Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Vínculos
XXI
Estado de sitio
Royal Woods, Michigan
28 de marzo de 2022
12:30 am
El departamento de los hermanos Loud
Acomodarse en las habitaciones había sido un reto bastante nuevo. De la nada, lo que en un principio Lincoln creyó que esta noche serían solo tres, dos compartiendo cuarto, pasó a ser una situación de dos personas por cuarto.
Desde luego, ni Lori compartiría con Leni ni Jordan con Lucy, y la cama del cuarto de invitados, como el resto, es de tamaño individual, lo que en teoría empeoraba las cosas. Sentada frente a una taza de café, Lucy se está explicando con Lori para ponerla al tanto de la situación actual.
A grandes rasgos, y a lo que Lincoln pudo entender, hace semana y media Lily fue a casa de un amigo. Hasta apenas ayer, se enteraron que los padres del chico son firmes partidarios de la vacunación, pero dado que el vecindario donde estos viven es un hervidero de protestantes bajo alegato de supuesto autismo ocasionado por las vacunas o cualquier conspiración que les sirva como justificación -patriotismo incluido-, era cuestión de tiempo para que el contagio se diera en algún integrante de cualquier familia. Local y foránea.
En tanto Lucy calló, se dedicó a mirar el contenido de la taza frente a él. A pesar de ser chocolate caliente, hace tiempo que se había enfriado. El malvavisco no se derritió como esperaba, pero ahora era una masa grumosa y de consistencia un tanto repulsiva en ese momento.
Una vez que Lori se quedó sola con Lincoln, esta se sentó frente a él.
-Te quedarás con Lucy -sentenció esta sin pensarlo, a lo que Lincoln ni siquiera responde-. Creí que, con Myrtle aquí, habría problemas si Jordan se queda contigo.
-Da igual -respondió desganado Lincoln.
-Tuvimos un fin de semana pesado -admite Lori-. ¿Por qué no te vas a dormir?
-Creí que, de todas, Lucy lo tomaría mejor -musitó Lincoln, con la mente muy alejada de la presente situación.
-¿Por qué lo dices?
-Anoche que llegué, Jordan estaba hecha un manojo de nervios -describió Lincoln, vaciando de un trago la taza-. Hablé con ella en aquí y en la cama, y le prometí que hablaría con Lucy.
-¿Y qué tiene que ver ella?
-Lucy -titubeó Lincoln, tomando algo de aire-, ella… la amenazó de muerte.
-Eso es literalmente ridículo.
-Lo sé, Lori -dijo Lincoln, hilvanando por fin la idea-. Es solo que me costó bastante digerirlo. Es como si ella estuviera enamorada de mi.
-Ok, retiro lo dicho. Eso es más ridículo.
-¿Recuerdas el incidente del libro de La Princesa Pony en el retrete?
-Cómo olvidarlo -dijo Lori, recordando que por eso Lincoln se había ganado sus burlas para toda la vida después de tapar el retrete con un ejemplar de esos libros-, pero ¿qué tiene que ver?
-Le prometí estar con ella cuando lo necesite -contestó Lincoln-, p-pero…
-Oh, entonces es eso.
Tomando asiento junto a Lincoln, Lori intentó cubrirlo con un brazo, mas este rechaza el gesto.
-Se metían con ella en la escuela -continuó Lincoln, conteniéndose-. Quiero estar bien con ella, pero con… con todo esto… lo dudo.
-Deja ver si entendí -dijo Lori, queriendo procesar lo que el chico acaba de decir-. Sientes que le fallaste, así que quieres que las cosas entre ustedes estén bien.
-Si.
-Pero Lucy siente que Jordan quiso aprovecharse de ti de la peor forma.
-Si.
-Entonces no quedaste mal con ella -razonó Lori-. Está celosa de que Jordan tiene algo contigo.
-Más bien... alguien -corrigió Lincoln, bostezando al acabar.
-La verdad… ¿a quién engaño? -suspiró Lori-. No sabría qué decirte. No con esto -añadió, cansada. ¿Por qué no lo hablamos en la mañana?
-Claro.
-Oye, Linc
-¿Si?
-No irás a decirme que ese libro era de Lucy. ¿O sí? -cuestionó Lori.
-Ella me sorprendió -mintió Lincoln-. Le prometí que… estaría para ella siempre hasta que fuera un poco mayor si me guardaba el secreto.
-Hum… ya me lo esperaba -dijo decepcionada la rubia.
Levantándose, Lori trata de manejar el cúmulo de situaciones que acaba de caer sobre ella. Ayudando un poco a su hermano, presas del cansancio, ambos fueron a sus respectivas habitaciones, con un mutuo -aunque desabrido por el sueño- "buenas noches- antes de cerrar.
En cuanto entró, miró a Lucy. Esta, un tanto intranquila, se revuelve en sueños que parecieran acosarla sin motivo. De cuando en cuando suelta alguna palabra, pero hasta ahí.
Lo único que no le gustó es que la chica ocupara toda su cama. Todo cuanto trajo de casa eran las cosas que Lincoln le compró y un suéter muy holgado que le prestó una amiga.
Resignado, Lincoln tomó una almohada y se acostó lo mejor que pudo, olvidando un pequeño detalle de su hermana menor, mismo que recordó en cuanto ella empezó a roncar.
Lori, por su parte, encontró a Jordan enviándose mensajes. A pesar de estar en interiores, esta no luce muy incómoda. De hecho, incluso se tomó la molestia de sacar su bolsa de dormir y una frazada.
-¿Con quién hablas? -preguntó Lori.
-Hablaba con Clyde -respondió Jordan, un poco distraída-. Me estaba pasando una tarea y… bueno, cosas de chicas. Muy personales.
-Lo creería si Clyde fuera un chico -dijo Lori, sentándose en la cama.
-Es que él es como mi… terapeuta, ¡si! Eso -evadió Jordan.
Encogida de hombros, Lori dejó que Jordan siguiera en lo suyo antes de apagar las luces.
~o~
Es oficial. Para Clyde, el rumor que se esparció desde que Mollie atacó a Lincoln se había vuelto cierto. Incluso Chloe, con todo y que esta le tiene desprecio por el asunto con Tiago, le soltó la noticia de que Jordan estaba embarazada de Lincoln, causa más que alardeada del ataque.
Lincoln, lo mismo que Jordan, no se presentó a clases. Lincoln alegó una cuarentena en casa, mientras que Jordan, desconociendo los chismes, se excusó con sentirse bastante mal. Ello solo le dejó en claro que, sea como sea que estos se presenten mañana, cualquier recibimiento sería todo menos amable o siquiera amistoso.
