Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

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Vínculos

XIX

Un apoyo por dos cuchilladas

Royal Woods, Michigan

26 de febrero de 2022

8:23 am

El departamento de los hermanos Loud

Limpiando la habitación que Lynn al fin desocupó, Lincoln definitivamente se siente cansado. Después de haberle realizado pruebas en la mañana que dieron un resultado negativo y de que las mayores se fueran, se apresuró para llegar temprano a trabajar medio turno y levantó el departamento hasta donde le fue posible. Apenas y alcanzó a llegar a las ocho, y con el reloj en contra lo más que tiene a preparar son las sobras de la noche anterior, algunos pepinos, una lechuga italiana y un par de limones que sobrevivieron al laxante matinal de los dichos cítricos y uvas pasa. En la alacena, algún paquete a medias de tortilla de harina que recordó de unos burritos el miércoles y algunos ingredientes para panqueques que, por suerte, no ocupará. No a estas horas.

Improvisando lo mejor que puede, aprovechó los restos de la succotash, los recalentó en el horno y empezó a preparar wraps con ello cuando Lori y las niñas llegaron. La mayor iba cargando dos bolsas con lo que parecía ser gulash, mientras que Lisa carga con dificultad su propia mochila y la de Lily. En cuanto a esta, solo mira hacia el piso sin ganas de pasar tiempo con nadie.

-No preguntes, Linc -pidió Lori, agotada-. Sólo quiero irme a la cama y… -bostezó-… pueden desvelarse.

-¿No quieres cenar? -preguntó Lincoln.

-Comí un burrito de la estación de Flip mientras iba por las niñas -mintió Lori antes de bostezar-, y trajimos lomo salteado. Buenas noches.

Dejando las bolsas del restaurante sobre la mesa, Lori se enfiló a su habitación. Sin prisas, Lisa se decidió a tomar asiento en el sofá de la sala y, sin mucha prisa, suavizó su almohada hipoalergénica antes de colocarla junto a uno de los brazos. Lily, por su parte, se fue directo a la pieza libre.

-Por favor acuéstate, hermano mayor -pidió Lisa.

-No tienes que pedirme eso -exhala cansado Lincoln.

-No era exactamente una petición para que descansaras -alega la castaña-. Sé de buena fuente que el psicólogo que ha visto Leni es un pobre pedante para tener un coeficiente intelectual elevado. Yo, en lo personal, difiero mucho de sus opiniones, y más con una tía sobre la que pesaban acusaciones de racismo y supremacismo de tendencias nazis.

-No te pedí su árbol familiar -observó Lincoln, recostándose sobre la almohada.

-Y yo no te pedí que te pusieras cómodo -objetó Lisa, quitando de su regazo los pies de su hermano.

-¿De qué quieres hablar? -preguntó Lincoln, un tanto ofuscado- ¿De lo que ya todas saben? ¿De que voy a ser padre? ¿Qué quieres muestras de…?

-No, nada de eso -respondió Lisa, tranquilizando a su hermano lo mejor que puede-, aunque ya veré después si puedes brindarme algo de…

-No sé que quieras, pero lo tendrás en la mañana. ¿Quieres ir al grano?

-Entiendo, quieres ser directo -avanzó Lisa-. Seré breve. ¿Tienes impulsos por saltar de un puente?

Lincoln no sabe qué responder. Si ha sentido ese impulso, y ha habido días antes de lo de Jordan que había querido lanzarse desde el sexto piso del edificio vecino, pero por todo lo que considera sagrado no lo ha hecho. Ni siquiera cuando lo arrestaron y liberaron tuvo un momento libre de un afán suicida, pero pensó en la última charla que tuvo cara a cara con su abuelo, pocos días antes de que los pleitos de los Moongoats terminaran por separarlos sin remedio y Luna quiso echárselo en cara.

"Jamás creas que las cosas pasan sin razón -había dicho Albert en aquella balsa mientras estaban en un viaje de caza en el bosque de Muskoka durante las vacaciones de primavera a sus catorce años-. Incluso las decisiones estúpidas pasan por alguna buena razón… ¿sabes por qué jamás me gustó usar una trampa para osos? Porque son algo cruel… si, si, lo que hacemos es algo cruel, pero es mejor algo rápido. Que no cause demasiado sufrimiento, ¿me sigues? Una trampa echa a perder la presa con mucho dolor en medio… es mejor que no intentes trampear a nadie. Hay momentos que necesitas recordar que sigues vivo, pero apresar con dolor es lo peor que puedes hacerle a alguien…"

Ese viaje de caza, más allá de terminar con Myrtle recibiendo una rozadura de flecha en el abdomen y una lección de cocina para ambos hermanos usando las vísceras de un jabalí que el viejo terminó por abatir sin querer, fue bastante productivo fuera de los incidentes. El viejo, por cierto, renovó sus votos de matrimonio en la capilla del sitio, como si fuera a compensar que él y hasta entonces novia se casaran el año anterior y al chico lo tomaron en plena época de exámenes.

-Preferiría no decirte -respondió al fin Lincoln-. Tal vez entenderás cuando seas mayor.

-No necesitas que esto salga de nosotros -insistió Lisa.

-Lis, te preguntaré algo. Si una idea te hubiera hecho salir del país, ¿podrías vivir con eso aunque… todo lo que conocieras cambiara? ¿Qué eso eche a perder tu vida y salves todo cuanto puedas aunque eso no sirva de mucho?

-La filosofía no es mi fuerte, así que prefiero no contestar.

-No es fácil hacerlo. Si, te encuentras con cosas nuevas o que lo que tengas ya no sea tanto como lo tenías. Intenté hacer todo lo que pude para volver a lo que era. ¿Y qué tengo a cambio?

-Una vida más dura, un hijo en camino, relaciones familiares un poco tensas

-¿Lo ves? ¡Sabes a qué me refiero! -dijo exaltado Lincoln, alzando las manos y gesticulando- En un momento quieres buscar cómo volver a lo que tenías, y al siguiente ¡bum! Dos de las chicas más populares me perseguían, embaracé sin querer a una de ellas, casi no me quedan amigos y-y siento que algunas de mis hermanas me tienen miedo. ¿Y la cereza del pastel? Sospecho que mi supervisora quiere algo conmigo desde que delaté sin querer a un imbécil.

-Si de algo puedes estar seguro, es que solo Lily te tiene miedo -afirmó Lisa.

-¿Ah, si? ¿Y qué tan segura estás de eso?

