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Vínculos

XVI

Mismo juego, nuevas reglas

Royal Woods, Michigan

3 de febrero de 2022

3:30 pm

Entrada de la preparatoria Royal Woods

Las cosas entre Leni y Lincoln, que ya amenazaban con enfriarse antes de su arresto, tocaron un punto muerto que a Liam le gustaba llamar "el lodazal de Virginia". La rubia se culpa de ello, así como Lincoln le insistía que no lo hiciera.

Pensando en ello, Leni pensó en las cosas que a él le pasaron en el último mes.

De entrada, el ser tía la animó, pero que por ello lo detuvieran y exculparan la machacó moralmente. Le sorprendió una vez que recordó aquella vez que Rita le dio a ella y a Lori una charla de educación sexual, hace años que, desde Lily, no había un bebé en casa, y el primero de sus sobrinos vendría nada menos que de su hermano.

Imaginándose que en algún momento volvería a casa con la chica que será la madre de su sobrino, se alegró enormemente. Tal vez sería un poco más apestosito que Lily o Lola, pero compensará el que tenga un modelo más que apto para ropita de bebé. Chambritas, pantaloncitos, camisitas, gorritas… incluso ya tiene ideas de lo que le puede gustar. Tal vez los animales no le gusten como al bebé de aquella comedia ochentera que adora Myrtle, pero no podría negarse. Quiere estar para su hermano, así sea que a Lori le moleste.

Escuchando el timbre, buscó sus cosas y se puso junto a la puerta.

.

Con la salida de Squadrani por incapacidad, la clase de cálculo se canceló, mas no tuvo tiempo para salir temprano. Ergo, las cosas no salieron como él esperaba.

Para empezar, Chloe le recriminó que Clyde se estuviera comportando raro desde que Tiago llegó al país. Las cosas no pudieron sino ir mal en cuanto su amigo y su ¿invitado? (le es difícil considerar al brasileño como tal, aunque le es imposible considerarlo como tal) se tomaron la molestia de tomar recorridos por la ciudad para que él se familiarizara con Royal Woods.

De hecho, durante el almuerzo -el primero que tuvo solo en mucho tiempo y sin esas molestias de soportar las miradas del resto- Chloe se le acercó agresiva como jamás la había visto ("adorable como un gatito", pensó sin mofarse de ella) y le preguntó si Clyde de verdad no era gay o bisexual y su relación con Tiago. Tal asalto lo dejó sorprendido de forma poco grata, llegando incluso a terminar con el pudín del almuerzo en la cabeza sin otra justificación que unos celos inocentes.

El asunto de la futura maternidad de Jordan (y más discreto, de su futura paternidad) es otra cosa distinta. Le pidió un par de favores a Taylor para cubrirlo los martes a cambio de una "cita de masajes", sea lo que sea. El martes pasado, de hecho, aprovechó ese permiso primero para quitarse el estrés que representaba tener que pegada como percebe a Mollie con preguntas de lo sugerente a lo invasivo en la casa de Richie -una bonita pieza de dos pisos, dentro de la monotonía de la cuadra, de fachada verde y negro- antes de ir al centro comercial tan incógnito como le era posible con la señora Rosato y ver ropa para bebé por cada tres meses hasta los dieciocho.

Tal recorrido lo incomodó bastante. No tanto porque fuera a pagar la ropa per se, sino que ella asumía la carga con relativa complacencia dentro de lo amargada que se vio. Entre otros detalles de su vida personal, le confesó que ella misma se embarazó de un vecino a los diecisiete y tuvo a la media hermana mayor de Jordan, Jenny. Cuatro años más tarde, conoció a Todd, el padre de Jordan, en el supermercado. Dado que el apellido de este causaba ciertas burlas al sonar como "Fucker", al nacer Jordan la registraron como Rosato, así como a Jenny.

Lo peor, Rusty y Chandler. Mientras uno quería congraciarse con él de nuevo y pedirle consejos de chicas de la peor forma posible, el otro intensificó su campaña en una escalada que pasó de robarle el almuerzo a una guerra casi declarada. Al parecer, los rumores y chismes en los baños de las chicas apuntaron a algunas terminaron embarazadas -como Jordan- o contagiadas de alguna infección -como Alison, una conocida de Clyde del club coral de la secundaria- sobre algunos amoríos de estas a algunos chicos. Por alguna extraña razón, alguien lo apuntó como el responsable de que Kat se contagiara de herpes y ahora esta tenga que usar pantalones holgados.

Todos esos rumores ambos chicos los usaron como excusa para fastidiarle el día, pero tener encima ya a Drew Gideon definitivamente no entraba en sus planes.

-Oye, chico -saludó este, acercándose a Lincoln con una sonrisa franca y vistiendo su clásica camisa Henley amarillo y negro-, Lyndon, ¿no?

-Piérdete, Gideon -dijo despectivo Lincoln, hastiado por haber sido encerrado en el casillero de alguien al inicio del día y llegar tarde a Literatura por eso.

-Oye, el Rust-man me habló de ti como la novena maravilla del mundo -continuó Drew, arremangadas las mangas y exhibiendo su bronceado-. ¿Sabes por qué?

-Ahora no molestes -insistió Lincoln, azotando al fondo de su casillero

-Escuché que tienes nenas a montón en casa, y quiero que me presentes a la rubia.

-No tengo tiempo para esto -desprecia Lincoln, sacando sus cuadernos y cerrando el casillero.

-Creo que no me entiendes, Laird -dijo contundente Drew, bloqueando el paso a Lincoln-. La rubia, Leni. Escuché que es sexy e idiota. Dime, ¿qué le gusta? Espero que le gusten gruesos como…

-¡¿Quieres dejarme ir?! -suspiró harto Lincoln- Tengo trabajo en la tarde.

-Si no quieres que se enteren que contagiaste de herpes a Kat

-Noticia del día -interrumpió Lincoln antes de irse-: yo no tengo herpes. De hecho, no tengo vida sexual.

-Claro… entonces lo que se le salió a esa enana en el baño es una mentira -observó Drew mientras Lincoln se alejaba para salir-. Entonces eres un maricón que se coge a su vecino.

-¡Piérdete! -maldijo Lincoln antes de alcanzar la puerta.

Nada más salir, se encontró a Leni. Su hermana, más lista para una salida de verano que para un paseo invernal en calesa. No era para menos, pues el calor que anuncia la cada vez más cercana primavera empieza a derretir la nieve que aún no había sido paleada.

-¿No es temprano para ir por Lisa?

-De hecho fue idea del doctor Schiffon -dijo sonriente Leni-. Quiere que pase con ustedes dos más tiempo.

-¡Suelta a mi novia, fenómeno! -maldijo tras ellos el delincuente.

