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Vínculos

XV

Historia de dos idiotas

Royal Woods, Michigan

25 de enero de 2022

5:23 pm

Restaurante La Mesa de Lynn

-¿Tienes idea de cuántas veces he querido hacer esto? -sonrió malevolente Lori, en medio de las protestas- Esperé mucho tiempo para que valga la pena.

-¿Quieres hacerlo? -preguntó Jordan, sonriente.

-¡Suéltenme ya, perras asalariadas! -insultó Chandler, pasando de la indignación al gimoteo.

-Por mi, ¡encantada! -respondió Lori, viendo pasar frente a la entrada un taxi a toda velocidad- ¡No vuelvas por aquí, tarado!

En el acto, Chandler salió despedido por los aires para caer de vientre sobre el asfalto helado. Rodando por el suelo, el golpe fue bastante más duro de lo que él esperaba y menos de lo que ellas creen que merecía.

Luego de un breve intercambio de insultos, el pelirrojo no tuvo de otra que buscar otro lugar donde sentirse cómodo de invitar incluso a algunos amigos que se quejaron del pésimo material para algunas clases extra.

Todavía antes irse le devolvieron su chaqueta -mojada y asquerosa de sucia, pero devuelta-, Chandler deambuló un poco hacia el centro comercial hasta dar con la cafetería donde sabe, de muy buena fuente, Mona es cliente habitual. No tenía intención de ver a ninguna Rosato o Loud por ahí, y ese era el lugar indicado. El único local que anunciaba en su entrada

Esto es América

Uso de máscara voluntario

La repostera, hasta donde supo, salía con Trent hasta hace unos días. Las cosas entre los castaños no funcionaron, rompiendo apenas el viernes. Si bien él pasó las fiestas de fin de año con ella en algún lugar del centro de México de nombre casi impronunciable, ya la tensión se notaba. Todavía ella se dio el lujo de quitarle lo virgen, pero para entonces empezó a salir con Richie y el mismo Chandler.

-¿Tuviste un mal día, cariño? -preguntó irónica Mona.

-Me acaban de vetar de La Mesa de Lynn, Mona, ¿qué esperabas? -respondió Chandler de forma poco menos que grosera, dejándose caer en la silla frente a él.

-Por lo menos no tienes una reputación que te haga menos -replicó Mona, jugueteando con una galleta de mantequilla en sus dedos-. Hace semanas que tengo algo jugoso y no sé ni cómo usarlo con una chica.

-¿Puedo saber quién es esa chica?

-Nadie que tenga que importarte, Chandler. Sólo quiero que ella aprenda su lugar

-¿La conozco?

-Am… ¿quizás?

-Vamos, hermosa -animó Chandler, besando su cuello-, ¿quién es esa estirada?

Mientras el pelirrojo la mimaba, Mona envió un par de mensajes. Mirando al exterior supo que uno de ellos surtió el efecto deseado, pues la madre de Jordan soltaba insultos a diestro y siniestro. Sonriendo satisfecha, no calcula que está por cobrar una merecida venganza por los dos.

-¿Vamos a tu casa? -preguntó Mona, ansiosa por divertirse.

La respuesta sencillamente nunca llegó. No al menos con palabras.

~o~

Las cosas, razonó, pudieron haber salido mejor de lo que cabría esperar para estar bajo arresto por primera vez en su vida desde su primer concierto. Luna no había hablado de ello ni de cómo fue que la arrestaron por suplantar a su madre, pero esta se enteró por un comentario distraído de Bobby antes de su despido como guardia del centro comercial.

¿El cargo que le imputan? violación, evidentemente. Eso no cuadró hasta que alguien presentó como prueba unas fotos salidas solo un mirón sabrá dónde en que Jordan lo montaba y un falso testimonio anónimo sobre haberla emborrachado y drogado.

Por alguna extraña razón, creyó que sería como en las películas y en televisión. Por lo menos, en parte, se le cumplió, pero no como esperaba.

¿Lo bueno? Que solo había un par de reos. T-Bone, aquél motociclista amigo del abuelo, estaba allí por un par de multas sin pagar, y un caricaturista de la Gaceta de Royal Woods, antiguo compañero de su madre, denunciado por organizar peleas de gallos clandestinas en la calle Corinto.

Agradece no estar en otra celda. Si bien hay barrotes, el reo de la celda de enfrente está por intento de homicidio, y la chica de la celda de la derecha había golpeado a una empleada de una tienda de ropa (T-Bone no le dio detalles de dónde). Por si fuera poco, la poca charla que este le dio le dejó una muy severa advertencia si la acusación resultaba ser cierta. Si iba a correccional, necesitará lubricante, antiinflamatorios y estar alerta. Para quienes abusan o atacan a mujeres y niños, lo mejor sería tener un muy bajo perfil, no hablar y, sobre todo, no hacer nada estúpido que le gane aún más el odio de los internos.

-¡Lincoln Albert Loud! -llamó un celador, un hombre delgado con cara de hastío y humor igual o peor- Largo de aquí. Sales libre.

-¿Pagaron una fianza? -preguntó Lincoln, ansioso.

-La chica habló y dijo que fue consensual -respondió el celador, ocupado en abrir la puerta.

-Entonces fue un malentendido -sonrió T-Bone.

-Todo en orden -suspiró aliviado Lincoln.

-Que te quede claro, entonces -dijo despidiéndose el motociclista-. Y siento mucho lo de Big Al.

-Gracias.

Nada más apareció en la entrada, no recibió precisamente las muestras de afecto que esperaba. En lo particular, encontró a sus padres discutiendo al respecto de lo que, consideró, es nada menos que su -por ahora durmiente- vida sexual, al tiempo que Lori hace lo propio con la madre de Jordan, con esta apartada sobre el capó de Lydia.

-Espero que estés contento, Lincoln -dijo Lynn sr con el ceño fruncido-. ¿Sabes lo difícil que fue contactar a Luan para que intentara darnos algo de ayuda legal?

-Lo siento -dijo Lincoln, avergonzado, luego de salir un poco animado.

-Una disculpa no resuelve nada, jovencito -torció Rita, no menos molesta-. No con nosotros -añadió señalando hacia las Rosato.

-¿Me van a escuchar esta vez? -pidió Lincoln, bajando la mirada.

-Ya hablarás con él luego -habló Rita, conteniendo a su marido y logrando que este se alejara-. Creo que Lori nunca te explicó que

-Lo sé, lo sé -cortó Lincoln-, pero esa noche llegué cansado, me asaltaron y yo no sabía que…

-¿Te asaltaron? ¿Quiénes? ¿Dónde? -exclamó Rita, sorprendida e indignada.

-¿Eso importa ya, mamá? -detuvo Lincoln- Mira. Yo… nunca lo supe. Lori me habló de… bueno… me dio esa charla. Coqueteos, mensajes… ah… ¿cómo lo llamó Bobby? Bueno, eso.