-Por ahora te haré saber que los recuerdos de corto plazo de Lily se eliminaron con gran rapidez, como ocurre con todos los infantes al crecer y desarrollar una memoria de largo plazo e identidad. Es entre los tres y cinco años que convierte muchas experiencias en recuerdos de largo plazo, y el poco contacto que tuvieron y la ligera influencia de Lola jugaron un rol determinante, sumando el hecho de que la mayoría de tus llamadas eran ya cuando nuestra hermana menor estaba ocupada o dormida.

-¿Y eso en qué me ayuda? -preguntó escéptico el peliblanco.

-¿Quieres un consejo? -preguntó a su vez Lisa, a lo que Lincoln asiente- Inicia desde cero. Todo lo que has hecho con nosotras, reinicia el contador.

-¿Cómo quieres que haga eso? -cuestionó Lincoln- Lisa, por si no te quedó claro, voy a ser padre.

-Y ese es justo el porqué te estoy dando un consejo así -dijo Lisa, cruzando sus brazos-. De Leni a Lynn las cosas ya no pueden cambiar mucho.

-¿Cómo sabes eso?

-Hablé con ellas. Lucy -continúa exponiendo Lisa- es especialmente susceptible a tus cambios recientes. Por alguna razón que escapa de mi comprensión, está especialmente resentida contigo. En cuanto a Lana y Lola, el mero hecho de perder una guía las alteró y modificó sus propios ciclos sociales. Con algo de suerte es posible que, dentro de poco, su relación mejore. Sobre Lily, es de pronóstico reservado.

-¿Y qué hay de ti?

-Meh, la gente va y viene -respondió Lisa con un ligero reproche-. El mero hecho de tu ausencia física me resultó irrelevante en la mayor parte de mi rutina. No hubo más afectaciones que la prolongada interrupción de tu archivo biométrico y algún incidente que pude haber previsto.

-¿No te afecta que la gente entre y salga como si nada?

-Solo cuando la gente que me importa se va.

Prestando atención a Lisa, Lincoln nota que la voz se le quebró un poco. Sin pensarlo dos veces, hizo el intento por cargarla un poco y girarla sobre sí a pesar de su condición antes de lograr recostarla.

-¿Y esto? -cuestionó Lisa.

-Pensé que lo necesitabas -dijo Lincoln.

-¿No se supone que debes mantener esa zona sin presiones de ninguna clase?

-No duele mucho -mintió Lincoln, forzando su sonrisa.

-Claro, lo que digas… -objetó irónica Lisa.

-¿Después me ayudas con algunas cuentas? -pidió el peliblanco.

-¿Qué clase de cuentas? -cuestionó la castaña.

-Desde… ya debes saberlo… el otro día. Desde ahí he tenido algunos problemas de dinero.

-¿Administrando mal de nuevo?

-Solo digamos que me he desequilibrado un poco.

Resignada, Lisa solo se acurruca un poco más contra su hermano, quien suelta un leve gemido de dolor por el peso.

No tan ajena a ello, Lily estaba aburrida. Tomó prestado el teléfono de Lori, pero al tener acceso solo a la cámara no hizo gran cosa más allá de tomar y editar de forma un tanto vulgar hasta que la batería marcó el cinco por ciento de carga.

Le es difícil creer que ese chico es su hermano. Desde que hace uso de razón, escuchó cosas de Lori, mismas que confirmó cuando ella se presentó en el restaurante y acompañó a su madre a dejarle a su padre algunas cosas que dejó. Luna y Luan hacían visitas periódicas, y con Lynn a cargo todo lo que tuvo, además de aburrimiento por todo el tiempo en casa, fueron juegos un poco rudos que ha sabido llevar bien, pero Lincoln… es una historia muy diferente.

Jamás había escuchado noticias o visto a alguien menor que los abuelos o los ancianos del asilo con cabello blanco. No ha tenido noticias del abuelo Leonard, que sabía se hizo a la mar hasta poco después de nacer, y de ahí solo algo de un retiro a Florida o donde sea que quede México, y fue de las últimas personas con quien Albert habló antes de su muerte. Ahora que lo veía bien tras la puerta, le ve un gran parecido con el segundo. Quizás no tan acusado, pero hay cosas que le recuerda un poco al único abuelo que conocía.

Con renuencia, decidió oír a escondidas lo que Lisa y Lincoln se decían.

-… entonces -escucha a Lisa- todo se resume a que piensas hacerte cargo.

-Compré algunas cosas, ¿qué esperabas? -dijo Lincoln, incómodo- Sé que la señora Rosato quiere que mi hijo esté lo mejor posible, pero no quiero que me dejen tan aparte.

-¿Pensaste en las baratas o en ventas de cochera?

-Lisa, no quiero sonar grosero, pero así la casa de un amigo se infestó de garrapatas.

-Siempre puedes lavar en cuanto la adquieras, pero debes tener cuidado con ciertos productos y la temperatura del agua…

Un poco aburrida de escuchar esa charla cayó en cuenta de que Lisa se preocupa por él. Más en concreto, de que él no tenga ahorros suficientes para el bebé que dice espera.

Entre sus cosas, había traído una pequeña alcancía con los ahorros de -considera- toda su vida. A resultas de prestarle a Lola para maquillaje y a Lana, y habiendo hecho cuentas con Lisa, en sus palabras no le quedaba mucho. Mirando aquél objeto, decide sacarle la tapa de corcho y cuenta su dinero.

Veintitrés dólares, dos centavos y una pelusa… Lisa le había propuesto hacer algo que no entendía con ese dinero. Estaba guardando para comprar aquél enorme puf de oso que viera en el centro comercial, pero de ver cómo Lincoln se llevaba las manos a la cabeza al escucharle quejarse de sus problemas con el dinero, decidió darle -pensó- un mejor uso, lo devolvió a la alcancía y dejarle una nota junto a esta sobre su cama sin que se dieran cuenta antes de irse a dormir.

~o~

Con el fin de semana tocando término, el trabajo en la tienda se hizo pesado en serio, mas no por las razones que ella esperaba para el remate de fin de temporada.

Para empezar, un nuevo cierre por un contagio de covid en la zapatería de enfrente hizo que las medidas se volvieran a extremar entre los locatarios. Ello obligó a la señora Carmichael a hacer obligatorio en todo momento el uso de máscaras y caretas para el personal, lo que lleva al segundo punto.

