tenido la sensatez de irse a casa de los McBride hace un par de horas.
Todavía con el baño libre, estuvo a nada de entrar cuando escuchó un fuerte golpeteo, seguido por una potente patada que estuvo a nada de hacer añicos la puerta. Temiendo lo peor, Lori solo se resignó a abrir la puerta, recibiendo muy mal un nuevo impacto que, en otras condiciones, habría hecho saltar la puerta de sus aldabas. En su lugar, tenía enfrente a una cierta castaña que mantiene todavía su juvenil peinado.
-¡¿Dónde está?! -bramó Lynn, molesta, antes de arrojar sus maletas contra el sofá al entrar- Lucy me dijo que el Apestoso vivía aquí… ups.
-¿Sólo… ups? -gimoteó Lori desde el piso.
-No es que me importe, pero me dijeron que quiso aprovecharse de una chica de su escuela -observó Lynn, amenazante-. Solo vine a dejarle en claro qué pasará de nuevo si lo hace.
-¿De dónde sacaste eso? -cuestionó Lori, apoyándose en la puerta para levantarse.
-La prima de Margo le contó que la tenía con papá y mamá -describe la futbolista-. También le contó que ella usaba un juego de cuero como una de esas masoquistas de los canales para adultos.
-Puedes decirle que, literalmente, es una idiota por decir eso -gruñó Lori.
-Y supongo que los Leones no irán a comer pavo hoy -dijo burlona Lynn, tomando asiento y buscando el control remoto del televisor..
-Ya tengo suficientes problemas con que Lincoln se haya ido con los McBride antes que ayudarme aquí.
-¿No tienes el canal de deportes? -preguntó desinteresada Lynn, buscando cualquier señal de fútbol en cualquier canal.
-Solo televisión abierta, y sabes lo aburrido que puede ser -respondió Lori con acritud-. Si quieres deportes mejor hubieras pasado con mamá y papá.
-Pfff, ¡como sea! -resolvió Lynn una vez que se sacó los zapatos-. ¿Y para qué dices que se fue con los McBride?
-Dijo algo de una tarea pendiente -respondió Lori-. Está aprovechando que ellos ya no celebran Acción de Gracias desde que falleció el señor McBride.
-Que mal. Ellos hacían que el pavo de papá fuera cosa de novatos.
Sin más qué decir en el momento, Lori se dirige al baño.
Desde hace unos pocos días, la rubia llegó a la conclusión de que Lynn no salió tan afectada de su partida como lo estuvo sobre Lincoln. Con buenas razones, porque lo último que ella misma recuerda sobre las veces que le acompañó en primaria fue muy diferente a lo que escuchó a Lincoln decir fueron dos tres primeros días de secundaria. Siendo la tercera Loud en ser monitora en algún momento de su educación (si cuenta a Luna, que terminó la primaria en el cuadro de honor), le parecía demasiado rudo que la atleta lo encerrara en su casillero y, poco después, la destituyeran del puesto por abusar de su poder.
Las cosas no terminaron allí. En el tiempo que la atleta ha estado en preparatoria las pocas veces que hablaron habían sido más para que Lynn pudiera remarcarle que ha sido bastante más ruda con los clubes deportivos como para hacer gala de un marcado desprecio por equipos como el de tiro con arco y golf. El primero por considerarlo demasiado soso y anticuado, el segundo por no considerarlo como un verdadero deporte, al grado de presionar para que, en una nueva visoría, el entrenador Niblick fuera recibido por Helmsley mismo en medio de un mar de insultos mal disimulados, aprovechando el poco tiempo disponible gracias a la segunda oleada de contagios de Covid-19 en el país, mucho más dura e inclemente que la primera gracias tanto a las mutaciones como a los retrasos con la investigación y desarrollo de vacunas y tratamientos.
Para cuando salió del baño, Lynn estaba más que molesta. Con el teléfono hecho trizas, pudo tener un motivo. O su equipo está perdiendo o, cosa más probable, recibió malas noticias. Sin darse una idea, decidió preguntar.
-¿Estás bien?
-¿Tú qué crees? -devolvió furiosa Lynn- Papá quiere que vayamos como si de un evento formal se tratara, y encima quiere que todos pasemos la noche en casa. ¡No quiero tener que compartir cuarto con Lucy de nuevo!
-Lo mismo digo sobre Leni -secundó Lori, cruzada de brazos mientras mira al piso.
-¿Todavía sigues molesta por eso? -cuestionó la atleta- Es solo una estúpida universidad con un estúpido deporte como punta de lanza. ¿A quién le interesa?
-A mi me importa.
-Para tu mayor información, estoy harta de estudiar, estudiar, estudiar. Ya quiero que me metan en el primer equipo, ¡y lo único que tengo es que debo mantener un promedio superior a B para que me consideren siquiera para la banca!