En todo el día, había escuchado toda clase de rumores, muchos a todas luces más que disparatados. Que si a Lincoln le gustó Jordan desde que llegó, si estuvo en un trío con Mollie o en un cuarteto con Emma y Chloe y por eso rompió con él, si Jordan se puso para él un sostén de media copa o lencería bastante vulgar o si esta se le ofreció porque apostó con Mollie sobre quién se acostaba primero con el peliblanco. Todo ello, decidió, rumores, chismes y disparates que la gente sin ocupación dedica las horas.
Lo cierto es que en las últimas dos semanas se ha mostrado bastante distraído de clases. No come -cosa que atribuyó en principio a Chandler hasta que este lo encerró en el casillero de Andrew-, apenas y presta atención en las clases que comparten, e incluso le da más importancia a su trabajo en La hamburguesa del Eructo que a su propia vida social. El resultado de todo ello ha sido ver que su amigo adelgazó bastante más de lo que ya era.
Así mismo, Jordan parecía haberse descuidado poco, pero también parecía tener lo suyo. Intentó empeñarse, según Liam y Emma, en querer esconder algo que no sabían que podría ser.
Estaba a punto de subir a la van de su familia cuando Emma le dio alcance.
-Oye, Clyde -dijo esta, sujetando a duras penas su mochila entre los brazos-. Oye, ¿puedo hablar contigo un momento?
-Ahora no -rechazó cortés Clyde-, tengo algo de prisa.
-Es sobre Chloe. Ella…
-Emma, quedé de ver con Liam para ir con Lincoln -remarcó Clyde, ya cansado del día.
-Pero…
Sin hacer el más mínimo caso, Clyde cerró la portezuela del copiloto.
-¿Y qué tal la escuela? -preguntó Howard, un tanto ojeroso pero sonriente, dejando atrás la preparatoria y a Emma.
-¿Qué tal la oficina? -devolvió Clyde, bajando la mirada.
-Horrible -gruñe el pelirrojo, poniendo la van en reversa y luego en primera velocidad, olvidando aparentemente su pregunta-. Es la sexta vez que Barry, el de nómina, ocupa mi lugar de estacionamiento, y es la treceava que Norman se acaba la caja de donas con jalea.
En lo que Howard contaba su día, Clyde notó que este se escuchaba bastante más fluido. Aún llegó a contar una anécdota divertida sobre archivar un documento para Contabilidad en E cuando era en C para Adquisiciones. Por un instante, su padrastro parecía haberse repuesto, hasta que comentó que olvidó que Harold ya no estaba en la salida para recibirle. En ello, esa expresión se tornó primero melancólica y después resignada.
Luego de pasar por Tiago al centro comercial, los tres hicieron algo que, en su sano juicio, no habrían hecho ni de broma. Al menos, algo que no haría Clyde si de la nada las personas que le importan dejasen de existir, pues pasaron por una florería y Howard compró un pequeño ramillete de escabiosa coronado por un girasol, rodeado por media docena de jacintos púrpura, pensamientos malva y una rama de sauce llorón.
Por lo que ambos le enseñaron cuando tuvo que montar un arreglo floral para la clase de Historia de la señora Salter, solo el girasol anunciaba algo bueno. Sabía lo mucho que Howard adoraba a su "Osito marrón", pero con ese arreglo, nada bueno podía salir. Menos cuando se conoce del lenguaje victoriano de ese arreglo.
Escabiosa por la viudez en que fue abandonado, jacintos púrpura por el duelo en que decidió permanecer, pensamientos malva por la nostalgia que cada noche lo estuvo agobiando, sauce llorón por la aflicción que le provocó su muerte… Clyde se odió a sí mismo por todo eso. Se odió por haber estudiado a fondo por el arreglo de fuerte influencia japonesa que hizo para su entonces maestra, por lo que representó para él y para ambos…
Parando en el acceso principal del cementerio, los tres bajaron. Howard les pidió que se quedaran un poco atrás, hasta que el pelirrojo se detuvo a la sombra de un pino bastante joven. En ese instante, ambos adolescentes hicieron lo mismo a diez metros.
-Ponte cómodo -dijo Clyde-. Esto va a tardar un poco.
-¿Por qué lo dices? -preguntó el joven carioca.
-Solo mira -señala Clyde.
Viendo a Howard, notaron que este sacó una licorera y un vaso bajo de su abrigo. Tomando otro que estaba frente a la lápida, sirvió primero este y luego el propio. Vaciando este de un golpe, hizo una mueca amarga antes de depositar el ramillete empezar a cantar algo que sonaría jocoso, de no ser por la voz quebradiza con que lo hacía.
-Lo hace cada mes -explicó Clyde, no menos doliente-. Cada mes, desde que él…, bueno, eso… viene a dejar un ramillete, bebe un vaso de esa cosa y le canta un poco. No sé qué es lo que dice, y… lo tengo que cargar a casa.
-¿Y no hace nada más? -cuestionó Tiago, encogido de hombros.
-No es que no haga nada. Sólo quiere… evitarse culpas. Ya has visto cómo es.
Una vez que cayó la tarde, Howard lucía un poco más tranquilo. A pesar de no pasar todavía de los cuarenta y cinco, a causa de su duelo su aspecto es más avejentado, y ya ostenta canas a los lados de su cabeza. Aunque ha hecho lo posible por ocultar arrugas y ojeras, lo cierto es que ya en su oficina le han hecho comentarios poco agradables al respecto, y lo que menos quiere es que le echen en cara que es viudo. En especial aquellos de sus compañeros que habían insistido en presentarle, escupiendo en sus preferencias, a alguna conocida con la que sencillamente no conecta mas que para una charla, un café y si acaso un postre.
Clyde, por supuesto, no iría por Liam. Ambos quedaron de ir a La Hamburguesa del Eructo por Lincoln, pero apenas encontró a este allí le dieron la mala noticia.
-Loud… me suena, me suena -dijo Taylor, arrinconada en la puerta de servicio-. Ah, si. Se reportó enfermo hoy.
-No lo creo -dudó Liam, sujetando a esta por la camisa.
-Eres ese chico cerdo, ¿no? -dijo riendo la latina-. ¿Qué tal está la estirada?
-No sabemos nada de ella desde que se mudó -respondió el granjero, afianzando el agarre.
-Ah, si. Lo olvidé -continuó riendo Taylor-. La muy cobarde prefirió largarse a aguantar.
-Lincoln… -insistió molesto Clyde, extrañamente molesto.
-Dijo algo de una cuarentena en su edificio -respondió Taylor-. No me dijo gran cosa, salvo que tendrá que estar encerrado dos semanas en casa.
-Debe ser una broma -replicó Liam, soltando a la chica.
-Oigan, yo solo trabajo aquí -reprochó Taylor-. ¿Creen que me habría dejado vacunar si no me despedían?
-No te creemos tan tonta.
-Oigan, lo del Covid no es mas que una idiotez. ¿O creen que me habría gustado que cerraran todo por una plandemia?
-¿Plan-qué?
-Escuchen, mi descanso terminaba hace veinte minutos. Así que dejen de joderme antes de que me jodan por joderlos.