Una medida que muchos de los locatarios encontraron con desagrado es que la vacunación contra dicha enfermedad en el estado se está volviendo obligatoria. La mayoría prefieren mentir sobre el esquema de esta a perder su negocio, pero dado que las pruebas también se habían vuelto obligatorias, algunos de los padres de los empleados creyeron bastante justificable hacer caso omiso de ambas medidas.

El tercero, que a causa del efecto dominó tuvieran que prescindir de abastecer la sala de descanso. Los dos chicos que quedaban no son precisamente los más conformistas, así que cuando se enteraron de aquella resolución no tuvo de otra que ceder a los dos días.

Estaba en pleno planchado de las exhibiciones cuando entró Mollie. La chica luce un poco ojerosa, pero ello no le impedía revisar -de forma errática, pero revisando al fin- en las góndolas para buscar un vestido largo.

Sin tomar ninguna precaución, solo se acercó.

-Creo que ese malva te quedaría bien -apuntó Leni, tratando de sonar como siempre.

-Gracias, pero no es para una fiesta -respondió Mollie con sequedad.

-¿Entonces es para una cita?

-No me lo tomes a mal, pero… es algo más familiar, una re… reunión.

-Ups…

-No es tu culpa -disculpó Mollie-. Mamá dice que mi hermano se va a hacer su servicio militar y quiere que esté formal el jueves.

-O sea que…

-Negro o un gris muy oscuro -respondió la joven-. Ellos creen que el ejército lo alejará de algunas cosas que creen que le hacen daño.

-¿Y por qué tienes que despedirlo? -cuestionó Leni- No es como si se fuera para siempre.

-¿Cómo lo que me dijeron de tu hermano?

Sorprendida por ello, Leni solo retrocede un par de pasos. Había olvidado casi por completo el asunto de Lincoln, y ahora le sacan eso como si fuera una mascada en invierno. Algo muy lindo… para la temporada menos adecuada.

Entonces, como si la imagen estuviera fresca, Mollie empezó a describir lo que sucedió la tarde anterior en casa de los McCann. A pesar de lo que empezó a narrar, es una versión muy dulce a comparación de lo que ocurrió, recuerdo que asalta su mente.

~x~

Para ser de una familia acaudalada por el empleo del padre de Chandler, las cosas no habían ido tan bien como cabría esperar. A pesar de vivir en la zona de Huntington Manor, el chico últimamente parecía afectado al fin por el hecho que varios de los vecinos, sobre todo los recién llegados, pronto dejaran las propiedades que habían adquirido a un precio razonablemente accesible. Si lo quisieran, imaginó, sus padres bien podrían dejar su casa y comprar otra, quizás con piscina para que Jordan se muriera de la envidia.

Habían ido allí por una reunión de su club de lecturas. Si bien Helen no se reconoce como una lectora empedernida, admite tener sus gustos culpables como Un caballo llamado Xavier o Meditaciones en ropa de encaje cuando cree que nadie la está viendo.

Mientras ronda en la cocina para matar el tiempo, había empezado a chatear con Chloe. Sabía que ella lo estaba pasando mal para tratar de hacer pasar mal a Clyde con lo de su ruptura con Clyde, y habiéndose vuelto amiga cercana de ambos, el asunto era todavía más difícil de conciliar.

Revisando sin nada mejor que hacer mientras el club hace su revisión de un libro que su madre tendría como "no apto para que Mollie lo lea jamás", la chica encuentra sobre la barra de la cocina un reloj demasiado parecido al de su padre.

Tendría una buena justificación. Su madre lo compró en una tienda de Nueva York en sus últimas vacaciones. Incluso le mandó inscribir en la tapa del reloj, en francés, la leyenda tuya por siempre, Helen. Idéntica a la que está en ese mismo.

-¡Mamá! Papá me pidió su reloj -llamó Chandler, entrando por la puerta de la cocina-, el que dijo que estaba en la cocina… ¿qué haces aquí, Mollie? -preguntó.

-Vine con mi mamá porque yo no tenía nada que hacer -respondió antes de tomar el reloj-. Se parece a uno que conozco.

-¿Y por qué lo dices? -dijo retador el pelirrojo.

-¿Por esto? -respondió Mollie, mostrando la inscripción en la tapa del reloj.

-A toi pour toujours, Hélène -leyó Chandler tal cual está escrito-. Juraría que es el reloj que alguien perdió cuando me apostó a que los Leones irían a postemporada y los Espartanos ganarían un Tazón este año.

-Dame ese reloj o…

-No estás en posición de negociar, Mollie -negó Chandler meneando la cabeza y chasqueando la lengua-. De hecho, quiero ayudarte.

-El reloj.

-Tal vez, Mollie -dijo Chandler, dándole la espalda-, pero eso no te devolverá a tu amiga y a ese fracasado de Lincoln.

Tomada por sorpresa, Mollie se detuvo.

-Te puedes llevar el reloj, pero te quedas con la duda de quien está embarazada ahora. Te doy lo que quieras saber, y te lo llevas todo.

-¿Otra?

-Si, y es alguien muy cercana a ti.

Resignada, Mollie asiente, aunque Chandler todavía no se detenía.

-También quiero salir algo… beneficiado de todo esto, ¿sabes? -continúa el pelirrojo- Es que una información así de… cara… tiene ciertos precios, y algunos no son tanto una cosa de dinero.

-¿A qué te refieres? -preguntó Mollie, con enorme incomodidad.

-Podrías acompañarme a mi cuarto, si quieres discutir eso.

"Mierda…", pensó siguiendo a Chandler a su habitación. Está consciente de su reputación como chica inalcanzable y la del chico como un patán desde que rompió toda relación con Trent. Si él iba a darle algo a cambio de su información, le irá a costar muy caro.

La pieza perteneciente a Chandler rebosa en la clase que a su dueño le falta. Con una decoración sobria y amueblada al gusto de un prospecto de atleta calificado -banderines azul y blanco de la escuela, un póster de los Leones de Detroit y afiches con frases como Sin dolor no hay triunfo y Al campeón con respeto- la esperanza era clara. Nada sería mejor que ser un patán aclamado por todos y por quien las chicas se arrastran a sus pies.

Acostándose sobre la cama y haciendo a un lado un cobertor de tela verde, adoptó una posición que cree sensual y la invita a sentarse con un gesto de todo menos atractivo. La chica acepta, aunque poniendo cierta distancia de él.

-Quisiera ver qué tanto avanzó ese perdedor contigo -dijo deseoso Chandler.