-Debería interesarte -remarcó Lori-. Al menos tú no tuviste que…
-¿Otra vez con eso? -preguntó Lynn antes de repetir- ¡Es solo una estúpida universidad! Un deportista debe dar el 110% en la cancha, no en un estúpido salón con un montón de nerds.
-¿Y qué crees que te ganó estar en ese "montón de nerds", como le llamas? -expresó molesta Lori- Tú no tuviste que buscar una beca para entrar a la universidad que querías solo para que una imbécil certificada lo echara a perder, largarte a Canadá para verle la cara de nuevo ni tener que hacerte cargo de nadie porque no supo acostumbrarse a un demente.
-El Hof no era un demente -justificó Lynn.
-Díselo a Lincoln y los dos días que aguantó su cacerola de atún.
-Yo pasé por eso y no ve viste quejarme. ¿O vas a decirme que tampoco tú lo aguantaste?
-A mi no me tocó con él -declaró Lori.
-Entonces, si te crees tan valiente, ¿por qué no vas hoy a casa?
Atrapada por quien consideraba hasta hace unos años la hermana más idiota que tuvo, soltó un suspiro pesado, fue a su habitación y buscó dos vestidos formales. El primero, una pieza corta celeste de algodón que llevó al baile de graduación de secundaria de su hermano, mientras que el segundo era un elegante conjunto de raso con chalina de poliéster a juego que Lincoln le trajo.
-¿Cuál de los dos? -preguntó Lori.
-¡No lo sé! -dijo desdeñosa Lynn- Yo no traje vestido de gala.
Torciendo la mueca, sacó el gancho del primer vestido y se lo lanzó a la cabeza a su hermana, quien ni se inmutó del golpe recibido.
~o~
Las cosas no pudieron haber ido de mejor forma. Por lo menos en el papel, puesto que los Nordberg, sentados en la sala, se sentían revueltos entre ofendidos por la forma en que, aparentemente, los Loud están unidos, y sin necesidad de recurrir todavía a Lincoln y a Lori.
Luan ya había avisado que no vendría. Las cosas con una maleta de Maggie en el aeropuerto se complicaron al encontrarse un polvo blanco de dudosa procedencia, mientras que Luna avisó que preferiría no tener que ver a Lincoln a menos que sea bajo sus condiciones "para no abrumarlo demasiado".
Con todo, Leni reconoció que Morgan no acudió. Como Luna, mantuvo su distancia, aunque sea declarando antes que golpearía a Lincoln si lo ve a menos de veinte metros de Mollie. Las niñas lucen sobre todo ansiosas, en especial Lisa. Lily, por su parte, dijo sentirse mal y no bajó ni de broma. Myrtle, en cambio, luce radiante con el cabello recogido en riguroso duelo por Albert, a más de un año de su deceso.
Viendo toser al señor Nordberg, Leni notó que se sienten incómodos. Todas las habladurías, al parecer, habían hecho mella después de aquél incidente con Mollie hace semanas. Comprendió que la cabeza de sus invitados está inquieto, en gran parte porque está perdiéndose el juego entre Leones y Osos. Esperar en suelo que le parece hostil, es punto y aparte. En cuanto a la madre de Mollie, es difícil saber qué pasa por su cabeza, y con franqueza Leni rehúye su mirada. El agrio encuentro que tuvieron lo hizo más difícil de lo que ya era esperar a Lincoln y a Lynn.
Una tos de Rita rompió un poco el silencio.
-Tiene unas… lindas begonias -aduló Helen, en tono ligeramente mordaz.
-Es cosa de ocupar un buen fertilizante, gracias -respondió Lynn sr, sonriendo nervioso.
-Me consta -secundó Lana, recibiendo una mirada áspera de su madre.
-Lana, silencio por favor -dijo Rita en voz baja y tirando de su camiseta con serigrafía de esmoquin.
-¿Cuánto irá el marcador? -preguntó insistente Harvey.
-No estamos aquí para tus cosas, Harvey -recriminó Helen, molesta con su esposo.
-Es lo mismo que suelo decirle a Rita y a Lj cada vez que juegan los Leones en casa -secundó Lynn sr, queriendo congraciarse con sus invitados pese a que la duda también lo carcome.
De nuevo, se hizo un silencio incómodo.
Mollie, entre tanto, miró a todos y cada uno de los Loud. Por lo que Lincoln y Leni le describieron anoche, debería mantener sus distancias de Lucy (recordando que a ella le encanta acudir a los funerales), Lana (y más con esa rana que lleva sobre su cabeza) y Lisa (ya que Lincoln le contó que la hermanita genial que conociera fue un experimento social). Lily, por su lado, no parece nada interesada, y en cuanto a Lola se refería, las miradas melosas que le dirigía le decían "enséñame a verme y a ser como tú" sin problema.