Empujando a Liam contra el suelo, esta se desentendió del asunto y azotó la puerta por donde entró al estacionamiento.
Con la idea de buscarlo, Clyde decidió llamar en lo que Liam se levantó. Todo cuanto obtuvo por respuesta de este es que, hasta nuevo aviso, nadie entra o sale de su departamento.
~o~
Jordan no puede sino adaptarse a las nuevas condiciones de su vida. Temporales, pero nuevas.
Por principio de cuentas, gracias a Lucy (y ahora también Leni) se considera en territorio hostil. Lucy, por razones ya conocidas, y Leni porque esta la culpaba de que Lincoln no tuviera novia y ser una arribista… acusación que le sorprende pues, dado lo relativamente corta de inteligencia que le han descrito que es, no sabía que conociera ese concepto. No ha sido grosera con ella ni viceversa las veces que recuerda que se vieron las caras, pero el desdén con que la trata es suficiente para saber que no espera que las cosas se alivien pronto.
Luego, están las clases. Dado que su decisión de quedarse el domingo por la noche y el no haberse retirado cuando pudo, por un segundo creyó que le achacarían la culpa de ello. En ello, al menos, su madre fue lo bastante comprensiva y le envió con Trent tres mudas de ropa, pijama, efectos personales, un botiquín y su laptop. Mismo caso el de Lincoln, a quien también le trajeron su antigua laptop para poder realizar algunas tareas, aunque tendría que prestarla para que Lucy siguiera al corriente. De común acuerdo, se quedarían en sus respectivos alojamientos para no tener problemas por interrupciones.
Caso especial, la señora Myrtle. Apenas las presentaron, esta le pareció bastante pegajosa en su trato, por no decir empalagosa. Lincoln le había contado que pasó por lo mismo cuando la conocieron como novia de su abuelo, y dado que las abuelas de los Loud no han estado muy disponibles -la abuela Loud se separó del viejo Leonard años antes de que Lynn se casara y cortó toda comunicación, y la abuela Talley falleció antes de que naciera Lynn-, no les quedó de otra a los Loud que aceptarla.
En su caso particular, Jordan no le veía nada malo. Su abuela no era precisamente una mujer generosa, pero al menos se tomó el tiempo suficiente para darle a entender que era su favorita antes de morir hace casi nueve años.
Último, y de todo lo menos, sus salidas. Hasta que pueda confirmar si está o no contagiada, tendrá que quedarse dos semanas máximo. Por un lado está bien, pues Lincoln no se ha portado como un patán, y Lori al menos es cortés con ella, cuando no amable. Por el otro, el desdén de Leni y el abierto desprecio de Lucy se hacen sentir con todo.
Meditando sobre la cama su presente situación y terminado ya con las tareas del día, no está tan mal ahora que lo piensa, excepto que no puede salir a ninguna parte y tiene que adaptarse a un tren de vida que le es por completo ajeno.
-¡Lucy! -oye bramar a Lori- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no tomes mi shampoo?
-¿Por qué no le dices eso a Leni? -retó Lucy- No paso los siglos en la regadera.
-¿Quieren calmarse ya, niñas? -pidió Myrtle- Lori, apenas y pudimos sacar nada de casa.
-Myrtle… -empezó a alegar Lori.
-Nada de peros -interrumpe la anciana-. Además, ¿por qué solo hay dos botellas?
-La otra es de Lincoln…
"Y ahí va la segunda mañana tranquila seguida", pensó Jordan con amargura.
Mientras avanza el día, descubre varias cosas que entre los Loud y su abuela son moneda corriente. Por ejemplo, que Lincoln ha estado tomando sus clases en polera y calzoncillos, Lucy solo arregla su cara y cabello para dar la impresión de estar impecable o, caso curioso, que Leni se arregle hasta para quedarse en casa o que Myrtle tenga un tatuaje de alguna asociación de lucha de Sudamérica.
El primer día lo pasó relativamente sin sobresaltos. Para el enojo de Lucy, Lincoln hizo con ella sus tres comidas, separados del resto. Por añadidura, cuando Lincoln entró a bañarse por la noche Lucy estaba lívida de la ira que sentía. Todo porque ella solo entró a lavarle la espalda y él lo grabó para confirmar que no pasó nada más allá de eso.
No obstante, la mañana siguiente la gótica obtuvo su venganza al ser ella quien cocinara el desayuno. Para todos, waffles y jarabe de maple, aunque Jordan encontró en los suyos un par de vellos de muy dudosa procedencia. Negros, muy rizados y bastante largos. Y el olor extraño del jugo que le sirvió le hizo desistir y pasar hambre en la mañana.
Para mitad de la tarde, estando con Lincoln por una tarea de Economía Doméstica en la cocina, Leni entró a la pieza buscando algo del refrigerador.
-¿Quién se tomó mi jugo de col? -preguntó molesta Leni, sacando una jarra con restos de un líquido verde claro.
-A nosotros ni nos veas -respondió Lincoln, dejando de lado un par de cacerolas de las que salía un aroma dulzón a uva y naranja-. No sé por qué la col me está dando asco.
-Y a mi me provoca muchos gases -secundó Jordan.
-Lo preparé en la mañana -observó Leni.
-¿Por qué no le preguntas a Lucy? -planteó la adolescente- Vino buscando algo de beber cuando fui al baño.
Desconfiando, Leni fue a la habitación de Lincoln en lo que ambos jóvenes volvían a sus respectivas tareas.
-¿Seguro no te pasaste con el azúcar? -preguntó Lincoln, pesando en una báscula la ralladura de naranja que salió de la fruta que usó para su conserva.
-El que haya hecho un par de cosas con el Hoff antes de cambiar de Economía Doméstica al equipo de soccer de la secundaria no quiere decir que lo haga bien -dijo Jordan con algo de malestar.
-¿Segura?
-Tanto como que en el primer baile de secundaria culpé a Rusty de arrojar una bomba apestosa por sabotearme -aseveró Jordan-. Seguro que alguno de los chicos te lo contó.
-No -dijo escueto Lincoln, echando a su cacerola la ralladura.
-Por culpa de ese imbécil y sus "pasos geniales de baile" -añadió Jordan, remedando el tono nasal de Rusty- fue que me cambié. Hizo el idiota presumiendo y arruinó un pastel esponjoso que me costó muchísimo trabajo hacer.
-¿Cuándo fue eso?
-La semana después de que Stella se fue.
-Oh… -dijo Lincoln, bajando un poco la mirada antes de ir a otra cosa-. ¿Y cómo te fue con Lynn?
-El soccer fue una pésima idea -respondió Jordan-. Tu hermana y esa narizona de Roberts siempre destacaban. La única vez que anoté gol en un juego terminaron por hacer que la entrenadora Keck me echara por "faltas administrativas".
