Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

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Vínculos

XIII

Coartada secreta

Pt.2: La resaca

Royal Woods, Michigan

6 de enero de 2022

8:23 am

Salida a Pontiac

El mundo sigue con su implacable marcha al son que el centro del sistema solar marca desde tiempos inmemoriales, de días en que el tiempo era incluso demasiado veloz para las primeras formas de vida. El frío era amo y señor de las tierras al norte del trópico de Cáncer, la nieve se resiste a dejar de enseñorear en las tierras bajas y menos aún en las regiones lacustres y ribereñas de América, Asia y Europa.

Empero, comparado con el frío que reina en el corazón de Lori, los veintiséis centígrados bajo cero eran como un día soleado en el parque. ¿La razón? Bobby decidió darle libertad que ella malinterpretó en un inicio como una ruptura.

Haber amanecido desnudos en la oficina del dueño del Mercado Casagrande, con Ronnie Anne y aquella amiga suya despertándoles con chocolate caliente y tamales que les sentaron bien para haber aclarado un poco mejor las cosas no era precisamente la forma en que hubiera querido recibir las luces, pero en cuanto pagó multa y recargos por estacionar a Lydia en una zona prohibida y despedirse de Bobby ("tal vez para siempre", pensó con amargura), ese agradable calorcillo que esperaba recibir en cosa de semanas pronto se volvió una sensación tan glacial como el invierno en el centro de Ontario. Ese viaje de fin de semestre de Lincoln al lago Muskoka definitivamente no fue su mejor experiencia, sobre todo porque recordó que un productor de televisión está preso por destruir una isla en su programa por accidente.

Para rematar, había recibido un mensaje de su padre. En el mismo, había algo de un terapeuta frente al consultorio del doctor Feinstein a donde había estado yendo Leni estos días. No le gusta la idea de visitar un psicólogo, pues de sus primeros años de vida consciente recuerda que solía acompañar a su madre para que Leni no se sintiera tan mal cada que iban con la doctora López solo para que les dijeran que ella padecía de un leve déficit de atención que, se llegó a cansar de admitirlo, es muy diferente de un retraso mental.

Nada más entró, encontró que el departamento estaba casi por completo limpio. Con la salvedad de cuatro bandejas de cenas congeladas y un par de cajas de comida china en el cesto de basura y un olor que le es recientemente familiar, todo estaba en su lugar. Incluso los portalibros con forma de perritos danzantes que la tía Frida de Bobby le regaló hace dos años por su cumpleaños estaban inusualmente pulidos y barnizados. No le costó nada reconocer que Leni podía hacer algo bien con algo de supervisión, para variar.

Siendo que los jueves le toca a Lincoln sacar la basura, fue a despertarlo. Grande fue su sorpresa, pues al abrir comprobó de una vez por todas la fuente de ese olor en particular. Desnudos, apenas cubiertos, yacen Lincoln y la chica de aquella fiesta, Jordan.

"Lo que me faltaba", lamentó para sí. Tanto se esforzó en que su hermano al menos comprendiera que no está nada bien salir con una chica y serle infiel con otra pareja, en ese momento, se fue a la basura. Estuvo a nada de despertarlos, pero algo le dijo que su hermano y aquella chica se veían bien juntos. Incluso mejor, le duele admitir, que él y Ronnie Anne.

Por un segundo, imaginó el cuadro. Quizás Jordan sea mejor pareja que Mollie para su hermano, por lo menos hasta que él crea necesario. Menos problemática, menos conflictiva… y a todas luces su hermano sería más agradable a ojos de sus potenciales suegros, si es que los conoce.

En su ingenuidad, incluso se imagina un pequeño momento. Tal vez las cosas con Ronnie Anne ya no se den para Lincoln, pero si a esa chica la impresionó, ve a sus hipotéticos hijos jugando en el amplio jardín de la casa de Laird, el novio de la hermana de Bobby, mientras ella atiende una llamada y el resto conviven felices en medio de una parrillada.

Dicha imagen la puso de mejor humor, aunque recordó con algo de pesar que tal no sería jamás el caso. Sin su Osito Booboo, esa escena solo será un delirio producto de las horas pasadas.

~o~

Clyde ha tenido unas fiestas bastante complicadas. Para empezar, Chloe y su familia han decidido dejar Royal Woods esta temporada y viajaron a Hawaii. Pasaron la Navidad con la abuela Gayle, pero la tensión por unas tías de las islas Canarias fue tanta que, apenas pasó Año Nuevo, ambos volvieron a casa. Por si fuera poco, la cita que se consiguió Howard para dicha cena resultó ser un patán bien vestido en sus cuarentas poco tolerante con los adolescentes, a quienes considera como poco menos que criados estúpidos y sin moral propia a los que debía educar a golpes con el cinturón.

En cuanto llegó, lo primero que hizo fue buscar a Emma. La chica de piel bronceada no había salido, y siendo razonables la verdad es que a ella no le agradó nada la idea de pasarla encerrada en cuarentena y sin apenas contacto con el exterior. Si había alguien que pudiera entender aunque sea un poco su situación, es justo ella.

Los padres de esta no fueron los más comprensivos. Apenas llegó, la paranoia de estos le abrumó más incluso de lo que sus propios padres, lo que ya son palabras mayores. A efectos prácticos, lo bañaron a conciencia y le prestaron ropa limpia en lo que la propia pasaba por lavandería antes de permitirle siquiera pasar a su habitación, la cual luce tapicería de color aguamarina y destila un aroma de menta, entre docenas de animales de peluche y muebles más bien como para una niña que recién sale de su etapa de princesa.