-Y nunca te habló de enfermedades o anticonceptivos -añadió Rita, serenándose y llevándolo unos metros más adelante para tener algo de privacidad.

-Eso fue lo primero -repuso el chico.

-Quiero que me digas una cosa, Lincoln, y mírame a los ojos -pidió Rita-. ¿Abusaste de ella?

La mirada que encontró en su madre fue más bien suplicante. Es la primera vez que la ve tan mal desde su pequeño asunto con la ley, y lo primero que le viene a la mente es soltarse por completo. Caer deshecho y suplicando misericordia como si fuera un condenado a muerte en una apelación.

"Vamos, Linc", pensó tratando de darse ánimos. "Hasta Lola diría que no lo hiciste. Cediste, perdiste. No lo hagas peor".

-No estaría aquí si lo hubiera hecho -expresó Lincoln, sonando demasiado sombrío.

Bajando la mirada, se pregunta quién habría sido el que propagó semejante acusación. Todo cuanto recuerda de las últimas cuatro horas fue que salió con Leni del consultorio del doctor Schiller, fue con ella al parque Ketcham, le invitó una banderilla, Mona le llamó pidiéndole la tarea de Cálculo, compró una bebida para su hermana y se le cruzaron un par de oficiales de policía para detenerlo frente a ella.

-¿Crees que pueda…?

-Siempre que quieras, cariño -respondió Rita sin darle tiempo de terminar-. Llamaré a las niñas y les daré la noticia.

-Creo que no… será necesario, Rita -terció la voz de Amaris Rosato, contenida-. Perdonen si interrumpo, pero ¿podría prestarme a su hijo un momento?

-Está cansado -alega Rita.

-Sólo será esta noche, lo prometo.

Mirando un poco a su hijo, este había dejado que el desánimo cundiera en su rostro. Lo sabe inocente, pero con ello es probable que pueda ser una noche de la que pediría cuentas.

-Le diré a Lori que te pida permiso de la escuela mañana -resolvió Rita-. Mañana vienes a casa.

-Entiendo.

Dejando a su madre, Amaris no parecía nada complacida, aunque no molesta. Al menos, no con él.

-Escuché su conversación -dijo esta, mirando al cielo.

-¿Acaso importa? -respondió Lincoln, un poco desdeñoso.

-No estoy molesta contigo, pero lo que mi hija y tú hicieron no pudo llegar en peor momento -observó la castaña-. Jordan no ha estado bien desde las fiestas porque el idiota de mi exmarido decidió irse.

-Que mal.

-No te sorprendas, niño. Es una constante que siempre quise evitarle a mis hijas.

-¿Y qué tengo que ver con esto? -preguntó Lincoln con abatimiento.

-Nadie tuvo la culpa, en realidad -contestó Amaris-. Nadie que no la mereciera.

-¿Y él?

-Por mi, que prepare un abogado. Imagino que quieres hablar con Jordan -avanzó Amaris.

-Creo que no quiere ni verme -rehusó Lincoln.

-Tendrán que hablar alguna vez, y mientras más pronto, mejor.

Pensando en sus posibilidades, comprende que está entre la espada y la pared. Acepta, bajo las condiciones de la señora Rosato, o rechaza para hablar cuando tenga que hacerlo, lo que invariablemente tendrá que ser en el transcurso de la semana.

-Lo siento, pero necesito descansar -dijo Lincoln, excusándose.

-Insisto -ofreció Amaris, buscando sonar comprensiva-. Les daré su espacio, lo prometo.

-En serio, señora Rosato. Necesito un tiempo a solas.

Viendo que Lincoln estaría indispuesto, optó por no insistir.

El chico se siente agobiado. Que de buenas a primeras le ofrezcan una terapia fe choque ni bien salido ya es demasiado. Aún más si las cosas se pueden poner peor, considera que el daño ya está hecho, no importa quién lo acusó.

Antes de subir al auto de Lori, echó una última mirada tanto a Vanzilla como al Volvo de las Rosato. En el segundo, Jordan trata de rumiar el mal trago, pero en el auto familiar Leni se veía mortalmente pálida.

Nerviosa, esta le devuelve la mirada, como diciéndole que querrá verlo en casa en la mañana.

~o~

Lori nunca ha tenido una mala comunicación con su hermano. Sea en buenos o malos términos, la única oportunidad que había tenido para tener que mantenerse en silencio mutuo había sido con todo el incidente de la mala suerte. Desde que "por accidente" dobló su palo potter para no ir a un torneo escolar y hasta que él sufrió de un golpe de calor por insolación, ese fue el único periodo en que no le dirigió la palabra.

El problema con él ahora se resume en que se acuarteló en su habitación nada más llegar y no quiere hablar del asunto. La verdad no era una tarea tan difícil como entender que su asunto con Jordan fue consensuado.

En un principio, estuvo más que dispuesta de culpar por todo a Leni. Ella fue la última persona con quien estuvo antes de que lo detuvieran, la única persona tan estúpida como para dejar que Lincoln hiciera a sus anchas mientras no estaba, la única que era demasiado permisiva como para darle entrada… o eso pensó hasta recordar el incidente de Acción de Gracias.

Enfriando un poco la cabeza con un vaso de agua sobre el fregadero, se pregunta a sí misma qué habría sucedido si Leni, y no ella, fuera quien tomara responsabilidad por Lincoln.

Tratando de ser lo más imparcial con su hermana que le es posible, lo más seguro es que sería Lincoln quien hubiese tomado la batuta y ella se quedaría en una tienda de ropa trabajando a tiempo completo por lo menos un par de meses hasta que los Servicios Sociales se hicieran cargo de ambos, deportándolos por manifiesta incompetencia de Leni para cuidar de un menor.

Pensando todavía en cómo es que llegó a este punto de su vida, hace cuentas de lo que ha sido en los últimos meses. Llenado de papeleo para su transferencia a Fairway el siguiente año escolar, trabajo estable aunque amenazado, posibilidad latente de una abierta rebelión de su hermano antes de volver, líos de faldas de su hermano, su eventual distanciamiento de Bobby, el golpe que Leni diera a su hermano, fiestas de fin de año complicadas y, lo que juzgó como algo que pudo salir tan mal como en las películas o esos relatos fanfiction que escribe Clyde y lee por las noches sobre las temporadas finales de Vampiros de Melancholia, el embarazo de esa chica a manos de Lincoln y el posterior arresto y liberación de este.

En resumidas cuentas, la mayoría de lo que ha hecho no han sido mas que problemas que, con la salvedad de la futura paternidad de Lincoln, ha podido resolver como tiene entendido.

Buscando dormir, en el buró que tiene frente a la cama encontró un par de cigarrillos de marihuana. No recuerda haberlos hecho en tiempos recientes ni cómo logró pasarlos en la frontera, pero que ahí estén lo considera algo serio.

-¿Por qué justo ahora? -se pregunta en voz baja.

