Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
XVII
Abandonados, complacidos, manipulados y explotados
Royal Woods, Michigan
14 de febrero de 2022
8:23 am
La oficina de La Mesa de Lynn
Para ser su primer San Valentín como mujer soltera desde que Bobby se le había declarado, Lori se siente bastante gruñona, y no es para menos.
El sábado había ido, con engaños de su madre, al consultorio del doctor Schiller. Decidida a no ceder demasiado, apenas y le dio -o eso cree- lo que quería, en especial sobre su antigua relación con Leni. Más allá de lo que le competía decir, llegó incluso de tachar al terapeuta de "poco profesional" al verlo beber un daikiri de moras como si de una charla en un bar se tratara.
Peor todavía, Lincoln había tenido la idea de haber dejado dormir a Jordan con él el pasado fin de semana. Ya era bastante con saber que será padre adolescente como para que la chica se sintiera casi como en casa, en especial con Lynn y Lucy como compañeras de cuarto. Una celosa en extremo y otra impaciente para con su hermano, le cuesta mucho pensar que Lynn se quedará una semana en cuarentena con ellos. Tuvo que justificarse con el dueño del edificio con que Lynn pasará un tiempo con ellos antes de poder reincorporarse a clases presenciales en Chicago, y más al saber que, por unos días, habrá cambios más que drásticos a ciertos hábitos de la futbolista.
Para colmo, que Jordan se haya tomado otra vez la libertad de preparar el desayuno (ahora en el departamento), Lucy terminantemente le prohibió a Lincoln comer cualquier cosa que ella prepare y lo arrastró a desayunar a casa, y Lynn tuvo el mal gesto de esconderlo bajo su almohada (la de Lincoln) el desastre que fueron los waffles.
Las buenas noticias… no la verá mas que en el trabajo, y espera a que Lincoln tenga un día bastante ocupado en la escuela. Al parecer, logró entrar al equipo de lucha de la escuela, y su primer evento será el próximo viernes por la tarde. Estaría orgullosa de él, pero en antes del arranque de ira de Lucy este le comentó que jamás puso su nombre en las listas que publicó el entrenador Helmsley.
Considera sus opciones para cuando salga. Bobby debe estarla pasando de maravilla con su vecina -idea que la tiene de mal humor-, y las opciones que tiene a mano… no son para nada alentadoras. Roger, su novia lo dejó y está ocupado; Clyde, hasta donde sabe tiene novia. ¿Lincoln? Ni soñarlo. No quiere parecer una campesina de Alabama. Mucho menos probar con una chica, pues la única vez que tuvo la oportunidad de hacerlo en Canadá la invitaron a un bar lésbico en las vacaciones de primavera hace tres años, y una amiga de su compañera de cuarto intentó abusar de ella. Una orden de alejamiento bien ganada, no lo niega, así que está tranquila consigo al pensar en ello.
Estaba por reacomodar los horarios de cierre en base a órdenes estatales cuando Luna entró a la oficina. Con el cabello ya algo crecido sobre la cabeza, no le avergüenza ocultar que de un tiempo a la fecha se afeitaba la cabeza.
-Supe que fuiste con el loquero -dijo Luna sin saludar.
-¿Quién te dijo eso?
-Fue Lucy -afirmó Luna-. Dijo que tu ropa apestaba a alcohol cuando llegaste.
-¿Y eso qué?
-El psicólogo de Leni es el único que bebe durante sus sesiones.
-Voy a colgar a ese par de chismosos… -murmura la rubia.
-No entiendo por qué a Lucy, pero con Lincoln…
-Estoy así de cerca de pensar en mudarnos a otro lado -cortó Lori, pasando de su buen humor a algo más bien estresado-. No es que ser tía tan pro…
-¿Cómo que tía? -preguntó Luna, sorprendida.
-La cosa es…
-Ay, ¡carajo! -maldijo Luna, pateando el basurero de Lori- ¡Leni no debió haber invitado a salir de nuevo a ese cerdo!
-No es Leni -masculló Lori.
-¿Cómo que no es Leni? ¡Ella sigue emocionalmente inestable por culpa de Chaz!
-Por mi, que a Leni la internen -interrumpe Lori-. Es Li…
-¿Lynn?
-¿Quieres parar, por favor? ¡Es Lincoln, maldita sea!
Helada, Luna por un segundo pasó de exaltada a aterrada. Desconociendo lo que Luna tiene en mente, Lori se toma la molestia de sostenerla, justo antes de caer pasmada sobre la silla. Entre tanto, la levanta y la lleva a la puerta, apenas entreabierta.
-Fue de la última vez que fui a ver a Bobby -explicó Lori, sin recordar bien algunos detalles-. Creo que Leni la dejó entrar y… ya sabes, ¡eso!
-¿No es muy joven para eso? -preguntó Luna.
-¿Lo dice quien tuvo su primera relación sexual con su novia en mi baile de graduación? -susurró molesta Lori antes de recuperar la compostura- Entró como si fuera una ladrona, esperó semidesnuda en la habitación de Lincoln y se desató cuando él llegó. Suena a idea de escritor mediocre, pero es la verdad.
-Nadie puede ser tan rastrero -desestimó Luna.
-Por lo menos ella fue más honesta y directa que… ugh… Mollie -dijo Lori, remarcando su desdén-. Está en la puerta como anfitriona.
Mirando por el resquicio de la puerta entreabierta, a Luna la vista de Jordan solo pudo darle una expresión de desencanto.
-Creí que sería más… como Sam o Mazzy -dijo Luna, decepcionada.
-No eres la única que cree que tiene pésimo gusto -replicó Lori-, y además fue un accidente.
-Lo mismo el herpes de Shelby en la graduación o lo de esa chica Cici.
-¿Quieres que te explique o me dejas con el ajuste de los horarios de Grant para la semana que viene? -preguntó terminante Lori, a lo que Luna prefirió guardar su respuesta- Ella me dijo que le gustan Lincoln y esa bruja de Acción de Gracias, Mollie. Ella es de familia adventista, y Lincoln no quería saber de citas por un tiempo. Jordan aprovechó eso y ahora vamos a ser tías… antes de que yo vaya a ser madre.
-¿Tanto te importa eso? -cuestionó Luna.
-Mamá y papá se enteraron junto con las chicas y… Leni -añade Lori-, y ahora la mayoría está tomándolo como vino. En cuanto a ellos y Myrtle, pues… hacen lo que pueden por hacerse a la idea.
Luna se quedó pensando un poco. Aunque por el modo en que Lori le dejó caer la noticia sonó como algo malo, la idea no le parece tan mala. Habría querido hacer algo así con Sully y Sam en su momento, pero entre las relaciones entre ella, Sam y la banda se agriaron lo suficiente tanto por no tener representante -ya que Lincoln hacía lo posible por conseguirles lugares hasta antes de irse- como por las cada vez más hondas diferencias creativas entre las tres partes.
-Déjame hablar con él -dijo resuelta Luna.
-No esta vez -negó Luna-. Hiciste bastante la última vez que se emborrachó.
-Aguafiestas…
-Hazme un favor y llévate esto con Jordan -pidió Lori, ansiosa de volver al trabajo, dándole un par de pantuflas y unas alpargatas.