-¿Hazeltucky?
-Daisy Hill.
-Eso lo explica -dijo Lincoln.
-¿Por?
-Daisy Hill siempre ha sido su… ¿cómo lo llamaba? Su "bestia negra". Siempre la han estudiado.
-Y supongo que lo viste de primera mano.
-Es algo que no me gusta recordar -dijo el peliblanco, avergonzado-. Una vez me forzó a ir a un juego de softbol contra ellos, les ganaron porque era la única lanzadora del equipo y lograron darle a cada pelota que le lanzaban. Me culpó diciendo que yo era de mala suerte, aproveché esa idiotez, y en menos de lo que me tomaría hacer una historia con Clyde terminé en el hospital por un golpe de calor por usar una botarga de ardilla en la playa.
-Auch.
-El punto es que, por mi, un trabajador social nos estuvo sondeando una semana, y lejos de culparme de eso, hablé con Lynn. Me hizo ver las grabaciones de ese partido y vimos que descifraron sus señales con la receptora en la novena baja.
-Eso fue grosero.
-¿El trabajador social?
-Hacerte ir a un partido cuando tenías cosas que hacer, supongo -recriminó Jordan-. En lo personal, el béisbol y el softbol me aburren.
-Ah, eso -dijo el peliblanco.
-Por lo menos sé que no tienes problema con apoyar a tus hermanas en lo que hagan -expuso la chica-. Digo, mamá te ha visto en algunos concursos de belleza tras bastidores con… ¿Lola?
-Ajá.
-Y en un torneo de golf hace años -continuó Jordan-. Me sorprende que Lori se lo tomó con seriedad contigo como caddie.
-¿El escolar o el de la ciudad?
-Creo que fue el escolar -recordó Jordan.
-Fue uno de los pocos a los que fui antes de la secundaria -confirmó Lincoln mientras volvía Leni-. Quería hacerlo los fines de semana para ganar un dinero extra en el verano.
-Me dijo que creyó que era algún jugo de Lori y lo tiró al drenaje -bufó molesta Leni-. ¿No tendrás una col, Lincoln?
-Usaste la última para ese jugo -aclaró Lincoln-. ¿Quieres de arándano?
-No, gracias -rechazó Leni-. Seguro alguien bebió del empaque.
Viendo a Leni irse, Jordan notó que el modo en que Leni remarcó el "alguien" era para ella. Por lo que aprecia, Lincoln no le dijo a sus hermanas cómo estaban las cosas entre sí. Si porque no quería que nadie se metiera o se diera el lujo de darle su, para él, nada respetuosa opinión, no lo sabe.
-¿Así es de hosca en casa? -preguntó Jordan.
-No que yo recuerde -respondió Lincoln-. La última vez que lo hizo conmigo creyó que me bebí su jugo. No me acuerdo de qué estaba haciendo, pero dijo que lo hice.
Dudando de semejante aseveración, ambos notaron un ligero olor a azúcar empezando a quemarse.
.
Para Lori, es un hecho que las cosas se pusieron peor de lo que había previsto el lunes por la madrugada. Si ya de por sí le es difícil dar cobijo los fines de semana a una o dos hermanas, que la cuota subiera a una cuarentena médica para tres adolescentes, una anciana, ella misma y -muy a su pesar- Leni hizo que de verdad entrara en números rojos.
Hasta donde su madre y Lisa le pusieron al tanto, había relativamente buenas y malas noticias. Relativamente buenas porque no eran tan malas, pero dadas algunas condiciones, lo malo es que en la cuadra hay familias enteras que no se han vacunado a pesar de las generosas ofertas del ayuntamiento o la orden estatal.
Otra mala noticia tiene que ver directamente con Lisa. En videoconferencia, esta le explicó que tenía una reserva clandestina de órganos clonados a partir de un pequeño proyecto de investigación con células madre sacadas solo ella sabrá donde y como. Puso énfasis en "tenía", pues un conocido suyo habló de más y la hicieron deshacerse tan pronto como fuera posible de los órganos, archivos y muestras. Especial interés tuvieron en el ayuntamiento sobre los pulmones, ya que en lo que va de contingencia hubo necesidad de al menos una veintena de trasplantes, sobre todo a pacientes con dichos órganos colapsados por todo el país
Una noticia más o menos buena, y esto tranquilizó a todos, es el mero hecho de que ella misma, Lincoln (los dos poco antes de dejar Canadá), Lucy (recién el fin de semana) y Jordan (hace meses, luego de una fiebre) están vacunados, y Myrtle recibió hace poco una tercera dosis al ser de un grupo etario vulnerable y tener antecedentes de presión alta. En cuanto a Leni, haber recibido una dosis única hace un año la hacía relativamente vulnerable. Más que nada, es por ella y al relativo mar de no vacunados es que observan cuarentena.
Para colmo, está el asunto de Leni. Hasta donde Myrtle le hizo partícipe, recién la despidieron de Reininger's y le piden ya formación superior si quería ir más allá de una subgerencia local. Para colmo, con el pésimo historial académico que arrastra hasta hace dos años, es un hecho que no podría reincorporarse donde abandonó ni aunque suplicara de rodillas sin someterse a un favor sexual. Lo que es un hecho que no hará.
Por la tarde, mientras su hermano y Jordan lavan las cacerolas que ocuparon para el casi desastre de la jalea, se encontraba en su cuarto teniendo una videollamada con la señora Santiago.
Es la primera vez que la ve en cualquier medio en años. La nota agotada, con hondas marcas por el continuo uso de gafas de protección, máscara y al menos dos trajes sellados uno sobre otro, el cabello ya encanecido por prácticamente vivir en el hospital y unas ojeras que no le piden nada al antifaz de un mapache.
Conforme le va contando, Lori entiende bastantes detalles que en anteriores visitas tenía medias tintas. Entre el pleito de madre e hijos por los orígenes y posibles remedios, la cada vez más alarmante preocupación de Rosa por su hija, el evidente desprecio de Héctor por algo que le dio muy buenos dividendos con el desabasto en supermercados, las tensiones más que evidentes a causa de la reciente boda del doctor Santiago y, lo más reciente, el que los Chang estén en lo que pareciera ser su segunda Luna de Miel y la actual situación de la familia.
Este, en palabras de María, parecía que aprendió algunas malas mañas de un antiguo compañero en la facultad. Con la -para la latina- absurda justificación de darse un tiempo, haberlo encontrado con la misma chica del audiolibro, el que le confirmara lo que Lincoln le dijera de una jaula le pareció, ahora que lo pensaba mejor, un castigo justo, mas no suficiente. No así cuando se enteró que ahora a los viejos les tocó estar en cuarentena. Héctor por el constante flujo de gente en el Mercado, Rosa por contacto directo con su marido. Tanto más en cuanto Lori le mencionó que en su casa estaban en cuarentena.