Sin pensarlo dos veces, toma los dos cigarros y va a la habitación de Lincoln. Lo halla dormido, por lo que deja uno junto a su almohada.

"Lo necesitas más que yo, hermanito", pensó, dando a su hermano un abrazo que apenas y lo tranquiliza. Creyendo que sueña con cosas agitadas, se siente tentada de quedarse a su lado antes de recordar sin querer uno de los momentos que marcaron su vida.

.

La orden había sido clara para las niñas. Nadie podía molestar a Leni bajo ninguna circunstancia si no es para darle apoyo. Por consiguiente, nadie sabía cómo abordarla, dados los eventos de las horas previas.

Tras la puerta, Leni escuchó una conversación.

-Sabes bien que Lincoln es la última persona que le tocaría el cabello a una chica para hacerle eso -dijo Lucy, tan exaltada como un gótico se lo puede permitir.

-Meli me dijo por teléfono que ella estaba en el parque cuando lo arrestaron -externó Lola, molesta-. Un primo suyo le contó que estaba manoseando a una rubia y le encontraron esas cosas que mamá seguro tiene en su armario.

-Ese primo de Meli es un farsante -desestimó Lucy antes de escupir sobre el lavabo-. Hablé con Morpheus. Su tío es médico legista, y le dijo en la cena que no han tenido casos de abuso desde la amiga de Lynn.

-Lo dices porque tus amigos siguen siendo unos raros.

-Son más auténticos que las pestañas que tienes en el cajón.

-La cosa es que Lincoln ya no puede estar con nosotras -declaró Lola-. Meli me dijo que, cuando un chico se pasa de listo con una chica, a él lo deberían de castrar… ¿sabes qué es eso?

Dejó de escuchar. En una ocasión, le contó Miguel, un tío en algún lugar del sur lo llevó a ver cómo se engorda a los cerdos "para que se ocupe del negocio". Quedó tan horrorizado de ver cómo le quitaban los testículos a un animal que, desde entonces, el chico se hizo vegetariano.

En cuanto se alejó, deseó no haber escuchado. Todo lo que Lola le decía a Lucy era horrible, pero al caer dormida su mente se llenó con otra cosa.

~x~

No es la primera vez que la encuentra frustrada por perder un torneo de golf miniatura. A diferencia de otros, donde Carol solía rematar con un birdie que la dejaba solo con dos golpes para ganar, en este hubo un par de errores que le costaron muy caro. Una paloma se le había cruzado en el hoyo siete, y en el doce Lincoln, Lynn y Lucy habían empezado a pelear porque a la castaña le aburría que su hermana no saliera de la carriola y el niño se la pasara con ella durmiendo.

En su mente, Lori estaba culpando a los tres. Era su primer torneo escolar, y se había alejado hasta el hoyo tres, donde había un castillo como el de La Bella Durmiente tras un camino en zigzag.

Para cuando Leni la encontró, estaba arrancando el pasto como loca a mano pelada. Habiendo tirado la visera con el dibujo de un gatito que le habían comprado para la ocasión, Lori soltaba una buena letanía de insultos.

-… tontos bebés que no saben comportarse -decía Lori, acompañando cada palabra con un montón de hojas de césped-. No saben ayudarme a ganar…

-¿Te sientes bien? -preguntó Leni, inocente.

-¿Tú qué crees? -contestó Lori, interrumpiendo su berrinche- ¡Todos los bebés son estúpidos! Unos… ¡unos idiotas!

-¡Esa no es forma de hablar! -exclamó Leni, sorprendida- Lynn solo quería jugar un rato.

-Un torneo no es para jugar -declaró la mayor.

"¿Entonces qué estabas haciendo?", quiso preguntar Leni, mas se abstuvo de hacerlo. No quiere hacerla sentir todavía peor de como está, por lo que trata de palmear su espalda.

-Ya habrá otro torneo -consoló.

-¡No habrá otro torneo! ¿no entiendes? -rechazó Lori- ¡Papá me dijo que cerrarán este campo para hacer un tonto edificio!

-De seguro hay más campos -imaginó Leni.

-¡Ninguno como este! -berreó Lori, empujando a su hermana.

No debió hacerlo. Al empujarla, Leni terminó en el foso que rodeaba la torre, quedando sucia de lodo, agua estancada y solo Dios sabrá qué otra cosa de olor repelente. El vestido que le habían arreglado, de color blanco con reflejos iridiscentes y vivos en aguamarina, terminó por quedar inservible a ojos de la dueña.

Arrepentida, Lori se acercó, mas como ella en un principio lo hizo, Leni le devolvió el rechazo.

-¡Papi! -lloró Leni con amargura.

-Ven aquí -dijo Lori, ofreciendo su mano

-¡Aléjate de mi, idiota! -rechazó tajante Leni, corriendo hacia donde sus padres, que por suerte no escucharon.

Tras ella, Lori quedó sola…

~x~

Mirando al cielo nocturno Lori saboreó la amargura de recordar esa tarde que creyó haberlo perdido todo. Sus padres hablaron largo y tendido sobre ciertas palabras que no debía usar antes de castigarla con no ir al siguiente torneo escolar y quedarse con sus hermanos más jóvenes un fin de semana con la tía Ruth, tomando a Leni, Luna, Luan y las gemelas para pasarla en el campamento Mastodon con el abuelo Leonard. Todavía fue peor, pues en el campeonato regional junior se enteró que Carol no participó por enfermar de escarlatina y Roger, entonces un niño que recién había llegado a la ciudad, se llevó el trofeo a su casa.

Al mismo tiempo, Leni despertó. Si bien se la pasó de maravilla en el tiempo que estuvo con el abuelo, hubiera dado lo que fuera para que Lori le hiciera compañía y hacer más soportable que Luna tocara el violín con tan mal tino que parecía, y la idea le produjo asco, un gato con diarrea en el baño. Nunca lo dijo a nadie, pero desde entonces la palabra "idiota" tenía un significado demasiado ofensivo como para perdonar a quien la use.

Yendo cada quien a su respectiva cocina, ambas se sentaron a la mesa. Lori para beber un poco de licor, Leni para hacer lo propio con un cartón de leche. Con idénticos gestos, dan un largo trago a la botella y al empaque antes de sacar sus teléfonos.

En el suyo, Lori veía una foto olvidada hace ya mucho en su nube. Frente a la cámara, ella y Leni posaron frente a uno de los dormitorios en Fairway, riendo expectantes de lo que pudo haber sido.

En el propio, Leni contempla la última conversación que ambas tuvieron antes de que la dicha universidad se cruzara en medio, de la vez en que cambiaron de lugar con el abuelo Albert y la tía Ruth. Lori se quejaba de que Mittens defecó en su maleta antes de lamerse los genitales y repasarle la lengua a Lola. Ella, por su parte, hizo lo mismo sobre el nieto del señor Seymour, que resultó ser un patán que quiso llevársela a la sala de máquinas del barco.

