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Vínculos
XX
Reconexiones y rupturas definitivas
Great Lakes City, Illinois
26 de marzo de 2022
3:43 pm
El Mercado Casagrande
La aprobación de la vacunación a menores de doce, así como del refuerzo a menores de dieciocho, trajo consigo un inusitado optimismo que aspiraba a una definitiva vuelta a la normalidad antes de la pandemia. El único problema lo conformaba mucha gente se niega a acudir por temor a que los niños padezcan los efectos secundarios, tal y como la fiebre y el cuerpo mermado, además de la gente que sigue creyendo en la conspiración de los micro y nanochips implantados con cada inoculación.
Una vez recuperado, Lincoln tuvo suerte de poder ir a Great Lakes City por unas horas antes de poder regresar con Lori. Las cosas entre Ronnie Anne y su padre, supo por Sid y Bobby se lo confirmó, se recrudecieron, y apenas había ido a verla, la latina lo recibió en el peor estado que le era posible.
Por añadidura, el abuelo materno de los Casagrande, un enorme doble de riesgo llamado Danny, se había ido a quedar. El motivo de su prolongada visita fue que Frida por fin se había quebrado por el encierro y quiso saltar por la ventana. El psiquiatra al que vieron la declaró mentalmente inestable y pidieron para ella un ambiente tan tranquilo como fuera necesario. Lo que se traducía incluso a requerir un poco de apoyo externo, calmantes y un poco de apoyo parental.
-¿Podrías pasarme la etiquetadora? -pidió Ronnie Anne, una vez que se calmó tras el mostrador, antes de preguntar sin tacto-. ¿Cómo es que se te ocurrió hacerte padre?
-Se lo dijeron a Lori, fue idea de Jordan -respondió Lincoln-, aunque no era el resultado que ella no esperaba. Es algo confuso.
-Claro -ironizó la latina-. Como si acostarse con alguien después de un día de trabajo funcionara alguna vez.
-No lo resuelve, pero Lori dice que eso le ayudaba de vez en cuando -añadió el peliblanco-. ¿Recuerdas aquellas vacaciones que tú y Bobby se quedaron con nosotros y se pelearon por la cena?
-Ni me lo recuerdes -expresó Ronnie Anne con algo de desagrado.
-Sigo sin entender por qué Lori quería ir a Londres si Toronto estaba bien. No es como si la Feria Anual de las Alitas de Buffalo no se moviera de lugar.
-Sabes lo que Bobby piensa de comer pollo. Sergio lo dejó traumatizado cuando se comió un pollo entero.
-Solo supe que, después de una fuerte discusión, creíste que estaban peleando y quisiste separarlos.
-¡Te dije que no me recordaras eso! -protestó Ronnie Anne.
-No puedes negar eso -dijo Lincoln-. A la mañana siguiente tuve que ver dos horas completas del documental de 12 Is Midnight para sacarme esa imagen.
-Creí que Lori no le daba importancia a cambiarse delante de ti.
-No cuando hay visitas -suspiró un poco melancólico el peliblanco, antes de cambiar el tema-. ¿Cómo va todo con Laird?
-Terminamos -respondió Ronnie Anne con un semblante tranquilo.
-Perdón por preguntar -dijo disculpándose Lincoln.
-Fue cosa de su familia, ya sabes. La típica novela mexicana noventera de la chica pobre que es vista por la familia del chico como una arribista -continuó la latina-. Solo que la mía acabó con que a Laird lo enviaron a Suiza y le dieron otro número. El anterior lo adquirió un anticuario gay de la calle 250.
-No damos una en esos temas -dijo Lincoln con tranquilidad pese a su ánimo.
-A mi me botan por otros, a ti te tocará cambiar pañales.
-¿Sabes qué es lo más triste? -preguntó Lincoln- Que tengo práctica para cuando me toque un paquete de verdad asqueroso.
-Ni hablar. No puedo discutir eso -admitió Ronnie Anne, recordando que Lincoln tuvo que cambiar a ratos los pañales de algunas de sus hermanas menores y de un primo de su primera exnovia-. Las visitas de papá son demasiado incómodas, y como Bobby se las arregla para escaparse. ¿adivina a quién le toca ese paquete?
-Necesitas vacaciones -razona Lincoln.
-¿Crees aceptarme en las de primavera? -pidió la latina.
-Lo dudo -respondió Lincoln-. Hay demasiada tensión cada que Jordan y Lucy se encuentran como para meter más leña al fuego.
-El plan de mi papá es llevarme con… iugh… Gina… -detalla Ronnie Anne con desagrado-… a Perú. ¿No puede entender que no quiero nada que me recuerde al viejo él?
-No tienes que ser tan dura con él -sermones Lincoln.
-Eso fue bajo para él, Linc -susurra rabiosa la latina-. De todas las cosas que pudo haber hecho, ¡un bebé fue lo peor!
Sin el menor cuidado, Ronnie Anne fue tomando una lata de maní hervido de una repisa tras ella y la arrojó contra la puerta, rompiendo el cristal en el acto.
Lincoln no evitó sentirse mal por ella. Recordó los primeros días de las gemelas en casa, y con Lucy sintiéndose más abandonada todavía de lo que su infantil mente todavía le daba a entender, por un segundo se sintió desplazado. Todo cuanto se le ocurrió fue tomar a su hermana menor, hacer algunas cuantas travesuras y culpar de ellas a la primera incauta que se le presentara, normalmente Leni, Luna o Luan. De no ser porque Lynn le explicó lo pesado que era ser hermano mayor de forma que él pudiera entender, muy diferentes habrían sido las cosas.
Dudando de decir o que estaba planeando, Lincoln simplemente tomó aire y se relaja un poco.
-No eres la primera persona que es un sándwich en la familia -dijo este.
-¿Te crees que tengo los mejores referentes? -cuestionó Ronnie Anne- Tú saliste por una rabieta. CJ no es precisamente el más dotado, y entre menos hable de Carl, estaré mejor.
-¿Y por qué mejor no puedes acostumbrarte a la idea?
-Te lo diré en corto para que lo entiendas, Lincoln -remata molesta Ronnie Anne-. Eres un maldito idiota afortunado. Tus papás jamás se han divorciado, no se han peleado y tienen casi una docena de razones para hacerlo. En especial tener un hijo que prácticamente les resolvió la maldita vida… te envidio por eso, Lincoln… aguantaste todo y de todo, pero por… por un acceso de infantilismo… mandaste todo a la basura.
-¿Al menos quieres…?
-Lo tiraste todo a la basura por amigos, ¿y así te paga la vida por haberlo hecho? ¡Por lo menos habrías buscado la manera de hacerte tiempo para ellos! En cambio, ¿qué me tocó? Un hermano medio idiota que aún así amo y… mi mamá… -añadió apretando los puños con impotencia-… con él ya no puedo contar porque… porque cambió a sus hijos, ¡a mi! Nos cambió por una puta y su… ¡su bastardo!
Soportando paciente semejante discurso, lo digiere con demasiada rapidez. Ella misma está volcando su frustración en él, su antigua presa como abusadora. A pesar de tener una familia que siempre le tendió la mano (así sea alguien tan ingrato como Carl o pesada como Carlota), al fin se muestra frágil.
Atendiendo un poco a lo vulnerable que percibe a Ronnie Anne, cierra el local y le abre sus brazos para abrazarla y permitirle desahogarse.
