Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
XII
Grados de maduración
Royal Woods, Michigan
26 de noviembre de 2021
8:23 am
La habitación de Clyde McBride
Las fiestas, desde el año pasado, le importaban un carajo. ¿Qué sentido tenía para alguien celebrar en medio de una conmoción global que golpeó con todo a una familia y le hizo perder más que al resto?
Con cuidado de no despertar a Howard, quien pasó la noche bebiendo por primera vez hasta la inconsciencia, fue a la cocina y tomó algo del refrigerador sin ver siquiera que es, metiendo aquello a su bolsillo. Sencillamente no quiere tener que aliviar una resaca o, peor, que despierte y lo confunda con Harold.
Había hablado de eso con la doctora López. La posibilidad existe, mas no era tan plausible si no hay antecedentes de abuso, le comentó. Por tanto, solo se prepara para algo muy vago, tal vez imposible.
Revisa la tablet de Howard. Dado que a él no le gusta que desconfíen de él, una de las reglas de la casa McBride había sido, al menos desde que cumplió trece, que de meter contraseña, poner un patrón o usar huella dactilar o reconocimiento facial, debía compartirlo con sus padres para tener la misma confianza de su parte como ellos la tenían entre sí.
Lo primero que ve allí es el navegador. Con solo dos aplicaciones en pantalla dividida, nota que una es su galería. Odia que se haga daño recordando y bebiendo, cosa que dedujo al ver la botella sobre su regazo, whisky de una marca barata. La otra, cosa que le sorprendió de mala forma en principio, era el navegador, mismo que daba a una página de citas por internet.
En su presentación lee
Hombre soltero de mediana edad, viudo, busca pareja para algo estable.
Gay, bien parecido, romántico y con interés en paternidad
De preferencia no fumadores, vividores ni drogadictos
No estaba terminada a su juicio. De hecho, ni siquiera está enviada, pues la dejó con edición a medias.
Dejando la casa, se había citado con Chloe, Emma y Jordan para aprovechar que hay ofertas bastante más que generosas, como todos los años en cada Viernes Negro. Se había olvidado de llevar un abrigo, pero eso no importaba demasiado para un día que amaneció despejado y con promesas de que el día estará inusualmente caldeado.
No le preocupa. De hecho, las cosas desde que se cobró la paga por ir a ese botadero de Ohio han salido, obviando la reciente situación, para bien. Hasta puede darse el lujo de descansar un poco a costa de ese dinero. De todos modos, ahora que lo piensa, necesita nuevas agujetas, y la botella de colonia que le envío la tía Brenda hace tres años por Navidad está por acabarse.
Pasó primero por Mollie a su casa. La chica tenía profundas ojeras en la cara, lo que solo indica que algo debió de arruinar demasiado la cena de la noche anterior. Sonriendo un poco hipócrita, concluyó para sus adentros que fue algo de justicia poética por los comentarios que los padres de la chica soltaron sobre los suyos. Siendo "abominación antinatura" y "fornicarios de Satán" los epítetos más amables que pudieron dirigirle los Nordberg a los McBride, no faltaba un solo sábado que Mollie les hiciera una visita solo para dejarles propaganda de su iglesia y de un "Centro de Cura para la Homosexualidad" en Tomball. Pese a ello, no dejó de mostrar genuina preocupación.
-Sólo no preguntes, ¿si? -dijo Mollie, cortante, al verle llegar-. Anoche fue una de las cenas más horrendas a las que me invitaron.
-Si tú lo dices… -respondió condescendiente Clyde.
"Bien pensado, McBride", pensó.
-Ay, está bien, te lo diré -se arrepintió la chica, soltando un suspiro bastante fuerte-. Pero no se lo digas a nadie.
-Tú sabes que no se lo diría a…
-Ni siquiera a Lincoln -añadió ella, algo quebrada.
-Iba a decir a los chicos, pero de acuerdo. ¿Quieres pasar por un café?
Una vez dentro, Clyde pidió por ambos y aparte dejó un café libre para Chloe si esta aparece. No es fan de ello, pero cuando llamaron por él fue a recoger el pedido. Sentándose, revisó que estuviera bien. Té chai con crema neutra y una y media de azúcar para él, capuchino con caramelo macchiato y crema batida para Mollie, más un par de muffins y mermelada de manzana con canela sin azúcar.
Una vez que le contó todo cuanto sucedió en la casa Loud, mas la vergonzosa noche que tuvo que sufrir -la mandaron a la cama sin cenar, le hicieron rezar dos horas y todavía la aislaron hasta el amanecer de cualquier contacto con el exterior-, todavía se descargó contando que el incidente le está haciendo meditar a sus padres la posibilidad de mandarle a un internado "si ese hijo de una ramera" insiste en acercarse a ella.
Por impulso, Mollie optó por apurar el té de Clyde. Para cuando este se terminó, ella ya se sentía un poco más tranquila.
-Da gracias al cielo que no te conocen bien -dijo Mollie-. Ellos creerían que eres gay y te llevarían a una terapia de reorientación.
-Si tú lo dices…
-Vaya mierda de día -bufó Jordan, llegando intempestiva y azotando su mochila-. Mamá quiere que trabaje hoy porque "el dinero no crece en los árboles".
-Jordan, ahora no -pidió Mollie.
-¿Y ahora qué tiene?
-Ayer fue a casa de los Loud y fue desastroso -responde Clyde, recibiendo un asentimiento de Mollie.
-¿Es que mis papás no pueden ser normales, maldita sea? -volvió a quejarse Mollie con amargura- Para ellos sigo siendo esa estúpida niñita que va a la escuela dominical.
-Creo que necesitas un tiempo a solas -dedujo Jordan, poniéndose tras ella y tomando sus hombros.
-Con ellos en ese plan, ni soñarlo -dijo la chica, enterrando su cara contra la mesa.
Ignorando deliberadamente las palabras de Clyde y Jordan, siente como esta última le empezó a dar un masaje a sus hombros. Eso solía reconfortarla desde el fallecimiento de su abuela, pero con todo lo que está cargando y lo que ella misma desató, apenas y puede percibir el movimiento en otras circunstancias sedante.
-Si, eso creo -miente Mollie, sin haber prestado atención.