-¿Qué cosa? -cuestionó Mollie, indignada- ¡Se suponía que tienes novia!

-Ah, si, sobre eso… ella es bastante abierta en ese sentido. Así está la cosa, Nordberg -espetó Chandler, jugando un poco con su mano y adquiriendo un tono que cree provocativo-. Es solo una cuestión de un intercambio justo, algo por algo… favores... por favores. Así que…

-Empieza a hablar de una vez si quieres tener garantías -dijo cortante Mollie, presionada por lo que le estaban pidiendo-. Y por favor… ve directamente a lo que quiero.

-Entonces será rudo -sonrió Chandler.

Reaccionando con rapidez, el pelirrojo se levantó y estrechó a Mollie contra su cuerpo, tapando su boca. Con una mano tapó la boca abierta, mientras que con la otra decidió ir más abajo, en dirección a su entrepierna. Sin embargo, no tomó en cuenta ninguna variable.

-¡Agh! -jadeó Chandler, sintiendo la presión de la boca de Mollie- ¿Qué demonios te pasa, puta?

Esta, soltando un chillido potente, trató de ponerse en pie, rodando sobre la duela en su lugar. Las pisadas de varias personas no se dejaron de escuchar. Empero, Chandler improvisó rápido.

-¡No eres mas que la maldita puta de ese hijo de perra! -maldijo el chico-. A ver cómo lo besuqueas cuando sepas que estuvo en la cama con una zorra.

-¡Chandler McCann! ¿Qué forma de hablarle así a una invitada es esa? -gritó la señora McCann, una mujer gruesa a niveles mórbidos, con voz profunda indignada.

-¡Ella se lo buscó por meterse en mi cama! -mintió Chandler, llevándose la mano herida a la boca.

-Como si él no fuera un depredador como Lincoln Loud -acusó Helen, no menos aterrada que su hija-. Lo siento, Juliet, pero fue un error traer a mi Ovejita aquí.

-Ovejita… -murmuró entre dientes Chandler, improvisando sobre la marcha con lo que tenía desde las fiestas de fin de año-… ni tan oveja cuando sepa que Loud ya la atacó…

Deshaciéndose entre disculpas y amenazas de castigo para el pelirrojo sin hacer caso de este la gruesa madre de Chandler se encerró en la habitación con el chico. Por su lado, Mollie trataba de reponerse del susto, con la imagen mental de Lincoln teniendo relaciones con una perfecta cualquiera en mente, al tiempo que el reloj de su padre quedaba olvidado en su bolsillo hasta días después, cuando apareció hecho trizas en la centrífuga.

La idea se le quedó en mente. Él jamás pasó de un simple manoseo con ella. Empero…

¿Me habrá visto la cara?

~x~

Abstenida Mollie de soltar los detalles más turbios, todo cuanto Leni hizo al escuchar el relato de la adolescente, más que nada, fue unir todos los cabos.

Jamás pensó que Lincoln haría algo tan bajo. Tan inocente que se veía cuando lo sacaron de prisión, y ahora resulta que es algo peor. ¿Chaz cuando se enteró que tenía otra novia? Un pobre novato junto a su hermano. Si había algo peor que aprovecharse de una chica en una fiesta o de una menor, leyó en revistas, era hacerlo de una que estaba a nada de romperse.

-Creo que tengo que irme -dijo Leni-. Necesito armar un par de maniquíes ahora mismo.

-¿Te sientes…? -preguntó Mollie, preocupada, antes de verle dar una arcada- oye, ¡Leni…!

No se siente con ganas de discutir. Todo el asunto de la paternidad precoz de su hermano con esa usurpadora, sea quien sea, es un desastre por el que solo siente asco intenso.

Con prisas, entró al baño sin importar que la señora Carmichael fuera a hacerlo primero o si esta empezara a golpear la puerta. El club sándwich del almuerzo había sido expulsado con violencia mientras Mollie, desconcertada, trataba de preguntarse qué demonios dijo para desencadenar tal reacción.

~o~

Para tener unas manos delicadas, Liam concluyó que Clyde hizo un trabajo bestial con ese arado y el yugo. Una pena que no le dejaron explicar que aquél instrumento de labranza iba a ser vendido como chatarra, y el apeo para los bueyes sería restaurado y puesto como decoración en el granero.

Sentados bajo el porche de la casa, ambos bebían de una jarra con limonada que la abuela del granjero les dejó, ambos solo miran al vacío. Exhausto, Clyde solo sonrió un tanto bobalicón. Ni siquiera recordaba por qué demonios está allí en primer lugar cuando una larguirucha chica pelirroja se les acercó.

-¿Qué tal, primo? -saludó la chica con un marcado acento sureño, que no es otra sino Hattie, su prima- Escuché que el tío quería trabajadores para las vacaciones de primavera.

-Llegaste temprano -respondió Liam, levantando la mirada.

-¿Puedes creer que me acaban de expulsar de la universidad? -expresó jocosa Hattie, dejando caer una mochila de gimnasia de la Universidad de Texas- Al parecer, a nadie le parece gracioso que haya marcado a la mascota.

-¿Marcar? -preguntó Clyde con escepticismo.

-No es tan diferente de ver cómo marcan a un alien con cara de calamar -dijo riendo la pelirroja-. Hola, guapo, ¿por qué no venías por aquí?

-Hattie, ahora no -espetó Liam.

-Eres un santurrón, primo -gruñó Hattie, molesta-. ¿Dónde está la abuela?

-Con papá en su cuarto -respondió el cobrizo-. Se encontró con un tejón en el gallinero y casi lo muerde en su orgullo.

-Auch

-Si, no podrá sentarse en mucho tiempo.

-Iré a ver a los tíos, si no te molesta -dijo Hattie, dejando atrás a los chicos-. Te veré luego, Ratoncito -añadió, despidiéndose y mandando a Clyde un beso al aire, llevando a su escaso trasero la mano con que lo dirigió antes de entrar.

-Claro que… -respondió Clyde, levantándose.

-¡De eso nada, amigo! -interrumpe Liam, haciendo que Clyde se siente de nuevo-. Desde que se fue a Austin, Hattie ha molestado mucho con dejar ir a los animales, cambiar a una dieta vegana… eso enfadó a mi má bastante en Navidad.

-¿Por qué no me sorprende?

-Da spoilers, vende sus fotos y videos en internet, y eso a sus papás no les gusta. Hasta me mandó un video de la fiesta de los festejos por haber ganado el Tazón del Durazno. Jamás he visto tantos senos que no fue difícil no reconocerla.