Con todo, los Nordberg no se sienten cómodos. De hecho, tiene la lúgubre sensación de que ese sillón en el que están sentados en particular ha sido sede de actos muy por encima de su sentido moral. En especial el brazo donde Helen tiene recargado el brazo parece causarle a esta una fuerte repulsión, como si sus anfitriones hubiesen hecho de todo ahí excepto reposar sus brazos.
En lo que Mollie revisa su teléfono para mantenerse calmada, Lynn sr. hace lo propio. Leni alcanzó a leer.
¿Cuánto les falta?
Diez minutos escribió Lincoln.
Más les vale llegar. Tenemos…
-¿Te importa, cariño? -preguntó Lynn sr, queriendo mantenerse calmado.
-Haz caso a tu padre, niña -secundó Harvey, un tanto complacido-. Nuestra Ovejita no suele meterse donde no la llaman.
-Si supiera… -susurró Lucy para sí, casi inaudible para los Nordberg.
-¿Sabe, Loud? -externa Helen- hay diferentes formas en que los niños entienden. Con Mollie no hemos cometido los mismos errores que con su hermano.
-¿Qué clase de errores? -cuestionó Rita.
-Dejarla ser tan libre, por supuesto -expuso Harvey-. Toda esa parafernalia que venden los medios de lo que debe ser una adolescente son… ¿cómo decirlo? Banalidades sin sentido. Tienen que aprender que la vida no son fiestas y amigos que la lleven por el mal camino.
-Desde luego que no -secundó Helen-. Veo que tiene numerosas jovencitas en su familia.
-Por supuesto -respondió incómodo Lynn sr.
-Nos faltan algunos más -apuntó Rita-. Dos no pudieron venir, y otra decidió pasar por sus hermanos.
-El depravado y la disoluta -dijo para sí Harvey.
-¿Qué? -cuestionó Lynn.
-No, nada.
-¿Por qué no vamos a la cocina -sugiere Myrtle, algo temerosa para sus años-. ¿No creen, niñas?
-Pero si se está poniendo… -protestó Lola.
-Sin peros, Lola -reprochó gentil la anciana-. Van a hablar cosas de adultos. También puedes venir, Leni -ofreció.
-Me quedo aquí -respondió esta, decidida a mantenerse en sus cabales.
-Como quieras -rió Myrtle, llevando de la mano a Lily y acarreando a las gemelas. Lucy y Lisa a la cocina.
Entre reniegos, las menores obedecen a la abuela adoptiva, en tanto que Leni solo toma asiento entre sus padres con todo el decoro que en la mañana le fue mostrado por Lisa para situaciones así, cruzando sus tobillos y reposando las manos sobre el regazo.
-Entonces… once hijos -preguntó Helen, haciendo cuentas después de meditar un poco sobre los números dados.
-Es difícil creerlo, pero sí -respondió Rita con no poco orgullo en su tono.
-No nos oponemos a que la gente tenga tanta descendencia como le plazca, si la pueden mantener -declaró Harvey.
-Después de todo, el buen libro dice que el corazón del hombre planea su camino, pero el Señor establece sus pasos -apoyó Helen, sonando un poco mecánica.
-Proverbios 16:9 -aclaró el padre de Mollie.
-¿Qué cosa? -cuestionó Lynn sr.
-Nosotros preferimos tener solo dos hijos -añadió Helen, apresurada-. Nosotros nunca procederíamos a… ya saben, tener intimidad si no es para procrear.
-Veo que ustedes no perdieron el tiempo -añadió riendo Harvey, un tanto burlón, antes de recibir un codazo de su mujer.
-Cuando nació Lily -empieza a narrar Rita-, el doctor Patel dijo que estaba a nada del récord estatal.
-Cuatro hijos más y tendríamos un buen apoyo del gobierno -agregó Lynn sr con reservas.
-Los Schwandt… escuché de ellos en las noticias -murmuró Helen-. Oye, ¿no era Jay tu padrino en la junta de AA?
-No, ese era el marido de Amaris -corrige Mollie con reservas.
-Ah. Claro, Todd -sonrió Harvey-. Una lástima lo que pasó entre él y Amaris…
Perdida en la plática, Leni se dedicó a husmear un poco las redes. Entre lo que ya se supo sobre Luan y Luna, sumó una publicación de Becky en la playa de la bahía de Chesapeake con su familia, vestidos todos de puritanos, un video de Dana y sus padres posando tras el pavo y otra de los Pingrey en la casa-museo de Antoine De LaMothe-Cadillac, el fundador de Detroit.