Cansadas por la conmoción de las horas previas, fueron a la cama. Mientras que Lori se limitó a pensar en lo sucedido hasta bajar los párpados, los sueños de Leni se inundaron con imágenes de Lincoln tras las rejas, su hermana mayor acusándola con la mirada y, cosa que volvió a un recoveco olvidado de su subconsciente, ella misma llamando idiota a todo el mundo por su culpa.

~o~

Los malos sueños que tuvo en la noche la dejaron mentalmente destrozada, con ganas de no querer ver ni hablar con nadie. Su madre, empero, creyó conveniente que tomara clases a distancia, como si estuviera de nuevo en cuarentena.

No obstante, una vez que saliera de casa, Jordan se desconectó de todo aparato con internet. Deseaba evitar el posible escarnio que, para toda chica de su edad, representa estar embarazada. Teme, con sobrados motivos, que la llamen zorra, puta y otros apelativos todavía menos amables que le tendrán reservados, como lo hicieron con Cici Banks tras su embarazo.

Por un segundo, pensó -mientras desayunaba con desgano una pequeña torre de panqueques con escasa mermelada de mango- en hablar con Lincoln, idea descartada por el simple hecho de que, cualquier cosa que quisiera con él, tendría que ser cara a cara. El principal problema para ella, por desgracia y lo admite, radica en que ella no tuvo la inteligencia de prever cualquier eventualidad en cualquier caso. Ni siquiera Artie, con lo poco despierto que era en cosas del corazón, era tan descuidado si no le atañen.

Mientras lavaba los platos al tiempo que veía un videoblog sobre cómo vocalizar en francés con una canción, recibió una videollamada. Tal imprevisto sería bien recibido, de no ser porque era su amigo quien llamó.

-¿Qué quieres? -dijo malhumorada Jordan, fingiendo una voz nasal.

-No puedo hablar en voz alta -respondió Artie, encerrado en su casillero-. ¿Qué es eso que te acostaste con Lincoln?

-¿Quién te dijo eso? -preguntó ofendida la chica.

-Mona abrió un grupo de chat en Swiftipic -dijo escueto Artie-. Me invitaron y vi fotos tuyas con él.

-¿Qué sabe… Mollie?

-Ha estado fatal -confesó el chico-. Se enteró por Chad, que se enteró por Trent, que se enteró por Richie que…

-¡No quiero la maldita cadena, Dombrowski! -estalló Jordan.

-¿Quieres que la distraiga de eso? -preguntó Artie.

-Con que la calmes me basta -pidió Jordan.

-La llevo al parque, entonces.

-Lo que quieras, pero debes distraerla de eso.

-Una cosa más.

-¿Si?

-¿Sabes si Lincoln está interesado en Mollie?

-Sabes mejor que nadie que soy la única chica que se interesa en ella, tonto. ¿O es que quieres algo con ella también?

-Jordan, creo que…

-Si quieres, llévala a un hotel y luego me das los detalles, ¿quieres? -resolvió Jordan antes de colgar.

No puede sino suspirar por todo lo que se desató. Por apresurar las cosas con Lincoln, y más aún por distraerse de la situación de sus padres, tiene todo el paquete. Insultos, embarazo y confrontación con amigos, o en este caso con su interés amoroso homosexual.

Apenas tuvo oportunidad de descansar de Artie cuando llamaron a la puerta con fuerza.

-¡Jordan! ¡Abre la puerta! -escucha la voz de Mollie, que, contrario a lo que temió gracias a Artie, estaba hecha un lamento como el de las plañideras.

En cuanto abrió, la chica enérgica y hasta cierto punto elitista que conoce y ama estaba trastornada en una patética caricatura de sí misma. En sus manos, la chaqueta morada luce como todo un trapo de cocina -una muy desaseada, en su opinión-, mientras que en el cabello sobresale un par de papas fritas. La falda no tiene mucho, salvo por una mancha de pepinillos molidos y otra de lo que puede ser una mezcla de mostaza, mayonesa y catsup.

-¿Qué te pasó? -preguntó sorprendida Jordan.

-Yo soy… la que viene a preguntarte -dijo Mollie, con el rostro limpio de maquillaje, mas no de otras cosas-. ¿Por qué… tenías que quitármelo?

-¿Quitarte qué?

-¡A mi Lincoln! -solloza Mollie, dejándose caer como si de un melodrama barato se tratara- Si por él me estabas molestando con eso, ¿qué te costaba decirme "oye, me gusta tu chico" y restregarme eso a la cara?

-Sabías qué tan mal estaban las cosas conmigo, Mo.

-Por lo menos así habría algo de respeto -remarcó Mollie, sorbiendo un poco sus mocos. Ni bien hecho eso, tomó del bolsillo de su chaqueta una foto impresa hecha cucurucho que encontró pegada con cinta a la puerta de su casillero, con la leyenda "Jordan Perrato x Linc-potente"-. Sólo dime… y no te molesto más.

-Fue cosa de una noche -miente a medias Jordan, afectada-. Me colé a su casa, y en cuanto llegó… él no supo decir que no. ¿Había algo entre ustedes?

-¡Él era casi mío, Jordan! -gritó desaforada Mollie- Estuve a nada de que me dijera que sí, pero…

-¿Pero qué? ¿Pensabas que era un juego de tirar la cuerda?

-Te creí mi amiga… -lamenta Mollie-… de verdad…

La idea que de súbito acudió a la cabeza de Jordan no fue precisamente la mejor. En menos de lo que canta un gallo, dicha idea cobró forma. Aprovechando que se Mollie se distrajo, la acercó a sus labios y comenzó un breve intercambio salival previo a la acción… una lástima que solo se materializó el primer paso.

De un empujón, Mollie apartó a Jordan. Cayendo sobre el piso alfombrado, la segunda se quedó mirando a la primera.

-¡¿Qué carajos fue eso?! -exclamó Mollie, palideciendo.

-Quiero demostrar que…

-¿Demostrar qué?

-¡Que quiero que sigas en mi vida! ¿si? -explotó Jordan, cambiando de táctica- Que no solo puedes ser de Lincoln, que lo que él no te pueda dar lo haré yo, que hay suficiente tú para que los tres seamos felices. ¡Te quiero a mi lado, Mollie! ¡Te quiero tanto como quiero que Lincoln lo hace!

La noticia le cayó a Mollie como agua helada. Con todo, sus padres jamás la educaron para reaccionar frente a una propuesta así de franca de una chica. Más aún: de una que es su mejor amiga y le ofrezca compartir y ser compartida. Desde que cumplió catorce ha tenido bastantes amoríos sin llegar a la cama, pensando que podría enseñarle un par de cosas.

No se lo había dicho a sus padres, como muchas otras cosas, pero a pesar del celo con que estos la mantenían Mollie había tenido ya un par de chicos que pudo convencer de tener su primer encuentro sexual. Fallido, si. Pero un encuentro que definió un poco más las cosas para ella misma.