Tal y como esperaba, Emma no estaba en su mejor momento físico del día. Con el cabello suelto y desharrapado -cosa natural al tenerlo largo y despertar tarde-, Emma le pidió que esperase mientras se baña. Eso no sería problema, de no ser porque la puerta de su habitación está al lado del baño.

-Escuché que Trent tuvo algo con cierta repostera -dijo Emma en cuanto entró, solo cubierta por una bata que apenas oculta sus muslos.

-No es lo que crees -respondió Clyde-. Hablé con él esta mañana y me dijo que fue una de sus peores noches.

-¿Por qué lo dices? -cuestiona la morena con deseos de saber más al respecto.

-Me pidió que no saliera de mi.

-Mona dijo otra cosa -expone Emma, sonrojada e incómoda por lo que va a decir-. Dijo que había visto cosas pequeñas, pero a Trent no le cuelga nada abajo.

-Eso no es cierto -objetó Clyde-. Compartimos duchas con Liam después de Gimnasia y "su amigo" -dijo dibujando comillas en el aire- es todo menos pequeño.

-¿Y cómo van las cosas con Chloe? -preguntó Emma, queriendo cambiar de tema por vergüenza.

-Dijo que enviar piñas por paquetería es costoso y no pasaron de la aduana, de todos modos -lamenta el chico-. También dijo que quería verte.

-¿A mi?

-Cosas de chicas. La verdad, ni yo entendí y creo que es mejor así.

No supo calcular bien. Muy pocas chicas le confiaron ciertos problemas desde que Lynn le comentó de su pánico por querer vomitar en una montaña rusa que demolieron en Lactolandia antes de su cierre por un niño que se mató en un juego sin mantenimiento, o Mollie el primer día que menstruó y no había nadie más cerca para cubrirle en la fiesta de cumpleaños número trece de Cristina. Tarde o temprano esas cosas terminaron por saberse, aunque siendo justo Clyde se enteró después que no fue su culpa. Su amiga fue humillada en público ese mismo día, mientras que a Lynn le tocó pasar por bastantes vergüenzas antes de terminar por aceptar que a sus propias amigas les importó un bledo su miedo al sabor y olor del vómito.

Intranquilo, siguió hablando. Pudiendo ser que Emma sea la más cercana amiga de Chloe, Clyde solo escuchó unos vagos asentimientos y negativas de su parte, pero cada vez que quería tocar el asunto de Trent, esta solo callaba por razones ya dichas.

-Lincoln lo pasó con su familia, ¿qué esperabas? -continuó Clyde, una vez terminó de confesar que a Zach lo enviarán con sus abuelos maternos por un alegato de "incompetencia parental"- Dos de sus hermanas siguen teniendo problemas para no querer hablar entre ellas.

-Eso ya lo sabía -acusó Emma.

-Entonces creo que ya sabes que están peor que antes -dijo Clyde antes de comenzar a describirle los pormenores de la tensa situación.

-¿Ya intentaste una cita doble para animarlo? -preguntó la morena en cuanto Clyde terminó.

-No salió tan bien, créeme -respondió Clyde-. Mona le dejó la cuenta.

-¿Y qué tal arreglarle una cita a ciegas?

-Con los padres de Mollie alegando de todo contra él, lo dudo.

-El punto es que ni uno de los dos tiene que saberlo.

-¿Y a quién conoces que pueda interesarle? -cuestiona Clyde.

Revisando su teléfono, Emma hizo algunos movimientos algo bruscos. Por un momento pensó en Arizona, aquella chica de los suéteres blancos, y en Karen, la chica que solía pasar tiempo sola en la sala de juegos de Gus.

-Déjame esto -dijo resuelta Emma-. Podrás ser su hermano de otra familia, pero eso te hace también un poco bocón con él.

-No soy tan chismoso -apeló Clyde.

-¿Cómo hace dos años? Ese día arruinaste la fiesta sorpresa de Cristina

-En mi defensa, invité a una de las hermanas de Lincoln -alega el moreno.

-No. Ella se invitó sola -atajó la morena- y abrió la boca antes de que Cristina llegara. A los dos los echó -añadió.

~o~

De todas las cosas que pudo haber hecho, es la más extraña.

Nunca ha recordado que Pansy ni Sadie lo llevasen a la cama y pasaran de estar durmiendo la siesta juntos. En cambio, haber despertado primero le hizo saber hasta donde había llegado con Jordan en una noche que, odia admitirlo, quedará para la memoria de ambos. Al menos hasta que uno o ambos desarrolle Alzheimer o demencia senil.

"Así es como se siente el sexo… -pensó Lincoln, dubitativo, mientras se cubre con la frazada-… ¿quién lo diría? Lori tuvo la razón todo el tiempo. Aunque… ella fue quien empezó".

Miró a Jordan. Esta lo abraza como si de algo preciado se tratara, y no parecía más dispuesta a dejarle ir por mucho que él lo necesite si no es algo muy serio. Su aliento no es tan desagradable como hace tiempo imaginó, cuando eran apenas niños de primer grado. Kat, para ese entonces la niña nueva, lo había retado a besarla, pero la chica de cabello arena no estaba en su mejor momento, comiendo algo que en su infantil mente parecían gusanos con algo marrón. Un eructito de esta terminó por hacerlo vomitar y pasó a ser uno de los raros junto con Clyde y Liam, y en cuanto a ella las cosas mejoraron por las fiestas de cumpleaños y de piscina que ella y sus padres empezaron a dar en su vecindario después del incidente.