-Tú solo deja de preocuparte por lo que ellos digan o piensen -sermonea Clyde-. Les importas, pero no es como que te quieran abrumar de atenciones.
-Por ahora dales por su lado -añadió Jordan, dejando ya el masaje-. Es lo que sueles hacer mejor, ¿no?
-No con ellos así de alterados -murmuró Mollie.
-Además, no es como si Lincoln quisiera buscar una relación o algo por el estilo -concluye Clyde-. Me dijo que le interesa más terminar la preparatoria sin problemas que buscar novia.
-Clyde, eres un encanto, pero a veces te cierras -resopla Jordan-. Se ve que no supera a esa canadiense a millas.
-Podrías preguntarle si quieres…
-No voy a preguntarle sólo porque ustedes me digan -dijo irritada Mollie-. No soy tan tonta como para que mis papás terminen por quitarme la poca libertad que me queda.
Mirando al vaso que tenía delante, Clyde deseó poder ayudar. Sin embargo, en vista de las circunstancias, le sería difícil ayudar a Mollie a salir con su mejor amigo y a Lincoln a mantenerse lo más tranquilo posible.
~o~
Luego de un fin de semana marcado por una llamada de casa acusando que ella empezó con la discusión en las fiestas y lo pesado que fue convivir con Lynn en el departamento (cosa casi imposible de llevar a cabo debido a que se llevó a Lincoln de acampada con viejas amigas que se quedaron a repetir el duodécimo grado hasta el domingo por la mañana y a la hostilidad más que justificada las horas finales de esta en Michigan), el lunes tenía la promesa de que las cosas podían mejorar.
Esa promesa tuvo una fuerte sacudida cuando, a mitad de su jornada, recibió una visita intempestiva.
-Necesito mis vacaciones ya -espetó Grant, ojeroso y con evidencias de no haberlo pasado tan bien como quisiera.
-¿Por qué no se las pides a papá? -preguntó Lori, a quien el balance de la semana anterior se le estropeó por un par de cuentas por la irrupción del chico.
-El señor Loud no está -responde el rubio, a quien el acné le volvió con virulencia-. Dijo que iba a acompañar a Leni a ter… a algún lado -corrige.
-No me sorprende -gruñe Lori.
-Necesito que alguien me cubra en recepción -expuso Grant-. Ocurre que en mi vecindario un par de vecinos se contagiaron de covid y mis padres insisten en que les ayude con la mudanza.
-¿Es eso?
-Si.
-Hablaré con él mañana -promete Lori, indecisa-, pero necesito que me hagas un favor.
Con la caída de la tarde, y después de haber hablado con su padre por cosas sin importancia personal, le llegó la salida. Ambos Loud son, como siempre, los últimos en irse. No obstante que él tiene la llave por lo regular, Lori guarda una copia por si le toca abrir temprano o si olvida algo en la oficina.
Viendo irse a su padre, abordó a Lydia, su auto, llevándose una sorpresa de ver que Luna está de copiloto.
-Vaya hora para salir, Lori -saluda esta con un acento un tanto más neutral de lo que la rubia recordaba.
-¿Cómo rayos…?
-Leni me enseñó un par de cosas -responde la castaña-. Supe lo de Acción de Gracias, hablé con papá el sábado.
-Entonces…
-Sólo arranca, ¿quieres? -dijo Luna, irritada.
Sin decir nada, excepto por aclarar que esto contaría por un viaje como antes -es decir, a cambio de algo, cosa que Luna prefirió aclarar al ver a dónde iban-, Lori encendió a. Lydia y puso rombo a casa de sus padres.
Sin tenerle cuidado a su hermana, Luna sacó de su chaqueta un encendedor, un cigarrillo de marihuana y lo prendió. Lori tiene motivos para molestarse, pero debido a lo tensa que Luna le puso, decide dejarlo pasar con reservas.
-Abre la ventana -ordena Lori-. ¿Pensabas ir a casa?
-No estoy de humor para hablar con ellos -acotó Luna.
-¿A casa de Sam?
-Rompí con ella -responde la rockera con cierta acritud-. Una discusión antes de nuestro último baile de invierno y la banda se fue al cuerno.
-Oh…
-Por ahora pensaba quedarme contigo esta semana -declaró Luna, apretando sus estuches, el del cuerno francés que le habían asignado en la banda de guerra escolar y el de su guitarra.
El trayecto se le antojó más largo de lo usual. Cuando pasaron por una casa amarilla de un piso, Luna evitó mirarla deliberadamente, cosa que mantuvo cierta cordialidad entre ambas hermanas.
Para cuando llegaron al edificio, Luna no se impresiona. A la rockera, el edificio le recuerda mucho el bloque de dormitorios que solía ocupar a menudo entre las clases, ensayos y un trabajo de medio tiempo como repartidora
-Tú y yo todavía no estamos bien, pero quiero que me digas una cosa.
-¿Cuál?
-¿Qué ocurrió para que Leni actuara así?
-¿Qué quieres que te diga? No soy psicóloga -responde agria Lori.
-Debió ser algo serio como para que la obligues a golpear a alguien -insistió Luna-. Lana me dijo que le hiciste decir a Lincoln que…
-Lo mismo que le dijeron a Luan –señaló Lori, recordando la discusión con la comediante en la mañana.
-…, ¿perdón?
-Le dijeron a Luan que yo lo obligué a hablar -interrumpió la rubia, apagando el motor de su auto-. Él solo se metió donde no debía y dijo cosas sin importancia -minimizó.
-Si es un problema entre ustedes, ¿él qué demonios tenía que ver? -cuestionó Luna con algo de severidad.
-Ese es el problema. Seguro quiso hacer su… su acto de mediador.
Recordando eso, se detuvo por completo. Las pocas veces que lo viera hacer algo así terminaba por causar más problemas de los que buscó remediar, como esa disputa por vestidos idénticos que desembocó en lo más cercano que podría ver a una guerra civil. Admite que él tuvo la culpa por querer arreglarlo, pero también que ella y el resto la tuvieron al no explicarle absolutamente nada ni de decirle a tiempo que todo lo que sucedió antes de su disculpa había sido en un principio algo motivado por el afán de que él escarmiente por entrometerse con el Protocolo de Pelea de Hermanas.
