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Vínculos

XIII

Coartada secreta

Pt. 1: Trago amargo

Royal Woods, Michigan

27 de diciembre de 2021

5:30 am

Sobre la calle Sullivan

Dos semanas han pasado desde que Lincoln le confesara por videochat que su situación amorosa está en un punto muerto. No es que a Leni le importe demasiado, pero por lo visto Mollie no ha hecho lo suficiente para terminar de gustarle. Aún más, el incidente del estadio le hizo saber que ella se precipitó demasiado, pero como Lincoln le insistió que ella no tuvo la culpa del golpe recibido de ella decidieron dejarlo pasar.

Hizo bien en tomarse unos días de vacaciones respecto de sus hermanas con Fiona. Con Lori cerca, lo consideró algo juicioso para evitar un nuevo pleito innecesario. El problema es que la rutina del tío de la castaña era muy exigente para lo razonable en un civil. Y como el espacio en la casa se encuentra al máximo de su capacidad, el único remedio que vieron fue que las jóvenes acamparan. Y no precisamente en el sentido más social.

Como su anfitrión había sido claro, les dio algunas concesiones, pero estas están muy condicionadas. Y una prueba de ello fue el abrupto despertar. Como se quedaron despiertas hasta medianoche, abrigadas y con una jarra térmica con chocolate que no estaba tan mal como Leni imaginó para el ejército, el amanecer para ambas fue por completo un abuso.

Soñando con unas alpargatas de cintas multicolor, estas se convirtieron en botas muy pesadas al ritmo marcial de un toque militar.

-¡Son las quinientas treinta horas, señoritas! -gritó Murray, un hombre de cuarenta y siete años que tenía ya tres años de vuelta desde Irak- Tenemos todo el día por delante y los perezosos no comen.

-¿Quieres dejar esa rutina del militar al menos por una vez, tío? -pidió aturdida Fiona- Es mi invitada y además tengo siete meses.

-Invitada o no, debe saber que esta no es tu casa ni la suya.

Con un absoluto desprecio sobre los modos civiles, le tira a Fiona y a Leni -mucho más dormida a pesar de levantarse- dos pares de bolsas con raciones de campaña y sendas cantimploras que hicieron a la rubia despertar.

-Hoy cenarán albóndigas en salsa marinara del octavo menú. Déjenla para la noche -indicó el militar-. Eviten la pasta de cereza y arándano y el queso con jalapeño, les provoca gases y elevará su azúcar de golpe, y beban rápido el chocolate.

-¿Y el desayuno? -preguntó Leni, bostezando.

-Una bolsa por cabeza, menú once -detalló Murray-. Barra de higos, huevos con tocino, nueces, avena con jarabe de maple y goma de mascar. Las nueces déjelas para picar en el día.

-Lo que digas -rezongó Fiona con desdén,

-¿Qué dijiste?

-No dije nada, señor -respondió la castaña con tono marcial que dejaba un aire agrio antes de que su tío se fuera-. ¡Odio esto!

-No se ve tan mal -señaló Leni, viendo que la bolsa con pizza incluye una galleta con chispas de chocolate.

-Es un tacaño con la vida civil. Sin televisión, el internet lo tiene muy controlado, sin comida caliente de una estufa -señaló Fiona-, pero para hacer de la cocina una armería o del sótano una habitación del pánico es todo un magnate. Puede que la paga en la Marina sea buena cuando eres oficial de campo, pero es ridículo que haga eso.

Sin pensarlo dos veces, Leni se llevó a la boca la barra. No era lo que esperaría, pero el sabor no estaba mal. Incluso le recordó la primera vez que se quedó con el abuelo, el día que nació Lynn. Como fue a mitad de un concierto infantil, a ella y a sus hermanas las dejaron con el entonces no tan viejo veterano, y este no estuvo tan preparado como en otras ocasiones que pudiera recordar, razón por la que los siguientes dos días estuvieron a carne enlatada con piña, un café de sabor raro con leche, pan de caja, barras de frutos secos varios y galletas. En un principio, eso no le molestó, pero la siguiente vez (el primer examen médico de su tercera hermana menor) Luna fue a dar al hospital por una intoxicación.

Viendo cómo Fiona comía con evidente asco su barra de higo, Leni de inmediato pensó que haber rehusado la oferta de Jackie de cuidar junto a Miguel su casa fue una terrible idea.

-Yo en tu lugar evitaría el huevo -sugirió Fiona, buscando la forma de calentar el agua que les fuera lanzada en un par de cantimploras-. ¡Demonios! Se empezó a congelar.

Desganada, Leni decididamente perdió el apetito.

Luego de vestirse lo mejor que pudieron -ya que al tío de Fiona le disgusta que las mujeres civiles prioricen visibilidad y comodidad a resistencia y discreción-, ambas se dirigieron al salón de belleza de Miguel en el centro. Este las recibió con una mirada de relativa incredulidad al verles con ropas que parecieran sacadas de Rambo.

-Perdonen, chicas -excusó Miguel apenas las viera, cubierto con máscara y una careta con protección azul -, pero hoy tengo una agenda algo apretada. ¿No pudieron venir otro día como, no se, mañana?

-Era venir aquí o tener que soportar los lloriqueos de Mandee por su expulsión -alega Fiona.

-¿Expulsada? -jadeó sorprendida Leni, quien al parecer no estaba al tanto- ¿Cómo?

-¿Recuerdas que hace mes y medio apareció en una revista modelando trajes de baño? -respondió Miguel, forzando un poco su sonrisa tras quitarse la máscara y la careta.

-Nunca la vi en las revistas que tienes en el baño -admite Leni, recordando las revistas para adultos que había en el baño de su amigo.

-Un chico en la primaria llevó un ejemplar -continuó Miguel antes de ponerse una bata de hule-. La maestra Allegra lo sorprendió en el almuerzo mientras la presumía a sus amigos de cuarto grado, la universidad se enteró y la echaron del campus.

-Lo peor es que le están cerrando puertas en todos lados -agregó Fiona-. Le dicen que el único trabajo que podría encontrar es en un burdel o algo en donde no la conozcan.

-Podría pedirle a papá que la contrate -pensó Leni en voz alta.

-No es tan fácil, Leni -replicó Fiona-. Muchos locatarios son casados o tienen una relación, y nadie así le daría trabajo a, bueno… una "desnudista".