-¿Qué fue eso? -preguntó Leni, intrigada.

-Un pobre diablo que cree que eres su novia -respondió Lincoln, un poco amargado.

-No sabía que tenías amigos así de patanes.

-Él no es mi amigo -objetó Lincoln.

-¿A dónde ibas?

-Iba a trabajar, de ahí iría por Lisa, a menos que mamá o papá digan otra cosa -contestó el peliblanco.

-Hace tiempo que la señora Carmichael te estaba buscando -explicó Leni-. Dijo que, cuando quieras, podías volver.

-¿Y hasta apenas me lo dices? -reprochó Lincoln, haciendo caso omiso de las protestas e insultos de Drew, ya muy atrás para ser tomado en cuenta.

~o~

A pesar de lo sucedido con Chandler días atrás, la relación entre Jordan y Lori no ha ido mejorando. Esto lo confirma el montón de ropa de bebé que la rubia encontró en la sala el otro día, mismo que Lincoln estaba doblando y organizando junto a su prospecto de suegra. Ambas terminaron discutiendo, y de no ser por una convincente explicación por parte del chico, estarían rodando escaleras abajo.

Empero, la mañana del sábado Lori la encontró de un humor bastante más relajado. Le sorprendió ver que entró a la cocina del restaurante e intentó preparar el desayuno.

-¿Qué es todo esto? -preguntó Lori al entrar a la cocina por un penetrante olor a quemado.

-Le pedí permiso al señor Loud para ocupar la cocina antes de abrir -respondió Jordan, un poco apenada-, y pensé, bueno… que tal vez Kotaro y tú tendrían hambre al llegar.

-¿Y quién te dejó las llaves?

-Pensé rápido en los lugares donde dejarían una copia de la llave de la trastienda, y pensé…

-Una trampilla bajo el contenedor de reciclaje -interrumpió Jordan, un poco apenada.

-Eso pensé. Fue idea de Grant.

-No fue difícil sacar conclusiones.

Ante ella, Lori vio que el intento de Jordan por congraciarse, aunque sincero, era de todo menos apetecible. El tocino se veía crujiente en término "carbonizado medio", las rebanadas de pan tostado no se veían muy tostadas y la fruta picada, de todo lo más decente, todavía tiene pedazos grandes de cáscara. Incluso en el huevo puede notar, sobre la yema, varios trozos de cascarón que a más de uno le quitarían el apetito en cuanto lo pruebe.

Más por simple cortesía, Lori se animó a comer aquel huevo, con el tenedor tembloroso por los nervios que por hambre en si. Ese primer bocado, más rápido de lo que entró, salió disparado hacia el piso.

-¡Está salado! -tosió Lori, al tiempo que buscó un vaso con agua.

-Lo sé -admitió Jordan con la cabeza baja-. Jamás he cocinado algo en mi vida.

Apenada, Jordan señaló el cesto de basura. Al menos tres paquetes de tocino achicharrado o demasiado grasiento, un par de docenas de cartones de huevo preparados, rebanadas de tocino demasiado quemado y cáscaras de fruta que apenas y eran menos que la dejada en su fuente.

Conteniendo un poco la molestia por semejante desperdicio, Lori tomó aire y se puso un poco en su lugar. Su primer regalo de día de las madres (el primero que puede recordar) tampoco había sido tan satisfactorio. Su madre ya esperaba a Lynn, y esperaba cocinarle algo decente con tan buen resultado que terminó por dejar la cocina hecha un desastre monumental que llevó a la familia a desayunar a un restaurante en la salida a Lansing. Todo lo que pudo lograr al final del día fue una sonrisa y un aviso de su padre para pedirle ayuda en la cocina si algo así vuelve a ocurrírsele.

-Creo que lo mejor será que sigas en la puerta -dijo Lori, tratando de sonar comprensiva-. Si necesitas ayuda, la próxima puedes pedírmela.

-¿En serio? -sonrió esperanzada Jordan.

-Lincoln me dijo que no eres tan buena en Economía Doméstica.

-Estar frente a la estufa siempre me estresa -confesó Jordan-. Entre el aceite, la grasa, el olor a quemado…

-Entiendo eso -añadió Lori-. ¿Por qué no vas al frente?

Una vez que salió, Lori rezó porque nadie pidiera en su almuerzo algo con huevo. Grant no tardaba en llegar, y salvo ella no hay nadie más celoso de los inventarios que él hasta donde conoce.

~o~

El tiempo que pasó con Leni fue demasiado rápido una vez que fueron por su uniforme. Una vez que pisaron el establecimiento, Leni esperaba algo así como un trato especial, pero lo más que obtuvo fue una ronda de papas fritas frías y un chorro del vinagre de los pepinillos. No exactamente en una bolsa.

En todo el turno, Lincoln se dedicó a lo suyo, incluyendo -cosa que le da cierta vergüenza- cubrir a Taylor mientras salía con su novio un par de horas. Lo único bueno es que Chandler ya no estaba trabajando allí, dulce justicia al fin, debido a que Richie encontró en una hamburguesa una pelotita de cabello rojo. Como el farsante es el único pelirrojo de la plantilla, y debido a que el gerente le encontró en flagrancia mientras guardaba en su mochila botellas de dos litros rellenadas con jarabe concentrado para soda, no quedaba de otra mas que echarle.

Durante el tiempo que estuvo frente a la freidora, pudo ver que algunas cosas eran exactamente como recordaba. Algunas familias yendo a celebrar un cumpleaños, algunos estudiantes como él reuniéndose para hacer alguna tarea o relajarse después de un día pesado, los clásicos amargados que solo iban a alegrarse un poco el día o hacerlo menos miserable… aunque claro, manteniendo cierta distancia entre las mesas y gabinetes.

En un determinado momento vio entrar, aunque con evidentes diferencias, a Mollie con sus padres y a Jordan con Artie. Los Nordberg no se veían muy satisfechos con la elección del mayor de sus hijos, recién llegado de la Estatal de Missouri. La chica que lo acompaña, una mujer de piel negra de aspecto bastante intimidante con un aro expansor en la oreja izquierda. Los padres de Mollie y esta no parecen conformes con la chica, y lo peor de todo es que aquella ropa reveladora no le ayuda en nada.

Estuvo a nada de reír cuando sintió una espátula en la cabeza.

-¿Cuál era la regla sobre los clientes, Rata Blanca? -preguntó molesta Taylor, recién llegada y con la blusa del uniforme un tanto desacomodada.

-No espiarlos… -respondió adolorido Lincoln.

-Escucha, Rata -dijo la latina, tratando de sonar amable con dificultad-. El jefe dice que alguien tiene que pagar por lo que esa rata de McCann se llevó cuando se fue, y quiero que me des motivos para que tú no salgas tan mal. Acompáñame afuera.