-Eso es raro.

-¿Raro? ¡Ja! -exclamó Liam- Es un desastre, ¡la acabas de escuchar! ¿O crees que sea fácil marcar a un toro con cuernos de casi dos yardas?

-No entiendo a qué…

-Marcar, como si fuera ganado -describe Liam-. Ya sabes, un hierro al rojo en el trasero.

De solo imaginar el dolor que debía sentir un animal al sentir un hierro candente sobre su cuerpo, Clyde no tardó en caer inconsciente, golpeando su cabeza con una piedra junto a los escalones de la entrada.

-Clyde -llamó Liam a voces mientras perdía la consciencia-, ¡Clyde!

.

El sueño que tuvo había sido poco menos que inquietante. Se había visto a sí mismo en aquél primer baile de la secundaria, en plena declaración a Chloe. Para entonces, Stella y Zach ya se habían ido, y no podía acercarse a Lynn porque entre semana se tardó en el bebedero durante su guardia como monitor, costándole al menos un reproche de la maestra Salter por impuntualidad y dos horas dentro de un casillero. Recordó también que Emma se había puesto bastante protectora junto a Jordan, y Penelope había salido de allí echando humo.

Aturdido, despertó en el granero. Junto a él estaba un humidificador conectado al viejo generador accionado por pollos, una jarra con agua y tiras fritas de tocino. No le parecía raro, pues después de esa noche Liam lo llevó al granero a celebrar.

Observando a su alrededor, reparó en que ya estaba oscuro. Sintiendo una punzada de dolor en la cabeza, palpó su cabeza y nota un vendaje algo apretado.

-Al fin despiertas -escucha en sombras la voz de Hattie-. ¿Estás mejor?

-Eso creo -respondió Clyde-. ¿Dónde está Liam?

-El muy santurrón dijo que llamaría a un amigo tuyo para que viniera a recogerte o a pasar la noche aquí, lo que pase primero -respondió la pelirroja-. Dime, ¿tienes novia?

-A-algo así, ¿por qué lo preguntas?

-Es que siento algo de debilidad por los chicos de color, si me entiendes -dijo Hattie, usando un encendedor para remarcar su sonrisa en la penumbra-. Y más si tienen algo qué ocultarle a alguien.

-Es que yo…

-¿Lo haz hecho con una universitaria? -preguntó coqueta Hattie, tomando al chico por sorpresa y sentándose sobre él.

-Ah, bah… bueno, yo… -balbucea Clyde, asustado.

-No hay prisa -jadea emocionada Hattie, sacándose la blusa y mostrando que no llevaba nada antes de encender una vieja lámpara de queroseno-. No morderé si no me lo pides…

-Oye…

-Oye, Hattie -llamó Liam, abriendo la puerta de par en par-, llamó un tal Brett y… ¡Oh, por Dios, cúbrete!

Las reacciones en la pareja no se hicieron esperar. Hattie hizo lo posible por cubrir sus senos, mientras que Clyde intentaba cubrirse con el saco que Liam le prestó. Nunca en su vida había sido sorprendido en un momento íntimo, en especial porque en casa de Chloe esta confiaba que su familia no se metiera y les dan puerta abierta a salir si la ocasión lo ameritaba, mientras que sus padres prácticamente le ponían la farmacia encima y le daban aviso al dueño de un hotel que ellos frecuentaban antes de la pandemia.

Echando a correr, a Hattie se le olvidaba en cuanto salió del granero que sigue desnuda de la cintura hacia arriba y no llevaba pantaletas.

-¿Qué estabas haciendo con mi prima, cabrón? -preguntó exasperado Liam.

-¡Ella se me insinuó! -respondió Clyde, muy a la defensiva.

-¡Y tú, muy amable, le aceptas! -gritó Liam, sorprendido y molesto.

-¡Ella iba sobre mi!

-¡Carajo! -maldijo el cobrizo- ¡Sabía que no debía dejarte solo con ella!

-¡Yo no quería hacerle nada!

-¡Era porque ella iba sobre ti! -gritó Liam antes de ahogar un gemido de frustración y darle la espalda a su amigo- Creo que será mejor que ella se duerma con mi má esta noche.

-¿Y dónde se quedará Tiago? -preguntó Clyde.

-Ah, si, eso -continúa Liam-. Dice que no le gusta la paja y los animales de aquí le dan algo de ansiedad. ¿Vienes?

Dudando del ofrecimiento, Clyde se siente obligado a aceptar en consideración a Tiago.

~o~

Las cosas no podían ir de mal en peor.

Por culpa del asalto de Chandler en su casa, la declaración de Jordan y una conversación con su padre, todavía no encuentra claro qué hacer al respecto de todo el asunto.

Para empezar, sus calificaciones en el último mes habían ido en picada. Sus padres achacaron eso, sin pensarlo, a las presiones de tener que soportar una vida tentadora y pecaminosa. Ello no es del todo falso, pero preferían no indagar después de haber armado una escenita digna de telenovela mexicana -y no una de las mejores- en una sesión grupal de su terapeuta.

Luego, el tener que dejar el trato meloso con Lincoln desde esa confrontación con Jordan. Ese beso no le gustó nada, y que ella los quisiera a ambos de verdad se le hace de muy mal gusto. La entendió cuando en una fiesta la sorprendió besándose con una chica algo mayor hace dos años y medio, antes de la graduación de 2019. La entendió cuando le prestó su casa para armar ese reventón en que casi llega a algo con Lincoln en su habitación. Inclusive cuando le contó de su trauma en Navidad cuando viera a su padre salir por la puerta y cortó toda comunicación. Le contó todo cuanto pudo y lo digirió a pesar de haber dado apariencia de haber escuchado en cabalidad.

Por último, Lincoln. El trato para con el chico se volvió algo titubeante, nervioso. Ella misma diría que timorata. De hecho, en clase de Química el chico se enfocó mucho más en clases de lo que había estado enfocado en lo que iba del semestre. Y considerando que su promedio había sido también un desastre desde enero, eso era anormal a priori.

Luego de terminar con su última clase del día -Ciencias Sociales-, se enfiló hacia el sanitario. Realmente quiere acabar con la porquería de día que ha tenido, y lo primero que desea hacer, nada más llegar a casa, es sacarse las botas de encima, andar algo ligera de ropa y acostarse a descansar. No quiere ni pensar en la idea de Jordan y Lincoln juntos en la cama, mucho menos como pareja o con ella como su… ¿novia?