-Mandee no es una desnudista. La conozco de toda la vida.

-Leni, cariño, déjame contarte algo antes de abrir -intervino Miguel-. Hice… ciertas cosas que no me enorgullecen para tener todo esto -dijo extendiendo los brazos para señalar su negocio-. Pasé tres meses en terapia con la doctora López y al terminar cada noche me dolía la cadera. Algunos de mis clientes eran muy demandantes.

-Un momento -cortó Fiona-. ¿Eras acompañante?

-Decidí que la escuela perdió todo su encanto cuando estaba en mi tercer semestre en la preparatoria, gracias -respondió Miguel bajando la mirada-. Cuando se ordenó el cierre, muchos de mis viejos contactos requerían esos servicios además de los que ofrecía.

-Todavía no me respondes -insiste Fiona.

-Acompañante y masajista, si te hace feliz.

-O sea que ¿te pagaban por hacerles compañía? -preguntó Leni, no tan ingenua como otras veces.

-A veces eso implica… -dijo dudando el latino.

-¿Sexo?

-¡Leni! -reprochó Fiona.

-Déjala, ¿si? -defendió Miguel-. Si, Leni, y eso es lo que no me enorgullece. Sobre todo divorciados y viudos que de vez en cuando se sentían solos.

-¿Puedo preguntar algo? -pidió Leni. Miguel asintió- ¿No conocías a un Howard McBride?

La pregunta no fue hecha al azar. Ella fue, junto con Lucy y Lana, la única persona que acudió al funeral de Harold McBride. Durante la segunda oleada, Lucy y Lisa le daban cierta cobertura para pasar al menos una tarde con el viudo hasta que Lana lo echó a perder sin querer por detectar olor a donas con jalea de limón, aroma más que inusual entre los Loud pero que en la familia homoparental eran cosa del difunto.

-¿Osito Marrón en Grindr? -cuestiona Miguel antes de responder- Ah, si. Alguien muy atento. Sólo pedía mani y pedi una vez por semana hasta mayo y compañía los fines de semana. Nunca me pidió final feliz. No puedo decir lo mismo de algunas mujeres que me lo pedían.

-¿Por lo menos sabes que eso es algo indecente? -preguntó molesta Fiona.

-Tengo que vivir con eso y tuve que vivir de ello -se escudó Miguel, un tanto sincero-. Si la señora Nordberg tuvo tiempo para solicitarme hasta tres noches por semana para serle infiel a su marido y lo hace, ¿por qué tengo que hacerme el desentendido de eso? Fue por su culpa que dejé de hacer citas a domicilio desde julio.

-Además, yo pregunté -secundó Leni.

Durante el resto de la tarde, hablaron mientras Miguel atendía su negocio, medidas sanitarias mediante. Incluso, para hacer más llevadera la jornada, el poco tiempo que a Leni le quedaba antes de salir a trabajar lo pasó dando a su amigo una mano aligerando su carga laboral lo mejor que podía.

Pensó en Lincoln mientras una mujer de piel bronceada y cabello teñido en granate le comentaba lo frustrada que estaba con su hija por haber rehusado a venir a pasar las fiestas de fin de año. Por más que este le perdonase el golpe de ella recibido, le es difícil manejar que Lori siga con resentimiento que debió de haber caducado. Empero, en la pantalla plana que pusiera un técnico cuando el salón empezó a operar había una película de Adam Sandler. La escena en cuestión era la "pelea" entre Lenny Feder y un pelón, y lo dicho por el actor judío le cayó como una pequeña revelación.

"No existe fecha de vencimiento para ser un estúpido".

~o~

Sus padres fueron comprensivos cuando le dijeron que se irían a pasar Año Nuevo en un tiempo compartido que compraron en Salt Lake City y ella decidiera quedarse. Las únicas condiciones que le pidieron fueron no meter chicos en casa, no pedir comida bajo ninguna circunstancia y ver alguna de las películas que estaban bajo llave en el centro de entretenimiento de la sala.

De la primera, no podían está totalmente seguros, por lo que pidieron a los vecinos algo de vigilancia a la casa. Empero, así como los Loud no tenían buena reputación en la avenida Franklin, en la propia los Nordberg son tenidos por cansinos y sosos.

La segunda, Mollie en teoría no la necesitaba, pues con la pasada Navidad los sobrantes son, de lejos, la columna vertebral de su dieta, ya que hasta dejar caer migajas era muy mal visto por Harvey. En cuanto al tercer punto, le sorprendió a la chica que numerosas películas infantiles estuviesen así. Le extraña que no pueda ver El Jorobado de Notre Dame porque contenía un fuerte mensaje y era una apología a la fealdad como motivo de admiración pero si La Pasión de Cristo con todo y que hablan lenguas que era imposible que alguien hablara hoy, obviando la crueldad sobre el personaje principal que es visto por Helen como el supremo modelo de humildad y estoicismo frente al tormento de una "ramera opulenta".

Por desgracia para ellos, Mollie no cumplía ninguna de las tres en este momento. Sentada en la sala abrazada de Lincoln, comiendo un emparedado de pavo de La mesa de Lynn y viendo en una tablet el corte de director de la tercera parte de El Rey de los Anillos, parecía más aterrada por todo lo que viera en pantalla.

En cierto modo, a su lado Lincoln, Liam e incluso Ryan se veían como todos unos hombres de mediados del siglo pasado. Podría ser orgullosa en casi cualquier lado donde no estén sus padres, incluso en la escuela o en el centro comercial, pero ante sus padres y algunos vecinos era un cordero sin mancillar.

-¿Puedes adelantarla un poco? -pidió Mollie cubriendo sus ojos- no soporto a las arañas.

-Creí que en el quinto grado quisiste cuidar de la mascota de la clase -dijo Lincoln, un tanto confundido.

-Me atacó una viuda negra en el séptimo grado -justifica Mollie, estrechando su abrazo apenas escucha los primeros acordes que indicaban la proximidad de una enorme araña.

-Entonces te diré cuando pase -bromeó Lincoln, bajando el volumen del sonido para no molestarla ni perderle el hilo.