-Eres un grandísimo imbécil -sollozó Ronnie Anne minutos después, cansada y con el cansancio dominando su cuerpo.
-Lo sé -consuela el chico, palmeando su espalda mientras toma una botella de soda de uva sin gas que estaba a medias sobre el mostrador-. ¿Por qué crees que ya no pienso dejar a nadie atrás?
En silencio, ambos amigos comparten un peso que agota a la chica. Peso que, al menos por el resto del día mientras hubo luz solar, se aligeró un poco en el pecho de Ronnie Anne.
Para cuando la noche deja caer su manto, Lincoln estaba manejando el auto de Lori sobre la estatal 94, con algo de mole que la señora Rosa le puso "para que llegue a cenar". A pesar de tener el permiso de conducir tiene que cuidar las formas, por lo que un viaje de tres horas lo convirtió en uno de cinco. Más que nada para evitar ser presa de la policía de caminos.
Poco antes de llegar a la bifurcación de la local 14, sopesa una vez más lo pasado y llegó a conclusiones poco menos que abrumadoras. En resumidas cuentas, Mollie pasó de desearlo a desearle que se pudra por acciones involuntarias; Chandler lo sigue tratando peor que mierda, aunque el pelirrojo se quedó sin amigos; los suyos, los pocos que le quedan, le son cada vez más extraños; sus hermanas lo están aceptando de nuevo con un gran avance de Lily y, cosa más importante, aceptó un compromiso que se derivó de las acciones involuntarias propias y con Jordan.
Por ello, se decidió a hacer algo que no pensaba hacer en un principio en cuanto llegase al departamento si es que encuentra a Jordan en cama.
Le extraña encontrar, una vez llega, las luces por completo apagadas. Hasta donde sabe, Lori no llega tarde los sábados, y lo más probable es que Lucy esté encerrada en el cuarto de visitas viendo una película por su parte. Con suerte, Jordan estaría dormida, aunque el escuchar pasos lo orilla a ir a la cocina.
-¿Te sientes bien? -preguntó a la figura que apenas y distingue en la casi total oscuridad.
La reacción de la figura no fue otra sino ir directo hacia él y estrecharse contra su pecho. Reconocería ese olor a galletas donde fuera, aunque también percibe notas de ensalada de atún y un aliento un poco agrio.
-¿Tú que crees? -lamentó Jordan- Estoy con Lu… Lucy.
-¿Vino con alguien? -preguntó Lincoln.
-V-vino sola -contestó Jordan en voz baja.
-¿Te dijo algo?
-No quiero hablar de eso ahora.
Fracasar era una opción desagradable. Lynn lo habría hecho polvo si admitía un fracaso sin haber plantado cara en forma directa. Recordando la charla con Ronnie Anne en la tarde, decidió tomar el asunto de Lucy en serio una vez que Jordan le dijera qué pasó para haberle encontrado desolada.
~o~
Las cosas no podrían haber salido mejor para ella esta semana.
Haber dejado los cursos a distancia por su homologación y transferencia a Fairway le dejó con bastante trabajo pendiente desde hace más de un mes, y el haber dado un pequeño paseo por la universidad que antes poblaba sus sueños el día anterior le hizo darse cuenta de que esa puerta, en realidad, solo estuvo abierta mientras Leni no metió las manos.
Así mismo, las sesiones compartidas con el doctor Schiller le dejaron ver una cosa o dos, empezando que esa sensación de poder sobre sus hermanos era algo más bien tóxico en su relación de familia. Está claro que había otras formas de ganarse su respeto, mas al ser tantos y de varias edades y aficiones no tenía muchas opciones hasta que pudiera salir de casa.
En ese sentido, está más que agradecida con Lincoln. Por él y su desplante, pasó de ser dura con diez a tener el respeto -por otras vías- de uno solo. Solo era cosa de ser accesible y marcar límites lo bastante claro como para tener una comunicación fluida… al menos, lo que permitiera un dormitorio estudiantil.
Se alegró de que Jordan no preparase el desayuno, aunque a decir verdad Lucy tampoco hizo un buen trabajo. Para empeorar el ambiente, Lincoln no dejaba de ver a su hermana menor con reservas, y Jordan de plano evitaba estar más de dos segundos en el mismo cuarto que la gótica. Ello, no obstante, no le hizo perder el buen ánimo con que saliera del departamento esta mañana. Menos todavía porque su hermano le dio noticias de Bobby. Hasta donde supo, a él le compraron una especie de "jaula" que solo se puede quitar por las noches para que se mantenga ocupado en otras cosas.
No usó su auto. Por mucho que Lydia sea su orgullo, decidió que ya era hora de ceder un poco el control. Años de no estar tras el volante gracias a la legislación vehicular canadiense y un constante uso en que solo cedió el control un par de veces bajo su supervisión la hicieron pensar que Lincoln ya está en la misma posición que ella en el primer instante que sus padres le dieron la llave de Vanzilla, y hasta ahora él no lo ha hecho tan mal como ella en su primera vez con Vanzilla
Viendo por la ventana del autobús el viejo vecindario, observa con atención los cambios que este ha tenido desde que puso pie en Navidad. Por alguna razón, algunos vecinos talaron los árboles que tenían a la entrada o los podaron, y de ver que los Yates están realizando su habitual voluntariado la hizo sentirse un poco mal por ellos. Luan le habló de cómo estos ya no estaban tan bien como cuando llegaron en la primavera de 2017, pero al menos siguen con su rutina casi como si nada aún siendo solo los padres y los dos chicos.
Parándose un poco enfrente de su primer hogar, solo se sentó en la defensa trasera de Vanzilla. Tuvo que sentarse a escuchar las risas y voces que de allí salían. No espera que Lucy regrese temprano, y es mejor así. Por ella, puede pasar con Lincoln todo el día, siempre y cuando Jordan esté lejos de ella un tiempo. En cuanto a Leni, tiene presente que trabaja los domingos, y ello le es algo relajante.
Estando perdida con sus ideas, ignora que va subiendo gente a Vanzilla. Hasta el momento que el escape dio un estampido y la tracción se sintió libre de frenos, fue que Lori se hizo a un lado.
-¿Lori? -preguntó asombrado Lynn sr- ¿Qué hacías sentada sobre mi bebé?
-¡Nos olvidamos de Lily! -dijo Lola, creyendo que su hermana menor no estaba.
-Lisa me mandó al fondo -bostezó Lily.
-Porque, después de Lucy, casi nadie la nota -acusó Lisa.
-¿Y qué esperaban? -reprochó Lana- Algo tenía que tomar de Lucy. Era eso o esas cosas del maquillaje.
-¡Iugh! -dijo asqueada Lola, empezando una discusión sin pensarlo- ¡No quisiera imaginarla como si fuera una fan de esas japonesas metaleras!
-¿Cuáles? -preguntó Lana, un tanto ignorante.
-Esas actúan como si supieran algo más que mover sus pequeños posteriores como si supieran exactamente lo que hacen -secundó Lisa.
-¿Y qué esperan de gente glamorosa si no se comporta a la altura? -rezongó Lola- No pueden ir "cantando" sobre zorras o…
-¡Lola! ¡Ese lenguaje! -interrumpe Lynn sr, poniendo punto final a la discusión- El resto, compórtense bien o su mesada no llegará.
Enfurruñadas, las niñas solo se volvieron a sentar en silencio, en lo que su padre sube a la vetusta cafetera que es el auto familiar.