Empero, algo flotaba todavía en su mente. Algo que, quizás, no debería de haber olvidado…

~x~

-¿Y cómo se supone que sepa lo que ellas quieran? -preguntó Lincoln, sorprendido y molesto.

-Creíste que viviendo casi doce años con nosotras te haría saber más de mujeres alguna vez, ¿cierto, Linc? -preguntó Luna, un tanto obvia mientras vuelve a llenar su vaso.

-Yo no pensé que…

-Ése es el problema con tu vida amorosa, hermano, piensas demasiado lo que no debe pensarse -cortó Luna-. Y cuando le das vueltas a todo tu plan nada te ha salido como quisieras. El secreto es solo dejarte llevar cuando sea necesario.

Reafirmando el gesto con un trago de whisky, le ofrece la botella. Pensando en aceptar, hizo amague de tomarla, mas en el último segundo su hermana la retira de su alcance.

-¿Ves? A esto me refería -continuó Luna antes de darle un trago directo a la botella-. Lo pensaste, perdiste.

-No quiero imaginarme qué rayos pasaría si acepto a la primera -pensó Lincoln en voz alta.

-Tampoco exageres con eso. No quiero que termines como yo cuando… ya sabes… cuando me dejó Sam y la banda se separó.

En el acto, Luna tomó el vaso de Lincoln hasta el borde antes de hacerlo con el suyo. Después del primer trago largo a eso, todo se desvaneció hasta la mañana siguiente, despertando con una fuerte resaca y en el suelo.

~x~

Tratando de no despertar a Jordan, suplantó su cuerpo con una almohada. No era lo mismo que sujetar un torso ni de chiste, pero ya era algo a lo que ella bien podría aferrarse por un rato. No se molestó ni en ver las manchas en la ropa de cama. Entre el sudor y algunos ciertos fluidos, la única cosa que se le ocurriría ver está justo en el borde de la cama, al lado de donde se sentó antes de levantarse. Una mancha que, aunque roja, ya estaba dando paso a un tono marrón.

Tomando su pijama, le tomó bastante tiempo ponérsela. Jamás había sentido tan rígidos ña cadera, los muslos, las piernas y el abdomen en toda su vida. Nota como si Lynn lo hubiese puesto a entrenar para la temporada de soccer, y debido a ello Lincoln se mueve con una lentitud que jamás imaginó en toda su vida.

Pasado un tiempo en el baño -con una de las sensaciones más placenteras de todas como lo es orinar en su actual condición-, echó una mirada al espejo. No se ve ni siente muy diferente de como es costumbre, fuera del entumecimiento, pero tiene sus dudas.

Estuvo a punto de llegar a su cuarto cuando creyó escuchar algo. Imaginando que sería Lori en la cocina, no le dio importancia. Un error gordo, pues al entrar vio a esta con tres tazas humeantes, una de estas en mano. Jordan sigue durmiendo, aunque el torso ya estaba descubierto, mientras que Lori estaba sentada en la mesa, sujetando su taza y dando un sorbo con mirada pícara. Lo último que supo es que su hermana estaba en Great Lakes City con Bobby y pasaría allá su descanso. No se suponía que llegara hasta la noche.

-Buenos días, Linky… -saludó esta, un poco burlona-. ¿Qué tal tu noche?

Maldiciendo por dentro, Lincoln no tiene de otra. Habla porque habla al respecto, y lo que queda de la mañana promete ser bastante incómodo.

~o~

Luego de una semana de vacaciones, la alcaldía decidió que era inútil seguir con las restricciones totales por más tiempo, de nuevo con el cupo hospitalario a la baja y tras haber perdido en esta ocasión aún menos vidas que en la primera oleada.

Por primera vez, Leni se sintió tranquila. Por su padre, se enteró de que Lori comentó que hizo un buen trabajo cuidando de Lisa y del departamento en su ausencia. No era para menos, pero en cuanto Lisa le avisó que Lori ya estaba en camino, tomó sus cosas y a su hermanita y se fue, dejando atrás el equipo de viaje de esta.

Estando sentada en el diván del doctor Schiller, lo primero que hace es ver a la puerta. Colgando de ella, hay una diana sobre la que el médico había puesto la foto de una anciana con corte Bob con cabello teñido de rubio platinado, casi blanco como su hermano y su abuelo. Ya van apenas dos semanas del nuevo año, y las cosas no podrían sino mejorar desde su perspectiva… no así la del terapeuta.

-El que tu hermana haya aceptado que hiciste un buen trabajo no es un paso para que ambas vuelvan a llevarse bien, ¿sabías?

-Yo pensé que…

-No es lo que pienses aquí y ahora -cortó Julian-, sino lo que pienses en el momento que ella dijera eso, y mejor si lo dice en tu cara. Dime, ¿has tenido progresos para convencer a tus hermanos de venir?

-Lincoln no puede venir -suspiró Leni, cruzando sus manos sobre el vientre-. Apenas y ha tenido tiempo para él solo entre la escuela y su trabajo.

-¿Y Lori?

-Le pedí a Lincoln y a su amigo que se lo dijeran en cuanto pudieran.

-Lo que es lo mismo que no haberles dicho.

Levantando de su asiento, el psicólogo se dirige a un librero y toma un montón de dardos, de los que elige media docena de estos con cola roja y otro tanto con cola negra.

-Quizá no sea la mejor idea que haya tenido, pero elige un color.

-¿Para qué quiere que tome dardos? -preguntó Leni, dudando.