Tomándolo del brazo, Taylor lo llevó a la puerta de empleados, justo a un lado del autoservicio. Echó una última mirada a Mollie por la puerta de la cocina al piso de ventas, casi rogando porque ella se metiera en eso.

Ya afuera, la latina lo soltó, dejándolo un poco adolorido por el golpe en la cabeza y el traspié que dio contra el seto.

-Quiero que me digas una cosa -continuó Taylor, sacando su teléfono-. Mi chico y yo saldremos de campamento el sábado y necesito que me digas con qué me veo mejor. De lo contrario…

Como si de una amenaza se tratara, la encargada tomó una hamburguesa cruda del bolsillo, ya puesta como merma, y la apretó hasta que la carne escurrió entre sus dedos.

Miró detenidamente las fotos. En la primera, dejaba entrever en una pose sexy una entrepierna afeitada bajo el cachetero negro, traslúcido, y exhibe un top halter que en su opinión no le va nada bien con algo así. En la segunda, ostenta un conjunto de negligé negro, sostén amarillo que parecería más algo que su madre usaría en la playa y una tanga parda con un estampado de un oso que, Luna le comentó, es una marca común en los sitios donde pululan los pederastas.

Conteniendo una risa, Lincoln recibió una mirada severa y expectante, esperando su opinión y, de ser posible, una luz verde para masacrarlo y hacerle pagar lo que Chandler se llevó. Antes de decir algo, pensó un poco en Leni. ¿Quién mejor para ayudarla en ese predicamento?

"Tal vez Leni o Lori sepan", pensó. "Lori ya tiene experiencias con Bobby, pero Leni sabe más de moda que yo"

-¿Y bien? -esperó Taylor.

Con toda la calma del mundo, Lincoln hizo algo a todas luces improbable. Sacando su teléfono, buscó el número de Leni y la puso en videollamada.

-Hola, Linky -saludó Leni.

-Necesito que me ayudes con algo, ay… un, bueno… cosas de chicas.

-¿Estás pensando en…?

-No es eso, Leni -interrumpe Lincoln, apurado-. Ella es mi encargada en el turno, y… hum… quiero que

-Lincoln, no está bien que engañes a tu novia con tu jefa.

-Es ella quien me pidió consejos de moda para la cama, ¿si? -soltó finalmente Lincoln- ¿Puedes hablar con ella? Y ya te lo he dicho, yo no tengo…

-¿Vas a dejar a Mollie así?

Nervioso, se tuvo que contener. De verdad, no quiere ni de broma gritarle a Leni por teléfono para decirle de la forma más cruda que él no tiene novia.

Dándole su teléfono a Taylor, Lincoln se alejó un poco y sacó el cigarrillo de marihuana que Lori le dejó el otro día junto a la almohada. No es nada nuevo, pues ya la había fumado un par de veces en casa de Pansy y como una veintena con Sadie, sobre todo en el trayecto final de la secundaria durante los exámenes finales.

Si bien Lori al principio tuvo tolerancia cero a las drogas, cuando supo que en Canadá la marihuana es completamente legal tuvo que aceptarlo a regañadientes primero y después admitir su consumo siempre que ella esté presente, no obstante que al respecto se ha vuelto un tanto hipócrita, primero al sorprenderla la semana pasada fumando uno en la ventana de su cuarto y luego al dejar en claro su postura de nuevo.

Pensando en ello, no se dio cuenta de cuándo acabó Taylor con su hermana.

-Tienes suerte de tener una hermana que sepa de lo que habla, Rata -esperó Taylor.

-O sea…

-Iré a comprarme ropa mañana -dijo la encargada-. Me reportaré enferma mañana.

-No entiendo -dijo Lincoln, dudando al respecto de su situación.

-Digamos que te debo un favor, enano -dijo Taylor-. Y yo siempre pago lo que debo.

Cerrando los ojos, Lincoln esperó cualquier cosa, encogido de hombros incluso para protegerse. Grande fue su sorpresa cuando sintió una presión suave sobre su mejilla y el olor a grasa de hamburguesa y brillo labial con aroma de manzana con canela lo tomaron desprevenido.

-Volvamos adentro, Lincoln -indicó Taylor, rompiendo el contacto y tomando el cigarrillo de marihuana de sus manos-. Los demás perdedores ya te extrañaron demasiado… ¡Vuelve a la freidora, Rata! -añade con el habitual tono ofensivo al abrir la puerta.

Caminando con un ligero contoneo, Lincoln se sintió preocupado. Ignora si lo habrá visto alguien más allá de la cámara sobre la puerta o algún peatón, pero en cuanto regresó a su habitual atalaya vio algo que era del todo incomprensible.

Clyde, discutiendo con Chloe, recibió una fuerte bofetada de esta y fue a dar al piso mientras esta dejaba el local en un vendaval de llanto.

En su mente, algo le dio una imagen mental de un tabloide con el titular "Chloyde ha muerto". Una voz en la cabeza le dijo que volviera a su trabajo, pero en menos de lo que le tomó haber hecho caso ya estaba consolando a su amigo, dirigiendo una incrédula mirada a Tiago. El brasileño, dudoso, no sabría cómo explicar todo lo sucedido.

~o~

Una semana pasó desde que viera a Clyde y a Chloe discutir y romper de forma abrupta su relación. La razón, dedujo Mollie, era que algo despertó unos celos enfermizos de la mestiza hacia Clyde, celos que detonaron en una fuerte discusión en su casa y una visita, una vez que cumplió su castigo, a la casa de los McBride.

El patio de estos, una vez la envidia de muchos vecinos, luce ahora terrible. A pesar de haber quitado la poca nieve que quedaba, las malezas se enseñorearon hasta sentar sus reales donde antes florecían begonias, rosales, lavandas y gladiolas al frente y vegetales detrás, a la vez que las hiedras y enredaderas crecían sin control sobre arbustos, setos y cercas. Los hongos, sobre todo las setas de hongo de miel de Michigan, empezaron a surgir como si nada los detuviera, provocando ligeras intoxicaciones en las mascotas de la zona. Lo peor es que algunos animales salvajes habían tenido la desgracia de haberse asentado en el patio cavando madrigueras o aprovechando el espacio bajo la construcción.

"¿Tan mal la está pasando?", se preguntó. No era para menos, ya que todavía antes de la semana pasada Clyde se esforzaba un poco para adecentar el patio y cultivar el huerto del traspatio, y la mayoría de lo que cosechaba iba al consumo familiar.

En cuanto tocó al timbre de la puerta, hizo lo humanamente posible por evitar saltar en cuanto viera a Howard. El viudo McBride, de usuales modos amanerados y aspecto pulcro y sin mancilla, ahora luce desaliñado como nunca antes, con una bata a rayas y un pantalón verde, ambas prendas sucias de comida, sudor y otros fluidos; apestaba un poco a ebrio y, sin ir más lejos, la barba rala y sucia dominaba el panorama de su mentón, el cabello grasiento está algo crecido y cano a los costados.