Subiendo las maletas de Luna, esta se detuvo en la puerta del departamento una vez llegaron allí.
-Voy a dejar en claro una cosa, hermana -declaró Luna-. Quiero hablar con Lincoln, y si no está disponible pienso esperarlo en su habitación. Mañana ya hablaremos de nuevo, ¿quedó claro?
Lori asiente, resignada, dando paso franco antes de escuchar un seco "buenas noches, hermana", segundos después, una explosiva euforia procedente del cuarto de Lincoln.
~o~
Para haber tenido un fin de semana de locos, Leni había estado mucho más distraída de lo usual. Como el año pasado, la gente se dedicó a ignorar medidas y los anaqueles quedaron por completo desolados al finalizar la venta del domingo, motivo por el que tuvieron cerrado por dos días consecutivos. Empero, se notó un fuerte faltante del que la rubia no hizo sino tomar con desgano la responsabilidad por aquello.
Dado que los martes ya sale temprano por consideración a un ajuste en los horarios que la libera de trabajar por las tardes, decidió hacer algo que postergó -cosa que la señora Carmichael consideró- por demasiado tiempo. Como nunca le gustó la idea de ir con un psicólogo, concluyó que eso no podía ser tan malo, y sobre todo si Clyde ya acudía con una desde tiempo atrás.
El salón de juegos que se encontraba frente al consultorio del doctor Feinstein había cerrado sus puertas prácticamente desde el comienzo de la declaración de emergencia sanitaria. Las veces que había dejado allí a su madre habían sido las suficientes para recordar que ese sitio pasó de su inicial giro a un nido de ratas, un restaurante que no duró más de un mes y, lo último que recuerda antes de que le prohibieran acercarse al lugar por estrellarse contra un hidrante, una suerte de prostíbulo clandestino bajo fachada de cibercafé y papelería.
Se sorprendió de saber por un noticiero que algunas de las mujeres que allí trabajaban -lo que su madre puso muy en entredicho- eran nada menos que algunas amigas de la familia y un par de maestras suplentes que se vieron recortadas por falta de dinero para pagarles. Sabía de personas que dejaron sus trabajos para buscar alternativas, pero ver salir a la maestra DiMartino hace apenas nueve meses con la cara cubierta y el cuerpo censurado la hizo comprender que no todos están tan boyantes como ellos, los McCann o los Rosato pudieran haber salido hasta ahora.
El edificio en cuestión, pintado ahora de un tono blanquecino de verde, no luce tan mal después de todo. Como el local tuvo una fuerte remodelación durante aquél periodo turbulento y se abarató el costo de ocupación como edificio de oficinas, este no tardó en encontrar dos ocupantes de tres.
Indecisa, leyó las placas. En la primera, leyó el nombre S. Takiguchi, nombre que no coincide para nada con el que le diera la señora Carmichael, mientras que la otra, adornada con una pica, un trébol, un diamante y un corazón de una baraja de naipes, daba el nombre que buscaba.
Del consultorio en ciernes, la fila se limita a dos chicos, una de los cuales -reconoce- es una compañera de Lynn que se quedó rezagada, rubia y con una cola de caballo que le hace ver hermosa pese a tener el pie derecho vendado. El otro, para su desgracia, no es otro sino Chaz, su gordo ex.
Tuvo algo de suerte. Habiendo agendado su cita la mañana anterior, encontró cupo de última hora porque la secretaria de la entrada le confirmó que la cita del doctor a las seis canceló por problemas personales.
.
-Por favor, tome asiento -indicó el doctor Schiller.
El terapeuta, para ser lo que en sus estándares es alguien lindo, no responde a muchos de sus gustos. Siendo rubio de ojos azules y redondos, teniendo la cara angulosa y una complexión delgada acompañados de un cierto encanto casi seductor, el caso es que a Leni este no le resulta atractivo ni de broma. Tal vez Becky o Mandee se habrán dejado llevar por alguien así, pero Leni es lo suficientemente lista en temas del corazón como para creer que ese hombre no entraña nada bueno para alguien de su edad.
-Por lo general, iríamos comenzando por el principio -dijo Julian, vaciando el contenido de un mezclador sobre un vaso alto con una bebida lechosa de color azul pastel-, pero a estas alturas creo que está de mas por el tiempo que leíste la placa de la entrada.
-Entonces ¿usted es el doctor Chiffon? -preguntó Leni, más por desconocimiento de pronunciación que por otra cosa.
-Es Schiller, casi como Claudia Schiffer, o Bastian Schweinsteiger -responde el rubio antes de dar un trago a su vaso-. Como sea. ¿Cuál es el motivo de tu visita?
-Le pegué a mi hermano -responde Leni con reservas y en voz baja.
-¿Perdón? No escuché bien -dijo el psicólogo, un poco incrédulo.
-¡Que le di un golpe a mi hermano! -gritó Leni al oído del encargado del despacho.
-¡No me vuelvas a gritar así! -reclamó Julian, molesto antes de frotarse la cabeza- Mi hermanastra ya me tiene harto con sus discos de Björk.
-Ups…
-Entonces, golpeaste a tu hermano. No hay nada de malo en eso si es una palmada de vez en cuando, o si se lo buscó haciendo alguna travesura y lo reprendas -resolvió el psicólogo al tomar de nuevo su vaso-. Ahora, ¿cuántos años tiene la criatura? ¿Siete? ¿Ocho?
-Cumplirá diecisiete en mayo -respondió Leni mientras él bebía un sorbo, mismo que le escupe a la cara al escuchar.
-¡¿Diecisiete?! -tosió Schiller, sorprendido.
Leni no podía sentirse mal, y la reacción del terapeuta lo dejó claro. Entre las visiones que tuvo en una de sus pesadillas, y es una de las más recurrentes, un ser espeluznante de aspecto insectoide le escupía ácido en la cara, deformando sus bellas facciones hasta dejar la calavera sangrante.
La bebida tenía una consistencia un tanto cremosa. Llegó a percibir, al probarlo, ligeras notas de menta y algo que le recuerda muy vagamente a cáscaras de naranja.