-¿Qué?
-Dejaste las tuyas en casa, y la verdad literalmente estaban para llorar.
-¡Yo no uso alpargatas, mujer! -protestó Luna.
-Esas son para Jordan -aclaró Lori-. Lincoln iba a darte unas pantuflas en Navidad pero no llegaste a tiempo.
-Oh
-Y algo más.
-¿Si?
-Cuidado con Lynn. La regresaron de Chicago por un positivo y está haciendo aquí su cuarentena por falta de espacio en su dormitorio.
Viendo a Luna entregarle a Jordan las alpargatas e irse, no se hizo mucho a la idea de que ambas puedan llevarse bien. Con ella y Luna bromeando un poco al respecto de dicho calzado, sonríe pensando en lo bien que pudo salir el presente.
Desconoce, empero, que Luna tiene otros planes. No es que la rockera aprecie el detalle de su hermano para con ella, pero en lugar de ir al departamento de sus hermanos fue directo a casa. Antes prefiere tragarse el orgullo y confesarle a su madre que decidió que sus estudios superiores fueron un desperdicio al no tener programas decentes de música e informática que arriesgarse a que su gasto escolar se convierta en gasto médico de la peor forma.
~o~
Machacado es poco para definir cómo se siente Lincoln tras su primera práctica con el equipo de lucha.
Como si fuera una broma cruel, Chandler no solo lo enroló a él, sino que Lance -un antiguo amigo de Trent que sigue en plan despectivo con los fans de cualquier cómic o cosa relacionada a ellos- y a Richie. Los tres, al ser los más escuálidos, no tuvieron descanso para entrenar entre ellos. Helmsley tuvo la delicadeza de emparejarlos con verdaderos mastodontes que rozan ya las 210 libras y los siete u ocho pies. Su único consuelo es que el entrenamiento, en la segunda hora de clase, lo zafa de verle la cara a Vickers por un corto tiempo.
-Mi… espalda -exhala cansado Lincoln, que pensó que el entrenamiento de Lynn era una sesión de videojuegos común frente a eso.
-Como si no tuviéramos bastante con soportar a Chandler entre clases, ahora tenemos que aguatarlo en el gimnasio -masculló Richie, bebiendo en el acto el agua de la ducha a grandes tragos-. ¿Qué me dices, Lance?
-¿Qué quieres que diga? ¿Que ese cabrón nos hizo un favor? -desafió Lance, enjuagando de sudor su corta cabellera rubia.
-No exageres.
-Al menos estamos mejor que Rusty o Drew -dijo el rubio antes de tomar y escupir agua-. Por una vez, hizo algo bueno.
-Meterlos en el equipo de fútbol no es una buena idea, ¿saben? -dijo Lincoln, dando la vuelta y lavando su entrepierna.
-¿Y qué tal es Mollie en la cama? -insinuó Lance.
-¿Perdón? -dijo Lincoln, al tiempo que Richie tosía algo de agua por la sorpresa.
-¡¿Qué?! -cuestionó Richie, tosiendo.
-Escuché que te fuiste a la cama con Mollie -afirmó Lance.
-Eso es ridículo -minimiza Lincoln-. No me acosté con… bueno… ¡con nadie!
-Dijo que te vio saliendo de la casa de Mollie desnudo y con tu ropa en las manos -relató Lance-. También dijo que te tiraste a su madre y…
-Eso es mentira y todos lo saben -declaró Lincoln-. La última vez que fui a casa de Mollie salí porque su madre dejó sus lentes de sol o algo así.
-Así que te acostaste con Mollie.
-¡No!
-Si Lincoln se acostó con alguien, él no daría ninguna información -interrumpe Richie-. Vamos, viejo, ¡diez hermanas! ¿Crees que alguien con hermanas diría eso?
-Yo lo haría -respondió Lance con mofa.
-¿Quieren dejar de hablar de sexo y mis hermanas? -pidió Lincoln, alterado- No quiero hacerme una imagen mental.
-¿Cómo con la Señorita Ruiditos?
-¡Demonios, Lance! -estalló el peliblanco- ¿Tenías que joderlo?
-No es mi culpa que me guste esa cosa de Lynyrd Skynyrd -dijo relajado Lance-. ¿Tu familia no es de Alabama?
-¡Es de origen escocés! -replicó Lincoln, impulsivo
-Y vinieron a Alabama antes que a Michigan.
-¡No estoy aquí para justificar de dónde vienen los Loud contigo! -bramó Lincoln- Si me disculpan, todavía tenemos clases, y algunos tenemos que trabajar.
Tomando sus cosas, visiblemente indignado, Lincoln se vistió lo más rápido que pudo y abandonó las duchas.
Durante el día, todo parecía más bien como si en lugar de ser San Valentín fuese un día más deprimente de lo usual. A pesar de la colonia que encontró en el casillero -cosa de Mollie, aunque el detalle que esta huela a clavo y naranja valenciana le gusta-, la verdad es que tras dos años de pandemia a nadie le quedan muchas ganas de celebrar nada que no fuera el final de una pesadilla.
Evitó todo el día a cualquier chica. Dado que Emma le pedía una explicación de por qué Chloe y Clyde terminaron de forma tan abrupta y el siguiente trabajo de Economía Doméstica es en equipos de cuatro, lo último en lo que quiere pensar es precisamente en ver una cara desagradable. Tal esperanza fue sacudida por la delgada figura de Rusty al salir de la última clase del día.
-Linc, necesito un favor -pidió Rusty, dándole alcance en el pasillo.
-Estoy algo atrasado, Rust -dijo evasivo Lincoln.
-Creo que no me entiendes -dijo el cobrizo, tomando a Lincoln de la manga de la chaqueta y arrastrándole hasta el estacionamiento, hablando entre tanto-. Supe que tienes trabajo en La Hamburguesa del Eructo, y me preguntan si…
-No tengo tiempo.
-Drew quiso saber si le puedes dar tu descuento de empleados como por, no sé… hasta que salgas de allí.
-¿Quieres dejar de molestar, Spokes? -preguntó irritado Lincoln- Haces que Stella se vaya y Zach se resintiera con medio mundo antes de irse, ¿y todavía intentas tratarme de amigos solo para darle cosas a ese imbécil? -añade mientras empuja a Rusty contra la reja que separa el estación de profesores del de alumnos- ¿Crees que te pueda perdonar eso?
-No fui yo el que se fue a Canadá, cretino -dijo Rusty a la defensiva a la vez que el peliblanco se lo quitaba de encima-. ¿Sabes algo? Creo que Stella me agradecería que te hubieras largado. Ya sabes… siempre fuiste tú.
-¿Yo qué?
-Tú y Clyde acaparaban a las chicas -expuso Rusty, cada vez peor-, y tal vez Liam. ¿Zach? Todavía tuvo a Renée un tiempo, ¿y qué hay de mi? ¿Eh?
-Tú ibas y las acosabas, así de simple -razonó Lincoln dentro de su molestia-. ¿Quieres un consejo? ¿Por qué no dejas de usar colonias pestilentes y te vas con tu maestra de piano? A ver si te enseña algo nuevo -remata alejándose del lugar.