-¿Si? -preguntó Howard, algo aturdido por la resaca.

-Buen día, señor McBride -saludó Mollie, sonando lo más sincera posible-. ¿Está Clyde?

-¿No eres esa niña que nos dejaba basura de un centro de reorientación cristiano? -eructó Howard, un poco abatido.

-No -mintió Mollie con incomodidad-. Seguro que esa niña lo hacía porque sus padres la amenazaron con el infierno y eso.

-Bueno, pasa -invitó Howard-, no te quedes ahí parada.

Si el patio y lo que vio del traspatio eran un desastre, lo que había cruzando a la sala distaba mucho de ello. A pesar de estar en una habitación tan desordenada como a un McBride cabría esperar en su peor momento (apenas una revista aquí y allá, un par de tazones sucios de comida del día anterior y un par de vasos con agua que, dedujo, eran de un whisky en las rocas que olvidaron.

-Está en su habitación -indicó Howard-. Tiago salió, así que… no tardes.

No le sorprende verlo así. Con la cercanía del día de los enamorados, no tiene idea de cómo aliviar sus ideas, mucho menos las ajenas, y ahí está. A punto de hablar con uno de los chicos más sensibles que había podido conocer para intentar remediar su aflicción cuando la propia no la quiere ni tocar, estar enamorada de alguien que apenas y en los últimos días tiene que hacerle notar que existe y ser a la vez el interés de su mejor amiga.

Tomando aire, espera encontrar un verdadero cuchitril, mas no a Clyde limpiando todo de forma compulsiva y llorando de forma en verdad patética. Peor todavía, dejando como nuevos los numerosos regalos que Chloe pudo devolverle al ser peluches, ropa y algunos accesorios, pues la mayoría de los presentes eran sobre todo postres, pasteles y galletas.

Por mero reflejo, tomó un panda de peluche. Este tenía una boina lila y un jumper violeta, como si de Chloe se tratara. Oliendo incluso a durazno, apenas se dio cuenta cuando Clyde se lo arrebató de las manos.

-Te ves patético -dijo Mollie, preocupada.

-Nunca has pasado por algo así -sollozó Clyde, perfumando el peluche.

-Clyde, es lo más patético que he visto desde que encontré al director Huggins en primaria llorando cuando ese pollo murió.

-Dile eso a Ying-Ying -dijo lloroso Clyde, tendiendo el mismo panda a la chica.

Mirando el peluche, notó un corazoncito amarillo y azul sobre el bolsillo del jumper.

-Es lindo, si… pero creo que te falta algo.

-Nada de NBT, por favor -pidió Clyde.

-¿NBT?

-De los folletos de la doctora López -afirmó Clyde-. No preguntes qué es eso.

Volteando de nuevo, buscó hasta dar con el buró de Clyde. Sin pensarlo, tomó el único que estaba arrugado y empezó a leerlo.

"Noche de chicos, Bellas chicas y Tiempo de relajación…" pensó Mollie, arqueando una ceja. "Eso no tiene sentido".

Recordó la primera vez que sus padres discutieron frente a ella. Su madre se fue de la casa por una semana en cuarto grado y su padre invitó el viernes a sus amigos de la iglesia. Las cosas pudieron salir mejor que verla llegar con un tazón pidiendo comida y regresando a su alcoba con u a rebanada de pizza y el tazón a rebosar de nachos y frituras bañados en queso derretido. Llamó como seis veces sin éxito, y para la séptima logró dar con el número de sus abuelos. Estos la comunicaron y, en menos de una hora, su padre ya estaba limpiando la canaleta con una cuchara de plástico de su juego de té mientras le repetían que las tareas de la semana serían un verdadero infierno para él.

-¿Sabes qué es lo que mis papás hacen cada que discuten? -preguntó Mollie, sin tener respuesta- Podrías ir a su casa para recuperarla si quieres.

-No puedo -lloró Clyde.

-No es excusa -repuso Mollie-. Sólo estabas siendo amable con Tiago, y Chloe no ve eso.

-Ella… ella…

-No seas tan recto, Clyde. Dime, ¿qué ha hecho Lincoln para animarte?

-Viene… cada que puede.

-¿Y te anima o algo?

-Intentó hablar con Chloe, pero ella no quiere nada con él.

-Ok, ven aquí…

Acercándose y tomando asiento junto a Clyde, Mollie tomó al chico de la cabeza y lo recostó sobre su regazo antes de cantarle una canción de cuna.

Afuera del cuarto, Howard miró tan detenidamente la escena como la nube etílica le permite hacerlo. Haber estado metido en su duelo por Harold apenas y le dejó espacio para su trabajo, Clyde y ahora Tiago. Si ha hecho algo más, no ha sido tanto por paternidad sino por mero compromiso, y ver a su chico tan quebrado

Fue a la sala y, sin pensarlo, tomó la botella de licor que tenía en la mano antes de asomarse. No era la respuesta ni mucho menos, ya ni hablar de un problema. Era, y la doctora López se lo dejó muy claro, una forma de evadirse problemas. Una de las más estúpidas que jamás pensó.

Con todo el dolor que le quedaba desde su mayor pérdida, arrojó contra la ventana la botella de brandy y vio cómo esta se estrelló en mil pedazos sobre la acera. Acto seguido, empezó a operar como si estuviera antes de la pandemia.

Dentro, Mollie sigue sosteniendo a Clyde. A pesar del arrullo, este dentro de poco ya es innecesario, pues el cansancio del moreno para con su dolor de amores lo agotó antes de la noche.

Se imagina a sí misma en esa situación. Deseaba ser ella quien estuviera siendo arrullada por Lincoln, pero el hecho es que se ha vuelto muy distante con ella. Lo mismo con Jordan, con el agravante que es ella misma, no la chica de cabello arena, la que desea alejarse oara pensarlo.

~o~

Muy lejos de la casa McBride, un par de chicos se empeñó en derribarse entre sí a base de golpes y llaves. La granja de los Hunnicut está relativamente sola, sin contar a los animales, a los dos combatientes y a un par de espectadores que parecían más entretenidos en su charla que por el espectáculo ofrecido.

La razón de que haya dos personas peleando en el corral de los cerdos es que alguien tuvo la genialidad de enlistar a Lincoln para el equipo de lucha grecorromana de la preparatoria. Como es de los pocos que dan el ancho para la división colegial de 141 libras (por no decir el único, lamentó), Lynn aprovechó una alerta sanitaria al interior de las Red Stars para quedarse unos días y darle a Lincoln los fundamentos, y la única persona que ambos conocen que puede darle ciertas facilidades es Liam. Por ello, es que ahora ambos están envueltos en una melee en que el peliblanco está suplicando por su pellejo.