Temblando, Mollie solo echó a correr hacia la puerta y abandonó la casa. No tiene idea, ni quiere hacerlo, de cómo procesar semejante baldazo de agua helada. Tras ella, Jordan se quedó con la sola imagen de ella, sin saber cómo definir qué son entre sí.

~o~

Clyde no pudo haber tenido una mejor forma de animar a Tiago a salir. Junto con Lincoln, ambos chicos palearon nieve de algunas entradas para entrar en calor y, en resumidas cuentas, no la pasaron tan mal como podría esperarse de un amanecer con un metro de nieve antes de tomar clase virtual.

-Su entrada está lista, señora Hiller -anunció Clyde a la antigua jefa de Rita.

-Son muy amables -agradece Jessie, hablando más como si volviera a su oficina en la Gaceta-. Me encantaría quedarme a hablar, pero tengo todavía trabajo por hacer. Diez dólares por cabeza, la mitad antes y la otra al acabar como acordamos…

-Creo que eran…

-Noticia de última hora: el trabajo es más que perfecto. Cinco dólares más -añadió Jessie, extendiendo un billete de diez y otro de cinco- y una recomendación con antiguos colaboradores. Si me disculpan, tengo una reunión con mi jefe de redacción y un par de columnistas. Lo siento, pero ya deben irse.

Al tiempo de que le cerraran la puerta en la cara, en otras casas del residencial Huntington Manor Lincoln y Tiago hacían lo propio. El brasileño tuvo sus problemas, pero el dueño de la casa que trabajó fue un poco piadoso y solo le hizo palear la vereda de la entrada. Sobre el peliblanco, tuvo la mala fortuna de que la casa en la que ofreciera sus servicios fuera una de alguien que quisiera olvidarlo.

-Entiendo que no quieras hablar de eso -dijo comprensivo Clyde durante un pequeño descanso-. La doctora López dijo que los asuntos de cama deben quedarse solo con quienes tienen que ver si no lo hacen público.

-Descuida, Clyde -dijo suspirante Lincoln mientras come una dona fría-. Cristina sigue sin perdonarme lo del video, pero ¡oye! Ya me dirige la palabra sin mirarme raro.

-No hablaba de eso -detuvo Clyde.

-¿Qué pasó con esa chica? -cuestionó Tiago con impaciencia.

-Es una larga historia -minimizó Lincoln.

-Mejor ve el video y nos lo dices -secundó Clyde, para abreviar.

En el corto tiempo que el sudamericano y su amigo han convivido, es evidente que Lincoln y Tiago no han tenido mucho progreso. Con las cosas tibias entre él y los Santiago después de enterarse de que Lori y Bobby se separaron -palabra que Lincoln eligió para no darle falsas esperanzas-, es más que claro que Lincoln tiene relativa carta abierta. O la tendría, de no ser porque cree que le oculta algo.

-¿Besaste una estúpida estatua? -cuestionó Tiago, terminando el video.

-No es gracioso si lo pones así -replicó Lincoln.

-No es su culpa -defendió Clyde-. Tuvo que humillarse para que sus hermanas no lo asesinaran.

-Clyde, ¡Ygona destrozó ese show en una fiesta de Halloween! -chilló Tiago- ¡No muchas chicas soportan esa cosa de los vampiros gay!

-¿Vampiros gay?

-Mejor te alejas de mi hermanita, Lucy -advirtió Lincoln-. ¿Y quién es esa Ygona?

-Una influencer… -contestó Tiago-… una pena que muriera, porque sus fiestas se veían bestiales.

-¿Covidiota? -preguntaron tanto Lincoln como Clyde.

-No creía que el virus existía, ya saben.

-¿Era linda? -preguntó Lincoln.

-No te hagas esperanzas, Lincoln -advirtió Tiago.

En cuanto el brasileño eligió una foto, le pasó su teléfono. Esperanzado, Lincoln estuvo por primera vez interesado en confirmar lo que había escuchado de las mujeres brasileñas. Su reacción fue poco menos que extraña, con una mueca de repulsión que denotaba su rechazo por las chicas realmente gruesas. Hasta Clyde, tolerante en ese aspecto, no dudó de compartir una mueca sobre la chica en cuestión. Era de cara linda, pero hasta ahí, pues bajando se dieron cuenta de que, al menos en este caso, la belleza de las brasileñas es un mito glorificado que no aplicaba con la mayoría de las mujeres con sobrepeso del lugar.

Una vez terminado su almuerzo, decidieron seguir con las siguientes cuatro tercias de casas antes de salir de ahí. Lincoln estuvo paleando la entrada de los Parson (sin relación a Richie, que vive en la calle Sullivan) y Tiago lo estuvo haciendo en la antigua casa de los Savino. Clyde, por su lado, se mostró sorprendido de saber que la consejera escolar viviera en una zona exclusiva con un sueldo tenido por muchos más bien como de "estricta supervivencia".

-Veo que tomaste mi consejo -dijo la consejera-. No muchos lo hacen.

-La verdad, quería sentirme un poco vándalo por hoy -mintió Clyde, sintiendo un retortijón en el estómago-. Ahí quedó mi record de asistencia perfecta.

-Perdiste tu sentimiento -aclaró Sharon, frotándose el mentón-. El asistente de la directora Rivers salió positivo ayer y mandaron a todos a casa. Dos semanas de clases en línea y podrán regresar.

-¿Qué no se había vacunado?

-Alardeaba de haberse vacunado en México, pero tal parece que le vieron la cara. O malversaron fondos o le aplicaron su vacuna local.

-Oh…

-Y faltaste ayer a clases porque…

-Ya le dije.

-McBride…

-Está bien, lo confieso -admitió acorralado Clyde-. Hace unos días detuvieron a un amigo por… cosas que le sembraron. No supe nada más, pero una chica estuvo en medio de todo eso.

-Odio los líos de faldas -objetó Sharon, apretando sus puños sin que Clyde lo note.

-Intenté hablar con sus hermanas, pero ninguna me dijo nada.

-Lo que voy a decirte es algo que siempre pongo en práctica, y no voy a negarlo. Evita a cualquier chico que, pase lo que pase, se vea envuelto en un lío de esos.

-¿Por qué lo dice?

-Hace un tiempo, intenté participar en un show de telerrealidad que se canceló -narró Sharon-. La mayoría de los concursantes eran unos brutos, pero ningún otro como un chico taimado que vivió toda su vida en Québec. Podría haber sido encantador y todo, pero una vez que quiso hablar con una chica minusválida a mi lado, supe que no era de fiar. Intentó aprovecharse de ella, le dije que se mantuviera alejado de ella, y para no hacerlo largo terminó en el suelo antes de que pudiera decir "Saskatchewan".

-¿Algo más?