¿Tienes algo, Lori Lou? -preguntó preocupado Lynn, cambiando en automático el tono de su voz.
-Nada, solo esperaba que me llevaras al trabajo si no es mucho problema -pidió Lori como respuesta.
-Oh, lo siento cariño -lamentó Lynn-. Iba a aprovechar mi día libre para llevar a vacunar a tus hermanas. Como casi nadie a este lado de la ciudad lleva a los niños, están pagando para que lo hagamos. Le acabo de pedir a Lincoln que lleve a Lucy.
-Entiendo -dijo cabizbaja Lori.
-Vamos, ¡no te desanimes! Kotaro y Grant se las pueden arreglar sin nosotros una o dos horas -dijo resuelto el paterfamilias-. ¿Por qué no entras y hablas con tu madre?
-De hecho quería hablar contigo sobre…
-Si yo fuera tú, me habría evitado cualquier problema y regresaría a casa -dijo cortante Lola, apenas Vanzilla retrocede para salir a la calle.
-Podremos hablar mañana, Lori -dijo Lynn, antes de girar el vehículo y girar como si fuera a la primaria.
Desganada, Lori se resiste a entrar a la casa. No lo hace desde Navidad, y menos porque, cuando le ofrecieron dormir en su vieja habitación, eligió hacerlo en la cochera, aunque Luna se quedó con ella para evitar cualquier inconveniente con Lincoln.
Estaba a punto de irse cuando escuchó los ladridos de un perro que, apenas vio, solo podría calificar de "caballo". Tras él, aquella mujer que refirió el doctor Schiller la última vez (se tomó la molestia de investigarla y supo que era la trabajadora social y consejera estudiantil de la preparatoria) estaba sudorosa. Aquella blusa blanca lucía sobre el hombro derecho un estampado floral, aunque ese pantalón de cuero sintético, decidió Lori, no era el más adecuado para hacer deporte o algo más.
"No seas tan insensible", pensó con reproche. "Lo intentamos con papá y él prefiere evitar el tema. Mamá es más directa, pero está mucho más preocupada por todo el problema de Lincoln… ¿o crees que sería igual si fuéramos diez chicos y una chica?"
En cuanto le dio la vuelta a esa idea, rió de lo estúpido que suena. Se imagina a sí misma como un patán desvergonzado que se enorgullece de ser un cerdo flatulento, novio devoto y celoso de su hermana… sea como sea que Lincoln se viera como una chica, si en ese momento no estuviera embarazado.
De imaginar aquello, la risa se borró de su mente y de su cara. Si aquello fuera así, habría arreglado a golpes todos sus problemas con Leni y se habría encargado de darle a Jordan uno o dos "consejos de paternidad" por embarazar a su hermano… hermana… o lo que sea que fuera.
No queriendo ser insensible, entró a casa.
~o~
A pesar de que tuvo que disculparse con Jordan sobre llevarla temprano a casa, Lincoln no se arrepiente de su plan inicial. Así, después de vacunarla, llevó a Lucy al mercado de pulgas del Centro de Convenciones -a falta de otros eventos más masivos-, al estanque Arbustos Cortos y al cementerio.
No es que el dinero no fuera problema, ya que Lincoln procuró no tomar demasiado del "bolso de la cigüeña" -es decir, sus ahorros para el bebé- y Lucy se contuvo de algunos objetos que eran bastante costosos. El problema es que, por primera vez desde que tiene memoria, el chico notó que su hermana se estaba portando, dicho en palabras lo menos amables que podría dedicarle a alguien como ella, infantil. Y eso les pasó factura.
Estando en la tienda de Flip, el encargado no dejó de echarles un ojo encima. Cuando Lucy se dedicó a servirse un flippee, este disimuladamente se acercó con un trapeador con la excusa de limpiar. Ese hecho habría pasado sin pena ni gloria, de no ser porque ambos escucharon claramente el sonido de un obturador.
En el acto, cuando se escuchó una nueva ronda de obturadores, Lucy volteó y aplastó el teléfono del encargado.
-¡Oye! ¿Qué te pasa? -cuestionó indignado el encargado- ¡Todavía no acabo de pagarlo!
-Me estabas grabando bajo la falda -silbó amenazante Lucy.
-¡Ni siquiera me gustan las niñitas como tú, enana! -dijo el encargado, que Lincoln reconoció como Anderson, el novio de Taylor- ¿Crees que me fijaría en una enana pálida y horrorosa?
-Deja de hablarle así a mi hermana, imbécil -intervino amenazante Lincoln, dejando caer los aromatizantes que estaba comprando.
-No hasta que pague por mi teléfono -insistió Anderson.
-¿Nos disculpas? -pidió Lincoln, notando que el chico se alzaba y le sacaba una cabeza- Tengo que hablar con ella.
-¿Qué acabo de decir? -retó el encargado.
-Nos vamos de aquí -anunció en voz baja, pateando tras él el teléfono de aquél chico
-Pero… -protestó Lucy, esperando entre su flippee y una golpiza de su hermano para el encargado.
Una mirada severa de Lincoln bastó, por primera vez en años, para calmarse. Por precaución, la chica levantó el aparato destrozado y lo guardó en su bolso, botando antes la tarjeta SIM. Los reclamos no se hicieron esperar, pero el ver al viejo Flip salir de la bodega hizo desistir a Anderson de reclamar.
Luego de buscar otra tienda y abastecerse de chatarra, Lucy se sentó para esperar mientras Lincoln hacía una llamada en el parque Ketcham.
-Si, entiendo… -decía este-…, nos vemos mañana en la tarde… si, adiós -colgó-. ¿Está todo bien?
-Después de ese incidente, ¿tú qué crees? -preguntó Lucy, entre irónica y aliviada.
-Es bueno que lo dices, Luce -sonrió nervioso Lincoln-. Oye, necesito preguntarte algo sobre
-¿Sobre por qué prefieres a Jordan y ahora intentas sobornarme? -cuestionó Lucy, nada sorprendida.
-Más bien algo… delicado.
-Entonces no tengo nada que ver -dijo Lucy, minimizando el asunto.
-Me alegra que lo digas -dijo Lincoln, fingiendo sorpresa-. Verás, nadie lanza amenazas de muerte a la ligera, ¿o si?
Atrapada, no tanto. Lucy esperaba que Lincoln intentase acorralarla, y el haber pasado tiempo lejos de su hermano le dio bastante que pensar sobre su relación con él mientras aguantaba los dos primeros años de secundaria entre matones, los noviazgos de Haiku, Boris y Persephone y la partida de Dante a Great Lakes City. Como su sola presencia ya de por sí infundía miedo, un grupito de chicas de otra clase de quinto decidió apuntar todo su arsenal contra ella, y más cuando su líder y una de sus segundonas quedaron emparejadas con ella en clase de Salter, justo antes de la pandemia. Ahora que pudo regresar a clases presenciales, se enteró que a sus acosadoras les pegó duro su convalecencia, y al menos la mitad de estas falleció, una de ellas por contagio complicado por mucormicosis.