-Te apuesto dos a que Liam lo manda al suelo primero -dijo Artie, viendo a Lincoln zafarse de una llave Nelson con problemas.

-Pago tus dos y doy cinco a que Liam come estiércol -propuso Trent, más concentrado en la botella de cerveza que sostiene que en la pelea en sí-. ¿Qué rayos pasó para que Lincoln se pusiera así?

-Le pregunté a Jordan después de clases ayer, pero me dijo que me metiera en mis asuntos -respondió Artie, incómodo.

-¿Qué tal todo con Mollie? -preguntó Trent.

-No entiendo cómo se fijó en Lincoln -alegó Artie antes de dar un largo trago a su botella-. Hablé con él en el almuerzo el lunes y me dijo que Mollie es peor de pegajosa que una lapa. Él no quiere nada amoroso con ella, y Chandler me restregó que en diciembre ellos dos tuvieron sexo.

-Ese idiota…

-¿No eran muy amigos?

-Tú lo has dicho. Éramos. ¿Recuerdas que intenté algo con Joy?

-Me dijo que eras un imbécil por meterte con Erin antes de que ella se fuera -aclaró Artie.

-Como sea -desdeñó Trent, dando otro trago a la botella-. La cosa es que…

-Oigan… -dijo Lincoln jadeando de agotamiento debajo de la humanidad de Liam-… si no van a… ayudarme…

-Perdona, Linc, pero sigues siendo lento -dijo Liam, disculpándose.

Dejando atrás su charla, ambos castaños, el parrandero y el antaño elitista, se encaminaron a donde el cobrizo y el peliblanco hacían un esfuerzo ya mayor por salir del fango. Trent se lamentó de perder un buen par de deportivos, mientras que el suéter de Artie pasó por su verdadera primera prueba de fuego con algo tan desagradable para él como podría serlo el hedor a excrementos de cerdo y tierra mojada por el deshielo.

Una vez libres de lo que para muchos animales salvajes es una sentencia de muerte, Artie le tiende la botella de cerveza a Liam, mas este la rechaza sin demasiado esfuerzo antes de meter su cabeza en el bebedero de los cerdos.

-Voy a vomitar -advirtió Trent, asqueado al dar una fuerte arcada.

-¿Es normal que haga eso? -secundó Artie, no menos asqueado.

-Suele hacerlo siempre que descansa de la granja -respondió Lincoln, agitado.

-No sabía que… podía ser tan enfermizo.

-Nadie se escapa de mi tan fácil, chicos -expresó Liam, estrechando a los castaños bajo sus brazos.

-¿Y qué me dices del raro y el patán? -cuestionó Trent, refiriéndose a Zach y Rusty.

-No me hagas hablar de ese tarado -recrimina Liam sobre Rusty-. En cuanto a Zach, no quiero ni acordarme del día que se fue…

Lincoln lo tiene presente. En los primeros días desde su reencuentro, Clyde le había puesto al tanto de cómo rayos su viejo grupo se separó. Tocante a Zach, este se había ido sin dejar el menor rastro de su paradero, y Liam le añadió que fue durante una pijamada en casa de Byron por el club coral que sus padres lo recogieron a medianoche, con sirenas policiacas a lo lejos y con una más que breve despedida. A diferencia del moreno, el granjero tuvo que conformarse con una lata de atún sin lograr darle nada a cambio, decidiendo dar por terminada su amistad en cuanto las comunicaciones entre sí se cortaron de tajo.

Una vez dentro de la casa de los Hunnicut, los cuatro se desperdigaron por la sala. Siendo ya la tarde libre de Lincoln y Artie, Trent se las había arreglado para que la abuela de Liam le permitiese colar una caja de cerveza, con la condición de que debían reparar el corral de las cerdas lactantes. Sin importar demasiado que estuviera sudoroso y asqueroso, Lincoln se repantigó en el sofá.

-Espero que sepas lavar las vestiduras -acusa Trent, guardando distancias por la peste.

-En eso estoy de acuerdo -secundó Artie.

-No es nada nuevo -atajó Liam, tomando un vaso de agua-. Le diré a mi má que Carol Anne nos dio una buena arrastrada en el corral de Virginia.

-Eso no importa -objetó Lincoln, agotado por la faena-. Solo quisiera tener que descansar.

-Con esa cerveza y después de intentar pelear, dalo por hecho.

-Me dio asco de solo verlos en el estiércol -dijo Trent.

-¿Saben qué más da asco? -cuestionó Lincoln- Que he tenido días muy pesados.

-Lo sé… -murmura el castaño de lentes.

-Viejo, no eres precisamente una tumba para guardar secretos -increpó Artie a Trent.

-¿Y eso qué? -dijo Liam- Richie debe morirse de celos por tu suerte con esa encargada.

-¿Qué? -preguntó Lincoln.

-Que tu jefa de turno es la chica soñada de Richie, por supuesto -observa Trent-. Esa Taylor era muy ruda cuando entramos a sexto.

-¿Taylor? -preguntó Liam en voz baja.

-Tuve suerte de que me dejara libre hoy -continuó Lincoln.

-¿De casualidad no se apellida Ortega?

-Si, ¿por qué?

-Ay, viejo… -susurró nervioso Artie.

-La cagaste -maldijo Trent.

-Por ella es que se fue Stella de aquí -dijo Artie, perdiendo toda jovialidad-. Entre ella, sus tonterías y Rusty todo se jodió.

Entonces, como si la cortina de una presa se rompiera, el granjero contó a detalle los días de sufrimiento de Stella desde que Rusty empezó a acosarla. Él provocó que Stella se alejara, se sentara en aquél asiento malo y mandó a los lugares del octavo grado, ganándole a una matona que hacía ver a Ronnie Anne como una mera aficionada bien portada. Si su antigua compañera y amiga estuvo en el cuadro de honor y compitió contra Artie en el concurso regional de deletro de sexto grado, Taylor mataba el tiempo vandalizando, vagando y acosando estudiantes.

Especial encono tuvo con Stella. La pobre no aguantó más los calzones chinos, encierros ni robos que sufrió, y luego del golpe de Rusty y el concurso de talentos que provocó la caída de la Formación Escorpión, esta se recluyó cada vez más sobre sí misma. Ni siquiera Jordan, la última persona que podía considerar su amiga, pudo sacarle nada. Por ello, en cuanto su madre recibió una oferta de trabajo en Pennsylvania, por ella no se lo pensó dos veces y sin aviso los Zhau se mudaron un fin de semana.