-Supe que los productores le aceptaron un soborno, lo delaté y ahora ni él ni yo podemos entrar a ninguna telerrealidad en mucho tiempo. Él por aprovecharse de una minusválida, yo por delatarlo y delatarme como concursante -terminó de narrar Sharon. ¿Sabes a qué me llevó eso?

-¿A vivir de sus estudios?

-No solo eso. Desde entonces, más que nunca, confío en nadie que provoque un problema con nadie en general. Y tu amigo en cuestión, pues… tendrás que cortar todo lazo con él

-Me contó que a él lo inculparon.

-Tenlo bajo reservas, entonces -indicó Sharon antes de alejarse-. Cualquier indicio de que algo salga mal con él, no dudes.

Contrariado, Clyde se quedó pensando en las palabras que la consejera escolar le dijo. Que Clyncoln McLoud se separe por un lío de faldas sería ya algo desagradable, pero es muy poco probable. Sabe que él no se metería con Chloe bajo ninguna circunstancia, y más porque ambos le dijeron antes que se agradan pero nada de que se gusten.

Mirando el panorama, Tiago apenas y pudo terminar su última casa. Lincoln, por su parte, había terminado hace ya un rato, pero la persona que bebía algo con él le era familiar, y más por esa boina lila.

-¿Chloe? -dijo para sí en voz baja- ¿Qué haces aquí?

Agradece que estuvieran a varios metros de distancia entre sí. Por primera vez, tuvo ganas de romperle la nariz a Lincoln, pero en cuanto asomó un poco más, ambos se separaron, yendo la chica en dirección opuesta a donde se encontraba Clyde.

-¡Oye, Clyde! -llamó Lincoln a la distancia- ¡Tienes que probar esto!

Desechando toda idea de infidelidad, Clyde fue a donde el peliblanco, solo para descubrir que Chloe le vendió un frasco de jalea casera de uva y le dejó otro para él.

~o~

Para ser un día agitado para las ventas de invierno en Reininger's, Leni se siente cansada. Nada más entró a casa, se dejó caer sobre el sillón que Luna le envió a su padre en Navidad como regalo y se sacó las botas y el abrigo, para dar paso a un profundo gimoteo que Charles no dejó pasar.

El perro había tenido mejores días. Desde que el hámster Geo murió (francamente, Lynn sr. y Rita perdieron la cuenta de cuantos Geos han pasado por la casa, por lo que en cuanto el último murió dejaron de comprar roedores como mascota), las mascotas se hacían cada vez menos presentes, hasta quedar reducidas a Walt (solitario, amargado y avejentado), Charles (ya reacio a posarse sobre el regazo de Rita), Gary (el viejo conejo de Luan, ahora bajo el cuidado de Lucy) y una zarigüeya llamada Duncan que Lana recogió del auto de Lori antes de que esta y Lincoln se fueran a Canadá. El resto fueron pereciendo con el paso del tiempo, siendo la última el murciélago de Lucy, Colmillitos, durante las fiestas de fin de año.

Con pesadez, el perro se recostó sobre uno de los brazos del sillón en cuanto Leni se sentó. Tal pareciera que ese gemido lastimero decía, con sobrada razón, lo agotada que se siente, y no solo con lo pesado que estuvo su día.

A duras penas deseaba moverse cuando la presión del cuerpecito de Lily causó estragos a su descanso.

-¿Eh? ¿Qué? -balbuceó Leni sin estar demasiado despierta.

-Dijiste que me ayudarías como modelo -chilló Lily, emocionada de ver a alguien más en casa- Se lo pedí a Lucy, pero no quiso.

-¿Modelo de qué?

-Créeme, no te conviene saberlo -dijo Lucy desde el comedor.

Intrigada, Leni se asomó al comedor y observó, para su sorpresa, que Lucy estaba cubierta de huellas de pintura en varios sitios de su cuerpo. Incluso, puede adivinar, se deja ver un hematoma del lado izquierdo, justo debajo del ojo.

Ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar. Una bala de pintura impactó contra su trasero, lo que provocó que respingara y se llevara las manos a las posaderas.

-¡Deja eso! -ordenó Leni, molesta, en cuanto vio que Lily recargaba una pistola de aire salida muy probablemente de las cosas de Lana para el gotcha.

-¡Oblígame! -contestó burlona Lily, sosteniendo a dos manos el arma antes de correr con una sonrisa maliciosa.

La carrera no duró mucho. De un par de saltos, Leni atrapó a su hermana, aunque le costó mucho trabajo sacarle la pistola de encima. Un par de mordidas y unos cuantos rasguños le bastaron para darle un fuerte apretón contra su cuerpo a Lily y forzarla a soltar su arma.

-¿Qué te hemos dicho de tomar las cosas de las demás? -preguntó adolorida Leni.

-¡Sólo estaba jugando! -reclamó Lily, aún frotándose por el daño que cree haber recibido.

-Esta cosa no es un juguete.

-¿Y por qué Lana la tiene?

-Fue un regalo del abuelo para Lincoln -observa Leni.

-¿Y por qué mi abuelo le regalaría algo a un extraño? -preguntó Lily, remarcando el posesivo.

-No cambies la conversación. Además, es tu hermano.

-¡Y por qué me dejó si es mi hermano!

En un acto más que comprensible (y proporcionalmente injustificado), Lily le soltó una patada a Leni. Esta hizo un movimiento leve para evitarla, hecho que la menor aprovechó para separarse y correr escaleras arriba.

Culpándose de haber actuado mal, se dirige a la cocina a hacerle compañía a Lucy. Esta apenas y se había limpiado la pintura de la cara, pero el dolor físico era más que palpable para la gótica.

-¿Te traigo hielo? -ofrece.

-Estaré bien -gimoteó Lucy, llevando algo de desinflamante a su cara-. Te ves horrible.

-¿Por qué dices eso?

Sin prisas, Lucy tomó el espejo con el que se ayudaba a ocultar el morado de la cara y señaló las profundas ojeras en la cara. Normalmente, ello le haría ir al baño para remediar eso, pero con lo sucedido era imposible que no pocos conocidos se dieran cuenta de que algo con ella iba terrible.

-No quiero pensar en eso.

-Tal vez sea hora de aceptarlo -pensó Lucy en voz alta-. Luan y Lola hicieron un trabajo demasiado bueno con Lily como para que algo de ellas se le quedara.

-¿Lo dices por el tiempo que pasaban juntas? -preguntó Leni.

-Sabes que Luan se hizo cargo de Lily en su tiempo libre hasta que se fue a la universidad. A partir de ahí Lola se metió demasiado y en poco tiempo olvidó muchas cosas -rememora Lucy.

¿Y por qué haría algo así?

-Lo creas o no, es tan buena actriz que ocultó bastante bien que la ausencia de Lincoln le hizo mal. Primero hizo un par de sabotajes a nuevas para amedrentarlas en la pasarela, luego salió todo esto -añade Lucy, refiriendo a lo obvio- y terminó por manipular algunas cosas para que Lily se olvidara de él… o eso quiero creer.