En todo ese tiempo, sintió que Lincoln rompió su promesa de cubrirle la espalda. Lejos de recibir algo de apoyo, las pocas veces que podía abrirse en una videollamada Lynn decidía que era más preciso su propio saber, basado más en experiencias personales y agresivas, que el de su hermano, igualmente basado en su propia experiencia pero vista con mayor sensatez y premeditación. Aún más, si Lincoln daba a externar su punto, la atleta sencillamente daba punto final a la charla. No eran frecuentes las videollamadas, debido tanto al escaso tiempo que podían usar la conexión del edificio donde se alojaban como por aquellas groseras interrupciones. Las únicas dos veces que Lynn no lo echó a perder, fue precisamente porque fue en vacaciones y esta se encontraba fuera de casa.
Todo ello se fue al traste cuando se supo del embarazo de Jordan y la paternidad de Lincoln sobre este. La noticia le llegó como una traición de la que él era inocente en el hecho de haber sido seducido, y siendo la futura madre una chica de relativa gran popularidad, las hostilidades que desarrolló contra las plásticas que la acosaban se volvió sobre aquella, y no se contiene de decirlo, "perra sintética".
-Sé muy bien a dónde quieres llegar -dijo Lucy, dejándose caer en el césped.
-Entonces ¿por qué lo hiciste? -cuestionó Lincoln, mirando al cielo- Jordan no te conocía de nada, y el trato que le das es… bueno…
-¿Una mierda como lo que ella es?
-¡No es una mierda! -exclamó Lincoln-. Mira, no sé que problemas tienes con ella, pero no es justo que la trates tan mal.
-Es el trato que merecen las perras sintéticas -reprochó Lucy-. Se creen tan hermosas aunque le mendiguen a los vendedores un helado, sonriendo y enseñando de más cuando hay cosas mucho más importantes que solo pretender ser un montón de falsedad y sangre fría.
-¿Y crees que así actúan todas?
-La gente como Jordan no sabe de lo mal que la gente alrededor suyo lo puede pasar.
-No eres precisamente alguien fácil de convencer, ¿verdad? -jadeó abatido Lincoln.
-No cuando prefieres a una bruja a tu familia -respondió Lucy-. En el sentido más ofensivo.
-Entonces necesito pedirte un favor -pidió Lincoln sin tantas ceremonias-. Solo… no la odies porque me buscó o por cualquier motivo que tengas en mente.
-No puedo ni pienso prometerte nada -respondió Lucy luego de unos segundos.
-No es tan difícil aunque la conozcas -insistió Lincoln-. Ella solo…
-Me será muy difícil tolerar siquiera a alguien que robó ese último rastro de inocencia -insistió Lucy-. Sobre todo si se parece a una cierta persona.
-Bueno, pongámoslo así. No te estoy pidiendo que lo hagas por mi o por ella -dijo el peliblanco, ya al borde de la súplica-. Es mi hijo… o hija. Dices que nadie es inocente ni siquiera por nacer, y además… ¿nunca pensaste qué pasaría si mi hijo es muy cercano a ti?
Contra un argumento así, nadie podría pasar por desprevenido. Sobre todo porque Lincoln tenía razón. De primera mano lo sabe, pues durante el corto tiempo que recuerda del penúltimo embarazo de su madre esta alejaba a Lincoln de sí. Por mucho que el entonces niño se acercara, este apenas y tenía tiempo con ella sin ser repelido. Habían sido días oscuros para él hasta que llegó Lisa una mañana de otoño. Haciendo lo posible, Lincoln inclusive estuvo a poco de arrancarle los bigotes a sus abuelos por esperar a su hermana, mas el mero hecho de verla bastante receptiva con él le sirvió un poco para escarmentar sobre acciones pasadas. Tanto para nada en lo que a él respectaba, pero para ella resultó un periodo en que sus propios andares la llevaron hacia él. Aún siendo compañera de cuarto de Lynn desde los dos años, ese fue su periodo más apegada a Lincoln. Después de ello, con Lily se distanciaron hasta el incidente de "Brony Savvy", se volvieron relativamente un poco más apegados y nada cambiaría hasta la partida de sus dos hermanos mayores a Canadá.
Con esa idea en consideración, se imagina a un pequeño de cabello rubio yendo a visitarla en casa. La idea no era tan descabellada, sobre todo si, en un pequeño revanchismo generacional, podría tener su venganza sobre Jordan procurando ser su tía más cercana. Nada sería su excusa para joder una vida acercándose a lo que más quiere en la vida.
-De nuevo, no te prometo nada -insistió Lucy-. Tal vez nunca esté preparada para ser tía.
Resoplando, Lincoln se resignó a hacerse a la idea de que Lucy sería un hueso muy duro de roer. O peor dicho… el único hueso que un chihuahua no podría roer. Todo ello mientras algo se avecinaba a gran velocidad hacia su hermana sin que ambos se dieran cuenta de ello.
Con algo de prisa, apenas y pudo leer en mensaje que le acaba de llegar. Ya era algo urgente llevar a Lucy a vacunar, y no aceptarían una prórroga para ello, a menos que les envié pruebas de que ya lo hizo.
~o~
Con la llegada de la primavera, la granja Hunnicut llegó a uno de los momentos que más personal precisa, y el que Clyde y Tiago se ofrecieran resultó un alivio menor de lo que Liam esperaba. El granjero esperaba al menos tres o cuatro pares más de manos, pero la realidad es que a Trent el trabajo de granja le da asco por los olores, a Penelope la llevaron de urgencia al hospital por una aparente complicación de una neumonía y Artie sencillamente no pudo convencer a Mollie de ir, muchos menos a sí mismo de dejar la cama. En cuanto a Lincoln, este dijo por teléfono que llevó a Lucy al hospital por una contusión, confirmando con una foto de ambos en la salida tras una estancia algo prolongada.
Un poco asqueado, Clyde se encontraba paleando excrementos del corral de las cabras. Las cosas, de momento, no podían ir peor, pero al menos si ve a Lynn esta podría alabarle el tener callos en las manos. Empero, el escozor en estas no podía ser peor, pues a pesar de no llevar guantes se le formaron unos respetables a causa de no estar muy acostumbrado al trabajo manual pesado sin requerir manicura y pedicura inmediatas.
-Solo asegúrate de no mezclar el estiércol de cerdo con el de burro -advirtió Liam.
-¿Y por qué no tengo que mezclarlos? -rezongó Clyde, agotado mientras clava la pala en la porquería.
-A mis hermanos últimamente les ha dado por lanzármelo a la cara, les quiero devolver el favor y mi má termina por hacerme sacar lo que echaron a perder -respondió el cobrizo.
-Entonces ellos podrían unírsenos.
-Papá siempre dice que lo harán en cuanto me gradue y necesite un par de manos extra… como si Marty Malach no pudiera ayudarme de vez en cuando -añadió Liam con un resoplido.
-¿Marty Ma-que-cuál?
-Por enésima vez, Clyde -gruñó Liam, ya irritado por la creciente cantidad de mosquitos y el tiempo que su amigo le quitaba-, es ese chico del anuario de la primaria que casi nadie conoce. Vive tras el granero y lo único que hace en toda la semana es ir y venir de la ciudad. Nunca entendí cuál fue el arreglo que tiene con mi papá.
Imaginando las posibilidades, por instrucciones de Liam dejó al poco rato la pala y pasó a una pequeña labor que pronto le hizo desear volver al estiércol. Algo que, pese a ser algo tan natural como un arbusto de bayas en el bosque cercano, a Clyde le parecía tan repulsivo como pisar excremento de perro con parásitos estrenando mocasines.