No es que fuera malicioso. No le molestaba bromear de vez en cuando, como pasaba con sus exnovias canadienses, pero con Mollie lo siente muy distinto pese a no ser novios declarados. De forma nada sutil, Jordan le puso al tanto de cómo es que le gusta a Mollie, pero en cuanto le preguntó si alguien le gustaba en particular, de nuevo le dijo que no era su asunto. Notó un intenso enrojecimiento en su cara, cosa que asumió fue por vergüenza por aquella cuestión y el frío que la estaba pelando el día anterior en el botadero de las afueras de Chelsea.

Dejó correr la película hasta después de que echaran a uno de los hobbits de un mausoleo donde armaban una pira. Cansado de leer los subtítulos, llegó a donde una hermosa dama interpretada por Cate Blanchett le había dado una especie de frasco al pobre infeliz que sería la cena de semejante monstruo.

-Ya puedes abrir los ojos -prometió Lincoln.

-¿Seguro?

-Si.

En pantalla, Fred Balsas, el protagonista, al fin parecía escabullirse por una gruta con una ligera apertura que dejaba pasar una luz mortecina. Se había sentido tan seguro que decidió empuñar la daga de su tío como si fuera una espada, avanza unos cuantos pasos y, en menos de lo que canta un gallo, se dio.

El alarido de Mollie en cuanto la araña gigante hizo acto de presencia atacando a Fred la hizo saltar tras el sofá. La carcajada de Lincoln no se hizo esperar.

-¡Eres un gran tonto, Lincoln! -chilló Mollie, tomando el control del reproductor de Blu-ray y poniendo fin a la película.

-¡Debiste ver tu cara! -dijo riendo el peliblanco.

-¿Quieres ver mi cara? ¡Yo te la voy a dar!

Lo que parecía una amenaza se convirtió en un inocente juego de novios que no pasó por mucho de besos y caricias que viniendo de Lincoln eran inocentes, aunque Mollie tenía una idea más que distinta una vez que rodaron por el suelo.

Levantando un poco los tacones de sus zapatos, no perdió el tiempo y empezó a desabotonar la camisa de Lincoln. Desconcertado, por un segundo se dejó llevar y siguió la corriente tratando de desabrochar el sostén de su anfitriona con una idea en mente.

~x~

Para ser la primera ocasión que se ve con Luna, por un instante pensó que esta lo iba a golpear por algún absurdo, pero la verdad fue demasiado diferente a lo que se imaginó en principio.

"¿No piensa cambiar esa pijama en su vida?" pensó una vez que Luna entró con una botella de whisky y un par de vasos. De donde la habrá sacado, no tiene idea, pero no luce como si fueran a tratar un tema serio.

-Me dijeron que llegaste a segunda un par de veces, Linc -resopló Luna, tomando asiento sobre la cama con un gesto más bien casero-. ¿Eran hermosas?

-¿No nos vemos en cuatro años y lo primero que preguntas es si tuve éxito con las chicas? -cuestiona Lincoln, riendo un poco.

-¡Oye! No es mi culpa ser como soy, hermano -replicó Luna con sorna, al tiempo que servía generosamente un vaso.

-No creo que Lori…

-¡Crece ya, hombre! -agregó la rockera- Leni está muy mal por culpa de Lori y sus delirios de grandeza. Bebe un poco, tienes mi permiso.

Con ánimo titubeante, el sabor ardiente del licor le abrasó un poco la garganta, provocando que tosiera un poco para diversión de su hermana.

-¡Rayos, Lincoln! -dijo riendo Luna- Creí que sabrías beber ya.

-Trato de olvidar mi única borrachera -dijo Lincoln con voz ahogada por la tos.

-Me acordaste la primera vez que Luan y yo nos fuimos de juerga -remató Luna, bebiendo de golpe-. Las dos nos colamos al cuarto de Sully cuando fue mi fiesta de graduación, le tomamos algunas botellas de licor y fuimos armadas a la escuela. Las dos amanecimos desnudas en tu viejo cuarto y…

-¡Luna! -protestó Lincoln.

-Teníamos a Benny de testigo -agregó Luna, sorprendida-. No la pasaba bien, por eso tomamos las botellas y terminamos ahí. Dijeron que ese iba a ser mi regalo por, bueno… ya sabes, Sam.

Con la voz animosa decayendo a algo más quebrado, Luna se quedó mirando al culo del vaso. No sacó la botella para charlar solo con su hermano, concluyó el peliblanco, sino que quiere expiar algunas culpas.

-Ella era un año mayor que yo -continuó Luna-. Quiso reprobar un grado, pero apenas se supo sus padres en automático me culparon y la llevaron a una escuela de paga. Peleamos ese verano y… aquí estoy. Compartiendo un trago con mi hermano.

-Fue un poco tu culpa -razonó Lincoln-. No quisiste, pero lo fue.

-¿Y así dice Leni que maduraste?

-No creo que quieras saberlo.

Dejando ese tema de lado, habló largo y tendido sobre su situación sentimental actual. Por como Luna lo entiende, las cosas se salieron de control sin haber estado bajo control antes de saber que tenían entre manos.

-Aléjate de gente como ella -dijo en cuanto escuchó la parte previa al golpe de Leni, ya con el whisky a la mitad-. No soy quién para decirte qué hacer, pero si la vida me enseñó algo es a nunca casarme con el maquinista.

-Creo que lo dices por celos -razonó Lincoln, aún sin estar borracho.

-Es exactamente lo opuesto a Sam -señala Luna, un poco más animada-. Sus padres la controlan, pero cuando está sola lo mejor es quedar como amigos.

-¿En serio?

-Los padres de Sam la dejaban ser pero no tenían problemas para juzgar cuando algo salía mal. Los de… Mollie, ¿verdad? Ellos son unos santurrones, y ella solo juega a que alguien le diga "ven y enciende mi fuego". Por gente como los Nordberg las chicas solo quieren divertirse, así que te digo que te calmes, le expliques las cosas y no avancen a lo que ella quiere…

Lo que ella quiere…

Lo que ella quiere

~x~

Lo que ella quiere

La charla resonó en su mente mientras Mollie empezó a recorrer de forma inexperta el pecho de Lincoln, ya desprovisto de ropa. Besándolo, ella estaba bajando la mano a una ubicación bastante comprometida. Su mente le decía "ni lo sueñes", su cadera claramente le pide "aléjate de ahí", pero las hormonas se estarían encargando de cambiar el mensaje a "ya es hora de que debutes, campeón".