-Para su información -secundó Lola en plan de objetar, salida de la cocina con un trozo de tarta-, no tuve nada que ver. Yo solo pasé tiempo con ella porque no tenía nada mejor que hacer. No es mi culpa que tomara ese je ne sais quoi y desconociera que tiene un hermano.

-Eso es cruel incluso para ti -regaña Leni.

-Te sorprenderá saber lo que un poco de sugestión puede hacerle a alguien con una mente maleable, cariño -reprochó Lola-. De lo que no soy culpable es de su olvido de Lincoln.

-Igual, eres un monstruo -atacó Lucy.

-Lo dice quien quiso sabotear la llegada de los estirados al siglo XXI -contraatacó Lola-. Si me disculpas, tengo una cita con mi tarta.

-Lola, no estás ayudando -acusó Leni.

-Nunca fue mi intención ayudar esta vez. Después de todo, no cuidaste bien de Lincoln cuando lo llevaste con ese loquero -soltó Lola antes de irse.

-¿Cómo que un psicólogo? -cuestionó Lucy.

-La sesión era para mi -respondió Leni-. Le pedí a Lincoln que me acompañara porque no quería hacer todo el camino de regreso sola.

-Creo que lo vas a necesitar más de lo que creías.

-¿Es por lo de Lori?

-Lo digo por tu asunto con Lori, por Lincoln, y en especial por su estupidez.

-Lincoln no es tan tonto.

-Ambas sabemos que Lincoln ha cometido actos egoístas y groseros -sermonea Lucy, impasible pese a su condición-. Nos ha mentido, engañado e incluso decepcionado, todo para tratar de arreglarlo y vernos felices mientras él estuvo aquí. Pero un hijo a su edad… -suspira con pesadez-…, hasta no saber nada de él y de esa rubia hueca con quien Lori dijo que se metió, eso es lo más egoísta que jamás ha hecho, y no tendrá más remedio que tu discusión con Lori.

-No puede ser peor de lo que dices.

-¿Tú crees?

Las palabras de Lucy, aunque ciertas, tenían para Leni cierto toque de aprensión. Le preocupa que Lori lo haya encaminado por un mal sendero. O peor, que su vida con él, con todo y sus reglas, lo hayan vuelto un verdadero peligro para la sociedad como los padres de Mollie trataron de convencer a media ciudad.

Revisando el calendario de su celular, miró la fecha de su próxima cita. Dado que el doctor Schiller está de vacaciones en Nevada, no lo verá hasta dentro de dos semanas. Hasta entonces, no hay nada qué hacer.

-Solo queda una cosa si quieres, pero es justamente lo que Lisa recomendaría para reanudar hostilidades -dijo Lucy, una vez que se levanta de su asiento hacia la barra de la cocina.

-¿Qué cosa?

-No te agradará, pero habrá que esperar a que su casero les diga a Lori y a Lincoln que tienen que desalojar -contestó Lucy, reflexiva-. No hay muchos lugares a donde rentar para una joven adulta y su hermano, pero eso ya sería un alivio para una cartera castigada. Así no tardarán mucho en volver.

Viendo a Lucy salir rumbo a su habitación, Leni se quedó turbada todavía más de lo que ya estaba cuando llegó. De verdad lo último que quiere hacer es, como lo dijera Lynn cuando las Salamandras de Slapneck le pasaron una de las peores masacres en su último año como jugadora en la secundaria, provocar una pelea en el campo… aunque no recuerda si se refería al campo, a una pradera o al campo de juego del estadio.

Tuvo un último tiempo en la cocina a solas antes de la cena. El mensaje que le enviara a Lincoln durante su hora de comida se quedó sin respuesta. Desconoce si algo le pasó, pero a estas alturas, decidió no abrumarlo más por un tiempo. Ya tuvo suficiente con que aquella chica Jordan le hiciera una visita para sacárselo de encima a Mollie como para tener que discutir con su hermano sobre su reciente experiencia en la cárcel.

~o~

Por primera vez en semanas se puso en contacto con Bobby. La charla que tuvieron no fue lo que esperaba, pero se había hecho la estoica para tener que escucharlo pedir un par de condiciones para su "descanso de novios", como él lo llamó. Aunque prestó atención a la mayoría, la primera caló hondo como para tratar de ocultar sus celos y cierta envidia de su parte.

Cuando este le pidió permiso para salir con alguien, no esperaba que ese alguien fuera Miranda, su vecina. La conversación, de hecho, tuvo lugar en el departamento de la latina, y todo apuntaba a que alguien se estaba preparando para tener algo de intimidad. Conteniendo una mueca de evidente desagrado, Bobby la tranquilizó diciendo, y ella le confirmó, que no tiene intenciones de casarse con él ni de tener hijos, menos con una economía tan golpeada como la de una casi treintañera soltera que vive sola.

Acostada sobre el piso, apenas pasaron Lincoln y Clyde y ni siquiera le preguntó a dónde iba como de costumbre los fines de semana al irse. Su hermano solo le dijo que iría a trabajar porque hubo una renuncia masiva y solo hay dos empleados en sucursal y de ahí a la casa por Lucy y al aeropuerto por Luna, que acaba de ver coronada una mala racha con un novio; y Clyde iría a buscar a su novia a casa por algo a lo que no prestó atención y cortó con un "si, claro".

No ve la hora. Para algo corto, apagó todo dispositivo en el departamento en cuanto Bobby la animó a salir con alguien mientras dura esa separación. Eso le parece una falta de respeto. Llegó a preguntarse si eso era una buena idea, o si incluso en eso consiste eso de darse un tiempo. ¿Salir con otras personas aún siendo fiel? No para ella.

Sin prestar atención a nada, ya lleva media hora escuchando ocasionales golpeteos a la puerta. Algunos debían ser del vecino de abajo, el viejo Clinton, pero otros, los más recientes, eran mucho más familiares, acompañados de una voz femenina.

-¡Clyde! ¡Sé que estás allí! -llamó la voz- ¡Se supone que iríamos a tu casa!

Tan insistente era ese llamado que se fastidió un poco, haciendo que se levante y fuera a la puerta, lo que no le costó mucho trabajo ya que la tenía a dos metros.

Al abrir, se encuentra con una chica asiática de cabello castaño oscuro, bouna francesa lila y blusa térmica a franjas monocromáticas con una chaqueta lila en brazos. Clyde le había dicho que salía con alguien llamada Cleo o algo por el estilo, y a juzgar por lo adorable como se la describió,

-Creo que esta no era la dirección -dijo Chloe, desconociendo a la rubia.

-¿Buscas a Clyde? -preguntó Lori.

-Me dijo que aquí estaría hasta las dos.