-Espero que sepan lo que están haciendo -reprochó María-. Mamá intentó de todo cuando Ronalda se contagió. Limpias, caldos, Vaporub… -enlistó-… nada le sirvió. Ni siquiera el té de guayabo. Estuvo a punto de darle dióxido de cloro.
-¿Esa cosa no es un raticida? -preguntó Lori, preocupada.
-Un desinfectante fuerte -explicó María-. Nunca vi a Carlos tan enojado con ella en toda mi vida.
-¿El tío Carlos?
-Se lo estuvo diciendo una docena de veces -dijo María antes de remedar a su hermano-. "Mamá, no hay estudios concluyentes", "no hay estudios que indican que tal remedio funciona", "los médicos saben más de esto que tú". ¡Ah! Y mi favorito. "¿Qué quieres? ¿Qué Bobby lleve a su hermana en un ataúd al crematorio o lleve su urna?"
-No tenía que ser tan dra…
-… y mamá, ¿sabes qué hizo? Solo lo… lo tildó de loco y lo dejó un mes con waffles congelados por lo del dióxido de cloro. Solo hasta que Arturo me ayudó a convencerla de internarla.
Mientras María hablaba, para Lori es evidente que quería desahogar su frustración e impotencia. Quiere entenderle, pero con lo difícil que le representa estar en los zapatos de una persona que con suerte ve a su familia una vez a la quincena en estos días y ahora está en lo que muchos consideran una guerra a dos frentes, simplemente no puede darle consuelo por mucho que quisiera hacerlo.
"Y yo me quejo de tener ahora que aguantar una cuarentena en familia…", pensó Lori.
-Hasta que se contagió -continuó María, frustrada-, no tuvo de otra. Supuestamente quienes nos vacunamos no tenemos que hacer cuarentena, pero ahí vamos haciéndola si es una cepa nueva o alguna nueva mutación, ¡yo que sé!
-¿Al menos puedo hacer algo? -ofreció Lori.
-Por ahora, dile a Lincoln que no venga un tiempo -instruye María, preocupada-. Si alguien tiene que salir, que lo haga protegido, y eviten las entregas por aplicación.
-¿Por qué? No veo ningún problema -dijo la rubia.
-¿Y cómo crees que se contagió el suegro de Carlos?
-Oh
-Hagan lo que hagan, mejor esperen un refuerzo -añadió María-. Saldremos de esto en cuanto haya una cura y una vacuna confiables.
-Claro.
-Dale los saludos de Ronalda a Lincoln.
Cortando la comunicación, Lori se llevó las manos a la cara. Contrario a lo que esperaba, no fue una conversación tan agradable como esperaba, pero al menos sabe que los señores Casagrande están en buenas manos.
Dejando el teléfono en la cama, estuvo a punto de salir del cuarto, pero Lucy ya la esperaba.
-No la soporto -dijo intempestiva la gótica, entrando como si nada.
-¿A quién?
-A esa rubia que está por engordar -dijo Lucy con malestar-, ¿a quién más?
-Lucy, no es nada personal, pero…
-¿Pero qué? -cuestionó enfática Lucy.
-Lo quieras o no, lo que Jordan y Lincoln hicieron ya no importa -dijo Lori, cansada de su anterior conversación.
-¿También tú?
-Escucha. Pasó cuando Leni…
-¡Ahí lo tienes! -exclamó Lucy, triunfante- Desde que Leni hizo lo que creyó correcto la has estado culpando. La hiciste menos que nada, la insultaste. ¿Y cómo acabó todo esto? ¡Con esa fulana tomando lo que no le correspondía!
-Eso es…
-Y aún no acabo -cortó tajante Lucy-. Si no hubiera sido porque Lincoln se largó contigo a Canadá, el hermano de Rocky no me hubiera acosado, ese pelirrojo idiota no me estaría cobrando transporte, y mucho menos…
-¿Mucho menos qué?
-¡Mucho menos tendrías problemas en aceptar una disculpa!
-Oigan, Myrtle quiere que… -llamó Leni en la puerta
-¡Pues no aceptaré nada de esa idiota! -estalló Lori, furiosa, gritando a la cara de Lucy- ¡Ahora tiene lo que se merece por arruinarme!
Girando, no se da tiempo de fijarse en la persona a quien le da un fuerte empujón contra la pared. Con un gemido sofocado, Leni sintió que el aire salía de su cuerpo, cayendo sobre su trasero tras derrapar unos centímetros en la pared.
.
Después de ese incidente, Leni evitó con todo encontrarse con Lori por unos días. No era para menos, pues si bien Myrtle fue testigo del incidente y Lincoln y Jordan se acercaron a ayudar a Leni a levantarse -a pesar del evidente desagrado de Lucy-, al final del jueves las cosas en el departamento se tensaron bastante.
Leni apenas lo estaba entendiendo. Por como estaban pasando las discusiones y en su propio círculo, Lincoln apenas y le habla, Lucy se le queda pegada y Jordan hace lo posible por intentar trabar conversación cada que su hermanita no está. ¿Myrtle? Lo usual, pero ahora lo único que quiere es estar lejos de Lori.
Las horas que pasó con ella en la cochera y el reciente golpe recibido tuvieron mucho que ver en eso. Aunque luchando por salir de allí en un inicio, a las cuatro horas de eso su madre llamó a la puerta y, sin quitarse del paso, les explicó sin detenerse mucho que Lily había resultado positiva en una prueba que les hicieron antes de vacunarse. Su padre no tenía necesidad de hacer cuarentena, pero con las chicas sin contar a Lucy a la espera de recibir su dosis el plan cambió de forma abrupta.
No quiere tener noticias de cómo está la situación. Las extraña, pero por Lucy es que no sabe si puede o no salir como si nada dentro de lo que cabe. Nadie, ni siquiera Lisa, se tomó la molestia de explicarle qué rayos era un falso positivo y por qué tener reservas.
Con la llegada del sábado y una primera prueba que Myrtle les hizo tomar al llamar a un médico del asilo Sunset Canyon para aplicarla, al menos parecía que todo iba por buen camino. Si bien Lucy había registrado un positivo, el hecho de oír a Lincoln haber aclarado que la llevó a vacunar la semana pasada la tranquilizó un poco.
Estaba organizando su ropa por duodécima vez en la tarde cuando Lincoln entró en la habitación.
-¿Puedo pasar? -pidió Lincoln, entrando de todos modos. No respondió por estar concentrada- Oye, ¿está todo bien por aquí?
-Ahora no puedo hablar -respondió evasiva Leni.
-¿Quieres que te ayude? -ofreció el peliblanco- Así podrías terminar más rápido.
-No sabrías cómo acomodarlo -insistió Leni-, y no dejo que nadie se meta con mi ropa interior.
-Pensaba que, terminando esto, podríamos ver… no sé, una película o la temporada final de Guerra de Esmaltes.