Empero, el universo no suele dar las cosas tan fácil, pues el teléfono de Mollie empezó a vibrar. Lincoln se pudo dar cuenta de ello y vio la foto de ella con su madre a un lado con la iglesia de la calle Olive de fondo.

-Mollie -jadeó. Ella no se inmutó hasta que él le dio su teléfono.

-¿Mamá? ¿por qué llamas? -preguntó Mollie, despegándose del abdomen del chico- ¿Cómo que regresan? Mamá, sabes que papá tiene problemas de juego…

Hablando, Mollie le hizo señas para que saliera como y por donde pudiera. Sin saber cómo interpretarlo, no obstante ya tenía un plan en mente. Dado que la puerta trasera como en la vieja casa da al garaje, sabe que, a menos que dejen su auto frente a la casa en el punto ciego de la misma entrada, es un virtual suicidio salir por ahí. El estudio está bajo llave, y la escotilla del sótano está fuera de discusión si no…

"El sótano", pensó Lincoln con rapidez.

-¿Con quién estás? -alcanza a escuchar a Helen en cuanto toma su chaqueta del sillón.

-Clyde vino a dejarme una cesta de pastelillos -mintió Mollie, pensando en cómo demonios explicaría que no hay tal cesta… Si, ya lo sé, pero ya te he dicho. El que sus papás sean gay no significa que él no tenga alma…

Con todo calculado, fue primero a la cocina y bajó al sótano. No quiso hacer turismo, pero el lugar luce bastante elegante, muy diferente de lo que sería en la vieja casa. Apenas presta atención a las paredes cubiertas con terciopelo, los cojines con brocado carmín y aroma dulzón de un perfume que, en otras circunstancias, le parecería el mismo que usaba su madre en sus noches de cita.

Con un poco de imprudencia, asoma la cabeza por la puerta que da al exterior. El auto de los Nordberg apenas llegó y lo estacionaron frente al garaje. Del vehículo, solo salió Helen, un tanto turbada.

No queriendo quedarse por más tiempo, tuvo que hacer un esfuerzo supremo por evitar irse a la primera señal de problemas. Ya está en uno muy gordo, y no quiere tener que ser llevado a la comisaría bajo cargos de allanamiento de morada, intento de violación y lo que pueda y vaya a desprenderse.

En la entrada principal, Mollie decidió dejar el televisor en un show cualquiera para guardar apariencias.

-¿Has visto mis gafas de sol? -preguntó Helen, irritada por haber vuelto a casa.

-Creí que las metió papá a su maleta -respondió Mollie, fingiendo desinterés.

-Mollie, ¿qué estás viendo? -preguntó antes de voltear a la pantalla- Sabes que tienes prohibido ver videos musicales.

-La señorita DiMartino dejó una tarea para su clase y necesitaba ver un video subtitulado -volvió a mentir-. Ya sabes, como un proyecto para fin de cursos.

-Hum… -resopló Helen, un tanto pensativa sin dejar de lado su mal humor-… no sabía que DiMartino enseñara lenguas extranjeras. ¿No era suplente?

-Entró para dar francés de planta.

-Les rois du monde… espero que no te tome demasiado esa cosa de Romeo y Julieta -dijo Helen tras pensarlo un poco-. Hablé con la señora Rosato y dice que sus hijas estarán felices de venir a cuidar de la casa contigo.

-No he querido hablar con Jordan -alega Mollie-. Además, el último chico que abusó de alguien en la ciudad ya está preso hace tres años.

-¿Ese vago amigo de Morgan?

-Si.

-Me alegro por eso -suspiró aliviada la mayor-. Y pensar que ese chico era novio de esa idiota Loud. Hubiera querido mandarle a los Loud un folleto, pero después de que ese perverso hijo suyo intentó atacarte, creo que merecen que a una o dos de sus mocosas les hagan entender el camino del Señor.

-Si, claro -rió nerviosa Mollie.

-¿Te sientes bien? -preguntó Helen, circunspecta- Te ves un poco pálida.

-No es nada, mamá -respondió Mollie.

Mirando un poco a la mesita de la sala, Helen vio la mitad del emparedado de pavo que Lincoln le había traído a Mollie.

Por un instante aterrador que parecía durar horas, Mollie se cuestionó si fue sensato. Todo su plan de Año Nuevo, tirado a la basura por un estúpido sándwich que admite, hace ver al ganso que cenaron en Navidad como un plato hecho por el peor cocinero que conociera.

-Solo buscaré un traje de baño más decente y nos vamos -decidió Helen.

-Que tengan un buen viaje.

Hasta que vio al auto marcharse, Lincoln no pudo irse. Está muy agitado y con razón.

Pensando que estuvo a nada de ser descubierto por los Nordberg, olvidó dos detalles. Uno, un cierto chico pelirrojo que le hace la vida imposible, a quien empuja sin ver siquiera quien es, y dos, que dejó su teléfono en la mesita de la sala.

~o~

La celebración de Año Nuevo fue igual de parca que en los últimos cuatro años. Con las evidentes restricciones locales, había sido un suicidio llevar a Lincoln o a casi cualquiera de las chicas, pero el caso es que las cosas no pudieron estar relativamente mejor.

Aunque Lincoln se quedó a cargo del departamento y de Lisa, era evidente que el casero necesitaría de un mayor de edad para evitarse complicaciones indeseadas. Por ello, muy de mala gana aceptó que Leni se quedara, con la condición de que debía alejarse de su cuarto a toda costa.

Por si no fuera suficiente, en cuanto Lincoln llegó con Lisa esta había traído algunos de sus equipos, lo que las dejaría durmiendo con él en lo que no está. Con semejante desastre, la tarea de cohabitar unos días sería algo que no se perdería.

Para cuando viera el mensaje de Bobby, no había emojis ni alguna imagen. Reconociendo que no ha dedicado el tiempo suficiente, Lori pensó en su estrategia para lo que Bobby tenga que decirle, imaginando cualquier escenario.

Si era para romper con ella, los motivos más probables serían alguna infidelidad -en este caso, solo imaginó a la viuda Flores, pues la señora Chang le había dejado muy claros sus límites y no es tan desesperado para meterse con Carlota pese a su parentezco-, falta de comunicación como hace tiempo o el que su relación se estancó en un punto muerto.