Mirando a la pantalla de su teléfono, la novia de Clyde le mostró su pantalla. Ella no podía ser tan despistada, pues apenas eran las doce. Lo poco que él le mencionó la dejaba ver como alguien más cuidadosa, pero por lo visto eso solo sería un mito glorificado. No niega que puede ser sexy para Luna, pero el aire hogareño que desprende con ese aroma de galletas de mantequilla y limpiador de manzana con canela definitivamente le haría desistir a su hermana de todo intento por querer algo con ella.

-Creo que escuchaste mal -respondió Lori-. Se fue de aquí con mi hermano a las doce y media porque no llegabas.

-O sea que…

-Eres la novia de Clyde, ¿cierto? -inquiere Lori.

-Si.

-No te lo tomes a mal, pero Clyde es un buen chico -dijo la rubia con un tono más coqueto que agradable-. Tiene suerte de tenerte como novia.

-Claro… -respondió Chloe, poco convencida del tono con el que se dirigieron a ella.

-Lo digo en serio -añade Lori-. Si lo tienes comiendo de tu mano, sabrás mejor que hacer con él.

-¿Sabe a dónde fue?

-Iba a tu casa, pero llamó y dijo que no estabas. Así que fue a dejar a Lincoln a su trabajo y fue a casa de Liam.

En cuanto Cbloe se fue, volvió a pensar en las palabras de Bobby. No era precisamente una persona tan ligera de moral, pero las pocas veces que sintió una terrible tentación de irse encima de alguien, las cosas sencillamente no se daban. Ya sea el tono de marcado para Bobby o Lincoln en el momento menos oportuno, una canasta de pastelillos o cualquier cosa que le recordara a su novio, tiraba esa excusa para ser infiel por la borda. Empero… ahora le está dando carta libre.

Paseando un poco por el departamento, notó en la habitación de Lincoln que este dejó su teléfono. Dado que su bloqueo de pantalla había dado paso a una contraseña demasiado obvia (el cumpleaños de su madre), decidió husmear un poco.

Cómics, libros, tareas, un par de vídeo de sus últimas clases, fotos tanto de él y amigos locales como los canadienses y Sadie (las de esta última se encargó de guardarlas bajo contraseña en un comprimido RAR), dos películas en formato de video ligero… todo cuanto había no le interesaba gran cosa, pero en la lista de contactos tenía nada menos que a Hugh. Más aún, saber que Lincoln era el único contacto de la familia con el tutor era imperativo para las demás.

Con un impulso de revisar sus chats, se llevó una sorpresa desagradable. Todo lo que compartían ambos eran solo tareas de nivel medio superior y fotos familiares. Peor aún, el anglófilo le hizo parte de su boda con una mujer que reconoció como Jane Mazzelo. Aquella estrambótica amiga que Luna llamaba Mazzy o algo por el estilo.

Suspirando abatida, todo cuanto se le ocurre es descargar un audiolibro con la voz de Alisa Barela. No era infrecuente encontrar novelas rosas con voces de reconocidos artistas, aunque el que esa estrella pop tan del gusto de Bobby se preste a ello le resultó una sorpresa. Ni Mick Swagger se prestó a ello, pero en cuanto empezó a reproducirlo, el tono de esta sonó terriblemente sensual, como si leyera para una mujer y no para un hombre.

-Hola -saludó sugerente la voz de Alisa-, y bienvenidos a Los Diarios Prohibidos de la Dentista, por Bard Hood. Antes que nada, asegúrese de estar solo. No queremos que esta picante y desoladora cita de una familia desgarrada por la partida de un hijo y las infidelidades de su madre llegue a oídos sin criterio. Podrían tomarlo muy mal -remató, añadiendo una risa pícara.

-Ay, rayos -maldijo Lori en voz alta viendo la parte superior de la página con el epígrafe-. Creí que eran Diarios de la Dentista Ladrona de Hard Bood.

Incómoda, tuvo que conformarse con escuchar la narración de Alisa, empezando con un la protagonista dejando a su adinerado amante en un motel de mala muerte. Imaginó incluso que ella misma era esa dentista y, por raro que suene, Roger su marido, siendo un chico que no pudo distinguir entre brumas el asistente que la orilló a ser infiel.

~o~

Septiembre 12 de 2021

Para el momento en que escribo esta nota al margen, las cosas parecen haberse calmado un poco con la variante Delta, aunque tanto Lambda (brasileña) como Mu (colombiana) son ahora las cepss de preocupación. Obviamente no pienso tomarlas en cuenta, pero estando ya en redacción del capítulo XVIII dudo que tengan algo de importancia.

¿Cuál es la preocupación? Que, desde las variantes Beta (en específico Β. 117... con ese número suena a Spartan salvador de la humanidad), no ha habido ninguna otra que pueda rehuír de las vacunas. Así, hasta mi propia apuesta por el fin de la pandemia (abril-mayo entrantes) se está viendo zarandeada a lo bestia.

Charly888, tenías razón sobre Linc, pero en su defensa puedo dar dos pequeños motivos. Uno, tuvo un mal dia (que está siendo puerta para otros igual o peores), y dos... él no se lo buscó. Sobre el resto... Tiago me convenció de lejos. Latino, agradable pese a su gusto por la samba, y con el contexto actual que brindó Jair "Gripinha" Bolsonaro para Brasil, era justo que al menos yo hiciera lo que todos con Maggie. En cuanto a Leni y su desfogue, hay cosas que es mejor dejar estallar antes de que nos estallen. Como dicen, síganme para más consejos, jajaja... ok, no.

Slash Torrance... a decir verdad, ni yo mismo supe en qué me metía cuando empecé, pero cuando empecé a subirlo, pues me dije "¡qué rayos! Hagámoslo". Las menciones, aunque funestas, me doy el lujo de admitir que le dan un mayor trasfondo. Lo que no hice con desastres previos, lo estoy haciendo ahora. Por cierto... Chandler. Si era odioso en cada aparición hasta la cuarta temporada, lo que le he visto en la quinta (y sobre todo en Triste Transmisión) le ganó, y lo admito abiertamente, un verdadero odio feroz. No obstante... a juzgar por lo que he visto que llevas leído (no te culpo), voy ahondando de a poco en cómo se desintegró la Formación Escorpión.

Ahora sí, les pido que me deseen suerte para que ningún flotante (gente de otras alcaldías de la CDMX y otros estados que acuden a donde no corresponde) me gane esa segunda dosis de Sputnik que necesito. Ojalá no sea un improvisado conejillo de indias al mezclar un cóctel anglo-ruso (la otra inmunización es la de Oxford/Astra Zeneca).

Miscelánea: el libro que lee Lori al final es una pequeña referencia a uno de los pocos fanfics decentemente escritos de Wattpad, El diario de Rita... ¿Loud?, secuela de Un día difícil de Goshiku, quien también lo ilustra. Su trabajo pictográfico lo encuentran sobre todo en Twitter bajo el seudónimo de Bard_Hood, No digo que lo sigan, pero su Relato de Luan es interesante... aunque deben abstenerse si son fans de Luaggie. Ahora...

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Sam the Stormbringer