-¡Por eso Stella me prefería a mi que a ti, Loud! -gritó Rusty.
Sin que Lincoln tuviera mucho tiempo para reaccionar, Rusty tomó una piedra y la arrojó con todas sus fuerzas hacia Lincoln, con tal puntería que el improvisado proyectil fue a dar al auto de la directora Rivers.
De la misma forma cobarde en que Rusty realizó su agresión, este huye en dirección al estadio. En tanto que Lincoln solo se quedó unos segundos. Habría retomado su marcha, de no ser porque la propia directora, junto con Oliver, vio el daño recibido por su parabrisas.
-¿Quién rayos le hizo eso a mi auto? -preguntó sorprendida la directora.
-Es más que obvio que fue ese chico -señala Oliver, ansioso por irse a casa y molesto porque ello le tomará más tiempo del que quisiera.
-Tiene que ser una broma -masculló Lincoln, no menos molesto.
-A la oficina de…
-Hace meses que quería cambiar las vestiduras de los asientos, ¡y ahora tengo con qué justificarlo! -cortó la directora Rivers- Iré a buscar el número del seguro.
Entre lo que la directora fue a su oficina a buscar dicho número y otras cosas, el asistente de la misma se acercó a Lincoln y lo acorraló contra la reja.
-No sé como lo hiciste, pero esto te va a costar caro, Loud -afirmó Oliver.
-No fue mi culpa, señor -abogó Lincoln a la defensiva-. Yo solo…
-Creo que unos días en detención le harán bien.
-¡No es justo! -exclamó Lincoln- Entro a trabajar a las 4:00.
-Pues tendrá que buscar un horario más flexible.
-¿No hay cámaras o algo? ¡Puedo demostrar que soy inocente!
-Por desgracia para usted la vigilancia por video se salió del presupuesto -alegó Oliver-. No hay tiroteos, robos ni nada que lo justifique desde que la maestra Perkins hizo uso indebido del laboratorio de ciencias hace tres años.
Maldiciendo su suerte, Lincoln puede estar seguro de que Rusty pagará con creces en algún momento.
~o~
En los últimos dos días de San Valentín, a Clyde le había dado por escapar un rato con Chloe al cine o, en medio de la contingencia, a algún bosque cercano, paseos que invariablemente terminaron en una cena y en casa de Chloe viendo una película. Por supuesto, su ahora exnovia era todo un encanto que hizo de los McBride un manojo de nervios por la eventual boda, pero dadas las condiciones del anterior festejo, y más todavía por ciertos sucesos, dicha tradición se fue a pique.
Ahora, con Día de los Enamorados en pantalla y comiendo una cena congelada frente al televisor, el chico solo piensa en Chloe como si de algo inalcanzable se tratara. Howard, con ese cambio de actitud, no podía dejarlo pasar… al menos hasta que consideró que fue suficiente autocompasión.
-Iremos con Tiago al centro comercial a comprar ropa -anunció Howard, quien todavía presenta ojeras aunque su aspecto es ahora mucho más pulcro incluso de lo que era antes de la pandemia.
-Vayan ustedes -dijo lastimero Clyde.
-Clyde, no fue una pregunta. Necesitas una muda nueva.
-Mi ropa está bien, gracias -insiste de mala gana Clyde.
-Clyde, escúchame bien. Para ambos fue muy difícil estar solos. Todavía tienes remedio, y no quiero ser como esa chica de aquella obra que vimos hace tres años, ¿cómo se llamaba esa cosa de Luan Loud? Esa de la obra que acabó en aplausos del público.
-No recuerdo, pero necesito estar solo.
-Te prometo que no saldrá nada mal… y que solo seremos los tres. ¿Noche de chicos?
-No, gracias.
En menos de lo que Clyde hubiera querido salir, ya estaban dentro del auto familiar. Veinte minutos habían pasado entre una consulta telefónica rápida con la doctora López y el trayecto que tomaron al centro comercial. Más en concreto, la tienda Reininger's.
Como si Tiago nunca hubiera visto una tienda así en toda su vida pese a haber vivido buena parte de su vida en los barrios de clase media de Rio de Janeiro, el chico se sintió casi como en el cielo. Clyde no estaba en posición de juzgarle, y menos tiene ganas de hacerlo.
A pesar de que el área de caballeros era reducida, las mudas que Tiago y los McBride adquirieron -Clyde más a su pesar que por gusto- eran bastante abrigadas pese a lo ligero de su aspecto. Empero, el chico de color se distanció un poco mientras Howard y Tiago probaban distintas colonias.
Sin más carga que su peso, Clyde se dejó caer sobre una silla sin importar que tuviera avisos de restricción. Realmente no le interesa si lo echan, con tal de volver a sumergirse en su miseria un rato más en medio de juegos y comida.
Trató de pensar en qué hizo mal para que Chloe lo cortara. Con ingenuidad, en un momento llegó a creer que con toda seguridad lo cortó porque había demasiada crema pastelera en sus berlinesas cuando ella las prefiere con nata montada y crema de avellanas en Año Nuevo o las flores de gelatina en su penúltimo cumpleaños. Cualquier motivo pudo haber sido bueno, según ella, para dar por terminada su relación.
Con eso en mente, apenas y reparó en que Leni salía de la tienda seguido por Drew. Desconoce muchos detalles de lo que ocurrió en la última semana, así que eso no debía de ser bueno para nada.
-Vamos, preciosa. Soy mejor hombre de lo que tu hermano dice que soy -alcanza a escuchar a Drew, quien dejó de lado su tradicional camiseta tipo Henley por una Raglan en amarillo y blanco y unos jeans que, de gastados, lloraban por ser cambiados-. Hasta tus viejos me quisieran de hijo.
-¿Cuántas veces quieres que te lo digan? -preguntó Leni, hastiada como jamás la había visto- Con esos atuendos, ni soñarlo.
-Te lo digo por las buenas -insiste Drew, ya en un tono intimidante-. ¿Quieres que él lo pague hasta que aceptes?
-¿Por qué no dejas de molestarme? -objetó Leni.
-Solo un ratito conmigo y vas a quererme para siempre.
Sin respuesta, Leni lo dejó volviendo a entrar a la tienda. Acto seguido, Drew no se tentó el corazón para sacar de su bolsillo un teléfono con calcomanías florales, revisó un par de cosas y, en cosa de dos minutos, ingresó a la tienda solo para salir de allí, sonriente.
No tardó mucho en seguir a la rubia. Al parecer, de un tiempo al presente ha atraído atenciones no deseadas. Tanto tiempo ha estado desconectado que pareciera ser de las pocas personas vivas para quienes el tiempo se detuvo, y sintió que él se quedó muy atrasado a su lado.
Siguiendo a Leni, no se percató de una cierta chica tras él, misma que le metió el pie.
-¿Te ayudo? -preguntó Penelope, sonrojada.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Clyde, más concentrado en su ligera dolencia sobre sus rodillas.
-Trabajo aquí, Clyde -dijo sonriente la pelirroja crespa-. No creí nada cuando supe lo de Chloe y tú.
-No supe qué pasó para que me dejara -observa Clyde, conteniendo el impulso de llorar por su ex.