¿Una propuesta o algo sobre matrimonio? Dejaría que todo fluyera. La boda más próxima que conoce del lado de Bobby es de una amiga de Carlota. En cuanto a la posibilidad que menos tenía en mente, darse un tiempo en lo que replantean su situación sentimental, sencillamente busca la forma en que ambos puedan mantener cierto contacto.

Cualquier idea que tuviera en mente se cortó de tajo al llegar al bajopuente del subterráneo. Veía una carroza fúnebre dejando el edificio donde vivían los Casagrande en procesión, aunque el cortejo era muy reducido. Estacionándose enfrente del local de Burger Blast, notó un crespón negro en la entrada del edificio, y con cierto temor entró al interior del Mercado.

Encontró a Ronnie Anne aburrida tras la caja, mascando una quesadilla de algo que parecía pollo en salsa roja con queso. Como era un rato flojo de ventas, se dedicó a ver en televisión un partido de soccer mexicano, cuyo marcador se mantuvo en una aplastante masacre para el local por 0-6.

-¡Maldición! Es la última vez que apuesto con Carl -maldijo Ronnie Anne sin ver la entrada del local.

-¿Interrumpo algo? -llamó Lori.

-Sólo otro juego en el que Carl me engañó para apostar con él -respondió Ronnie Anne, apagando el pequeño televisor-. Pierdes tu tiempo si vienes a ver a Bobby hoy, se fue al entierro de una amiga de la preparatoria.

-¿¡Qué?!

-¿De qué crees que murió? -continuó la chicana- Uno de sus primos le hizo su despedida de soltera, y como nadie de su familia se vacunó se desató un brote. Tuvo suerte de no ir porque su chinchilla murió de vieja.

-Lo siento.

-No lo sientas -animó Ronnie Anne-. ¿De qué querías hablar con él?

-No tengo idea -respondió Lori-. Sólo leí su mensaje y me dijo que quería hablar.

-Oh, ese "tenemos que hablar" -dijo la latina, al tiempo que un pelirrojo de unos dieciséis bastante arreglado entraba-. No sé que rayos es eso, pero si no es algo bueno Bobby debe tener sus razones.

-Hola, Ronnie Anne -saludó el chico como si nada.

-Ahora no, Laird -cortó Ronnie Anne, dejando claro que no era momento.

-De acuerdo, rueditas -accedió el chico antes de resbalar con un juguete que Carlitos dejara en el suelo.

-¿Rueditas? -preguntó Lori, incrédula

-No me gusta que sea cursi, pero así es él -señala la menor.

-¡Estoy bien! -dijo Laird con un quejido, antes de escucharse una serie de ladridos- ¡Dios mío, ¡Perros!

-Ponte cómoda -remató Ronnie Anne-, esto no puede ser más malo.

Prendiendo de nuevo el televisor, descubre para su consternación que su equipo ya está más que aniquilado, con marcador de 1-9.

Con una chingada! ¿No puedes hacer nada bien, Ochoa? -maldijo de nueva cuenta Ronnie Anne.

Un poco cansada, Lori decidió subir al segundo piso y esperar.

~o~

Con las cosas claras, Leni tomó muy en serio las indicaciones que Lori, sus padres mediante, le dejara para cuidar de lo que ahora puede ser considerado su hogar.

A diferencia de Lynn y Rita, la regla que le dieran de Lori era no entrar a su habitación. El único que tenía ese permiso era Lincoln, salvo que Lily o Leni estuvieran presentes. La primera por razones más que obvias, Lily por lo invasiva que se había vuelto con los años que ha crecido sin dos figuras que, hasta hace poco, todos creyeron fundamentales para ella.

Se está preguntando qué demonios haría que Lincoln se esté tardando. Sabe que pudiendo ya regresar a Reininger's no lo ha hecho, por lo que anticipó que no tiene trabajo de medio tiempo o algo por el estilo, y la escuela abre en dos semanas por las restricciones impuestas desde la alcaldía.

Dado que Lisa no tenía mucho que hacer fuera de su propio trabajo, decidió dejar en sus manos la seguridad del lugar. Por ahora, calentaría un par de las cenas congeladas que habían comprado días atrás.

En el refrigerador había encontrado un par de botellas con leche de almendras con sendas etiquetas con la leyenda "no tocar" en la caligrafía de Lori, así como un paquete con natillas que estaban racionadas de forma equitativa y una botella de cerveza de raíz a medio beber que, con seguridad, es de Lincoln.

Revisando el congelador, encontró algunas cenas congeladas de Frosty Farms, aquella compañía que, recuerda, tiene un sabor extrañamente familiar como si el que lo hubiera cocinado fuera su padre. Tomó solo dos ("Lincoln puede calentar la suya cuando regrese", pensó bajando una tercera) y llamó a Lisa a cenar.

-¿Puedo sugerirle al dueño de las instalaciones que mejore los sistemas de evacuación incendiaria? -planteó Lisa antes de llevarse un palito de bacalao a la boca- Juraría que escuché pasos y rechinidos en la estructura.

-No podemos meternos con la gente de aquí -señala Leni-. El portero me parece muy raro.

-Esas escaleras contra incendios no parecen muy estables.

-Lisa…

-Entiendo que no podamos hacer mucho, pero podrían en su defecto reemplazarlas por una instalación más duradera.

-Lisa, no quiero pensar mal de este lugar, pero la vida aquí se siente… -dudó Leni-… un poco

-¿Emocionalmente deprimente? -cuestiona Lisa.

Mirando por la ventana, Leni se percata de que su hermana genio tiene bastante razón. Las pocas viviendas que no tenían la vista al interior obstruida eran bastante llamativas, pero el exterior es sórdido, como en aquellas películas de acción que al abuelo le gustaban. Muros grises, blancos sucios por el smog y ocres ennegrecidos por algunos vecinos que no destacan especialmente por sus hábitos de higiene al emborracharse.

No es solo eso. Por suma, no hay mucho color ni vida siquiera en los barandales. Las macetas del proyecto de Lincoln, con suerte, apenas y siguen vivas de milagro, mientras que el resto de los vecinos tiene una o dos plantas de ornato por mucho. Se imaginó la vergüenza que invadió a sus padres por aquella vez que vinieron a discutir con la madre de Mollie por la supuesta agresión que su hermano recibiera. Un lugar sin más vida que la que sus inquilinos le dan, y esa ya de por sí es deprimente.

-Necesitan unas cuantas cosas más -dijo Leni, un poco resuelta.