-Como no tenemos una foto impresa de tu hermana, usaremos esta de mi… de esta anciana loca.

-¿Y quién es ella?

-Una vieja loca con la que viví sus últimos meses.

-Lo siento.

-No lo sientas -dijo Julian-. Ella era una persona horrible, una vieja raci… -corrige-… bueno, digamos que la gente no blanca y los judíos no le gustaban nada. Ahora, imagina que esa mujer es Lori insultándote.

-¿Por qué lo haría?

-Imagina que cada dardo es algo hiriente pero cierto -planteó el terapeuta, dudando un poco de su propio método-. Párate al otro lado de la habitación, pero lanza esos dardos. Está bien si quieres decirle eso a la foto mientras lanzas el dardo.

-Pero eso la va a lastimar -alega Leni, visiblemente preocupada después de levantarse.

-Esa es la idea de este ejercicio. Que tan sincera eres con tus insultos hacia ella en un posible encuentro. Ahora, dispara un dardo -indicó.

Obedeciendo, Leni tiró un dardo sin decir nada. El proyectil no llegó ni a la puerta.

-¿Es todo? -cuestiona Julian.

-No quiero hacerlo.

-¿Y crees que no he querido matar a esa anciana? ¡Esa mujer era el Diablo mismo, aunque yo no crea en ninguna religión! Menos mal que fue de las primeras víctimas de ese pequeño bastardo chino…

Por el tono de creciente enojo que percibía, Leni no dudó en confirmar sus sospechas sobre la mujer de la diana. Debía ser algo muy cercano a él, y no cercano por buenas razones.

-Ahora, vuelve a tirar el primer dardo, y esta vez, dile algo que quisieras decirle a Lori.

Con fuertes reservas todavía, Leni tomó el dardo caído y lo volvió a lanzar. Se abstuvo de hablar siquiera, pues sencillamente ella sólo quiere evitar soltar cualquier cosa que incluso Lincoln se habría merecido por arruinarle una tarde.

-Patético -murmuró el terapeuta después de chasquear varias veces la lengua-. ¿No puedes insultar a nadie?

-Nunca me ha gustado empezar.

-¡Entonces actúa como si ella lo empezara! Dime, Leni. ¿Hay algún recuerdo tuyo en que tu hermana estropeara algo que tú quisieras no haya metido su cara?

Poniendo a trabajar su mente, no le fue muy difícil pensar en eso. Las tres veces que le pidió cambiar los pañales a Lincoln y terminó llena de excremento por una diarrea explosiva; el pastel de chocolate del que fue culpada junto a Luna cuando ella, Luan y Lucy se lo habían comido solas; la fiesta por sus diez años en la sala de Gus cuando Lori, celosa, le embarró la cara en una pizza con piña; el vestido que compraron ambas siendo que lo había comprado primero… el ojo morado que Lori se ganó por haberla insultado reiteradas veces en aquella Acción de Gracias con los Casagrande…

Molesta in crescendo, transfiguró la foto de la anciana en la cara de Lori.

-¡Vamos, idiota! -animó la cara de Lori- ¿Es que no quieres decirle a nadie mis verdades? ¡Ah! Es verdad. ¡Tú no sabes nada de mi!

Apretando el dardo que sostenía en la mano, el dolor en el pulgar por apretar la punta ni siquiera lo notó. Era demasiado lo que quería decirle, nada agradable ni siquiera para ella, pero Lisa se lo había dicho muy claro.

-¡¿Por qué rayos no pudiste tomar un año libre, tonta?! -estalla Leni, soltando un dardo tras otro- ¿Qué tanto te costaba no haber entrado a la universidad? ¿O es que eres más retrasada de lo que decías con nuestras amigas cuando creías que yo me iba? ¡Deme acá! -expresó rabiosa, arrebatando al terapeuta los dardos restantes- ¿Quieres más, tú…? ¡Perra! ¿O es que no te dabas cuenta de que Bobby te engañaba con Becky y Teri en su primera semana juntos? ¿Quién es la idiota, eh? ¡¿Quién es la puta idiota?! ¡¿QUIÉN?!

En un momento dado, llegó a un extremo en que se le acabaron los insultos después de los proyectiles, repitiendo frases como "cornuda estúpida" y "bruja prepotente".

-Creo que tuvimos un gran avance hoy -señaló Julian, sorprendido de ver tan espeluznante vocabulario en alguien tan linda-. Para la próxima sesión, y quiero que tu hermano esté presente, necesito que me hagas una lista de las cosas que te desagradan de él para decírselo.

-¿Y para qué haría una lista así? -cuestionó Leni, agitada y con los brazos temblando.

-Por lo que me dices, tienes bastantes cosas que decirle a todos tus hermanos, y en retrospectiva es él con quién tienes más problemas pendientes.

Nada más terminó de hablar, Schiller se lamentó de no poder ofrecerle nada, pues la mitad de sus botellas fueron estrelladas por la rubia en medio de una tempestad de insultos de los que la mitad ni siquiera eran verdad, como las supuestas infidelidades de su hermana.

Llegando a casa, se tomó un respiro. Agotada, aunque su intención era tomar un baño no llegó a cumplir su meta. Tan cansada se sintió que ignoró cualquier solicitud de sus hermanas y, ni bien tomó sus cosas para lavarse, cayó rendida a la cama y ya no despertó.

~o~

Las cosas entre ambos se pusieron por demás tensas. No era para menos, porque si bien Lincoln disfruta de los arrumacos cada que coincidían en algún lugar durante las horas libres, no deja de sentirse culpable por algunas razones.