Desde que empezó a trabajar en la granja Hunnicut, nada le parecía más repulsivo que un animal en labor de parto. Liam lo tomaba de forma natural al estar en su ambiente, pero Clyde tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no sentir asco. En cuanto a Tiago, el brasileño decidió de forma totalmente involuntaria que una pila de estiércol de vaca era mejor sitio para estar que en el suelo del granero, sucio de paja, algunos excrementos de pollo y líquido amniótico.
-¡Sólo es cosa de no ser tan brusco! -animó Liam- Es igual que con la camada de Nepurrtiti en el séptimo grado.
-Y todavía me recuerdas eso -gimió Clyde, con el brazo metido hasta el fondo de la vagina de una vaca-. Si tu gato no la hubiera montado
-Es lo mismo -insistió Liam-. Sólo olvida que es más grande… mucho más grande que tu gata. Bessie está algo cansada.
-Ugh… jamás… volveré a comer carne de res -volvió a gemir Clyde mientras metía hasta el hombro dentro del animal.
-Por lo menos no son las hamburguesas de la cafetería de la secundaria -masculló Liam.
-Te… ¡tengo algo! -anunció Clyde, en su límite.
-Si es una pata, busca la otra y jala cuando se expanda el músculo -instruye Liam, al tiempo que la vaca empieza con las contracciones de nuevo-. Ve con los espasmos.
-Y me lo dices ahora… -maldijo Clyde al tirar cuando Bessie empezó a contraer.
La siguiente media hora estaba batallando por ayudar a aquella vaca lechera a alumbrar un ternero. Lo hizo con tan mala suerte que, apenas y el ternero asomo las patas delanteras, la parturienta creyó que Clyde era una amenaza, instinto de protección materna latente al fin, y le arreó una buena patada.
Fuera del golpe, el aturdimiento era molesto, y peor aún, creyó que esa vaca le rompió algo. Un examen rápido de Liam y este decidió retirarlo de la asistencia maternal, por lo que ela labor de parto terminó siendo un relativo éxito.
Cuando estaba yendo a la cocina por algo de limpiador, encontró a Mollie. La chica estaba bastante cambiada, pues de la minifalda roja y la blusa de manga corta rosa bajo la chaqueta morada no había más rastro. La chica ahora luce un vestido por debajo de la rodilla blanco con vivos en rosa y rojo, suéter lila y un sencillo crucifijo de plata que le cuelga sobre el pecho.
Por lo que Lincoln le comentó, las cosas entre ambos terminaron terriblemente mal. Sin darle muchos detalles -prefiriendo contarle por la noche, aunque ya se imagina qué puede ser-, Jordan tenía mucho que ver en todo eso.
Si él estuvo fatal cuando pasó lo de su ruptura con Chloe, ella lucía aparentemente mejor… para una excelente mentirosa. Si había ojeras, apenas y eran notables bajo las plastas de maquillaje, y la esclerótica en sus ojos es anormalmente enrojecida, como si padeciera de conjuntivitis o algo peor.
El padre de esta hablaba con la abuela de Liam. Por lo que pudo escuchar, estaban discutiendo lo que para el señor Nordberg era un abuso en el precio de la libra de huevo, y Mollie no quería tomar parte de algo aburrido.
Como si fuera un acosador, Clyde se dirigió a Mollie de la forma más sigilosa que le era posible. La chica ya se había alejado un poco, yendo en la misma dirección del gallinero.
-Hola -saludó Clyde con algo de cansancio.
-Largo de aquí, Clyde -respondió Mollie, más por abatimiento y deseo de soledad.
-Creí que no te gustaban las granjas -afirmó el chico, ignorando a propósito a Mollie.
-¿Qué parte de "largo" no entendiste? -continuó Mollie con algo de acritud- Necesito… estar sola antes de irme.
Dando un par de vueltas unos metros, Mollie sopesa cada una de las palabras que tiene en mente. Lo hace más que nada por la cercanía de Clyde con Lincoln, y pensar en el peliblanco desde la paliza que le dio no mejora su situación. Empero, desde su punto de vista, él se lo merecía por no ser mejor que el patán de Drew o el imbécil de Chandler, y hablar con su segundo mejor amigo varón no era una opción si no era acorralada. Situación en la que, siente, está sin remedio justo ahora.
-¿Irte a dónde? -preguntó Clyde, más por costumbre que por genuina curiosidad.
-Me iré a un internado en Great Lakes City al terminar el verano -confesó Mollie, resignada a perder ese último momento a solas-. Hablé con mamá, y… me dijo que todos los chicos son iguales a… él -añade, conteniendo las ganas de referirse a Lincoln-. Hasta el fin de cursos… -suspira con pesadez-… seguiré tomando clases en casa.
-¿Crees que Linc…?
-Ni se te ocurra decirle, por lo que más quieras -pidió Mollie-. Ese… cerdo… no lo vale.
-¿Y por qué no? -cuestionó Clyde- Él podrá ser todo, menos un cerdo.
-Eres muy inocente sobre Lincoln -dijo riendo Mollie, aunque esta fuera una carcajada amarga-. De todas las personas que conozco, él es la peor persona que jamás pude conocer.
-Mollie…
-Clyde, ¡Lincoln embarazó a Jordan, por el amor de Dios! -dijo cortante Mollie- Creí que él y yo teníamos algo especial, esa cualquiera sale como una zorra y… y… ¡es peor que un bebé! Lo que una tiene, ella lo quiere y lo consigue.
Con demasiado poco tiempo para pensar, Mollie ve un viejo casco de béisbol. No le pasa la idea dos veces, por lo que procede a patearlo imaginando que era la perfecta cara de mujerzuela que Jordan le dio como si fuera una cara amable.
El alarido que siguió fue ignorado por los mayores y por Liam. Por alguna razón, Clyde miró a los pies de Mollie, descubriendo que esta no lleva sus habituales botas. A pesar de ello, el casco fue a parar varios metros más allá, junto al porche. Era comprensible el porqué pateó ese casco, y más aún, el que algunos rumores en los pasillos se hayan vuelto moneda corriente antes de pasar por el rechazo que Rusty sufrió nada menos que con Leni Loud hace semanas.
-Y todavía -continuó Mollie, adolorida por la patada- tuvo el descaro de decir que yo le gustaba. Más bajo no puede caer.
-No… lo sabía -dijo Clyde, rompiendo un poco su silencio-. Tenía mis razones para no hablar de eso con nadie.
-¿Es por Chloe?
-No solo eso -dijo cabizbajo Clyde-. Su trabajo apenas y le deja tiempo, casi no sale y, cuando Lincoln tiene un día libre, lo pasa más con sus hermanas o…
-Te agradecería mucho que no volvamos a hablar de él -pidió Mollie.
-Perdón, no sabía que… -suspiró Clyde, un poco molesto de que su amigo le guardara mucho de lo que pasó en todo este tiempo, teniendo una idea en el acto-… hablaré con él en la noche.
-¿Y cómo crees que eso me va a importar? -cuestionó Mollie.
-Bueno… probablemente tendrás que hablar con él tarde o temprano, pero no antes de saber que pasó entre ustedes tres.
-No pienso hablar con esos dos de nuevo -sentenció Mollie-. Nunca.
-Mollie, lo más seguro es que estén tan sorprendidos como yo ahora -meditó Clyde en voz alta, recibiendo una mirada dura en respuesta-. Ok, apenas lo están aceptando, pero ella debía tener sus razones. Y lo quieras o no, hablaré con Lincoln.