-¿Y qué le ves a Chloe? -cuestionó Penelope sin buscar respuesta- Ella solo es una consentida que jamás se interesó por ti -remata con un leve acercamiento-. No me digas… es dulce, atenta… linda
Mientras habla, Penelope le lleva a los probadores, zona hace ya mucho tiempo clausurada por orden de la alcaldía, para empezar con un leve tanteo.
-Dime, Chocolatito -dijo la pelirroja con tono más que evidente-, ¿por qué tener a una chica que se hace la difícil cuando yo me había reservado para ti?
Acorralado, no sabe ni qué hacer. Ni cuando Bolhofner se vio obligado a llevarlos en aquella furgoneta a una cantera y fue la última salida escolar de Zach, Pham los echó a él y a Liam del laboratorio por mezclar compuestos altamente volátiles que terminaron por chamuscar las cabelleras de ambos y la de Jordan o Salter separó a los tres pelirrojos tras una fuerte pelea había tenido una sensación de incomodidad tal que necesitara reafirmar su espacio.
-Este… -jadea nervioso.
-No tienes que temblar, Clyde -ronroneó Penelope-. Sólo déjate…
-Penelope, la señora C dice que acaban de llegar a oficina unos solicitantes, y quie… -dijo Artie, entrando intempestivo a interrumpir-… ¿sabes qué? Mejor haré de cuenta que no los vi. Clyde…
-Acabo de recordar que le debía una tarea a Artie -rió nervioso Clyde, aliviado de tener de dónde aferrarse-, ¿verdad?
-Viejo, yo no…
-¡¿Verdad?! -insistió Clyde con una mirada casi demencial
-Eh… ¿qué? -dudó Artie, palpando desesperación- ¡Ah, si! Necesitaba mi tarea de alemán para mañana y tenemos que ver esos detalles.
-¡Si! ¿Nos disculpas? -pidió Clyde, llevando al castaño a tirones y saliendo de esa trampa.
Artie no tiene idea de qué pensar. No sabe qué le ocurrió para decir que tenía tarea de Alemán cuando ni siquiera lleva esa clase. Casi ahogándose por la fuerza con que Clyde lo arrastra, suplica que el asunto termine para irse a dormir a la bodega aunque sea por cinco minutos.
Estando fuera, por fin Clyde lo soltó.
-Gracias, te debo una -dijo aliviado Clyde.
-¿Te debo? Viejo, odio ser quien te diga que eso fue muy infantil, pero lo fue -alegó Artie mientras arregla su suéter.
-No tenía de otra -dijo Clyde como excusa.
-Quiero saber por qué lo hiciste -indaga Artie.
-Trataba de esconderme de mi papá.
-¿Tarde de chicos?
-¿Cómo sabes eso?
-Papá y yo lo hicimos con el tío Fred cuando su esposa lo dejó.
-Oh
-Oye, ¿y sigues mal por lo de Chloe?
-¿Tú qué crees? -respondió Clyde, sacando del bolsillo una foto impresa de su ex, algo maltratada por las lágrimas.
-Hum… creo que podría ayudarte un poco si…
-¿Quieres negociar?
-No podías haberlo dicho mejor.
-Escucha. Supe que ella está trabajando repartiendo volantes a la entrada del estacionamiento -indicó Artie-. ¿Por qué no vas con ella y le explicas?
-Bueno
-Nada pierdes con intentar… a menos que seas Rusty. Ese idiota con Sadie, Stella, las Loud y Joy perdió toda su dignidad -dijo el castaño mientras que Clyde solo palidece-. ¡Pero eres tú! Estarás bien.
Tomando aliento, Clyde decidió dejar a Artie e ir a la salida. Toda esa determinación estuvo a nada de rendir sus frutos cuando sintió un tirón del hombro.
-Nunca vuelvas a hacerme eso, Clyde -dijo sonriente Howard, sosteniendo un banana split que apenas y se mantiene en lugar.
-Necesitaba un tiempo a solas -replicó Clyde.
-Sé que te sientes mal por Chloe, pero tienes que descansar primero de todo eso antes de hablarle de nuevo -dijo resuelto Howard, forzando su sonrisa- ¿por qué no vienes?
-Está bien… -suspiró abatido Clyde.
Resignado, vio por la ventana que Chloe había terminado ya con los volantes. Su ex estaba sola, sentada… antes de que Rusty se le acercara.
No supo ni qué le decía, pero por un segundo quiso asesinar a su examigo. Esta se veía reacia a aceptarle algo hasta que dieron la vuelta sobre Olmo. A partir de ese punto, ya no pudo ver nada, y todo cuanto le quedó fue esperar lo mejor.
~o~
Parecía una eternidad desde la última vez que pasearon por Windsor. Cambiando ambos por esta semana su día libre, Lori y Lincoln se tomaron con calma el tiempo para olvidarse, por un día, de cuanto había sucedido con ellos. Por hoy, pasarán la noche en un motel a las afueras del parque acuático de la ciudad. Por un día, volverían a ser esa pareja de hermanos que hace tiempo emigraron del hogar paterno para que él pudiera seguir su educación básica.
Dejando que Lincoln se tomara un tiempo a solas ("o para buscar a aquella", pensó), Lori quiso distraerse un poco. No quiere tener que pensar en Bobby y sus amoríos con Miranda o la viuda Flores, las idioteces de Leni, psicólogos euroidiotas o en horarios y pedidos. Todo cuanto pide hasta las siete es un poco de tiempo para sí.
Paseando al exterior del exterior del estadio de los Lancers de la Universidad de Windsor, se encuentra con que los estudiantes están en plenas prácticas. Algunas chicas jugando un interescuadras de soccer, entrenamientos de fútbol, una pequeña competencia de salto largo y, cosa que le extraña, un par de chicas vagando sin más hasta dejarse caer sobre las gradas.
Llegó a pensar que ella misma estuvo a nada de entrar a un equipo un año antes de concluir el primer semestre del año escolar de 2019-2020. La señora Borutski, por entonces todavía maestra de Lincoln, le había recomendado para hacer pruebas de soccer como defensa, mas una torcedura en el tobillo y su antecedente con el pie plano le salvaron de hacer lo que consideraría un papelón de los gordos.
Por una vez, agradece, Lincoln había tenido una buena idea. Quiere, por lo menos, tomarse las libertades que Bobby se está tomando justo ahora, y que mejor sitio que uno donde apenas y la conocen.
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Mirando a su exnovia y al novio de esta, Lincoln no puede sino sentirse con otro peso encima, cono si su brillante plan se le volteara.
Sadie luce, y le parece, todavía linda. No obstante, Raymond la hace ver pequeña. Nada sorprendente, pues el robusto chico castaño que le diera la bienvenida a la cafetería y al estanque anexo resultó ser para nada desagradable. Podría decir, incluso, una versión blanca y rechoncha de Clyde, aunque a este lo educó una mujer soltera.
Dándose cita en La casa del Poutine y con un plato de aquél lío de papas fritas en gajos, salsa de carne y queso en grano que ya se está derritiendo, Lincoln no siente mucho apetito, en parte debido a la ansiedad que le provoca ver feliz a Sadie y en parte por su necesidad de quitarse peso de encima. Haber hablado de Mollie y Jordan no fue, pensando bien, de ninguna ayuda.