-¿Hablas de más vida vegetal o una mascota? -cuestiona Lisa- Las reglas del dueño del edificio no permite nada más grande que un perro molosoide.

-¿Molo-qué cosa?

-Me refiero a un perro como Charles. Torso de barril, rostro achatado, altura de hasta 19.68 pulgadas y aspecto de lo agresivo a lo simpático, como el ejemplar de bulldog francés del vecino de arriba -describe Lisa, poco convencida-, aunque es preferible que no hablaba de un perro como mascota.

Limpiando sus lentes, Lisa decidió soltar su noticia sin pensarlo dos veces mientras Leni daba un trago a su bebida.

-Tu exnovio recibió un indulto de la familia de la chica a la que embarazó, salió libre la semana pasada y ayer te buscó en las horas que dispensas a tu trabajo.

Escupiendo hasta por la nariz, Leni se negó a creer lo que escuchaba. Chaz, de todas las personas a las que definitivamente le escatima hasta el perdón, libre y sin cargos. Le dejó en claro de forma grosera que ya no quería nada con ella por "hacerse la difícil", y lo primero que pasó es que, a la semana de haber roto con él poco antes de la graduación de Lori fue enterarse que Cici, una amiga de Lynn, era su novia secreta, una pobre ingenua que se dejó convencer de darle lo que la oficial le negó más de una vez por miedo al dolor.

-¿Qué…? -empezó a preguntar, agitada- ¿qué cosa?

-Al parecer, la jueza Johnson se enteró de que la familia de aquella chica decidió retirar los cargos en beneficio de una orden de restricción de quinientos metros -expuso Lisa-. Mamá y papá me pidieron que no te diera motivos para preocuparte, pero por razones que sólo a mi me atañen consideré que eso me es irrelevante.

-Les dije que no quería volver a verlo -suspiró abatida Leni.

-No estoy lo bastante al corriente en ciencias fáciles como tu psicólogo -lamenta Lisa-, pero si te sirve de algo saberlo, sus padres no quieren saber nada de él.

La idea de ver a su ex no le agrada. No sin tener un firme apoyo, y aunque Lori le dejara en claro que ni ella ni Bobby estarían para ella para siempre antes de que todo lo echara a perder, se sintió más desolada que nunca ante esa posibilidad que, de remota, ya no tiene nada.

Por todo un minuto entero, odió a su terapeuta por tener la razón.

~o~

A Lori le parecía extraño que Ronnie Anne le dejara pasar con ella el rato. Como la familia no estaba -de forma negligente casi todos acompañaron a Bobby a una suerte de rezo funerario-, le tomó un corto tiempo para entender qué le veía Lynn de interesante al soccer. No puede decir que se estaba volviendo un poco fan, pero ya entendía por qué hacían tres cambios en vez de cinco como hace casi un año, qué es un fuera de lugar y por qué los tantos no contaban por dos como en el baloncesto o seis como en el fútbol.

Para cuando Bobby regresó con bolsas de kimbap de la tienda de Hong, Lori estaba tan metida como Ronnie Anne en el juego del campeón local, las Liebres, contra los Zapateros de León. A fuerza de lanzarle a su hermana un trozo de rollo coreano, esta le hizo señas a Lori de que Bobby ya estaba en el local.

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Más por necesidad de estar a solas, cerraron el negocio alegando que un ladrón se llevó varias cosas de los anaqueles y un par de cámaras de seguridad, y los amenazó con un cuchillo oxidado si decían algo.

La antaño oficina de Héctor Casagrande no luce muy diferente de como lucía siempre, salvo que ahora las paredes estaban tapizadas por igual de afiches del Falcón de Fuego y de Yoon Kwan, fotos de Lori y pinturas de Frida. Los cuadros de fotos de diferentes lugares de México cedieron poco a poco paso a todo ello, pero lo que resaltó por su ausencia fue una bandera y varios banderines de los Gatos, equipo que había sido desafiliado en 2019 por prácticas fraudulentas y adeudos millonarios a sus jugadores.

Por el semblante de Bobby, una cara alargada y ojerosa y de ánimo titubeante, Lori no podía creer lo que este le propuso.

-¿Cómo que quieres que nos demos un tiempo? -cuestiona.

-Esto no es tanto sobre tú y yo –argumenta Bobby, un tanto cansado tras quitarse la careta y la máscara que usó todo el día-. Tu trabajo te absorbe, tu hermano toma el resto de tu tiempo…

-No metas a Lincoln en esto -dijo pesarosa Lori-. No de nuevo.

-Creí que esa vez fuiste tú -corrige Bobby-. No me corrijas, porque me dijiste que lo llevara a ese show de camiones monstruo. Lo nuestro necesita tiempo que ahora ninguno de los dos tiene y, la verdad, entre la escuela y el Mercado estoy en las mismas.

-Entiendo.

-Hasta Ronnie Anne me dice que me haga tiempo y no puedo -agregó el latino-. No tengo idea de cómo le hace para tener vida social y amorosa con la escuela en casa y su trabajo.

Dando vueltas a la oficina, Bobby realmente no sabe qué decir, mucho menos qué hacer. En la mente de Lori, cree que este le oculta algo, pero igual ya está preparada para lo que pudiera decirle, sea confesar una infidelidad o solo, como dice él, darse un tiempo y replantearse las cosas entre ellos.

-Lo único que te pido es que nos tomemos un tiempo, nada más eso -continuó Bobby-. No es cosa de terminar, terminar, Bebé, solo… darnos un tiempo para hacer cosas que no estaría tan dispuesto a hacer contigo a mi lado.

La idea resuena de forma extraña en la cabeza de Lori. Aunque lo que dijera fuese justamente eso, ella lo está captando como pedirle permiso para serle infiel o algo parecido. Ya había leído eso en la revista 16, sobre parejas que no solo se daban sus tiempos para aclarar ideas, sino para salir con alguien más o divertirse solos, y naturalmente sus riesgos.

Resignada a algo como eso, decidió ponerse en su lugar. El mercado no es tan demandante como cuando él la atendía con su abuelo antes de que él fuera a Chavez, aunque con el poco tiempo que esta le demanda aún no ha sabido hacerse espacios ni para la llamada de las cuatro o un chat maratónico antes de dormir. Apenas y ella le sacaba un "te amo" antes de terminar, una de cada doce fotos en Swiftipic tenía una reacción de cada uno y, para cuando Bobby llegó tuvieron que sacarla de concentración.