Sorprendida de ver por primera vez en mucho tiempo a Clyde reaccionar así, Mollie no pudo sino sentir algo de orgullo por él. Tal vez sigue siendo tan patético como cuando salió de primaria, mas sigue siendo un poco lo que era cuando se conocieron por primera vez.
Por un segundo, la idea de salir con él no se le antoja tan desagradable, pero la perspectiva de cortarlo por su inminente partida lo amarga todo. Tomando a Clyde de la cara, logró inclinarlo hasta poder besar su frente.
-Eres un buen amigo Clyde -dijo Mollie, una vez roto el contacto-, pero no el que creo merecer.
-Uh… ¿gracias? -dudó Clyde.
-Solo prométeme que no vas a ser tan…
-¡Mollie! -llamó el padre de esta, cargando a su auto algunas cajas de huevo y conservas- Nos vamos.
-Lo siento, tengo que irme -retomó Mollie previo a despedirse-. Te veré luego… y ojalá que las cosas con Chloe mejoren.
Mirando a la terracería, Clyde pudo notar algo que no muchos habrían notado de su amiga. Ella era bastante accesible en muchos aspectos, pero cuando se fijó en alguien definitivamente es lo bastante fiel como para engañarse a si misma. Si, podría haber sido un tanto disoluta, pero lo que pasó entre ella y Lincoln no es algo tan fácil de borrar. No con la educación que recibió de sus padres.
-Llamó Howard -dijo Tiago tras él-. Dice que nos quiere en casa para cenar. Preparó filete Wellington.
-Si… -respondió Clyde, perdido en sus ideas.
-Te ves un poco mal -dijo el carioca-. ¿Y quién era esa chica?
Pensativo, Clyde solo se quedó callado mientras veía el auto de los Nordberg perderse en el camino antes de incorporarse a la carretera.
-¿No será Chloe? -insistió Tiago.
-Era mi amiga -dijo Clyde, manteniendo un semblante tranquilo.
Para sí, juró por Mollie que las cosas ya no serían tan desagradables en su vida. Si había algo o alguien más allá de su comprensión, a ese algo o alguien lo puso de testigo para darle un verdadero giro a su vida.
~o~
Una de las razones por las que Lori detestaba las labores de carpintería, además de pasarse horas arreglando sus uñas lo mejor que puede, es porque lo considera un trabajo tosco, algo que asocia más a reparaciones ocasionales que no desea tocar pero tiene que hacerlo. ¿Dónde está ahora? Arreglando los marcos de la ventana de la recámara de sus padres junto a Rita, cubierta hasta donde no se imaginó de resina, aserrín y astillas.
El aroma de la cola le parece algo fuerte, pero al menos puede estar peor. Pasó toda la tarde olvidando que tiene un trabajo ayudando en lo que podía en casa. Sea reparando la cortina de la cochera y el baño que quedó olvidado desde su fallido intento de mudanza, barnizando la puerta de la antigua habitación de Luna y Luan o destapando el inodoro, por extraño que pareciera Lori disfrutó pasar el tiempo con su madre.
-Iugh… ¿no es tu chaleco del servicio comunitario? -preguntó asqueada Lori cuando vio un chaleco de color fluorescente con algunas manchas en el cesto.
-Es mi uniforme de cuando era guardia de cruceros -respondió Rita mientras mira a la ventana.
-Creí que lo habías tirado junto a nuestra basura -reprochó Lori.
-A tu papá le sigue pareciendo sexy cuando tenemos…
-¡Dios, mamá! -exclamó Lori- Literalmente es asqueroso.
-Como si no lo hubieras hecho -reprochó Rita, llevando sus manos a la cadera-. Lo sé porque Lisa puso cámaras en varias partes. Creo recordar que metiste a Bobby a escondidas a tu habitación cuando tu papá y Lincoln se fueron a ese extraño viaje a Orlando.
-Esa mocosa… -masculló Lori, apretando aún más la prenda.
-Si, bueno, entiendo que eso fue algo natural -minimizó Rita-. ¿Recuerdas que te quitamos derecho sobre Vanzilla un mes?
-Creí que fue porque Luna reventó una suspensión cuando la traje de El Grano Quemado -dijo Lori, perturbada.
-Fue por eso, aunque ya hablaremos de la suspensión después -resolvió Rita, antes de volver al tema-. No pienses en ninguna mujer por ahora por su relación contigo, ¿quieres? Piensa en cualquier otra como si fueras tú.
-Eso es algo
-Es natural, porque… -empieza a detallar Rita cuando alguien llamó de la puerta-… ¿Me disculpas? Están llamando a la puerta.
.
Era la primera vez en mucho tiempo que la señora Carmichael le llamo a su oficina en micho tiempo. El motivo de ello fue para comunicarle que los directivos, al no ver un "crecimiento" con ella, decidieron simplemente dejarla ir hasta que complete sus estudios de bachillerato y tome estudios superiores en la nocturna.
Myrtle la acompañaba. La anciana, apenas entrada en sus sesenta y siete inviernos, , ya empezó a resentir algunos efectos de la edad. Los días de bailes movidos y salidas a algún deporte con Gayle McBride habían quedado atrás cuando empezó la pandemia, pero ahora que los años empezaron a cobrarle en el cuerpo la factura de una vida bastante agitada, por ahora lo refleja caminando a paso cada vez más lento. Por ello, Leni decidió no quejarse y tener la consideración, Leni al fin, de ir al paso de su abuela adoptiva.
-Es que no es justo -lamenta Leni-. Siempre hago un buen trabajo. No me quejo, puedo hacer bien los inventarios y capturar las facturas. ¿Por qué me piden que termine lo que no pude acabar en la escuela?
-La gente suele ser así de ingrata, cielo -respondió Myrtle, un tanto condescendiente sin perder la sonrisa-. Albert y yo jamás fuimos a la universidad, y no nos fue mal. ¿No te contó de la vez que visitamos a tus hermanos?
-Lincoln me dijo algo de eso -respondió Leni, aún abatida.
-Albert… tu abuelo -explicó Myrtle- trató de pasar más tiempo con Lori. En la noche que él y yo nos quedamos en la tienda junto al lago, atendió la rozadura de una flecha que Lori disparó sin querer.
-Eso… es horrible -dijo la rubia sin convicción.
-¡Oh, vamos! Cariño, no fue con intención -tranquiliza Myrtle-. El seguro de la ballesta se le aflojó y por poco me acierta en el hígado. El resto del viaje lo pasamos tan bien que Lincoln se hizo un collar con uno de los colmillos de un jabalí que tu abuelo mató y Lori me consintió como yo no lo hice desde mi viaje a Alemania en 2006.
-¿Y qué tiene que ver? -dijo Leni, un tanto quejumbrosa.
-Él jamás mató algo más pesado que… bueno… -dudó Myrtle, nerviosa por entrar a un terreno que la joven jamás entendió bien-… bueno, nada más liviano que un cerdo grande, y eso que él estuvo en el Ejército cuando fue la Guerra del Golfo…
En todo el camino de regreso, a pie, Leni sintió algo de envidia de su hermano. De estar en sus manos, habría hecho lo impensable para que no se fuera, más las condiciones imperantes en ese tiempo lo hacían imposible del todo. Incluso, desde aquella mañana siguiente a la visita a Fairway, el Protocolo de Pelea de Hermanas resultó por completo ineficaz, tanto porque Lincoln se negó en redondo a meterse a pesar de haber recibido una explicación a fondo por ser un tema demasiado personal como por la nula disposición de Lori para perdonarla.