-… y entonces, la señora B terminó con salsa por encima -describió Raymond, tomando uno de los gajos a la par de distraer a Lincoln de sus tribulaciones-. A que no lo esperabas. ¿eh?
-Se te va a enfriar si no comes -insiste Sadie con su habitual franqueza.
-Tal vez le lleve a Lori para cenar -bostezó desganado Lincoln.
-Viejo, deja de torturarte, ¿quieres? -invitó Raymond, todavía sin haber tragado el bocado- A más de uno le tocó tu suerte.
-Dime uno que esté más hundido que yo.
-¿Recuerdas a Trevor Phillips, de la clase de D'Alençon? -preguntó Sadie- El muy tonto se pegó un tiro cuando supo que Chris McLean rechazó personalmente su audición para la nueva temporada de Drama Total y no entró.
-Una telerrealidad la supera cualquiera -desdeñó Lincoln.
-¿Qué me dices de Trudy Caiman? -rememora Sadie- Karl Bowman la tiró de la rampa la semana pasada y casi la arrolla un camión de basura.
-¿Al menos está bien?
-Le tocaron esa cosa de Sabaton cuando un caballo de la Montada le saltó encima.
-O Gerry Spuckler -añade Raymond- Se metió con una nueva y terminó con papiloma por meterse con Tricia Wolf después de que ella se acostó con esa misma chica y Carrie Allier.
-Eso no lo vi venir -dijo Lincoln, riendo por primera vez en la velada-. Eso sí es estar jodido.
-¿Ves? -animó Sadie- Siempre habrá algún pobre diablo peor que uno.
-¿No se les ocurrió que hay alguien que no puede estar peor que uno?
-Lincoln, si dos chicas babean por ti al menos ten la delicadeza de decirles que no quieres nada todavía con ellas -expuso Sadie-. Míranos a mí y a Pansy. Cuando volviste a Royal Woods, hablamos de lo genial que fuiste como novio.
-No fue nada con lo que Lori no me ayudara -reparó Lincoln con algo de modestia.
-Escucha, viejo -interrumpe Raymond-. Si ellas pudieron turnarse, ¿por qué las tales Mollie y Jordan no?
-Ya les expliqué. Jordan nos quiere a ambos, Mollie no quiere compartir y yo no quería nada con ellas. Que Jordan se metiera a mi cama y ahora y ahora esperemos un hijo fue cosa de… de no… medir consecuencias, ¿eh?
Sin mediar palabra, Sadie se paró frente a Lincoln unos segundos antes de besarlo con decisión. El peliblanco extrañaba un poco esa sensación de restos de carne, papas y queso cada vez que ambos salían y terminaban sus salidas con poutine que perfumaba los labios y lengua de su exnovia, aunque el carraspeo del actual novio de esta los obliga a terminar.
-Eso fue incómodo -dijo el rechoncho chico.
-Por una vez, Lincoln -pidió Sadie-. Trata de ser tierno con esas dos. No toda la vida serás un infeliz como el chico que mandé al fondo de la portería en su primera clase aquí.
-¿Infeliz?-preguntó Lincoln.
-Quiero que hables conmigo y Pansy cuando regreses a casa -sonrió Sadie antes de tomar su monedero y sacar un par de billetes doblados-. No saques nada, Linc. Hoy yo pago.
-¿Por qué lo haces?
-Es lo menos que puedo hacer.
-¿Nos vamos, corazón? -preguntó Raymond, despidiéndose de Lincoln agitando la mano.
Horas después, se encuentra en la habitación del hotel que él y Lori ocuparían esta noche. Las papas no estaban precisamente calientes, pero eso no era problema. La película en el televisor ni siquiera llama su atención, razón por la que reacciona apenas su hermana entra.
-¿Alguna novedad? -preguntó Lori.
-Creo que estoy cometiendo muchos errores -dijo Lincoln sin dudarlo-. ¿Poutine?
-Yo paso -rehusó Lori-. Sabes que las papas con queso me provo… que me hacen caminar mal.
-Lo que digas, Ruiditos -replicó Lincoln, un tanto burlón.
-¿Cuántas veces tengo que repetir que son mis zapatos? -cuestionó molesta Lori antes de soltar un gas sonoro como muy pocas veces.
Avergonzada, Lori solo tuerce su cara del enojo al más hondo bochorno. Concluyó que no debía de haber desayunado ese tazón de salvado con pasas y yogurt, escuchando un sonido incluso aguado.
-Dime que no pisaste un charco -dijo ligeramente asqueado Lincoln.
-¡Está bien! Fui yo, ¿si? ¿Hace cuánto que querías escuchar eso, torpe?
-Con todos los gases que he recibido desde que Jordan va los fines de semana creo que puedo soportarlo -respondió Lincoln, un poco apenado por Lori.
-Momento… Jordan ¿suelta gases? -cuestionó la rubia.
-Si, eso mismo -contestó el peliblanco-. El sábado terminé tan asqueado que Lynn me prestó un paquete de ambientadores para auto.
-Juraría que te acostumbraste a… esos.
-Si, lo hice, pero siento que las cosas sobre eso son demasiado incómodas -sentenció Lincoln, viendo a Lori echarse sobre su cama.
-¿Veías alguna película? -preguntó Lori cambiando de tema.
-No hay nada interesante -respondió Lincoln-. Ni siquiera hay telerrealidades decentes. ¿Qué tal tu día aquí?
-¿La verdad? Bastante aburrido.
-O sea que…
-Nada de nada -contestó Lori, cansada-. Pensé en lo que me dijo Bobby antes de… de
-¿Antes de qué? -preguntó Lincoln.
-Muy bien, lo diré -suspiró Lori, resignada-. Antes de pedirme que nos tomemos un tiempo.
-¿Tomarse un tiempo cómo? ¿Separación por meses o tomarse un tiempo fuera?
-Tiempo fuera.
-¿No te ha contado nada? -inquirió Lincoln.
-Hablé con él hace rato -respondió Lori-. Su madre lo sorprendió en su cuarto con la novia de Carlota.
-¿Tanta confianza te tiene?
-Es como la cuarta y última -confirmó Lori-. Ahora él y Ronnie Anne estarán trabajando en el Mercado turnos de doce horas cada uno.
Conforme avanza la noche, Lori por fin cedió a la poutine ya fría mientras ambos confesaban entre ellos sus vivencias. Poco le importó que, en un momento, se dieran cuenta de que pasaban ya de las tres y seguían despiertos. Lo mismo Lincoln y su charla en la tarde como ella admitiendo que conoció a una pareja que salía del restaurante de al lado y tardó en salir del asiento trasero de una minivan. Exhaustos ya a muy altas horas de la noche, no les importó dormir juntos como antes.
~o~
Toda esperanza de que la semana no fuera tan brutal se desvaneció cuando anunciaron, en diversas clases, que había al menos media docena de contagios por SARS-CoV2 en el cuerpo docente. Si bien hay maestros queridos como la señorita DiMartino y Flores a quienes les llegaron muestras de apoyo, a otros como la señora Squadrani y el señor Vickers no les tuvieron tanta consideración. Chandler incluso se jactaba de haber sido quien contagió al señor Perkins usando -según él- flemas desecadas que guardó del día que la clase de Psicología se canceló.