-¿Y cómo es que tú…?
-¡No fue mi intención hacerlo! -chilló Leni, sin limpiarse la cara- Él no dejaba de hablar, y hablar, y… solo… solo
-Trata de respirar antes, ¿quieres? -pidió el psicólogo- Solo respira hondo. Inhala… exhala, eso es.
Al ejercitar sus pulmones, Leni se sintió poco a poco más tranquila. No era como aplastar una pelotita de hule espuma o reventar las burbujas del plástico de paquetería, pero ya era algo.
-Vayamos otra vez desde el principio -indicó Julian una vez que Leni se tranquilizó-. Háblame de tu familia, si eso te sirve para darme algo con qué trabajar. Y antes de que te preguntes, yo cobro por sesión, no por hora. Así que tómate tu tiempo.
-¿En serio?
-No me voy a molestar.
Por lo que parecían horas, a pesar de ser unos veinte minutos en realidad, Leni se dedicó a hablar de su familia sin olvidar, al menos por ahora, algunos detalles importantes. Empero, cuando tocó turno de hablar de Lincoln se trabó un poco, y al momento de hacer lo propio con Lori, solo dijo que ella era flatulenta, molesta y mandona. El tono en que lo hizo, empero, dio algunos indicios de algo que siempre fue evidente.
-Entiendo. Lori no es una persona muy razonable -deduce Julian, poco convencido, al ver que Leni asientía-. ¿Intentaste algo…? No sé, ¿que no implica sobornarla o algo?
-No -responde honesta Leni, abatida-. Sólo le mando con Lincoln algunas cosas que…
-Usar a tu hermano como mensajero no es siempre la mejor idea, menos cuando quieres sobornar a alguien.
-Yo no dije que hiciera eso de sobornarla -dijo Leni a la defensiva.
-¿Por lo menos sabes qué es sobornar a alguien? -cuestionó el rubio, a lo que Leni solo negó con la cabeza- Es darle algo, sean cosas o dinero, para sacarle algún beneficio.
Levantándose de su asiento, el doctor Schiller se dirigió primero al minibar de la esquina y se preparó un nuevo cóctel que, a juzgar por el olor a mango y el uso de hielo para frappé, debía ser algo dulce. Leni no solo no creía que ese hombre le estaba echando en cara su plan como un enorme error, sino que incluso era lo opuesto a lo que debiera hacer en realidad.
-En tu actual situación, deberías pensar más en cómo arreglar su relación con tus hermanos y menos en cómo sabotearla con… ¿cómo decirlo sin que te ofendas? Baratijas sin sentido…, y
-¡No eran baratijas! -protestó Leni, interrumpiendo de forma grosera.
-¿Quién tiene títulos en Laval y Yale como credenciales aquí? -retó Julian, a lo que Leni cayó- Te decía. Deberías de pensar más en cómo mejorar las cosas con tus hermanos y menos en arruinarlas con baratijas de tu bolsillo.
Viéndole dar un trago generoso a su bebida, Leni se pregunta, sin mucha relación, cómo una persona puede beber algo así sin que se le congele el cerebro.
-Si no es mucha molestia, necesito hablar con ellos dos -dijo finalmente Julian.
-Lori no vendrá si yo se lo digo -alegó Leni con nerviosismo-, y Lincoln seguro no quiere saber nada de mi.
-Escúchame bien, Leni… ¿puedo hablarte de tú? -pidió el terapeuta antes de explicar- En mi profesión existe una premisa. Si una de las dos partes no quiere tratarse, no es obligatorio. Pero no resuelve nada si no se trata, menos si lo hace de malas. ¿Puedes entender eso? -Leni asiente- Trata de ver cómo convencerles para venir. Si vienen juntos, mejor, pero debes asegurarte de quedarte al margen las primeras dos citas si lo hacen.
Dando por terminada la sesión, y una vez hecho el pago en caja, Leni fue al parque Ketcham. Tiene demasiado qué pensar sobre lo que le dijo aquella persona que se le antoja desagradable, y aún más.
Ansiosa, dio cuenta de un helado que compró nada más saliendo del consultorio. No le importó mucho el sabor o si estaba rico, pues con todas esas cavilaciones en mente, ¿quién se concentrará en cualquier otra cosa del mundo? Por lo tanto, en cuanto llegó al cono se detuvo y miró al fondo del mismo. Allí había un pequeño malvavisco, apenas tocado por el postre, y no tardó mucho en compararse con él. Una cosita pequeña que, en su momento, pudo haber tenido su utilidad, pero que en realidad se quedó sin un propósito.
"Como Lynn dijo una vez -concluye-. No más lanzamientos".
~o~
Con diciembre, llegaron las nevadas, y por desgracia un repunte en los contagios por covid-19. Sin embargo, a diferencia del año anterior estos no se dispararon como se preveía de una oleada devastadora. Ya con un alto porcentaje de la población vacunado, y con un mayor detalle de la mutación india que azotó en la primavera y la mexico-brasileña que obligó a un cierre de tres semanas en el verano antes de que los hermanos Loud regresaran de Canadá, el servicio hospitalario no se vio tan mermado, teniendo incluso un cierre parcial.
Con todo, Howard no quiso arriesgar nada, por lo que Clyde volvió a estar confinado y reducido a clases virtuales. Sosteniendo una tablet en el laboratorio de ciencias, veía como Lincoln, Mollie y Jordan hacían equipo. Dado que la chica de polera amarilla era su pareja usual en Química y Mollie y Lincoln se quedaron sin sus respectivos compañeros, lo cierto es que no se veían mal.
-¿Alguna duda sobre la prueba de hoy a los que están en casa? -preguntó Vickers, mirando a su notebook antes de volver a la clase presencial- Bien, quiero un reporte sobre descomposición de compuestos orgánicos para el lunes entrante. Los que trabajan en casa, la quiero el domingo a las nueve para estar en igualdad de condiciones. Eso lo incluye a usted, Dombrowski. Loud, esta vez refiera fuentes que su hermana no haya consultado.
-Si, si, lo que diga -dijo agotado Artie, apagando la laptop con la que Mona estaba en vía remota.
-Si, señor -responde Lincoln, ansioso por salir de clases.
