Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Cuarenta y nueve

Isabella entra en el clóset y tengo que recordarme el peso del arma en mi arnés en caso de que intente hacer algo. Soy un profesional capacitado; puedo manejar a una chica pequeña de poco más de un metro cincuenta por mi cuenta.

Intento no estremecerme cuando sale con una pequeña bolsa negra.

¿Son estas sus herramientas para matar? ¿Va a hacer esto aquí y ahora?

Ella me mira, luego baja la mirada hacia mi mano, succionando su labio inferior hacia su boca para morderlo. Me pregunto por qué tiene la guardia baja conmigo, especialmente después de acusarme de acosarla, aunque no creo que lo diga en serio.

―No sé por qué te ves tan nerviosa; no muerdo. Eres tú quien lo hace. ―Me burlo de ella de esta manera porque todavía estoy en una misión. Todavía necesito conseguir esa cita. Y para hacer eso, necesito ganármela.

Pero Dios mío, cuando ella me da la sonrisa más pequeña y suave y un pequeño resoplido que es casi una risita, sé que en algún lugar de mi cabeza va a ser muy difícil no enamorarme de esta chica.

―Eres hilarante; ahora déjame ver esa mano ―bromea ella.

Obedezco, colocándola boca arriba sobre mi rodilla donde mis piernas están ligeramente separadas.

Pero luego hace lo que he estado soñando que haga desde que nos conocimos. Bueno, parte de eso de todos modos.

Se pone de rodillas, acomodándose en el espacio entre mis piernas, y abre la cremallera de la bolsa para sacar unas toallitas con alcohol.

Un vistazo al interior me dice que fui más que estúpido por pensar que era una especie de equipo para matar. Realmente es solo su bolsa estándar de primeros auxilios.

―Esto podría doler un poco ―susurra, presionando suavemente la toallita contra mi piel.

Cuando toda la sangre se ha ido, toma una nueva almohadilla y la presiona en el corte. Es firme, pero no tan cruel. Lo suficiente para limpiarlo a fondo.

Me doy cuenta de que estoy respirando un poco más pesado que antes, y me muevo en mi asiento. Estoy tratando de alejar el temor que viene de preguntarme si ella no se parece en nada a lo que se ve a través de la pantalla de mi computadora y aferrarme a la pequeña esperanza de que sí lo sea.

―¿Todo bien? —pregunta, sus ojos se posan en los míos.

Oh, sí, genial, solo me preguntaba si estás usando tus artimañas femeninas para conquistarme y así poder asesinarme. No es gran cosa.

Sus ojos son grandes, brillantes e inocentes, y una parte de mí piensa que es imposible que estos sean los ojos de una asesina.

Pero siempre es quien menos te lo esperas.