Dado que el primer evento de lucha grecorromana será con 30% de aforo en el gimnasio, Richie, Lance y Lincoln debían de presentarse. Lincoln estaba en el vestidor, y al quite tuvo que entrar Liam a falta de un integrante más. Por desgracia, el granjero está en la categoría de las 180 libras, lo cuál aún margina a la escuela en la división de 141 y la arriesga a eliminación automática. Clyde fue reclutado de última hora como aguador, por lo que le esperaba una tarde-noche agotadora.
-¡¿A qué esperan, niñitas?! -maldecía Helmsley a diestro y siniestro- ¿Van a dejar que esos perritos mimados de Slapneck los manden con su mamita a beber limonada y galletas?
-No, señor -gruñó Liam, incómodo.
-¿Quién fue la mariquita hija de puta que habló? -inquirió el entrenador con su tono más rudo- ¿Quién es la maldita perrita que me interrumpe? ¿Nadie?
Sin pensarlo, Liam da un paso al frente.
-¡Nombre! -exigió el entrenador con tono marcial.
-¡Señor! ¡Liam Hunnicut, señor! -respondió Liam, asustado y manteniendo el tono.
-¿Y qué hace en mi equipo de lucha si está en el de básquetbol?
-¡Cubro plaza, señor!
-¡Pues más te vale no lesionarte hoy, porque hay juego mañana! ¡Al gimnasio, ya!
Avanzando sin interesarles gran cosa, los integrantes del equipo marcharon con paso acompasado. No obstante, a Lincoln lo detienen un poco.
-Cualquier error, lo pagará caro, Loud, ¿entendido? -ordena Helmsley, a lo que Lincoln solo pudo asentir mientras le cuestionaban.
Liam solo pudo negar con la cabeza y resignarse a lo que podría tocarles.
.
De doce luchadores que ingresaron al gimnasio del centro comunitario, al menos hubo un verdadero hospital por debajo de las 180 libras. Siendo que de última hora Liam bajó de peso, el granjero se sumó a la enorme lista de bajas luego de una mala caída sobre la colchoneta que le provocó un hombro dislocado.
En cuanto a los miembros que compitieron en la división de 141, las cosas no mejoraron nada. Lance se salvó por descalificación al no presentarse, Richie perdió apenas por nada, y Lincoln tuvo que ser trasladado al hospital por una costilla rota y un par de esguinces que pararon el único asalto disputado.
-Y le parece poco -maldijo Liam, trastabillando un poco por el dolor.
-Creo que la expresión "sin sacrificio no hay victoria" está demasiado pegada a su cerebro -opinó Mollie, no menos molesta con los resultados que por los resultados de las palizas-. ¿No estaba prohibido eso de la lucha o algo?
-No -repuso Clyde, bastante más animado que en otros días-. Iré a ver si Lincoln sale del hospital hoy. ¿Alguien más quiere venir?
-Yo paso -negó Jordan, visiblemente preocupada pese a su afán de mentir-. Es mi último fin de semana en el restaurante de los Loud y no quiero que me descuenten nada.
-Yo voy -aceptó Liam, arqueando un poco su espalda por el dolor y salir por sus propios medios.
-¿Mollie?
-Vine sólo porque mis papás están visitando a mi hermano -afirmó Mollie-. Insisten en que su novia no le conviene y quiero aprovechar cada momento con Linc.
Ignorando un poco la conversación, en el momento en que Mollie menciona a Lincoln se detiene. Dirige una mirada un tanto mordaz a esta -que, por suerte, no se da cuenta- antes de pensar que hacer.
-Puedes acompañarme -invitó Jordan-. Lori se tomó la noche para recoger a Lincoln y…
-¿Qué tanto te traes? -preguntó impaciente Mollie.
-Nada.
Con una mirada parecía decirle todo. Mollie por ahora no desea nada con nadie que no sea Lincoln, amigos incluidos, y lo último que necesita es que Jordan se le insinúe mientras, piensa, se la pasa picando verduras o lamiendo berenjenas de forma muy sugerente.
-Creo que las dejamos solas -resolvió Liam-. ¿Vienes, Clyde?
-No tienes que decirlo -aceptó Clyde con reservas.
Adelantándose a la camioneta de los McBride, Mollie se alejó como si nadie la fuera siguiendo al hospital mientras la ambulancia en que Lincoln es trasladado es escoltada por aquella vetusta minivan. Sorprendida por la actitud de Mollie, Jordan le dio alcance en la entrada del estacionamiento.
-¿Es en serio? -preguntó Mollie de nuevo- ¿Qué te traes?
-¿Qué me traigo? -retó Jordan- ¿Por qué no lo compruebas?
-Otra vez con eso. Jordan, ¿quieres por favor explic…?
La reacción ante el intempestivo beso que le diera Jordan fue una mezcla de emociones por completo contradictoria. En las fiestas antes de la pandemia se había dado valor para intentar cortejar a otra chica con tal suerte que una aceptó y terminó por aterrarse. Miedo, deseo, molestia, un ligero desagrado, incluso atisbos de satisfacción que no lograron imponerse al asco que sintió por una fuerte cuestión de principios.
Jordan, por su lado, no se sintió correspondida. A pesar de que Mollie decidió usar un brillo con sabor a frambuesa, todo lo que tuvo de ella fue un empujón que la envío un par de metros tras ella.
-¿Qué… diablos fue eso? -increpó molesta Mollie.
-Me gustas, ¿ok? -respondió Jordan.
-Toda la vida estuvimos juntas, ¿y nunca lo dijiste? -cuestionó Mollie- ¿Desde cuándo?
-Desde… bueno… -dudó Jordan-…, yo…
-¿Por qué de repente ese interés? -volvió a cuestionar Mollie, un tanto retadora- ¿Es por Lincoln?
-Es mucho más difícil que eso, Mo. Yo…
-Lo siento, pero yo no soy lesbiana.
-Mollie, si me dejas explicarte…
-Solo cállate, ¿quieres? -interrumpe Mollie, cada vez más enojada- Si lo fuera, te puedes hacer una idea de lo que mis papás pensarán de nosotras. Me echarían de la casa y todavía no tienes idea de lo severos que pueden ser. ¿Tienes idea de lo que hacen en esos centros sobre los que me hacen repartir propaganda los fines de semana? No, porque es mejor que no lo sepas. Solo… solo…
Soltando un fuerte gruñido, Mollie echó a correr. Prefiriendo quedarse en silencio, Clyde optó por no meterse sin pensarlo al ver a Jordan golpear con las palmas el enrejado.
Unas horas después, Jordan se acostó. Habiendo cambiado su acostumbrado pantaloncillo azul por y camiseta blanca por un camisón aguamarina con vivos en rosa, miró un poco su vientre. Sigue sin abultarse, pero desde que siente los primeros síntomas de su embarazo no ha sido necesario pensarlo dos veces para darse cuenta de que se dejó llevar demasiado por sus impulsos. Por no sentirse sola, asaltó a Lincoln en su propia habitación. Por desear sentirse amada por alguien, ahora Mollie debe de sentir asco hacia ella.