-¿Puedo acompañarlos a almorzar? -preguntó Clyde- La clase de hoy me dio hambre.
-Lo siento, Clyde -rechazó Jordan-. La sebosa de Squadrani se puso pesada con Literatura, y créeme. Esa mujer no entiende que necesito tiempo libre.
-No veo por que no -accedió Lincoln mientras Jordan salía del foco de la pantalla.
-Yo tengo… eh… que ir al baño -alegó Mollie.
-Entonces creo que será almuerzo con Trent y Emma -resolvió Lincoln.
-No cuentes con eso -alegó Trent al pasar tras Lincoln.
-¿Qué pasó con Chloe? -preguntó Clyde.
-Se reportó enferma del estómago -contesta Lincoln, llevando la tablet al frente al caminar-. Dijo que su abuela preparó algo en mal estado y todos en su casa enfermaron.
-¿Qué llevaste para almorzar?
-Un emparedado de boloñesa glaseada de Lori y ensalada de frutas.
-Creí que tu papá les mandó algo con Lori -dijo asombrado Clyde.
-Desde que Leni me… bueno -cortó Lincoln, un poco afectado-, desde Acción de Gracias… no he podido ir a la casa, y mis hermanas ya no han ido.
-¿Por qué lo dices?
-Les pedí a mis papás que no las llevaran -respondió escueto Lincoln.
-¿Temes que te pidan pasar tiempo con ellas?
-Es por Leni -confirmó Lincoln-. Me metí donde no debía y ya conoces el resto.
No fueron a la cafetería. Para evitar aglomeraciones, Lincoln se dirigió al estadio. Más en concreto, a la zona de gradas bajo el palco de comentaristas, una de las pocas zonas que ofrecen resguardo del viento boreal pese a estar a la intemperie. Mollie no tardó en darles alcance, pues a los pocos minutos de haber llegado esta traía en brazos una jarra térmica con chocolate con leche y una tarta.
-Tenía que hacer una parada en mi casillero -dijo Mollie, disculpándose, mientras se acomodaba un beanie mirado con borde rojo-. No quería que Chandler se enterara que traía tarta.
-¿Huelo peras con canela? -preguntó Lincoln, arrugando la nariz al olfatear.
-Mamá creyó que almorzaría con Jordan y Kat. ¡Como si fuera a compartir con esa traidora! -respondió agria Mollie.
-¿Y qué hay de Penelope? -preguntó Lincoln.
-No dejaría de parlotear de ti -añadió la chica señalando a Clyde-. Desde que Chloe se hizo tu novia no deja de babear por ti.
-No creía que eso fuera posible -dijo Clyde tras la pantalla.
-Es desde ese estúpido proyecto del huevo con la maestra Johnson que Penny se babea por ti, ¿o lo olvidaste?
-¿Saben? Creo que necesito ir al baño -excusó Clyde, inquieto de ver a Mollie fingir una arcada.
Dejando la tablet en la sala, el chico no fue tanto al baño como al fregadero. Ya tiene su excusa en mente, la clásica evasión de los pepinillos y la mayonesa que de cuando en cuando le ha funcionado.
Hasta cierto punto está enterado de la situación entre ambos. Supo del asalto de Mollie a Lincoln en su vieja casa, así como de la discusión que los padres de ambos sostuvieron (obviamente Trent se guardó las mejores partes, juzgó), el despido de uno y la renuncia de la otra en Reininger's y la cena de Acción de Gracias en casa de los Loud.
Bebiendo rápido un jugo, escuchó una conversación entre ambos. Escupió un poco de su bebida, por lo que decidió deslizarse junto con sus gatas hasta la mesa de la sala, lugar donde estaba sentado tomando clases y se permitía el almuerzo.
-… se entera, seguro que no me querrá cerca de ti -escucha decir a Lincoln-. ¿No lo entiendes?
-Lo único que entiendo es que no quieres salir conmigo -acusó Mollie haciéndose la víctima-. Intenté convencerlos por todos los medios de que eres un buen chico.
-¿Te ha cruzado por la cabeza que solo quiero terminar con la escuela e irme de aquí? -cuestionó el peliblanco- Desde que Lori y yo volvimos solo hemos tenido problema tras problema.
-¡Perdón por ser una chica que se fijó en alguien que le gusta desde que volvió! -replicó Mollie con sarcasmo.
-No te lo tomes a mal, Mo, pero te has puesto muy encimosa. Artie me dijo que…
Clyde no podía creer lo que estaba oyendo. Lincoln, su amigo, rechazando de forma grosera a alguien sólo porque lo que podría haber entre ambos con entrometidos por ambos lados. Sabía que el Lincoln que conocía no podía ser tan directo, pero eso fue casi una vuelta al trato que le dieran Trent y el resto de los chicos del quinto grado aquella mañana que Ronnie Anne le hizo "disfrutar" el Martes de Hamburguesa en la cafetería.
Todavía quedaba ese pequeño detalle de Artie. Por lo que está escuchando, el chico en cuestión estaba loco por Mollie desde el octavo grado, pero no se atreve a decirle. Todo ese asunto le parece tan enredado que ni las cuatro primeras hermanas mayores Loud podrían haberle ayudado si quisieran, y solo Lori y Leni lo habrían hecho por su cuenta. La primera con un plan más o menos agresivo, la segunda aconsejando hacerse más bien el difícil sin sofocarse porque eso arruga la piel.
Con cuidado de no ser visto, miró a la tablet, solo para darse cuenta que esta seguía en su base mientras que la pareja estaba ya rodando gradas abajo hasta la quinta fila. No parecía que lucharan, sino más bien que estaban empezando un arrumaco.
.
Las cosas no se pudieron poner más incómodas. Tener que trabajar en equipo con Clyde a distancia es una cosa que ya manejara antes, pero hacerlo en cuarteto con Lincoln y Mollie ya era algo que empezó a considerar un tanto enfermizo.
Enfundada en una chaqueta amarilla a juego con unos jeans y unas orejeras azules con vivos en amarillo, y llegando al baño, se enjuaga la cara y se mira al espejo, haciendo caso omiso de la conversación de Kat, Mona y Arizona, las tres vestidas casi de forma idéntica, salvo por el color de sus prendas. Por un segundo, se preguntó cómo demonios fue que mandó al diablo a la mayoría de sus amigas por preferir algo más honesto, y más todavía desde que Stella se fue de la ciudad, solo Dios sabrá a donde.