Estuvo a punto de levantarse cuando vio una publicación de Lynn. Era una selfie donde ella, junto con Lincoln, hacían caras teniendo una mirada de Lori bastante severa en el retrovisor.
A punto de volver a casa #RoyalWoodz #AcciónDeGracias #LaLynncuraVuelve, rezaba el texto que acompaña a la foto.
Peor para ella, escuchó un auto derrapar en la entrada. Por la ventana pudo ver que se trataba de la vieja chatarra que le compró al vecino chocar de lado con un duraznero de la casa de al lado.
-¡¿Pero qué demonios?! -gritó desde la casa de al lado Carly Miller, furiosa por ver que su propiedad era dañada- ¡Ese duraznero ya tenía tres años desde que lo trasplanté! ¡Ya iba a dar frutos!
Era evidente que quien debía estar al volante era Lincoln. Revisando la publicación original, a los pocos segundos bajaron los tripulantes y Lori, evidentemente molestos. Por lo que puede interpretar, Lori le reclamaría a su hermano no saber estacionarse todavía, ignorarían a los Miller y, encima, no estarán de buen humor.
Tres golpes a la puerta después de que avanzaran un tramo y el que sus padres avanzaran sobre esta solo anunciaban que su hora cero ha llegado.
.
En el asiento trasero, después de ese bochornoso espectáculo que sus dos hermanos menores dieron, Lori se pregunta qué rayos tuvo que hacer para merecer ser recogida por Lynn. Lo peor del asunto es que, apenas se tomaron el tiempo para recoger a Lincoln de casa de los McBride, Lynn empezó a hacerlo objeto de su abrasivo afecto.
-Ahora escúchenme bien ustedes dos -dijo Lori, llamando la atención de Lynn en el acto-. Sé que no se han visto y es genial que intenten recuperar el tiempo perdido, pero ¡por favor, Lynn! ¿Qué tanto te cuesta comportarte?
-¿Tienes idea del trabajo que me costó encontrar un traje a mi medida? -secundó Lincoln- Y dices que eres más madura que yo.
-Y tú, ¿por qué tardaste tanto? -cuestionó Lori, evidentemente molesta.
-Quería verme formal sin corbata -respondió el peliblanco.
-¿Sólo por eso? En serio que a veces no te comprendo.
-Llevo dieciséis años preguntándome eso sobre todas -suspiró el chico.
-Eso sonó sexista -reprochó Lynn, descargando un golpe sobre el hombro de su hermano al ver un viejo Volkswagen Beetle.
-¡Nada de Auto-ataque en Lydia! -exclamó Lori- Mi auto, mis reglas, así que o se comportan, ¡o habrá dos pretzels humanos!
-Sería mejor si el Apestoso conduce -sugiere Lynn, desafiante.
-¿Qué? -dijo Lincoln, sorprendido.
-¡Sí! ¿por qué no? -accedió Lori, quitándose el cinturón de seguridad-
-¡Saben que todavía tengo problemas para frenar! -excusó Lincoln.
-Lo haría yo, pero estos zapatos se hicieron para meter goles -alegó Lynn-. Ojalá que algún día pueda asegurarlos.
-Eso es absurdo -reviró Lori.
-¿No puedo proteger mis piernas como los mejores?
-Lo dice la becada por un equipo.
-Oye, no es mi culpa que esos estirados te recha…
Lynn no pudo terminar. En el acto, Lori la sujetó por el cuello de la camiseta y la acercó contra su cara.
-¿Quieres que te recuerde bien qué demonios pasó? -dijo esta, torciendo la mirada de forma amenazante.
Para Lincoln fue como recordar la primera vez que Lori realmente se molestó con él en Canadá. Pasados dos días después de la primera Acción de Gracias local olvidó bajar el asiento del inodoro. Lori entró con prisas y, sentándose, fue demasiado tarde para avisarle que el borde estaba salpicado. Lo siguiente que recordó fue que amaneció semidesnudo en el corredor y con el asiento como una burlesca corona, hecho que le valió una sesión con el trabajador social de la escuela y una semana de cenas frías.
Comprendiendo de inmediato que Lori no estaba para juegos, Lynn tuvo que recargarse contra el asiento. Acto seguido, se sento a su lado.
-¿No piensas ir como copiloto? -preguntó Lincoln.
-Quiero ver qué tan bien lo haces solo -contestó Lori-. El lunes vas a presentar ese examen de manejo.
Entre maldiciones y una insinuación a bailar sobre la tumba de Lori, Lincoln se pasó al asiento del conductor.
Al menos en las primeras siete cuadras no lo hizo tan mal, pero al doblar sobre Olive y tratar de frenar para estacionarse sus nervios le traicionan, ocasionando que Lydia subiera a la acera y pasara por encima del césped del 1214 de la avenida Franklin, la casa al lado de su primer hogar, y diera de lado con un duraznero, tirándolo sin remedio.