Tocándose en dicha zona, se levanta y busca entre su ropa unos trajes de baño. Un bikini amarillo de dos piezas y otro de una pieza, azul con vivos en aguamarina, ambos conjuntos que le llamaron la atención en su momento. Se imaginó usándolos durante y después, y el resultado no le pareció tan malo. Siempre podría pedirle a su madre o a Jenny algún tratamiento para las estrías, pensó, aunque de solo crear en su mente la imagen visual de su aspecto a los ocho meses en el bikini le pareció algo grotesca, con el vientre estriado y abultado tratando de verse atractiva.
En mente, ya le venían las burlas de la mayoría de sus conocidos. Muy pocos le demostrarían algo de apoyo, pero al menos eso ya es algo con lo que podría manejarse dentro de lo razonable.
Dejando ambas piezas en su lugar, quiso pensar en lo que Mollie le dio como respuesta antes de dormir.
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Comiendo con desgano un par de salchichas asadas con puré de papas y un pudín, Mollie se siente perturbada por una declaración tan súbita.
De todas sus amigas, Jordan siempre había sido la más cercana. Aunque en ese campamento al terminar la primaria tuvo que soportar los ronquidos de una chica pálida de la que solo recuerda que usaba sandalias y blusa rosa, ella no la había dejado de lado. De hecho, había afianzado aún más su relación con ella y Artie, incluso cuando supo que la compañera de cabaña de ella, la tal Stella, la dejó por esa estúpida caminata con sus amigos.
Pensando en ello, sabe lo duros que son sus padres con las parejas homosexuales. Apenas y aceptan que los McBride eran pareja, reparten en familia volantes de centros de reorientación, hacen servicio en la iglesia cada que pueden dando charlas sobre relaciones sanas -si a una relación heterosexual que reprime como puede sus propios vicios y enfoca sus ganas de ellos a discutir con la gente llaman sana-, organizan campañas contra la educación sexual en las escuelas y participan en manifestaciones pro-vida que buscan reafirmar el concepto de la familia tradicional.
Admite que no es como ellos. Si Harvey y Helen suprimen tanto como pueden sus propios impulsos, ella solo se libera cuando está con amigos o sola. Sabe que su padre tenía problemas con los juegos de apuesta tanto como su madre le es infiel a su marido en cuanto se presenta la oportunidad. Sabe que él apostó sus ahorros para la universidad y a ella la sorprendió sin ser descubierta una tarde que regresó del centro comercial con un chico latino teniendo sexo en la habitación de Morgan. En cambio, le encontró gusto a la bebida sin excederse, es un desastre en la cocina y prefiere una vida más alocada que pasarla en labores sociales que no disfruta. Una vida alocada que, admite, no contempla mucho una relación homosexual.
Volteó sus pensamientos hacia Lincoln. Las cosas entre ellos desde antes de Año Nuevo se enfriaron, y más desde que se retomaron las clases presenciales antes de la última suspensión. Notó antes de la presente semana que se mostró particularmente distante con ella y con Jordan, aunque los pocos minutos que los veía juntos… incómodos, nerviosos, incluso como si estuvieran escondiendo algo. Oficialmente no eran novios, pero algo ahí le huele bastante mal.
Buscando dormir, llegó a la conclusión que tal vez sus ideas le están jugando una mala pasada. Nadie quisiera, o al menos eso es lo que cree, estar en su lugar.
~o~
Hay días en los que definitivamente no quiere estar viva. Peor aún, que su hermano tenga que estar esperando afuera con su padre y tratando de sobrellevar sus dolencias tanto físicas como personales lo mejor que puede.
"De todos los días que pudo haber pensado, ¿por qué en día de pago?", pensó Lori mientras mira de reojo a Leni. Esta, concluye, se siente mucho más cómoda que ella en ese consultorio, y ese patán bien vestido del doctor Schiller no le merece ninguna opinión respetable o que pudiera emitir sin que él se ofenda.
En ese momento, odió a Lincoln por convencerla de volver allí. La primera vez se la pasó jugando Black Jack y notó, para su sorpresa, que el psicólogo estaba haciendo trampa contando las cartas con un sistema que, en otras condiciones, hasta Lola habría notado alrededor de la tercera mano.
Habiendo despreciado el ofrecimiento de una bebida -mismo que Leni aceptó sin reservas- por temor a que les hiciera algo bajo. De todos modos, decide, no es que fuera a hablar demasiado, o mejor dicho a decir absolutamente nada, y agradece que haya puesto cierta distancia entre ambas. Hasta se tomó la molestia de conectar a ambas una caja de toques modificada que ignora cómo demonios pudo haber adaptado para operar con un control algo arcaico.
-No me gusta para nada la terapia electroconvulsiva -dijo Julian con un fuerte tono de duda-, pero ustedes dos lidian de forma un tanto precipitada sus potenciales trastornos depresivos.
-¿Trastornos depresivos? -cuestionó Leni.
-Yo no estoy deprimida -dijo contundente Lori-. ¿No se supone que para eso debería sentirme decaída por todo?
-Nada más lejos de la verdad, señorita Loud -repuso el terapeuta-. Después de estudiar el material que me dieron, llegué a varias conclusiones poco más que interesantes sobre su conflicto personal.
Tomando uno de los vasos que dispuso con una limonada, el doctor Schiller bebió un largo trago. Con una leve mueca en los labios, Lori dedujo que la bebida no tenía alcohol, un pequeño efecto colateral de su única visita al consultorio.
-Leni, tu problema no solo fue controlar algo que escapaba de tu control a toda costa -expuso Schiller-. Desde antes tienes un pequeño conflicto que arrastras desde antes de que Lori decidiera salir del país como tutora, conflicto que debe ir más allá de sus decisiones profesionales. Lori -se dirige a la mayor-, tu baja autoestima se traduce a esa necesidad de dependencia de tus hermanos. Como si la mitad de sus problemas deberías resolverlos a cambio de ciertos favores, dependencias que se condensaron en cuidar de tu hermano tanto como creíste que él creyó necesario.
-No me extraña que le hayan contado esas mentiras -negó Lori.
-No me las cuentan -replicó Schiller-. Es algo que se adivina como una pésima mano a la que le saco provecho.
-¿No es eso ilegal? -preguntó Leni, a lo que Lori se vio tentada a responder con hostilidad.
-Recuerda que lo que se habla aquí no sale de aquí, Leni -aclaró el psicólogo-. A menos que sea algo que interese a las autoridades y me pidan participar, lo cual por suerte no es su caso.
-Pues debería -dijo Leni, señalando al calzado de Schiller-. Esos mocasines no son para una noche de cartas.
-Leni, eso no es importante. Ahora, les explico por qué están conectadas a una caja de toques.
-Espero que no sea un experimento como los de Lisa.
-De hecho fue idea de su hermano.
-¡¿QUÉ?! -preguntaron ambas al mismo tiempo.
-Dijo que lo vio en televisión -respondió Julian al tiempo que él se conecta con unos electrodos a las sienes-. En fin. La idea es esta. Van a decirse una a la otra algunas verdades que crean que la otra no quiere escuchar. Si es verdad, presionan el botón verde. Si no, presionen el botón rojo…
-¿Algo así? -preguntó Lori al tiempo que quiso apretar el botón rojo, gesto que el doctor impidió.
