Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Cincuenta y dos
Resulta que cantar no es uno de mis talentos. ¿Alguien sorprendido? Yo no.
Apuesto a que Weber está en algún lugar carcajeándose de mí ahora mismo.
No ayuda que Isabella me tenga parado aquí cantando el maldito himno nacional del acosador.
Puedo verla; a pesar de que las luces del escenario bloquean a la mayoría de la multitud, ella está al frente, a un lado, con Vick aferrada a su brazo como una niña pequeña emocionada. Isabella tiene su puño cerrado y presionado contra su boca, sus ojos brillan con alegría pura y sin adulterar.
―Oh, no puedes ver ―intento, y fallo, canturrear―, tú me perteneces.
Sí, así es, ¿oíste eso? Eres mía. Y elegiste la canción, así que ni siquiera puedes quejarte.
―Me duele mi pobre corazón ―continúo.
No estoy cantando bien, pero tampoco me están abucheando todavía, así que mi confianza se está levantando. Disfruto haciéndola feliz, incluso si sueno como un fumador de setenta años en su lecho de muerte.
―Con cada paso que das ―trato de alcanzar la nota alta, pero mi voz se quiebra estupendamente.
Mierda, hablé demasiado pronto.
Que empiecen los abucheos.
Mierda.
Alguien traiga un bastón y sáqueme de este maldito escenario.
Estuve vigilando a Isabella, pero cuando comenzaron los abucheos, la perdí de vista mientras escaneaba frenéticamente la habitación. Cuando vuelvo a mirar en su dirección, se ha ido.
¿Para qué diablos estoy haciendo esto si ella ni siquiera lo va a escuchar?
Pero luego, un destello de rojo, blanco y marrón brillante capta mi visión por el rabillo del ojo, y la encuentro de nuevo, como un faro, mi gracia salvadora.
Está subiendo los escalones del escenario, deslizando la correa de su guitarra sobre su cabeza y trayendo un taburete con ella. La audiencia se calma como si fuera el bálsamo aplicado a un músculo adolorido y… sí, jodidamente lo entiendo.
Es jodidamente hermosa mientras me rescata y me entrega un tamborín, jalando mi cabeza hacia abajo por el cuello. Por un segundo, creo que podría besarme.
Una ilusión.
En cambio, me susurra al oído de nuevo, pero eso también es genial.
―¿Puedes mantener el ritmo? ―Dos de sus dedos tocan mi hombro para demostrar lo que quiere decir, y yo asiento, copiando su ritmo en el instrumento sobre mi pierna.
En estos momentos a su lado, me siento más como una estrella de rock de lo que nunca tuve la oportunidad de sentirme solo. Aunque supiera cantar.
Estoy parado tan cerca mientras ella se adueña del lugar. Es dueña de este escenario, y yo no tengo ni una puta oportunidad.