-¡¿Pero qué demonios?! -gritó una mujer rubia que ni Lincoln ni Lori pudieron reconocer- ¡Ese duraznero ya tenía tres años desde que lo trasplanté! ¡Ya iba a dar frutos!
-Lo siento, señora Miller -respondió Lynn de forma nada sincera-. Acabo de llegar y...
-¡No me interesa si acaba de llegar la Reina del Durazno de Georgia! ¡Están en serios problemas! -chilló la vecina.
-Si, si, si -rezongó Lori, al tiempo que Lincoln bajaba y le dejaba camino para componer a medias su error.
En medio de una sarta de insultos que Lynn tuvo que tragarse antes de deshacerse en disculpas nada honestas, y habiendo ya estacionado el auto correctamente, los tres se acercaron a la puerta, siendo Lincoln quien se puso al frente.
"Ya pasaron más de cuatro años -pensó Lori con cierta pesadez-. Sólo bloquea a Leni tanto como…"
-Seguro que a Leni le va a hacer mucha gracia verte -dijo Lynn, un tanto confiada golpeando la puerta-. Les dará mucho gusto verlos.
-Eres una… -empezó a decir antes de verse interrumpida.
-¡Yo abro! ¡Yo abro! ¡Yo abro! -chilló una vocecita tras la puerta al bajar las escaleras.
Lincoln desconocía esa voz. Inclusive el seseo de Lisa, aún más acentuado por las prótesis bucales que usa desde los cinco, era reconocible, pero aquello le sonaba más bien como una serie de ladridos y gañidos de un cachorro. A pesar de los regaños, la dueña de dicha voz abrió la puerta.
No tardaron en reconocer a Lily en aquella niña. Vestida de un largo faldón lila con vivos blancos y una blusa también lila, el primer impulso que esta tuvo fue de ir a abrazar a Lynn, de no ser por un pequeño detalle.
Para la pequeña, era difícil. Reconocía a Lynn y a Lori, pero a ese alto hombre de cabello blanco que se parecía a su abuelo muerto tal parece que jamás lo había visto. Asustada, no supo controlarse y retrocedió hasta donde su madre.
-Hay un hombre malo -lloriquea Lily, asustada.
-¿Esa es forma de tratar a tu hermano? -preguntó burlona Lynn jr. desde la puerta.
-¿Es mi… hermano? -zollipó Lily, sorbiendo los mocos en el proceso.
-Por algo te llamábamos para hablar con él desde que cumpliste tres -replicó Rita, acariciando su cabeza.
-Genial. El degenerado tiene a sus hermanas aterradas -murmuró Harvey tras los Loud, que ya tenían rodeados a los hijos pródigos.
-¿En qué quedamos, Harvey? -cuestionó retórica Helen- Hasta que nos vayamos, no dirías nada.
-¡Papá! -reprochó Mollie, incómoda y a todo pulmón- ¡No exageres!
Dejando de lado los saludos y parabienes, Lincoln notó que Lori estaba pasando por alto olímpicamente a Leni, pero ver ahí a la familia Nordberg lo desubicó por completo.
-¿Sorpresa? -dijo Leni antes de abrazar a Lincoln.
.
Desde que tiene memoria, sólo han sido dos años en que no hubo sketch del juicio de indulto al pavo. Aquella horrenda tarde en Great Lakes City que terminó por distanciar aún más a las tres mayores y el año pasado, pandemia mediante. Desde luego, las gemelas habían desistido de hacerlo porque no era lo mismo sin Lori de por medio, y Luna sencillamente se había negado en redondo en su último año, dejando a Luan con una actuación como jueza más que desastrosa.
Con este, ya son tres años. Era evidente que algo así, decidieron los padres sería muy incómodo para sus invitados. Desde luego, tuvieron que hablar con Leni de la importancia de consultar con ellos cualquier invitación, por muy necesario que sea allanar terreno para tener al menos una buena relación.
Para Lincoln, tener que estar junto con Lori en el lugar de honor, al lado derecho de la cabecera que Lynn sr. y Rita ocupaban, era un tanto embarazoso. Por un lado, escuchar el rechinido de los dientes de Lori por soportar el zalamero y agobiante trato de Leni no es de mucha ayuda para pensar en dar siquiera un bocado al trozo de pechuga del ganso frente a todos. Tener a Mollie en su campo visual no era de mucha ayuda, y menos aún cuando el padre de esta le dirigía una mirada asesina cada que volteaba hacia ellos. Era natural, pues con los sucesos previos es más que evidente el porqué.