Conforme Myrtle le daba su explicación de qué tienen que ver un pobre cerdo salvaje con su actual predicamento, el asunto no termina de ser claro. Se suponía que la idea que toda la vida han estado inculcando era que, mientras tuviera ciertos estudios y fuera buena en lo que hacía, le podía ir bien en la vida en la medida de lo posible. Incluso la señora Carmichael defendía esa idea, pero los recientes hechos echaron por tierra eso. Myrtle la entendía, pues hace más o menos un año ya de eso a su madre la promovieron como médico dentista al hacer sus estudios en línea y haberle pedido hacer sus prácticas con los pacientes de la clínica. El salario había mejorado aún por encima de lo que ganaba como columnista en la Gaceta y, sin algunos gastos que atender pese a estar pagando la multa por el incidente de Lola, las presiones por el dinero disminuyeron a un mínimo aceptable para la familia.
En cuanto Rita les abrió la puerta, Myrtle se quitó sin cuidado la máscara y la careta, y las metió a su bolso antes de dejarse caer sobre el sofá en la sala.
-Ay, ¡rayos! -escuchan maldecir a Lori- ¡Lisa! ¿Cuántas cámaras más tiene que encontrar mamá sin que violes la privacidad de nadie?
-Leni, ¿podrías ir a la cochera y buscarme una pomada, por favor? -pidió Myrtle, algo cansada- La que usaba Luna para después de cada concierto.
-Claro -accedió Leni, yendo tan rápido como le era posible.
-Iré por algo más de yeso -dijo Lori, aún molesta por su descubrimiento en el armario de la recámara-. ¿Dónde está? -preguntó..
-En la cochera, bajo la repisa al lado de las herramientas de Lana -dijo Myrtle.
Avanzando una tras la otra, aunque con diez segundos de diferencia, a Rita le vino una idea a la cabeza.
"Si no pueden arreglarse…"
En cuanto Lori entró a la cochera, Rita, quien fue tras Lori, cerró la puerta y le echó el seguro por fuera.
-¿Lori? -preguntó sorprendida Leni.
-¿Qué rayos estás haciendo? -preguntó furiosa Lori, dándose cuenta de lo sucedido.
Entre un fuerte gruñido, una serie de golpes contra la puerta y un par de alaridos de ambas hermanas, Rita creyó al fin tener un problema gordo bajo control. Ignorando los llamados de sus hijas, esperaba que ambas fueran lo bastante maduras para pasar su encierro juntas.
Estuvo a nada de entrar cuando sintió vibrar su teléfono.
-¿Rita? -escucha la voz de su marido.
-Hola, cariño -saludó amorosa- ¿Cómo les está llendo?
La sonrisa de satisfacción en su cara, apenas escuchó la noticia, le hizo enmudecer primero y luego tartamudear.
~o~
El día para ambos hermanos se había alargado bastante. Empero, para cuando Lincoln entró a trabajar, le pidió a Lucy que esperara en uno de los gabinetes. Hasta su salida, y de eso le daría razones a su madre, él invitaría lo que a ella se le antoje si estaba en posibilidad.
Tuvo la mala suerte de que Taylor no se apareciera. El sustituto, un hombre en sus treinta de tez aceitunada, no parecía mejor que esta, por lo que a todos los cargó con trabajo extra. No lo culparía, de no ser porque el encargado resultó ser un pesado con los reglamentos del establecimiento. Está molesto porque, debido a que no estaba usando "calzado autorizado" -mocasines marrones perfectamente lustrados y calcetines negros, cosa con lo que su usual supervisora es bastante laxa por cuestiones de comodidad- y la camisa está un poco manchada de grasa por un pequeño accidente le descontaron el día.
En algún momento del atardecer, Lucy le había dicho que pasaría con Haiku y Persephone antes de ir a casa. Eso le quitó un peso de encima, pero el problema vino cuando esta le pidió prestado para el autobús. Entre eso y las cosas que habían comprado horas atrás, ya no le quedaba mucho, y con la humedad en el ambiente, la baja en la temperatura y el mal humor que sentó campo en su mente, decidió que caminar al departamento era un sinsentido.
Debido a que su turno termina al filo de la medianoche, aprovechó un descuido de su superior para buscar alguna cara conocida en el piso. Sólo estaban un par de policías que hacen parada para comer antes de empezar su ronda nocturna, un hombre calvo que Liam le presentó el año pasado como el señor Budden, Chandler -coqueteando con Mona, quien solo se resistía un poco a los arrumacos- y, lo que le sorprende, Jordan.
-Oye, Loud -dijo su superior con desprecio-, se te paga por trabajar, no por andar de mirón.
-Es que ahí está la ma…
-No me interesa que esté el presidente Biden -cortó tajante el encargado-. Ahora ve a sacar la basura, y cuando termines ve al autoservicio.
-¿No está Mackie a cargo de eso?
-La cambié a la freidora. Al autoservicio, ya.
Mascullando por lo bajo, Lincoln dirigió sus pasos hacia el autoservicio.
La atención por esa vía no era tan genial como se lo había imaginado. Entre el circuito cerrado con un software de escaneo facial por IA y las quejas por este de una mujer madura sobre lo mal preparada que fue una ensalada, no sabe cómo demonios podrá aguantar su hora restante.
Por suerte, solo atendió dos pedidos y, para matar el tiempo, limpió un poco las pantallas y su zona de trabajo. No le tomó gran cosa, salgo por una goma de mascar con sabor de menta y un par de manchas viejas de mostaza que, presume, debían ser de Mackie, aquella chica que en la primaria solía ir de vestido malva y bonete.
En cuanto llegó su hora de salida, Lincoln no dudó y marcó su tarjeta antes de que se le pidieran atender alguna otra cosa. En vista de que no le pagarán el día, no lo valdría.
-¿A dónde y por qué tan solo? -llamó Jordan, quien lo esperaba recargada contra el interfono del autoservicio.
-Iba a casa -respondió Lincoln-. ¿No se suponía que estabas en la tuya?
-Hablé con Clyde en la tarde antes de venir -dijo Jordan, cambiando el tema-. Dice que quiere verte mañana o hablar en cuanto estés en casa.
-Pues tendrá que esperar.
-¿Quieres que te acompañe?
-Estaré bien si voy solo.
-A Lori no le gustaría que llegues golpeado.
-A tu mamá menos que tú no estés en casa.
-Está bien, le pedí permiso de quedarme contigo hoy -dijo evasiva Jordan-. ¿Cómo crees que vine?
Quedándose sin palabras, Lincoln vio como Jordan solo se retiró unos metros hasta su Vespa. Tirando del manillar, la acercó sin prisas de ningún tipo y tomó su casco, sacando del compartimiento bajo el asiento otro, cromado en blanco con detalles en naranja y con un as de espadas negro, muy pequeño, en la parte trasera. Al lado izquierdo, como con el casco de ella, notó rápido que había instalado un comunicador. No le sorprende gran cosa, tomando en cuenta que la familia Rosato es algo adinerada.
-No me acordaba de cuándo es tu cumpleaños, así que, por si acaso… ya sabes -dijo Jordan, un tanto melosa-. Por si acaso.