Sin decir palabra, Lori solo saltó sobre él y decidió darle la mejor noche de su vida. Le dejaría hacer y haría de todo mientras, en mente, uno de los pilares de su mundo empieza a caer a pedazos, primero pequeños trozos y después enormes pedruzcos, como si un edificio fuese demolido desde los cimientos.

~o~

La razón por la que Lincoln había tardado era tan simple como haber sido asaltado. Sólo pudo reconocer a Papa Wheelie y Llanta Ponchada y había visto a un tercero, presumiblemente Drew, pero sintió cuatro pares de manos. Unas demasiado callosas que pudieran ser de Rusty, y otras del tercer atacante.

Realmente no tenía mucho encima. Tuvo suerte de que le dejaran el teléfono y un billete de diez que guardó para emergencias en el cinturón, pero le vaciaron la billetera y le quitaron el poco cambio para el autobús que tenía y la USB de Lori que Clyde rechazó y vació para poderla ocupar con los respaldos y correcciones de todas sus tareas no impresas.

Había dado un largo camino desde el lugar del asalto (siempre le habían dicho que no fuera por las noches al callejón detrás de la heladería), y dado que no tenía lo suficiente para comprar algo por necesidad de cambio eligió caminar hasta el departamento.

Primero de mala gana y luego con un dejo de reticencia, Lori le había conseguido empleo apenas pasaran los primeros días del año. Si creía que La Hamburguesa del Eructo era un sitio genial donde trabajar, tal idea se fue descartando. La capacitadora y encargada de turno, una chica de nombre Taylor, resultó ser una persona bastante ruda que no toleraba fallas de nadie, pero una falta a su inventario significaba una reducción directa al responsable.

De camino a casa vio a Sadie Figueroa. La chica iba de la mano con Tabby, y la sola imagen le hizo evocar a su ex. Todo un contraste visual que a muchos les hacía una de las parejas atractivas en el baile de graduación de la secundaria -organizado en relativa clandestinidad, siendo solapado por el director Marshall-. De no ser porque a la señora Borutski le ofrecieron ser chaperona en ese baile y se imaginó a su entonces solo amiga vestida como la docente, con un traje formal celeste y camisa oscura. No era la mejor combinación, pero quitando que fue con un vestido rojo, negro y oro por los Senadores de Ottawa que su madre le obsequió, igual se veía preciosa.

Dejando de lado tales pensamientos, recibió un mensaje de Mollie.

¿Has visto a Jordan? Su mamá dice que está mal porque su papá las dejó en Navidad.

No tenía idea, pero eso podía explicar que sus redes se hicieran personales. Todo lo que veía eran una o dos publicaciones con videos de perritos haciendo el tonto, pero fotos y cosas suyas dejaron de ser públicas. Inclusive la última cena de Acción de Gracias se veía preciosa con el arreglo de sus frenos y un conjunto de motociclista que le regalaron para celebrar que ya tiene su permiso y podrá manejar su Vespa a la escuela se hizo privada.

Te escribo si la veo, responde.

Sin ánimo de ver a nadie, entró al departamento. Se alegró de ver que no lo esperaban, no porque no quisiera hablar con nadie, sino porque precisamente no busca desquitar su mala tarde. Estando frente a la plancha quemó la camisa del uniforme, Chandler le acusó de perder media docena de botellas de salsa BBQ y accidentalmente le tiró una orden de papas a la encargada. Prácticamente esta semana está trabajando gratis, sobre todo porque al pelirrojo lo vio salir con una bolsa abultada.

Maldiciendo entre dientes la jornada que tuvo, no supo qué había tras su puerta.

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Desde Acción de Gracias, las cosas estaban tensas en su casa. Sus padres estaban peleando prácticamente por una estupidez como el miedo del padre de familia de que su cónyuge le estuviese siendo infiel con su instructor de yoga.

La pelea del día anterior a la festividad se dio justo porque Jenny salió al centro comercial con ropa que a él le parecía más propio de una mujer callejera. Tal sería la verdad, de no ser porque él mismo la llevó a comprarla antes de la víspera de Navidad. Le soltó a su madre que era el colmo de sus desvergonzadas actitudes, por lo que en la noche se fue de la casa y bloqueó todas las comunicaciones con la familia.

Decidida a no aguantar más estupideces entre sus padres, optó por tomar su Vespa y un casco y fue en la tarde a la zona de la salida a Pontiac. La zona era bastante sórdida, pero no es nada que no haya visto antes. Ya había ido cerca cuando a Andrew le quitaron los frenos e hizo fiesta por ello, No quiere ser reconocida, y las únicas personas que conoce y viven allí deben de estar ocupadas. Justo lo que necesita.

Cuando saliera con Trent tras haberlo hecho con Chandler, el chico hizo de todo para intentar convencerle y convencerse de tratar de tener relaciones, pero lo más que ambos obtuvieron eran noches de spa y largas sesiones de chat donde este se abría más como una chica sin serlo.

Una vez llegó al edificio donde vivía Trent, decidió usar la escalera contra incendios, buscó la forma de trepar. Con un gran estrépito estuvo a nada de caer, mas agradeció que su madre quiso meterla a clases de gimnasia en cuarto grado. La echaron por su baja estatura, pero aprendió lo suficiente para poder saltar, trepar y subir con tanta tranquilidad como le fuera posible.

Pensando al subir, no quiso pasar del cuarto piso. Ya muchas veces había usado esa ruta, pero no tiene ganas de ver a Trent. El chico está, además, saliendo con Mona a pesar de la evidente orientación de este.

Mirando al interior de la habitación del cuarto piso, recordó que Lincoln vive en el mismo edificio. Conveniente, porque descubre que su cuarto da directo a la escalera. Pareciendo más la habitación de alguien que tuvo que madurar lejos de sus seres queridos, vio que la ventana apenas abierta. Eso no lo entiende, pero igual no quiere discutirlo. No ahora, pues si nadie notó en qué momento se fue es porque necesita de alguien. De quien sea que pueda comprenderla.

Haciendo el menor ruido posible, entró y se quedó en interiores, durmiendo por el esfuerzo hasta que cayó la noche. No hizo ruidos de ninguna clase y poco después de despertar cerca de la medianoche se quedó de pie, descalza y alerta por lo que pudiera suceder.