Conforme avanzaba la velada, y después de haber traído el pavo relleno de ganso y pichón, las papas gratinadas con malvavisco y al menos tres guarniciones más, Lori estuvo a punto de levantarse de la mesa bajo excusa de ir al baño cuando su padre la instó a quedarse con un gesto.
-¿Quieren hacernos los honores? -preguntó Lynn, mirando atentos a los Nordberg.
-No será necesario… -respondió Helen, rechazando amable.
-Por supuesto, Loud -accedió Harvey, tomando el trinche y un cuchillo que Lana afiló en la tarde para la ocasión-. Mollie, Hellen, por favor.
Hasta donde todos recuerdan, su padre sólo le ofreció una vez el cuchillo a alguien dos veces. Durante el primer festejo de Lynn en casa de la tía Ruth, donde una de las amigas de la obesa tía insultó deliberadamente a Albert por no haberse repuesto de su primer año de viudez, y hace cinco años, cuando a Lori se le ocurrió la idea de invitar a Bobby para las fechas y terminó con un desaguisado que Flip salvó por muy poco. Ambas ocasiones terminaron tablas entre el desastre y la buena convivencia, por lo que casi todos los comensales Loud confiaban en que al fin saliera algo bien.
Poniéndose de pie, los Nordberg inclinaron la cabeza, en señal de respeto. Los Loud, por igual, se vieron obligados a imitar semejante gesto.
-Quiera Dios todopoderoso en su Trono bendecir a los testigos presenciales de esta mesa -empezó a orar Harvey, tal cual venía repitiendo en su mente por un buen rato en la mañana-. Agradecemos las oportunidades de hacer la paz con sus enemigos por una fecha que alivió la pena de nuestros Padres Fundadores, así como sus descendientes medraron en esta generosa tierra. Queremos agradecer por la generosidad de nuestros anfitriones -añadió con un ligero desdén que pasó desapercibido para casi todos-, por tener salud en estos tiempos aciagos y porque llegue la paz a todos los rincones donde Cristo, Nuestro Señor, quiera bendecir a sus Hijos, así como rescatar de su ignorancia a los infieles que deseen unirse a Él y a Su Padre. Por Cristo, Nuestro Señor, amén.
-Amén -repitieron todos a coro.
Palabra por palabra, para Mollie, sonaba rebosante de hipocresía. Nada más viendo las aves, la chica notó en su padre un gesto que rayaba en el menosprecio hacia quien se dedica a la cocina como trabajo. Ella habría agradecido pasar la fecha fuera de casa, darle a sus padres espacio, pero es sincera. Sus padres, con Morgan ausente, no le darán lo que ella quiere para ellos y para sí misma.
En cuanto Harvey partió la primera loncha de pechuga del pavo, Lori y Leni, al mismo tiempo, fueron primero sobre una bandeja con palitos de zanahoria, pepino y apio con aderezo ranchero. Como la segunda los alcanzó primero, Lori hizo ademán de repelerla como si de una mosca se tratara.
Gestos similares se dieron por dos minutos. Así como con la bandeja, lo mismo pasó con la salsera con gravy, la salsa de arándanos y la sopa de almeja estilo Nueva Inglaterra. Leni no podía soportar que Lori la tratara como si de una peste se tratara, por lo que, buscando calmarse, tomó un bollo de la canasta frente a ella antes que su hermana mayor.
-¿Qué tal Canadá? -preguntó Helen por cortesía, ajena a todo ello.
-Escuché que en la montaña Blackcomb es agradable en abril -secundó Harvey, disimulando muy bien su desprecio.
-No viví en Whistler -corrige Lincoln-. Lori y yo estuvimos en Windsor.
-¿Windsor? Bueno, eso igual está lejos -declaró Helen, desdeñosa-. Solo un cruce en el ferry o en la aduana de Detroit y no hay mucho problema.
-No se crea, señora Nordberg -replicó Lori-. El primer fin de semana que pasamos no venimos porque un par de camiones se volcaron en la carretera y unos animales se estaban comiendo la carga. Además, no es como si algo así nos impidiera venir cuando debamos.
-No tan lejos como para no venir al menos una vez a la semana -reprochó Lynn sr. entre dientes.
-Lynn… -imitó Rita a su hija-…, no ahora con los niños.
-¿Nadie va a preguntar cómo me fue en Chicago? -preguntó Lynn jr, ansiosa.
-Deja tu narcisismo de lado, deportista -seseó Lisa en voz baja-. Ya le hablarás después a papá de eso.
-Quiero imaginar que no hay nada natural allí -avanzó Harvey.
-En lo absoluto, señor -respondió Lincoln-. Contrario a la creencia popular, allá no son tan amantes del ambiente, pero igual respetan su tierra.