-Todavía tengo que… -titubeó Leni, buscando evasivas.
-Ya contaste cinco veces los hilos de la funda de tu almohada -enlistó el chico-, quitaste la pelusa de todos mis suéteres y calcetines, preparaste como diez litros de té verde en la tarde y todavía ayudaste a Lucy a bordar algunas servilletas sin pincharte. ¿Tienes otra excusa?
-No se me ocurre nada -resopló abatida Leni.
-Entonces hazme un favor -dijo Lincoln, tomando a su hermana por la cintura mientras se sentaba a su lado- y déjame ayudarte.
Mirando a su hermano, lo veía con los ojos cerrados. Por un segundo le recordó al patán de Chaz, que usó las mismas palabras para intentar engañarla con ir a casa solo para (cosa con que tuvieron que ser directos con ella) abusar de ella. No obstante, el tono en que lo dijo el chico a su lado era más conciliador que provocativo. Aferrándose un poco a no perder concentración, notó que la sensación de su cabeza en el hombro era algo sedante sin perder la consciencia.
Posando la mirada en la ropa que tenía ya arreglada al frente, Leni se da cuenta que tiene el mismo par de calcetines que hace dos horas entre manos. Se trataba de una pieza 70/30 de algodón y poliéster, expandible, que en su momento le gustaron a Lily por tener tejido con la tela unos ojitos y orejitas de un oso pardo. Tanto así que se vio tentada de buscarle un par, aunque el último par en existencia se lo llevó una chica de la secundaria. Teniendo que soportar a su hermana más joven por no encontrar en tiendas otro par, intentó tejer unos con gancho, lo cual salió inusualmente mal… como ahora con Lily enferma.
-Necesito estar sola un rato -insistió Leni, empujando un poco a Lincoln.
-Como quieras -dijo Lincoln, un tanto esperanzado-, pero si quieres hablar o… o algo, mi puerta está abierta.
-Gracias, Linc.
Horas más tarde, pasó todo lo contrario. Ni siquiera entró a la habitación de Lincoln, y este le devolvió el gesto que tuvo horas atrás, aunque lo suyo estaba más que justificado por estar haciendo tarea para la clase de Vickers, lo mismo que Jordan, antes de que esta se retirase con Lori a dormir.
~o~
Con Clyde, las cosas llegaron a un límite.
En cuanto Chandler y Drew se enteraron, uno se dedicó a aumentar su acoso sobre varios estudiantes que no estuvieran en el equipo de fútbol, mientras que el vándalo y su camarilla de lamebotas se centró en buscar tantas citas como les fuera posible.
La situación en la escuela, debido a ello, se hizo insostenible entre los alumnos. No porque faltaran cada vez más estudiantes, sino por quienes habían estado faltando. Además de Lincoln, Jordan y Mollie, se supo que Richie estaría en dicha lista. El pobre chico fue golpeado con saña por uno de los patanes de Chandler de tal forma que no podrá comer nada sólido por un buen rato. Lo mismo Paige y Cristina, la primera por una agresión por parte de Drew al negarse a salir con él, la segunda por solidaridad con su amiga. ¿Trent? Gracias al peliblanco su madre tomó la decisión de someterse con su familia a una cuarentena. Lo mismo Rusty, cuyo hermano, Rocky, salió positivo y ahora está intubado en una unidad de cuidados intensivos de Detroit desde el día anterior.
Howard fue claro con él. Si quería hablar con Lincoln, será solo por vía remota. Ni siquiera porque estaba plenamente vacunado y recibió -un par de sobornos mediante- una actualización de su esquema antiviral puede darse el lujo de no entrar en cuarentena. En lo que a su padre respecta, hasta que no haya pruebas negativas al cien por ciento de su parte, los Loud quedaban fuera de límites.
Para estar a inicios de primavera, nota con preocupación que Chandler lo está buscando. No quiere perder en sus manos el almuerzo, consistente hoy de un submarino de lomo de atún y un budín, y sin nadie con quien respaldarse lo más que puede hacer es buscar a Liam. Tal vez Artie, aunque con lo deprimido que el parrandero está a causa de Mollie, duda que le sea de ayuda.
Encuentra a Liam en el estadio, al lado izquierdo del palco de prensa. Sentado con una chica de cabello negro, entubados de mezclilla y blusa verde, ambos tienen frente a sí un tablero de ajedrez y un reloj. El granjero, por cortesía, suele ceder las blancas cuando enfrenta a chicas, y esta obviamente no fue excepción.
-Solo haz tu jugada y ya -dijo la chica-, no te compliques demasiado.
-Me lo pones difícil -dijo pensativo Liam-. Si muevo la torre del rey, me quedo sin defensas de ese lado, y si como tu caballo en f6 tu reina me tendrá en jaque en tres turnos.
-Solo mueve una pieza, ¿quieres?
-No me presiones. Oh…
Sin prisas, Liam decidió mover un peón, ubicado en b7, dos casillas al frente. Como si preparase un cebo, la chica se percató de ello y lo percibió como una trampa que hizo saltar moviendo su último alfil a dos casillas de dar fin a la pieza.
El juego se postergó unos minutos más. En silencio, Clyde se quedó mirando cómo es que esa chica terminó por cometer un error de cálculo que le hizo las cosas sencillas al granjero. Desesperada, la chica empezó a jugar de forma errática hasta que se quedó con dos peones, un caballo y el rey. Los peones casi inutilizados para avanzar, el caballo sin opciones para comer una pieza sin que a su vez lo coman en la siguiente jugada. Todos alejados de su rey.
-Jaque mate -anunció Liam, habiendo acorralado al rey de la chica en un callejón formado por sus dos torres y la reina.
-Esto apesta -maldijo la chica, botando el tablero contra la pared.
-Bien jugado, Rachel -animó Liam, tendiendo la mano y recibiendo una bofetada en respuesta.
Indignada, la chica tomó sus cosas y bajó. Entre tanto, Clyde hizo lo posible por levantar algunas de las piezas que cayeron sobre la grada y la escalera más cercana.
-Por eso no me gusta jugar con ella -resopla molesto Liam.
-No sé quien es -dijo Clyde.
-Rachel Hidalgo, ¿quién más? -contestó el cobrizo-. Era la mejor amiga de Jordan chica, ¿lo recuerdas?
-No tuve el placer.
-Fue antes del cumpleaños de Mollie. Al que no nos invitaron -recordó el granjero-. Trent me dijo que fueron vestidas exactamente igual y terminaron llamando a la policía. Desde entonces, no se soportan.
-Debió ser la semana que te rompiste el brazo.
-Eso fue la semana del concurso de talentos. Me rompí el brazo por culpa de Clarence poco después, antes de que Lynn me ofreciera entrar al equipo de béisbol.
-Ah.
-El caso es que ya no se soportan por eso, y todavía menos desde ese torneo de quemados antes del baile que Rusty bombardeó.