De hecho, al siguiente lunes después del regreso a clases mixtas, Mollie notó eso antes de ir a su lugar en el estadio. Lo vio preocupado, poco dispuesto a tomar iniciativa alguna.

-Te noto algo extraño -dijo Mollie.

-Esa bruja va a terminar matándome del coraje -refirió Lincoln, tratando de cubrir el verdadero motivo-. Entre mi encargada y Chandler no sé que sea peor. A uno lo veo aquí y me quita el almuerzo si Clyde y Liam no se lo encuentran, pero ella, ella es un dolor de trasero.

-No hablaba de ese tipo de preocupación, Linc -discute Mollie-. Debe ser por alguien más.

-Expulsaron a Luna de la banda -respondió Lincoln de nuevo-. Le jugó una broma a un par de compañeros antes del campeonato nacional y salió mal.

-¿Tanto te afecta lo que tus hermanas hagan?

-No es que me afecten, es solo que… bueno, tú sabes.

-Ellas están en sus asuntos, tú con los tuyos, y eso debería contar para algo.

-Pensaba en hacer pruebas para alguna escuela de artes -meditó el peliblanco en voz alta-. No sé, el Instituto de Artes de California, la Escuela de Bellas Artes de Boston… quizá San Francisco.

-¿Y eso les afecta? -cuestionó Mollie, estrechando más el contacto al abrazar al chico- Sólo conozco a medias a tres de tus hermanas mayores y a una de las menores, y la verdad todas te quieren aunque sea de lejos.

Sintiendo de nuevo esa reacción en su cuerpo, en esta ocasión Lincoln no se siente tan dispuesto a avanzar tanto con Mollie, y menos en un lugar tan expuesto.

Sintiéndolo arrinconado, ella se detiene por un segundo. Dejando el abrazo para sentarse sobre él a horcajadas, Mollie se siente ya mucho más segura de querer avanzar con Lincoln, mas este, sin previo aviso, recibe un balonazo desde la cancha.

-¡Oye, Loud! -bramó Chandler desde la cancha, desolada porque la práctica del día se canceló- ¿Dónde está mi almuerzo?

-¡Puedes comer nieve, bruto! -respondió Lincoln, devolviendo el bramido.

-¡No me hagas quitarle su comida a ese sucio negro! -maldijo Chandler, molesto.

-¿Y por qué no dejas de meterte con todo mundo, infeliz? -retó Mollie.

-¡Miren esto, chicos! -celebró Chandler, viendo llegar a algunos de sus camaradas- La perra de McMariposa cambió a un esclavo por un retrasado mutante.

-Piérdete, Chandler -sentenció Lincoln, tratando de quitarse a Mollie de encima.

-Solo porque tu novia está aquí -resolvió Chandler, diciendo aquello con despreciable talante- no significa que no tenga mi almuerzo, fenómeno. ¡Los invito al restaurante de su patético padre! ¡Los Loud invitan!

Yéndose en medio de ovaciones, Chandler ya saborea la comida de La Mesa de Lynn. Bajo amenazas de que sus padres conocen a gente de la oficina de Salubridad de la alcaldía, el pelirrojo hizo valer su ley, incluso amenazando con imponer a Lynn y a Luna, las que dan más probabilidad de golpearlo, órdenes de restricción por cincuenta kilómetros a la menor provocación.

Con la seguridad de comer y divertirse a expensas de Lincoln, este tomó algo de nieve y se la tiró desde las gradas. El níveo proyectil encontró su blanco, cayendo sobre la nuca del pelirrojo.

-Vuelves a acercarte al restaurante de mi papá, ¡y estás muerto! -amenazó Lincoln, enrojecido por la rabia contenida.

-¡Si! Si, lo que digas -minimizó el pelirrojo-. Como si tu novia no tuviera demasiado por enseñarte, virgen.

Las palabras de Chandler no hicieron mucho impacto esta vez. Luego de la apertura de un restaurante brasileño-canadiense el mes pasado, este había dejado de acudir a cobrar su extorsión habitual. Lori le agradeció en su momento, puesto que ya debían cerca de dos meses de la cuota de mantenimiento del edificio. Con ello, ahora estará más que dispuesta a volverlo un pretzel humano si vuelve a las andadas.

-Creí que eras más maduro que eso -dijo Mollie, un tanto obvia.

-Tengo asuntos pendientes con ese imbécil -replicó Lincoln, sentándose de nuevo.

-¿Qué asuntos pendientes?

-¿Tú cuáles crees? -cuestiona Lincoln, retórico.

-Oh…

-Creo que el día no está tan bonito como creí -dijo el chico en voz alta para sí antes de suspirar pesadamente.

-¿Por qué piensas eso? -preguntó Mollie- No está haciendo tanto frío como ayer.

-Es sólo que no tengo muchas ganas de estar afuera -mintió Lincoln-, y el pastel frío no es tan bueno si se congela.

Sus esperanzas de que el día mejoraría se diluyeron al terminar la jornada escolar. El primer examen de Química fue toda una sorpresa desagradable, y la clase de Francés con DiMartino tuvo que ser suspendida al ser el propio Lincoln el único asistente, aunque tuvo sus evidentes desventajas al ser a quien le pidiera apoyo para revisar un par de tareas.

Fue en ese rato que comprobó una cosa sin querer. Aunque esté en otro grupo, Jordan no se había presentado a la clase, cosa que le parecía demasiado inusual. No la había visto en Química, y Artie se mostró preocupado cuando se suponía que habían quedado de verse en el almuerzo y no se presentó.