Enjuagando su cara, vio en el espejo a Mona.

-Pero ¿qué tenemos aquí? -dijo con acritud la repostera.

-¿Por qué no me haces el favor de callarte? -pidió Mollie, cansada.

-No es mi culpa que alguien como Jordan se fije en ti, ¿lo sabes -dijo Mona, un tanto condescendiente- Vamos, no eres fea. Incluso si fuera una muerdealmohadas, me animaría a salir contigo.

-Deja esos chistes a los comediantes.

-Supuse que dirías algo como eso -continuó la chica bajita-. No es como si no supiera cosas que deberían de interesarte.

-¿Qué no sabes leer entre líneas, Cookie? -cuestionó Mollie- Lee mis labios. No me interesa lo que digas.

-Y yo que pensaba decirte por quién se banea Dombrowski o la clase de persona que preferiste desde el sexto grado. ¿O crees que Jordan es la amiga ideal?

-¿Por qué no te vas a acostar con el mequetrefe de Spokes? -insinuó Mollie, deja do los lavamanos y yendo a la salida- Supe que tu papá tiene descuento en esa tienda de trajes porque a alguien le gustan altos y feos.

-Porque puedo decirte un par de cosas de Lincoln Loud.

Parando en seco, Mollie no tiene de otra mas que escuchar lo que su antaño amiga tenía que decirle.

-La última vez que fui a casa de Trent -continuó con algo de insolencia- me hizo bajar por la escalera contra incendios. Sabía que Jordan tiene malos gustos con los chicos, pero ¡oh, por Dios! ¿Lincoln Loud?

-Dime algo que no sepa, Enola Holmes -dijo Mollie, dando la espalda a Mona-. Es muy tarde para arreglar ese bombardeo en sexto.

-Solo quiero que veas el patán que está hecho ese chico -remató Mona, estirando un poco su suéter-. No es mejor que Chandler o Drew. Es más…

En el acto, sacó su teléfono y fue directo a la galería, justo a las fotos que había tomado aquella noche.

-… es mucho peor de lo que creerías en tu vida -concluyó Mona.

Sin decir palabra alguna, Mollie vio lo que no quería creer. Cada postura, cada gesto que se notaba en ambas caras, eran gozosas, genuinas. Cada vez que miraba cómo Jordan cabalga sobre la pelvis de Lincoln o cómo este la embestía sobre su cama, hacían hervir su sangre como jamás en su vida lo hizo.

Dejó el sanitario, no sin antes lanzarle a Mona su teléfono a la cara. En lo que a ella toca, le dará las gracias por abrirle los ojos de la clase de patán que era ese chico, quitarle toda emoción positiva por él y abrir la temporada de caza para conejos.

.

La última clase del día había sido por demás estresante. Dado que DiMartino tiene algunas consideraciones por los lesionados y su incapacidad está en las últimas, Lincoln la pasó de forma bastante llevadera. No así en las clases previas, y en especial con Bolhofner. El docente, aprendió por la mala, resultó ser alguien bastante duro y solo permite ir al servicio médico si la herida es de gravedad o si el afectado está muriéndose.

Dado que decidió por su cuenta renunciar al equipo de lucha, optó por aprovechar su recuperado tiempo libre e ir al estadio a recrear su pupila mientras intenta capturar en unas hojas los movimientos de algunas de las jugadoras de soccer. Todas esas patadas, pases, saltos y giros elásticos, aunado a lo que viera del cuaderno de Jordan en clase renovaron su afición por el dibujo.

Prestó especial atención a tres jugadoras. Margo -quien, desde la salida de Lynn, se volvió la capitana pese a su promedio-, Paula Price -una chica que Liam le presentó al ser compañeros del club Glee en la secundaria, recién salida de una lesión que solía ser recurrente- y Hannah Martins -aquella chica morena de luces rosas en su cabello negro-. Para muchos, no son precisamente las más agraciadas, pero le dan ideas para una pequeña historia.

Desde que tuvo esa charla con Lily sobre no dar ayuda a menos que se la pidan antes de entregarla junto con Lisa, cayó en cuenta que la madre de Jordan no está precisamente en mejor situación. Ya antes de clases, Jordan le explicó que las cosas para el bebé eran un gesto sincero para no dejarlos tan a la deriva, y le planteó lo que podría pasar si, de la noche a la mañana, él fuese chica y estuviera en su misma situación. Esperaba, en cuanto tuviera la oportunidad, hablar con ella y hacerle ver que no tiene que hacer aquello

-¡ERES UN MALDITO CRETINO, LINCOLN LOUD!

Concentrado como pocas veces, se enfocó un poco más en Hannah en cuanto prendió en el aire el balón con una volea cuando sintió primero un tirón y luego un puñetazo de la nada que lo mandó al fondo de la grada.

Llevándose la mano a la mandíbula y desconcertado, Lincoln tardó en reponerse cuando sintió una bota sobre su pecho y miró, con sorpresa, a la dueña de esta antes de semejante pisotón.

-¿Por qué demonios te crees un Don Juan para meterte a mi casa y luego a acostarte con la primera ramera que ves, Loud? ¿Eh? -preguntó furibunda Mollie, aumentando más todavía su presión.

-¿A…? ¿A qué t-te…! -intentó hablar Lincoln, asfixiado.

-¡Cierra esa boca, puerco! -ordenó Mollie- ¡Chandler me lo dijo el otro día! ¡Mona me lo acaba de confirmar!

Asfixiado, Lincoln siente que la vida se le escapa. No presta atención a los testigos, ni a la sensación de frío que el deshielo está provocando en su espalda. Ni siquiera al dolor de sus costillas. Toda su atención ahora está volcada en la bota que ejerce presión sobre su cuello y en la dueña de esta.

-Te revolcaste con una puta -continuó agresiva Mollie-. ¿Jordan? ¿En serio? -asestó una patada- ¿Por… -otra patada-… qué… -,una más-… tenías que ser… un cabrón… malnacido? ¡¿Por qué te tiraste a mi mejor amiga?! -asesta una nueva patada, esta vez a la entrepierna- ¡¿POR QUÉ?!

Entre arcadas por el dolor, Lincoln se quedó sin aire. Siente que le rompieron de nuevo las costillas, teniendo ya el sabor de su propia sangre en su boca y ganas de vomitar. Hasta donde sabe, nadie tenía una remota idea de lo de Jordan, excepto por Lori, Lynn, Lucy, Lisa y Lily, tal vez Clyde, pero nadie de ellos sería capaz de algo así. Quizás Lola, pero ella hace mucho que aprendió a controlar su lengua.