Clyde tenía eso entre uno de sus recuerdos menos graciosos. Pasando del cumpleaños de Jordan, el baile que la directora Ramírez organizó para los de sexto y séptimo grados se vio opacado gracias a que alguien, y todos, incluyéndolo a él y a Liam, asumieron que fue Rusty, bombardeó con una carga apestosa el gimnasio. Con Zach ya como única defensa, la verdad es que esta fue tan endeble que solo un pequeño acuerdo por parte del señor Spokes con la directora fue suficiente para que Rusty solo tuviera detención por dos meses.
Ya entonces, su relación estaba más que inestable, pero con pruebas en su contra tan contundentes y la ayuda de Zach, no pudo sino empeorar todavía. Desde entonces, muchos consideraron que las cosas entre los cuatro se fueron al caño, con dos de los pelirrojos cada quien por su lado y Clyde y Liam por el propio.
-Cómo olvidar eso -lamenta Clyde.
-En fin… -musitó Liam, terminando de alzar su juego de ajedrez-… la tengo que ver porque quiere preparar una solicitud admisión anticipada a universidad, y se ve con varios tutores.
-¿Y para qué el juego de ajedrez?
-Quiere entrar en alguna escuela de diseño y necesita algo que le sirva como base.
-Creí que rechazaban esos proyectos de cualquier escuela de diseño y de negocios -observó pensativo Clyde.
-¡Como si una chica quisiera afearse y no pegarse a mi! -terció una voz que se acercaba.
Volteando hacia la parte baja, vieron que Drew se estaba acercando hacia ellos con una sonrisa franca en la cara y, como era de esperarse, su séquito de imbéciles. Con un gesto altanero, se dejó caer sobre la grada en un gesto por demás desafiante.
-Escuché que se hablan de tú con Leni Loud -dijo con un tono no menos grosero Drew-. No es que quiera nada más de ustedes, pero… ya saben. Las noticias me llegan rápido.
-Lo que sea que… -empezó a decir Liam.
-¡No pedí su opinión, general Lee! -dijo cortante Drew, levantándose y tomando al cobrizo para lanzarlo varias filas abajo- Y tú, negro -se dirigió a Clyde-. Me dirás lo que sepas de mi novia, o te irá peor que a ese cerdo.
-No -vaciló Clyde.
Moviéndose con soltura, descargó sobre Clyde una patada y le arrancó la máscara de un tirón.
-Nada personal, viejo -dijo riendo Llanta Ponchada.
-Lo haré personal si este pedazo de mierda no me dice nada.
Tembloroso, Clyde vio con horror que Drew sacaba un tubo de gas pimienta para rociarlo sin miramientos.
-Único aviso, cabrón. La próxima, lo que le haga a ese puerco -amenazó Drew- no será nada con lo que tú vas a sufrir.
El castaño, sin contemplación, le escupió en la cara antes de rebuscar entre las cosas de ambos. Sin hallar nada más que sus teléfonos, la tablet con que Lincoln ha podido -vía remota- tomar clases y diez dólares, decidió quedarse con los aparatos.
-Revisa sus ubicaciones -ordenó Drew, tirándole el teléfono de Clyde a Papa Wheelie-. Con que esta mierda -acentúa el gesto pateando el vientre de Clyde- nos diga dónde viven los Loud, tendré más que suficiente.
-¿Y qué hacemos con ellos? -preguntó Llanta Ponchada.
-Tenemos a Chandler, ¿no? -dijo resuelto Drew-. El maldito me debe un favor por joderme el séptimo grado. ¿Por qué no hacerlo mi chivo expiatorio con esos idiotas?
Demasiado adolorido para pensar en cómo levantarse o reaccionar siquiera, Clyde siente cómo sus fuerzas lo abandonan. Drew, por su lado, tiene en mente solo una cosa.
Desde que supo de la "suerte" del recién llegado de Canadá, ha estado revisando cada uno de sus movimientos cada que se acordaba de ello. Aunque sus pasatiempos eran la vagancia, el acoso y, sobre todo, salir con chicas mientras su séquito tenía las migajas de eso, el mero hecho de que su madre sea ejecutiva en una cervecería de la región lo pone como un prospecto a empresario… si no usara su posición como biombo para hacer lo que más le gusta. Acosar, intimidar y chantajear al resto del mundo.
Aunque entrado en la clase de secundaria de Lynn ya en el octavo grado luego de la mudanza de New Haven por ese ridículo programa de intercambio que derivó en su permanencia definitiva, lo cierto es que en su ciudad natal él era una víctima más de abusadores. Con su llegada, las cosas en Royal Woods, para muchos, no hicieron sino empeorar. Legalmente ya es responsable de sus actos, pero con la excusa (creíble) de ser un estudiante adinerado la mayoría prefirió ceder con tal de tener un poco de dinero Gideon. Así, consiguió que los ciclistas pasaran a ser sus lacayos, y con todo a su favor hizo gala de todos sus recursos para buscar siempre a las más populares de cada clase y dejarles un "regalito" del que se desentiende. Abogado de la familia por delante.
.
Unas horas después, se encuentra acostado en la enfermería. Desconoce cuánto tiempo ha estado noqueado, pero hasta donde puede recordar ni siquiera Chandler ha sido tan cruel con él.
Siente los ojos demasiado irritados. Apenas los abre, el dolor se hace patente de nuevo. Lo peor, quiere pensar, ha pasado.
-…abamos hablando de una conocida -escucha decir a Liam-. Es amiga… compañera de algunas clases -corrige.
-¿Puede saberse de quién? -dijo Oliver, el asistente de la directora Rivers.
-Rachel Hidalgo, de las tutorías -contestó el cobrizo-. Luego empezamos a discutir de Jordan Rosato, volvimos a ella y Drew nos…
-¿El señor Gideon? -puntualizó Oliver, a lo que Liam asintió- Entonces no podemos hacer nada. Sus padres pagaron por las reparaciones de la biblioteca y prometieron una donación anual…
Todavía agotado, lo último que vio antes de cerrar los ojos fue la cara de Liam. Al granjero, por lo visto, le fue mucho peor que a él, lo que solo le dice que ese cretino va con todo por Leni.
"Pobre idiota ", pensó dibujando una sonrisa en su maltrecho rostro. "Si supiera a donde se va a meter…
Una débil risa fue lo único que soltó antes de caer rendido por el agotamiento.
~o~
Una vez que Grant se fue, Lori decidió acomodar las cosas que este pasó a entregarle en la puerta.
Algunas pruebas caseras, algunos efectos personales tanto de Leni como de Myrtle y Lucy más otros para ella y Lincoln, una caja de vegetales frescos y un par de despensas para la semana y una cacerola con algunas costillas de res y carne molida, todo ello por indicaciones de Rita.