-Que raro. La nieve en el resort de la montaña Blackcomb luce blanquísima como la inocencia de Mollie -dijo orgullosa Helen-. Pensé que así sería en toda Canadá…
En un acto por completo incomprensible, que a los chicos Loud recordó aquella mañana en que todo cambió para todos, Lori arrebató el bollo que Leni había tomado con un gesto. Eso era mucho más de lo que quiere soportar.
-¿Cuál es tu problema? -cuestionó retadora Leni.
-Como si no lo supieras -dijo Lori con mordacidad.
-¿Todavía sigues resentida por esa estúpida escuela? -preguntó de nuevo Leni, alzándose sobre la mesa- ¡Ya madura de una vez!
-¿Lo dice quien sigue estancada con una explotadora? -dijo Lori, mordiendo un bollo- Por lo menos he tenido tiempo para poder pensar qué rayos estaba mal contigo.
-Niñas, por favor -intenta calmar Rita.
-Mamá, no te metas -dijo Lori con molestia creciente.
-Tenías motivos para esperar -continúa Leni-. ¿Qué tanto te costaba tomarte un descanso hasta la siguiente admisión?
-¡Vaya! Al fin puedes decir admisión sin pedirle explicaciones a nadie -gruñó Lori.
-¡Pudimos tener tiempo para hacerme más a la idea de no tenerte cerca!
-¿Es que no puedes pensar en otra cosa que no sea eso?
-¿Y qué crees que hice? -preguntó retórica Leni- Tuve cuatro años para pensar en lo que hice y… ¿sabes qué? Creo que sigues siendo la misma estúpida que se llevó a Lincoln.
-¡Porque tenía que ir alguien con él! -estalló Lori, tirando la canasta de pan- ¿Qué hubiera pasado si mamá o papá se iban con Lincoln? ¿Qué él cerrara el restaurante?¿Que mamá buscara una aventura porque no tiene cerca a papá o algo peor?
-No vas a hablar así en esta casa -sentenció contundente Lynn sr, enérgico.
-Papá, ya soy mayor de edad -replicó Lori.
-Eso no te da derecho -secundó Rita a su marido.
-¿Cómo el que Leni se tomó?
-¡Ya acéptalo! -gritó por fin Leni, explotando- ¡No ibas a entrar de todos modos a Fairway! ¡Ni siquiera si te dieran una beca completa como a Lynn!
-¡Deja de decir eso!
-¡Tal vez todos seríamos más felices si te hubieran dado en adopción!
Para los testigos, eso fue demasiado. Lynn jr. seguía comiendo como si nada, los Nordberg se habían retirado prudentemente unos metros de sus asientos y los Loud restantes no sabían de qué lado ponerse.
-¡Ustedes dos ya, cállense de una buena vez! -tronó el adolescente, clavando su tenedor a la mesa de un solo golpe antes de dirigirse a Lori- ¿No pudiste ser un poco más amable? No sé quién demonios tuvo esta idea, pero si venimos no fue para que pelearas con Leni, no tienes cuatro años para empezar una pelea por algo que ya no tiene mucho sentido. Y tú -ahora dijo a Leni-, ¿por qué no solo te resignaste? Pudiste pasar más tiempo con cualquiera de nosotros. ¡Yo podría haber tomado el lugar de Lori si fuera más maduro y me hubiera quedado con el idiota de Bolhofner! Pero no, ¡al idiota se le ocurre meterse en problemas, sobornar con comida a la directora Ramírez y terminar con Lori congelándonos el trasero en invierno! ¡Tenía que ser un inmaduro idiota…!
No tuvo tiempo para reaccionar.
En un segundo, pasó de echar en cara un discurso que de emotivo no tenía nada a tener el rostro cruzado por un puñetazo y quedar en el suelo. Con una silueta marcada en la cara, se levantó.
Avergonzada, Leni sentía ardor en la palma y un fuerte dolor en la mano. Nunca había tenido corazón para ponerle la mano encima a ninguna de sus hermanas menores y menos a él, y ahora reaccionó de la peor forma posible solo por repetir una palabra con la que Lori le metió en problemas cada vez que la escucha.
-Nos vamos -resolvió Harvey Nordberg, tomando a su hija y consorte sin más.
-Pero no llegamos al postre -protestó Helen, recibiendo una mirada áspera en respuesta.
-Lincoln, yo… -dijo Leni, acercándose a él para ayudarle a levantarse.
-No… lo toques -intervino Lori con tono fulminante-. Ya hiciste demasiado.
Atontado, Lincoln solo reacciona a Lori por reflejo. Esta se limitó a levantarlo y a encaminarse a la puerta.
-Lori, solo…
-¡Solo, nada! -bramó Lori- ¿Por qué mejor no le arruinas la cena a algún vecino?