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Con cansancio, Lincoln devolvió la cena que Leni dejó en el fregadero. No siente apetitos de ninguna clase, y menos tras la mierda de primera semana que está teniendo en su nuevo empleo. No queriendo despertar a nadie, abrió la puerta de su habitación y se lleva la sorpresa de su vida.

Ante él, Jordan luce su ropa íntima, un conjunto de sostén deportivo y bóxer amarillos, al tiempo que su cara parece desolada y ojerosa por preocupaciones. Sin pensarlo dos veces, ella se acerca, un tanto temblorosa, y levanta la mirada.

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y a estas horas? -preguntó Lincoln antes de sacar su teléfono- Voy a llamar a tus… Mira, tuve un día pesado y… yo…

No esperaba que ella lo silenciara. Poniendo en su boca un dedo, Jordan se levantó un poco sobre sus puntas y alcanzó los labios de Lincoln, primero con timidez y luego con decisión. Esta noche, pensó, no quiere sentirse sola, aunque sea que alguien podría caer bajo con ella.

En sus pensamientos, no obstante, Jordan tienen en mente una canción que Paige le enseñó hace tiempo, semanas antes de que la hospitalizaran hace un año. Más en concreto, piensa en la última estrofa antes del coro final. Con sobrada razón, de lo melancólica que estaba hace un rato pensando en la relación de sus padres ahora siente justo una calidez como pocas en la vida.

Un escape

Me siento como el océano, en una ola

Como si flotara, nada me detiene

Así es cómo lo hago todo el tiempo, wow, wow

Pero lo sé bien, quieres un poco más

Sé lo que necesitas

Lo sé, lo sé, sé que quieres un poco más…

Abrumado, Lincoln no sabe ni qué decir, pero Jordan quiere ir hasta el final mismo.

…Si estás listo, vamos con todo…

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Más

Yo lo tengo, ahí tienes (vamos, amor)

Parece que necesitas más (más)

Yo lo tengo y no se acabará (acabará)

Sí, tengo más que suficiente, y me sobra (ey, ey)

Sabes que lo tengo, bum bum, volaré tu mente

Nunca doy menos y así será (ey, ey)

Sabes que lo tengo, todo el día, todo el tiempo

Notando cómo ella le acaricia de a poco el pecho sobre la ropa, todo se fue nublando en su cabeza. Nadie hasta Mollie le había provocado tanto para reaccionar bajo la ropa interior con semejante dureza, y Jordan, hasta donde sabe, jamás ha intimado así con nadie.

Firme en su avance, ni el peliblanco ni la rubia cejaron hasta acabar exhaustos y haber quedado con una lección de vida, que el dolor a veces podría ser placentero para ambos. No por iras ni rabias, sino por entrega. Parcial o total, más allá del simple dolor podían encontrar esta noche, en manos inexpertas pero cada vez más deseosas.

Ello pudo pasar desapercibido, de no ser porque Mona, asustada, los veía desde la ventana. Captaba tanto como podía con el teléfono, usando flash. Sólo hasta que ambos cayeron dormidos, desnudos y agotados, es que regresó a casa.

Había ido a casa de Trent. Le decepcionó que, siendo su primera vez teniendo sexo, este se sintiera mucho más obligado que muchos de los chicos con quienes se acostó, y más todavía porque no parece desearla tanto como esos otros.

Sabe que Mollie gusta de Lincoln. No le interesa si esta se entera, pero no se siente capaz de guardar un secreto, y menos por una amiga a la que despreció y negó, y a la que ahora mismo piensa recuperar. No le importa si es de forma honesta o no, pero el lazo que las unió en el preescolar es demasiado largo para ignorar. Al menos, para ella lo es, sin importar lo que sus actos pueden desencadenar.

Guardado el teléfono, se fue a la cama con la imagen de ambos amantes clandestinos en un acto que, piensa, sería interesante de practicar con alguien que no fuera deportista. No por nada, espera, no desea ser considerada la zorra de la promoción. No habiendo blancos más merecedores de semejante escarnio ni mucho más disponibles para ello que Jordan.

~Continuará...~

Agosto 14 de 2021

Uno de los puntos que más se han visto afectados, naturalmente, han sido los trabajos de índole sexual. No solo la prostitución, ya de por sí un caldo de cultivos de ETS, sino muchos derivados y afines. Para pronto, bailarinas exóticas, actores y actrices porno, dueños de clubes nudistas e incluso sociedades del movimiento Swinger se han visto mermadas y afectadas con todo. Ya cuando las primeras dos oleadas remitieron y se relajaron medidad, se pudo retomar un poco (demasiado poco, pero al fin). Los clubes abrieron o permitieron un mayor aforo (sobreviviendo en clandestinidad), tomando precauciones (más de las debidas en el medio), incluso con un leve apoyo gubernamental, sea en forma de dinero o promesas de dinero (muchas veces jamás cobrado o dado), despensas e incluso una especie de "covidsutra" para alentar el negocio en posiciones que mantengan la cara a metro y medio de distancia entre sí. Y si, ya ha habido contagios de Covid-19 vía sexual. Hay autopsias que lo prueban. ¿Una alternativa a las citas sexuales físicas? Sitios como Flirt4Free u Onlyfans son convenientes... aunque si uno quiere más que ver algo soft en dichos sitios, tiene que pagar. No, meterle monedas a la pantalla no funciona XD.

Debo hacer hincapié en dos cosas. Miscelánea, si ustedes quieren.

Primero, las raciones de campaña. Si las hay disponibles para consumo civil (cosa de encontrar a los proveedores). Creo que hay un canal en YouTube en español de un sujeto español que probó diferentes raciones, incluyendo comidas con tacos (gringos), pizza e incluso hamburguesa enlatada. No se ve tan mal, la verdad...

Ls segunda... digamos que la música influyó una vez más conmigo. La razón, hay un evidente choque. Por un lado, el título del capítulo. Una canción de Helloween fue la que me dio el empujón definitivo. En cuanto a la parte que Paige le pasó a Jordan, los fans de League of Legends sabrán de dónde salió. Los que no... More, de K/DA. Admitámoslo, es pegajosa.

Los leo más al rato. Ahí daré respuesta a sus reviews tanto del capítulo anterior como de esta primera parte (si las hay). Si, hoy hay actualización doble.

La función continúa...

Sam the Stormbringer