-Intenté disculparme con ella, pero todo cuanto hizo fue tirarme a la cara el pastel que Zach y yo intentamos hornear -concluyó Liam-. Él terminó con quemaduras de primer grado en la cara, pero después de eso decidimos darle por su lado.

-¿Eso crees? -interrumpe Artie- Si quieres sacarle algo de información, Jordan te puede decir algo sobre Stella.

-¿Jordan? -dudó Trent- No lo creo. Juraría que el último en hablarle fue Chandler, y todo lo que sacó fue un silencio incómodo y queso en la cara.

Cayendo de a poco en el desánimo, Lincoln se limitó a escuchar paciente. Todo lo que Liam y aquél par discutían lo dejó en silencio. Un silencio que aprovecha para armar un pequeño rompecabezas de Taylor y su relación con el que Stella se comportase como si fuera una verdadera patana de primera clase.

Horas después, acostado en la cama mientras Lucy revisa una compilación de poemas, pensó un poco en lo que los chicos dijeran en casa de Liam. Las cosas no habrían salido tan mal, pero la cosa es que darle vueltas al asunto de Stella, razonó, a estas alturas ya era perder el tiempo.

Desde la pasada Navidad, Lucy había manifestado algunos cambios que apenas empezaron a notarse, tanto físicos como emocionales. Por un lado, sus caderas se ensancharon un poco, provocando que tuviera que decirle adiós a refugiarse en el ducto de lavandería; el pecho había dejado de crecer un poco, y de igual forma el cabello suelto dio paso a una cola alta como Luan, con la diferencia que la negra melena de su hermana menor no se esponjaba al soltarse. Del blusón negro y mallón monocromático, pasó a usar unos jeans entubados y una sudadera blanca de Lynn a la que le fue bordada una calavera negra.

Lo que inquieta a Lincoln es que, pase lo que pase, esta se siente poco cómoda en casa cada que vuelve del departamento. Si bien Lucy seguía siendo relativamente espeluznante de tratar, apenas se acercaba a Jordan las veces que esta venía a dejarle alguna tarea de clases comunes y la chica de cabello arena la repele de lo pegajosa que podía llegar a ser. Por increíble que pareciera, es junto con Lori, Lily y Lynn -quien está asaltando la nevera al aprovechar que a una seleccionada del primer equipo la notificaron como positivo a covid- la única de sus hermanas que ha sabido tratarla.

Estudiando a todas con detalle, Leni le muestra cierto recelo, de Luna no tiene una opinión clara sobre cómo está llevando la idea, a Luan no le hace gracia que Jordan no aguante chistes de maternidad bastante inocentes, las gemelas la pasan de largo y Lisa sencillamente la toma como un sujeto de pruebas más al tener uno fresco a la mano.

De sus padres, ni hablar, porque aunque Lynn decidiera marcar sus distancias de las Rosato por temor a una infidelidad, a Rita de entrada la noticia de su paternidad le hizo tan poca gracia que en cuanto recogió a Lucy de la casa en la tarde después de estar con Liam había en su cama un folleto de una academia militarizada para adolescentes problemáticos a pocos minutos de la casa del abuelo Leonard -de quien no supieron nada desde el verano previo a su viaje a Canadá-, mas esta se deshizo en excusas sobre ello y se ofreció a pasar tiempo con Jordan y con él una vez por semana.

-¡Abre de una vez, Apestoso! -llamó Lynn a gritos desde la cocina.

-¡Ahora no, Lynn! -alegó Lincoln.

-¡Abres o terminaré lo que la china empezó! -amenaza la futbolista.

-Ya iré yo -se ofreció Lucy-. Llegó machacado.

-¡Su casa, sus invitados descansan!

-No te muevas -ordenó Lucy en cuanto Lincoln empezó a moverse-. Te recuerdo que Liam puede ser un poco…

-Brusco, lo sé.

Ignorando las protestas de Lynn, Lucy fue a abrir la puerta. En menos de un minuto, escuchó unos pasos rápidos hacia la habitación para huéspedes. Después de eso, Jordan apareció en el quicio de la puerta de la pieza del chico.

-Tu hermana sí que me quiere -repuso sarcástica Jordan, limpiando despreocupada el relleno de cereza de su cara.

-¿Qué esperabas? -preguntó Lincoln de igual talante- Saber que será tía antes de preparatoria la tiene estresada.

-¿Puedo?

Sin darle respuesta, Jordan tomó asiento junto a su compilación de poemas.

-Te traje un postre -dijo Jordan, extendiendo un vaso con gelatina de leche, crema agria y algo de fruta en almíbar-. No sabía que tus hermanas estarían aquí, así que se lo di a Lucy.

-¿En serio?

-Lo dejó en la sala y Lynn se lo empezó a comer. ¿Estabas ocupado?

-No, no, solo estaba… descansando de la paliza que me acomodó Liam en su granja-respondió Lincoln-. Chandler me anotó para el equipo de lucha, ¿y adivina a quién pusieron a entrenar como toro y a comer como cerdo?

-Creí que estabas en el equipo de animación con Hotch.

-Ese idiota me quiere a la misma hora en los vestidores, ¿qué quieres que haga?

-Salir de ahí -dijo contundente Jordan-. Prefiero verte con la pierna rota por caer mal a que un mastodonte te rompa las costillas o te rompa la espalda por diversión. Rayos, ¡hasta quisiera verte en el equipo de soccer! -añade, fantaseando con la idea de verlo en uniforme como a Gianluigi Donnarumma en la pasada Eurocopa de naciones.

Poniéndose en pie, Lincoln da unos pasos con lentitud para probar que Liam lo dejó algo magullado. Quitándose la camiseta y el pantalón de la pijama, Lincoln le mostró algunos cortes, moretones y un par de rasguños en el muslo, justo debajo del glúteo derecho.

-Y eso fue solo de la práctica que Lynn me hizo tener con Liam -se quejó con amargura el peliblanco antes de dejarse caer sobre la cama-. Mátame, ¿quieres?

-¿Y dejar que nuestro bebé no conozca a su padre?

-No quise decir…

-Lincoln, mamá siempre me ha dicho que suicidarse jamás resuelve nada -dijo cortante Jordan-. ¿Por qué crees que las mujeres de mi familia mantenemos todavía el apellido Rosato?

-Ni idea, pero…

-¡Nada de peros! -expresó Jordan, acostándose al lado del peliblanco- Todo hombre que se ha metido con nosotras termina por irse, tiene otra familia o… o se muere, ¡yo que sé! La abuela enviudó joven, mamá se separó dos veces. Por lo menos quiero estar bien con alguien -agregó estrechando su cuerpo contra el del chico.

-¿Al menos me dejas terminar? -pidió Lincoln- Sólo quiero que me deje de doler… no quiero amanecer adolorido.