Recordó que, hace un par de horas, su diario cayó al suelo desde el casillero. Por lo visto, alguien se metió con sus cosas ya que este no estaba en su sitio esta mañana. Sólo dos cosas emborronadas en la página ochenta y cuatro y no había nada fuera de lo normal. Lincoln incluso le preguntó, con la más completa falta de sutilidad, qué eran esos corazoncitos en dicha página rodeando "JLM", a lo que solo respondió con un escueto "¿te importa? Es privado".
Era más que obvio. Ambos le gustaban, pero no quiso confesarlo a nadie. Mollie descubrió un poco lo de Lincoln, pero en todo lo que llevan de conocerse, y en eso es muy clara, fue demasiado idiota para no verlo desde el año pasado. Incluso con un par de regalos en el casillero cuando dieron luz verde a las clases presenciales en noviembre pasado, justo antes del repunte de contagios.
En cambio, lo de Mollie sigue siendo un absoluto secreto. Que aquellos regalos los tomara como una muestra de amistad fue bastante convincente como excusa, pero el que Artie estuviera a nada de descubrirlo pudo haber tenido peores consecuencias de lo que imaginó en un principio. Pensó en cómo lo tomarían los Nordberg, mas con todo el asunto del peliblanco en fechas recientes las cosas sencillamente serían lo más parecido a una guerra a dos frentes como vieran en clase con Budden en el octavo grado al tocar la Segunda Guerra Mundial que tendría que experimentar en su vida.
No le tomó mucho arreglarse. Caminando al estadio lo más rápido que pudo a causa de la nieve, no consideró usar zapatos especiales ni seguir el rastro que trazaron para los equipos de fútbol y soccer, mismos que se dirigían a la cancha y no a las gradas.
Estaba más enfocada en subir cuando vio rodar a Lincoln y a Mollie. Unos cuantos quejidos, procedentes de la quinta fila, se cortaron cuando la segunda estampó con velocidad sus labios con los de Lincoln.
-¡Oigan! -gritó Margo Roberts desde la cancha, vistiendo el uniforme de gimnasia y mallas térmicas- ¡El hermano de Lynn llegó a primera con una chica!
-¡Oye, pene chico! -exclamó Chandler, eufórico por el material que empieza a crear en mente- ¡A ver cómo complaces a la monja!
Los cuchicheos entre los deportistas de ambos equipos no se hicieron esperar. Por las practicantes de soccer, al menos la mitad suelta comentarios más propios de un chismorreo de lavadero, aunque una chica de piel morena y luces rosadas se notó lo bastante apenada como para salir corriendo. Los chicos, por su parte, no dejaron de reír a instancias de lo dicho por Chandler. Éste solo quería ver hasta dónde podría llegar la pareja, pero rápidamente fue callado por el entrenador Helmsley, ganando un enfriamiento de veinte vueltas a la pista de atletismo entonando un cántico sacado de algún lado en la Marina.
Viendo una tablet en el asiento bajo el palco de comentaristas, nota que está encendida y en videollamada. En la pantalla puede ver que Clyde apenas se está asomando.
-Dime que no acabas de ver eso -preguntó Jordan a la pantalla.
-Ah… bueno, yo… -balbucea Clyde.
-Mejor cállate -suspira exasperada Jordan, apagando el aparato.
Sentándose, tomó una trozo de la tarta que quedó allí. Al morderlo, de inmediato escupió e hizo una mueca de asco por el sabor de la pera. Sin darle tiempo a la pareja de reponerse, decidió fingir el resto del día que no vio nada en lo absoluto.
~o~
Para haber tenido una idea semejante, lo cree demasiado extremo incluso para Lynn. Cuando dejó a Lincoln en la escuela, tenía puestas las cadenas para la nieve. Eso le sirvió a inicios de año, dado el estado traicionero de las carreteras en Canadá durante el invierno, pero ahora que la nieve está fuera de la calle no las necesitaría.
Pidió permiso a su padre de salir temprano para recoger a Lincoln. No es que no confíe ya en él, pero lo que espera es que no tenga los problemas que había tenido a la hora de estacionarse. Con el aviso de la alcaldía de que a partir de la siguiente semana ya no se realizarán más pruebas de manejo, Lori consideró importante que su hermano consiguiera ahora o nunca su permiso.
-No entiendo cómo pudiste acabar con casi todos los instructores que te dieron -bufó Lori al llegar a la oficina de control vehicular de la ciudad.
-Son solo siete pruebas hasta hoy, ¡no exageres! -replicó Lincoln, molesto después de saber que la tarea de Francés sería traducir un cuento corto para leer en clase el próximo martes-. Ocho contando al de hoy.
-Espero que no termines como Leni y sus veintiséis pruebas.
-Al menos ella lo logró, ¿o no?
-¡Sólo ve y hazlos polvo! ¿quieres?
Asustado, Lincoln bajó de Lydia y entró al edificio tras correr un poco.
Había un par de razones por las que Lori quería salir temprano. Una de ellas fue Lincoln, pero la otra fue algo mucho más personal.
Conduciendo un poco, fue al campo de minigolf. En el estacionamiento, Carol ya la esperaba junto con Roger cargando unas pinzas de corte, teniendo vendadas las manos y un par de cortes en la cara.
-¿No se supone que está cerrado? -ironizó Lori.
-¿No se supone que ya estabas en paz con la hermana innombrable? -devuelve Carol, vestida con su ropa de invierno en lila y pardo.
-Puedes darle las gracias a la pandemia por tener el campo cerrado -dijo Roger, calzado con unas pesadas botas y usando un anorak verde con forro de imitación de gamuza al interior-. Gracias a ella éste es mi segundo abrigo y no quiero tener que pasar frío.
-Mi hermano dejó su chaqueta rompevientos en el asiento de atrás -acotó Lori-. Creo que es de tu talla.
-Espero que no tenga nada animal, porque si es así juro que me llevas a casa.