Empero, las cosas se pusieron peores para la tarde.

-Otra ronda de "Revanchas de Paula", sin mostaza y doble catsup, ¡rápido, muévanse! -exhorta Taylor, evidentemente molesta-, ¡Y que alguien, por favor, me diga por qué Chandler se reportó enfermo! ¡Tú, Rata Blanca! Conmigo al estacionamiento, ya.

Detesta tener que ser quien le de el motivo, y más con el apodo que ella le diera desde el inicio. La relación entre ambos, ya de por sí tensa desde la primera semana que entró a trabajar, se agudizó sólo porque le tiró encima una botella con mayonesa para resurtir la barra de condimentos.

Cuando eso pasa, a menudo se encuentra ocupado. Desde que quemó sin querer la camisa del uniforme, lo pasaron a las freidoras, aunque esta vez lo sorprendió quitando el cochambre de las rejillas. Para colmo, la segunda vez que la encargada le llamó siguió en lo suyo. Dejó secando la rejilla antes de poder ocuparla, sintió un tirón de la camisa y fue llevado casi a rastras hasta el estacionamiento.

-Escuché que conoces a Chandler de la escuela -dijo Taylor, molesta, mientras lo descarga contra la pared-. Me dirás exactamente qué diablos pasa con ese imberbe antes de ponerte a rebanar cebollas hasta el final del día.

-Conozco a dos o tres -respondió Lincoln, encogido de hombros.

-McCann, el torpe pelirrojo que siempre alega práctica cuando más lo necesito aquí para cubrir mi trasero -expone la latina con agresividad.

-Dijo que iba con una novia -mintió el peliblanco, más por desconocer dónde estaba Chandler y por necesidad de salvar su pellejo que por otra cosa-. T-también dijo que iría al restaurante de mi familia, pero…

-Eso era todo lo que quería saber -dijo aliviada la encargada, aunque no menos molesta-. Quería que me cubriera hoy para ir con unos amigos, pero ni eso sabe hacer ese pedazo de pendejo.

-¿Ya me puedo ir? -pidió Lincoln.

-Pensándolo mejor, creo que te tengo una tarea especial.

Tragando saliva, Lincoln solo espera lo peor que podría imaginarse, desde propuestas indecorosas hasta encubrir algún robo menor o descargar su frustración sobre el pedido de algún cliente.

~o~

Odia decirlo al espejo, pero todo encaja.

Desde la primera clase, alegó sentirse un poco mal para poder ir al baño, cosa que había repetido al menos tres veces en dicha hora. Por ello fue que salió temprano de la escuela y le envió a Mollie y a Clyde mensajes pidiendo que llevaran su Vespa a casa.

En lugar de encaminarse a su hogar directamente, por fue a una farmacia y compró algunas cosas que creyó necesitar. Ibuprofeno, paracetamol, carbamazepina -usando para esta una receta de Jenny que jamás surtió- y Pepto. Náusea, dolor de cabeza, salidas más frecuentes al baño, un ligero aumento en su temperatura sin llegar a fiebre e incluso un poco de acidez estomacal y reflujo, todo ello estaba sintiendo para cuando bajó del autobús que la dejó en la esquina de su calle.

Contó los días desde que asaltó la habitación de Lincoln apenas se recostó. Según los libros de medicina que tenía su media hermana en su pieza y la consulta que hizo en internet, eso no debería de sucederle. No en sus días seguros del mes, menos aún con un ciclo tan preciso como un reloj suizo. Dos semanas y media, eso había sido desde esa noche.

Hizo un pequeño esfuerzo mental por recordar los detalles de los últimos dieciocho días. Lo recibió en interiores, le dio su primera vez, hablaron todavía un par de tonterías que seguro él no recordaría, durmió, tuvo una charla bastante incómoda con él y su hermana la flatulenta, se fue a casa y soportó la dura reprimenda de su madre. Luego de eso… salió con Mollie al centro comercial, habló con Lance por una tarea de Francés, escuchó a Trent confesar que dejaría a Mona, tomó algo con uno de los amigos de Chandler… no, eso habrá sido sólo hace dos días. Después de eso, salió de Reininger's al encontrar moho en una chaqueta que pensó haría juego con su casco.

Agotada, está de suerte. Encuentra la casa sola, y entre una cosa y otra revisa el botiquín tras el espejo del baño. No es tan amante de allanar las cosas ajenas, y menos aún ciertos efectos personales. No le importa buscar entre las cosas de su madre algo que explique lo que pudo haber pasado, al menos hasta encontrar en la sección de Jenny algunas pruebas de embarazo.

Indecisa, optó por usar una, como si estuviera jugando a la ruleta rusa.

~o~

Clyde no termina de convencerse de lo que sucedió. Antes de la salida, le contó a Liam y a Lincoln que su amigo Tiago se quedó por completo solo. No solo eso, sino que el poco dinero que le quedó lo ocupó para solicitar un pasaporte y conseguir pasaje hacia Michigan hace dos semanas. La idea, pensó, sería que lo adoptaran al menos lo que falte de su educación básica, aunque siempre queda el papeleo que puede o no resolver su situación migratoria.

Dos horas desde que llegara a casa de su cita con Chloe, y nada. Sus amigos tienen trabajo pesado en la granja y en La Hamburguesa del Eructo antes de atender siquiera su vida privada, Mollie parecía estar en un viaje de brownies hechos por ese amigo de Luna, no puede ver a Penelope sin que esta pareciera mojar su ropa íntima y Zach parece haber cortado toda línea de comunicación.