-¡Puse de mi parte para que lo nuestro funcionara! -lamentó Mollie- Hice cuanto pude para gustarte, ¡te amé! ¿Y cómo me correspondes? ¡Revolcándote con la primera zorra con la que te encuentras!

-M… Mollie -alcanzó a balbucear el peliblanco.

-Por mi, puedes quedarte con esa cualquiera, ¡no me importa! -sentenció Mollie, furiosamente resentida, antes de darle un último pisotón, esta vez sobre la mano derecha.

Avanzando gradas arriba, Mollie conoció al fin esa amargura de la que sus padres -desconoce- la estaban protegiendo. En cuanto alcanzó la salida, echó una última mirada al despojo que era Lincoln.

Debió tener sus razones. En un principio, culpó a sus padres, pero ahora el asunto es demasiado para que pueda procesarlo. No le interesa si tiene razones para haberlo hecho. Lo hizo, y lo peor es que le dedicó no pocos pensamientos, incluso de los más sucios. Sea quien sea, lo hizo, y es imposible que se lo perdone.

"Pobre de la idiota que quiera salir con… con esa basura", pensó antes de dejar atrás el sitio.

Lincoln no era el único chico en las gradas. En concreto, Chandler estaba mucho más pendiente de ver a las porristas antes de mirar a otro lado, y Artie, que había visto todo el espectáculo que Mollie le brindó sin quererlo desde el campo. El castaño, en concrero, había contemplado pros y contras de ello.

Dejando un poco eso de lado, Artie bajó primero a donde se quedaron las cosas y los bocetos de Lincoln y luego a donde este estaba recostado. Aturdido por la sorpresiva y violenta irrupción.

-¿Te sientes bien, viejo? -preguntó.

-De maravilla -ironizó Lincoln, levantándose un poco-, jamás me sentí… ¡peor! -añadió con un crujido por dentro de su tórax

-Déjame… ayudarte con eso -señaló Artie, ayudando a Lincoln a levantarse.

-Gracias, viejo.

-¿Por qué rayos Mollie te atacó?

-No sé por qué… lo hizo -jadeó el peliblanco, escupiendo sangre-. Po… ¿podemos ha-hablar… después?

Mientras Artie lo llevaba a la enfermería, Chandler no podía sino regodearse. A pesar de no tener que sacarle a nadie el almuerzo esta mañana, no lo necesitó. Con haber visto algo así, valió la pena para él haber faltado a clases todo el día.

~o~

Haber encarado a Lincoln por lo patán que se había comportado con Mollie fue una pésima idea. No solo lo encontró sedado y diciendo incoherencias, sino que incluso a la semana este se tomó la molestia de explicarle por qué las cosas entre ambos acabaron tan mal.

De esa conversación ya pasó una semana, y aunque su hermano se lo tomó con calma, lo cierto es que, desde esa tarde en Reininger's no la ha vuelto a ver. Todo lo que supo por Artie es que ahora lleva escuela en casa, hubo pleito entre la madre de la tal Jordan y los Nordberg y ahora su hermano está en una posición delicada.

Esta vez, sus padres fueron contundentes. Si o si Lincoln tendría que pasar su convalecencia en casa, y el que Lily tuviera un trato frío para con él ya era un avance. A cambio, Lori podía ir y venir a su antojo, aunque lo cierto es que lo hacía mientras no estuviera en casa.

No obstante, las visitas del resto de sus hermanas no se hicieron esperar. Salvo por Lynn, ocupada por escuela y entrenamientos en fuerzas básicas, cada una pasaba algo de tiempo con él, y ello la tuvo bajo reservas.

De hecho, el viernes que llegó Luan quiso ponerlo a consideración de alguien externo. Dado que la familia ya tiene una idea de cómo es Jordan -con posturas cada vez más evidentes salvo por Lucy, que no le guarda ningún aprecio-, necesita de alguien más o menos ajeno. Un alguien que le llegó de forma imprevista mientras se tomaba un baño.

-¡¿Ya quieren salir?! -escucha la voz de Maggie tras la puerta- ¡Juro que es la última vez que Luan deja que compre algo camino para acá!

Maggie… esa chica jamás le agradó. Toda esa vibra que le dio del tiempo que estuvo en cuarentena con Luan después del funeral del abuelo era demasiado, dicho en sus palabras, pesada como mezclilla en un día de lluvia muy densa, algo imposible de vestir sin perder el decoro. Demasiado cerebral para cosas de la mente, muy fría con todo mundo menos con su hermana. No es precisamente amable con Lincoln, pero ella al menos le diría cómo tratar con él.

-¡Está abierto! -respondió Leni, convencida de su idea.

Viendo detrás de la cortina, nota que Maggie lleva una blusa índigo un tanto escotada con el cuello en V, un pantalón de terlenka violeta y una pañoleta negra, todo a juego como si estuvieran de gira primaveral.

Evitando mirar a toda costa mientras la novia de Luan hacía sus cosas, Leni se dedicó más a masajear sus pies bajo el agua. La sensación, aunque calmante, no deja mucho espacio a las posibilidades de que pensaran que estaba haciendo algo mal.

-Oye… -dijo Leni, llamando la atención de la chica.

-¿Qué quieres? -preguntó Maggie, un poco desdeñosa.

-¿Puedo preguntar algo? -pidió la rubia.

-Lo acabas de hacer sin pedirlo -negó la pálida invitada.

-Digamos que una chica quiere salir con…

-Mira, Leni, ¿cierto? -respondió cortante Maggie, poco ansiosa por escuchar a su futura cuñada- Luan me dijo lo que pasó entre esa chica y el tarado, y la verdad no es algo en lo que deba meterse nadie. ¿Recuerdas esa estúpida pelea que tuviste con Lori?

-¿Cuál de todas?

-Fairway.

-Uy...

-Luan me dijo que tú misma lo dijiste -sentenció Maggie, contundente-. Intentaste disculparte, le importó un carajo. ¿Por qué no te entra eso en la cabeza?

-Bueno, yo

-Si una persona es una mierda aunque la necesites, ¿para qué molestarse? -dijo Maggie, retadora- Si has sido siempre una buenita que prefiere ceder el paso en una calle ajetreada, nunca verás cómo la gente se aprovecha de ti. Se lo dije a tu hermano y te está pasando a ti.