-¿Desde cuándo estás así? -cuestionó Carol.
-Desde que vi un documental con Emily Deschanel -responde Roger, un tanto aprensivo-. Sabes lo que me costó encontrar mis botas de cuero vegetal.
-¿Ya encontraste un queso vegano que gratine? -dijo burlona Carol.
-¿Y tú un batido que no le quite la comida a un ternero?
El ambiente entre los tres, más que de intolerancia, era como una jocosa reunión. Tenían bastante de no verse, pues Carol terminó su licenciatura en Turismo el semestre anterior y Roger simplemente se tomará un sabático para el venidero. Ya que ninguno de los tres obtuvo cupo para Fairway (al moreno no le interesó, y su antaño rival ya no alcanzó lugar ni como becada), pensaron que la mejor forma de pasar el poco tiempo que tendrían juntos sería tratar de pasar tanto tiempo como les sea posible.
Estaban ya en el hoyo 5, el molino de viento, cuando a Carol le vino un tema de conversación.
-¿ Cómo va todo con ya sabes quién?
-¿Cuál de todos? -cuestionó Lori.
-La novia de tu hermano -respondió riendo Roger-. Ya sabes, el dientes de conejo que convenció a Carol de tomar tu lugar para una foto o algo así.
-No tiene novia -objetó Lori, golpeando la pelota con fuerza con el palo para chocar con una esquina de las aspas.
-Mi primo dijo otra cosa.
-No me refiero a… -replicó Carol.
-Roger, no quiero pensar mal de mi hermano -declaró Lori-. Él y yo ya tenemos bastantes problemas como para que una chica se interese por él ahora.
-Además, él no es tan atractivo como se cree -añadió Carol-. ¿Recuerdas el día que vimos las fotos del anuario de Vickers?
-¿Cómo que no es tan atractivo? -cuestiona Lori, sonando bastante mal al hacerlo y recordando la cabeza afeitada del docente en su juventud.
-Lori, no te lo tomes a mal pero Lincoln se está portando como un Johnny Depp cualquiera frente a las chicas.
-No compares a un rico pastelito con… bueno… Lincoln.
Al decir eso, una nueva pelota de Roger dio de lleno contra el tope del fondo, quedando a por lo menos dos y medio pies del hoyo.
-No lo está comparando con un actor -dijo este con calma-. Solo repite lo que se ha venido diciendo en la preparatoria.
-¿Por lo menos puedes decirme qué se dice? -pidió Lori.
-Marlon me dijo que él y una chica cayeron de las gradas del estadio hace unos días -describe Roger-, y que empezó a besarse con ella cuando estaban casi a nivel de campo a media práctica.
-Por favor, dime que no es quien creo que es.
-¿Recuerdas a la hermanita de Morgan, el ex de Teri?
-¿Ese pesado de Nordberg? -preguntó intrigada Carol.
-¡Mierda! -maldijo Lori, lanzando su palo contra las aspas del molino.
-¿Y ahora qué dije? -dijo Carol, sorprendida por el exabrupto.
-¡Se lo dije a ese pequeño idiota! ¡Se lo dije! -repetía Lori, casi como una desquiciada- ¡No te acerques a esa bruta oportunista!
-¿Crees que diga "bruta? -cuestionó Roger.
-Sólo cambia "br" por "p", Roger -minimizó Carol, suspirando-. Créeme, la he visto y oído tantas veces desde el cuarto grado como para saber qué y a quién se dirige.
-¿Crees que necesita ayuda?
-La dejaremos estar sola unos minutos en lo que procesa eso.
-De acuerdo -accedió Roger-. Entonces… le dejo este a Lori.
-Querrá repetir el hoyo completo.
Conmocionada por recibir semejante golpe a su autoridad Lori se sintió con ganas de querer reventar algo a punta de palos de golf, uno a uno. Más en concreto, cabezas cubiertas de cabello blanco, adolescentes y con dientes salidos.
Se siente estúpida. Se tragó por completo todo ese asunto de que lo suyo con Mollie había terminado, llega Roger a decirle que lo dicho por un primo es tan confiable como la wikipedia en alemán y confirma uno de sus peores y más recientes temores. Que una aprovechada libertina de padres religiosos hasta el absurdo invitase a salir a su hermano con lujo de todo lo que podría entrañar.
El escenario que se imagina no es nada agradable. Tal vez viviendo en un lote de remolques, hacinado con al menos seis o siete hijos y con un empleo que de verdad odie pero que tendría el visto bueno de los padres de una potencial zorra. ¿Vacunados? Tal vez solo ellos dos y el perro, y eso sin poder actualizar la inoculación contra la influenza, y no quiere ni pensar en los problemas de ortodoncia que tendrían sus sobrinos. Si bien le va, todo cuanto lograría es tener alguna que otra comodidad en ese remolque desaseado.
Tan encerrada en sus pensamientos estaba que ignoró deliberadamente el teléfono y a todo mundo. Por eso, no notó lo pasado mientras le daba vueltas.
-Lori, no estás siendo muy madura que digamos -dijo Carol, un tanto incómoda por lo recién hecho y con el teléfono de Lori en sus manos.
-¿Qué haces con mi teléfono? -preguntó esta.
-Tuve que fingir ser tú para hablar con tu hermano -comentó Carol-. Dijo que aprobó y espera que lo recojas.
-Entonces hazte pasar por mi y ve tú por él.
-Dice que ya viene para acá. ¿Tienes idea de lo difícil que es eso?
-La verdad, no.
-No es más difícil que tragarse una disculpa -dijo Carol con convicción-. ¿Tienes idea de lo mucho que habría querido tener hermanos como tú? Todo lo que papá me decía era "preferimos ser pocas bocas qué alimentar a tener que lidiar con todos esos berridos como los que tuvimos contigo". Dejé de hablarle por un año entero hasta que me dijo que se hizo la vasectomía con palabras que yo pudiera entender en ese momento y firmó para ya no revertirla.
-Auch.
-El punto es que el mundo no gira como quieras que gire -continua Carol-. Por más que quieras que todo salga o sea como quieres, no vas a cambiar a quienes te rodean, así que te recomiendo que aceptes que Lincoln está creciendo y dejes de hacerte la estúpida como Bianca y Soo Young.