Suspirando, miró de nueva cuenta el reloj de la pared. El mismo ya marcaba sus manecillas las siete y cuarto, hora en que, se suponía, Howard debía salir de la oficina donde trabaja y suele dirigirse directo a casa. Sin Harold para alegrarle la mitad del día, se siente más que incompleto. Las pocas veces que se animó a revisar su historial de internet pudo confirmar que, aunque propuestas no le faltaban, los pocos que le dejaban comentarios eran, en su mayoría, gente que no quería tener hijos ni adoptar. Un par de hombres maduros incluso se dieron el lujo de dejarle una reseña bastante negativa.

Demasiado femenino, nostálgico, aferrado a un chico con quien podría salir si no fuera tan maternal, entre otros apelativos mucho menos amables, así lo solían describir. Clyde lamenta que no solo quisiera llenar el hueco que dejó la impronta de su difunto marido, sino que incluso quienes lo buscan lo hacen, supone demasiado bien en la mayoría de los casos, exclusiva y totalmente por lo que él pudiera tener sin tener que compartirlo con gatos y un chico.

No lo culpa. Sabe que sus padres eran, y Howard lo dejó de ser un poco, sobreprotectores hasta el sofoco, y tuvieron una muy buena razón, misma que casi olvidó en cuanto sonó el teléfono de la casa.

-¿Hola?

-¿Clyde? O meu amigo! É bom ouvir de você! -dijo una voz bastante atractiva (para un hombre) en un más que fluido portugués antes de cambiar de idioma- ¡Qué gusto escuchar tu bella voz!

-¿Cuánto tiempo sin verte, Tiago? -saludó Clyde- ¿Dónde estás ahora?

-El torpe del taxista me dijo que me dejaría en el centro comercial, ¡pero no pudo ser más Desgraçado! -detalló Tiago, molesto- El muy idiota me dejó en un Asilo Cañón Atardecer.

-Ahí vive mi abuela -respondió Clyde, un tanto aliviado de saber cómo está-. Pero cuidado, ahora no permiten visitas si no estás vacunado.

-¿Y qué tal todo?

-Hemos tenido mejores días.

-Oye, ¿crees que tus papás quieran recibirme?

-Creo que sí, aunque solo será uno -respondió Clyde, aunque al terminar lo hizo con un dejo de desgano.

-Oh, sinto muito, cara -dijo Tiago, empático-. ¿Te veo aquí?

-Es un hecho, amigo -respondió Clyde, efusivo-, e bem-vindo aos Estados Unidos.

-Obrigado, Clyde

Agradeció que Tiago llegase bien al país. Seis o siete horas de vuelo agotan a cualquiera, aunque desconoce si es carioca, paulista o de alguna de las muchas regiones del Brasil. Ya se imagina qué conmoción causará su amigo una vez que se presente a clases, si no este semestre el que sigue.

~o~

Justo lo que necesitaba.

Tras haberse detenido en la estación de Flip para recargar el tanque de su Vespa y comprar un Flippee de moras bajo la mirada deseosa del encargado, Jordan solo tiene una idea en mente.

Quiere dejar las cosas muy en claro. Admite que Lincoln fue dócil al inicio, incluso atrevido como para confesar que él era casto hasta esa noche como ella misma, pero desconoce cómo reaccionaría. Y, sobre todo, cómo reaccionará ella.

A cuestas tiene una mochila con algo de ropa, dinero y algunas posesiones más. No quiso comentarle a nadie de su familia, y menos a su madre. Es evidente que es una progresista para algunos asuntos como la adopción de mascotas o el matrimonio gay -lo que le tiene bajo reservas con los padres de Mollie-, pero para otras es bastante apegada a ciertos antiguos usos y costumbres. Les dejó una nota y una de las dos pruebas que usó, pero no cree que se lo tome de buena manera.

Viendo el cielo nocturno, percibe un ligero tronar del cielo. Aunque sea invierno, las condiciones no son precisamente las mejores, y menos con el evidente deshielo y la latente caída de aguanieve que solo complicará aún más las cosas para cualquiera que se encuentre en las calles.

Hurgando en la galería de su celular en cuanto llegó a su destino final, vio la fotografía de su salida de primaria. Cada grupo de amigos entonces lucía bastante unido. Así, Chandler, Trent, Lance y Richie se veían arrogantes pero seguros, a la par que sus amigas, Artie y ella lucían radiantes bajo el sol de la cálida primavera de ese año. Mona, Kat, Mollie, Erin, Penelope y Sadie. Artie, en particular, se notó aliviado, libre de Huggins y sus modos. ¿Y qué decir de Lincoln y su Formación Escorpión? Alegres y confiados de poder tener algo que ya perdieron.

Y vaya forma como se descompuso cada grupo. Chandler se hizo más cretino, Mona y Kat las dejaron a su suerte, Mollie y Penelope se quedaron casi como antes, y el grupo de Lincoln terminó fatal al regresar este y ver que solo se llegaron a quedar Clyde y Liam. De los que se fueron, Erin a Texas, Stella y Zach solo Dios sabrá a donde -y si alguien tiene información lo agradecería, pensó para sí-, por mencionar a algunos. Los viejos contactos, concluyó, se separaron ni bien empezó la secundaria, y se descompusieron más por la pandemia.

Guardando el teléfono, Jordan empezó a subir la escalera.

.