-Eres un tonto.

-Y tú una necia.

Riendo nervioso ante esa charla, Lincoln se sorprendió de las cosas sobre Jordan que está conociendo sin la oscuridad de por medio. Ese aroma dulce de mantequilla en el cuello, producto del perfume de galleta que usa resulta poco atrayente en realidad, pero el olor de su cabello… recuerda a Rusty haber dicho algo similar de la fragancia de la melena de Stella antes de intentar pelear por ella cuando quiso conocerlos, mas ahora lo empieza a comprender. Más allá del shampoo de cerezas, la siente un poco con un ligero aroma que muy vagamente le hace pensar en su madre. No niega que puede ser algo severa, pero la amabilidad que mostró para con él prácticamente desde que empezaron las clases ha sido una constante.

Por desgracia, él no la veía con los mismos ojos que ella a él. Para Lincoln, Jordan es una amiga más, aunque haber trasgredido esa barrera los acercó de una forma incómoda para ambos. Ella lo ve como si de un príncipe se tratara, uno que llegó adusto a su torreón y sin querer la cautivó igual que la princesa, es decir Mollie, con quien solía jugar de niña.

-¡Ya cásense! -dijo burlona Lynn tras la puerta, callando las risas que se habían hecho presentes.

-He querido preguntarte algo, Linc -dijo Jordan con algo de pena.

-¿Sí?

-¿Qué le… viste a Mollie?

Atrapado, Lincoln realmente no sabe qué pensar de Mollie. No es que ella no le atraiga a pesar de ser atractiva para muchos y por completo inaccesible, pero siendo honesto consigo mismo, la ve menos que a Stella en su momento. Si aceptó esa invitación antes de Año Nuevo a su casa, no fue precisamente porque ella le gustara sino más bien por no tener nada mejor qué hacer. Con ella logró controlarse, cosa que con Jordan no sucedió al estar por completo desprevenido.

A su favor, no obstante, puede decir que Mollie es tierna. Admitir eso de una vieja rival sería como pegarse un tiro al pie, y realmente no quiere eso… no con alguien en quien no confía.

-Es linda -admitió sin pensarlo dos veces-. Es linda, pero nada más que eso. Sonaré a un patán, y no le digas esto a nadie… pero Mollie está tan reprimida que es demasiado inocente.

-Inocente… -musitó Jordan.

-Es malo para ella -dijo Lincoln-. Odiaría romperle el corazón, pero… creo que solo así muchas personas crecen. ¿Por qué dices eso?

Jordan le explicó todo lo que pasó cuando le confesó sus sentimientos a Mollie. A juzgar por la mirada que este puso, ella concluyó para sí que tal vez el lugar y momento no eran de ninguna manera los adecuados.

-Es lo mejor -pensó Lincoln en voz alta-. La pusiste a pensar que el mundo es más allá que lo que sus papás y la escuela le digan.

-¿Quién eres y qué hiciste con Lincoln? -preguntó Jordan, esta vez sin ánimo de discutir.

-Creció, tuvo dos novias con quienes hablaba antes de dormir, vive con su hermana… tal vez va a ser padre por accidente.

Dejando que su cuerpo reaccione sin pensarlo, Lincoln giró sobre sí y se limitó a pasarle el brazo a Jordan por encima de sus hombros, lugar que ella reemplazó por su cintura. Razonando, no diría que esa charla resultó algo estimulante. Más bien se sintió como si, al abrirse, se quitara un gran peso de encima. Ella, limitándose a dejarse hacer, se centró en disfrutar algo tan insignificante como eso.

~o~

Con el final del servicio, Mollie sentía necesidad de abrirse con alguien. A pesar de que Morgan le dijo que era preferible que no se inmiscuyera con nadie hasta que a sus padres se les quite esa idea que tenían sobre su novia, haber dejado que Clyde se consuele con ella y su reciente problema de faldas la dejaron pensando.

Sus padres no la acompañaron. En casi poco más de veintisiete años de matrimonio, es la primera vez que la dejan en la iglesia de la calle Olive gracias a que casi no hay psicólogos disponibles en la ciudad los fines de semana, y el único que hay tiene fuertes prejuicios sobre las religiones. El más cercano fuera de la zona trabaja en Ypsilanti y, estimaron, les tomaría mucho tiempo para ir y venir.

Ignorando la más reciente recaída de su padre en el juego al comprar un boleto para la lotería del estado, está pensando en todo lo anterior cuando la idea le vino a la cabeza.

¿Qué tal si Jordan le "confesó" eso para acercarse a Lincoln mientras está vulnerable? ¿No será acaso su amiga una vulgar zorra aprovechada?

Lo admite. No le incomodaba tratar con Jordan. Es su mejor amiga desde que tiene memoria, y se habían tomado el tiempo para contarse todo. Novios, salidas, citas, problemas familiares incluso, pero desde diciembre pasado todo lo que ha tenido es silencio.

"Estuve para ella cuando esa estirada asiática se largó, lo estuve cuando Chandler la humilló en Lactolandia y la desnudó de la cintura para abajo para una de esas bromas estúpidas para internet, ¡rayos! Hasta lo estuve cuando ese patán nos coló en el bar antes de la pandemia!", recordó. "¿Por qué Lincoln lo tuvo que arruinar metiéndose entre nosotras?

Tratando de recordar los detalles de la fiesta, ya tan lejana en su memoria, el pastor le hizo un poco de sombra mientras se sentaba en la acera. Aquella figura gruesa de cabello cano (en las fotos de su oficina y su estudio lucía una cabellera roja), baja pero de talle frondoso y nariz redonda bajo unos lentes bastante pesados toma su lugar.

-Veo que estás muy preocupada, mi niña -saludó la rechoncha figura del pastor Harmon.

-¿Por qué habría de estarlo, Pastor?

-Viniste sola y te sientas en el lugar más apartado de la casa de Dios -respondió el clérigo-. Tú nunca haces eso.

-Siempre hay una primera vez para todo -minimiza Mollie.

-Mollie, el año pasado tuve demasiados problemas para sostener a mis feligreses como todos mis colegas en el mundo, y aún así me hice tiempo para contactar a los grupos de AA y juveniles.

-No es algo que pueda entender.

-Te lo pondré así, hija -dijo el pastor con tono paternal-. Es duro oficiar servicios funerarios apresurados y no dar la Carne de Cristo como siempre se había establecido porque luego queda el sabor del antibacterial. Y todavía di apoyo a los deudos en la medida de lo posible. Después de eso, nada me es imposible dentro de lo humano.

-¿Cómo saber que su mejor amigo podría haberse enamorado de usted?

La risa del pastor se dejó oír unos segundos. Mollie de verdad no supo cómo tomarlo, pues al pastor Harmon lo tiene como alguien demasiado campechano como para que se tomen en serio su oficio, en especial siendo viudo desde hace como veinte años.