-¡No… es… un juguete! -reprochó Julian, retirando su mano-, pero sí. Esa es la idea. Si creen que me estoy metiendo demasiado, pulsen el botón amarillo que está en medio.
-Justo así -dijo Lori, logrando presionar el botón en cuestión.
La reacción del terapeuta fue de todo menos divertida. Con una mueca que indicaba dolor, Julian saltó y cayó contra la pared.
-Creo que mejor nos olvidamos del botón.
Luego de media hora arreglando el aparato para desconectar los botones amarillos de ambas hermanas, empezaron con la sesión en forma, aunque ambas decidieron hacer algo de silencio.
-Entonces… ¿no tienes algo qué decir, Lori? -pidió cortés Julian.
-No con ella enfrente -respondió esta.
-No me hagas meter un panel.
-No habría mucha diferencia -dijo Leni, pensativa.
-Por una vez, estoy de acuerdo -afirmó Lori en tono sarcástico.
-Leni, ¿no me dijiste en alguna sesión algo de un tal Bobbo, Booboo…?
-No te atrevas -amenaza Lori.
-¿Qué? -cuestionó Leni.
-Ah, no sé… ¿alguna infidelidad, acaso? -retó inocente el psicólogo.
-Bueno, Lori fue la primera en encontrarse al tutor de Linky y babear por él… -soltó Leni antes de recibir una fuerte descarga- ¡Eso duele!
-¡Yo no babeé por Hugh! -declaró Lori, molesta.
-Como tampoco compraste primero mi vestido -añadió Leni agregando una descarga que hizo reaccionar a Lori.
-¡Ese vestido lo compré primero y lo sabes! -gruñó Lori, recibiendo una nueva descarga junto a Leni.
-Creo que malinterpretaron la intención de este ejercicio experimental -dijo Julian con tranquilidad-. La idea es que sepan que, aunque las verdades duelen, no importa que venga de ustedes si el dolor es más grande. Por favor, tomen asiento y reiniciemos. Lori, ¿qué tienes que decirle a tu hermana?
Lori estuvo a punto de desconectarse del dispositivo del doctor Schiller cuando Leni por fin habló.
-Cada vez que sueltas un gas, culpas a tus zapatos, el asiento o a quien esté a tu izquierda.
-De verdad fueron mis zapatos -respondió Lori, apretando el botón y electrocutando a Leni-. Y para tu información, las únicas amigas que tenías lo fueron porque te tuvieron lástima…
Por espacio de dos horas habían intercambiado frases hirientes al por mayor. Para cuando terminaron, hacía tiempo que el dispositivo se descargó por completo, el doctor Schiller cayó dormido y la hora no era muy recomendable para pasarla en el barrio.
Un par de horas después, estando en la cama, ambas meditaron lo que se habían dicho. Entre otras cosas, Lori acusó a Leni por ser dependiente en exceso. Para lo que tuvo que escuchar, pensó, se estaba quejando de cosas que carecían ya de importancia y de haberse ido lejos, mientras que Leni achacó a Lori ser demasiado manipuladora con ella.
Acusaciones francas que, detestan admitir, en parte tienen razón.
En casa, Leni echó el ojo a la antigua cama de Lori. Hasta antes de esa tarde en Fairway, las cosas estaban bien. Después de eso, recuerda, de la indiferencia al maltrato, y todo eso lo soportó de forma estoica, aún con la salida de fin de año. Lori a un hotel en Saginaw para celebrar su graduación, ella al bosque nacional de Huron-Manistee.
Acepta que la echa de menos, pero no puede hacer nada. Como Lori se lo echó en cara, debía crecer en ese sentido. Tuvo todo este tiempo y lo hizo, aunque no de la manera más sana.
Lori, por su lado, la sesión ni le molestó. Sentada en la cama, piensa en todo lo que Leni le dijo. No lo dijo tanto por malicia, concluyó, sino porque nunca dejó de depender de ella. Las pocas veces que salía de las videollamadas con la familia, lo hacía por la mera presencia de su hermana. En una ocasión, llegó a escuchar a Lincoln preguntar cómo se sentía al respecto. Con llanto, Leni explicó que estar a cargo era muy difícil y solo quería que regresaran, cosa por la que se alegró en el fondo al llevarse al pilar que mantuvo cerrada la lata de gusanos que sería una vida sin ella en casa.
En el fondo, razonó, llegó a cuestionarse si su decisión de dejar el país con Lincoln fue la correcta. Dicho cuestionamiento la dejó sin obtener respuesta antes de caer dormida.
~o~
Octubre 8 de 2021
A juzgar por lo que se ha visto, hay dos cosas a resaltar de todo esto.
Lado A, la conducta estadística de una epidemia, o en este caso de una pandemia. De acuerdo a gráficas proporcionadas por el Centro de Información de Facebook (respaldada por la OMS, la universidad Johns Hopkins de EU y los órganos de salubridad locales), si bien ha sido atípico, es de reconocer que, contrario a lo esperado, la tercera oleada ha estado remitiendo en cantidad de muertes, no así en la de contagiados. De hecho, con poblaciones cada vez más vacunadas, la gravedad se ha reducido, y por consiguiente la mortandad ha sido menor a la de la segunda oleada.
Lado B, la conducta social. De nuevo, asistimos a una posible nueva oleada. Mismo relajamiento de medidas, menor porcentaje de población no vacunada... mucha gente no letrada pero vacunada siente que, ya inoculados, somos invulnerables al virus, y por consiguiente abandonan toda medida de distanciamiento social y protección. Muchos de los reinfectados han tenido que pagar por estos brutos... aunque yo no diría brutos.
No diré que el final está cerca. Aunque ya estoy en vías de ir sobre el final, debo decir que estas últimas dos semanas han sido algo estimulante en el apartado creativo. De hecho... aunque hace un tiempo abrí una cuenta en Archive of our own, apenas esta semana me digné a publicar algo allí. No digo que verán algo que aquí ya se ha visto, porque por ahí pienso empezar. Si llego a tener material original para esa plataforma... se los haré saber.
Sobre la anotación al margen, lo diré. La ex de un primo y el hijo menor de ambos se contagiaron de covid-19, y a los dos mayores los trajeron a casa. Como estos no mostraron síntomas después de dos semanas, ya vinieron por ellos. Sinceramente, fueron las semanas más estresantes en ese aspecto, pero puedo respirar tranquilo. Sin bajar la guardia, pero puedo respirar.
Respondiendo a sus reviews...
charly888, en el apartamento de patanería Chandler y Rusty están igualados, a pesar de que hay alguien peor. Para pronto, y esto se verá más a detalle después, a escala humana esos dos son casi el tope en la cadena, pero ya falta ver que rayos con el estrato superior. Sobre Tiago... yo no diría que es catador de morcilla, y si sopla nucas, más seguro que prefiere a una garota para sus saltinhos de ropeiro *sostiene un vaso con una caipirinha sin licor*. Saúde, irmão, e muito cuidado com o virus, cara.
Por si lo olvidan, reitero. No dejen el juego continúa. Ahora...
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Sam the Stormbringer.