Hace tiempo que Lori aceptó que su hermano estaba creciendo, en realidad, pero lo que Carol desconoce es que hay cosas con las que Lori sigue aferrada.
Dulce ironía, le permitió tener novia dos veces aunque con la segunda no estuviera de acuerdo, y sin embargo no le consiente una tercera porque, en cierto modo, Mollie le recuerda un poco cómo era ella antes de que Bobby le dejara pastelillos en el casillero antes de declarar su amor.
Oyendo el claxon de Lydia, camina un poco al estacionamiento y ve que Lincoln agita el brazo desde el asiento del copiloto.
"¿Por qué no le haces un favor a Carol y aceptas que no vas a vigilarlo siempre?, pensó.
Decidida, se despidió de sus amigos y fue a encontrarse con su hermano. Este, más que feliz, se siente agotado por la prueba y porque el examinador fue bastante rudo con él.
-Perdón por abrir tu auto -se disculpa Lincoln con un gesto de cansancio-, pero…
-Creo que no he sido lo bastante honesta contigo -interrumpió Lori, echándose sobre el respaldo de su asiento-. Lamento mucho que no la estés pasando como creíamos, pero hay muchas cosas que todavía me niego a aceptar contigo, como que puedas resultarle atractivo a alguien o quieras enredarte con cualquiera. Entiendo un poco eso pero quiero que sepas que, pase lo que pase, jamás dejarás de ser mi hermano.
Desconcertado, Lincoln solo mira a Lori a los ojos.
-¿Estuviste fumando la hierba que me dio Ronnie Anne para los pies? -preguntó el chico.
-Supe que empezaste a salir con Mollie -observó Lori, interrumpiendo a su hermano sin miramientos-. Sé que ella no tiene a los padres perfectos, ¿y quién los tiene? Tampoco es que ella sea perfecta, pero si te hace feliz salir con ella, adelante. No me gusta, pero creo que eres lo bastante mayor para saber lo que haces.
Sin palabras, Lincoln solo se queda mirando al asfalto mientras Lori pone a Lydia en marcha. Pero nada más llegando al primer semáforo, escuchó una pregunta de todo menos obvia.
-¿Y a qué hierba te referías? -cuestionó Lori.
-La señora Rosa mandó con Ronnie Anne algo llamado epazote -responde Lincoln-. Dijo que era para la comida, pero que en alcohol con marihuana era bueno para los pies.
-No habrás comprado esa porquería, ¿verdad?
-No conozco a ningún traficante por aquí y no tengo receta médica -respondió de nuevo Lincoln-. ¿Por qué lo dices?
-Por nada -dijo Lori, encogida de hombros-. ¿Vamos por una hamburguesa?
-Claro, ¿por qué no?
Lori no lo notó, pero Lincoln sigue confundido por lo que le dijo Lori. No por lo de ser lo bastante mayor para saber lo que hace, sino por el asunto de Mollie. Sabe de sobra que ya no es bienvenido a la casa de los Nordberg, mas eso no tiene mucha importancia.
De todos modos, lo último que habría querido es salir con ella. Tiene, o eso cree, sus prioridades en orden. En cierto modo, tiene un poco de culpa. Su trabajo había absorbido bastante de su tiempo personal, y las llamadas de las cuatro se habían vuelto cada vez más esporádicas pese a sus ocasionales encuentros. Y menos todavía, nadie notó hasta media hora después de regresar que en el teléfono de Lori había ya un mensaje de parte de Bobby con las palabras que más se temen de una relación.
Tenemos que hablar.
~o~
Agosto 1 de 2021
En fechas recientes, se ha debatido tanto sobre la alimentación en tiempos de pandemia que, por paradójico que suene, no han llevado a ningún lado satisfactorio.
¿Por qué? Cuando el Covid-19 hizo su llegada a Latinoamérica, hubo muchos memes y videos defendiendo la supuesta inmunidad del mexicano, del brasileño, del argentino, frente a la enfermedad, atribuyendo el éxito (inicial) de la contención a una alimentación mayormente callejera. Que el caldito de pollo de la abuela, los tacos de guaguacoa y suaperro, que la crianza del ganado y disparates por el estilo. Alerta de spoilers... gobiernos incompetentes en sus medidas de prevención y control lo echaron a perder. Y más ahora con los supuestos remedios herbales (sin demeritar a la herbolaria, pero con algo nuevo tiene tanto poder como el secretario de Agricultura de los EU). Una tía, incluso y a riesgo de quemarla, está haciendo su agosto dando hojas de guayabo porque, supuestamente, en infusión con canela y jengibre, eleva de golpe las defensas de los pacientes graves. Ideal para una enfermedad respiratoria. Contra una vascular... no exactamente.
Me disculpo por mi... prolongada ausencia. Pero, en mi defensa, necesitaba un pequeño descanso. Revisar, retomar, retocar y en ocasiones recortar no es algo sencillo, ¿saben? Ando como Sergio el loro repitiendo, pero es verdad. Hay cosas que tengo que añadir todavía, y más con el contexto tocante a Lincoln con cierta noticia que no voy a mencionar aquí todavía.
Ya saben que la review no es obligación, pero una retroalimentación se agradece. Lo bueno, lo malo, lo que debo revisar y ahondar, lo que crean tengo mis problemas... todo menos insultos es bienvenido.
¿Nada de nada?
Los veo en dos semanas, señores. Vovlemos a nuestra programación habitual.
Vitamina D. Busquen alimentos ricos en ella, o de menos salgan a tomar el sol si pueden. Ahora...
... Sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
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Bonus track
La vacunación del gordo
pt. 1
El día de la primera inoculación Sputnik V...
-Señor, no se mueva -ordenó una enfermera, molesta por la reacción del autor.
-¡Pues más cuidado, trata con un puerco! -protesta Sam mientras lo inyectan- ¡SU PUTA MADRE! ¡TERMINE CON ESTE TORMENTO, PINCHE CARNICERA!
-Solo fue un piquetito.
-¡Me metió toda la puta aguja en el brazo! -bramó el gordo, tan marica con las inyecciones como siempre.
-No sea chillón, señor. ¡El que sigue!