-Eso es serio -protestó Mollie.

-También la risa -imitó el clérigo, jocoso-. Dime, ¿hay algo en lo que pueda ayudarte?

-No sé si pueda hacerlo, pastor

-Estamos en confianza, Mollie -atajó el pastor-. Puedes llamarme Ryan.

Temblorosa, recordó noticias de situaciones similares. Chicos y chicas con problemas que en realidad no eran tan graves a menudo terminaban en esos dramones metidos en la cama con el sacerdote en cuestión. Empero, tiene certeza de que el pastor Harmon no era precisamente una lumbrera virtuosa. Disoluto en su juventud, para cuando tomó los hábitos ya estaba casado aunque se daba sus ocasionales escapadas a tener alguna que otra aventura.

-No hay nada que pudiera decir si viví o no -remató el pastor.

-Ok… hay un chico que me gusta, pero es posible que también le guste a mi mejor amiga -expone Mollie-. La cosa es que… ay, no sé como decirlo… ella me dijo que yo le gustaba…

-Ajá…

-…, y creo que lo hace porque no quiere que yo sea novia de ese chico.

-Es el chico Loud, ¿verdad?

-¿Cómo lo supo?

-Tus padres me pidieron que les dejara imprimir al menos dos mil volantes. ¿No los viste?

-No.

-Lo acusan de ser un depredador como a la maestra Allegra -observa con cierto remordimiento el clérigo, recordando algunas noches con ella-. Si estuve de acuerdo con ellos fue para que cerraran la boca.

-Hum…

-¿Quieres mi consejo? -preguntó retórico Ryan- Un chico no vale una amistad de toda la vida si él lo instiga, pero si es ella quien lo hace y no se explica, mejor mantén distancias.

-¿Por qué habría de hacerlo?

-La verdad, te voy a confesar, sabes que nunca fui muy recto en mi vida personal -describe el pastor-. Por entonces, mi Meg y yo estábamos algo distanciados porque yo no podía tener hijos… un accidente con un toro en Vermont, no preguntes -observa queroendo evitar detalles muy personales-. Conocimos a una mujer en nuestro viaje de noveno aniversario, y para cuando me di cuenta Meg estaba sobre mi, y Nina…

-La otra.

-… se me estaba insinuando en el bar. Las dos se hicieron tan amigas en una noche que Nina quiso llevarme a la cama. No supe de su plan hasta el amanecer, pero para entonces habíamos discutido y bebido lo suficiente para ir a la cama… la verdad, no pasó nada, pero mi esposa, que Dios la tenga en su Gloria, me insistió hasta el día que murió que sí pasó lo que, pensaba, debía pasar.

-Eso es raro -dijo Mollie, aún sin lograr procesarlo.

-Quizás no puedas aprender tanto de lo que acabo de contarte, Mollie, pero una cosa es segura -suspira el pastor-. Citando a uno de mis escritores de cabecera, algún día llegarás a la edad en que gozarás de nuevo con los cuentos de hadas.

-Entiendo -respondió Mollie, más confundida en realidad.

-Después de todo, solo somos gente pequeña en un mundo enorme -dijo el pastor palmeando la espalda de la chica, haciendo que esta se encorve un poco sobre sí-. ¿Me disculpas? El servicio me dejó algo cansado.

Incómoda ante esa perspectiva, Mollie no termina de procesarlo. En cuanto el pastor Harmon la dejó, vagó un poco por la zona, e invariablemente llegó a la avenida Franklin.

Por su formación temprana, recuerda, lo más parecido a la cuentos de hadas que conoció fueron algunas historias suavizadas de la Biblia. Su madre, adventista convencida, jamás creyó que se deba enseñar cuentos de hadas. Criaturas como dragones, unicornios, hadas y sirenas eran, simplemente, paganismo que había que erradicar de donde sea posible si exaltan cualquier alegoría contra el cristianismo. Si tiene algunas películas que a Mollie le son prohibidas, es porque de alguna forma la convencieron que es una producción aprobada por los superiores del Pastor.

Sus pasos, invariablemente, la llevaron a estar frente al 1216. Al parecer, la madre de Lincoln dejó una carta en el buzón antes de entrar, algo que no debería de sorprenderle.

Sin deseos de inmiscuirse demasiado, abrió el sobre -mismo que dejó caer una rosa roja- y leyó el contenido. En cuanto terminó, devolvió la rosa y la carta a su sitio y se imaginó a sí misma recibiendo una misiva similar.

~o~

Septiembre 25 de 2021

De acuerdo a previsiones de The Economist, en los próximos meses se dejará sentir los efectos de largo plazo de la pandemia. Entre pérdida de eficacia de las vacunas de primera generación, cierres alternos, contagios por medidas que empiezan a ser contradictorias o ineficaces, es un hecho que para la Pascua que viene tendremos que aguantar un poco más. Tanto más porque los coronavirus -deja entender un estudio que refirieron- tienden a basar sus mutaciones en correcciones de código, ya sea por alteración de encimas o cambios ligeros en su superficie que los hacen resistentes o elusivos.

Escribí esto mientras espero dosis (Lunes 13 de septiembre, la inoculación me toca el 18). Temo que me tome dos capítulos más de lo que originalmente tenía previsto, aunque no sé si a ustedes les guste. ¿Quieren un detalle escabroso? Creo que se me hace costumbre que haya actualizado algo gordo cuando proyectos más grandes han terminado definitivamente. Me pasó hace años con el cierre de Tan solo humano, me pasó si mal no recuerdo con Réquiem, y ahora me pasó con Sueños. Ni siquiera me di cuenta de a que hora subió el final, y sencillamente me quedé con un sabor de boca agridulce... digo, no voy a esperar un final feliz al cien.

J0nas Nagera, si, pasaron muchas cosas desde que te ausentaste un poco. No te culpo ni culpo a nadie. Al ritmo que describes, dejé algo grueso en el mensajero más evidente, y no precisamente quien más se expone. Las cosas, tal y como se están poniendo, podrían apelar al cuarto postulado de Murphy. Si se aprecian cuatro diferentes maneras de que algo pueda fallar, y se soslayan, enseguida se desarrollará una quinta para la que no se está preparado, y el quinto, Por las mismas, las cosas pueden ir de mal en peor.

Un fuerte saludo a la distancia a los antiguos miembros del Primer Imperio Mexicano y a los chilenos que lean esto. Espero que hayan tenido unas buenas fiestas patrias seguros. Ahora...

Sigan sintonizados

Sam the Stormbringer

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Anotación al margen... 20 de septiembre...

... el maldito al fin me siguió a casa. Ya es cuestión de días si caigo o no.

está azotando.