-Pero…
-Ah, claro, se me olvidó decirte -remata abriendo la puerta y sacando a su hermano a rastras-. Feliz Acción de "Gracias por nada".
El azote con que cerró la puerta fue demasiado para todos, con la excepción de Lynn jr. Esta, centrada en su plato, ni siquiera prestó atención a la pelea.
-Oficialmente la festividad se arruinó -resume Lisa-. Si me permiten, iré a explicar a nuestros her…
-No vas a ningún lado, Lisa -cortó Rita-. Todos menos Leni, vayan arriba hasta que los llame de nuevo. Y Lynn, espérame en nuestra habitación.
Una vez que todos desalojaron el comedor, Rita solo se acercó y tomó asiento junto a Leni.
-¿A qué estabas jugando? -preguntó una vez que se quedó sola con Leni.
-Sólo quería que la pasáramos bien -lamentó Leni.
-En todos mis años jamás le puse la mano encima, ¿y así tratas a tu hermano?
-Mamá, no quería hacer eso.
-¿Entonces por qué lo hiciste? -cuestionó Rita, molesta.
-N… ¡no lo sé! ¿si? ¡No supe por qué lo hice! ¡y lo siento!
Emprendiendo la carrera a su habitación, Leni se encerró y buscó entre todas sus fotos una donde estuviera con su hermano. Entre sollozos, no tardó en caer dormida y tuvo pesadillas donde Lincoln padecía cualquier cosa que le pareciera horrible. Y lo peor de ellas no era que fuese testigo, juez ni jurado, sino que ella misma actuaba en todos y cada uno de esos suplicios como un cruel verdugo.
~o~
Se arrepintió de haber salido sin nada más que Lincoln de la casa. No por ella misma, que perdió el apetito, sino porque él apenas y tenía que ver en todo esto. Metió sus manos ahí y pagó a sus ojos un muy alto precio por inmiscuirse donde no fue requerido
Sentada en su cama, estuvo meditando un poco las palabras por este dirigidas a ella. No eran tan poco acertadas como quisiera, pero razón no le faltaba. Lo que le sorprendió fue lo que hizo Leni.
Hasta antes de irse a Windsor, no le había dado un golpe a Lincoln ni mucho menos por nada si, a su juicio, no lo mereciera de verdad, y las ocasiones de ello las puede contar con los dedos de la mano sobrando algunos. Admite que, por momentos, fue algo cruel, como con la cita doble que lo obligó a tener para remediar un sinsentido con Bobby y Ronnie Anne. Ni siquiera se tomó el tiempo para escucharlo pero ahí va para arreglar su vida como si su vida dependiera de ello.
Tiene una idea de cómo se sentiría justo ahora. Sabe de primera mano que Leni sería la última persona por ella conocida que levantaría una mano, pero ese golpe a Lincoln cuando le estaba echando en cara que actuó como un inmaduro en ese despliegue de sensatez, eso fue bastante más serio. Si de cargos ante un Gran Jurado se tratara, añadiría maltrato a menores y lesiones a los que ya le imputó.
En medio de sus pensamientos, alguien llamó a la puerta tocando el timbre.
Todavía afectada, Lori se levantó con pesadez de su cama y fue a abrir, sin encontrar a nadie fuera. Todo lo que halló fue una canasta con comida, muy probablemente porciones de la cena, y una nota, además de escuchar pasos en la escalera hacia abajo.
Para que no pasen hambre.
Mamá
Sin apetito, botó la canasta sobre la mesa y no se dignó ni en abrirla.
~o~
Julio 4 de 2021
Es bien sabido. Uno de los factores que propagó en ritmo bestial el despliegue del SARS-CoV2 cuando ni siquiera tenía potencial epidémico han sido las fiestas. Lo mismo en los festejos del Año Nuevo Lunar chino (irónico que fuera en un año de la Rata, animal tenido de muy buena fortuna) como en el Día de las Madres en México o las fiestas patrias en Argentina. Especial hincapié se hace en el fin de año en el Hemisferio Norte, pues la baja de las temperaturas propias del otoño y el invierno (amén del relajamiento de medidas y las ventas de remate como el Viernes Negro, el Boxing day y el Buen Fin) dispararon los contagios en la segunda oleada.
Creo que siempre voy a tomarme un par de semanas de descanso de publicar. Esto, con el fin de terminar lo más que pueda antes de retomar otros proyectos que dejé abandonados.
Respondiendo...
J.K. Salvatori, el rol de Jordan en este asunto dista, para el momento en que escribo esto, del que comentas. Hay cosas bastante sugerentes en lo que imaginas y sugieres, pero no quiero tomarme tal rienda. Cuídate, y ahí nos olemos.
Por favor, procuren que sus reuniones sean entre pocas personas. De preferencia, gente muy cercana en el espacio. Por ahora...
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