-Lo siento, pero me siento más seguro si voy…
-Puedo enseñarte a manejar, si quieres.
Con semejante insistencia, amén de la idea de aprender a conducir una motocicleta, no podía negarse siquiera. Siguiendo las indicaciones de Jordan, primero para encender el comunicador del casco y probándolo y luego para encender el motor, el peliblanco se siente bastante inseguro de lo que está haciendo. Casi arrepintiéndose, se podría decir.
-Por ambas manos en el manillar y pasa a segunda velocidad -instruye Jordan, guiando sus manos sobre este-, así. Ahora, acciona el embrague y toma la maneta.
-¿Es este? -preguntó señalando la palanca del freno, más por bromear.
-Lincoln…
-Ok, ese es el freno. El famosísimo freno -bromeó Lincoln, recibiendo de Jordan una mirada de reproche.
Luego de un repaso rápido de los instrumentos del manillar, y hasta que pudo encender el motor, Jordan se afianzó a él por detrás. Recargando su mentón encima del hombro derecho, esta le ayuda retirando el soporte y se ponen en marcha.
-¿Ves? No es muy diferente a andar en bicicleta -sonríe Jordan bajo el casco.
-¡Nos vamos a matar así! -dijo alarmado Lincoln, incómodo por tener debajo un motor y una pasajera.
-No te pongas nervioso. Solo respira y sube la visera.
-¿Qué la suba?
-No está lloviendo ni nada -animó Jordan-. Quiero que sientas lo que yo al montar.
Estando al pendiente del camino y el velocímetro, Lincoln agradece que la Vespa de Jordan no pueda ir a más de ochenta kilómetros por hora, con la aguja señalando treinta y siete y que la calle está casi desierta, salvo por algún viandante trasnochado o un trabajador de la alcaldía arreglando una luminaria.
Sintiéndose primero temeroso, el agarre de Jordan sobre su torso le dio cierta confianza hasta el primer semáforo con la luz verde intermitente que se toparon.
-¡Acelera! -incitó Jordan.
-Pero estamos por tener el rojo -advierte Lincoln.
-¡Acelera!
Tomando rápido las manos de Lincoln, Jordan lo hizo acelerar ya cuando el semáforo tornó a amarillo y luego a rojo, tomando el carril a contraflujo para aumentar la velocidad.
Una parte del chico está a nada de orinarse en el pantalón, pero la otra, tal vez cosa de la adrenalina o de algo que ya está fuera de su razón, deseaba con fervor hacer esto. Evitando chocar en el último segundo con un convertible al frente, expresó ese sentir soltando un fuerte grito que casi deja sorda a la chica. Ignorando ya los siguientes dos semáforos en rojo, ignoró por completo el reclamo de esta en el segundo.
-¡Nunca vuelvas a hacer eso, grandísimo tonto! -gritaba desaforada Jordan, riendo al mismo tiempo.
-¿Y quién crees que me dijo que lo hiciera? -cuestionó Lincoln, haciendo lo propio con el suyo.
-¡Eso no importa! -increpó la chica, tomándolo por sorpresa y estrechando su abrazo.
Todavía estuvieron en las calles una hora. Pasando por la estación de Flip, finalmente llegaron al supermercado y usaron el estacionamiento como una suerte de pista de entrenamiento. Deteniéndose a comer un poco, de la nada a Jordan se le ocurrió contar una historia de secundaria sobre cómo fue que Mollie perdió una apuesta con Paige y Cristina y las dos saltaron en mitad del invierno, desnudas y con media escuela por público, en el estanque del parque Troncos Altos. En respuesta, Lincoln le contó, con más detalles, su historia del oso en Churchill, en medio de reproches y ensalzando algunas partes para verse menos patético de lo que fue en realidad. Todo ello, antes de subir a su vehículo y volver al departamento.
En cuanto vieron el edificio donde vive, Lincoln aminoró la marcha hasta frenar en la entrada. Con una expresión sorpresiva, Jordan apagó la Vespa y se quitó el casco, extasiada por lo vivido.
Poco le importa a ambos jóvenes ir a toda prisa. A pesar de su condición, Jordan puede aguantar todavía una carrera escaleras arriba, y la adrenalina hizo lo mismo con Lincoln. Entraron a toda velocidad, ignorando a los curiosos que salieron a ver el espectáculo que les era brindado.
Nada más entrar y cerrar la puerta, Jordan se sacó el abrigo y, en un arrebato pasional, saltó sobre Lincoln, cayendo sobre el sofá y de ahí al suelo. El peliblanco ni siquiera se sacó nada, pero las emociones vividas le hicieron ignorar un poco el teléfono.
-Contesta -pidió Jordan, interrumpiendo su iniciativa-, diles que estamos ocupados.
-¿Y si es importante?
-Seguro que no, pero…
Tomando el aparato, ve en la pantalla que tiene al menos una docena de llamadas perdidas. Algunas de Lori, otras de su madre, pero la más preocupante fue una de Lucy. En el acto, decidió contestar una nueva.
-¿Diga? -jadeó Lincoln, a la par que Jordan besaba su cuello.
-¿Lincoln? -preguntó Lucy, sonando extrañamente alarmada- Necesito que pases por mi.
-¿No estás en casa?
-Estoy afuera con la abuela, Lori y Leni -indicó Lucy-. Mamá quiere que vengas por nosotras.
-¿Y por qué tengo que hacerlo? -cuestionó Lincoln- Creí que se llevó su auto después de que salimos.
-No lo hizo, pero ese no es el punto. Lincoln
-¿Es urgente?
-Mamá se va a quedar a cuidar la casa -explica Lucy-. Lily salió positiva, y las niñas y papá…
Positiva…
Toda excitación que Lincoln pudo haber sentido segundos antes, esa buena disposición y energía que sentía tras pasarse los semáforos en rojo, le hicieron perder el color de la piel e incluso encerrarse en esa sola palabra que ha temido en relación a todo lo sucedido en el mundo.
No podía creerlo. No quiere creerlo. Meses, años de prevención, de haber tenido el suficiente sentido común para evitar contagiarse tanto en Canadá como en casa…
Todo ese trabajo se fue al caño.
~o~
Enero 1 de 2022
Segundo Año Nuevo en contingencia
Voy a decirlo en todas sus letras. Apenas y estamos en mejor situación que el año pasado. Seguimos contra las cuerdas, pero ya se asestó un golpe al SARS-CoV-2. Si me permito sonar optimista, tal vez el siguiente invierno boreal ya nos podamos quitar el cubrebocas... aunque le tomé cariño a los míos. En el mejor de los casos. En el peor... hasta el verano de 2023.
Espero la sigan pasando bien en casa o donde sea que se encuentren. Ahora...
J0nas Nagera. de hecho pensaba darle a los McCann una preferencia entre los Nordberg, pero después de lo de la cita anterior, dudo si fue buena idea dejarlo para otro lado. Y creo que, al menos en lo físico, Linc ya recibió suficiente brutalidad. Tocante a Lily... pobre. Y sobre Clyde, pues... lo sigue pura loquita. Si no es una depresiva o una chica con TDH o una con acrofobia, es una maestra del spoiler. Espero que esto te sirva como antesala de un dolor de cabeza. Mejor ve preparando las aspirinas. Feliz Año Nuevo, viejo. Ya me daré tiempo para revisar tu comisión, quenla tengo archivad en pendientes.
Que este 2022 el maldito virus se joda.
Sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