Las malas noticias que le llegaron por su compañero no fueron muy alentadoras. Su padre también resultó positivo, aunque no requiere de hospitalización; Lisa y las gemelas hasta ahora no han mostrado síntomas pero siguen en observación y, para colmo, el restaurante ha tenido que cerrar al público y operar con servicio a domicilio hasta nuevo aviso.
Haciendo algunas cuentas, tendrá que hacer fuertes ajustes si lo que quiere es que el negocio familiar siga a flote. Los reemplazos que encontró, para variar, no eran los mejores que la ciudad pudiera ofrecer, y tener en la cocina a la maestra Bernardo no era ya opción. Siempre monologando o cayendo en el absurdo de darle rienda suelta a su creatividad como figura histriónica, recreando escenas un tanto chuscas que le quitan toda la seriedad a las obras de donde salieron, las órdenes a menudo llegaban crudas o a medio cocinar.
Por lo menos, ahora que Luna está libre por su reciente deserción por motivos sanitarios, las entregas no tendrán mucho problema. Dado a que la echaron de la banda, la vida universitaria le pareció de verdad monotonía pura, y luego de un par de incidentes menores se convenció de que la programación la puede tomar después en cuanto todo este asunto en familia terminase. ¿Luan? Ni siquiera ha tenido contacto con ella o su novia desde Navidad. Y en cuanto a Lynn, la convocaron al equipo B de las Red Stars. Lo que la deja con la solución que, en otras condiciones, sería la más obvia.
No… no cabe contar con su madre. Aunque es lo más evidente, tener a toda la familia en la ciudad bajo cuarentena, con dos de sus integrantes en observación y una de ellos a nada de requerir respiración artificial, amén de estar presionada para volver al consultorio del doctor Feinstein y por parte de su antigua jefa para redactar una columna especial de maternidad en cuarentena, no le dejan sino estar a nada de padecer un síncope por agotamiento y, palabras más o menos dichas por Lisa, un contagio aprovechando una fuerte depresión de su sistema inmunológico.
Para cuando terminó de acomodar la despensa, ya eran las tres. Apenas sintió el paso del tiempo, y todo lo que tenía en sus manos era un frasco con pepinillos agridulces. Con toda seguridad, ella no pidió ese frasco. Salvo Myrtle, que le desagradan, no conoce a nadie dentro del departamento.
Del cuarto de visitas, salió Leni. La menor de las rubias se ve algo afectada por las condiciones del encierro al que están sometidas, más de lo que su apariencia desarreglada podría indicar. Con el cabello desharrapado por un intento de corte, una sudadera rosa con manchas de yogurt y un pantaloncillo gris, esta solo fue a buscar una botana sin hacer caso de lo que estuviera haciendo. Al mismo tiempo, Lucy salía como si nada de su habitación, queriendo mantenerse alejada de las tareas que dejó el señor Budden o del grupo de senderismo con la maestra Salter. Con todo ese sol cayendo a plomo sobre el grupo en la pantalla de la laptop de Lincoln, lo menos que ahora quiere es ver a un aparato, sea cual sea.
En cuanto Leni tomó una bolsita con pasas esta volvió a su encierro. Lori llegó a observar el patético estado en que se su hermana estaba, y casi sintió algo de lástima, cosa que Lucy no tardó en notar.
-Tienes que parar esa estupidez -observó la gótica.
-Yo no fui la que empezó con sabotear…
-No me va a gustar decirte esto -dijo cortante Lucy-, pero hasta que te disculpes no se va a arreglar nada.
-Rechazaron mi solicitud para un intercambio, ¿querías escuchar eso? -dijo Lori, apretando el puño- Si Leni quería eso, ¡bien! Felicidades por ella. Mi futuro se resume a tener que trabajar en el restaurante y…
-¿Te han dicho que estás siendo infantil actuando así?
-¿Y eso qué?
-En realidad, no quería decir esto, pero si hay algo que aprendí en mi vida es que nadie tiene lo que desea por ningún motivo -expone Lucy-, y si lo hace no puede disfrutarlo si algo le hace falta.
-¿Por qué lo dices? -cuestionó Lori.
-Pensé en lo que me dijo Lincoln -respondió la adolescente-. Sobre… esa.
-Ah.
-Me pidió un favor que me dejó pensando -continuó Lucy-. Me… dijo que su… hijo… podría quererme, y si eso fuera poco, me pidió que a ella no la tratara como la trato por él o ella.
-¿Cuál es tu punto?
-Pensé en eso y en tu capricho. ¿Jamás pensaste qué pasaría si tus calificaciones pudieran llevarte a otro lugar? ¿O en la posibilidad de que alguien más que no fuera de la familia te hubiese querido lejos de Fairway? Mira a Luna, por ejemplo.
-¿Por qué Luna?
-Luna quería ir a una escuela de música en la Costa Este, pero su calificación final no le alcanzó para mucho. Se conformó con estudiar en la Escuela de Informática de la Estatal, pero aún así la matrícula es bastante cara. Si ella ahora está camino hacia aquí, es porque la echaron de la banda de guerra y la noticia de Lily le pegó duro.
-O sea que…
-No tuvo lo que quiso, y ahora decidió hacer lo que Lincoln solía hacer -añadió Lucy, revisando en el refrigerador-. Por lo menos, ella supo qué hacer antes de que todo se fuera al caño.
Tomando una natilla de chocolate, Lucy la abandonó en cuanto abrió el paquete con el postre. Y con la idea en mente, Lori fue a su cuarto.
Apenas abriendo, se encontró con que Myrtle tejía algo.
-No se lo digas a esa niña -dijo esta, sonando extrañamente maternal-. Ojalá le gusten para mi bisnieto.
Revelando su tejido, Lori cayó en cuenta que eran unas botitas, en cuya punta salían unas solapas a modo de orejas. Aunque todavía no le teje, cose o pega ojos y dientes, ya era un hecho que serían conejitos pardos.
~o~
Enero 15 de 2022
Hablemos un poco de conspiración.
En lo particular, hubo (y hay) personas en el mundo que cuestionan no solo al covid-19, sino que lo manejan como un plan para controlar la población (para eso existen los anticonceptivos), sandeces de microchips intravenosos, plan para destruir las economías nacionales y pasar al dinero digital y, mi favorita, un plan de control mental pagado por la CIA, Mossad, el Servicio Federal de Seguridad ruso o incluso el grupo Bilderberg y el Nuevo Orden Mundial... culpemos al exceso de información y al mal manejo que hacemos de esta, sobre todo cuando es tan cambiante.
Ahora sí, a los Loud les cargó el payaso. Ya puedo decir de primera mano que estar al pendiente de un pariente enfermo es algo duro aún si no se precisa oxigenación asistida. Entre medicina, desinfectante y demás, el gasto en una familia se dispara. Ya lo vimos en la India hace un año, sobre todo en los templos de los Sij o las largas filas para rellenar tanques.
Sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