Sin cuidado, Maggie tiró de la cadena. Ello le pudo pasar desapercibido, y lo pasó a pesar del aullido de Leni por el brusco cambio en la temperatura del agua que cae.

-Recuerda eso -concluyó Maggie, dejando a Leni sola y con un posible resfrío.

"Nota mental", decidió Leni. "Si me toca en el intercambio de Navidad, debo darle algo más alegre".

~o~

La tarde había pasado entre un infructuoso y definitivo intento de explicarle a Mollie lo que pasó realmente y su trabajo a medio tiempo en la cafetería. Bien podría agradecerle a Lori por las alpargatas, pero esta sencillamente lo tomó como una especie de disculpa por todos los inconvenientes que estaba provocando.

Era un hecho que los fines de semana los pasa con Lincoln, pero dado su estado a causa de su ahora solo conocida lo pasó en casa. Al menos agradece que los cambios de humor ya están remitiendo, pero nuevos síntomas ya están empezando a hacer aparición. Algunos más molestos que otros, pero bien podría sobrellevarlo. No le importa el sangrado de las encías, pero los dolores en la cabeza y corporales, esos los ve con ganas de querer tomar algún analgésico.

Por simple curiosidad, palpa su cuerpo. A pesar de que sigue sin notar que su vientre crezca, siente que sus senos están un poco apretados bajo el top.

Quitándose un poco de penas, decidió levantarse y husmear en la cocina. Siente antojo de algo fibroso, graso, tal vez un poco salado.

Tal fisgoneo tiene éxito. Percibiendo el aroma de una ensalada de atún, por un segundo lo percibe con asco, pero en cosa de minutos el contenedor con el nombre de Lori ya estaba vacío sobre el contenedor. No le gusta especialmente el sabor del atún, pero con el antojo que le surgió, era de suponerse que alguien adentro lo recibiría con gusto.

-Justo como Lynn -oyó la silbante voz de Lucy-. Depredando las sobras cuando cree que nadie la ve.

-No me gusta el atún -confesó Jordan.

-¿Y aún así terminaste una libra de ensalada de atún? -cuestionó retórica la gótica- Eso… merece un premio.

-Será mejor que vayas al punto.

-Es gracioso que lo pidas -dijo riendo Lucy, aunque esa risa es de aquellas que erizarían el cabello de cualquier persona-. Sabes que no me agradas… que me agradas mucho menos que Mollie.

-¿Y?

-Dejemos de lado esa historia de mierda sobre tu familia, porque aquí están mis hermanos mayores -arrastra Lucy con un seseo cada vez más intimidante-. Le quitaste a Lincoln la oportunidad de ser feliz con alguien de su elección, nos quitaste a un hermano, me quitaste a una de las dos personas que más quiero en mi vida.

Palideciendo, Jordan solo se queda pasmada mientras que Lucy se acerca con un taconeo no menos aterrador, mucho más propio del cine japonés que de cualquier otra situación aterradora en que se viera envuelta.

-Un error -continuó Lucy-, dame una sola razón para que Lincoln se sienta desgraciado, y no tendrás que preocuparte de tu futuro -Jordan negó con la cabeza, aterrada-. Porque me aseguraré de que tu futuro termine en el mismo segundo en que cometas ese error.

Tragando saliva, Jordan solo se quedó allí, escuchando cómo Lucy se retiraba a dormir.

La comprende demasiado bien. Por Lincoln, que se enteró por sus hermanas hasta el día en que Mollie, Penelope y Liam lo arrastraron hasta el primer hogar del chico, supo que tuvieron un tiempo en la primaria bastante agitado, pero lo tocante a Lucy fue especialmente desolador. Olvidos, que descubrieran su gusto por La Princesa Pony gracias a un chiste de Luan o situaciones que le afectaron sin tener demasiado apoyo cercano, todo ello la volvió desconfiada con las potenciales parejas de sus hermanas desde Leni a Lynn. Maggie se había ganado su confianza por afinidad, pero ella…

Es notable por qué ese desprecio. Popular, sociable, todo un rayo de luz que rompió lo gozoso de su oscuridad personal.

No se dio cuenta de cuando Lincoln llegó.

-¿Te sientes bien? -preguntó este.

Afectada por las palabras de Lucy, Jordan solo se encerró en el pecho de Lincoln. Hablará de ello por la mañana, vigilando a aquella chica pálida que, a la luz de los hechos, será la tía de su hijo nonato.

Dentro de la habitación, Lucy está tranquila. Por muy cruel que suene, para ella una hermana que necesita a su hermano pesa más que una cualquiera que se presente como su novia. Tal vez fue lejos con esa amenaza, pero la flecha no pudo haber dado más en el blanco que esto.

Pensando en eso, se coloca los audífonos para escuchar algo de música antes de entregarse a un sueño más que tranquilo.

~o~

Diciembre 21 de 2021

Solsticio de invierno

Apenas el fin de semana pasado (al cierre de esta nota, escrita el 14 de diciembre) se reportó la primera defunción por la variante omicron en Inglaterra. Si hay algo que la virología moderna nos ha enseñado es que todo virus tiene dos rutas. Hacerse prácticamente invulnerable (caso del VIH y el VPH) o debilitarse a la fuerza de un simple catarro. Y nuestro pequeño bastardo viral está tomando ambos caminos a la vez.

Para muchos, lo sé. Es difícil asimilar que vieron o veremos un segundo cumpleaños en pandemia. Ok, muchos se la pasaron por donde jamás llega el sol, celebraron y pagaron el precio. Y es muy seguro que tendremos un tercer año complicado. Ya muchos de los encabezados en diarios y sitios especializados apuntan a que los aguinaldos o las gratificaciones de fin de año solo ayudarán a pagar una deuda, y muy fuerte, a quienes ya pasaron con al menos un paciente con covid en casa. Ya de por sí el oxígeno es muy caro, y entre hospitalización, medicación, terapia si hay recuperación, arreglos si hay pérdidas que lamentar...

Todo apunta a que esta no será una blanca Navidad.

J0nas Nagera, es un hecho. La trama de Mollie ya tocará fin. Lo que puedo asegurar es que se irá bastante agridulce a partir de este punto. ¿Chandler, una plasta? Solo te recuerdo que siempre hay uno más grande. Taylor es prueba de ello, y el que ya estemos en la recta final solo augura que puede o no darse lo que temes.

Felices fiestas

les desea

Sam the Stormbringer