Por primera vez en semanas, Lincoln siente que puede dormir tranquilo. Sería la primera vez en mucho tiempo que las consecuencias de sus actos fueron para bien, pues Chandler efectivamente estaba llegando -según Taylor- al restaurante y ella terminó por golpearlo y despedirlo en el acto, salió relativamente temprano después de darle un masaje en los pies y, como si no fuera suficiente, encontró un billete de veinte

Apenas entrando, Lori lo recibió sentada frente al televisor con el teléfono en las manos. Aunque esta apenas se inmutó, no podía ser mejor. No quiere tener que lidiar con ella después de un día pesado para ambos.

-Te llegó un paquete de Lucy -anunció Lori sin voltear a verlo-. Dijo que entró al club de Cocina sólo porque el de Escritura no alcanzó el cupo suficiente para mantenerse.

-¿Lucy? -dijo sorprendido.

-Dijo que quiere que pases por ella mañana a primera hora.

-Por lo menos ya es algo que sea ella y no las gemelas o Lily.

-¿Por qué lo dices? -preguntó Lori.

-Luan me había dicho que el último día de las bromas quiso mandar la casa sobre el río Kalamazoo -contestó Lincoln, al sopesar el paquete-. Se siente pesado.

-¿Y por qué no lo abres?

Sin dudarlo, Lincoln abre el mismo, rompiendo la envoltura. La caja, al abrirla, tenía bastantes fotos abiertas, piedras de río envueltas en tela y una nota que le arrancó una risa irónica.

Gracias por el pastel, Apestoso

No tenía firma, pero con la primera foto de Lynn atacando un pastel de cereza rebanada a rebanada, con cada mordida y hasta con el rostro cubierto de crema batida, helado de vainilla y jarabe de chocolate, lo decía todo.

-Le diré que ya no le pida a Lynn que le deje enviar algo por paquetería exprés -suspiró Lincoln.

-¿Todavía no terminan sus vacaciones? -preguntó Lori, un tanto inconforme mientras escuchan ambos a alguien golpear la puerta.

-Se va este fin de semana -dijo Lincoln con tranquilidad, dejando el paquete sobre el sofá y yendo a la puerta-. No creo que esta semana termine tan mal.

Nada más abrió, Jordan estaba dando vueltas frente a la puerta. Hablaba para sí antes de que la luz diera de lleno contra ella, y lo que tiene entre manos no es sino algo que, desconoce, es un muy viejo conocido de su madre.

-¿Jordan? ¿Qué haces aquí? -preguntó Lincoln.

Deteniendo su hipnótico paso, se plantó frente a Lincoln y respira hondo. Con un gesto primero tímido tornando poco a poco en un ligero reproche, Jordan le mostró una prueba de embarazo. Casi como si quisiera golpearlo, se abalanzó sobre él y , cosa inesperada, lo abraza con fuerza.

Lori se quedó impávida ante semejante espectáculo, pero su rostro se desencajó al ver el resultado que había dado la prueba antes de caer fulminada.

Positivo

-Felicidades, Lincoln… -solloza por fin Jordan, devastada-… felicidades por jodernos la vida.

En su más profundo ser, al tiempo que es abrazado con fuerza, Lincoln no hizo sino palidecer aún más, si tal cosa es posible, que su propio cabello.

~o~

Agosto 21 de 2021

Dos noticias, si se les puede llamar así. Ambas malas dentro del actual contexto de la Humanidad.

Uno. De acuerdo con UNICEF y distintas organizaciones tanto de gobierno como externas, se ha presentado un alarmante aumento de denuncias de abuso tanto a mujeres como a menores de ambos sexos. El encierro estresa, si, pero no es excusa para caer tan bajo.

Dos. Les pregunto. ¿Qué idea tenemos todos en mente en plena crisis? A nivel biológico, y me referiré a nuestra especie como un animal más, tres cosas. Sobrevivir, comer... preservar la especie. No es broma. Ha habido un alarmante aumento de embarazos al grado que, a modo de broma, a los bebés nacidos entre enero de 2020 y el fin de la pandemia (al cierre, estimo que hasta inicios de 2023) se los está conociendo como pandemial.

No voy a disculparme si a alguien le ofende cómo estoy llevando esto. Tener que vivir esto cada vez será más sencillo, así que mejor nos calmamos un poco y sigamos con nuestra vida. De lo que sí me disculpo es por lo tardado de la actualización. Debía ser doble hace una semana, pero por cosas que se escaparon de mi control se retrasó. Espero nunca vuelva a ocurrir.

Respondiendo a sus reviews...

charly888,te agradezco haberte tomado el tiempo entre tus actividades para leer este desastre. Ya que cubres un resumen casi perfecto, sería menester tomsrme un poco de tiempo. Todo cambia, si. Hasta los matones en formas que uno no puede prever. No, no es que Lincoln prefiriera a Mollie tanto, pero en un principio la idea era darle cierta estabilidad antes de que, como acabamos de ver, le explota en la cara... creo que esta vez me excedí. Clyde... no, no lo odio, pero digamos que me justifico con eso de que "Dios le da a sus mejores soldados las peores batallas". Si es así en plena pandemia, que huevos los de la gente que sonríe pese a ser golpeados una y otra vez por ese pequeño bastardo viral. ¿La tercera mejor? Charros... no quisiera imaginarme los primeros dos. Saludos.

Pd: no vas nada desencaminado. Julian Schiller es el relajado y apostador sobrino de Henrietta, pero la diferencia es que él encarna muchas cosas que ella odia. El sentimiento entre sobrino nieto y tía abuela es mutuo.

Nos vemos la semana que viene. Esto se va a poner feo.

Sigan sintonizados

Sam the Stormbringer